¿Quién está quemando iglesias en Europa?

agosto 4, 2020

¿Por qué arden las catedrales?

Por Sertorio.

Catedral de Nantes

El incendio de la catedral de Nantes, que surgió en tres focos distintos y que fue, sin duda, provocado, es el más espectacular de los ataques contra iglesias católicas en Francia, pero sólo uno entre los muchos que no conocemos porque, por lo general, la prensa los calla. Cosa que no sucedería si se tratase de una pintada en la fachada de una mezquita o de la quema de una “bandera” arcoiris. No sabemos todavía quién ha sido el incendiario [1] y no es este caso particular de Nantes sobre el que nos queremos centrar. En Francia, sólo en el año 2018, se produjeron 877 profanaciones de iglesias (ABC, 15/04/2019). En España el número es mucho menor: 47 en el mismo año, frente a los 8 del 2014 (La Vanguardia, 08/06/2020). Ante estos ataques, la respuesta de los organismos del Estado en España es el silencio y el nulo interés por resolver los casos y castigar a los culpables. ¿Cómo va a mostrar la menor intención de hacer justicia un Gobierno que ha protagonizado la mayor profanación de un templo en nuestra época, como fue la del Valle de los Caídos?

Las iglesias y las catedrales arden y son profanadas a diario en toda Europa. Tan sorprendente fenómeno no es producto de una oleada de gamberrismo juvenil, de una moda. Las iglesias arden porque todo un sistema de propaganda y adoctrinamiento progresista ha inculcado en los jóvenes el odio a la Tradición cristiana, objeto hoy día de todo tipo de deconstrucciones por parte de las élites universitarias y políticas. El cristianismo, para la izquierda, es la religión del hombre blanco y el cimiento espiritual de dos instituciones que deben ser abolidas a toda costa: la familia y el matrimonio. [N. de EP: Apoyados por los que impulsan la Agenda Globalista] Además, en muchísimos casos, el cristianismo crea un fuerte sentido identitario que une a los pueblos con sus iglesias, especialmente intenso en Polonia y Lituania con el catolicismo o en Rusia y Serbia con la ortodoxia. De ahí la ferocidad con que la Unión “Europea” se opone a que se reconozcan las raíces cristianas de nuestro continente, que si se define por algo ante las otras civilizaciones es por ser la tierra de los cristianos o “francos”. Pero es precisamente esa genuina identidad europea, esa evidente, real e histórica Tradición, la única operativa durante un milenio, la que se quiere aniquilar desde Bruselas. El borrado de identidad es una condición básica del llamado proyecto “europeo”, cuyo fin es hacer de todo el continente un Hong Kong, un Singapur, un Gibraltar, un espacio que se vacía de todo aquello que no sea mercado.  

Si el lector tiene la paciencia de soportar algunas de las series de televisión más populares con las que se envenena a las masas en España, se dará cuenta de que los personajes religiosos, conservadores y tradicionales siempre son los malos. Es curioso que en estos tiempos, en los que tanto se reniega de los estereotipos, a los católicos y a la gente con valores tradicionales se les cargue con el sambenito de la maldad y sean objeto de una burla inmisericorde y hasta sacrílega, mientras que los progres (incluyendo los curas rojos, claro) son invariablemente buenos y luchan con las luces de la razón contra la barbarie de las tradiciones y costumbres patrias. El católico, el cazador, el taurino, el heterosexual, el padre, la madre, al ama de casa, el militar, el sacerdote, y toda aquella persona que no comparta los valores de los guionistas de extrema izquierda, puede ser estereotipado y escarnecido con tópicos que aplicados a la nueva aristocracia de las minorías protegidas resultarían intolerables. Fijémonos cómo se estigmatiza a la gente del campo, a los que viven de la tierra y sus criaturas, por los ecologistas, animalistas y demás endriagos del bestiario progre. No es sorprendente: el campesino, estamento a extinguir en los designios de los eurócratas, es el depositario de la religiosidad popular (la única verdadera), de las tradiciones de la estirpe y de un sentido comunitario de la existencia. Despoblar el campo y escarnecer a sus habitantes forma parte esencial del proyecto “europeo”, urbano por naturaleza.

Son ya cincuenta años de permanente desprestigio y de indisimulado odio contra la Tradición cristiana, favorecido por las incesantes capitulaciones de la Iglesia postconciliar, siempre callada, siempre cobarde, siempre sumisa, siempre dispuesta a aspirar el humo de Satán en vaharadas cada vez más amplias. Las profanaciones y la iconoclastia irán en aumento mientras no se levante una reacción de defensa de nuestra historia y de nuestra identidad frente a los ataques coordinados y muy bien estructurados de la plutocracia mundial. Las ofensivas realizadas por los mastines del Sistema en los últimos años en Chile o en Estados Unidos o en la propia Europa, han acabado con la destrucción de los símbolos de nuestra memoria, como las estatuas de Colón o las de los héroes de la América Confederada, pero también de Cervantes, de Isabel la Católica o de San Junípero Serra. Todo esto ante las protestas tímidas y con la boquita pequeña de gobiernos como el español, que en realidad apoyan toda esta barbarie. Bueno, pues tanto en Chile, como en Estados Unidos, como en Europa, también cruces e iglesias fueron el blanco de los ataques de los racistas eurófobos. Y con toda la razón del mundo, la misma que hace que todos los radicales negros se conviertan al Islam: el cristianismo, aunque universal por naturaleza, es históricamente europeo, está ligado a nuestras raíces, lo hemos hecho nosotros. No tardaremos en ver movimientos similares en la izquierda postmarxista y antiblanca: Roger Garaudy fue sólo un precursor. La islamización del continente forma parte del proyecto de aniquilación de nuestra identidad. Recordemos: uno de los factores de la formación de la Europa medieval fue la resistencia de sus pueblos a ser islamizados, algo que se demostró con una oposición activa y militante, incluso bélica, como se ve en las Cruzadas, pero también en aquellos mártires cordobeses del siglo IX, que se sacrificaron ante el todopoderoso emirato omeya para afirmar su identidad cristiana y para combatir la arabización de su pueblo: ¿Pero quién se acuerda de Eulogio, de Paulo Álvaro y de los Mártires de Córdoba? Bergoglio, sin duda, los excomulgaría hoy.

¿Por qué, pues, arden las catedrales? Porque es el resultado inevitable de nuestro sistema educativo y de los antivalores que se instilan en las masas por el poder. No tenemos tan corta memoria como para ignorar la devastación que causaron los rojos durante nuestra guerra del 36: las iglesias destruidas, las obras de arte quemadas y el martirio de miles de fieles. Ellos son los mismos, no ha cambiado en nada su odio a la Cruz. Y lo mismo pasa en toda Europa. Lo que Azaña y Giral toleraban en su tiempo, ahora lo permiten Sánchez y sus cómplices.

Todos los países europeos que defienden su identidad, el no acabar anegados en el amnésico y bestializante melting pot mundialista, acaban por luchar por los símbolos y la herencia inmaterial, algo mucho más importante que la economía y la política. Y algo, además, que se sabe por instinto, que no necesita de grandes discursos porque corre en nuestra sangre. Por ejemplo, en Rusia, un mes antes de las elecciones presidenciales de 2012, las gamberras del grupo Pussy Riot profanaron el templo de Cristo Salvador en Moscú. Todo el mundialismo salió en defensa de las delincuentes, de las profanaciones y de las blasfemias, pero a Putin no le tembló el pulso y las indeseables niñatas fueron procesadas con benévolo rigor por las autoridades. La estimación de voto para Putin estaba en un 59% antes de este suceso. En las urnas subió a un 63%. Es decir, un pueblo sano reacciona de forma sana. Por cierto, todos estos movimientos y grupúsculos antieuropeos tienen una nota común: cantan, escriben y hablan en inglés, la lengua de los apátridas. Trump ha afirmado que se aplicará la ley a los cafres que han destruido las propiedades públicas en los motines mundialistas de estas semanas. Seguro que tampoco baja en estimación de voto. Sólo los pueblos muy degenerados pueden sufrir estas ofensas sin chistar. El camino está marcado. O defendemos nosotros nuestros templos y nuestra memoria o todo arderá con la complicidad de las autoridades. No serán los gobiernos “europeos” ni las jerarquías religiosas los que hagan algo por defender el legado de la Tradición cristiana.

Fuente: prensarepublicana.com, 2020

Más información:

Un mundo que cambia. César Vidal

Manipulación mediática

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La cabaña (2017). [The shack]

abril 11, 2020

Película completa en español

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Trailer

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La cabaña (título original: The Shack) es una película dramática de 2017 dirigida por Stuart Hazeldine, basada en la novela homónima de William Paul Young.1​ Es protagonizada por Sam WorthingtonOctavia SpencerGraham GreeneRadha MitchellAlice Braga y Tim McGraw.

La filmación inició el 8 de junio de 2015 en Vancouver, Canadá. Fue estrenada en Estados Unidos el 3 de marzo de 2017 y ha recaudado cerca de 80 millones de dólares a nivel mundial.

Algunos detalles del comiezo

Mackenzie sufre de maltrato físico y emocional por parte de su padre cuando es apenas un niño de 13 años. Siendo ya un adulto, debe afrontar vivencias trágicas…

La cabaña es una película cristiana que vale la pena ver y analizar. Algunas personas critican detalles, pero estos son irrelevantes. (Ver más abajo otros comentarios)

Premios

En 2017, la película ganó un Dove Award, en la categoría Película inspiradora del año.

Referencias

  1.  Fleming Jr, Mike (5 de noviembre de 2014). «Faith-Based Bestseller ‘The Shack’ Film Finds Director In Stuart Hazeldine»deadline.com. Consultado el 9 de junio de 2015.
  2.  Kroll, Justin (2015). «Sam Worthington to Star in ‘The Shack’ With Octavia Spencer (EXCLUSIVE)»variety.com. Consultado el 2015.
  3.  Kroll, Justin (2015). «Octavia Spencer to Play God in Lionsgate’s Adaptation of ‘The Shack’ (EXCLUSIVE)»variety.com. Consultado el 2015.
  4.  https://www.washingtonpost.com/news/morning-mix/wp/2016/12/21/why-god-is-a-curvy-black-woman-in-the-shack-and-some-christian-critics-say-its-heresy/
  5. ↑ Saltar a:a b c Busch, Anita (2015). «‘The Shack’ Movie: Graham Greene & Others Join Cast Of Lionsgate’s Faith-Based Pic»deadline.com. Consultado el 2015.
  6.  Pedersen, Erik. «Sumire Matsubara Joins ‘The Shack’; Trio Set For ‘Amy Makes Three’; ‘Tallulah’ Rounds Out Cast»Deadline. Consultado el 2015.
  7. ↑ Saltar a:a b c d e f Sneider, Jeff (2015). «Tim McGraw, Alice Braga Join Sam Worthington in Faith-Based Drama ‘The Shack’»thewrap.com. Consultado el 2015.
  8.  «The Shack (2011)»Rotten Tomatoes. Consultado el 2017.
  9.  «The Shack reviews»Metacritic. Consultado el 2017.

Enlaces externos


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«La cabaña»: lo bueno que ofrece la película y lo malo ante lo que conviene ir prevenido

Octavia Spencer y Sam Worthington, dos buenos actores para dos papeles comprometidos.

Octavia Spencer y Sam Worthington, dos buenos actores para dos papeles comprometidos

Por Carmelo López-Arias.

Precedida por un éxito arrollador en Estados Unidos los dos años precedentes, en 2009 se publicó en español la novela-alegoría con la que William Paul Young buscaba trasladar al lector el sentido del sufrimiento como parte del plan para nosotros de un Dios inmensamente bueno. O, incluso, más que el sentido del sufrimiento, el sentido de la vida en general, por más que los hombres sólo cuestionemos a Dios por lo que nos sucede… cuando lo que nos sucede no se ajusta a nuestros deseos.

Tras 22 millones de ejemplares vendidos en varios idiomas, se ha estrenado este año (en marzo allí, en octubre aquí) la versión cinematográfica, muy fiel al original literario, de La cabaña [The shack], dirigida por Stuart Hazeldine e interpretada en el papel principal por Sam Worthington (Avatar, Furia de titanes, Everest, Hasta el último hombre), rodada en Canadá con un presupuesto de veinte millones de dólares. El productor es Gil Netter (Agua para elefantes, La vida de Pi), educado como católico.

En el origen, un crimen
La trama tiene arranque de thriller. Mack tiene una vida casi perfecta. Está felizmente casado, sus hijos crecen sanos y alegres, goza de un buen trabajo y un buen nivel de ingresos. Pero un verano, durante unos días de descanso en un campamento de las montañas de Oregón, la pequeña de la casa, Missy, desaparece. No pasan muchas horas sin que la policía deduzca primero, y confirme después, que ha sido víctima de un asesino en serie largamente buscado. Pero el cuerpo no aparecerá jamás.

Comienza entonces para la familia «la gran tristeza”, una enfermedad que corroe el alma y a la que Mack no consigue adaptarse. Le carcome el dolor por la ausencia de la niña, pero también preguntas que dirige a Dios y para las que no consigue respuesta. ¿Por qué ella? ¿Por qué yo?¿Por qué la inocencia perece a manos de la iniquidad?

Años después de una tragedia que siente aún vivísima, Mack es convocado misteriosamente a un lugar maldito para él: la cabaña donde se encontraron las evidencias físicas del crimen. Acude con el temor de que se trate del asesino, pero intrigado al mismo tiempo porque la forma de la convocatoria apuntaría a que podría ser Dios quien le reclama. Y lo que se encontrará, tras un duro momento de evocación de su hija y de rebelión contra el Creador por su muerte, es a tres personas: una mujer negra, un hombre joven de apariencia palestina e indumentaria de trabajador (el israelí Avraham Aviv Alush) y una mujer de aspecto grácil y rasgos asiáticos. 

La reflexión teológica 
Si decimos que en La cabaña esos tres personajes representan a las tres personas de la Santísima Trinidad, respectivamente Padre, Hijo y Espíritu Santo, podrá pensarse que estamos ante una obra irreverente y blasfema. No es así, aunque desde luego pueda cuestionarse la oportunidad de la caracterización, la necesidad de semejante choque icónico, e incluso, salvo en el caso de Jesucristo, la legitimidad de esa antropomorfización.


El protagonista, rodeado de las tres personas divinas. Una licencia más que discutible, pero que no envuelve una intención irreverente, más bien al contrario. Otra cosa son los errores teológicos que se deslizan en sus respectivos papeles en el film

Más que ofender a Dios, quiso Young en la novela, y como asesor del guión, romper esquemas visuales como paso previo a romper esquemas mentales sobre lo que pensamos de Dios y de su intervención -o no intervención- cuando nos van mal las cosas.

A partir del momento en el que Mack establece ese contacto tan personal con Dios, la película se vuelve más discursiva, con las conversaciones entre las tres Divinas Personas, y de ellas con Mack, para explicarle en qué consiste la vida intratrinitaria y cómo interviene Dios en la vida de los hombres. Lo hace conforme a un plan que los hombres desconocen y por tanto no pueden ni deben valorar, pero que siempre está guiado por el amor infinito de quien es Creador, Redentor y Santificador.

La metáfora del Padre Pío
Decía el Padre Pío que los hombres contemplamos la realidad como un niño sentado bajo el telar donde la abuela teje un dibujo con ovillos de lana. El pequeño solamente ve un abigarrado, informe e incomprensible conjunto multicolor de hilos sueltos. Su abuela, por encima, ve si embargo la lógica, el sentido y el esplendor del cuadro. Es como contempla Dios el mundo: cada hilo tiene su razón de ser, aunque visto desde abajo puede parece absurdo.

Como le dice en un momento dado Dios Padre (la oscarizada Octavia Spencer) a Mack, «cuando lo único que ves es tu dolor, me pierdes de vista».

Es la idea que transmite Dios Padre a Mack. Queremos darle sentido al mundo en el que vivimos, le dice, a través de una visión incompleta de la realidad. Nuestro error es que no admitimos que Dios es bueno y que todo, absolutamente todo lo que Él hace (los fines, los medios y las vida de cada una de sus criaturas) está previsto para nuestro bien.

El «reconfortante mensaje» de La cabaña, afirma Steven D. Greydanus, crítico de cine del National Catholic Register, es que, «a pesar de todo el sufrimiento y el mal que hay en el mundo, Dios realmente es bueno, todopoderoso y nos ama mucho. Cómo exactamente lo hace es un misterio que no podemos comprender plenamente; en última instancia debemos confiar en la bondad de Dios, incluso ante sufrimientos y males y a pesar de nuestro limitado entendimiento».

La polémica
La película, estrenada en marzo en Estados Unidos, generó allí una polémica que reproduce la de hace una década con la publicación del libro. Tanto los mayores elogios como las mayores críticas las recibió en el ámbito protestante, al que pertenece William Paul Young, padre de seis hijos y que se autodefine como «fundamentalista evangélico«.

En el ámbito católico la polémica es menor, quizá porque, como señala la hermana Rose Pacatte, crítica de cine del St. Anthony Messenger [Mensajero de San Antonio], la imaginación católica está mejor dispuesta que la protestante para la metáfora, la analogía y el sentido sacramental de las personas y las cosas que nos rodean.

Todos coinciden en elogiar algo en La cabaña: la forma en que se explica el sentido del dolor y del sufrimiento en el plan de Dios. Nick Olszyk cuenta en The Catholic World Report que él mismo la vio cuando se sentía en cierta rebelión contra Dios por el hijo perdido en un reciente aborto espontáneo sufrido por su esposa. La película le ayudó: «Sentí la presencia amorosa de Dios, fue una experiencia gratificante y tremendamente catártica«.

La polémica, entonces, ¿por qué es? El punto menor es el visualmente más llamativo: la caracterización de las tres Divinas Personas en sí misma considerada, algo «incómodo», pero no una «objeción real» según la reseña de Catholic News Service, agencia dependiente del episcopado norteamericano, pues el Padre y el Espíritu Santo «son libres para manifestarse en la forma que deseen».

Monica Migliorino Miller, por ejemplo, evoca en Crisis Magazine la zarza ardiente que habló a Moisés.

La opinión del obispo Barron
Robert Barron, hoy obispo auxiliar de Los Ángeles, valoró en su día el libro ensalzando que presentase a Dios al lector (también al espectador hoy) «no como una vaga abstracción, ni solo como un Dios uno», sino también como «un Dios trino», esto es, el «Dios cristiano«.

En La cabaña Dios «no es un poder distante, como en el deísmo, sino alguien que nos conoce íntima y personalmente, y es alguien a quien podemos hablar como a un amigo; ésa es la finalidad de toda la vida espiritual, entrar en amistad con Dios». Barron señala también que «la forma en que se resuelve el problema central (cómo concilias un sufrimiento terrible con el amor infinito de Dios) es una forma bíblica, la del libro de Job y la de la perspectiva total de Dios, a la que no podemos ni aproximarnos». El libro y la película invitan así «a confiar en Dios aunque no puedas ver claramente que es lo que Dios está haciendo». 

Todos esos son los aspectos positivos. Barron lamenta, sin embargo, que en algunos momentos, «Dios suena demasiado como Martín Lutero«, y La cabaña presenta «una lectura muy protestante» sobre «la ley y la religión» o sobre «la ley y la gracia». Lutero las opone, los católicos no: «La ley es la estructura lógica de la vida espiritual», no es «la enemiga de la gracia», sino «su socia». La «religión estructurada» y «el orden y la ley moral» «no se oponen a la misericordia de Dios, sino que son los elementos estructurales de la vida espiritual». 

La paz del alma
En efecto, tal como señala Barron, hay momentos en La cabaña en los que se equipara a todas las religiones o se censuran las estructuras intermediarias entre Dios y los hombres, por tanto la Iglesia misma (Young se considera cristiano no denominacional). Incluso hay alguna desconsideración a la Biblia como expresión fijada de la Palabra de Dios.

En ese sentido, en La cabaña los errores dogmáticos son abundantes, y los han señalado tanto analistas católicos como protestantes: resabios patripasianos, una herejía del siglo II según la cual Dios Padre se habría encarnado en Jesucristo, sufriendo la Pasión; errores sobre el Espíritu Santo, como si solo procediese del Hijo; un Dios tan inclinado a la misericordia que parece no dejar lugar a la justicia ni al castigo de los pecados, de tal forma que no queda claro si el infierno existe o no, o al menos si hay alguien en él o lo habrá en el futuro; o el aire New Age de ciertas expresiones y actitudes del «Espíritu Santo».

Quedan así expuestos los dos platos de la balanza sobre la película: el debesus graves problemas y su «emocionalismo», y el haber, lo «ortodoxa y contra-cultural» que resulta a menudo al abordar con valentía temas que la cultura dominante aborrece, como el cielo, el infierno, el pecado, el arrepentimiento, el perdón, el más allá, la redención…

En cuanto a la película como puro cine… la tragedia de Missy y de su padre toca con talento el corazón del espectador, investigando con hondos sentimientos la relación rota entre ambos. También para esa historia hay un final. Si triste o alegre, no lo desvelaremos, ni tampoco su impacto sobre el deseo más intenso de Mack: la paz del alma.

Fuente: religionenlibertad.com, 2017.

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Geoplítica y Religión

febrero 28, 2019

Geopolítica, diplomacia y religión

Hoy el mayor peligro es el terrorismo con el uso de la violencia con fines políticos. El fundamentalismo islámico es el mayor desafío no solo para las sociedades musulmanas sino para todas las culturas y religiones. Geopolítica, diplomacia y religión presentan una trilogía indisoluble

Por Julio César Pineda. [email protected]

La geopolítica se ha convertido en un instrumento de la disciplina fundamental de las relaciones internacionales, estudia las relaciones entre el espacio geográfico con sus proyecciones y la política. Trata de comprender y explicar el complejo y dinámico mundo de la diplomacia en función de la paz y del conflicto. Hoy, problemas como los de Siria y su guerra interminable, la confrontación no terminada entre las dos Coreas y el diferendo palestino-israelí, la percepción del desafío nuclear iraní, la crisis de la Unión Europea, los desafíos de la democracia latinoamericana y tantas otras cuestiones, ya no son enfocadas en la visión maniquea del mundo bipolar con dos bloques rivales bajo la hegemonía del capitalismo y el comunismo. El imperativo de la diplomacia, por la existencia del arma nuclear, es el de la solución pacífica de las controversias internacionales por el diálogo y la negociación. Esto exige la comprensión de cada pueblo, nación y civilización, pero también el conocimiento y el acercamiento al Estado extranjero, pero también a su pueblo y a su cultura. De allí la tridimensionalidad de la diplomacia actual y de la geopolítica, en la expresión de normas y derecho, tanto nacional como internacional, para poder dar respuesta a lo fenomenológico del hecho social, bajo criterios de valores y de ética.

Un nuevo modelo

Los hombres y los pueblos continúan organizándose en un territorio con fronteras y formas estatales y regímenes políticos diferentes. Todos se reclaman democráticos y sujetos a la defensa de los Derechos Humanos. Con el ejemplo de la Unión Europea (UE) se ha venido conformando un nuevo modelo de Estado regional o una nueva geopolítica, bajo el principio de la supranacionalidad y en la búsqueda de mayores espacios geopolíticos y geoeconómicos. En América Latina el Mercosur, la Comunidad Andina, el Caricom, el Sistema de Integración Centroamericano y la Alianza del Pacífico están en esta dirección y han privilegiado lo ecológico y el pluralismo, mientras que sistemas continentales como el ALBA y Unasur tienden a desaparecer por la politización e ideologización de los mismos.

El hecho nuclear también es parte de la nueva geopolítica y la diplomacia. El reciente debate atómico impulsado por el presidente Trump con Corea del Norte y con Irán, abre una nueva amenaza heredada de la Guerra Fría como es la proliferación nuclear donde el binomio de las bombas atómicas con los sistemas de misiles pueden terminar con nuestra historia y cultura. Ya no son solo los cinco Estados del Consejo Seguridad los que posean esta arma de destrucción masiva, sino también Israel en el Medio Oriente, India y Pakistán en el Lejano Oriente y en la península coreana el régimen de Pyongyang.

Factor esencial

En la nueva geopolítica mundial y dentro de los espacios de las civilizaciones con su territorio, población, idioma y su sistema cultural que implica valores espirituales, intelectuales e ideológicos; las religiones constituyen un factor esencial para la guerra o para la paz, especialmente las grandes religiones monoteístas: el cristianismo, el judaísmo y el Islam. Pero también otras religiones como el hinduismo, el budismo, el taoísmo y el confusionismo. La Iglesia católica con sus últimos Papas ha reconocido la importancia esencial en la geopolítica y la diplomacia moderna del fenómeno religioso. Se ha pronunciado por ecumenismo y por el diálogo interreligioso, incluyendo la posibilidad de un futuro Parlamento Mundial de las Religiones, más allá del compromiso político y diplomático de la Organización de las Naciones Unidas y su carácter intergubernamental. Toda religión implica creencias y prácticas culturales, individuales y colectivas dentro de la comunicación del hombre con lo sagrado o lo divino. El sistema comunista proclamó el ateísmo como parte de la revolución social, pero con la caída del Muro de Berlín y el fin de la Cortina de Hierro desde 1991 en lo que era la Unión Soviética y sus áreas de influencia, hay un renacimiento espiritual. Las tres grandes religiones monoteístas cubren casi todo el planeta, mientras que las demás están circunscritas a regiones determinadas. El cristianismo ha logrado superar el binomio religión-política y ha influenciado con su filosofía humanista el ideal democrático de la sociedad. El Islam, que también es una religión de vocación universal, no ha logrado resolver este dilema tanto en la versión chiíta propia de Irán como de la sunita de Arabia Saudita.

Precisamente, hoy el mayor peligro es el terrorismo con el uso de la violencia con fines políticos. El fundamentalismo islámico es el mayor desafío no solo para las sociedades musulmanas sino para todas las culturas y religiones. Geopolítica, diplomacia y religión presentan una trilogía indisoluble en función de la seguridad nacional e internacional; y el terrorismo y la proliferación nuclear, una amenaza constante contra la cual debemos actuar. 

Fuente: eluniversal.com, 10/05/18.

Más información:

Londonistán: 423 mezquitas y 500 iglesias cerradas

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