Inflación e Hiperinflación: El flagelo económico que amenaza a las naciones

septiembre 21, 2023 · Imprimir este artículo

Por Gustavo Ibáñez Padilla.

La inflación, ese fenómeno económico omnipresente y muchas veces soslayado, ha sido objeto de análisis y debate por parte de destacados economistas a lo largo de la historia. Personalidades como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek y Milton Friedman dejaron huellas imborrables en la comprensión de este concepto y sus devastadores efectos cuando se origina en la emisión de dinero sin respaldo.

Tres perspectivas iluminadoras

Ludwig von Mises, uno de los pilares de la escuela austríaca de economía, definió la inflación como «la expansión del suministro de dinero sin un aumento correspondiente en la demanda de dinero». Desde esta perspectiva, la inflación es esencialmente un desequilibrio entre la cantidad de dinero en circulación y la demanda real del mismo.

Friedrich von Hayek, otro renombrado economista austríaco, subrayó la importancia de la estabilidad monetaria como un pilar esencial para el funcionamiento eficiente de una economía. Para él, la inflación es un síntoma de una mala gestión monetaria que distorsiona las señales de mercado y socava la confianza de los agentes económicos.

Por último, Milton Friedman, un defensor de la política monetaria pragmática, argumentó que la inflación es «siempre y en todas partes un fenómeno monetario». En otras palabras, Friedman enfatizó que la emisión excesiva de dinero por parte de las autoridades monetarias es la causa principal de la inflación.

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Lecciones de la Historia: La devastación de la inflación

La historia económica está repleta de ejemplos que ilustran los perjuicios de la inflación. Uno de los casos más notorios es el de la República de Weimar en la década de 1920. Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, se vio sumida en una hiperinflación que destruyó el valor del marco alemán a una velocidad vertiginosa. En noviembre de 1923, un dólar estadounidense llegó a valer 4.2 billones de marcos alemanes (4.200.000.000.000). La gente llevaba carros llenos de dinero para comprar un pan.

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En América Latina, la inflación crónica ha sido un flagelo recurrente. Argentina, en particular, ha experimentado largos ciclos de inflación a lo largo de su historia económica. En tres ocasiones el país sufrió una hiperinflación que fulminó el valor de la moneda: el primero fue el “Rodrigazo” en 1975, seguido por la hiperinflación de 1989 bajo la presidencia de Raúl Alfonsín y, finalmente, la tercera hiperinflación en 1990 durante el gobierno de Carlos Menem.

Hiperinflación: Cuando la moneda se desmorona

La hiperinflación es la pesadilla suprema de la inflación descontrolada. Si bien no existe una definición universalmente aceptada de cuándo se cruza la línea que separa la inflación de la hiperinflación, suele considerarse que esta última ocurre cuando la tasa de inflación mensual supera el 50% o cuando los precios se duplican en un período de menos de un mes.

La hiperinflación es un fenómeno extremadamente peligroso, ya que destruye la confianza en la moneda de manera casi instantánea. La gente pierde toda fe en el valor del dinero y busca desesperadamente gastarlo o invertirlo en activos reales, como bienes raíces o bienes duraderos. En este punto, la caída de la demanda de dinero desencadena un ciclo destructivo en el que la cantidad de dinero en circulación aumenta exponencialmente, lo que a su vez aumenta la inflación y provoca una espiral fuera de control.

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Crisis Políticas como catalizadores de la hiperinflación

La hiperinflación rara vez es un fenómeno aislado. A menudo, está vinculada a crisis políticas y sociales que desencadenan un colapso de la confianza en las instituciones gubernamentales. Cuando los líderes políticos recurren a la emisión desenfrenada de dinero para financiar sus gastos o para pagar deudas insostenibles, la población percibe una falta de responsabilidad fiscal y pierde la fe en la moneda.

Un ejemplo impactante de esto es el caso de Zimbabwe a principios de la década de 2000. La hiperinflación alcanzó proporciones astronómicas, y los billetes de banco se volvieron prácticamente inútiles. Esta crisis económica fue resultado de políticas irresponsables y de una desconfianza generalizada en el gobierno, lo que condujo a una rápida caída en la demanda de dinero y al colapso de la moneda local.

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La Destrucción del Valor de la Moneda: Más allá de los números

La destrucción del valor de la moneda es mucho más que una cifra en un gráfico. Detrás de cada punto porcentual de inflación hay historias de personas que luchan para mantener su nivel de vida, ahorrar para el futuro, comprar bienes básicos o simplemente sobrevivir. La inflación erosiona el poder adquisitivo de los ciudadanos de manera constante y silenciosa, socavando su bienestar y calidad de vida.

Un ejemplo ilustrativo es el de Venezuela en los últimos años. El país sudamericano ha experimentado una hiperinflación devastadora que ha dejado a la población en una lucha diaria por la supervivencia. Los precios de los alimentos y medicamentos aumentan de manera exponencial, mientras que los salarios se vuelven casi irrelevantes. La destrucción del valor de la moneda ha llevado a una crisis humanitaria y una diáspora sin precedentes.

Éxodo masivo de venezolanos por causa de la crisis económica

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La Esperanza en la disciplina y la educación

Ante la amenaza constante de la inflación y la posibilidad siempre latente de la hiperinflación, es imperativo que las sociedades y sus líderes políticos tomen medidas responsables. La disciplina fiscal y la gestión monetaria son esenciales para prevenir la inflación descontrolada. Aquí juega un rol clave la independencia política del Banco Central, en su papel de custodio del valor de la moneda.

La educación económica también desempeña un papel crucial. La comprensión pública de los peligros de la inflación y la importancia de una moneda estable puede ayudar a fortalecer la resistencia contra políticas imprudentes.

En resumen, la inflación y, en particular, la hiperinflación, son fuerzas destructivas que amenazan la estabilidad económica, social y política. Aprender de la historia y reconocer los signos de peligro resulta esencial. Es responsabilidad de todos nosotros, como ciudadanos informados, exigir responsabilidad fiscal.

Fuente: Ediciones EP, 21/09/23.

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