Más dudas en el caso Nisman

febrero 18, 2015 · Imprimir este artículo

Más nubarrones sobre la muerte del fiscal

Por Eduardo van der Kooy.

No reaccionó bien Viviana Fein. La fiscal de la causa sobre la muerte de Alberto Nisman advirtió que la testigo público, Natalia Jimena Fernández, “deberá hacerse cargo” acerca de su relato sobre lo que aconteció en el departamento de Puerto Madero la madrugada del 19 de enero. Fein señaló, además, que la descripción de la joven que trabaja de camarera en la zona (anticipada por Clarín) fue falsa y descabellada. Arriesgó, incluso, que podrían haberle “plantado” a la testigo. Como insinuando alguna trama conspirativa.

Fernández contó lo que vio y padeció. Porque fue llevada de prepo por Prefectura a la escena de la tragedia donde habría permanecido casi 7 horas. Puede haber distorsionado imágenes, producto quizás del desconocimiento, de la hora y la horrible circunstancia. Pero lo que la testigo describió pareció encajar a la perfección con lo que cualquier observador externo, incluído el periodismo, imaginó que podía haber ocurrido en Puerto Madero ni bien el destino del fiscal muerto se convirtió en un enigma.

dudas 02Desde la conducta incomprensible de su custodia, defendida por la ministro de Seguridad María Cecilia Rodríguez, hasta la búsqueda de la señora Sara Garfunkel –la madre de Nisman– para ingresar al departamento, la larga presencia del secretario de Seguridad, Sergio Berni y el exilio en Israel del periodista (Damián Patcher) por detonar la primicia en tuiter. En ninguna de esas conductas habría rasgos de razonabilidad.

En vez de enfadarse, la fiscal Fein debió pensar antes en la desprotección de Fernández. En el abandono que fue dejada después de ser obligada a transformarse en testigo. Dijo que vive bajo miedo y ahora se animó a pedir resguardo.

La fiscal Fein debió pensar en la desprotección de la testigo, en el abandono en que fue dejada.

No era la testigo de un accidente callejero o un choque entre automóviles. Fue quien estuvo en el lugar donde misteriosamente murió Nisman, que acusó a Cristina Fernández y al canciller Héctor Timerman por presunto encubrimiento terrorista por el atentado en la AMIA en 1994, que dejó 85 muertos. El fiscal debía concurrir al Congreso el lunes 19 a explicar su denuncia.

Nadie estaría colocando en duda la buena voluntad de Fein para enfrentar el caso mas difícil de su carrera en la Justicia. Pero estaría claro que las divisiones en el Poder Judicial y el comportamiento del Gobierno, ajeno a lo que pasa con el esclarecimiento de la tragedia, la ayudarían muy poco. Exactamente a un mes de la muerte de Nisman, que será recordado hoy con una marcha entre el Congreso y la Plaza de Mayo, nada se sabe sobre lo sucedido.

No hay certeza de que el arma Bersa 22 haya sido, al final, la que puso fin a la vida del fiscal. Los dos rastreos de pólvora, uno efectuado por la Policía bonaerense y otro por un laboratorio especializado de Salta, arrojaron resultados negativos. No pudieron concluirse aún los estudios de los videos de los ascensores y pasillos del  edificio Le Parc.

Se postergó la declaración indagatoria a Diego Lagomarsino, el hombre que le habría facilitado el arma al fiscal. También se dilata el interrogatorio al ex agente de la Secretaria de Inteligencia (SI), Jaime Stiuso, que habría hablado por teléfono no menos de cinco veces con Nisman el dia antes de la muerte. Quizás hoy puedan conocerse los análisis toxicológicos realizados al fiscal. Recién ahora Fein habría caído en la necesidad de convocar a Berni. ¿Alguien podría negar que el caso avanza con exasperante lentitud?.

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Esa lentitud, tal vez, podría adjudicarse a cierta actitud deliberada. Pero también a la inoperancia de un Estado que en esta década resultó tomado de rehén por el kirchnerismo. Nadie alcanza a comprender –aún menos en el exterior donde el tema sigue retumbando—como una cuestión de tanta gravedad depende sólo de la tenacidad de una fiscal y un reducido equipo de colaboradores. Eso tendría una explicación: las desconfianzas internas que han invadido a la Justicia desde que Cristina Fernández pugnó por su colonización y la terminó partiendo. Fein preferiría arreglarse sóla antes de transar con Alejandra Gils Carbó, que hace un par de semanas le ofreció colaboración. La fiscal del caso Nisman teme resultar infiltrada. Por uno de esos lados podría explicarse el empantanamiento de las cosas.

La testigo Fernández reveló datos significativos que, difícilmente, pueda haber inventado. Le permitieron usar un baño del departamento de la muerte. Estuvo recostada en un sofá. Aún cuando otros tramos del relato no fueran verídicos –como el de los policías tomando café y mate y pidiendo mediaslunas– aquel par de precisiones estaría desnudando un claro descuido de la escena.

La descripción haría inexplicables otros perfiles del caso. Si tanta gente pasó aquella noche trágica por el departamento –incluída la testigo Fernández– ¿cómo pudo ser que sólo se haya encontrado un rastro de ADN distinto al de Nisman en un pocillo de café? Por ese motivo, la jueza Fabiana Palmaghini prometió indagar a Lagomarsino.

Recién hace cinco días se comunicó el hallazgo de algunos pelos y un ínfimo rastro de sangre en el departamento de Puerto Madero. Pero esa novedad surgió por una inspección dispuesta por la parte querellante, la ex exposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado. La jueza concurrió al lugar con un criminalista y ex jefe policial, Daniel Salcedo, que utilizó una tecnología para el rastreo (luminol) de la cual carecen las fuerzas policiales y de seguridad. Así lo admitió ayer la propia fiscal Fein. Una demostración más de las precariedades en que estaría sumido el Estado.

La presencia de Arroyo Salgado será la más simbólica y potente de la marcha. El Gobierno intentó que no fuera.

La intervención de Arroyo Salgado no habría sido casual. La ex esposa de Nisman tendría dudas sobre la eficacia de la investigación. En especial, porque partiría de la base que Nisman no pudo haberse suicidado. Esa presunción no pertenece a su mundo secreto. Sembró el parecer dos veces: a los pocos días de la tragedia y cuando concurrió al Congreso.

La jueza confirmó que estará hoy en la marcha de homenaje a Nisman, junto a sus dos hijas. El Gobierno le presta más atención a esa movida que a lo que sucede en torno a la tenebrosa muerte del fiscal. Hubiera preferido –lo intentó—que Sandra Arroyo no concurriera. Será la presencia más simbólica y potente. Concederá a la movilización, además, un sentido de legitimidad indiscutida. Algo que el kirchnerismo  pretende poner en duda hasta el último minuto.

Con sus mejores malas artes.

Fuente: Clarín, 18/02/15.

 

 

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