El feminismo según Chesterton

agosto 8, 2019

El feminismo según Chesterton, confrencia a cargo del Dr. Jorge Ferro, Doctor en Letras 

Feminism brought the confused idea that women are free when they serve their employers, but are slaves when they help their husbands.

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G. K. CHESTERTON. La mujer y el hogar.

Por Paloma Morell.

Chesterton pone palabras a mi experiencia.

Cada vez que leo algún artículo sobre el feminismo  no dejo de  pensar en mi propio modo de vivir, como si yo fuera un ser extraño, un alienígena en este planeta.

En cambio, leyendo a Gilbert Keith Chesterton en multitud de ensayos, me he sentido como si un desconocido, expresando su pensamiento acerca de la mujer, hubiera comprendido exactamente mi  modo de ver la vida y  relatara mis propias creencias, y no a manera de dogmas sino como  acontecimientos experimentados.

La imagen de mujer que presenta Chesterton en sus ensayos es contraria a la que nos encontramos  en la sociedad actual, y muy especialmente en algunas ideologías radicales.

En ningún momento, él infravalora el ser de la mujer, su papel fundamental en la sociedad, su propia naturaleza, sino que, por el contrario, la ensalza y alaba, cualquiera que sea su decisión y actitud libremente aceptada.

Yo quiero explicar, junto a Chesterton, el hecho de que han sido distintas ideologías las que han intentado hacernos ver que el papel, el trabajo y la actitud de la mujer como educadora de sus hijos y su presencia en el hogar familiar, tiene mucho menos valor que el estar trabajando fuera de casa, y que la mujer que tiene una independencia económica es la verdaderamente libre y la única capaz de realizarse como tal.

En la actualidad, hay un empeño constante en cambiar el rol social que la mujer ha tenido durante muchos años;  yo hablaría más bien, de aumentar el número de actividades o roles que una mujer puede realizar y escoger, para sentirse satisfecha por haber logrado llevar a cabo aquello a lo que ella aspiraba.

Pretendo poner de relieve, con la ayuda de Chesterton, la importancia de la mujer en la educación de los hijos y su elección de dedicarse a ello, no como un tema baladí, sino como asunto fundamental, para la familia en particular y para la sociedad en general.

Antes de extenderme en este aspecto, me gustaría destacar la relevancia que la educación ha tenido siempre, en todos los ámbitos, lugares y épocas. Se la ha considerado, en cualquier aspecto, por encima de todo. Esto se debe a que en los jóvenes está la esperanza del mundo, un mundo que abarca todos los aspectos del hombre: morales, éticos, sociales, psicológicos, políticos, tecnológicos, etc.

No se aporta con esto nada  que no se hubiera considerado ya en la época clásica en Grecia y Roma  (y no por ello pasado de moda), donde la educación era un tema tan crucial que se buscaban  mentores y sabios para que los hijos llegaran a ser “grandes” hombres de su época. Ya Protágoras escribía :

“Se sabe que la vida del individuo, desde su nacimiento se halla sujeta a influjos educadores. La nodriza, la madre, rivalizan en formar al niño cuando le enseñan y le muestran lo que es justo e injusto, lo bello y feo. Como un leño torcido tratan de enderezarlo pues hasta la naturaleza exuberante decae si se pierde o es abandonada. Lo obtenido de la naturaleza se hace infecundo  si no es cultivada […] sólo es preciso el trabajo en el momento adecuado en aquel en el que la naturaleza es blanda, y lo que se enseña es fácilmente asimilado y se graba en el alma”.                                                                                                                                                                                              Werner Jaeger: “Paideia: Los ideales de la cultura griega”

Entre muchas de las grandes mujeres de esta época, se sabe que Cornelia, la madre de los Gracos, dedicó su vida a instruir a sus hijos como un fin fundamental. La familia era el pilar sobre el que se sostenía la antigua educación romana. La máxima autoridad era el padre, pero la madre también era objeto de una gran consideración, ya que ella misma era la que educaba a los hijos, y si ella no podía, escogía con mucho celo a una institutriz que le ayudase, dispuesta a imponer  unas pautas de comportamiento recto y sobre todo basado en la moral.

Quintiliano, por su parte, ya expresaba que la educación se inicia antes del acceso a la escuela primaria. Para él, la mente comienza a formarse durante los primeros años de  la vida. Lo que precede a los niveles de enseñanza desde los 7 años, es la educación dentro de la familia, constituyéndose la madre en el primordial agente educador.

Después de unos históricos prolegómenos y unas cuantas ideas, que ahora expondré, acerca de la ideología marxista, de donde se supone que ha surgido nuestra actual ideología feminista, me centraré  en los textos de Chesterton, pues creo, que aclaran bien como se ha ido llegando paulatinamente a esta situación extrema.

El siglo XIX dio a luz una serie de ideologías,  en las que  no tenía cabida el papel de la mujer como ama de casa y madre educadora de sus hijos. En la actualidad se ha creado un estereotipo de  mujer moderna, trabajadora, independiente, posicionada, feminista, que solo piensa y decide por  y para ella,  y a quien nada tienen qué decir los que están a su alrededor. Hay realmente un sistema de pensamiento que presiona, de una manera  solapada, para que la mujer crea que  será feliz si solo piensa en ella, si es totalmente autónoma en sus decisiones y si no admite una opinión o  consideración externa.

He recogido un fragmento del trabajo de María Teresa Cid Vázquez  “La mujer y la familia ¿una relación por descubrir?” donde expresa el pensamiento de Engels, en el que ya se apuntaba esa necesidad de sacar a la mujer de la esclavitud de la familia.

“La familia es una sociedad injusta basada en la esclavitud de la mujer. Está presente el proletariado y su marido el capitalismo. Observó que la primera premisa para la emancipación de la mujer era la incorporación de todas las mujeres a la vida pública. La desaparición de la familia sería la condición necesaria para que surja algo totalmente nuevo en el hombre: la persona socialista libre e igual. La concepción marxista de la igualdad significa la abolición de las  diferencias de comportamiento y del mundo inferior de los individuos que conforman la sociedad”

El propio Engels manifiesta  en su ensayo ”El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” por un lado, su  visión sobre el carácter social  de la familia y  por otro, la crítica al carácter privado de esta y al rol de la mujer fuera de la producción social;  esta es considerada por él “la criada principal” y para toda la ideología comunista y socialista, “la esclava del hogar”.

 “…En el antiguo hogar comunista, que comprendía numerosas familias conyugales con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era una industria pública y tan necesaria socialmente como la obtención de víveres por los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y todavía más con la familia individual monogámica. El gobierno del hogar perdió su carácter social. La sociedad ya no tuvo nada que ver con ello .El gobierno del hogar se transformó en servicio privado y la mujer se convirtió en la criada principal, sin tomar ya parte en la producción social. Solo la gran industria moderna le ha abierto de nuevo-aunque solo a la mujer proletaria-el camino a la producción social. Pero  esto se ha hecho de tal suerte que, si la mujer cumple con sus deberes en el servicio privado de la familia, queda excluida de la producción social y no puede ingresar nada. Y si quiere tomar parte en la industria social y tener sus propios ingresos, le es imposible cumplir con los deberes familiares. La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales]…[De igual modo, el carácter particular del predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer la igualdad social efectiva de ambos, sólo se manifestará con toda nitidez cuando el hombre y la mujer tengan  según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la liberación de la mujer exige, como primera condición, la reincorporación de todo el sexo femenino a la  económica de la sociedad.”

 (F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado).

Estos movimientos ideológicos que surgieron en el siglo XIX e incluso algunos en la actualidad, no han sabido ver en el papel de la mujer en su entorno doméstico, la grandeza de la maternidad y  la importancia de su ser de educadora, tan importante para la sociedad  aunque no se traduzca en producción social; porque lo que se pierde de vista en este pensamiento y en el propio sistema capitalista es el sentido profundo del hombre, que no es sólo producción, materialismo, pragmatismo y utilitarismo  sino que su verdadero ser y lo que le hace realmente feliz es su espiritualidad, su amor, escrito con mayúsculas y sin miedo a pronunciarlo  y que es lo que realmente mueve el mundo, que le hace donarse sin resignación y sin ese sentimiento imperante y falso, que se nos quiere trasmitir constantemente a día de hoy, de que esa entrega le lleva irremediablemente a la esclavitud.

En cuanto a un tema relacionado con este, el de la educación y estado de los hijos, Engels recoge en su ensayo “La mujer, el niño y la familia” el informe del general Grainger sobre la condición moral de los jóvenes; afirma que “ el sistema  de trabajo capitalista los ha llevado, por muchas razones , a una de las fuentes más seguras de inmoralidad”; también afirma, “el descanso doméstico y el bienestar de las familias a las que pertenecen estos niños y jóvenes está completamente sacrificado a este estado de cosas extremadamente antinatural”.

Por otra parte, el ensayo de Engels ”Las madres arrebatadas a sus hijos”, refiriéndose al trabajo de la mujer en la fábrica, creo que  podría considerarse como una visión acertada para la actualidad que vivimos; claro está, con otra circunstancia histórica, política y económica:

El trabajo de la mujer en la fábrica disuelve completamente la familia para ella.   Es fatal, y esta disolución tiene, en la sociedad actual que se basa en la familia, las consecuencias más desmoralizadoras, tanto para los esposos como para los hijos. Una madre que no tiene tiempo para ocuparse de su hijo, no puede ser una madre para él, fatalmente se vuelve indiferente, lo trata sin amor, sin cuidados, como un niño totalmente extraño. Los  niños que han crecido en semejantes condiciones están más tarde completamente perdidos para la familia; no podrán sentirse nunca a gusto en la familia que funden ellos mismos, puesto que no han conocido más que el aislamiento en su vida, y es por eso que contribuyen necesariamente a la destrucción, general, de la familia en el caso de los obreros”.

Pero, ¿no es esta situación la que acontece también en las familias actuales, donde ambos padres trabajan  y los hijos llevan una vida en solitario? ¿Donde los maestros de nuestros hijos son las redes sociales, los amigos, en iguales condiciones, o el móvil, que les hace creer que están acompañados hasta que realmente se encuentran con su propia realidad?

Muchas de las ideas feministas, que no representan, ni mucho menos, a todas las mujeres, nos han hecho olvidar las verdaderas necesidades y anhelos de nuestros hijos; y aunque pensáramos en ello, ya hay quien se encarga de alejarnos de esa idea, como si  de una tradicionalista, poco inteligente y resignada a las tareas domesticas  se tratara, o como si no quisiéramos  contribuir con la sociedad, realizando como una más,  un trabajo remunerado;            cuando una de las mayores aportaciones que puede hacer una mujer a la sociedad  de hoy en día es educar a nuestros próximos jefes de gobierno, médicos, empresarios, profesores, etc. para que sepan razonar y actuar con sentido común y no dejar que el estado o cualquiera les eduque como  más  convenga a  sus propios fines.

Chesterton ya consideraba, el socialismo y  el capitalismo entre los enemigos  modernos de la familia, como apunta en uno de sus artículos.

    ”Lo que ha destruido a la familia en el mundo moderno ha sido el Capitalismo[…]lo que ha roto los hogares y fomentado los divorcios, y lo que ha tratado las viejas virtudes domésticas con más y más desprecio es la época y el poder del Capitalismo. Es éste el que ha forzado una contienda moral y una competición  comercial entre los sexos, el que ha destruido la influencia del padre a favor de la influencia del patrono; el que  ha sacado al hombre de su casa para encontrar trabajo, el que le ha forzado a vivir cerca de sus fábricas o firmas comerciales en lugar de hacerlo cerca de la familia; y sobre todo el que ha fomentado por razones comerciales una procesión de publicidad ostentosa que en sí misma lleva todo lo que nuestra madre y nuestros padres llamaban dignidad y modestia…”(“Los enemigos de la familia”.pag.258).

Puede creerse en algún momento que Chesterton aparece como un hombre que infravalora a la mujer, por defender la función que ella tiene en el hogar, cuando lo que manifiesta  en realidad es la grandeza de esa opción, su importante repercusión en la vida futura del hombre y la capacidad femenina de asumirla con arrojo y en libertad.

Decía Chesterton en un ensayo recogido en el libro “El amor o la fuerza del sino”:

 ”Estoy totalmente al corriente de las modificaciones necesarias y de los compromisos producidos por la condición accidental de nuestro tiempo. No soy irrazonable sobre todo esto. Pero lo que están discutiendo no es la sugerencia  de que el ideal debe ser modificado sino la sugerencia de que el ideal debe ser abolido… el lugar donde los niños nacen, donde los hombres mueren, donde se presenta el drama de la vida mortal, no es una oficina, ni un comercio, ni un despacho, es algo mucho más pequeño en tamaño y mucho más grande en alcance .Y aún cuando nadie sería tan estúpido en pretender que es el único lugar donde las mujeres deben trabajar, tiene un carácter de unidad y universalidad que no se encuentra en ninguna de las experiencias fragmentarias de la división del trabajo”.

Continua diciendo en el ensayo “La gloria del hogar”:

 ”El hogar no es una prisión, ni siquiera un asilo, tampoco hace al caso de que ciertas personas deberían ser encerradas en el hogar bajo llave porque son débiles mentales o incapaces .Todo lo contrario; los que creen en la dignidad de la tradición doméstica -de hecho la mayoría de la humanidad- consideran el hogar como una esfera de enorme importancia social y de supremo significado espiritual, y hablar de ser confinado a él es como hablar de ser confinado a un trono…Puede que haya mujeres que no se encuentren a gusto en la vida de la familia como ha habido hombres que no se encontraron a gusto en sus tronos. Hay esposas que no quieren ser madres y hay abogados que no quieren  ser jueces…No podemos asumir como tan a menudo asumen los dos lados de esta curiosa controversia, que traer al mundo y educar y gobernar los seres vivientes del futuro es una tarea servil, adecuada para una persona tonta”.

           (EL amor o la fuerza del sino “de dentro a fuera”)

     “Este asunto de la mujer que trabaja y la mujer que se queda en casa es una cosa muy grande, y este relato construido sobre él tiene una significación muy importante. Resulta en efecto que la mente moderna no es consistente consigo misma. Se las ha ingeniado para poner uno de de sus crudos  ideales en perfecta contradicción con el otro. La gente de tipo progresista está constantemente diciéndonos que la esperanza del mundo está, en la educación, la educación lo es todo. Nada es tan importante como instruir a la nueva generación [ …]y nunca parece darse cuenta de lo que implica. Porque si hay una sola gota de verdad en este hablar, sobre la educación del niño, entonces no hay nada más que insensatez en el noventa por ciento de lo que se habla sobre la emancipación de la mujer[…]si la educación es la cosa más grande del mundo ¿qué sentido puede haber en hablar de una mujer siendo liberada de la cosa más grande del mundo?[…]En breve si la educación es realmente el asunto de mayor relevancia, entonces con toda seguridad la vida doméstica es la de mayor relevancia, y la vida oficial o comercial es la de menos relevancia…

       La gente ya no está tan segura de que la libertad de una mujer consiste en tener un llavín sin hogar, ya no está del todo convencida de que todas las amas de casa son monótonas y prosaicas mientras que todas las mujeres que llevan las cuentas son fascinantes y poéticas…

      No podemos insistir en que los primeros años de la vida son de una importancia suprema y en que las madres no son de importancia suprema, o que la maternidad es un asunto de suficiente interés para los hombres pero no de suficiente interés para las madres .Cada palabra que se dice sobre la importancia tremenda de los hábitos triviales desarrollados en la niñez se añade a la demostración de que ser niñera no es algo trivial .Todo tiende al regreso de una sencilla verdad que dice: el trabajo privado en la casa es el trabajo verdaderamente grande y el trabajo público es el empleo pequeño. El hogar humano es una paradoja porque es más grande por dentro que por fuera”

Yo observo que muchas mujeres defensoras de que su verdadera realización como mujer está en el trabajo fuera de su casa, no dejan de hablar al mismo tiempo de su abatida realidad, ésta que viven cada día, en la que después de una larga y dura jornada de trabajo tienen que continuarla en casa, porque,  por su manera de ser y entender la vida perciben con más perspicacia  la cantidad de asuntos importantes que hay que resolver en ella, no ya las tareas domésticas, que cada vez más comparte con el marido, sino que advierte la necesidad que tienen los hijos de que se les escuche tranquilamente, se les aconseje oportunamente y se les instruya en el camino apropiado para ser feliz y para ser una persona que asuma sus propias responsabilidades. Las madres que trabajan, muchas veces, tienen que combatir por dar una educación libre de ese sentimiento de culpa que cada vez más aparece entre ellas, por el hecho de que su hijo no la ha visto en todo el día o en gran parte de él, o el responder a sus necesidades con tanto cansancio que no pueden controlar ni su propio carácter, o porque los problemas que trae del trabajo le suponen un impedimento para dedicarse a su hijo con cierta serenidad. Viene a colación un fragmento de su ensayo “lo que está mal en el mundo” en el que expone su visión del hombre y de la mujer, y que muchos podríamos compartir partiendo de nuestra propia pericia:

”Algún comerciante impaciente, algún misionero superficial, camina por una isla y ve a la mujer cavando la tierra mientras el hombre toca la flauta; e inmediatamente dice que el hombre es un señor de la creación y la mujer una sierva . No recuerda que podría ver lo mismo en la mitad de los jardines traseros de Brixton, simplemente porque las mujeres son más conscientes y más  impacientes, mientras que los hombres son al mismo tiempo más inactivos y mas ávidos de placer. Puede ocurrir tan a menudo en Hawai como en Hoxton. Es decir, la mujer no trabaja porque el hombre le diga que trabaje y ella obedezca. Por el contrario, la mujer trabaja porque le ha dicho al hombre que trabaje y él no ha obedecido”.

En este sentido, Chesterton dudaba de que las mujeres fueran nunca torturadas  como lo son hoy en día por el absurdo intento de convertirlas en emperatrices domésticas y funcionarias competitivas al mismo tiempo.

Según Chesterton

 “la cuestión más inmediata es, que su misma eficiencia es la definición de su esclavitud […]la moderna mujer trabajadora soporta una doble carga, pues aguanta tanto el difícil oficialismo de la nueva oficina como la distraída escrupulosidad del antiguo hogar […] si las mujeres tienen que estar sujetas a la aburrida regla del comercio, tenemos que encontrar algún modo de emanciparlas de la salvaje regla de la conciencia. Pero lo cierto es que imagino que les parecerá más fácil dejar a un lado la conciencia y acabar con el comercio. Tal como están las cosas, la moderna empleada o secretaria se agota poniendo una cosa en su sitio en el libro de cuentas y luego se va a casa a ponerlo todo en su sitio en el hogar”

Siguiendo en esta línea  Chesterton dice

“la mayoría de los feministas probablemente estarán de acuerdo con él en que las mujeres están bajo una vergonzosa tiranía…pero yo quiero destruir la tiranía. Ellos quieren destruir a las mujeres. Es la única diferencia. Si recuperamos la clara visión de la mujer como una torre con muchas ventanas, el eterno femenino fijo desde el que sus hijos, los especialistas, pueden avanzar; si conservamos la tradición de una cuestión fundamental que es incluso más humana que la democracia e incluso más práctica que la política; si , en una palabra, es posible restablecer la familia, libre del sucio cinismo y la crueldad de la era comercial […]creo en la familia ;por tanto remendaría la familia como remendaría una silla[…]

       “He aquí dos instituciones que siempre han sido fundamentales para la humanidad, la familia y el Estado, con este último ponen a punto su maquinaria, refuerzan sus negras líneas dogmáticas, hacen al gobierno más fuerte en todos los sentidos. Mientras dejan el hogar en ruinas, restauran la colmena, especialmente los aguijones.]

Cuando leo a Chesterton, me llama especialmente la atención el hecho de que para él, la mujer es imprescindible que esté en casa para que se mantenga el sentido común en el mundo; la tarea en casa  no es “trivial” ni “monótona”, ni “insignificante”,  ni “descolorida” y de poca importancia para el alma. Es  una función gigantesca la que tiene la mujer que decide ocuparse de su casa y de la educación de sus hijos y así es como yo lo he vivido.

He estado siempre  trabajando en casa, como si de una gran empresa se tratara, como si algo realmente importante estuviera llevando a cabo. Cada día he podido observar, tranquilamente, el entorno que me rodeaba, los problemas de los que he tenido a mi alrededor, marido e hijos y ahora ya también nuestros padres, reconocerle sus méritos y alegrarme con sus alegrías  y así no estar ausente y perderme todas estas pequeñas grandes cosas, por un supuesto trabajo que me haría realizarme y que me daría una independencia económica; y me pregunto yo, para que quiero independizarme de lo que más quiero, si lo que realmente me hace sentirme persona es ese vivir con y para la familia. Habremos vivido muchos momentos de precariedad, pero lo que también es cierto es que se han creado muchas necesidades inútiles para las que se trabaja tan duramente y nos hace perder el norte de lo verdaderamente importante. Cuantas veces nuestros hijos preferirían que estuviéramos cerca más tiempo, que darles todo aquello que no  hace más que alejarlos de nosotros.

Tuve la satisfacción, no sin dificultades, de enseñar a mis hijos moral, costumbres, teología, higiene etc., de considerar más importante enseñarle a mis hijos palabras, vocabulario, matemáticas, astrología, botánica, ciencia, en el día a día con la vida, que enseñar esto a otros muchachos en un colegio. Transmitir a mis hijos el universo entero que yo he conocido, de hacerlos creativos, diseñadores, músicos, íntegros en su proceder, filósofos, críticos, conocedores de sus imperfecciones etc.

He considerado que esta opción de ama de casa que tanto escandaliza en el mundo de hoy, es uno de los trabajos más bellos y gratificantes; y comparto con Chesterton y con muchas mujeres  esa gran idea de “la mujer que mira hacia todos lados por las ventanas del alma y es capaz de contestar a todo”

Se presenta Chesterton razonable y lleno de sentido común  en todos sus ensayos, pero se enfrenta a la lógica imperante en nuestra sociedad actua­­l. Hoy día han surgido nuevas ideologías basadas en Engels y Marx que mueven y persuaden a la mujer para que piense que es ella la que decide sobre su propia vida de una manera independiente y no parezca que alguien le obliga. No le ofrecen otras alternativas posibles en las que ellas puedan encontrar la aceptación de la sociedad, otros modelos distintos al estereotipo de mujer que parece ser el admitido hoy.

 ¨El arte de la domesticidad me parece tan especial y tan valioso como todas las antiguas artes de nuestra especie¨

BIBLIOGRAFÍA

Werner Jaeger:

“Paideia: los ideales de la cultura griega”

Maria Teresa Cid Vázquez:

“La mujer, la familia ¿una relación por descubrir?”

Friedrich Engels:

“El origen  de la familia, propiedad privada y el estado”

“Las madres arrebatadas a sus hijos”

“La mujer, el niño y la familia”

G.K. Chesterton:

“Los enemigos de la familia”

“La gloria del hogar”

“De dentro a fuera”

“Lo que está mal en el mundo”

“El amor o la fuerza del sino”

Fuente: chestertonblog.com

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Éste es el tiempo que falta para la conferencia: 

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Padre Brown: Elogio de la razón pura

mayo 5, 2018

Elogio de la razón pura
Por Hernán Ferreirós.

Hace más de cien años, la literatura inglesa nos presentó a un detective amateur capaz de dar prodigiosos saltos lógicos que le permitían descubrir a un falso clérigo por el modo que usa la sal de mesa o a un asesino por la caligrafía de una nota.

Padre Brown 01No se trata de Sherlock Holmes, sino de un detective menos célebre pero igualmente eficaz: el padre Brown, cura provinciano cuyos rasgos pedestres y natural modestia contrastan con su intelecto singular. Este personaje fue la creación más conocida del escritor, polemista y humorista británico G. K. Chesterton. Los 51 relatos que protagonizó, publicados entre 1910 y 1936, fueron un divertimento y un desafío intelectual para los lectores, pero también un vehículo para las ideas del autor acerca de la teología y la fe. 


Cristiano devoto, antisocialista y conservador (y por ello un autor antipático), Chesterton no centra su militancia religiosa en el hecho anecdótico de que su protagonista sea un cura, sino en que es un cura capaz de resolver racionalmente enigmas que parecen inexplicables: si el universo puede ser entendido y está regido por la razón, entonces hay un Dios. «La razón y la justicia imperan hasta en la estrella más solitaria y remota -dice Brown- en llanuras de ópalo, bajo riscos cortados de perlas lo mismo se encontrará usted con la sentencia «No robarás».»


Un argentino podrá argumentar que sabe de lugares donde esta sentencia no corre, pero no vale la pena discutir porque los cuentos no se agotan en su carga confesional. Como notó Borges en un ensayo sobre el escritor, éste también tenía una «voluntad demoníaca» que hizo de él un gran tejedor de pesadillas, comparable a Kafka. La batalla entre lo monstruoso, lo irracional y la razón se da en la doble naturaleza de cada historia. Borges señala que son a la vez cuentos fantásticos y policiales porque Chesterton realiza el tour de force de dar las dos explicaciones de cada enigma: la sobrenatural y la lógica. Siempre se impone la segunda porque, como dice el padre Brown, «atacar la razón es mala teología».

Vigilando a los detectives
El regreso del padre Brown a la pantalla (existe un film de 1954 con Alec Guiness y otra serie inglesa de principios de los 70), junto con el de Sherlock Holmes tanto en la grandiosa Sherlock como en la no tan grandiosa Elementary, devuelve a los espectadores la felicidad de una trama que se propone desconcertar y sorprender sólo con su ingenio, en lugar de con gadgets y crímenes abominables.

En la actualidad, el tipo de relato policial que se impuso en la TV consiste en las interminables variantes de CSI que se concentran en el procedimiento policial y en la tarea de los forenses antes que en el trabajo racional de un detective. Los procedimientos «científicos» de estas series en verdad funcionan como una forma de magia: dan el nombre de un culpable sin que tengamos la necesidad de entender cómo se llegó hasta él. Un policial clásico es lo opuesto: el cómo importa más que el quién.


En su texto llamado «Cómo escribir una historia de detectives», Chesterton explica que «la historia se escribe para el momento en que el lector entiende». Nos provoca una gran satisfacción entender cómo, por ejemplo, Sherlock Holmes deduce, a partir del homicidio de un astrónomo, que un paisaje de Vermeer es falso (en pocas palabras: las estrellas del cielo en el cuadro corresponden a su posición actual y no a la que tenían en la época en que debió ser pintado).

En momentos como ése, no sólo comprendemos el alambrado lógico de la trama, sino también cuánto del relato fue construido minuciosamente para llevarnos de la nariz hasta ese descubrimiento. Chesterton agrega: «El policial es el único género en que a los lectores les gusta sentirse menos inteligentes que el protagonista». No está claro que al público le guste tal cosa. Más bien, en un buen policial no tiene más remedio. Acaso por eso tienen éxito los que le piden mucho menos.

El candor de G.K. Chesterton
La nueva serie producida por la BBC en 2013 (ya tiene una segunda temporada emitida en el exterior y una tercera en camino) transplanta a Brown (Mark Williams, el padre de Ron Weasley en Harry Potter) a los años 50 y a un pueblito que sería idílico si no muriera alguien todas las semanas.
El programa parece mantener la inocencia de las ficciones televisivas del período retratado, que se corresponde con la candidez de los escritos de Chesterton. A la vez, acaso por la necesidad de convertir relatos de 20 páginas en programas de 48 minutos, cada tanto decide ir en sentido contrario e incorporar una subtrama «modernizadora».

En el primer episodio, «El martillo de Dios» -que se repetirá hoy, a las 6 y a las 11-, basado en un cuento de 1910, se injerta una relación gay que se siente fuera de lugar en el púdico universo del autor.

Tal como en los textos, aquí el padre Brown está constreñido por leyes morales antes que penales: su interés es resolver crímenes para salvar almas, más que para distribuir castigos. El elemento religioso es insoslayable, pero está puesto al servicio de la trama detectivesca. No se trata aquí de predicar, sino de aplicar la fuerza de la razón (que para Chesterton, a quien le gustaba pensar con la forma de paradojas, era el objeto de la fe) para remontar los hilos de un crimen. El programa se toma su tiempo para hacerlo, pero reserva una recompensa: las soluciones son meditadas, precisas y proyectan un optimismo diáfano. Esta adaptación no parece televisión de hoy, sino de cuando el género policial era a la vez más simple y más interesante.


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Dato importante:
Padre Brown, detective. Film & Arts.

Fuente: La Nación, 09/07/14.
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Las aventuras del Padre Brown llegan a la televisión.
Por Gonzalo Palermo.

El primer gran admirador de la obra de Chesterton, por estas latitudes, fue Jorge Luis Borges. Por eso no existe mejor manera de explicar la mecánica básica de los cuentos del Padre Brown -el personaje de gran parte de la obra del escritor londinense- que citar al propio autor de El Aleph. «Cada una de las piezas de la Saga del Padre Brown presenta un misterio, propone explicaciones de tipo demoníaco o mágico y las reemplaza, al fin, con otras que son de este mundo».

Borges escribió varias reflexiones sobre Chesterton, dispersas aquí y allá, pero la que mejor condensa la vida y obra del autor es el ensayo Sobre Chesterton. Ese esquema básico -a) misterio, b) coqueteo con lo fantástico y c) resolución realista- es también aplicable a otros varios autores y ficciones. Sin ir más lejos, y por citar un ejemplo reciente, True Detective apostó en cierta forma a esto.

Chesterton dedicó 25 años de su carrera al Padre Brown, entre 1911 y 1936, con más de medio centenar de relatos. En la brevedad fue donde Chesterton mejor desplegó sus habilidades. De ahí que este personaje, que inmediatamente se convirtió en uno de los detectives británicos más populares (en rigor no es detective, o no es detective de los que tienen placa, pero sí lo es intelectualmente y de raza) fuera adaptado a la televisión, la radio y el cine.

La cadena ITV británica (que hoy produce Downton Abbey) ya había llevado al Padre Brown a la televisión, en 1974, con Kenneth Moore como protagonista. El año pasado la BBC decidió retomar al personaje y la serie, que llega a Sudamérica mañana, fue un éxito.

Mark Williams (Harry Potter) es quien interpreta a Brown ahora, en esta serie donde solo unos pocos relatos originales de Chesterton fueron adaptados; en general, los capítulos plantean misterios nuevos, especialmente creados para la televisión. «Tiene un enorme corazón y empatía, que es la esencia del personaje, y además puede hacer comedia, lo que es fundamental», dijo la productora Ceri Meyrick sobre el actor principal.

La otra gran diferencia es que la acción, que transcurre en el pueblo ficticio de Cotswold, se ubica en los años 50 en vez de principios del siglo pasado, como en el original.
Eso sí: un padre Brown utilizando celulares y apoyándose en análisis de ADN hubiera terminado por desvirtuar completamente el sentido de la obra original, por lo que se agradece la leve actualización que le dieron. Algo parecido pasó recientemente con Sherlock, otro éxito de la BBC, donde el sagaz investigador está en el siglo XXI.

¿Por qué no hubiera resistido bien el Padre Brown la modernización que tan bien le vino a Sherlock Holmes? Porque son antagonistas. Mientras Holmes resuelve los casos aplicando la lógica convencional, el método y la investigación tradicionales, Brown se apoya en su intuición, su capacidad de comprender el comportamiento humano y su experiencia en el confesionario.

En los casos del Padre Brown y el resto de su obra, Chesterton depositó dosis de su lado oscuro para encontrar la luz al final. Hay obsesión pero nunca desemboca en la locura. Habla, como escribe Borges, «de una cárcel de espejos» y «de un laberinto sin centro» pero su fe en lo humano siempre triunfa.

Una inspiración para Chesterton
Chesterton se inspiró en hechos reales para crear a su personaje más célebre y uno de los más importantes de la literatura británica de todos los tiempos. En 1904 conoció a John O`Connor, un párroco de Bradford, en Yorkshire, de quien se haría muy amigo. Más tarde, en 1922, el sacerdote sería una pieza clave en su conversión hacia el catolicismo.

A esto siguió la idea de crear un detective que además de resolver casos pudiera expresar su visión filosófica del mundo. Así nació el Padre Brown. «Me permití la peligrosa libertad de tomar a mi amigo y darle algunas vueltas. Ensucié su ropa, transformé su semblante inteligente en un rostro de rechoncha estupidez. Disfracé al Padre O`Connor como el Padre Brown», escribió el autor en su autobiografía.
Ese personaje ficticio pasaría a ser casi tan real como en el que se inspiró.
Fuente: El País (Uruguay), 05/07/14.
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Padre Brown 02