Hay vida después de la jubilación

septiembre 6, 2016 · Imprimir este artículo

Los que se animan a una nueva vida después de la jubilación

En entidades públicas y privadas, hay más iniciativas de diversión y aprendizaje para personas mayores. 

Por Valeria Román.

Sadi Vergona, integrantes del ballet 40/90

Sadi Vergona, integrante del ballet 40/90.

“Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida”, sostenía el pintor español Pablo Picasso. En la Argentina, hay diferentes iniciativas en marcha para hacer que las personas mayores pueden desarrollar actividades que les interesen. Algunas se enfocan en asignaturas pendientes y otras descubren pasiones que las motivan a seguir adelante y favorecen su salud.

Como le pasó a Maria Ester Litvak, que se jubiló como docente y ahora se dedica a “hacer todo lo pendiente”. Pasa a buscar a sus nietos por la escuela, viaja al exterior y toma todos los cursos posibles. “Aprendí sobre cine, inglés y Borges en el Centro Cultural Rojas de la UBA”. Se anotó como voluntaria en un programa de la Fundación Navarro Viola para personas mayores: ya recibió entrenamiento para ser “mediadora cultural” en museos de la ciudad de Buenos Aires. “Preparamos cada visita de una manera creativa”, contó a Clarín la mujer, que también hace caminatas diarias. “Yo no tengo el oficio de abuela cuida-chico. Mis hijos lo saben. Tengo mi vida y la amo. No me siento desvalorizada. Sé que hay que saber escuchar, y que la valoración social pasa por el lugar en que te ubicás en la vida”.

Maria Ester Litvak, voluntaria que acompaña a adultos mayores en visitas a museos.

Maria Ester Litvak, voluntaria que acompaña a adultos mayores en visitas a museos.

En la sala de teatro Apacheta, que cuenta con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro y se encuentra en el barrio porteño de Balvanera, la obra Mi hijo sólo camina un poco más lento es una apuesta a la integración de las diferentes edades y perspectivas. Allí, Elsa Bloise y Luis Blanco brillan con sus actuaciones. “Yo me casé y me dediqué a hacer trámites para la empresa que tenía mi marido. Pero desde chica me gustaba el teatro, y cada tanto tomaba talleres. Después de cumplir 60, empecé a trabajar en obras de teatro. Los directores veían mi entusiasmo y se me abrieron puertas. Hasta estuve actuando en Berlín. Fue algo inesperado”, comentó Bloise a Clarín. La mujer vive en el barrio de Parque Patricios, hace expresión corporal, y tiene muchos amigos. “Con el elenco del teatro, me siento muy bien. Creo que también depende mucho de uno. Si uno habla todo el tiempo de enfermedades, aburre. Yo siento que no hay que ser pesada. Es una cualidad que hace que la juventud te acepte. A mi me encanta tejer, y les hago escarpines a todos los que me conocen”. Su compañero, Luis, se jubiló como mecánico de autos hace 26 años, pero ahora se le dio la oportunidad como actor: “Me enganché de entrecasa en un taller del centro cultural de Parque Chacabuco, y más adelante empecé con la obra en Apacheta. Hacer teatro me cambió la vida. Es pura felicidad. El grupo es todo amor”.

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jubilación 02Sadi Vergona, de 86 años, fue enfermera en hospitales y sanatorios. Y ahora se luce en un ballet todos los viernes por la noche en el teatro Empire, de Capital. “Después de jubilarme, empecé otra vida. Me formé como instructora de tai chi, y ahora doy una clase por semana. También tomo clases de clown. Soy integrante del ballet 40/90 creado por Elsa Agras para mujeres sin experiencia en baile. Había que tener ganas de bailar y comprometerse con ir. A mí me aportó mucho el movimiento. Siempre es salud y socializante. Cuando era chica, veía las películas de Ginger Roger y Shirley Temple, y nunca pensé que iba a bailar como ellas. Me encanta que el público se vaya feliz y con mucha energía. Uno no puede impedir que los años no vengan, pero hay que darles vida”.

Fuente: Clarín, 06/09/16.

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