Argentina: Políticas que desalientan el agro
abril 8, 2011
Políticas que desalientan el agro
Por Ricardo López Murphy
Las políticas agropecuarias en la Argentina, luego de la organización nacional, tuvieron un eje en poblar y generar producción en el interior.
La intervención pública actuó de manera similar al resto del mundo, procurando, durante la última parte del siglo XIX, la ocupación efectiva del territorio, la vigencia del Estado de Derecho y, sobre todo, proveer la infraestructura que permitiera movilizar su enorme potencial, al tiempo de contribuir a la defensa nacional.
Se trataba de ocupar y explotar tierras de excepcional feracidad, incorporando capital, mano de obra, conocimientos y, esencialmente, medios de transporte.
Los historiadores económicos calcularon, en referencia a esto último, que la incorporación del ferrocarril abarató los transportes en un 90%, es decir, 7.3 centavos de pesos oro por t-km transportada (la tracción a sangre costaba 8.3 centavos por t-km, y el ferrocarril, un centavo).
Sólo se pudo producir masivamente, promover la integración y la inversión en el interior del país, por el efecto de esta transformación. A su vez, el costo del transporte transatlántico se abarató en más de un 50% en promedio, siendo ese efecto más formidable cuanto más pesada era la carga.
El crecimiento del sector productivo fue extraordinario hacia los años 20 del siglo pasado, cuando se había logrado ocupar gran parte del territorio, con las limitaciones que las condiciones tecnológicas imponían. El shock que significó la Primera Guerra Mundial, y la crisis de los años treinta, afectó gravemente al sector agrícola-ganadero, integrado al sistema de comercio mundial.
El proteccionismo y el cierre del mercado externo produjeron una enorme crisis en nuestro país. Allí, en la década del 30, comienza una intervención diferente de la del resto del mundo, en términos de un fuerte protagonismo del Estado.
Ello tenía que ver, en parte, con la necesidad de ampliar las facilidades de almacenaje, con la construcción de silos y elevadores que evitaran la venta desesperada en épocas de cosecha, y facilitara una comercialización más ordenada, tanto interna como externa.
Al mismo tiempo, tal como ocurrió en algunos países, debe recordarse que en la crisis se resolvió un drástico cambio en la política monetaria, al establecer el control de cambio a las transacciones de bienes y servicios y operaciones de la cuenta capital del Balance de Pagos, con la respectiva salida de la convertibilidad del peso.
El argumento fue la necesidad de preservar las reservas y destinarlas para el pago de la deuda pública. Como se verá, nada nuevo bajo el sol ocurre en estos tiempos.
El tipo de cambio resultante del control practicado era diferente para el agro y para la industria, siendo ellos inferiores al tipo de cambio del mercado libre. El criterio y la pauta aplicable eran diferentes para el servicio de la deuda pública y las importaciones oficiales. Este impuesto implícito a la producción exportable del agro fue un rasgo dominante de las políticas públicas argentinas, que resultaron contrarias a las que se ejercían en el resto del mundo.
Ese desaliento a la producción afectaría seriamente nuestra ocupación territorial, la estructura productiva y, por supuesto, la competitividad del sector. Esto reflejaba, entre otras cuestiones, el clima cultural de la época, que llevaba a la subestimación del potencial agrícola como instrumento de crecimiento. Se señalaba, asociada a tal concepción, la crisis del comercio internacional y la idea de que la especialización excesiva había reducido las opciones disponibles, al depender todo el sistema productivo del estado de los mercados mundiales. Si bien ello era discutible, se convirtió en el marco conceptual sobre el que se basó el esfuerzo intervencionista.
Esta política discriminatoria fue forzando una urbanización creciente, en particular en la megaurbe de Buenos Aires, y al revés de otros países donde se protegía la ocupación del territorio, aquí se indujo un despoblamiento del interior.
Al comienzo de este proceso de discriminación de la producción agrícola se suponía que ello tenía una duración transitoria. Esta política desalentadora se iría desarmando cuando se consolidaran los sectores no agrícolas, o sea, cuando se superara el estadio de industria infantil y se normalizara la situación internacional en materia de comercio internacional y pagos externos, dejándose atrás a escala mundial tanto el proteccionismo y el comercio dirigido como el control de cambios.
En alguna medida, ése fue el programa de la posguerra de la comunidad internacional que dio lugar a instituciones como el GATT, el FMI, el Banco Mundial y el BID, entre otros.
Se subestimó en la reflexión colectiva doméstica el fenómeno de endogeneidad de la macrourbanización y la dificultad para revertir las políticas y los incentivos una vez lanzados, así como el desequilibrio político y de gobernabilidad de las polis que sobrevendría con estas políticas.
Es evidente que este problema subsiste hasta el presente. Incluso se ha exacerbado y radicalizado como pocas veces en nuestra historia.
Fuente: La Nación, 08/04/11.
USA: Los jubilados pagan cara la política de la Reserva Federal
abril 8, 2011
Los jubilados de EE.UU. pagan cara la política de la Fed
Por Mark Whitehouse
PORT CHARLOTTE, Florida—Forrest Yeager, un jubilado de 91 años residente en esta comunidad costera, esperaba que sus ahorros le durasen hasta que muriera. Las circunstancias están conspirando contra él.
Ahora que los certificados de depósito a corto plazo en Estados Unidos pagan menos de 1% anual, este veterano de la Segunda Guerra Mundial espera que los US$45.000 que le quedan rindan unos pocos cientos de dólares más este año. Por eso no le queda otra que sacar de su depósito para suplementar su ingreso mensual de US$1.500 de la Seguridad Social y una pequeña pensión.
«Duele», dice Yeager, que calcula que sus ahorros bancarios habrán desaparecido en unos 6 años con su actual nivel de retiros. «Ni siquiera quiero pensar en ello».
Yeager integra la legión de retirados golpeados por el ambicioso intento de la Reserva Federal (FED) de rescatar a la economía con dinero barato.
Un prolongado ciclo de bajas tasas de interés creó una ganancia inesperada de miles de millones de dólares para los bancos, los deudores hipotecarios y otros a los cuales buscaba beneficiar. Pero para muchas personas que planeaban contar con sus ahorros, esas mismas tasas suponen un problema.
Las dificultades de Yeager ilustran un dilema persistente que afronta el presidente de la Fed, Ben Bernanke. Mientras más tiempo mantenga bajas las tasas para estimular la economía, más dinero les estará restando a millones de ahorristas. Entre los más vulnerables se destacan los jubilados, que tienen pocas opciones para recuperar los ingresos perdidos derivados de inversiones realizadas a lo largo de toda su vida.
En 2009, según los datos más recientes del Departamento del Trabajo de EE.UU., los ingresos promedio anuales por inversiones de los 24,6 millones de familias estadounidenses encabezadas por personas de más de 65 años eran de US$2.564. Esa cifra representa una caída de 35% frente a 2007 y es la más baja desde 2003.
Una reciente investigación del Employee Benefit Research Institute indica que uno de cada tres retirados tuvo que recurrir más de lo esperado a sus ahorros para pagar gastos básicos en 2010.
«Los estadounidenses que hicieron todo bien, que trabajaron duro, ahorraron su dinero, no se endeudaron, son los que están siendo castigados por las bajas tasas de interés», dice Richard Fischer, presidente de la Reserva Federal de Dallas. «Esta situación no es sostenible por un período largo», comentó.
El descontento de los ahorristas podría tener repercusiones políticas. Los retirados se encuentran entre los votantes más activos del país y tienen la capacidad de influir en un amplio espectro de asuntos, desde como quién llevará la carga de sanear las finanzas del gobierno federal a si los políticos deberían tener control sobre la Fed.
Las tasas no solamente perjudican a los jubilados. También penalizan a la gente de cualquier edad que tenía la esperanza de ahorrar fondos para el futuro y desalienta a quienes guardan para los momentos difíciles. Las contribuciones netas de los estadounidenses a sus activos financieros, tales como cuentas bancarias o planes de jubilación, representaron alrededor de 4% de su ingreso disponible en 2010, de acuerdo con la Fed. Es el nivel más bajo desde que el banco central comenzó a llevar registros en 1946, con la excepción de 2009, cuando la gente de hecho retiró dinero de esas cuentas.
En contraste, la medición más amplia del Departamento del Comercio sobre ahorros personales ha subido hasta 5,8% del ingreso disponible en 2010, desde un mínimo de 1,4% en 2005. Eso se debe en gran medida a que cuenta como ahorros las reducciones en las deudas personales, tales como los balances de cuentas de crédito e hipotecas. Por ejemplo, cancelar una tarjeta de crédito con una tasa de interés de 20% es una mejor forma de ahorrar dinero que tener un certificado de depósito bancario que rinde 1%. Pero son los incumplimientos de pagos, más que los ahorros, los que han impulsado parte importante de la reducción de la deuda.
«Hace que me sienta en cierta medida como la generación olvidada», lamenta Roger Cohen, un ex ejecutivo de 66 años que se mudó de Boston a Florida cuando se jubiló. Asegura que apoya a la Fed en sus intentos por estimular la economía mediante la reducción de las tasas de interés, pero hay ahí un «montón de gente que siente que hay cierto grado de injusticia».
Fuente: The Wall Street Journal, 07/04/11.
Forrest Yeager, jubilado de 91 años de edad.
España detiene, por ahora, el efecto dominó
abril 8, 2011
España detiene, por ahora, el efecto dominó
Una exitosa subasta de bonos sugiere que los mercados no creen que necesitará un rescate
Por Jonathan House y Marcus Walker
MADRID — El pedido de Portugal de un rescate a la Unión Europea hasta ahora no ha alterado a España, que pudo vender bonos sin problemas el jueves.
En lo que representa un marcado cambio frente al año pasado, cuando los rescates financieros de Grecia e Irlanda sacudieron a toda la periferia de la zona euro, la estabilidad de los costos crediticios de España sugiere que actualmente los mercados no creen que el país será la próxima pieza de dominó en caer.
En una subasta seguida de cerca el jueves, el gobierno español vendió 4.130 millones de euros (US$5.920 millones) en bonos a tres años, ofreciendo un interés de alrededor de 3,57%. Analistas indicaron que la subasta fue buena para el país. El resultado «confirma que no hay señales de que un contagio se extienda a España en este momento», escribió en una nota de investigación Chiara Cremonesi, analista de mercado de bonos del banco Unicredit en Londres.
España es por lejos el mayor de los países endeudados de la periferia de la zona euro que ha sentido la presión de los mercados financieros durante el último año. Su capacidad de continuar pidiendo préstamos en los mercados a precios accesibles es la prueba crucial de si la eurozona está teniendo éxito en contener la crisis de deuda que ya ha obligado a Grecia, Irlanda y Portugal a solicitar rescates internacionales.
La subasta del jueves fue la señal más reciente de que la confianza en las finanzas de España se está estabilizando. El país ha logrado progresos constantes a la hora de reducir un gran déficit presupuestario y enfrentar los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria. Los esfuerzos del gobierno por recapitalizar los bancos afectados por la crisis de bienes raíces son incompletos, pero muchos economistas afirman que el país está en el camino correcto. La decisión de los líderes de la UE el mes pasado de incrementar los fondos de respaldo financiero para países de la zona euro también ayudó a mejorar la confianza de los inversionistas en España.
De todos modos, las autoridades en Madrid confían en que no necesitarán la red de seguridad. La ministra de Economía española, Elena Salgado, dijo a la estación de radio Cadena Ser que «está absolutamente descartado» que los costos crediticios para España puedan dispararse como lo hicieron los de Portugal este año, un suceso que llevó al gobierno luso a pedir préstamos de rescate el miércoles.
El rendimiento de los bonos soberanos de España a 10 años —un indicador clave del riesgo de inversión percibido— ha caído levemente desde un máximo de 5,45% a principios de enero a 5,24% el jueves, mientras que los retornos de títulos equivalentes de Grecia, Irlanda y Portugal han seguido subiendo.
«El ánimo respecto a España es mucho más positivo y a menos que recibamos noticias realmente malas del mercado inmobiliario español y (los bancos) españoles, prevemos que este sea el comienzo del fin de la crisis de deuda europea», indicó Frank Oland Hansen, economista de Danske Markets.
Sin embargo, otros analistas indicaron que España aún podría sucumbir a la crisis si no mantiene sus recientes progresos en reparar sus finanzas públicas y su sistema bancario. Los pronósticos de crecimiento económico que sustentan los planes presupuestarios del gobierno son ampliamente considerados como demasiado optimistas, mientras que la estimación del banco central de un déficit de capital de 15.150 millones de euros en los bancos del país se considera demasiado pequeña.
España tenía un déficit presupuestario mayor, un crecimiento menor y un desempleo más alto que los de Portugal en 2010. Sin embargo, el gobierno español tiene una deuda pública total mucho menor que la de su vecino y su economía en general depende menos de los préstamos extranjeros que la de Portugal.
Los inversionistas internacionales últimamente confían más en que España logrará poner en orden sus problemáticos bancos de ahorro, conocidos como cajas, después de que Madrid estableciera un plazo en septiembre próximo para que las entidades cumplan con nuevos niveles de capital mínimos. Los bancos españoles se sumaron a un alza de las acciones del sector en toda Europa el jueves.
Los problemas de Portugal, no obstante, son un potencial dolor de cabeza para algunos bancos españoles que tienen un amplio negocio de préstamos en ese país.
Fuente: The Wall Street Journal, 07/04/11.
Errores de concepto sobre los Tratados de Libre Comercio
abril 7, 2011
Errores de concepto sobre los Tratados de Libre Comercio
Estados Unidos y Colombia acaban de acordar un tratado comercial. Con este acuerdo y otros que están cerca de ser debatidos en el Congreso de EE.UU., Ed Gerwin, investigador en Comercio y Políticas Económicas Globales en Third Way, y Jon Cowan, presidente de Third Way, señalan cinco errores de concepto sobre los acuerdos comerciales.
Este año, el gobierno de Barack Obama y el Congreso de EE.UU. buscarán votos de ambos partidos para aprobar acuerdos de libre comercio con Corea del Sur, Colombia y Panamá. Considerando que 87% del crecimiento económico mundial durante los próximos cinco años se registrará fuera de Estados Unidos, los partidarios del comercio creen que estos acuerdos crearán empleos y prosperidad al ayudar a las compañías estadounidenses a entrar a mercados de exportación de rápido crecimiento.
Quienes se oponen discrepan. Argumentan que los acuerdos «tipo NAFTA» dañan más que de lo que ayudan a la economía de EE.UU. y las encuestas muestran que gran parte de la población coincide.
¿Pero es correcta esta creencia general? ¿O los acuerdos de comercio dan resultado? En momentos en que Washington se prepara para duros debates sobre el comercio, vale la pena explorar algunos errores de concepto habituales respecto a los acuerdos comerciales:
1. Los acuerdos comerciales generan déficit comercial.
En realidad, no es así.
Los críticos frecuentemente asocian los acuerdos comerciales con los déficit comerciales de EE.UU. Por ejemplo, los oponentes hacen notar que el déficit comercial global de EE.UU. en mercaderías se disparó a casi US$830.000 millones en 2008 desde los US$103.000 millones anteriores a la firma del NAFTA.
Pero los datos aduaneros de los países con los que se firmaron acuerdos indican algo diferente. En 2008-2009, EE.UU. tuvo un superávit comercial de casi US$50.000 millones con sus 17 socios de acuerdos de libre comercio, y las exportaciones manufactureras estadounidenses a esas naciones continuaron superando las importaciones en 2010. Los verdaderos impulsores del déficit comercial general de EE.UU. son el déficit en bienes manufacturados con países con los cuales no tiene acuerdos (más de US$345.000 millones en 2009), en especial con China (casi US$227.000 millones en 2009), y las enormes importaciones de petróleo (casi US$205.000 millones en 2009). Además, los críticos de los acuerdos comerciales suelen ignorar que EE.UU. tiene sólidos superávit comerciales en servicios y agricultura (US$136.000 millones y US$27.000 millones, respectivamente, en 2009). Resumiendo, al enfocarse en los déficit, los escépticos a menudo confunden la causa con la cura.
2. Los acuerdos comerciales son un juego de «suma cero».
No lo son.
Los críticos están preocupados por los déficit porque creen que los acuerdos son esencialmente juegos de «suma cero», en los cuales, si un país gana, el otro necesariamente pierde. Consideran que las exportaciones son esencialmente «buenas» y las importaciones son esencialmente «malas». Pero el mundo real es mucho más complejo.
Sin dudas, las exportaciones son vitales para la economía estadounidense, y sostienen uno de cada tres empleos en el sector industrial y representan uno de cada tres acres plantados en las granjas estadounidenses.
Pero las importaciones también hacen importantes contribuciones a la economía estadounidense. Las importaciones proveen insumos de bajo costo que les permiten a los fabricantes estadounidenses y a sus trabajadores en EE.UU. fabricar productos más competitivamente. También dan sustento a millones de empleos estadounidenses vinculados a la investigación, el diseño, el transporte, la logística, el comercio minorista y las manufacturas. Además, los aranceles reducidos a las importaciones incrementaron el poder de compra de la familia promedio estadounidense en casi US$2.000 anuales, lo que les permite a las familias gastar más en sus comunidades locales.
3. Los acuerdos comerciales debilitan a la economía.
No es así.
Los críticos atribuyen una variedad de serios problemas económicos a los acuerdos comerciales. Por ejemplo, citan una y otra vez un estudio de 2006 que sostiene que el NAFTA «desplazó» alrededor de un millón de empleos estadounidenses y sostienen que el sector manufacturero estadounidense cayó más de 30% debido al NAFTA.
Lo que se dice sobre las pérdidas de empleo es refutado por una serie de otros estudios, incluyendo varios análisis del Servicio de Investigaciones del Congreso de EE.UU., la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU., la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. y el Carnegie Endowment for International Peace. Además, datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. muestran que los fabricantes estadounidenses sumaron 500.000 empleos en los siete años posteriores a la entrada en vigencia del NAFTA.
EE.UU. ha perdido empleos manufactureros en los últimos años, pero es difícil atribuir esas pérdidas en un nivel significativo a los acuerdos comerciales. En cambio, la causa predominante para la caída del empleo manufacturero en ese país es la creciente productividad, el hecho de que una fuerza laboral mejor educada que utiliza equipamiento más sofisticado puede producir más con menos trabajadores. Los empleos manufactureros han estado cayendo sostenidamente como proporción del empleo total en EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial, mucho antes de que se pensara en los modernos acuerdos comerciales. Al mismo tiempo, EE.UU. fabricó 4,7 veces más bienes en 2005 que en 1959. También es difícil echarle la culpa a los pactos comerciales por las pérdidas de empleos manufactureros cuando EE.UU. logró un superávit en el comercio de bienes industriales con los países con los que firmó acuerdos.
4. Es hora de tomarse un respiro del comercio.
No nos podemos dar ese lujo.
Los críticos del libre comercio quieren que Estados Unidos deje de trabajar en la búsqueda de nuevos acuerdos. Insisten en que primero ese país debe renegociar los acuerdos existentes y adoptar nuevas políticas comerciales, incluyendo medidas que limitarían las importaciones y harían más difícil que las empresas estadounidenses exporten.
Pero el resto del mundo no está esperando a EE.UU. En cualquier mercado, llegar primero tiene un premio. Pregúntenselo a Apple respecto al iPod. Si EE.UU. no logra meterse en el juego y mantenerse en él, nuestros exportadores perderán no solamente nuevas oportunidades en los mercados extranjeros, sino que crecientemente perderán sus actuales negocios a medida que sus competidores foráneos enfrenten cada vez menos barreras comerciales. Por ejemplo, sin el acuerdo comercial con Corea del Sur, los productores de cerdo estadounidenses no podrían ofrecer precios competitivos y quedarían fuera del mercado de ese país asiático en lapso de una década, por lo que perderían US$215 millones en ventas anuales.
Para su crédito, el gobierno de Obama y muchos en el Congreso entienden esto. El gobierno ha tomado un enfoque muy inclusivo de la política comercial estadounidense, en particular al desarrollar un nuevo modelo para los acuerdos comerciales en las negociaciones de sociedades transpacíficas. Pero también saben que EE.UU. ya no puede quedarse quieto mientras sus competidores internacionales negocian una serie de nuevos acuerdos comerciales para abrir mercados a sus exportaciones.
5. Los acuerdos comerciales no son «justos».
No, precisamente tienen que ver con lo que es justo.
Contrariamente a lo que sostienen quienes los rechazan, EE.UU. frecuentemente se ve perjudicado en sus relaciones comerciales en las que les falta un robusto acuerdo comercial. No es coincidencia que China —un país con el que EE.UU. no tiene un acuerdo de libre comercio— use ampliamente una política cambiaria, estándares técnicos, requerimientos para las licitaciones y otras barreras altamente discriminatorias que niegan una equidad esencial para las compañías y trabajadores estadounidenses. Y, cuando se la compara con los socios comerciales de EE.UU. con los que éste tiene acuerdos comerciales, China no ha asumido ningún compromiso significativo para asegurar la aplicación de leyes laborales y ambientales.
En su esencia, los acuerdos comerciales traen equidad a EE.UU. al derribar injustas barreras comerciales extranjeras a su comercio. Establecen que sus socios tendrán que aplicar principios esencialmente estadounidenses, como el juego limpio y el debido proceso, a los inversionistas y exportadores estadounidenses. Los acuerdos comerciales requieren que se desarrollen reglas de una manera abierta y transparente, se prohíban la discriminación injusta contra productos, servicios o partes estadounidenses, y se protejan los derechos de propiedad estadounidenses contra las expropiaciones sin el debido proceso y una compensación justa. Y, al final, les dan a los exportadores, los trabajadores y los inversionistas estadounidenses una mayor libertad de la interferencia injusta por parte de gobiernos extranjeros.
En momentos en que Estados Unidos debate acuerdos comerciales que tienen el potencial de respaldar un nuevo crecimiento económico, es imperativo que nos concentremos en los méritos de cada uno y que no simplemente volvamos a caer en errores de concepto de larga data.
Fuente: The Wall Street Journal, 06/04/11.
Portugal necesitaría US$129.000 millones
abril 7, 2011
Portugal necesitaría US$129.000 millones
Por Patricia Kowsmann y Costas Paris
Portugal podría necesitar hasta 90.000 millones de euros (US$128.980 millones), incluyendo 10.000 millones de euros en junio, en un paquete de rescate de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, aseguraron fuentes cercanas.
Los términos del acuerdo serán discutidos con más detalle durante una reunión de los ministros de finanzas de la UE en Hungría que arrancará el viernes.
Llevará entre dos y tres semanas esbozar un programa de austeridad que acompañe el rescate para Portugal con la ayuda de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, dijo el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble.
Se espera que Portugal utilice los fondos para cumplir con sus obligaciones de deuda a corto plazo, cubrir la escasez de efectivo en compañías de servicios públicos y para pagas préstamos al banco estatizado, Banco Portugués de Negócios. También se reservaría una parte del rescate para cubrir posibles déficits de capital de bancos locales, según una persona al tanto.
«Componer un paquete de rescate podría ser muy rápido dado que ya se ha hecho mucho trabajo de preparación de cara a la solicitud de Portugal», dijo un ministro de un país de la zona euro, que quiso permanecer en el anonimato.
El miércoles, el primer ministro saliente José Sócrates dijo en un discurso televisado que el gobierno portugués se ha visto obligado a pedir ayuda debido a las «condiciones financieras insostenibles», planteando una prueba crucial para los intentos de la región de contener su crisis de deuda soberana y proteger la moneda común.
Portugal será el tercer país, después de Grecia e Irlanda, en el bloque económico conformado por 17 miembros que recurre a sus pares en busca de ayuda económica, después de que la preocupación sobre la capacidad de financiación del país y su pesada deuda provocaran una serie de rebajas en su calificación de riesgo.
Fuente: The Wall Street Journal, 07/04/11.
El BCE sube sus tasas de interés
abril 7, 2011
El BCE sube sus tasas de interés
Por Terence Roth y Nina Koeppen
FRÁNCFORT— El Banco Central Europeo (BCE) subió hoy su tasa de referencia a 1,25% frente al mínimo histórico de 1%, convirtiéndose en el primer banco central del mundo desarrallo en empezar a incrementar sus tasas a medida que la economía se recupera de la recesión.
La decisión, que marca la primer alza del BCE desde julio de 2008, fue tomada a pesar de la profundización de la crisis de deuda en la periferia de la eurozona, después de que Portugal fuera el tercer país del bloque económico en pedir un rescate internacional.
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, indicó que la entidad actuará con cautela después de haber decidido subir los costos de pedir prestado, citando temores de que las tensiones en el mercado financiero puedan expandirse y afectar a la economía.
Esta medida ampliamente anticipada significa que la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra están rezagados respecto al BCE en su intención de revertir sus políticas de intereses bajos.
«No decidimos hoy que sería la primera de una serie de alzas en las tasas de interés», señaló Trichet. «Continuaremos haciéndolo en el futuro igual que lo hemos hecho en el pasado, con el fin de tomar las decisiones apropiadas para la estabilidad de precios».
Los riesgos de la economía están ampliamente equilibrados, ahora que las tasas de interés del mercado siguen en niveles bajos para impulsar el crecimiento económico, dijo el presidente de la entidad.
Este primer aumento del BCE en tres años coincide con una grave crisis de liquidez en algunos gobiernos de la zona euro con una gran deuda soberana. En este escenario, persisten los temores de que agresivas alzas en los costos del crédito podría sofocar el crecimiento económico y agravar la crisis de deuda de la región.
El BCE ha advertido claramente a los mercados de que su decisión llega después de que Trichet y sus colegas destacaran la amenaza de un aumento en la inflación. Los precios al consumidor en la eurozona registraron un máximo de 2,6% en marzo y se prevé que seguirán escalando por encima de la meta fijada por el banco central de 2% debido al encarecimiento de los commodities.
Fuente: The Wall Street Journal, 07/04/11.
Consecuencias del fin de Fannie Mae y Freddie Mac
abril 6, 2011
Consecuencias del fin de Fannie Mae y Freddie Mac
Fannie Mae y Freddie Mac, las dos gigantes del mercado hipotecario que contaban con el respaldo del Gobierno federal estadounidense, no fueron las únicas causantes de la crisis hipotecaria y de la vivienda pero fueron una parte importante del problema. Su rescate, financiado con el dinero de los contribuyentes, ha costado más de 130.000 millones de dólares.
Ahora, con el objetivo de proteger a los contribuyentes de futuras crisis, la administración Obama quiere que ambas entidades vayan desapareciendo gradualmente durante cierto periodo todavía por especificar y dejar la mayor parte del mercado hipotecario en manos de entidades privadas. El cambio sería radical; en los últimos años se fue reduciendo el peso del mercado privado y Fannie, Freddie y la administración federal de la vivienda (FHA o Federal Housing Administration) estaban detrás de prácticamente el 90% de las nuevas hipotecas. La administración también propone reducir las funciones de FHA: únicamente ofrecer hipotecas a los más necesitados.
¿Cómo afectaría la desaparición gradual de Fannie y Freddie a la disponibilidad de hipotecas, tipos de interés hipotecarios y precios de la vivienda? Al final, ¿un cambio tan radical sería una buena o una mala noticia para los propietarios de viviendas?
Las opiniones son diversas y nadie sabe la respuesta a ciencia cierta. Los mercados hipotecarios y de la vivienda son complejos y un experimento controlado que elimine a Fannie y Freddie mientras todo lo demás permanece constante es obviamente imposible, explica el profesor de Activos Inmobiliarios de Wharton Todd Sinai. «Existe el debate sobre si Fannie y Freddie tuvieron éxito a la hora de reducir los tipos hipotecarios soportados por los propietarios, si incrementaron la disponibilidad hipotecaria o si simplemente cogieron la subvención implícita del Gobierno y generaron mayores rendimientos para los accionistas», dice Sinai. «Si Fannie y Freddie consiguieron abaratar los créditos hipotecarios e incrementar su disponibilidad, entonces eliminarlos tendrá consecuencias negativas sobre los precios de la vivienda».
No está muy claro que el mercado privado pueda absorber el volumen de negocio de Fannie y Freddie que, según la profesora de Activos Inmobiliarios de Wharton Susan M. Wachter ,tenían billones de dólares en préstamos. «Es una buena pregunta». Incluso si el mercado privado absorbiese todo el negocio, los potenciales propietarios probablemente no conseguirían acuerdos tan atractivos como los de ahora.
«Las hipotecas a 30 años serían más caras», sostiene Wachter añadiendo que algunos expertos predicen un incremento de tres puntos porcentuales en los tipos. En la actualidad las hipotecas a 30 años de tipos fijos soportan en promedio el 5%; ese porcentaje pasaría a ser del 8% y las cuotas mensuales de 537 dólares a 733 por cada 100.000 dólares. Esto haría que las hipotecas a 30 años con tipos fijos fuesen “no competitivas” frente a las hipotecas con tipos variables, sostiene Wachter. Las hipotecas de tipos variables pueden ofrecer menores tipos de interés porque los prestamistas asumen menos riesgos dado que pueden aumentar los tipos a medida que se modifican las condiciones de mercado.
Jack M. Guttentag, profesor emérito de Finanzas en Wharton, cree que los tipos fijos tal vez sólo aumenten tres cuartos de punto en lugar de tres puntos. Pero con la desaparición del mercado de las garantías hipotecarias de estas dos empresas, los prestamistas probablemente demandarían cantidades de mayor cuantía que en el pasado en concepto de entrada, y estarían menos dispuestos a ofrecer préstamos a aquellos con poco crédito. De hecho, los estrictos requisitos actuales para la concesión de créditos, una reacción ante la reciente crisis, podrían volverse permanentes.
«Cosas como los estándares o requisitos para una concesión se han vuelto tremendamente estrictos», dice Guttentag señalando que ahora es prácticamente imposible para un autónomo conseguir una hipoteca. «Lo más importante sería el aumento de la entrada; un 20% podría ser la cuantía mínima».
Cuanto mayor sea la entrada, menor es el riesgo para los prestamistas porque los propietarios mostrarán una menor propensión al impago -si disponen de capital- y también porque se prestaría una cantidad menor en relación con el valor de la vivienda, lo cual facilita que el prestamista recupere su dinero en caso de ejecución hipotecaria. En la actualidad la mayoría de las entidades que conceden hipotecas piden el 20% del valor de la vivienda como entrada; sin embargo, hace unos años era posible conseguir una hipoteca por el 100% del valor. La administración Obama quiere que dicho porcentaje sea del 10%, aunque la FHA seguiría ofreciendo préstamos -sin apenas entrada- para determinados grupos con bajos niveles de renta.
Planificando una desaparición gradual
Fannie, (Federal National Mortgage Association, ó asociación hipotecaria federal nacional), fue creada como una agencia gubernamental en 1938 y posteriormente convertida en 1968 en empresa que cotiza bolsa. Freddie (Federal Home Loan Mortgage Corp.) es una empresa que cotiza en bolsa creada por el Gobierno en 1970 para genera un rival para Fannie. Su principal función es adquirir y asegurar hipotecas emitidas por entidades privadas. Algunos préstamos permanecen en los libros de Fannie y Freddie pero la mayoría se agrupan creando títulos hipotecarios y se venden a inversores como si se tratase de otro tipo de bonos del Gobierno o corporativos. Fannie y Freddie proporcionan a los inversores ciertas garantías de que los intereses y pagos principales se realizarán incluso si en caso de impago por parte de los propietarios de las viviendas.
Cuando Fannie era una agencia gubernamental, estas garantías eran respaldadas por el Gobierno Federal, es decir, por el contribuyente. Sin embargo, como empresas que cotizaban en bolsa no contaban con este respaldo explícito. Pero, en general, los inversores asumían que, como Fannie y Freddie estaban “patrocinados por el Gobierno”, entonces el Gobierno respondería de las obligaciones de estas entidades en caso de que fuese necesario.
A mediados de la pasada década, la mala gestión y el deseo de esas empresas de maximizar el rendimiento para sus accionistas les animó a adquirir y garantizar hipotecas de alto riesgo emitidas por entidades privadas, incluyendo hipotecas basura -concedidas a personas de bajos ingresos-. Cuando estalló la burbuja inmobiliaria, los casos de impago entre los propietarios de viviendas se dispararon y Fannie y Freddie sufrieron pérdidas enormes. En septiembre de 2008, el Gobierno tomó el control de las empresas, deshaciéndose de sus accionistas y proporcionándoles una tabla de salvación de 130.000 millones de dólares.
El pasado mes el Departamento del Tesoro y el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano enviaron al Congreso una propuesta con tres opciones para dejar que Fannie y Freddie vayan desapareciendo gradualmente.
«En el pasado las políticas financieras y fiscales del Gobierno animaban a la compra de vivienda y a las inversiones inmobiliarias sobre otros sectores de nuestra economía; al final se hizo a los contribuyentes responsables de gran parte del riesgo asumido por un mercado financiero de la vivienda con escaso nivel de supervisión», se puede leer en la propuesta. «Pensando en el futuro, el principal papel del Gobierno debería limitarse a fortalecer las tareas de supervisión y protección de los consumidores, proporcionar asistencia para propietarios de bajos niveles de renta y para los arrendatarios, así como apoyo a la estabilidad de los mercados y respuesta ante las crisis… En nuestro plan los mercados privados –sujetos a una fuerte supervisión y estándares para la protección de consumidores e inversores-, serían la principal fuente de créditos hipotecarios y soportarían las pérdidas».
Esta propuesta insiste en que Fannie y Freddie han funcionado bien durante décadas y que únicamente fracasaron debido a la mala gestión y supervisión durante un breve periodo de tiempo. Aunque sostiene que las malas prácticas han sido solventadas, la propuesta recomienda la desaparición de ambas empresas de todos modos. El periodo de cierre gradual aún queda por determinar, aunque probablemente llevaría años. Nadie sabe qué va a decir el Congreso en relación con esta propuesta.
La primera opción «reduciría drásticamente las funciones del Gobierno a la hora de asegurar y garantizar las hipotecas; sólo la FHA y otros programas que tuviesen por objeto respaldar a potenciales propietarios con niveles de renta bajos o moderados». La segunda opción es similar excepto en que el Gobierno proporcionaría un «mecanismo de apoyo para asegurar el acceso al crédito durante una crisis inmobiliaria». La tercera opción es similar a la primera pero añade un «programa de re-seguros» para respaldar un programa de seguros privados que apoye «títulos de determinado tipo de hipotecas».
Durante el periodo de desaparición gradual el Gobierno endurecería los requisitos para la concesión de crédito por parte de Fannie, Freddie y FHA, básicamente haciéndolos menos atractivos para reconducir a los prestatarios hacia el mercado privado. Por ejemplo, los tipos podrían subir y las cantidades máximas podrían bajar.
Los detractores de Fannie y Freddie a menudo señalan que otros países desarrollados no cuentan con entidades similares, pero Wachter dice que en muchos el Gobierno interviene de alguna forma en el mercado hipotecario. «En la mayoría de economías del mundo existe un elevado grado de involucración del Gobierno en las finanzas inmobiliarias, en especial evitando los impagos de bancos grandes y pequeños», señala. «En la mayoría de los mercados son los bancos los que proporcionan las hipotecas. Cuando los tipos de interés suben y aumentan los casos de impago, es costumbre que los bancos den un respiro a los prestatarios para evitar la falta de pago; y así lo hacen».
A la busca de un nuevo sistema
Si Fannie y Freddie acaban desapareciendo, ¿cuáles serían las consecuencias?
En teoría las garantías de Fannie y Freddie hicieron que sus títulos fuesen lo suficientemente seguros como para que los inversores se conformasen con intereses más bajos de los que aceptarían en otras circunstancias. Ese ahorro se traduce al final en tipos hipotecarios más bajos, lo cual facilita que la gente adquiera una vivienda. Otra cuestión es si esto ha ocurrido en la realidad o no.
No obstante, todo el mundo parece estar de acuerdo con que las dos empresas han asegurado la disponibilidad de hipotecas de tipos fijos a 30 años, lo cual implica cuotas constantes durante toda la vida del préstamo. Otros países desarrollados no tienen entidades como Fannie y Freddie, y en general no disponen de hipotecas a tipos fijos y a largo plazo. En estos casos los prestatarios consiguen hipotecas variables con tipos de interés que son revisados periódicamente, haciendo que las cuotas suban o bajen. Los préstamos a tipos fijos conllevan riesgos para los prestamistas, pero un ahorro para los prestatarios; los préstamos de tipos variables son seguros para los prestamistas pero arriesgados para los hipotecados.
Wachter cree que las hipotecas a 30 años podrían sobrevivir, pero se volverían tan caras que los prestatarios preferirían las hipotecas a tipos variables, que normalmente implican un menor tipo de interés en el momento de su concesión. Esto sitúa al propietario de una vivienda en una posición mucho más arriesgada, ya que los tipos se revisan cada 12 meses. Cuando los tipos suben esto supone cuotas mensuales más elevadas, algo que puede afectar seriamente el presupuesto familiar.
«Las hipotecas con tipos variables transfieren el riesgo de los tipos a los hogares, lo cual no supone un problema en un entorno de tipos a la baja; pero en un contexto de subida de los tipos podría ser un problema tanto para los hogares como para la estabilidad económica», señala Wachter.
La variación de las cuotas supone asimismo una mayor volatilidad en el precio de la vivienda. Los bajos tipos de interés permiten a los potenciales propietarios pedir prestado más dinero, y por tanto suben el precio que están dispuestos a pagar; unos tipos de interés altos tienen el efecto contrario. Wachter cree que la amplia disponibilidad de hipotecas a tipos fijos y a 30 años acabó con la incertidumbre y redujo la volatilidad del precio de la vivienda, contribuyendo a mantener la estabilidad de la economía. De hecho, la reciente crisis financiera fue suscitada por las elevadas cuotas mensuales cuando los tipos de interés de las hipotecas variables se ajustaron al alza, haciendo explotar la burbuja en el precio de la vivienda.
En la actualidad las hipotecas de tipos variables tan sólo suponen una pequeña parte de las hipotecas nuevas porque los individuos prefieren hipotecas con tipos fijos para, en cierto modo, «bloquear» en el largo plazo los bajos tipos de interés actuales. Según Wachter, si las hipotecas con tipos variables fuesen la norma, una subida en los tipos de interés podría rápidamente provocar una caída en el precio de la vivienda. Tal y como señala, algunos países en los que lo habitual son las hipotecas con tipos variables están trabajando para ampliar las funciones de los préstamos de tipos fijos e incrementar la estabilidad de sus mercados. En el Reino Unido el Gobierno está «presionando para desarrollar los mercados secundarios y aumentar la disponibilidad de hipotecas a tipos fijos y así mitigar los incrementos de las cuotas si suben los tipos de interés».
La mayor volatilidad en el precio de la vivienda también podría ser otro motivo para que los prestamistas fuesen más restrictivos, añade Guttentag. «Cuando el precio de la vivienda sube, no importa qué tipo de hipoteca firmes», explica porque la subida en el precio incrementa la probabilidad de que el prestamista pueda recuperar su dinero en caso de ejecución hipotecaria. «Durante un periodo en que se espera que se produzca una caída en el precio de la vivienda el efecto sería el contrario».
¿Por qué los propietarios de vivienda desean que suba el precio de la vivienda? Un motivo es que un mayor valor de la vivienda hace que se sientan más ricos, aunque los precios crecientes no son claramente una buena noticia para los arrendatarios que desean convertirse en propietarios, señala Sinai. De hecho, la sensación de mayor riqueza es en el fondo una ilusión, porque si desean cambiar de vivienda, ésta también será mucho más cara, absorbiendo toda ganancia obtenida con la actual. Los activos inmobiliarios suponen dinero en el bolsillo únicamente cuando se adquiere una vivienda de menor valor que la anterior, tal y como sucede con muchos jubilados (o cuando se vende para disponer de los fondos y no recomprar).
Pero existe otro motivo por el que propietarios alientan la subida del precio de la vivienda: «El precio de la vivienda es un dato muy importante cuando la gente tiene hipotecas», señala Sinai. Si el prestamista ha pagado al principio el 20% de su valor, una caída del 10% en su precio acabaría de un soplo con el 50% de la inversión, mientras que una subida del 10% le genera un beneficio del 50%.
Sin Fannie y Freddie para transformar las hipotecas en títulos, ¿quién ocupará este vacío? La administración Obama apuesta por la saludable vuelta, tras años de enfermedad, del mercado privado de titulización.
Asimismo el secretario del Tesoro Timothy F. Geithner sostiene que Estados Unidos debería crear un sistema de «bonos cubiertos» para financiar las hipotecas. Este sistema, utilizado en algunos países europeos, agrupa las hipotecas creando títulos que se venden a inversores, algo similar a lo que hacen Fannie y Freddie. Pero en el caso de los bonos cubiertos, el emisor sigue teniendo responsabilidades; no se lava las manos después de que la venta de los títulos, tal y como sucede en el sistema en Estados Unidos. Los bonos cubiertos por tanto dan a los emisores mayores incentivos para tener cuidado a la hora de conceder hipotecas.
Guttentag está a favor de un sistema similar al de Dinamarca, donde los prestamistas crean bonos con las hipotecas que venden a inversores. Al igual que con los bonos cubiertos, los bonos daneses siguen existiendo en los libros del prestamista, que será muy precavido a la hora de conceder hipotecas. La principal diferencia es que en Dinamarca el prestamista sigue gestionando el préstamo, evitando el conflicto de intereses que puede surgir entre los hipotecados y los propietarios de los títulos con garantía hipotecaria. Guttentag cree que el sistema danés también facilita que los prestatarios puedan tener las mejores condiciones.
Acabar con Fannie y Freddie, aunque sea de forma gradual, podría ser arriesgado si no existe un plan alternativo claro para el sistema, advierte Guttentag. “Simplemente son tremendamente importantes para sostener el mercado”, dice. Así, Guttentag sugiere que una buena solución sería que las entidades compitiesen para adoptar el sistema danés; la ganadora sobreviviría y la perdedora desaparecería.
Fuente: Warthon Universia, 06/04/2011.
Los bancos centrales divergen en sus estrategias monetarias
abril 6, 2011
Los bancos centrales divergen en sus estrategias monetarias
Por Brian Blackstone y Jon Hilsenrath
Los principales bancos centrales del mundo están cada vez menos sincronizados conforme afrontan presiones inflacionarias y una combinación de desafíos al crecimiento económico en todo el mundo.
El Banco Central Europeo, que se prepara para su reunión del jueves (06/04/11), podría ser el primer banco central de las economías desarrolladas en elevar las tasas de interés desde que el mundo cayó en una profunda recesión en 2008.
El Banco Popular de China, a su vez, elevó su tasa de interés de referencia el martes en un cuarto de punto porcentual, continuando un ciclo de ajuste en las economías emergentes que comenzó antes, pero que muchos economistas tildan de demasiado tímido.
En la Reserva Federal de Estados Unidos, entretanto, se ha desatado un intenso debate acerca de cuándo empezar a subir las tasas. Un campo minoritario pero vociferante, plantea la posibilidad de elevar las tasas este año para mitigar las presiones inflacionarias. Pero la cúpula de la Fed no se muestra inclinada a entrar en acción en el futuro cercano. Su presidente, Ben Bernanke, reiteró el lunes su opinión de que los altos precios del petróleo, los granos y otras materias primas son transitorios.
El Banco de Japón, sacudido por desastres naturales y una crisis nuclear, se reunirá el miércoles y el jueves para considerar nuevas medidas de estímulo que dirigirían préstamos de bajas tasas de interés a través de bancos a las zonas afectadas por las crisis. Se espera que el Banco de Inglaterra, que también se reúne el jueves y enfrenta presiones inflacionarias y el riesgo de una nueva recesión, no haga cambios.
Los bancos centrales de las principales economías del mundo «están en una clínica de estrés post-traumático», señala William Buiter, economista jefe de Citigroup y ex miembro del consejo del Banco de Inglaterra. Las tasas de interés «son ridículamente bajas», añade. «Este claramente no es el mundo en que les gusta operar a los bancos centrales». No obstante, escoger el momento adecuado para retirar el estímulo y empezar a subir las tasas es más delicado que en ocasiones anteriores.
Las estrategias que se emprendan en los próximos meses tendrán enormes implicancias para el crecimiento, la inflación y los mercados financieros. Bruce Kasman, economista global jefe de J.P. Morgan, dice que los bancos centrales de mercados emergentes como el Banco Popular de China están rezagados en su lucha contra la inflación y arriesgan mayores presiones inflacionarias. Si los bancos centrales de las economías desarrolladas esperan demasiado para iniciar el ajuste, también corren el riesgo de rezagarse. Pero si actúan demasiado pronto o demasiado enérgicamente, podrían interrumpir la recuperación de sus respectivas economías.
En momentos en que el BCE se apresta a subir las tasas y la Fed opta por dejarlas intactas, el dólar podría seguir cayendo en los mercados conforme los inversionistas salen en busca de activos con retornos más altos, señala Kasman.
La divergencia entre los bancos centrales pone a prueba su credibilidad. El BCE apuesta a que un alza de las tasas ahora demostrará su celo antiinflacionario y podría ayudarlo a evitar aumentos más draconianos más adelante. Se espera que el organismo aumente su tasa de referencia en un cuarto de punto porcentual en la reunión del jueves para dejarla en 1,25%. El euro tocó máximos de cinco meses contra el dólar de EE.UU. esta semana.
La Fed, por su parte, cree que puede darse el lujo de dejar que la recuperación incipiente en EE.UU., que aún enfrenta grandes obstáculos como la caída del mercado inmobiliario, el mayor ahorro de las personas y el alto desempleo, siga adelante por un tiempo antes de empezar a pisar el freno.
Si el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, se equivoca, las mayores tasas de interés podrían castigar innecesariamente a las economías más frágiles de Europa, como Grecia, Irlanda, Portugal y España, mientras que el fortalecimiento del euro podría encarecer las exportaciones alemanas en los mercados mundiales.
Si la Fed es la equivocada y demora demasiado para subir las tasas, su credibilidad para combatir la inflación se vería perjudicada. Bernanke indicó el lunes que si los precios al consumidor suben de manera más generalizada de lo que espera, actuará para erradicar la inflación.
Hay mucho en juego para Trichet, el último presidente de un banco central de una economía desarrollada en aumentar las tasas de interés, en julio de 2008, apenas semanas antes de que la quiebra de Lehman Brothers desencadenara una crisis financiera global. El BCE ha sido criticado por esa medida desde entonces, pese a que Trichet usa ese ejemplo como confirmación de su firmeza contra la inflación.
El BCE encara una división cada vez más honda entre un norte más próspero conformado por Alemania, Austria y Holanda, donde la inflación comienza a echar raíces, y su frágil sur más Irlanda, donde el desempleo es alto y el crecimiento débil.
Trichet minimiza la brecha entre las economías de la región, diciendo que no son más inusuales que los niveles de desempeño entre las regiones de EE.UU. Pero muchos analistas creen que el BCE subestima los riesgos que presenta un bloque, como la zona euro, que se mueve a múltiples velocidades.
Fuente: The Wall Street Journal, 05/04/11.
Los riesgos de una cultura «oficial»
abril 4, 2011
Los riesgos de una cultura «oficial»
Por Martín Krause
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es la más grande de su tipo en el mundo de habla hispana y está organizada por la Fundación El Libro, una entidad sin fines de lucro formada por la Sociedad Argentina de Escritores, la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicaciones, el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines y la Federación de Librerías, Papelerías y Afines. Como vemos, todas entidades del sector privado.
En oportunidad de la próxima 37» edición, que se realizará en el mes de abril, los organizadores invitaron a dar la conferencia inaugural al último premio Nobel en Literatura, Mario Vargas Llosa. Esto desató una fuerte polémica, ya que algunos funcionarios públicos e intelectuales oficialistas enviaron una carta a la Fundación solicitando se reviera la invitación tomando en cuenta las posiciones filosóficas y políticas del escritor peruano. Entre los firmantes se encontraba el director de la Biblioteca Nacional, la más importante organización pública de este género, y un cargo que ocupó alguna vez nada menos que Jorge Luis Borges.
La ofensiva bajó de nivel cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pidió recato a sus seguidores, pero no terminó. Pocos días después, el secretario de Cultura de la Nación manifestó: «Nosotros estamos a favor de que el Estado fomente las expresiones culturales propias. Vargas Llosa no; él piensa que el Estado no debe intervenir. Nosotros coincidimos con más del 90% de los países, pero no con Estados Unidos, con el que sí coincide Vargas Llosa».
Es difícil decidir por dónde empezar a comentar un párrafo con tantos errores, si por la presunción de que el 90% determina la verdad o la falsedad de un argumento o por el supuesto de que en Estados Unidos el gobierno no hace nada para fomentar la cultura. Dejemos eso y concentrémonos en que el Estado debe fomentar las expresiones culturales, asumiendo tal vez que el mercado no puede hacerlo.
Es curioso que se plantee este argumento precisamente con motivo del más grande evento cultural organizado por el sector privado, no el Estado. Además, desestima la notable contribución de la economía de mercado al fomento de la cultura. En un muy interesante libro (In Praise of Commercial Culture. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1998), el economista Tyler Cowen describe el funcionamiento de los mercados «artísticos». El mercado consiste en artistas, patronazgo, consumidores e intermediarios o distribuidores. Los consumidores son los socios «silenciosos» del artista; los distribuidores reúnen a productores y consumidores en un encuentro que alimenta el impulso creativo y disemina sus resultados.
El capitalismo genera riqueza que permite a muchos individuos dedicar su vida al arte; los países ricos consumen grandes cantidades de arte. Además, fundaciones y universidades privadas, herencias o simples trabajos han permitido a los artistas cultivar su impulso. Cowen señala, como ejemplos, que Jane Austen vivió del dinero de su familia, T. S. Elliot trabajó para el Lloyd’s Bank, James Joyce enseñaba idiomas, Paul Gauguin era corredor de bolsa, Vincent van Gogh recibía apoyo de su hermano, William Faulkner trabajaba en una usina eléctrica y luego como guionista para Hollywood. Muchos de los principales artistas franceses del siglo XIX vivieron de la riqueza «comercial» generada por sus familias: Delacroix, Degas, Manet, Cézanne, Toulouse-Lautrec y escritores como Baudelaire, Verlaine o Flaubert. Aun Proust vivía de la riqueza de su familia, obtenida en la Bolsa de París. A ninguno de ellos los ayudó el Estado ni necesitaron de ello para desarrollar una cultura «nacional».
Muchos artistas nunca escondieron su amor por el dinero. Bach, Mozart, Haydn y Beethoven estaban obsesionados con ganar dinero con su arte. Cowen cita una carta de Mozart: «Créame, mi único propósito es hacer la mayor cantidad de dinero posible; porque después de la salud es lo mejor que se puede tener». Y Charlie Chaplin, al recibir el Oscar en 1972, dijo: «Ingresé en el negocio por el dinero y el arte creció de él. Si la gente se desilusiona por este comentario, nada puedo hacer. Es la verdad». Shakespeare ganaba buen dinero con sus obras y cubría los gastos del teatro.
Por otra parte, el mercado amplía las posibilidades a través de la mayor oferta de materiales y equipos. Los pianos, violines, sintetizadores o mezcladores han visto caer sus precios desde su creación. La fotografía florece con la innovación tecnológica capitalista. Los fotógrafos ahora pueden sacar miles de fotos sin tener altos costos para revelarlas a todas. Incluso en la televisión, el cable permite una diversidad cultural nunca antes vista: canales sobre vida animal, ópera, naturaleza, arte, tango, música moderna, de otros países. Precisamente, donde no existe tal diversidad es en el canal estatal.
Los mercados permiten el sustento de los artistas en forma independiente. Vargas Llosa seguramente tiene un buen pasar gracias a sus derechos de autor y puede escribir y opinar lo que quiera. El «fomento» estatal de la cultura muchas veces lleva a la censura. Imaginemos que Vargas Llosa no fuera peruano y, en cambio, fuera cubano viviendo en la isla. ¿Qué hubiera sido de su obra? Tal vez hubiera escrito algo desde la cárcel, preso por disidente.
Las innovaciones del mercado, además, preservan las contribuciones culturales del pasado. Hoy los consumidores tienen un acceso mucho más fácil a la música de Bach, que antes sólo llegaba a pocos miembros de una corte. Hubo más gente viendo las óperas de Wagner por televisión en 1990 que todos los que las vieron desde 1876. Podemos alquilar películas clásicas por muy poco dinero y es permanente la nueva edición de libros clásicos, incluso en colecciones que se venden en los quioscos a bajo precio.
Precisamente Estados Unidos, el mal ejemplo para el secretario de Cultura, es líder en cine, pintura y música popular, con destacadas posiciones en literatura, poesía y composición musical. Ese país tenía 58 teatros de óperas en 1965, y hoy son más de 300; eran 27 las compañías, hoy más de 150, y de 22 teatros regionales sin fines de lucro ha pasado a más de 500.
¿Qué es lo que hay que fomentar entonces que no sea ya fomentado por el interés de los consumidores, el patronazgo y los distribuidores? Pues parece que el respeto y la tolerancia de la «cultura oficial».
Fuente: La Nación, 04/04/11.
Martín Krause es profesor de Economía en la Universidad ESEADE y la Universidad de Buenos Aires. Es autor de los siguientes libros: Proyecto para una sociedad abierta (1993), Democracia directa (1997), En defensa de los más necesitados (1998), El cuento de la economía (2001), La economía explicada a mis hijos (2003), Economía para emprendedores (2004), Análisis económico del derecho: Aplicación a fallos judiciales (2006), Por el ojo de una aguja: Ética, negocios y dinero en el mundo de hoy (2007), Elementos de economía política (2007).
Martín Krause
Los riesgos de especular
abril 4, 2011
Una equivocación de US$ 300 millones
La historia del fondo de cobertura que compró caras y vendió baratas acciones japonesas
Por Gregory Zuckerman
Pocos inversionistas han cometido tantos errores navegando las turbulentas aguas de los mercados en las últimas semanas como Philippe Jabre.
Jabre, uno de los gestores de cobertura más conocidos de Europa, compró acciones japonesas tras enterarse del terremoto y luego sufrió cuando el Promedio Nikkei se desplomó 13%. Se puso nervioso y vendió sus acciones justo antes de un repunte. Los desaciertos costaron a su firma alrededor de US$300 millones. Fueron los peores días de su carrera.
Mientras Jabre reflexiona sobre sus decisiones, no está seguro de haber cometido muchos errores. «Sigo pensando en ello, ¿qué podría haber hecho de otra manera?», cuenta Jabre, quien gestiona el fondo de cobertura de US$6.000 millones Jabre Capital Partners SA. «Pasé todo el fin de semana pasado haciendo preguntas» a amigos, colegas y clientes, relató. «No podíamos correr el riesgo de que cerrara la Bolsa de Tokio, por lo que vendimos» las acciones japonesas.
Los inversionistas se han visto obligados a lidiar con mercados traicioneros en los últimos años, quizá ninguno tan incierto como el de las últimas dos semanas. Hicieron juicios al vuelo sobre la magnitud de la devastación tras el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, el impacto de la crisis nuclear y sus repercusiones en la economía global.
Jabre, un ex operador estrella del fondo de cobertura británico GLG Partners, instaló su propia firma de inversiones a comienzos de 2006. Cuando la mayoría de sus rivales incurrían en enormes pérdidas en 2008, el inversionista oriundo de Líbano logró en un fondo ganancias de 3%.
De pronto, empero, muchas de sus decisiones están causando pérdidas. A fines de febrero, la firma de Jabre se mostraba cauta sobre los mercados japoneses y estadounidenses. Jabre le dijo a un colega que esperaba un retroceso en los precios para invertir.
El viernes del terremoto, Jabre vio su oportunidad. Uno de sus fondos, el JabCap Global Balanced Fund, tenía contratos de futuros en el mercado japonés que darían ganancias si caían los precios, una forma de protección para el fondo. Jabre, quien el año pasado criticó a los inversionistas por ser «demasiado timoratos» sobre la crisis de deuda europea, estaba convencido de que Japón repuntaría.
Ese día, se reservó para sí unos minutos en su oficina y encendió un cigarro. Ponderó sus opciones y fue a ocupar su lugar en el piso de negociación de la firma, con vista a las montañas y ríos que rodean el barrio viejo de Ginebra. Jabre, quien una vez sobrevivió a una avalancha mientras esquiaba, instruyó a su equipo que cerrara sus posiciones en los futuros que se beneficiarían de una caída de las acciones, creyendo que los precios subirían.
«Podemos cerrar nuestras coberturas y tomar posiciones 100% al alza», dijo entonces a un colega. Sin la cobertura de riesgo, que había reducido la exposición japonesa de su fondo a 9% de la cartera, las acciones japonesas se convirtieron en 15% de sus tenencias, una apuesta considerable.
Pronto se conocieron noticias sobre problemas en la planta nuclear japonesa de Fukushima Daiichi, lo cual tomó a Jabre por sorpresa. El lunes y el martes hubo grandes pérdidas en Japón y otras partes. Para evaluar el impacto, Jabre consultó a cuatro científicos nucleares.
Para el miércoles 16 de marzo, el Nikkei acumulaba una caída de 13% en cuatro días de negociación. Varios de los fondos de Jabre afrontaban pérdidas, una de ellas de hasta 10% para el mes. Para sus operadores, Jabre, de 50 años, se veía calmado, pero la procesión iba por dentro. «Me sentía horrible, pero no expreso felicidad o frustración», dijo. «Las emociones son el enemigo de una persona equilibrada».
Jabre pensó que si la radiación se propagaba a Tokio o si explotaba un reactor nuclear, las autoridades podrían cerrar el mercado de valores, congelando sus acciones por meses. «Si caemos a 10% negativo, nos ponemos muy, muy, muy nerviosos» dijo Jabre, quien promete a sus inversionistas mantener las pérdidas a un mínimo.
El miércoles 23 de marzo, Jabre eliminó todas sus posiciones en acciones japonesas y globales. «Si nos equivocamos (y el mercado repunta), es un revés para la firma», recuerda haber dicho Jabre a un colega. «Pero viviremos para luchar otro día».
Dos días después, no obstante, las autoridades monetarias japonesas y extranjeras adoptaron medidas para detener el alza del yen, ayudando al alza de las acciones. El índice Nikkei ha subido desde que Jabre salió.
Ahora está llamando a clientes para explicar las recientes pérdidas. Reconoció que no debería haberse vuelto optimista tan rápidamente después del terremoto. En cuanto a salir antes de tiempo, «es la primera vez que había riesgo de una fuga nuclear», dice. «Era difícil evaluar las consecuencias».
La mayoría de sus inversionistas comprende sus decisiones recientes, indicó. Pocos han pedido sacar su dinero. «La razón por la cual seguimos en este negocio es nuestra gestión de riesgo», manifestó. «Estamos diciendo a nuestros clientes que hemos perdido seis meses de desempeño, pero volveremos».
Fuente: The Wall Street Journal, 29/03/11.

Philippe Jabre en la oficina de Jabre Capital Partners en Ginebra, Suiza.
















