Mensaje urgente para la Presidenta y sus incondicionales
Por Luis Majul.
Alguien, cuanto antes, debería decirle a la Presidenta que la multitudinaria y estruendosa Marcha del Silencio no fue contra ella sino que pasó «por encima» de ella. Que la manifestación fue y es tan trascendente que reducirla a una pelea entre el Gobierno y la oposición no sólo la deja «fuera de escuadra», sino que la empequeñece todavía más. Alguien debería decirle que abandone ya la paranoia de Carta Abierta y la delirante idea del golpe blando, el supuesto intento de desestabilización o la sospecha de que fuerzas oscuras y poderosas quieren terminar con el kirchnerismo. O con el cristinismo. Los que están terminando con el cristinismo, el kirchnerismo y el Frente para la Victoria como proyecto político durable o sustentable son el pequeño círculo que la rodea y todos sus repetidores.
Los que le dieron más volumen y transcendencia a esta marcha no fueron los fiscales que la convocaron, sino quienes pisotearon la memoria del fiscal Natalio Alberto Nisman, empezando por la propia jefa del Estado.
Detengámonos por un instante y analicemos la trascendencia de semejantes especulaciones. Un presidente da a entender a sus representados que al fiscal más importante de la Argentina lo mandó a matar el jefe de Inteligencia de su propia administración. Porque Stiuso fue, hasta hace muy poco, el jefe de Inteligencia más importante del gobierno de Cristina Fernández. Y no sólo de la Presidenta. También de su inmediato antecesor, el ex presidente Néstor Kirchner. El mismo ex presidente que lo sostuvo frente a la denuncia del hasta entonces ministro Gustavo Béliz, quien acusó a Stiuso de ser el jefe de un sistema ilegal de pinchaduras telefónicas, aprietes y extorsiones a cientos de dirigentes políticos, empresarios, sindicalistas, periodistas, fiscales y jueces.
¿Piensan, de verdad, la Presidenta y su incondicional secretario Carlos Zannini que de este laberinto se sale sólo con un proyecto de ley desprolijo y apurado para cambiar la Secretaría de Inteligencia? Los oficiales y suboficiales que firman los comunicados de Carta Abierta y los presuntos intelectuales que elucubran las mil y una teorías de complot, ¿creen en realidad que se quiere dar un golpe de Estado? ¿Y quiénes serían los golpistas? ¿A quién beneficiaría un golpe? A Sergio Massa, a Mauricio Macri y a Daniel Scioli, los precandidatos a presidentes más expectantes, seguro que no. Tampoco a Ernesto Sanz, a Julio Cobos, a José Manuel de la Sota a Hermes Binner o a Elisa Carrió.
Pregunté eso mismo a uno de los pensadores más tolerantes de Carta Abierta, Eduardo Jozami, y sólo alcanzó a decirme que la marcha del silencio podría ser considerada un instrumento de la oposición para disolver al cristinismo como fuerza política. Le dije que no lo compartía. Y después le pregunté cuál sería el problema si fuera así. Eso, en todo caso, sería parte de una estrategia política. Discutible, en todo caso, pero nada que se parezca a un golpe de Estado o a un intento de desestabilización. Cuando terminé de conversar con Jozami, me preocupé más todavía. Sus argumentos, y los de Mempo Giardinelli, para nombrar a otro intelectual, ¿son sinceros o son parte de una dinámica perversa que los lleva a autoconvencerse del delirio que argumentan? Es decir: ¿cuando Giardinelli habla de un golpe en marcha y suscribe un documento que repudia el «terrorismo periodístico» es porque cree que los periodistas que no pensamos como ellos podemos estar cometiendo un delito al que se podría encuadrar dentro de la ley antiterrorista? Y siguiendo el dramatismo de sus argumentaciones, si creen que habrá un golpe contra la Presidenta, ¿qué harían para evitarlo?
Por momentos, la «patrulla perdida» del Gobierno y sus incondicionales se parece al grupo de militantes que atacaron el cuartel de La Tablada en 1989. Antes de hacerlo, llamaron a un grupo de periodistas y dirigentes y denunciaron un golpe en ciernes. Todos sabemos cómo terminó aquella aventura. Algo mucho menos trágico sucedió cuando la mayoría oficialista perdió la votación por las retenciones al campo. La Presidenta y el ex presidente amenazaron con abandonar el gobierno. El ex jefe de gabinete Alberto Fernández nunca lo dirá en público, pero él se fue a dormir ese día con la idea de que Luis Inácio Lula da Silva, por vía telefónica, había sido el único capaz de convencer al matrimonio Kirchner de que estaban a punto de cometer una locura.
Hay quienes suponen que la decisión de ignorar la marcha del silencio el mismo día en que inauguró por tercera vez Atucha es otra de las jugadas magistrales de Cristina Fernández para «neutralizar la agenda de los medios». Son tan pequeños y miopes como los integrantes del Gabinete que sostienen, off the record, que Cristina está cometiendo una equivocación tras otra, pero no son capaces de decírselo en la cara. Alguno de ellos debería decirle que los miles de argentinos que se manifestaron en silencio no tienen un problema personal contra ella. No quieren que se vaya antes ni corrida por ningún golpe clásico o no convencional.Que el silencio no hubiera sido atronador si el Gobierno hubiera asumido la muerte de Nisman como un problema de Estado, y no con la autorreferencial visión de que le tiraron un muerto «a ella». La invitación al fiscal Gerardo Pollicita a concurrir a la Cámara de Diputados para que explique por qué imputó a la Presidenta, en una suerte de mala repetición de lo que le propusieron a Nisman, tiene el mismo sentido mezquino. Los legisladores del Frente para la Victoria colocan a la jefa del Estado por encima de las instituciones. Como si ella no pudiera ser jamás investigada o denunciada por la Justicia. Como si estuviera por encima de la ley. Alguien debería avisarle que no es eterna, y tampoco infalible.
Alex Freyre superó todos los límites: «Néstor hace pis», tuiteó sobre la lluvia del 18F
El dirigente kirchnerista se burló de los manifestantes que se mojaban.
El funcionario kirchnerista Alex Freyre, quien últimamente viene provocando desde su cuenta de Twitter, superó esta vez todos los límites del respeto con un tuit en el que aseguró que la lluvia que empapaba a los manifestantes del 18F era «Néstor haciendo pis».
Antes ya había tuiteado otra frase fuera de lugar:
Poco después, por la indignación generada por su ausencia mínima de respeto por nada, Freyre borró sus tuites y publicó este:
Cientos de miles de personas marchan en todo el país en homenaje al fiscal Nisman
La marcha del 18F. Bajo una lluvia torrencial, se movilizan desde el Congreso a Plaza de Mayo unas 400.000 personas, según el último cálculo de la Policía Metropolitana. La multitud es encabezada por fiscales y familiares de Nisman. Además, hay multitudinarias concentraciones en ciudades del Interior como Rosario, Córdoba, Santa Fe y Mar del Plata.
Bajo una lluvia por momentos torrencial, una multitud participa de la Marcha del Silencio, que se moviliza desde la Plaza de los dos Congresos a Plaza de Mayo. La columna es encabezada por fiscales y la familia del fiscal Alberto Nisman, muerto hace un mes.
La Policía Metropolitana estimó en su último cálculo en unas 400.000 personas la concurrencia, aunque en realidad el cálculo final es difícil de realizar porque mucha gente participó de algún tramo de la marcha y se retiró en medio de las tormentas.
Las convocatorias también son masivas en el Interior del país, especialmente en las ciudades de Mar del Plata, Rosario, Santa Fe y Córdoba.
El inicio de la marcha quedó pasado por agua. Unos 15 minutos antes de las 18, el horario de salida previsto desde la Plaza del Congreso, una fuerte tormenta que se extendió de manera intensa durante media hora marcó el primer tramo de la manifestación.
La partida fue algo desordenada en ese contexto y se concretó unos minutos antes, entre los aplausos que funcionaban como un pedido de apuro. Con una bandera negra con la inscripción en blanco “Homenaje al fiscal Nisman, marcha del silencio”, visible por un corralito para abrir espacio armado por una suerte de guardaespaldas con remeras que los identificaban, el sindicalista Julio Piumato dio la orden de arrancar.
No hubo palabras en ese momento, sólo se escuchó el grito de “Justicia, Justicia” de los manifestantes en plena tormenta. En la primera fila aparecieron los fiscales Raúl Plee, Carlos Stornelli, Germán Moldes, Guillermo Marijuán y José María Campagnoli, entre otros.
Unos metros más atrás, con menor visibilidad, la jueza y ex mujer del fiscal, Saldra Arroyo Salgado, marchó con otros miembros de la familia. Y dirigentes de la mayor parte del arco opositor lo hicieron en otros puntos, aunque la lluvia obligó a algunos a apartarse y volver al rato.
Los bares y entradas de los edificios de Avenida de Mayo quedaron abarrotados de manifestantes que pretendían refugiarse de la lluvia. Algunos abandonaron la marcha por las calles aledañas, la mayoría permaneció en el lugar y comenzó a avanzar a paso lento, entre los paraguas que dificultaban la caminata hasta la Plaza de Mayo.
Ramona, una empleada administrativa del microcentro que participa de la movilización, dijo a Clarín que resolvió sumarse porque está «indignada, cansada de que en este país no haya nunca soluciones, solo problemas».
Laura, una señora que también marchaba hacia la Plaza de Mayo, agregó: «Este país no da para más. Espero que sze haga justicia».
Marcelo, quien vino especialmente desde La Plata para participar de la movilización con un cartel que dice «CFK Asesina», completó: «Estoy indignado porque no puede ser que lo que le paso a Nisman ocurra en democracia. Ojalá esto nunca más se repita».
La muerte de Nisman: para un senador K, fue un «crimen pasional» cometido por Lagomarsino
La muerte del fiscal Nisman.
Es la hipótesis que lanzó el misionero Salvador Cabral, del Frente para la Victoria: «Producto de un amor homosexual, donde el marido que es el flaquito -por Lagomarsino- que le llevó la pistola, lo encontró en situaciones amorosas al muerto y le pegó un tiro en la cabeza amorosamente».
El misionero Salvador Cabral, del Frente para la Victoria, lanzó una nueva hipótesis sobre la causa que produjo la muerte del fiscal Alberto Nisman. Antes de entrar en detalles, y según el relato que Cabral hizo en una entrevista a Radio República, el fallecimiento del fiscal que investigaba la causa AMIA y había acusado de la Presidenta de encubrimiento, «es un cadáver que la mafia de los servicios de informaciones que trabajaban contra el gobierno le tiró al gobierno para provocar un desgaste abrupto, creyendo que con eso se iba a producir una crisis política de profundidad, que no se produjo».
Pero tras esa introducción, fue al grano y caratuló la causa directamente como un «crimen pasional». El senador K tomó como referencia la declaración que publicó Clarín la testigo Natalia Fernández. «Una testigo dijo que ella llegó y se encontró con un ambiente de festichola. Pero la tesis que desprende de lo que ella dice es que ese fue un crimen pasional entre un amor homosexual, donde el marido que es el flaquito -en referencia a Lagomarsino- que le llevó la pistola, lo encontró en situaciones amorosas al muerto y le pegó un tiro en la cabeza amorosamente», dijo. El senador afirma que esto es lo que va a salir en los próximos días porque ya lo anunció la testigo.
El portal de noticias MisionesOnline agrega que Cabral, al ser consultado por la culpabilidad de Jaime Stiuso en la supuesta trama pasional que plenteó, dijo que «Stiuso lo único que hizo fue aprovechar la situación para transformarlo en una figura política. El es amigo del que llevaba el revólver. Cuando se encontró con esa situación, (Stiuso) dibujó todo el hecho».
El poder político le ha provocado a la Argentina heridas muy graves que es absolutamente necesario curar. Hemos ido pasando de la democracia y el respeto por las instituciones a un estado intermedio en el que «los que saben» (políticos, empresarios, policías, espías, algunos jueces) fueron estirando a su favor la interpretación de las leyes. Y terminamos desembocando en el abuso, la mentira, la ilegalidad y la impunidad.
La Argentina, por ese camino, se hará irrespirable para nuestros hijos. Hay que cambiar ese rumbo. Y eso requiere liderazgos democráticos, respetuosos de las diferencias y de las instituciones, que reconozcan el valor de las miradas diversas y que estén dispuestos a construir «entre todos». Es imprescindible dejar atrás las tentaciones autoritarias, la cultura autoritaria, y abrazar con fe, como misión, la cultura plural del respeto. La democracia se basa en el respeto del otro, no en la idea autoritaria de imponerse al otro.
Tenemos que reconstruir las instituciones y la confianza en las instituciones, porque son ellas las que nos permiten desarrollar nuestras vidas en paz y no tener miedo por nuestros hijos. Es una institución que los policías persigan a los ladrones; que los fiscales acusen a los que cometen delitos sin importar quiénes son los que infringen la ley o quiénes son sus padrinos; que los jueces sean jueces de la ley (es decir, de los derechos del pueblo) y no jueces del poder (es decir, de los intereses de los poderosos). Una institución es que las estadísticas sean reales; que no se oculte información a los ciudadanos; que los que critiquen puedan criticar sin temor a represalias; que los representantes democráticos de sus votantes no se sepan perseguidos y espiados por cumplir con su deber; que los fondos públicos sean públicos y no privados o políticos; que se rindan cuentas; que el valor de los salarios sea protegido, por un Banco Central independiente, de la ambición insaciable de los gobernantes inescrupulosos; que cada uno pueda ejercer su derecho constitucional de educar a sus chicos de acuerdo con sus valores o de trabajar y poder comerciar el fruto de su trabajo.
Estas instituciones nos fueron quitadas por la mala política, por los abusadores, por el «sistema que se las sabe todas». Los habitantes quedamos a la intemperie frente a los mafiosos y a los depredadores; quedamos sin protección. Por eso hay miedo y angustia. Eso es lo que hay que cambiar. Ése va a ser el cambio que tenemos la responsabilidad de provocar los que tenemos representación. No podemos rendirnos, ni retirarnos, ni dejar nuestro lugar por comodidad o por cobardía. A menos que queramos abandonar a su suerte a nuestros propios hijos.
Cuando la política ya se tocó con el crimen, se nos quiere hacer participar de un simulacro, engañando una vez más al pueblo, diciendo que se quiere reformar los servicios de inteligencia cuando lo que en realidad se quiere es aumentar el poder de los espías ilegales afines al Gobierno. Lo que busca el poder político en este contexto en el que nos toca vivir es impunidad. Hay que decirlo con todas las letras: se pretende imponer la impunidad por ley. Por eso pretenden «asegurar que aquellos datos de inteligencia que una vez almacenados no sirvan para los fines establecidos por la presente ley sean destruidos».
¿Quién dice qué sirve y qué no sirve, o servirá algún día, en función de «fines» que no se sabe cuáles son? ¿Van a destruir legalmente las informaciones que incriminen a los poderosos o a sus amigos? Denunciémoslo: impunidad.
Cuando se pretende que a las famosas escuchas telefónicas que los delincuentes oficiales nos hacen todos los días las maneje una fiscal que ha buscado la impunidad de los poderosos, poniendo fiscales amigos que no acusan a quienes deben acusar o pretendiendo sacar a los que sí lo hacen, como Campagnoli, lo que se busca es impunidad.
Muchos ingenuos o perversos quieren que simulemos que no pasa nada, que simulemos que éste es el tratamiento ordinario de una ley ordinaria. No lo es. Hay dos chiquitas con su papá muerto por cumplir con su deber de fiscal, que no saben lo que pasó. Por eso hay que marchar, ir a la calle en paz y en silencio, contra la impunidad, para que esos «vivos» que nos robaron nuestras instituciones, las instituciones constitucionales de los argentinos, y que nos quieren seguir robando la tranquilidad y el derecho a vivir y a desarrollarnos con nuestras familias de acuerdo con nuestros valores sepan que somos más, que no lo van a lograr, que vamos a hacer lo que tengamos que hacer para que el cambio, de una buena vez, sea una realidad.
—La autora es presidenta del bloque Unión Pro en el Senado de la Nación.
No reaccionó bien Viviana Fein. La fiscal de la causa sobre la muerte de Alberto Nisman advirtió que la testigo público, Natalia Jimena Fernández, “deberá hacerse cargo” acerca de su relato sobre lo que aconteció en el departamento de Puerto Madero la madrugada del 19 de enero. Fein señaló, además, que la descripción de la joven que trabaja de camarera en la zona (anticipada por Clarín) fue falsa y descabellada. Arriesgó, incluso, que podrían haberle “plantado” a la testigo. Como insinuando alguna trama conspirativa.
Fernández contó lo que vio y padeció. Porque fue llevada de prepo por Prefectura a la escena de la tragedia donde habría permanecido casi 7 horas. Puede haber distorsionado imágenes, producto quizás del desconocimiento, de la hora y la horrible circunstancia. Pero lo que la testigo describió pareció encajar a la perfección con lo que cualquier observador externo, incluído el periodismo, imaginó que podía haber ocurrido en Puerto Madero ni bien el destino del fiscal muerto se convirtió en un enigma.
Desde la conducta incomprensible de su custodia, defendida por la ministro de Seguridad María Cecilia Rodríguez, hasta la búsqueda de la señora Sara Garfunkel –la madre de Nisman– para ingresar al departamento, la larga presencia del secretario de Seguridad, Sergio Berni y el exilio en Israel del periodista (Damián Patcher) por detonar la primicia en tuiter. En ninguna de esas conductas habría rasgos de razonabilidad.
En vez de enfadarse, la fiscal Fein debió pensar antes en la desprotección de Fernández. En el abandono que fue dejada después de ser obligada a transformarse en testigo. Dijo que vive bajo miedo y ahora se animó a pedir resguardo.
La fiscal Fein debió pensar en la desprotección de la testigo, en el abandono en que fue dejada.
No era la testigo de un accidente callejero o un choque entre automóviles. Fue quien estuvo en el lugar donde misteriosamente murió Nisman, que acusó a Cristina Fernández y al canciller Héctor Timerman por presunto encubrimiento terrorista por el atentado en la AMIA en 1994, que dejó 85 muertos. El fiscal debía concurrir al Congreso el lunes 19 a explicar su denuncia.
Nadie estaría colocando en duda la buena voluntad de Fein para enfrentar el caso mas difícil de su carrera en la Justicia. Pero estaría claro que las divisiones en el Poder Judicial y el comportamiento del Gobierno, ajeno a lo que pasa con el esclarecimiento de la tragedia, la ayudarían muy poco. Exactamente a un mes de la muerte de Nisman, que será recordado hoy con una marcha entre el Congreso y la Plaza de Mayo, nada se sabe sobre lo sucedido.
No hay certeza de que el arma Bersa 22 haya sido, al final, la que puso fin a la vida del fiscal. Los dos rastreos de pólvora, uno efectuado por la Policía bonaerense y otro por un laboratorio especializado de Salta, arrojaron resultados negativos. No pudieron concluirse aún los estudios de los videos de los ascensores y pasillos del edificio Le Parc.
Se postergó la declaración indagatoria a Diego Lagomarsino, el hombre que le habría facilitado el arma al fiscal. También se dilata el interrogatorio al ex agente de la Secretaria de Inteligencia (SI), Jaime Stiuso, que habría hablado por teléfono no menos de cinco veces con Nisman el dia antes de la muerte. Quizás hoy puedan conocerse los análisis toxicológicos realizados al fiscal. Recién ahora Fein habría caído en la necesidad de convocar a Berni. ¿Alguien podría negar que el caso avanza con exasperante lentitud?.
Esa lentitud, tal vez, podría adjudicarse a cierta actitud deliberada. Pero también a la inoperancia de un Estado que en esta década resultó tomado de rehén por el kirchnerismo. Nadie alcanza a comprender –aún menos en el exterior donde el tema sigue retumbando—como una cuestión de tanta gravedad depende sólo de la tenacidad de una fiscal y un reducido equipo de colaboradores. Eso tendría una explicación: las desconfianzas internas que han invadido a la Justicia desde que Cristina Fernández pugnó por su colonización y la terminó partiendo. Fein preferiría arreglarse sóla antes de transar con Alejandra Gils Carbó, que hace un par de semanas le ofreció colaboración. La fiscal del caso Nisman teme resultar infiltrada. Por uno de esos lados podría explicarse el empantanamiento de las cosas.
La testigo Fernández reveló datos significativos que, difícilmente, pueda haber inventado. Le permitieron usar un baño del departamento de la muerte. Estuvo recostada en un sofá. Aún cuando otros tramos del relato no fueran verídicos –como el de los policías tomando café y mate y pidiendo mediaslunas– aquel par de precisiones estaría desnudando un claro descuido de la escena.
La descripción haría inexplicables otros perfiles del caso. Si tanta gente pasó aquella noche trágica por el departamento –incluída la testigo Fernández– ¿cómo pudo ser que sólo se haya encontrado un rastro de ADN distinto al de Nisman en un pocillo de café? Por ese motivo, la jueza Fabiana Palmaghini prometió indagar a Lagomarsino.
Recién hace cinco días se comunicó el hallazgo de algunos pelos y un ínfimo rastro de sangre en el departamento de Puerto Madero. Pero esa novedad surgió por una inspección dispuesta por la parte querellante, la ex exposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado. La jueza concurrió al lugar con un criminalista y ex jefe policial, Daniel Salcedo, que utilizó una tecnología para el rastreo (luminol) de la cual carecen las fuerzas policiales y de seguridad. Así lo admitió ayer la propia fiscal Fein. Una demostración más de las precariedades en que estaría sumido el Estado.
La presencia de Arroyo Salgado será la más simbólica y potente de la marcha. El Gobierno intentó que no fuera.
La intervención de Arroyo Salgado no habría sido casual. La ex esposa de Nisman tendría dudas sobre la eficacia de la investigación. En especial, porque partiría de la base que Nisman no pudo haberse suicidado. Esa presunción no pertenece a su mundo secreto. Sembró el parecer dos veces: a los pocos días de la tragedia y cuando concurrió al Congreso.
La jueza confirmó que estará hoy en la marcha de homenaje a Nisman, junto a sus dos hijas. El Gobierno le presta más atención a esa movida que a lo que sucede en torno a la tenebrosa muerte del fiscal. Hubiera preferido –lo intentó—que Sandra Arroyo no concurriera. Será la presencia más simbólica y potente. Concederá a la movilización, además, un sentido de legitimidad indiscutida. Algo que el kirchnerismo pretende poner en duda hasta el último minuto.
Advierten que el cigarrillo es mucho peor de lo que se creía
Datos de un estudio entre casi un millón de personas .Confirman que aumenta el riesgo de morir por cáncer de próstata y mama. También, por diabetes e infecciones.
Fumar tabaco aumenta un 30% el riesgo de morir por cáncer de mama y un 43% el de morir por cáncer de próstata, según un nuevo estudio de la Sociedad Americana del Cáncer, que analizó datos de casi un millón de personas a lo largo de once años y que amplía la cantidad de enfermedades que se relacionan con el tabaquismo.
El estudio demuestra además que el cigarrillo multiplica por dos el riesgo de morir de alguna infección, el de morir de infarto por 2,6, de enfermedad pulmonar obstructiva crónica por 27,5, y que aumenta el riesgo de morir de ictus en un 90% y de diabetes en un 60%.
Los investigadores estadounidenses también relacionaron al tabaco con otras enfermedades. Entre ellas destacan la insuficiencia renal, la cirrosis hepática y distintos trastornos del aparato digestivo.
El estudio confirma que la mortalidad es más alta entre personas fumadoras que entre no fumadoras. Concretamente, las personas que fuman viven, en promedio, diez años menos.
Sin embargo, al analizar las causas del exceso de mortalidad entre fumadores, se ha observado un dato clave. Las enfermedades atribuidas al tabaco explicaban el 83% del exceso de mortalidad entre fumadores. Pero el otro 17%, que también tenía que ser debido al tabaquismo, no era consecuencia de ninguna de las enfermedades relacionadas al tabaco. Es decir, una de cada seis muertes debidas al tabaco se producía por una causa no identificada.
En la investigación analizaron datos de la salud de 421.378 hombres y 532.651 mujeres mayores de 55 años, en el periodo 2000-2011. De esa población se registraron 181.377 muertes. Los resultados confirman que el tabaco puede causar más de diez tipos distintos de cáncer. Los más notables son el de pulmón y el de laringe, ya que son los que más frecuentemente están relacionados con el tabaco.
La principal novedad del estudio se centra en los cánceres de mama y de próstata. Investigaciones anteriores ya habían sugerido que hay una relación entre tabaquismo y cáncer de mama. Sin embargo, en Estados Unidos y otros países las mujeres fumadoras suelen hacerse menos mamografías y consumir más alcohol. Por este motivo quedaba la duda de si la mayor mortalidad por cáncer de mama entre fumadoras se debía al tabaco o a otras variables. El nuevo estudio ha detectado ahora que, cuantos más cigarrillos fuma una mujer al día, mayor es el riesgo de morir por cáncer de mama. Además, en mujeres ex fumadoras, cuantos más años hace que han dejado el tabaco, más se reduce el riesgo. Estos resultados sugieren que algunos casos de cáncer de mama son consecuencia directa del tabaco.
En el caso del cáncer de próstata, los datos son más ambiguos. Aunque hay un aumento inequívoco del riesgo del 43%, no se ha detectado que este riesgo tenga relación con la cantidad de cigarrillos que se fuman al día.
La vorágine irracional del Gobierno argentino rompió los pocos frenos que contenían su autoritarismo.
Carlos Argentino Daneri le aclaró a Borges que el Aleph es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos. Borges, en ese “instante gigantesco” en que se acercó al Aleph, vió “millones de actos deleitables o atroces”. Al igual que el Aleph, el caso Nisman ha logrado unir, en un instante gigantesco, las características del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Lamentablemente en este caso, “la pequeña esfera tornasolada” sólo muestra instantes atroces.
La vorágine irracional del Gobierno argentino al momento de responder por la acusación y muerte del Fiscal Nisman rompió los pocos frenos que débilmente contenían a un gobierno autoritario, corrupto y con escaso respeto a la ley. Repasemos algunos de esos instantes que nos muestra el Aleph Nisman, y que ya pueden ir tallándose en el frontispicio del legado de Cristina Fernandez de Kirchner.
División de Poderes
La Presidenta y sus robóticos funcionarios, desde la denuncia del fiscal Nisman hasta el presente, todos los días, de manera sistemática, han presionado al Poder Judicial para influenciar la investigación. Por Facebook, por Twitter, por radio y televisión, la Presidenta y sus robots les indicaron a la fiscal y jueza los nombres de las personas y las líneas de investigación que debían seguirse. O sea, es como que el zorro le diga a la gallina donde tiene que esconderse.
En el Congreso no es muy distinto. Apenas conocida la denuncia, el kirchnerismo atacó al fiscal, profesional y personalmente. Cuando forzados por la muerte de Nisman, se vieron obligados a reformar la ley de inteligencia, la obediencia debida bajó velozmente desde la Casa Rosada y los congresistas cumplieron militarmente con las instrucciones presidenciales, dando media sanción a una ley que ni siquiera convence a sus aliados más serios.
Tampoco se puede pretender que la presidenta lea todas las mañanas el Espíritu de las Leyes de Montesquieu, pero ayudaría a la República que, entre baile y baile, repase algunos capítulos.
Libertad de Prensa
El teatro del absurdo que el jefe de gabinete, Jorge Capitanich, interpreta naturalmente todas las mañanas, tuvo su mejor momento cuando, frente a las cámaras, hizo trizas el diario Clarín, repitiendo obedientemente “Clarín Miente”. Al día siguiente, cuando se comprobó que la información era correcta, ya era tarde para tragarse los restos de la prensa destruida.
Pero el ataque a la prensa no se limita al histrionismo mañanero. El periodista que hizo pública la muerte de Nisman tomó la decisión de irse del país por temor a su seguridad personal. A las pocas horas, la página oficial del Gobierno confirmó el temor del periodista al publicar su pasaje electrónico diciendo que se había ido de vacaciones a Uruguay, mientras el periodista, desde Israel, explicaba al mundo las persecuciones de las que fue víctima en Argentina.
Espionaje
Alguien debe avisarle a los espías argentinos que en 1983 volvió la democracia. En el año 2005, parecía que Néstor Kirchner había tomado esa decisión, cuando se comprometió ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y las víctimas de la AMIA, a reformar la ley de inteligencia. Lamentablemente, la propuesta de los espías pudo más que la memoria de las víctimas, y Néstor Kirchner no cumplió con su compromiso. Mientras tanto, durante estos 10 años, el Gobierno mantuvo a los espías ocupados espiando a sus “enemigos” internos.
Corrupción
Nisman murió luego de denunciar a la presidenta, al canciller Héctor Timerman y otras tres personas por negociar un acuerdo secreto con Irán para encubrir el atentado de la AMIA. Si bien el canciller negó sistemáticamente dicho acuerdo, los audios que son parte de la prueba que presentó el fiscal, revelan que existió una negociación paralela realizada por personas que no forman parte del Gobierno, y que son más conocidas por posiciones antisemitas, violentas y por actuar como primera línea de choque del Gobierno. Antes que Timerman, los cancilleres Bielsa y Taiana rechazaron sistemáticamente todas las ofertas de Irán para negociar políticamente el caso AMIA. Bielsa mencionó que los iraníes ofrecían mejoras comerciales de hasta 4 mil millones de dólares. Parece que con Néstor, Bielsa y Taiana, los principios tenían más solidez.
Los enemigos y nosotros
A partir de la denuncia del fiscal, el enemigo, usado sistemáticamente por el kirchnerismo para polarizar a la sociedad y evitar la dispersión de la base propia, pasó a llamarse Nisman, fiscales, jueces y golpismo jurídico. La marcha convocada en homenaje a Nisman, en palabras de la presidenta y sus robots, es la marcha de los “otros”, de los “golpistas”, de los que “odian”, de los “narcos”, de los “antisemitas”, de los “infames”, de los “mentirosos”, entre otros calificativos.
La construcción de un enemigo está en el ADN de la historia, pero alguien debería decirle a la presidenta, que su uso puede tener graves consecuencias. Los Protocolos de los Sabios de Sion, los “Enemigos del Estado” de Hitler y el “Eje del Mal” de Bush son algunos ejemplos que deberían hacer reflexionar a la presidenta sobre el riesgo del uso inmoral de la construcción de un enemigo.
El Aleph, ese “microcosmo de alquimistas y cabalistas”, se perdió cuando derrumbaron la casa de los padres de Carlos Argentino Daneri. Por suerte Borges nos relata que el Aleph siempre ha existido. Esperemos que cuando reaparezca se hayan ido los alquimistas y cabalistas y haya más imágenes “deleitables” que “atroces”. Sin perjuicio de siempre querer seguir viendo los bailes y la alegría de la presidenta mientras nuestra casa se derrumba.
Santiago Canton es director ejecutivo del Centro Robert F. Kennedy para los Derechos Humanos y profesor de Derecho de la Universidad de Georgetown. Twitter @SantiagoACanton
Una testigo clave afirma que en la casa de Nisman no se cuidaron las pruebas
Por Natasha Niebieskikwiat.
Dudas en la investigación.Natalia Fernández asistió al operativo en Le Parc la noche en que hallaron muerto al fiscal. Usó un baño y vio cómo manipulaban su cafetera, subrayaban sus papeles y tomaban mate.
Testigo. Natalia trabaja en un restorán de Puerto Madero. La prefectura la detuvo en la calle la madrugada del 19 de enero, para que veas las maniobras en Le Parc. Rolando Andrade.
Así como a veces hay que salir a buscar dadores de sangre con urgencia para una operación quirúrgica, en la larga madrugada del 19 de enero pasado, horas después de que se supiera que el fiscal Alberto Nisman estaba muerto en su departamento de Puerto Madero, las autoridades judiciales allí apostadas necesitaron conseguir testigos del operativo. Era sólo el comienzo de una escena bastante aterradora para una chica de apenas 26 años, camarera de un restorán de la zona, que le gusta salir, le gusta la música, los recitales. Obligada por la ley a ser testigo de algo que ocurría a varias cuadras de su lugar de trabajo, la joven relató a Clarín con lujo de detalles y desde su sentido común detalles de lo que observó y escuchó en aquellas más de siete horas que permaneció en el departamento del fiscal especial para la causa AMIA.
Fue una reseña con algunas descripciones imprecisas fruto del desconocimiento, pero que dan cuenta de serios descuidos cometidos en el primer operativo policial y judicial en torno a la muerte que conmueve al país: un portero que manipula la cafetera del fiscal, supuestos peritos que tocan, leen y subrayan las carpetas y papeles en los que estaba trabajando Nisman, efectivos que toman mate con medialunas en la escena de la muerte, inquietantes diálogos sobre la distancia del disparo que mató al fiscal y la aparición de cinco misteriosos “pititos”, balas o casquillos que la fiscal Fein habría mencionado.
“Tengo miedo, pero hay muchas cosas que me han indignado”, dijo Natalia Gimena Fernández al aceptar hablar con este diario ante el que dirá una y otra vez que nadie le dijo ni cómo cuidarse ni qué debía hacer. La hicieron firmar papeles que no sabe lo que eran, entre ellos el acta con su supuesto testimonio. Lo que sigue es una síntesis de la conversación que tuvo con ella este diario ayer, al salir de su trabajo, donde un desconocido ya se le acercó a preguntarle si es “Natalia, la testigo del caso Nisman”.
El domingo 19 de enero, a la una de la mañana, ella y una amiga caminaban por Alicia Moreau de Justo cuando las abordó un auto de Prefectura. “Unos tipos nos pidieron los documentos. Nos preguntaron la edad, si estábamos drogadas o habíamos tomado alcohol”. Poco después estaban las dos en el edificio, en el hall que da a la entrada de servicio del departamento de Nisman. Había una camilla vacía. “Cuando estábamos sentadas en la escalera, metieron la camilla y en ella sacaron el cuerpo. Eran como las 3.30. Estaba envuelto en una bolsa negra. Se lo llevaron para la derecha, pero a los 15 minutos lo volvieron a meter y se lo llevaron para la izquierda. ‘No boludo, por acá no. Es por allá’, decían con risas. Y después, cuando lo metieron en el departamento no vi por dónde lo sacaron”. Natalia dice haber visto llevarse sábanas y trapos “sucios”.
La joven pidió que dejaran irse a su amiga. Cuenta que la “trocaron” por el portero de Nisman, quien le decía que el fiscal muerto era “un buen tipo”. Natalia querían ir al baño, y al rato la dejaron usar uno de los baños del departamento, no importó si contenían pruebas.
Afirma que al entrar vio carpetas y papeles que decían palabras como ‘causa’ y ‘secretos’, todas ordenadas. “Había como 25 carpetas. Ellos leían cada página, hacían un resumen, lo escribían y me hacían firmar a mí”, cuenta Natalia, y dice que vio cómo los peritos pedían más marcadores indelebles porque los que había estaban “secos”, y que intervenían las hojas del fiscal subrayando y marcando. “Natalia, quiero que sepas que esto está así tal cual nosotros lo encontramos”, intentaban calmarla.
El clima era de jarana. “Tomaban mate y pidieron medialunas. Tocaban todo. Había unas cincuenta personas. La fiscal preguntaba ¿la cortamos acá y la seguimos mañana?”, recuerda. Y dice que ella le mostró una bolsa con cinco “casquillos de bala, pititos o algo así”. Afuera, la noche se hacía día. “El portero se sentó al lado mío. Yo me puse a llorar. Estaba muerta de sueño, y me ofreció un café. Y el café era de la cafetera que estaba enfrente a la mesa de papeles. Era la cafetera de Nisman”.
Natalia vio a uno de los “astronautas” (los peritos con su traje especial) venir con el teléfono de Nisman y pedir que no lo tocaran. Pero cinco minutos después, como sonaba todo el tiempo, una agente lo agarró con la intención de atender las llamadas. “Yo misma empecé a decir ‘no, no, dijeron que no lo toquen, es el teléfono del tipo al que mataron’. La mina soltó el teléfono y hubo carcajadas”. Se fue pasadas las 8 de la mañana.
Fuente: Clarín, 17/02/15.
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Un acta que, casi sin leerla, sólo pudo firmar un día después del operativo en la torre Le Parc
Por Natasha Niebieskikwiat.
Dudas en la investigación. Aunque pasó horas con policías y peritos en la casa del fiscal, un prefecto le llevó el escrito para firmar el 20 de enero.
La constancia de la declaración
“¿Y los testigos?”, dice haber oído Natalia de Viviana Fein aquella noche, ya sentada en el sillón de Nisman. “Es ella”, le contestaron a la fiscal cuando la compañera de trabajo de la chica se pudo ir a su casa. “¿Esta es la testigo? ¿Esto es lo mejor que conseguiste?” escuchó de la Fiscal que investiga la muerte de Nisman tras lo cual la encaró. “Disculpá. Yo no estoy acá por gusto. Si vos querés que yo me vaya, yo me voy”, retrucó. Nunca se fue. La necesitaban. Después de firmar papeles esa noche, cuyo contenido desconoce, Natalia dice haber firmado otros tantos el lunes 20. Pero también se llevó, en su memoria, un registro clave por el que merece ser protegida: los detalles sobre cómo se trabajó en el departamento de Le Parc aquella madrugada del 19 de enero.
Natalia tiene consigo una constancia como testigo de las “actuaciones caratuladas: “MUERTE DUDOSA”, que Clarín reproduce en esta página, y que lleva la firma y sello del subprefecto Sergio Ariel Esquivel.
Natalia no se llevó bien con la fiscal, al parecer, pero tuvo ojos y oídos en un lugar privilegiado: el living de Nisman. Dice haber visto al secretario de Seguridad, Sergio Berni, pero no se enteró de ninguno de sus movimientos.
¿Y la mamá del fiscal? “No sé. Andaba por ahí, era como que no entendía nada. Yo lo que sí sé es que apenas lo vio (al fiscal muerto) no quiso interactuar (da entender que le causaba dolor). A mi me daba la sensación de que yo estaba más adentro del departamento que la madre. Es como que no le dieron participación. En un momento es como que me dormí en el living, y después escuchaba cosas.”
¿Cómo qué? “La fiscal vino con una bolsa tipo ziploc diciendo que tenía cinco pitutos, o canutos de bala.»
Pero afirman que encontraron un solo casquillo de bala. “No, no, ella dijo que había ‘cinco casquillos’», reafirmó Natalia. Pero, como la gran mayoría de la gente, ella no sabe bien lo que es una bala y su vaina. Una Bersa calibre 22 tiene contiene seis balas.
Natalia compartió con Clarín sus opiniones sobre el caso, habló de otras cosas que escuchó de los efectivos y peritos aquella madrugada, como que “el disparo a Nisman salió a 11 centímetros de su cabeza”, pese a que la fiscal sigue ratificado que fue a no más de tres centímetros y siguen habiendo sospechas forense sobre estas pruebas.
Otro aspecto muy oscuro, pero que afirma haber escuchado de los efectivos, es que unos días antes de la muerte de fiscal encontraron casquillos de balas de un arma difícil de encontrar en la Argentina en un edificio frente al de Nisman.
La constancia de la declaración
Durante la interminable madrugada del 19 de enero, en Le Parc, a Natalia le hicieron firmar decenas de papeles. Pero el acta con su supuesta declaración -supuesta, porque ella admite no haberla leído- la firmó al día siguiente. En sus manos quedó la constancia.
La inteligencia humana se marchita cuando las computadoras asumen las tareas que solíamos realizar; sin embargo, hay una alternativa.
Un artículo publicado en 2012 advirtió que cuando los doctores pasan a depender de las pantallas y siguen las indicaciones de la computadora en lugar del “hilo narrativo del paciente”, su pensamiento corre el riesgo de volverse estrecho. Getty Images
Llegó la hora de la inteligencia artificial. Las computadoras de hoy son perceptivas y agudas. Pueden sentir el ambiente, resolver problemas, hacer juicios sutiles y aprender de los errores. No piensan igual que nosotros, pero pueden reproducir muchos de nuestros talentos intelectuales más preciados. Deslumbrados por nuestras máquinas, les hemos asignado todo tipo de labores sofisticadas que solíamos hacer.
Sin embargo, nuestra creciente dependencia de la automatización puede costar cara. La evidencia sugiere que nuestra inteligencia se marchita a medida que dependemos más de la inteligencia artificial. En lugar de elevarnos, el software inteligente parece embrutecernos.
Ha sido un proceso lento. La primera ola de automatización llegó a la industria estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los fabricantes comenzaron a instalar equipos controlados electrónicamente en sus plantas. Las máquinas aumentaron la eficiencia de las fábricas y la rentabilidad de las empresas. Fueron proclamadas como máquinas emancipadoras. Al liberar a los empleados de las tareas rutinarias, les darían trabajos más estimulantes y capacidades más valiosas.
En los años 50, el profesor James Bright de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard estudió los efectos de la automatización en varias industrias. Descubrió que a menudo las nuevas máquinas dejaban a los trabajadores con tareas más monótonas y menos exigentes y concluyó que el efecto predominante de la automatización era la “descualificación” de los empleados. “Los equipos altamente complejos”, escribió en 1966, no necesitan operadores “cualificados”. La cualificación se puede incorporar en la máquina.
Seguimos aprendiendo esa lección a una escala mucho mayor. A medida que el software se ha vuelto más capaz de hacer análisis y tomar decisiones, la automatización ha saltado de las fábricas al trabajo intelectual. Las computadoras realizan la clase de trabajo intelectual que durante mucho tiempo fue considerado el dominio de profesionales bien educados y capacitados. Los pilotos usan computadoras para volar aviones; los doctores las consultan para diagnosticar enfermedades y los arquitectos recurren a ellas para diseñar edificios. La nueva ola de la automatización impacta a casi todos.
Las computadoras no están arrebatando todos los trabajos que solían hacer las personas talentosas, pero están cambiando la forma en que se trabaja. Una evidencia creciente apunta a que el efecto de descualificación que redujo las destrezas de los empleados fabriles el siglo pasado comienza a corroer las habilidades profesionales, incluso las altamente especializadas.
Basta con mirar al cielo. Desde su invención hace un siglo, el piloto automático ha ayudado a que viajar en avión sea una experiencia más segura y eficaz. No obstante, a los expertos les preocupa que al haber transferido tantas tareas a las computadoras, los pilotos estén perdiendo sus capacidades.
El investigador británico de aviación Matthew Ebbatson efectuó en 2007 un experimento con un grupo de pilotos. Los hizo realizar una maniobra difícil en un simulador de vuelo y evaluó indicadores sutiles de su habilidad. Cuando comparó los resultados del simulador con los antecedentes de vuelo de los participantes, halló una estrecha correlación entre la aptitud de los pilotos y la cantidad de tiempo que habían dedicado recientemente a volar en forma manual. Sin embargo, las computadoras ejecutan la mayoría de las operaciones de vuelo entre el despegue y el aterrizaje y los pilotos no practican sus habilidades.
Incluso un ligero declive en la capacidad manual de volar puede ocasionar una tragedia. Un piloto sin mucha práctica reciente es más propenso a cometer un error en una emergencia. Los errores de pilotos vinculados a la automatización se han visto implicados en varios desastres aéreos recientes.
Un informe divulgado del año pasado por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) documentó un creciente vínculo entre los accidentes aéreos y una excesiva dependencia de la automatización. La FAA está instando a las aerolíneas a que los pilotos dediquen más tiempo a volar a mano.
Hace diez años, un equipo de científicos de informática de la Universidad de Utrecht, en Holanda, hizo que un grupo de personas realizara tareas complejas de analítica y planificación utilizando un software rudimentario que no ofrecía ayuda o un software sofisticado que brindaba bastante asistencia. Encontraron que quienes emplearon el software más sencillo idearon mejores estrategias, cometieron menos errores y desarrollaron una mejor aptitud para el trabajo.
A pesar de todo, el ámbito de la automatización crece y crece. Los médicos usan programas de software para orientarse en los exámenes de sus pacientes. Los programas incorporan valiosas alertas y listas de verificación, pero vuelven la medicina más rutinaria y distancian a los doctores de sus pacientes.
Beth Lown, profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, advirtió en un artículo publicado en 2012 junto con su alumno Dayron Rodríguez, que cuando los doctores pasan a depender de las pantallas y siguen las indicaciones de la computadora en lugar del “hilo narrativo del paciente”, su pensamiento corre el riesgo de volverse estrecho y, en el peor de los casos, pasar por alto importantes señales de diagnóstico.
El riesgo no es puramente teórico. En un estudio reciente publicado en la revista especializada Diagnosis, tres investigadores examinaron el diagnóstico erróneo de Thomas Eric Duncan, la primera persona en morir de ébola en EE.UU., en el Dallas Texas Health Presbyterian Hospital. Argumentan que los formularios digitales empleados por el personal del hospital para ingresar información de los pacientes probablemente contribuyeron a la equivocación. “Estas herramientas”, escribieron, “están optimizadas para captar datos, pero a expensas de sacrificar su utilidad para realizar diagnósticos apropiados, haciendo que los árboles no dejen ver el bosque”.
Incluso las profesiones creativas sufren los efectos de la descualificación. Los diseños asistidos por computadora han ayudado a los arquitectos a construir edificios con formas y materiales inusuales, pero cuando las computadoras se incorporan al proceso en forma prematura, pueden entorpecer la sensibilidad estética y las observaciones conceptuales provenientes del dibujo y la construcción de modelos.
Estudios psicológicos han hallado que el trabajo manual es más propicio para liberar la originalidad de los diseñadores, expandir su memoria a corto plazo y fortalecer su sentido táctil. Cuando el software toma el timón, las habilidades manuales decaen.
No nos tenemos que resignar a esta situación. La automatización no tiene que eliminar los retos de nuestro trabajo y reducir nuestras destrezas. Estas pérdidas provienen de lo que los ergónomos y otros académicos califican de “automatización tecnocéntrica”, una filosofía de diseño que ha pasado a dominar el pensamiento de los programadores y los ingenieros.
Cuando los diseñadores de sistemas comienzan un proyecto, consideran primero la capacidad de las computadoras con miras a delegar al software la mayor cantidad de trabajo posible. Al operador humano se le asigna lo que sobra, que normalmente consiste en tareas relativamente pasivas como ingresar datos, seguir directrices y monitorear pantallas.
Esta filosofía atrapa a las personas en un ciclo vicioso de descualificación. Al aislarlos del trabajo arduo, sus habilidades se degradan y aumentan las probabilidades de que se equivoquen. Cuando esos errores suceden, la respuesta de los diseñadores es imponer más restricciones, lo que conduce a una nueva ronda de descualificación.
Hay una alternativa. En la “automatización humanocéntrica”, los talentos de la gente tienen prioridad. Los sistemas están diseñados con el fin de mantener al operador humano en un proceso continuo de acción, retroalimentación y toma de decisiones.
En este modelo, el software juega un papel esencial pero secundario. Realiza las funciones rutinarias que el operador humano domina, alerta cuando surgen situaciones imprevistas, proporciona información nueva que expande la perspectiva del operador y contrarresta los sesgos que a menudo distorsionan el pensamiento humano. La tecnología se convierte en el compañero del experto, no en su sustituto.
Impulsar a la automatización en esta dirección no requiere ningún adelanto técnico, sino un cambio de prioridades y un enfoque renovado en las virtudes y defectos del ser humano.
Las aerolíneas, por ejemplo, podrían programar el software de la cabina de comando para que alternara el control entre la computadora y el piloto durante el vuelo. Al mantener al aviador alerta y activo, ese pequeño cambio podría hacer que volar sea más seguro. En la contabilidad, la medicina y otros rubros, el software podría ser mucho menos invasivo y darles a los profesionales margen de maniobra para ejercer su propio criterio antes de ofrecer sugerencias derivadas de los algoritmos.
Uno de los ejemplos más interesantes del método humanocéntrico es la automatización adaptiva. Usa sensores de punta y algoritmos interpretativos para monitorear los estados físicos y mentales de las personas y aprovecha la información para cambiar las tareas y responsabilidades entre el ser humano y la computadora.
Cuando el sistema identifica que un operador tiene problemas con una operación difícil, asigna más tareas a la computadora para librar al operador de distracciones. Cuando detecta que el interés del operador decae, aumenta la carga de trabajo de la persona para captar su atención y desarrollar sus habilidades.
Si dejamos que nuestras destrezas se desvanezcan al depender demasiado de la automatización, nos volveremos menos capaces, menos resistentes y más subordinados a nuestras máquinas. Crearemos un mundo más apto para los robots que para nosotros.
—Carr es autor de “The Glass Cage: Automation and Us”.