Lindsay Holmes for The Wall Street Journal

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El dinero es una de las mayores fuentes de discordia matrimonial, y puede ser una de las más difíciles de resolver. Esto se debe a que cuando las parejas discuten sobre cómo gastar dinero, no solo están debatiendo sobre el tema inmediato. Están expresando ansiedades subconscientes de las que quizás in siquiera ellos están conscientes, y chocando con los temores que su pareja no ha articulado.

Quizás se trata de una infancia en la pobreza, o simplemente el temor constante de pobreza, que causa que un cónyuge deteste gastar dinero. Quizás la cuenta bancaria secreta de un primer cónyuge está causando desconfianza en un segundo matrimonio.

¿Qué pueden hacer las parejas para evitar tropezar con estos antecedentes emocionales cada vez que necesitan hablar sobre sus tarifas y su presupuesto? Pueden empezar por simplemente reconocer que todos reaccionan emocionalmente con el dinero, y después dedicar tiempo para descubrir qué recuerdos podrían estar impulsando la conducta de cada cónyuge.

Una pareja que se toma el tiempo para profundizar en sus patrones de dinero puede ganan un mayor entendimiento y potencialmente prevenir peleas, y llegar a acuerdos mutuos A continuación, cinco áreas comunes de conflicto, y cómo los terapeutas trabajan con las parejas para resolverlos.

¿Qué hacer cuando un cónyuge es más gastador y el otro más ahorrador?

dinero icono 01Esta es probablemente la causa más común de tensión financiera en una relación: un cónyuge tiende a gastar impulsivamente, sin pensar sobre el futuro, el otro quiere economizar lo más que se pueda. El conflicto puede adoptar muchas formas, pero las raíces —y las soluciones— son raramente sencillas.

Brad Klontz, psicólogo, planificador financiero y profesor asociado de la Universidad Estatal de Kansas trabajó con una pareja que estaba experimentando un conflicto claro: La esposa sugería pequeños lujos —como salir a comer— y el esposo reaccionaba con ira.

La irritación del esposo con su mujer tenía su raíz en un temor profundamente arraigado, afirma Klontz. Creció en una familia humilde —incluyendo un periodo en que su madre dependía de asistencia pública— y le preocupaba que pudiera terminar allí de nuevo.

Por su parte, la esposa creció en una familia de clase media alta. Le regalaron un auto cuando cumplió 16 años, y no tuvo que trabajar de adolescente. ¿Su perspectiva sobre el dinero? Todo va a salir bien. Era despreocupada. No había ahorrado ni un centavo. Habría tiempo para eso más adelante.

Además, dice, “ella valoraba la comodidad”. Y esos valores chocaron contra los temores de su esposo. Por ejemplo, en los comienzos de su matrimonio, ella quería comprar un sillón. Eso causó tensión en la relación. “Había mucho conflicto entorno al dinero, ya que por cada 1% que ella quería gastar en lugar de ahorrar, a él le causaba un ataque de ansiedad”, apunta Klontz. “En su familia, nadie había ahorrado. Sus parientes vivían de la asistencia social. Había mucho temor que eso le ocurriría a él y a sus hijos”.

¿La solución? Primero, aprender a escuchar. Klontz les pidió que contestaran preguntas como “¿Cuál es tu mayor temor?”. Hablar sobre sus historias le ayudo al matrimonio a cambiar la ira y culpa por la compasión, dice Klontz.

“La labor, para (el esposo) consistía en cambiar su convicción de que ‘jamás habrá suficiente’ a una de ‘necesitamos una estrategia un poco más equilibrada’”, explica Klontz.

Después de que Klontz repasó sus metas de largo plazo, la pareja llegó a un acuerdo mutuo: el esposo reduciría su tasa de ahorro a 20%, y la esposa empezaría a ahorrar 20%. Además, el esposo estuvo de acuerdo que la esposa podía realizar decisiones de gastos, como comprar un sillón o planear unas vacaciones.

Otra estrategia útil: fijar metas concretas, dice Amanda Clayman, una terapeuta financiera en Nueva York.

Simplemente decir, “somos unos pésimos ahorradores. Necesitamos ahorrar más”, no ayudará a una pareja a progresar, anota. Establezca una meta específica de ahorro, aconseja, y reconozca como afectará los gastos diarios.

¿Cuánto dinero debería darle a un hijo adulto?

Los desacuerdos sobre cuánto apoyo darle a un hijo adulto pueden convertirse en asuntos secretos, cuando uno de los progenitores proporciona dinero bajo la mesa porqué el otro insiste en que es hora cortar el cordón umbilical del hijo, dice Susan Zimmerman, una terapeuta acreditada y cofundadora de Mindful Asset Planning en Minneapolis.

Imagínese, por ejemplo, que una esposa le está dando dinero a su hija de 26 años, que tiene un buen trabajo pero sigue quedándose sin dinero cada mes. La esposa no le dice a su esposo, ya que este cree que es hora de que su hija se valga por sí misma.

El primer paso de Zimmerman es asegurarse que el matrimonio esté de acuerdo con que hacer las cosas a la espalda del otro es un problema que debe resolverse. Después, presenta la idea que dar demasiado puede ser perjudicial para el crecimiento de la hija o hijo.

Su objetivo es ayudarle a la pareja a establecer reglas que ambos pueden seguir, incluyendo la cantidad de dinero que es aceptable dar, bajo qué circunstancias —como una pérdida de trabajo— y por cuánto tiempo.

Zimmerman dice que también es importante para el progenitor que está proveyendo el apoyo comprenda el motivo por el que lo está haciendo. Podría ser completamente benigno. Pero también podría estar impulsado por un sentido de incomodidad de que no quiere que su hijo o hija esté enojado con él.

Para ese padre o madre, dice Zimmerman, es importante reconocer la necesidad de superar esa incomodidad y concentrarse en el objetivo más importante: ayudarle a su hijo a volverse económicamente responsable, y recordar que dar demasiado puede crear una dependencia no saludable.

Una estrategia sencilla para una pareja que batalla para discutir el tema: cada cónyuge escribe la cantidad que consideran aceptable dar. Cuando revelan lo que han escrito, Zimmerman les pregunta: “¿De dónde cree que viene esa cifra?”

A menudo, la cantidad está vinculada a un recuerdo de la infancia, pero también podría ser una estimación de cuánto un cónyuge puede prescindir cada mes. No hay respuestas incorrectas, dice, y toda respuesta ayuda a los cónyuges a empezar a comprenderse mejor entre sí.

¿Qué hacer cuando los cónyuges tienen prioridades distintas con los gastos grandes?

Un cónyuge quiere comprar un nuevo comedor; el otro quiere tomar unas vacaciones lujosas. Uno quiere comprar un velero; el otro quiere renovar la casa.

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Este tipo de conflicto por gastos grandes puede surgir porqué cada cónyuge escucha las mismas palabras pero las interpreta de manera distinta. Por ejemplo, cuando el esposo dice que quiere un velero, Clayman dice, en algunos casos lo que realmente está diciendo es, “Trabajo duro. Me merezco esto”. Su esposa, sin embargo, no sabe lo que está detrás del deseo de su esposo porque éste no lo está expresando.

Después, cuando ella cuestiona la lógica de comprar un enorme producto suntuario, su reacción es, “¿Por qué no crees que me lo merezco?” Clayman dice. Él no quiere explicar lo que está sintiendo en un nivel emocional, por tanto quizás diga, “Gano lo suficiente para comprar esto”. El subtexto es: “No discutas conmigo sobre esto”.

De la misma forma, la esposa podría sentir un sentimiento similar cuando argumenta a favor de una renovación de la casa. O quizás haya un motivo más de fondo; quizás está constantemente intentando rebasar una infancia en la que tenía muy poco. Pero, igualmente, no divulga nada de esto, por tanto cuando su esposo cuestiona la necesidad de una renovación, ella interpreta la oposición de su esposo como rechazo hacia ella: una reacción común cuando gente enfrente desaprobación sobre sus decisiones monetarias. La esposa, Clayman, siente: “No me ves. No te importan mis necesidades”.

La clave para el acuerdo mutuo es afirmar y validar los valores y necesidades de su cónyuge, dicen los expertos. Olivia Mellan, una asesora de dinero y relaciones, guía a parejas a emplear tres pasos: imitación, validación y empatía. La imitación, al igual que el método de Klontz, implica repetir palabra por palabra lo que el otro cónyuge dice sobre un objetivo monetario.

Después el oyente valida esa perspectiva y considera cual podría ser el estado emocional de su pareja. A continuación, la forma en que un cónyuge podría validar y mostrar empatía con alguien que quiere un velero: “Tiene sentido que quieras un velero. Amas el océano, y de esta manera puedes estar en el océano todo lo que quieras. Me imagino que te estás sintiendo frustrado por el tiempo que has esperado por un velero”.

El proceso se repite para el otro cónyuge. Esa conversación amable, dice Mellan, es la entrada al acuerdo mutuo.

¿Cómo ponerse de acuerdo sobre los hijos de un matrimonio anterior?

Las familias mezcladas están predispuestas para conflictos sobre dinero. Los cónyuges normalmente vienen con diferentes niveles de ahorros e ingresos. Y podrían tener ideas distintas sobre cómo quieren tratar a sus hijos. Cuando esas actitudes distintas chocan, eso puede llevar a batallas acaloradas que sacan emociones profundas a la superficie.

Dave Jetson, fundador de Jetson Counseling en Dakota del Sur, ofrece un ejemplo de su trabajo con Rick Kahler, un asesor financiero y fundador de Kahler Financial Group en Rapid City, Dakota del Sur.

Dos cónyuges estaban batallando sobre cómo repartir el dinero entre sus hijastros en un testamento. (La pareja no tenía hijos juntos, pero cada uno tenía hijos con un matrimonio previo). Tenían un acuerdo prenupcial que estipulaba cómo serían divididos sus activos premaritales, pero la pareja no podía ponerse de acuerdo sobre cómo repartir los activos que adquirieron desde que se casaron.

Los cónyuges habían decidido establecer un fideicomiso, en que en el caso de la muerte de un cónyuge, el otro sería mantenido, y el dinero sería entregado a todos los hijos tras la muerte del segundo cónyuge. Pero había un escollo: la esposa estaba preocupada de que después de la muerte de su esposo, los hijos de su marido encontraría una forma de sacar a sus hijos del fideicomiso.

El conflicto, dice Jetson, se trataba menos de dinero y más de asuntos emocionales, que provenían de una falta de confianza. En lo profundo, la esposa temía que a su esposo le importaban más sus hijos que ella y sus hijos. Tenía miedo que sus hijos no serían cuidados.

Jetson ayudó a la pareja a hablar sobre estos temas. Ambos cónyuges acordaron que tras la muerte de uno de ellos, los fondos serían canalizados a un fideicomiso para el mantenimiento del sobreviviente y después serían distribuidos equitativamente a los hijos tras la muerte del cónyuge sobreviviente.

¿Cómo se puede administrar el conflicto cuando un cónyuge controla las finanzas?

Las discusiones sobre quién está controlando el dinero a menudo ocurren porque las parejas nunca hablan sobre cómo tomarán las decisiones monetarias.

Pero a pesar de que no están hablando al respecto, las decisiones sobre dinero se están tomando y cada cónyuge está actuando con sus expectativas no expresadas. Por ejemplo, el cónyuge que gestiona la cuenta de corretaje quizás invierta en acciones de alto riesgo, mientras que el otro piensa que el portafolio está bien diversificado. Cuando ocurre un desplome en la bolsa de valores, se suscitan las peleas.

A menudo, el cónyuge que cede el control de la gestión diaria del dinero es el “ahorrador”, anota Clayman, la terapeuta financiera. Este o esta no ponen atención a los gastos diarios, y después se molesta con el “gastador” cuando las cosas no avanzan según su plan no divulgado.

Los conflictos también pueden surgir cuando los cónyuges tienen “una diferencia bastante significativa en sus ingresos y uno piensa, ‘Si yo gano más, me toca tener mayor poder en las decisiones”, apunta Zimmerman.

En otros casos, el cónyuge que controla las finanzas podría realizar prácticas que desconciertan al otro. Zimmerman recuerda a una pareja en la que la esposa quedó escandalizada al descubrir que su esposo tiraba las facturas a la basura si andaban cortos de dinero.

“Eso simplemente excedía su imaginación”, dice Zimmerman.

Dice que incluso si está sorprendido por la conducta de su pareja, es importante minimizar el escándalo. “Veamos esto desde la perspectiva de curiosidad en lugar de la perspectiva de ‘quién está haciendo algo equivocado’. La clave es minimizar la defensiva, si no es que eliminarla por completo”.

Pide a las parejas considerar los menajes sobre el dinero que recibieron en su niñez para “realmente ayudar a la gente a aprender sobre sí mismos en el frente monetario”, afirma Zimmerman. Cuando los clientes divulgan esas lecciones monetarias, ella pregunta: “¿Es así como basas tu conducta financiera? ¿Cómo actúas de esa forma?”.

Fuente: The Wall Street Journal, 06/05/15.