El relato progresista, una forma de propaganda socialista

junio 25, 2018 · Imprimir este artículo

“Resignificar” la historia, una herramienta de propaganda socialista

“Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado.”

La “resignificación” volvió al Che Guevara un icono gay, pese a reprimir homosexuales y a Evita en símbolo feminista cuando lo repudiaba.
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En la Edad Media, la invención de la imprenta expandió el alcance y difusión del conocimiento. En la segunda mitad del siglo XX la televisión en el hogar permitió ver sucesos en tiempo real a pesar de la distancia. Eso complicó conservar el relato de los defensores del socialismo, ya que estaba a la vista la miseria y represión en los regímenes de turno.

Así nace la posmodernidad; del desencanto, del rechazo a lo previo y debido a la necesidad de reforma. Los pensadores de la época se vieron ante el reto de desvincular la teoría de la práctica para difundir sus ideas, no desde la evidencia sino desde la dialéctica. “Resignificaron” los conceptos, sucesos y ahora logran convertir a verdugos en héroes.

Gianni VattimoUno de los principales autores y creador del “pensamiento débil”, el filósofo y político italiano Gianni Vattimo, sostiene que en la posmodernidad “lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones”.

Propone un comunismo débil, distinto a la represión y hambruna de la Unión Soviética y China. En su obra Hermenéutica comunista cita como ejemplo a Hugo Chávez en Venezuela, Luis Inácio Lula en Brasil y Evo Morales en Bolivia, a quienes dedica su obra. Pretende resignificar el comunismo, o sea volver a significar. Es decir, cobra un nuevo significado, sentido e incluso valor.

“Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado”, decía George Orwell en su novela 1984, donde advertía al Reino Unido y el mundo cómo sería el futuro si gobernase el socialismo internacionalista.

Luego de décadas de militancia socialista, Orwell pudo ver desde adentro cómo se manejaba esta ideología que requiere la anulación del individuo en pos del colectivo, al punto de sacrificar la voluntad, el pensamiento y el sentimiento personal.

Este proceso se evidenció en Cuba, en la década de los sesenta. Bajo la consigna “el trabajo os hará hombres”, el Che Guevara condenaba a los homosexuales a campos de trabajo forzado. En cada Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP) quienes no eran considerados “aptos para la revolución” debían “hacerse hombres” por la fuerza.

Che GuevaraSin embargo, el socialismo actual, resignificado, no solo no lo castiga a este líder de izquierda, sino que lo promueve: ahora el rostro del Che aparece en banderas y sobre los cuerpos de los manifestantes de las marchas del orgullo gay. Igual ocurre con Eva Perón. Hoy en día en las marchas feministas de Argentina se repite la consigna “si Evita viviera, sería tortillera”, aduciendo que sería lesbiana en jerga local.

Lectura recomendada:  La manía del igualitarismo

Sin embargo, la evidencia indica que Evita, quien fue primera dama, era abiertamente antifeminista. Así lo aclaró en su discurso El paso de lo sublime a lo ridículo:

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Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres.

Creían entonces que era una desgracia ser mujeres… Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como ellos, las “feministas”, la inmensa mayoría de las feministas del mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie de mujeres… ¡que no me pareció nunca mujer!

Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas.

Un día el General me dio la explicación que yo necesitaba.

“¿No ves que ellas han errado el camino? Quieren ser hombres. Es como si para salvar a los obreros yo los hubiese querido ser oligarcas. Me hubiese quedado sin obreros…”

En este discurso se refleja la voz del líder populista, al igual que Marx y Engels, equiparando a la mujer al proletario y al hombre con el burgués, obrero y oligarca en la versión nacionalista del socialismo.

A su vez, se ve (y escucha) que Evita no solo renegó de la ideología y conducta feminista, sino que confesó abiertamente el amor por su esposo, por ende su heterosexualidad.

Pero esto en la posmodernidad es irrelevante. No importan los hechos sino el significado que se les da.

Así permitió que el Che Guevara sea el ídolo de los homosexuales, aunque los reprimía, y Evita de las feministas, pese a que las consideraba ridículas, resentidas, feas y envidiosas de no haber nacido hombres.

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