Hoy en Argentina, las metas de inflación no existen

febrero 6, 2018

En la Argentina actual, las metas de inflación no existen

Por Aldo Abram. 

argentina

El sistema ideal para un país que vivió largo tiempo con fuertes subas de precios y que, incluso, no tuvo un indicador confiable de su variación es el de metas de inflación, ya que permite que la gente pueda negociar acuerdos y contratos sobre la base de una brújula común. Recordemos lo conflictivas que fueron las negociaciones de paritarias de 2017. Volverán a serlo este año, ya que nadie cree en el nuevo objetivo de 15%. ¡Cuán distinto hubiera sido si en 2017 se hubiese cumplido con el alza de precios pautada como techo, de 17%!

Para que las metas de inflación existan, su cumplimiento debe ser la prioridad para el Banco Central (BCRA). Pero, hasta hoy, su principal preocupación fue licuar los problemas que genera un exorbitante gasto público y luego ver de bajar la inflación al mínimo posible. Por eso, no se puede decir que haya objetivos de inflación en la Argentina.

El principal instrumento con el que cuenta el BCRA para controlar el alza de los precios es la emisión de pesos. Si se emite más, el peso perderá más valor y, por ende, todos los bienes y servicios medirán más contra ese metro que se achica. Si se produce menos moneda, su depreciación será menor y, por lo tanto, todo subirá menos contra ella. Sin embargo, como en 2017 el Estado necesitaba financiamiento, se emitieron $150.000 millones para cubrirlo. Además, dado que el enorme déficit fiscal de los tres niveles de la administración pública (Nación, provincias y municipios) absorbía gran parte del crédito local secando la plaza para el sector privado y subiendo la tasa de interés, el BCRA emitió para aumentar el financiamiento y disminuir su costo, particularmente antes de las elecciones.

Con toda esta producción de pesos -que, por ejemplo, en el primer semestre se elevó en más de un 30% interanual- era imposible que la inflación bajara a menos de 17% y alcanzara el 24,8%. Además, cuando el BCRA decidió no defender el valor del peso ante la minicorrida contra nuestra moneda de mayo-agosto 2017, advertimos que el achicamiento de nuestro «metro» ($) se reflejaba primero en el tipo de cambio (por lo líquido de ese mercado), pero que luego lo veríamos en los bienes y, con algo más de paciencia, en los servicios, porque sus precios se fijan en esa misma unidad de medida que se redujo. Es lo que sucedió: si comparamos la suba de precios anualizada del segundo semestre de 2016 (18,5%) con la del mismo período de 2017 (más de 24%) la inflación subió, lo cual no debería extrañarnos. Es importante recalcar esto, porque hoy estamos viendo otra minicorrida contra el peso y un BCRA que no solo no lo defiende, sino que incentiva la depreciación de la moneda. Seguramente, luego se «sorprenderá» cuando la inflación anualizada del primer semestre de 2018 supere el 20%.

Para colmo, como aun así a los tres niveles de Estado no les alcanzaba para pagar sus excesos de erogaciones, colocaron una gran cantidad de deuda afuera, inundando el mercado local de divisas y haciendo que su cotización baje. El BCRA salió a paliar el impacto que esto tenía en los productores de bienes, cuyos precios dependen del tipo de cambio, sosteniéndolo con compras de reservas. Si hubiera emitido pesos también para adquirir todas esas divisas, la inflación hubiera superado la de 2016, por lo que mayormente lo hicieron con endeudamiento carísimo. Esto no solo ralentiza la recuperación de la solvencia del BCRA; además implicó sacar financiamiento del mercado local y, por ende, un menor incremento de la demanda interna, lo que seguramente generó una peor evolución de la economía. Algo notable para un BCRA que justifica que no cumple las metas para no afectar la actividad.

Así ingresamos a otro mito: que el BCRA puede incentivar el crecimiento con mayor expansión monetaria. Es cierto: en estos años emitió proveyéndoles mayor poder adquisitivo a quienes obtuvieron créditos más baratos; al sector público, al que le transfirió recursos, y a los productores de bienes, que tuvieron mejores precios porque evitó que baje más aún el tipo de cambio. Sin embargo, ese poder de compra se lo quitó con el impuesto inflacionario a los tenedores de pesos, particularmente a los más pobres, que son los que proporcionalmente atesoran una mayor proporción de sus ahorros. Así que además incentivó una redistribución muy injusta. Si a eso le sumamos que más inflación genera mayor percepción de riesgo y por ende menos consumo e inversión, la realidad es que no hay forma de que el accionar del BCRA haya incentivado el crecimiento; al contrario, lo redujo.

Conclusión: es necesario que el BCRA cambie la estrategia que llevó hasta ahora y priorice la defensa del valor del peso cumpliendo con las metas de inflación para que estas realmente existan. Así, la menor incertidumbre nos permitirá un mayor crecimiento económico y recuperar la solvencia del BCRA.

—El autor es economista y director de la Fundación Libertad y Progreso.

Fuente: La Nación, 28/01/18.


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Argentina: ¿Por qué no baja la inflación?

febrero 5, 2018

Las cinco razones por las que la inflación no cede

Dólar, tarifas, emisión, falta de inversiones y expectativas en alza forman el cóctel inflacionario argentino.

Por Annabella Quiroga.

Las cinco razones por las que la inflación no cede

La evolución de la inflación, según el IPC Congreso de diciembre 2017.
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El ministro Hacienda, Nicolás Dujovne, acaba de reconocer que la inflación no baja al ritmo que el Gobierno quiere. Tras la «recalibración» de las metas para este año que la plana mayor del equipo económico anunció el 28 de diciembre pasado -cuando llevó el techo de 2018 al 15% anual-, los precios retomaron la escalada y para algunos economistas existe riesgo de que la inflación de este año iguale o incluso supere la de 2017.

inflaciónEn enero, los analistas estiman que el índice llegó a 2,4% y para febrero prevén una suba de 2%. Así, el primer trimestre acumularía un alza de al menos 6%, lo que consumiría el 40% de la nueva meta inflacionaria prevista para todo el año. Detrás de la escalada anidan las expectativas de los agentes económicos, los aumentos de los servicios regulados, la suba del dólar, la emisión monetaria a gusto del fisco y la falta de inversión para ampliar la matriz productiva.

Expectativas: el viernes pasado, el Banco Central difundió el primer Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del año, con una inflación anual de 19,4%, casi cinco puntos arriba de la meta oficial y dos puntos por encima de lo que se estimaba hace 40 días atrás. El incumplimiento de la meta del año pasado -era de 17% y la inflación fue del 24,8%- y la recalibración, golpearon la credibilidad del Banco Central y empujaron hacia arriba las previsiones futuras. Para la consultora Economía & Regiones, «el Banco Central tiene menos credibilidad y reputación que a comienzos de 2017, con lo cual su capacidad para influenciar (a la baja) sobre las expectativas de inflación es menor. Si la política monetaria no cambia, lo más probable es que la inflación de este año sea similar a la del año pasado; o incluso puede subir un poco».

Servicios regulados: el Gobierno decidió arrancar el año con una escalada tarifaria, que no por anunciada tuvo menos impacto en los bolsillos y en las expectativas. Las subas de transporte, luz, gas y prepagas generaron malhumor y quejas y a la vez, le fijaron un piso alto a la inflación del primer trimestre. Según la consultora LCG, a partir de estos aumentos el piso de enero quedó en 1,5%, el de febrero en 1,8%, el de marzo en 1,7% y el de abril en 1,9%.

Repunte del dólar: la divisa estadounidense subió 15% entre diciembre y enero. Sólo en el primer mes del año aumentó 5%. Si bien venía de varias meses planchada y en 2017 perdió por varios cuerpos contra la inflación, el repunte de enero hizo que muchas empresas remarcaran los precios, con el argumento de que dependen de insumos o de los precios internacionales de loscommodities. C&T Consultores detectó una suba del 3,1% en los alimentos en el primer mes del año, con una inflación general de 2,4%. Así, el pass throught meterá la cuchara en la inflación 2018. Pero para todo el año, el REM prevé que la devaluación será del 17%, por lo que la divisa volvería a perder la carrera contra la inflación.

Emisión monetaria: con un déficit fiscal del 4%, la emisión de pesos está condicionada por las necesidades del fisco. Un informe del economista Ramiro Castiñeira puntualiza que en 2016 y 2017 el Banco Central «emitió para financiar al fisco $300.000 millones, y para duplicar las reservas -de US$25.000 a 55.000 millones- emitió otros $475.000 millones». Para «esterilizar» estos pesos, en dos años emitió Lebac por $400.000 millones y expandió la base monetaria por $377.000 millones. Así, la mayor cantidad de pesos en la calle presiona sobre los precios. «Desde 1944 ,salvo contados períodos, tenemos inflación de dos dígitos. Todos los programas antiinflacionarios fracasaron porque ninguno reconoce el origen del problema: el déficit fiscal,» dice Castiñeira. [Nota de EconomiaPersonal: Esta es la verdadera causa de la inflación, la emisión sin respaldo para pagar el déficit fiscal]

Falta de inversión: “Afuera nos dicen que cuanto más rápido baje la inflación, más van a invertir”, dijo el presidente Mauricio Macri durante su última gira por Europa. Mientras para unos la inflación es un freno sobre las inversiones, para otros es una causa directa: la falta de inversiones impide aumentar la matriz productiva y esto limita la oferta. Cuando el consuma repunta y la demanda aumenta, la oferta escasa juega a favor de la suba de precios.

Fuente: Clarín, 05/02/18.


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Argentina: Inflación estimada para 2017

septiembre 4, 2017

Estudio privado descarta que pueda cumplirse la meta de inflación en 2017

Para la consultora Economía & Regiones la inflación de agosto se ubicó en el 1,4%. Proyectó que cerraría el año «en torno al 23%».

La inflación núcleo en agosto fue más alta que la general.
La inflación núcleo en agosto fue más alta que la general.
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La inflación de agosto se ubicó en el 1,4%, con una desaceleración frente al 2% de julio, estimó Economía & Regiones (E&R), y proyectó que cerraría el año «en torno al 23 por ciento», con lo cual se incumpliría la meta anual oficial que prevé un techo de 17 por ciento.

e commerce en argentinaAsimismo, la consultora calculó que la inflación núcleo (no toma en cuenta bienes y servicios con precios regulados, o que tienen alto componente impositivo) fue en agosto de1,8%, «el mismo valor» que en julio, y advirtió que «sigue siendo elevada y se encuentra ‘clavada’ hace 13 meses» en ese guarismo.

«Es decir, hay inflación porque hay inflación, no porque suben las tarifas. Esto es sinónimo de que el proceso desinflacionario continúa abortado, descartándose la posibilidad de cumplir la meta de 2017″, evaluó.

De acuerdo a sus estimaciones, el Índice de Precios al Consumidor en términos interanuales llegó en agosto a 23,4%, mientras que la tasa de la inflación núcleo en la variación anual fue de 23,1 por ciento.

El análisis planteó que «la inflación de agosto se explica más por aumentos de no regulados que por regulados». Según el relevamiento de E&R, el aumento de precios en rubros no regulados en agosto fue: Mantenimiento del hogar (+2,5%), Esparcimiento (+2,12%); Indumentaria (+1,50%), y Educación (+1,11%), que «aportaron al índice +0,10; +0,06; +0,12; y +0,02 puntos porcentuales, respectivamente».

Además, señaló que Alimentos y Bebidas (+1,2%) «se aceleró» en agosto frente a julio (+0,9%) «siendo los fiambres, panificados, huevos y lácteos los que más se incrementaron», contribuyendo al índice general «+0,45 puntos porcentuales».

El informe indicó que los únicos rubros regulados que se incrementaron fueron Medicina (+4,43%), y Comunicaciones (+4,56%) «aportando al índice conjuntamente +0,54 puntos porcentuales».

«En paralelo, no hubo aumentos de Combustibles ni de Servicios Públicos«, puntualizó.

En contrapartida, remarcó que «los peajes sufrieron una baja en relación al mes anterior (-13,1%)» y explicó que en ese sentido la caída del rubro transporte «tira para abajo la inflación general de agosto», que se desaceleró según la medición 0,6 puntos porcentuales contra el 2 por ciento de julio.

La consultora auguró que «los meses siguientes no serían fáciles en materia de precios» porque se prevé una suba «de la Medicina Prepaga en septiembre (+5%)», no descarta «otro aumento» en los combustibles, y «se espera un incremento del 19% en la luz para noviembre». Para E&R, «la inflación promedio mensual difícilmente rompa el piso de 1,3% promedio mensual» en lo que resta del año, con lo cual «la inflación cerraría el año en torno a 23% interanual en diciembre 2017, y se incumpliría el techo de la meta(17%)».

«El BCRA pretende terminar el año con una inflación en torno al 0,8 y 0,9 por ciento mensual, de manera que esta inflación en términos anualizados se ubique en línea con la meta de 2018 (8/12 por ciento). Según nuestro análisis, no es sencillo alcanzar este objetivo de corto plazo con la actual política monetaria», concluyó.

Fuente: infobae.com, 04/09/17.


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Argentina: Ratifican las metas de inflación para 2017 y 2018

septiembre 1, 2017

El BCRA ratificó las metas de inflación para 2017 y 2018

El presidente de la entidad, Federico Sturzenegger, calificó de «muy consistente» la política de establecer rangos para el aumento de precios previsto.

Federico Sturzenegger, presidente del BCRA. (NA)
Federico Sturzenegger, presidente del BCRA.
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El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, dijo que «se ven las primeras mejoras importantes» en materia de inflación, al tiempo que ratificó la meta de 17% para este año y del 10% para 2018.

BCRASturzenegger expresó estos conceptos durante una jornada sobre Gestión Pública organizada por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires.

Al responder algunas preguntas de los asistentes afirmó que el Banco Central ha sido «muy consistente» con su política de metas de inflación y señaló que «la economía está creciendo a un ritmo del 4% anual desde hace 9 meses«.

En materia de inflación, explicó que al principio «fuimos agresivos» con la suba de la tasa de interés y que desde mayo se ubica en un nivel anual del 18 por ciento.

El presidente del Banco Central indicó que «los analistas dicen que va a seguir bajando«, al hacer referencia al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM).

«La meta del año que viene es 10 por ciento en más o menos uno o dos puntos. Los analistas dicen que es 15% y que en 2019 será de un dígito», explicó.

El funcionario señaló al respecto que «vemos las primeras mejoras importantes» en materia de reducción de la inflación.

Por otro lado, relativizó el impacto del déficit fiscal en la evolución de los precios de la economía, al afirmar que «lo relevante es ver cuánto le pide el gobierno al Banco Central«.

«El Gobierno aplica una política gradual para bajar el déficit pero con el Banco Central fue más abrupto. De pedir 2,5 puntos del PBI en el primer año, bajó al 1,5 y en 2018 será menor. Lo va a anunciar el ministro de Hacienda (Nicolás Dujovne)», indicó.

En materia de optimización de la gestión del Estado, el funcionario indicó que «entre 2008 y 2015 por no ampliar la familia de billetes el anterior gobierno tuvo un mayor costo de 640 millones de dólares«.

Indicó que este año, por la impresión de billetes de 200, 500 y 1.000 pesos el Banco Central ahorrará poco mas de 2.200 millones de pesos.

El titular de la máxima autoridad monetaria también defendió el camino seguido por el Gobierno en materia económica al indicar que «esta no es una recuperación efímera«.

Fuente: infobae.com, 01/09/17.


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Argentina: Pronostican 20% de inflación para 2017

noviembre 3, 2016

Estiman una inflación del 19,7% en 2017

Los datos surgen del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado entre varios analistas por el BCRA. Para 2019, la inflación bajaría al 9,3%.

Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger (DYN)

Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger.
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Los analistas proyectan que la inflación será del 19,7% en 2017, con una lenta tendencia bajista hasta el 9,3% al final del mandato del Gobierno.

argentinaLos datos surgen del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado entre el 27 y el 31 de octubre entre varios analistas especializados hecho por el Banco Central (BCRA).

Para finales del mes próximo, la tasa de inflación llegará al 39,4% según el REM, mientras que para diciembre de 2017 se ubicará en el 19,7%. Para fines de 2018 los pronósticos la sitúan en el 14,8% y para 2019 en el antes mencionado 9,3%.

Si bien el REM coincide con los pronósticos del Central de inflación en baja, muestra un ritmo de caída menor a la del ente monetario, que prevé que la tasa rondaría el 5% para finales de 2019.

En lo que hace al PBI de 2016, el REM proyecta una caída total del 2% para todo el año, aunque para los próximos tres años habría un crecimiento del 3%.

Por otra parte, del estudio surge que la tasa de rendimiento de las Lebac será del 26% a finales de este mes -frente al actual 26,75%- y descenderá al 25,1% en diciembre.

Fuente: clarin,com, 03/11/16.


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Los bancos centrales sí pueden crear inflación

abril 28, 2016

Los bancos centrales sí pueden crear inflación: Argentina es un ejemplo

Por Greg Ip.
El ministro de Hacienda y Finanzas de Argentina, Alfonso Prat-Gay.
El ministro de Hacienda y Finanzas de Argentina, Alfonso Prat-Gay. 

En momentos en que la inflación en Estados Unidos, Japón y la zona euro está estancada debajo de la meta de 2% anual, los bancos centrales de esos países deben responder con frecuencia a la pregunta de si tienen o no las herramientas necesarias para impulsar los precios. Mejor sería preguntar: ¿tienen la voluntad de hacerlo?

Hay una herramienta prácticamente garantizada para crear inflación: el “dinero helicóptero”, o la impresión de billetes para financiar crecientes déficits públicos. Esta herramienta borra la distinción entre política fiscal y política monetaria, un límite sagrado no sólo para los bancos centrales sino también para los gobiernos que correctamente lo consideran un bastión contra el aventurerismo económico.

Para entender esto, nada mejor que examinar el caso de Argentina, país que recién ahora está recuperándose de años de dinero helicóptero, también conocido como financiación monetaria.

inflaciónHace poco más de 10 años, cuando Argentina ofreció reestructurar su deuda en default desde 2001, algunos tenedores de bonos se negaron a aceptar el recorte propuesto y bloquearon el retorno del país a los mercados de capital. Renuente a bajar su déficit mediante la reducción de gastos o el aumento de impuestos, el gobierno recurrió al banco central. Los adelantos transitorios y las transferencias del banco central a la Tesorería son formas de impresión de dinero, que en Argentina se disparó de 4.000 millones de pesos en 2007 a 159.000 millones de pesos (3% del Producto Interno Bruto) el año pasado.

El actual ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, quien entre 2002 y 2004 presidió el banco central, dijo en una reciente entrevista que la entidad terminó convirtiéndose en prestamista de primera instancia de la Tesorería.

La impresión de dinero tuvo el efecto previsible: la inflación se disparó. Exactamente cuánto no se sabe, porque bajo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se manipularon las estadísticas nacionales. Elypsis, una firma privada, calcula que creció de 6% en 2009 a 25% el año pasado. A este contribuyó el aumento de los controles de importación y de capital, que además socavaron el potencial productivo de la economía.

mauricio macri presidente 2015En diciembre pasado, Mauricio Macri reemplazó a Kirchner en la presidencia de la nación y comenzó a desmantelar la épica mala gestión económica de su antecesora [Cristina Fernández de Kircner]. Prat-Gay rápidamente acordó con los acreedores holdouts y la semana pasada supervisó el retorno de Argentina a los mercados globales de capitales, emitiendo bonos por US$16.500 millones.

Recuperar el acceso a los mercados es esencial para poner fin a la dependencia de la Tesorería de la financiación monetaria y, por lo tanto, para reducir la inflación. Prat-Gay se ha comprometido a limitar el endeudamiento del banco central este año. La inflación, después de subir debido al recorte de subsidios, debería caer abruptamente el próximo año.

Prat-Gay también quiere restaurar la separación entre la política monetaria y la fiscal, algo que se da por sentado en otros países. Cuando le hice una pregunta sobre política monetaria, me respondió: “Usted no le haría esa pregunta a (el secretario del Tesoro de EE.UU.) Jack Lew, ¿verdad?”. (El secretario del Tesoro de EE.UU. no hace comentarios sobre la Reserva Federal, que es un ente independiente del poder ejecutivo).

Que la financiación monetaria haya sido desastrosa para Argentina no significa que siempre tenga que serlo. En 1942, la Fed se comprometió a comprar tanta deuda como fuera necesaria para financiar el esfuerzo de guerra de EE.UU. Para 1945, había comprado deuda equivalente a 9% del PIB anual. La recuperación económica posterior se extendió hasta bien entrada la posguerra.

A pesar de los controles de precios y salarios impuestos durante la guerra, entre 1940 y 1948 la inflación rondó 7% anual. Esto fue suficiente para que la Fed decidiera zafarse de las garras del Tesoro, lo cual logró en 1951.

Si la Fed pudo crear inflación entonces y el banco central argentino lo hizo hasta hace poco, ¿por qué les cuesta tanto lograrlo a la Fed, al Banco Central Europeo y al Banco de Japón?

No alcanza con imprimir dinero; también hay que gastarlo. Argentina imprimió dinero para financiar el gasto público, mientras que la Fed, el BCE y el Banco de Japón actúan de forma independiente, en un momento en que los gobiernos están tratando de endeudarse menos.

El verdadero dinero helicóptero surte efecto cuando el gobierno anuncia un gran aumento de gastos o reducción de impuestos y el banco central se compromete a imprimir dinero para financiar esas erogaciones y a nunca retirarlo de circulación. La gente se convence de que los impuestos no aumentarán y que subirán los precios, lo cual amplifica el impacto en el gasto y, debido a las expectativas, en la inflación real. Sin embargo, una vez que se desatan las expectativas de inflación, nadie puede garantizar que esta se detenga en 2%.

Estos son los puentes que los bancos centrales no están hoy dispuestos a cruzar. El presidente del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, ratificó en una entrevista reciente que “la política monetaria y la política fiscal son decididas y administradas por autoridades distintas”. Ante una pregunta sobre el dinero helicóptero, el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo la semana pasada que es una opción “llena de dificultades operacionales, legales e institucionales”.

La independencia monetaria no es una meta en sí, sino un medio para un fin: bajo desempleo y una inflación en torno a 2%. Hoy los bancos centrales y el público están desencantados con una inflación tan baja y un crecimiento débil, pero no lo suficiente como para arriesgarse a un inflación de 7%, mucho menos de 25%. Las cosas tendrán que estar mucho peor.

Fuente: The Wall Street Journal, 28/04/16.

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Dos de cada tres billetes son de 100 pesos

febrero 4, 2015

Para el Guinness: dos de cada tres billetes en circulación son de 100 pesos

Por Javier Blanco.

La insólita situación es consecuencia de la decisión del Gobierno de no emitir papeles de mayor denominación; de esa forma busca no admitir el impacto de la inflación

La obstinada decisión del Gobierno de no emitir billetes de mayor denominación, en un vano intento de tratar de disimular el reflejo que tiene la elevada inflación (ante la evidente pérdida de poder adquisitivo del papel moneda), alcanzó niveles insospechados.

Según cifras que divulgó ayer el Banco Central (BCRA), por estos días ya dos de cada tres billetes en circulación son de $ 100, es decir, el mayor monto posible entre las emisiones vigentes en circulación.

Las otras cinco denominaciones que aún conviven en la calle (los billetes de 2, 5, 10, 20 y 50 pesos) se reparten el tercio restante, lo que ayuda a entender por qué algunos de esos billetes son tan difíciles de hallar o, virtualmente, han desaparecido de los cajeros automáticos.

Los economistas dudan de que exista en otras economías una oferta monetaria tan desbalanceada. «Es una situación insólita que deriva de una obstinación y que traslada problemas al manejo diario de los ciudadanos», sostiene Pedro Rabassa, de Empiria Consultores.

Sabe de qué habla. Por su pasado en el BCRA (estuvo a cargo de la administración de las reservas en la gestión Redrado), fue testigo de cómo «fueron al tacho» varios proyectos para sacar billetes de mayor denominación sólo porque el Poder Ejecutivo los rebotaba. «El último intento serio debe haber sido el de 2010, cuando se quiso emitir de $ 200 aprovechando el Bicentenario», recuerda.

 

 

Parte de esa negativa obedeció a la necesidad de justificar públicamente la estatización de la imprenta Ciccone y, de paso, cubrir las desprolijidades que dejó el desembarco del opaco The Old Fund, en lo que luego se conoció como el «Bodougate».

inflacion y CFKEl seguimiento de las cifras sobre circulación que periódicamente publica el BCRA permite observar que, en el último año, la masa de billetes en circulación creció de 3988,1 a 4747,9 millones de unidades, es decir, 17%.

Pero también revela que 662,3 millones de los 759,8 millones de billetes que se agregaron a la oferta, es decir, el 87,5% de los nuevos billetes que salieron, correspondieron a la mayor denominación posible.

En ese mismo lapso, que va de inicios de febrero de 2014 a la actualidad, dejaron de circular 7,1 millones de billetes de $ 50 y se incrementó sólo marginalmente la circulación del resto de las denominaciones. Por esta razón, la porción de billetes de $ 100 sobre la oferta total creció de 62 a 66% durante el período.

billete-cien-pesosIncluso, por la necesidad de emitir sin pausa para compensar la mayor cantidad de billetes que demanda una economía inflacionaria (y el mayor deterioro físico que deviene de un mayor pase de manos), el Gobierno debió archivar su idea de dar de baja los billetes de $ 100 que llevan la imagen de Julio Argentino Roca para reemplazarlos íntegramente por los de Evita. «Para 2015 habremos completado los reemplazos», se había entusiasmado hace dos años la presidenta de la Casa de Moneda, Katya Daura.

Fuente: La Nación, 04/02/15.

 

 

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Argentina: 100 pesos de hoy rinden como 10 de 1999

noviembre 21, 2014

Voraz inflación: 100 pesos de hoy rinden como 10 de 1999

El poder de compra de un billete de 100 pesos actual equivale al de uno de 10 pesos de 1999 debido a la erosión que sufrió el poder adquisitivo promedio en ese período por la sostenida inflación. El cálculo lo hizo la consultora Ecolatina en un informe difundido ayer en el que afirma que virtualmente se le ha sacado «un cero al poder de compra del peso».

La firma, fundada por el ex ministro Roberto Lavagna y hoy dirigida por su hijo Marco y por Santiago Paz, sostiene que el poder de compra del billete de $ 100 es comparable al que tenía uno de $ 10 hace 15 años, ya que ronda el 10 por ciento.

100-pesos-argentina«En 1999 se necesitaban cerca de $ 60 para comprar una canasta básica alimentaria (CBA), es decir, una sexta parte del billete, mientras que hoy esa canasta cuesta $ 1070 pesos, casi once billetes de 100», insiste, antes de ocuparse de las distorsiones que esta situación provoca, ya que, vale recordarlo, el billete de $ 100 es el de mayor denominación de la moneda local.

Y advierte que «realizar transacciones cotidianas con billetes de bajo poder de compra dificulta las operaciones y genera costos innecesarios a los ciudadanos y las empresas».

Un claro ejemplo de la falta de denominación más grande está en los cajeros automáticos, que hasta hace unos años expendían billetes de 10, 20 y 50 pesos. «Ahora es casi imposible obtener cambio, ya que los bancos prefieren cargar las celdas donde van las unidades, que pueden ser cuatro u ocho por cajero, sólo con billetes de 100 pesos porque, de lo contrario, tienen que estar recargándolos muchas veces en el día».

Según cifras que se manejan en los bancos, la extracción promedio en la Argentina ya supera los 15 billetes, mientras en el resto del mundo es de solamente cuatro. Esto ocurre porque el más grande es el de $ 100 y el Gobierno se niega a imprimir uno de mayor denominación en un intento más de ocultar los costos de convivir con una inflación elevada y persistente.

Un grande que quedó chico

«Un billete de máxima denominación con tan poco poder de compra no sólo es incómodo de usar, sino que también implica un peso sobre las arcas públicas», señala el trabajo. «Desde 2007 hasta hoy se gastaron más de $ 7000 millones (a valor actual) en impresión de billetes y monedas, gasto que podría haber sido mucho menor si tuviéramos billetes mayores», agrega. Por el contrario, lo que el Gobierno hizo fue concentrarse especialmente en billetes de $ 100, al punto de que hoy en día más del 62% de los billetes en circulación ya son de esta denominación.

Al reparar sobre el deterioro en el poder de compra detalla que con $ 100 de ahora se compran sólo $ 6,25 de alimentos y bebidas de hace 14 años; $ 9,52 de indumentaria; $ 10,33 de servicios de educación; $ 11,39 de esparcimiento; $ 11,50, de otros bienes y servicios; $ 12,47 de salud; $ 14,34, en transporte y comunicaciones; $ 14,72 en equipamiento y mantenimiento del Hogar y $ 15,78 en vivienda y servicios básicos (ver infografía).

Fuente: La Nación, 21/11/14.

argentina inflacion 1999 2014

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Argentina: La inflación, un flagelo que ahoga la economía

octubre 7, 2012

Historia repetida: La inflación, un flagelo que ahoga la economía

Por Francisco Jueguen

 

Tras varios años con inflación de dos dígitos, volvió a arrasar en las elecciones con una cantidad de votos nunca antes vista en la historia. Haciendo uso de su legitimidad popular, apenas asumió la presidencia intentó que el modelo transmutara de la expansión al intento de estabilización. Por decreto, se congelaron las subas salariales -lo que produjo un aumento de la conflictividad gremial-, se multiplicaron los acuerdos de precios con empresas, los subsidios y las tarifas congeladas. Surgieron también fuertes campañas estatales contra los «especuladores» con aplicación de multas.

Para corregir desequilibrios externos, sobre todo por la gran cantidad de combustible que debía importar la estatal YPF, el Gobierno buscó seducir al capital extranjero para que invirtiera en la empresa y multiplicó las restricciones a las importaciones. Se echó mano al Banco Central para evitar una brusca devaluación y se administró el tipo de cambio. El Gobierno logró finalmente un superávit comercial. Sin embargo, se registró un desgaste de la autoridad presidencial y el clima social cambió.

«El estado de sitio, el cierre del Congreso, la movilización militar de los gremios, la censura de prensa fueron las medidas que comenzaron a ser discutidas en los círculos de oficiales», completa Juan Carlos Torre para terminar de describir el conjunto de medidas que caracterizaron el segundo mandato de Juan Domingo Perón en 1952. El plan, según explica el reconocido historiador en su libro Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo, publicado este año, implicó además un freno del gasto público y una política monetaria más restrictiva, lo que derivó en un retorno al crecimiento económico y una súbita baja de la tasa de inflación. Se pasó, no sin fuertes tensiones sociales, de un 38,8% en 1952 a un 4% en un año.

«Si la inflación fuera de un 25% el país estallaría por los aires», aseguró días atrás la presidenta Cristina Kirchner en la Universidad de Georgetown. La historia la desmiente. Según coinciden ocho economistas consultados por LA NACION, entre 1945 y 1971, durante el denominado período del Stop & Go, el país soportó subas de precios similares a la actual sin el devenir apocalíptico que pronosticara la mandataria.

Sin embargo, es preciso marcar algunas diferencias entre períodos. La inflación fue «moderadamente alta» en ese ciclo y lo es también hoy, pero, en el pasado, la suba de precios fue un signo regional. En la actualidad, sólo afecta -con esas tasas- a la Argentina y Venezuela, y a algunos países africanos. Por otra parte, el crecimiento económico fue más sostenido durante el kirchnerismo y, por lo menos hasta 2011, se había evitado un ajuste y fuertes devaluaciones de la moneda por presiones en la balanza comercial [efecto soja mediante].

Pero apenas comenzado el segundo mandato de la Presidenta, el Gobierno buscó eliminar subsidios a la energía y al transporte para los usuarios, y reclamó por paritarias moderadas. Además, se restringieron el flujo comercial (cepo a las importaciones) y el de capital (cepo cambiario), ambas herramientas de mediados de los 50 cuando la economía era cerrada, para evitar una devaluación por atraso cambiario como consecuencia de una inflación moderada acumulada en años y un aletargamiento del tipo de cambio. «Si hoy el país quiere favorecerse con la globalización por los buenos precios de la soja y la compra de autos de Brasil, pero aplica medidas de los 60, cuando estábamos en Bretton Woods, eso no va a funcionar y, de hecho, no funciona», afirma José Fanelli economista de las universidades de Buenos Aires y San Andrés (UDESA).

El país no va a estallar, pero la experiencia histórica demuestra que la economía se desinfla. En la actualidad, el déficit fiscal acotado, el superávit comercial, el elevado nivel de reservas, buenas cosechas y un contexto internacional afín gracias al alto precio de las commodities y una baja tasa de la Reserva Federal de Estados Unidos sostienen al país. A contramano, la acumulación inercial de una tasa de inflación moderadamente alta en relación con el mundo, sumado a un tipo de cambio atrasado, golpea la competitividad externa e impacta en la actividad y en el empleo. A esto hay que agregar los problemas con los precios relativos.

En este contexto, el cepo cambiario y las restricciones a las importaciones -que implicaron menos insumos para la industria nacional y una caída de su expansión- fueron soluciones de un Gobierno sin credibilidad para el acceso a los mercados de capitales y con una necesidad creciente de dólares para importar energía.

Durante el Stop & Go se registró un promedio de inflación anual de un 25%, según estimó el economista de la UBA afín al kirchnerismo, Mario Rapoport, en su paper «Una revisión histórica de la inflación argentina y de sus causas». Sin embargo, y pese a los pronósticos apocalípticos de la Presidenta para esas tasas, el período tiene férreos defensores oficiales.

«Es una etapa de la historia argentina [1955-1974, según su cita anterior] que desde el punto de vista económico muchos consideramos ejemplar, porque fue la fase en la que más empleo industrial se creó y en la que los asalariados tenían mejores condiciones de vida», afirmó el viceministro de Economía, Axel Kicillof, durante la presentación del presupuesto 2013, haciendo un paralelismo entre ésta y aquella época.

Pero Kicillof negó la crisis en el sector externo, característica de esa época. «La Argentina hoy no tiene un problema de balanza comercial, no lo tiene objetivamente, porque estamos terminando el año arriba de los US$ 10.000 de superávit comercial, cerca de los 12.000 millones», dijo el viceministro. «Hoy no tiene ese problema, pero fue endémico, es lo que los economistas llamaron -no los ortodoxos sino los otros- el problema de Stop & Go de la economía argentina.»

«Mientras la soja subía a US$ 600 destruimos el sector energético», precisa Fanelli. «Pasamos de un superávit energético de US$ 5000 millones hace dos años a un déficit de US$ 6000 millones en la actualidad. Desaparecieron 11.000 millones», afirma el investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes).

Daniel Heymann, profesor del posgrado de Economía de UDESA, ex hombre de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal) y -según sus pares- uno de los hombres que más sabe de inflación, concuerda con que el período del Stop & Go es el que más se acerca al actual en lo referido a la variación de precios. «La más parecida es aquella época», afirma Heymann. «En ese momento, se da la tradicional inflación en todo el Cono Sur de América Latina. Chile, Uruguay, Brasil la sufren, pero también Francia e Italia», agrega. Heymann estima que un régimen estabilizado en una inflación del 20% «no necesariamente estalla», aunque piensa que esas tasas son «atípicas» hoy.

«¿No está equivocada la Presidenta cuando señala que con inflación de un 25 o 26% [la que tenemos] estallaríamos por los aires? ¿No vivió la Argentina en el pasado con esta inflación de mediana intensidad sin estallar [por ejemplo: entre 1945 y 1967, 13 años tuvieron una de entre 17 y 39 por ciento]?», escribió el economista de la Universidad Di Tella Lucas Llach.

No obstante, el experto afirma que la diferencia es que en el pasado se intentaban planes de estabilización que bajaban la inflación y que además sí hubo momentos complicados, como cuando Arturo Frondizi liberó el tipo de cambio en 1959 y la inflación superó 100% por primera vez en la historia argentina. Eduardo Fracchia, profesor del IAE Business School, cita esos programas, que -según dice- fueron clave para que los precios no se espiralizaran. En ese sentido, enumera los planes de Raúl Prebisch (1955), el de estabilización (1962); Adalbert Krieger Vasena (1967) y José Ber Gelbard (1973), en el gobierno de Héctor Cámpora.

El Stop & Go no fue el único período de inflación en el país. A fines del siglo XIX, la emisión desmedida o el endeudamiento en exceso, según se lea a Rapoport o a Roberto Cortés Conde (Udesa), produjo altas tasas de variaciones de precios en la época de los llamados bancos garantidos. Los valores también subieron, pero por causas exógenas en la Primera y Segunda Guerra Mundial. También en los 70, durante el Rodrigazo (1975) o en la hiperinflación del 89, que disparó los precios un 3.079,5 por ciento.

A contramano de lo que repite la Presidenta, tanto Heymann como Fanelli afirman que el crecimiento de la economía no necesariamente implica inflación, algo que es fácilmente verificable si se observan los resultados de los últimos años en varios países de América latina y Asia. «¿Podés crecer con inflación?», se preguntó Heymann. «La experiencia dice que se puede hacer. ¿Ayuda la inflación al crecimiento? No. La inflación, por la imprevisibilidad, complica el crecimiento», explica.

¿Por qué se compró nuevamente una inflación moderada tras los 90? «Porque se recauda cerca de un 2% del PBI con el impuesto inflacionario, el más regresivo que hay, ya que afecta a los pobres. Porque es un impuesto no coparticipable y que no necesita aprobación del Congreso. El Gobierno se financia así», explica Fanelli.

Siguiendo sus reflexiones, hubiera sido clave que algún estudiante de Georgetown o Harvard le hubiera preguntado a la Presidenta si la inflación es condición necesaria para que la economía se expanda o si, en realidad, es bueno crecer con inflación para hacer caja.

INDICIOS QUE REVELAN LO QUE CRISTINA ESCONDE

A pesar de lo que afirmó Cristina Kirchner durante su presentación en la Universidad de Georgetown, su propio Ministerio de Trabajo avala oficialmente que la inflación en el país está más cerca de la que calculan las consultoras privadas que de lo estimado por el INDEC.

Con varias resoluciones publicadas en el Boletín Oficial y firmadas por la secretaria de Trabajo, Noemí Rial, más de una veintena de empresas, entre las que se cuentan importantes automotrices y petroquímicas, aceptaron actualizar entre 2009 y 2011 los salarios de sus trabajadores con relevamientos alternativos al que elabora el organismo oficial. Esos aumentos estuvieron en torno al 25 por ciento y las consultoras avaladas por Trabajo fueron Buenos Aires City, hoy perseguida penalmente por el Gobierno, y CREEBA, una entidad que supo mantener durante años un acuerdo técnico con FIEL.

Más allá de ese detalle, la economía se indexa, no en su totalidad, en torno a un 25 por ciento. Por ejemplo, la consultora Mercer estimó en su último estudio salarial presentado el mes pasado que el promedio de alza de sueldos estimado para este año estará entre un 23% y 27 por ciento. Para el año que viene, los empresarios pronostican un 25 por ciento. No obstante, los legisladores se subieron un 100% el sueldo durante este año.

Las alzas anunciadas por el Gobierno para los jubilados fueron de un 31 por ciento este año, mientras que la Asignación Universal por Hijo (AUH) se actualizó un 25,9 por ciento.

Con poco crecimiento, en tanto, la oferta monetaria está hoy en un 38% anual, mientras que la recaudación por IVA DGI, avanza entre un 25% y 30% anual.

Además, vale recordar las estadísticas de varias provincias (Santa Fe y San Luis), y de las universidades.-

 

TRES DEFINICIONES PARA SABER DE QUÉ SE HABLA

Los dichos en Georgetown

Durante su gira por los Estados Unidos y ante la incómoda pregunta de un alumno de la Universidad de Georgetown sobre la suba de precios, la presidenta Cristina Kirchner afirmó que «si la inflación fuera de 25%, el país estallaría por los aires».

La historia que desmiente

Hubo varios períodos inflacionarios en el país, pero el que más se parece al actual, según los académicos, es el del Stop & Go (1945-1971), cuando la Argentina tuvo una inflación promedio anual de un 25 por ciento. Entonces el país no estalló, pero si hubo ajustes.

La inflación y sus problemas

Según algunas provincias, consultoras privadas y académicos, la inflación anual es hoy de un 25 por ciento. La acumulación de tasas moderadamente altas durante años y un aletargamiento cambiario impactan en la actividad económica y el empleo.

 

NÚMEROS

25%

Es la variación de precios estimada

Las consultoras privadas, algunas provincias y las universidades dicen que ésa es la inflación anual en la Argentina.

 

Fuente: La Nación, 07/10/12.

Argentina y la trampa inflacionaria

julio 2, 2012

Trampa

Por Enrique Szewach

 

A sólo pocos meses de un triunfo electoral rotundo, y a varios años de una nueva renovación presidencial, no parecía razonable, visto desde “afuera” de la política, que fuéramos a asistir a un escenario tan complejo dentro de la interna oficialista.

Los politólogos atribuyen esta situación a la ausencia, al menos por ahora, de un candidato potable para la continuidad del proyecto cristinista, y a la necesidad, por lo tanto, de habilitar, luego de las próximas legislativas y reforma constitucional mediante, nuevos mandatos para la Presidenta, o al menos, esmerilar, desde ahora, las chances de eventuales candidatos alternativos, para que sea ella quién tenga el monopolio de determinar su sucesión.

Pero más allá de las razones políticas que han agitado el escenario argentino de estos días, resulta innegable (afortunadamente para la profesión), que la economía ha provisto una buena excusa para la pelea.

Por un lado, la falta de actualización por inflación del mínimo no imponible y de las escalas del impuesto a las ganancias, y del tope del monto del salario a partir del cual los trabajadores dejan de percibir el salario familiar, le han permitido a Hugo Moyano  convertirse en el líder indiscutido de los asalariados con sueldos altos.

Por el otro, el deterioro de los ingresos fiscales,  derivado de la desaceleración de la economía, junto a la cuasi indexación del gasto público (a la verdadera tasa de inflación), le ha facilitado al gobierno nacional cargar contra la administración Scioli, transfiriéndole fondos discrecionalmente, pero no los suficientes como para solucionar sus problemas y, a la vez, acusándolo de mal administrador.

Curiosamente, Moyano le hace un paro al contenido inflacionario del impuesto a las ganancias, mientras que la Presidenta puede cerrar las cuentas fiscales de la Nación, y jactarse de buena administradora, gracias a la contribución a los ingresos federales, de la porción inflacionaria del impuesto a las ganancias y del uso y abuso de la emisión monetaria y de las reservas internacionales del Banco Central.

Lo que para uno es el problema,  para la otra es la solución.

El impuesto inflacionario que deteriora el poder de compra, al menos de los salarios más elevados, es el mismo que le permite al gobierno central, mantener los subsidios al consumo, pagar los sueldos y jubilaciones en tiempo y forma,  “cerrar las cuentas” y cederle, graciosamente, parte a los gobiernos provinciales.

Pero lo cierto es que el impuesto inflacionario, en los valores actuales, empieza a transformarse en una trampa, y deja de ser un problema/solución.

La Argentina presenta una fuerte distorsión de precios relativos (entre los bienes que se comercializan internacionalmente y los servicios –incluyendo el gasto público y el costo laboral-), por acumulación de diferencias entre el ajuste del tipo de cambio nominal y la tasa de inflación.

Esta distorsión, focalizada sobre todo, pero no solamente, en los precios de la energía, ha deteriorado el saldo del balance comercial y ha incentivado la dolarización de portafolios (por falta de activos indexados en pesos, en el referido contexto de alta inflación). Como respuesta a esta realidad, el gobierno decidió racionar la venta de dólares de las reservas del Banco Central. 

Este racionamiento y su  burocrático esquema de instrumentación, a su vez, generó una brecha cambiaria importante entre el precio del dólar oficial y el “libre”, que también presiona sobre la tasa de inflación.

Asimismo, el racionamiento, al disminuir las importaciones, afecta el nivel de actividad y la recaudación fiscal asociada al comercio exterior y al crecimiento económico.

La menor recaudación, como se mencionara, en un contexto de aumento de gastos a un ritmo parecido a la tasa de inflación, genera un mayor déficit fiscal en la Nación y en las Provincias, lo que obliga a mantener un elevado impuesto inflacionario y a recortar obra pública, o el pago a proveedores del Estado.

Hechos que, a su vez, desaceleran aún más el nivel de actividad, sin reducir la tasa de inflación, incentivando otra ronda de déficit fiscal, impuesto inflacionario, etc. etc.

Por lo tanto, o se sale de la trampa inflacionaria, por las buenas, con un replanteo ordenado de la política fiscal, monetaria y cambiaria, (aprovechando que, tal vez, el “Lotosoja” ayude), o se sale por las malas, con mucho más costos.
Fuente: Perfil, 01/07/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar