Renuncié a un buen trabajo porque me sentía un sapo de otro pozo en la empresa: mi deseo era escribir.
El dilema no siempre es sencillo porque se arriesga demasiado. La opción de hacer lo que a uno le gusta se enfrenta al temor a no poder mantenerse y quedar marginado.
Dualidad. Ariel recuerda: Fue difícil tomar la decisión. Mi sueldo había aumentado y parecía que seguiría aumentando». .
Mientras los demás disfrutaban el trabajo que hacían —brindar soporte técnico para un gigante de la informática—, yo estaba más cerca de padecerlo. Había en la oficina un fanatismo general por las computadoras, los servidores, los programas de software y todo tipo de novedades tecnológicas que yo no compartía. Eran años muy difíciles para el país. La crisis de 2001 lentamente iba quedando atrás, pero los estragos que produjo aún se hacían sentir. Haber conseguido ese trabajo significaba un alivio y un desafío pero igual, me sentía un sapo de otro pozo.
Había arrancado con muchas ganas, pero el entusiasmo no me duró demasiado. La lógica empresarial se me atravesaba, nunca la pude asimilar. No sé en qué momento fue que me di cuenta de que mi vida estaba yendo hacia un lugar que no era el yo que quería. Trabajar en una empresa, fuera cual fuese el rubro o el puesto, no era mi vocación. Lo que realmente quería era escribir. Y por alguna razón que desconozco, mientras trabajé en una oficina nunca pude ponerme a escribir al llegar a casa o los fines de semana. Necesitaba otro tipo de trabajo. Uno que me permitiera manejar mejor mis tiempos y que se relacionara más con la palabra. Esta idea se me fue haciendo cada vez más clara, hasta llegar al punto en que ya no podía entender siquiera cómo se me había ocurrido estudiar Sistemas. Por la crisis, solía decirme. Pero echarle la culpa a la crisis era desentenderme de lo que realmente deseaba para mi futuro.
Tal vez por todo esto me pasaba que, cuando se barajaba la posibilidad de un ascenso, tenía sentimientos encontrados. Me gustaba la idea de contar con un mejor sueldo, pero al mismo tiempo sabía que la estabilidad económica me podía condicionar a hacer carrera en la compañía. Años de carrera, cambios de sector. Horas extras. Nuevas capacitaciones, nuevos jefes, nuevos índices de satisfacción del cliente con los cuales cumplir. Tarde o temprano me ofrecerían otro puesto.
¿Me interesaba un ascenso en el organigrama de la empresa, un ascenso que no necesariamente significaba un crecimiento personal? ¿Qué ganaría y qué perdería? Yo entendía que un ascenso podía significar un progreso, pero también una rutina de la cual sería imposible salir. Sentía que el tiempo pasaba y que aquello que en definitiva quería —escribir— se alejaba cada vez más.
Aunque parezca paradójico, en esos años leí como pocas veces. No escribía, pero leía mucho. Al regresar a casa, en el horario del almuerzo y hasta en el trabajo, al menos cuando trabajé en el horario tarde-noche y cumplía una especie de guardia esperando, a las 21 o 22 horas, una improbable llamada de un desarrollador de sistemas. Ya a eso de las 20, cuando los jefes se iban, yo apoyaba un libro sobre el teclado y me concentraba en la lectura. Por suerte, había días en los que a esa hora no entraba una sola llamada. Mis compañeros me miraban extrañados. Se darían cuenta de que yo no pertenecía a ese lugar.
Un día, el jefe del sector nos llamó a todos, uno por uno, para hablar con él en su oficina. La compañía se encontraba en expansión y quería saber si estábamos dispuestos a cambiar de sector o a dar servicio de un producto diferente al que estábamos acostumbrados. Claro que el cambio conllevaba un mayor esfuerzo, una mayor dedicación. Cuando fue mi turno, el jefe me dijo que, si bien era cierto que hacía bien mi trabajo, notaba que me faltaba iniciativa para anticiparme a los problemas.
Fui sincero con él: yo estaba dispuesto a cumplir con todo lo que mi trabajo exigía, pero no tenía expectativas de hacer carrera en la empresa. Mis intereses eran otros. Incluso le confesé que había empezado a estudiar el traductorado de inglés, que quería dedicarme a la traducción. No sé si le mencioné que me gustaba escribir; lo más probable es que no. A juzgar por lo que pasó después, mi jefe le restó importancia a mis comentarios. Supongo que habrá pensado que se trataba de una vaga intención que no iba a prosperar. O tal vez no me mostré muy convencido. Yo mismo lo veía como algo lejano, difícil de concretar en el corto plazo.
Pocos meses después, mi jefe se me acerca y me dice: “¿Tenés tu pasaporte al día? OK, andá a hacer las valijas. Mañana salís para México”. El apuro se debía a que la persona seleccionada en primer lugar no había podido tramitar su pasaporte a tiempo. Me enviaban a México para hacer una capacitación, y al regreso trabajaría en otra área, dando soporte de un programa que antes ni siquiera sabía que existía. Me pregunté por qué el jefe me había elegido a mí, habiendo tantos otros con más conocimientos y mejor predispuestos. ¿Acaso se había olvidado de la charla que habíamos tenido? Enviar a alguien a hacer una extensa capacitación en el exterior representa una inversión, y yo, en el fondo, sabía que no estaban invirtiendo bien, que si por mí fuera, dejaría ese trabajo en la primera oportunidad que se me presentara, mucho antes de que la empresa pudiera recuperar lo invertido.
México corporativo. En este edificio el autor tuvo su formación, pero no se sentía feliz. .
Otro México. Cuando podía, Ariel se «escapaba» a las pirámides de Teotihuacán. .
El viaje a México (viaje que, muchos años después, me sirvió a la hora de buscar las voces de los personajes del libro No hay risas en el cielo) y el cambio de sector hicieron que por un tiempo recuperara el interés por mi trabajo. A diario sostenía conversaciones telefónicas con clientes de toda Latinoamérica, especialmente de México y Colombia. Conversaciones que a veces derivaban en otros temas (como fútbol, política o aspectos idiosincráticos o culturales de los diferentes países) y que resultaban muy interesantes.
Tal vez es eso lo que más extraño de esa época. El sistema para el que yo daba soporte no había sido implementado aún por ninguna empresa argentina. ¿Por qué capacitar a alguien para que, desde Buenos Aires, diera soporte a otros países? La respuesta es simple y conocida por todos. La Argentina se estaba recuperando de la crisis de 2001 y el peso argentino, devaluado, hizo que muchas compañías internacionales buscaran personal en nuestro país para brindar servicio vía telefónica o por internet.
Mi trabajo en el nuevo sector no empezó de la mejor manera. El primer día tras mi capacitación en México, encendí la computadora y leí un mensaje anónimo. Era un insulto interminable acompañado por mi nombre. Nunca llegué a saber quién lo había escrito ni por qué. Creo que no le di demasiada importancia. Digo “creo” porque no tengo muy vivo ese recuerdo (supongo que de eso se trata la memoria selectiva). La cuestión es que en poco tiempo llegué a tener un muy buen trato con mis nuevos compañeros y también con mi nuevo jefe.
Antes de cumplirse un año desde mi cambio de sector, se me presentó la oportunidad de trabajar como traductor freelance. Era 2006; no había terminado mi carrera de traductor (de hecho, nunca la terminé) pero poco importaba. Ya para entonces había hecho algunos trabajos esporádicos los fines de semana, y ahora surgía una propuesta para hacer traducciones de forma regular, lo que significaba tener que dejar mi trabajo.
Fue muy difícil tomar la decisión. Mi sueldo había aumentado y todo indicaba que seguiría aumentando. Tenía un trabajo estable, el ambiente laboral no era malo y, algo no menor, con mi novia estábamos a punto de mudarnos a un departamento nuevo. A pesar de todo esto, y aunque lo pensé mucho antes de aventurarme, creo que en el fondo ya estaba decidido desde el mismo instante en que recibí la oferta. Había llegado el momento que tanto había esperado y no podía desperdiciarlo. Pero por otro lado estaba la presión social, el mandato que determina que un trabajo fijo en una oficina, con un sueldo en blanco y con posibilidades de ascender, siempre será mejor que trabajar por nuestra cuenta para diferentes clientes, con la incertidumbre de no saber cuáles serán exactamente nuestros ingresos mensuales.
Cuando se enteró de que me iba, mi antiguo jefe (el que me había enviado a México a pesar de mi advertencia sobre cuáles eran mis planes) intentó convencerme de que me quedara. Mi nuevo jefe también lo había intentado, pero yo me mantuve firme en mi postura, simulando tener todo resuelto aunque mi cabeza fuera pura confusión. Pensaba en la mudanza que estábamos preparando con mi novia, en el sueldo que hacía solo un par de meses acababan de aumentarme, en la gran incógnita que eran por entonces mis futuros ingresos como traductor. Al enterarse de la noticia, mis padres hicieron silencio. Un silencio que fue más claro que cualquier comentario. Mi suegro, en cambio, fue más directo: “¿Te parece que este era el momento oportuno, che?”.
Yo de alguna manera sabía que sí, que era el momento adecuado a pesar de que todo pareciera indicar lo contrario. Pero no tenía argumentos para poder convencer a nadie, ni siquiera a mí mismo.
Podría decir que finalmente todo salió bien, aunque más de una vez me pregunté si había sido correcto irme de la empresa, sobre todo cuando otras personas de mi entorno me invitaban a hacer comparaciones: “¿Ganás mejor ahora?” “Cuando querés tomarte vacaciones, ¿alguien te las paga?” “¿Tenés garantizado que siempre va a haber trabajo haciendo esas traducciones que hacés?”. Mi respuesta para todas esas preguntas era “no”. Así y todo, desde entonces me he dedicado a hacer traducciones y trabajos de corrección de textos de manera ininterrumpida. Y lo mejor de todo fue que la escritura, que había estado entumecida varios años, con el nuevo trabajo se fue reactivando. Recuperar el hábito de escribir fue lo que me terminó de convencer de que había tomado la decisión correcta.
De todas maneras, no fue fácil; todavía no lo es. Hay veces que, después de varias horas de traducir o corregir, mi mente está contaminada por voces ajenas, o me encuentro demasiado cansado como para concentrarme en un texto propio. Pero por otro lado, en la traducción y la corrección de textos encuentro un placer cercano al de la escritura. Jugar con las posibilidades del idioma, saborear las palabras, buscar la frase más apropiada.
Creo que cuando somos jóvenes nos resulta difícil elaborar un plan de ruta que se aparte del que han seguido las personas de nuestro entorno. Si nadie cercano a nosotros hizo algo parecido a lo que pretendemos hacer, es posible que ni siquiera podamos visualizar con claridad el camino que queremos seguir. Lo que tomamos como parámetros es lo que nos resulta familiar, lo que hacen las personas que nos rodean. Tal vez por eso mi idea era que debía buscarme un trabajo en relación de dependencia y, en todo caso, hacerme un tiempo para escribir, desarrollar en mi casa ese otro mundo paralelo. Y si bien este modelo puede funcionar (qué mejor ejemplo que el de Franz Kafka, que trabajó durante muchos años en una oficina como inspector de seguros), en mi caso sentía que la rutina empresarial no se llevaba bien con mi personalidad y, sobre todo, con mi proceso creativo. Necesito ser dueño de mis tiempos. Si es necesario, traducir o hacer correcciones durante diez o doce horas seguidas si eso me garantiza poder contar después con unas cuantas horas para concentrarme en la escritura. Trabajar hasta cualquier hora de la madrugada un día y al siguiente escribir todo lo que tenga ganas o simplemente salir a caminar mientras pienso en un argumento o trabajo un personaje en mi cabeza.
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—Ariel Urquiza es escritor, traductor y corrector. Estudió también periodismo y análisis de sistemas. Es más bien de pocas palabras; tal vez por eso el estilo de su escritura es conciso. Con el libro “No hay risas en el cielo”, publicado en 2016 por Ediciones Corregidor, ganó el premio Casa de las Américas 2016 en la categoría cuentos. En 2013, su novela inédita “Ya pueden encender las luces” fue finalista del III Premio Eugenio Cambaceres, organizado por la Biblioteca Nacional. Además de la literatura y el teatro, lo que más le gusta es conocer y recorrer ciudades, a las cuales considera dotadas de un alma que se trasluce en la gente y sus costumbres.
YouTube no pondrá avisos en canales que tengan menos de 10.000 vistas
Así será el nuevo requisito para participar que los creadores puedan tener ingresos mediante las pautas publicitarias que los anunciantes establecen en la plataforma de videos on line de Google.
Los canales de los productores de contenidos deberán tener al menos 10.000 vistas para comenzar a tener avisos publicitarios de acuerdo a las nuevas reglas establecidad por YouTube. .
YouTube no mostrará anuncios publicitarios en los canales que no alcancen las 10.000 visualizaciones en total, en un intento por garantizar que «solo los creadores que cumplan con las normas reciban ingresos», según anunció la plataforma de videos de Google en un comunicado.
«A partir de hoy, ya no mostraremos anuncios en los videos del Programa de socios de YouTube hasta que el canal alcance 10.000 visualizaciones en total. Este nuevo mínimo nos brinda información suficiente para determinar la validez de un canal, nos permite confirmar si éste cumple con nuestros lineamientos de la comunidad y nuestras políticas de anunciantes antes de que comience a obtener ingresos», explicó YouTube en su blog oficial para creadores.
En este punto, el gigante de los videos aclaró que «todos los ingresos que los canales con menos de 10.000 vistas obtuvieron hasta hoy no se verán afectados».
En 2007, YouTube creó su Programa de socios (YPP), lo cual que generó un incremento significativo de creadores de videos dentro de la plataforma para ganar dinero.
«Sin embargo, con el aumento en los ingresos de los creadores, comenzamos a ver casos de abuso donde contenido original de creadores estaba siendo subido de nuevo a YouTube por terceros que buscaban ganar dinero», según advirtió.
Por eso, anunció que con el «fin de proteger los ingresos de los creadores», optimizaron el proceso para denunciar canales que roban la identidad de otros.
«Este cambio nos permitió rescindir cientos de miles de canales que infringen nuestras políticas. Ahora, daremos otro paso para proteger a los creadores mediante la actualización de los mínimos obligatorios para unirse al Programa de socios de YouTube», agregó.
Asimismo, informó que en unas semanas, agregará un nuevo proceso de revisión para los creadores que soliciten participar en el Programa de socios de YouTube.
«Después de que un creador alcance las 10.000 visualizaciones totales en su canal, revisaremos sus actividades en relación con nuestras políticas. Si no hay ningún problema, incorporaremos el canal al Programa de socios de YouTube y comenzaremos a publicar anuncios en su contenido. Estos nuevos mínimos permitirán garantizar que solo los creadores que cumplan con las normas reciban ingresos», precisó.
Por otro lado, hizo hincapié en que si una persona es un creador nuevo que acaba de comenzar a desarrollar su canal, la Academia de creadores de YouTube tiene sugerencias sobre cómo crear contenido original y aumentar el público para que pueda alcanzar las 10.000 vistas y más.
De esta forma, una vez que el nuevo creador solicite participar en el Programa de socios de YouTube, podrá ver el estado de su solicitud en la pestaña Canal de la sección «Monetización en Creator Studio», explicó la plataforma.
Una política que intensifica la hiperliquidez mundial
China comenzó a financiar en renminbis el intercambio con países y regiones muy vecinas en 2009.
Por Jorge Castro.
El Banco del Pueblo de Beijing (PBoC) ha firmado 25 acuerdos bilaterales de utilización del renminbi (RMB) en moneda local, o swaps, por más de US$500.000 millones desde diciembre de 2008.
Hay que sumarle a este esfuerzo de liquidez internacional los préstamos del Banco Chino de Desarrollo (CDB) por US$400.000 millones y los créditos externos del Banco de Exportaciones e Importaciones de China (EIBC), que alcanzaron a US$300.000 millones en 2016.
Conviene agregar a esta lista los Fondos creados por la República Popular en los últimos 3 años con recursos por US$116.000 millones, distribuidos entre los Fondos de la Ruta de la Seda, del Desarrollo Industrial de América del Sur y de China-África.
La clave de esta estrategia de financiamiento del desarrollo es el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), constituido en 2013 en Beijing por China y otros 56 países, encabezados por Alemania, Gran Bretaña, Francia y Australia — se acaban de sumar recientemente Perú, Venezuela, Canadá y Hungría, entre otros —, con un capital de US$100.000 millones, que treparía a US$350.000 millones en 2020.
Los swaps del PBoC surgieron en 2009 como respuesta a la crisis financiera internacional desatada por el colapso de Lehman Bros. en Wall Street (15-09-2008). En ese momento, el comercio global chino era financiado en más de 70% en dólares estadounidenses y el resto en euros, yenes y libras esterlinas, entre otras.
La caída de Lehman Bros. hundió el comercio internacional de la República Popular en más de 30% entre 2008 y 2010. A partir de allí, China comenzó a financiar el intercambio con los países y regiones cercanas en renminbi, prácticamente todos ellos en el área Asia-Pacífico.
Pero esta regla de estricta vecindad mostró dos excepciones de extrema importancia, que revelaron una nueva prioridad estratégica de la República Popular: la Argentina y Brasil. El vínculo prioritario con estos dos países está estrictamente referido a su condición de grandes productores mundiales de agroalimentos, en especial granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz). Junto con EE.UU, los tres países producen más de 90% de los granos para la alimentación animal del mercado mundial, y el primero —como se sabe— es su rival geopolítico.
Esto ocurría cuando China comenzaba a experimentar una gigantesca transición dietaria, con el vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas. Este fenómeno histórico está directamente vinculado al hecho de que el PBI per cápita crece por encima del PBI nominal desde 2009 (8% por año vs. 6,5% anual).
Esta coincidencia o particular constelación astral es lo que le otorga a Brasil y la Argentina una situación de privilegio estratégico en relación con China, y asegura que más de 60% de la inversión directa (IED) de la República Popular en América Latina se dirija exclusivamente a estos dos países . (“Todo nace de una particularidad”, dice Hegel).
El objetivo de China al desatar en 2009 el proceso de internacionalización del RMB no ha sido desafiar la hegemonía mundial del dólar estadounidense, sino financiar en moneda propia y en forma creciente su comercio internacional; y esto lo hizo ante la situación de extrema carencia de dólares norteamericanos provocada en la economía global por el colapso de Wall Street de 2008.
La multiplicación de la liquidez global que realiza deliberadamente China es parte del proceso de internacionalización del renminbi, que consiste en la plena incorporación de su ahorro doméstico (US$6 billones) al sistema financiero internacional.
Éste experimenta una situación de extrema hiperliquidez, con las tasas de interés más bajas de la historia (0,5% / 0% anual). Ahora, la conversión del ahorro doméstico chino en ahorro global —proceso que culminaría en 10 años— equivaldría a la triplicación de la hiperliquidez actual. Es un salto cualitativo que requiere nuevas categorías económicas, ante todo las que suplanten las de “restricción” o “escasez”.
El ritmo de la internacionalización del RMB lo marca el porcentaje del intercambio internacional de la República Popular que cubre su divisa. Esa pauta era 0% en 2008, aumentó a 17% en 2013, trepó a 30% en 2016, y a este ritmo superaría 40% en 2020. El Banco de Inglaterra (BoE) prevé que más de 50% del comercio internacional estará cubierto en 2025 por el RMB.
En el fondo, lo que sucede es que la divisa china está alcanzando a su comercio internacional, que es el primero del mundo desde 2009, cuando dejó atrás a Alemania y a EE.UU.
El intercambio global chino representa hoy 10,4% de las exportaciones y 9,4% de las importaciones mundiales, mientras que EE.UU. ocupa el segundo lugar, con 8% y 12%, respectivamente.
El principio fundamental de Mao es que “(…) la única forma de conducir una tendencia es acelerarla”, y esto es lo que está ocurriendo con el RMB.
Arriesgó su vida por la «selfie perfecta» en un puente a 200 metros de altura
El puente está sobre un río y es el cuarto más alto de todo Estados Unidos.
Intentó sacarse una foto y cayó de uno de los puentes más altos de Estados Unidos. Foto: Policía de Sacramento. .
Ya se puede decir con total seguridad que tomarse fotos en todas partes no siempre resulta. A veces incluso sería mejor simplemente disfrutar el momento que sacar diez veces la misma foto. Algunos quieren tanto esa imagen, que arriesgan sus vidas. Como esta mujer, aún sin ser identificada, que subió al puente Foresthill cerca de Sacramento, California en Estados Unidos.
Según informa Unilad, la mujer cayó cuando intentaba hacer equilibrio para tomarse una foto y fue trasladada por helicóptero hasta el hospital. Según la policía del lugar, tuvo suerte de no haber muerto.
A pesar de que las autoridades advirtieron a los jóvenes del peligro que corren subiendo a este puente, prefieren el reconocimiento de las redes sociales.
El puente está sobre 200 metros de altura, sobre un río y es el cuarto más alto de todo Estados Unidos.
El jefe de policía de Sacramento dijo que, «esta joven tiene mucha suerte de estar viva y las consecuencias podrían haber sido mucho peores para ella, sus amigos y su familia».
Desde 1973, cuando se construyó el puente, han muerto más de 100 personas tras caerse o por saltar desde él.
Un hombre murió asfixiado al intentar comerse una dona de 220 gramos en Estados Unidos
Travis Malouff tenía 42 años y falleció la mañana del domingo debido a una obstrucción de las vías respiratoria.
Travis Malouff tenía 42 años. Foto: Travis Malouff/Facebook .
Un hombre que intentaba comer una dona glaseada de unos 220 gramos en 80 segundos, como parte del desafío en una tienda de donas en Denver, Estados Unidos, murió al asfixiarse con la comida. La víctima es una de dos personas que fallecieron en ese tipo de concursos durante el fin de semana.
Travis Malouff, de 42 años, falleció por asfixia la mañana del domingo, debido a una obstrucción de las vías respiratorias, informó el forense.
Los triunfadores obtendrían la dona sin costo alguno, así como un botón que los identificaba como ganadores del reto. Voodoo Doughnuts, la tienda encargada del concurso, indicó que el mismo se suspendería, de acuerdo a un comunicado proporcionado a la televisora de Denver KUSA-TV.
La televisora fue la primera en reportar el deceso de Malouff, que ocurrió el mismo día en que murió Caitlin Nelson, de 20 años, quien había participado en un concurso de comer panqueques en la Universidad del Sagrado Corazón en Hartford, Connecticut.
Voodoo Doughnut es el local que vendía la dona de 220 gramos. .
En Denver, la testigo Julia Edelstein dijo el martes que había un ambiente festivo mientras hacía fila en Voodoo Doughnuts, un comercio con sede en Portland, Oregon, y reconocido por su repostería colorida y creativa, con un precio aproximado de 3 dólares por pieza.
Las personas que esperaban para comprar una dona cerca de la hora del cierre cantaban y bailaban al ritmo de la música del local. En eso Edelstein escuchó que un empleado anunció el concurso: «Vamos a brindarles un fuerte aplauso».
Malouff partió la dona por la mitad y comenzó a comerla, caminando con mirada de determinación, narró Edelstein. El empleado anunció el tiempo transcurrido: 30 segundos. Malouff tomó un trago de agua, dio otra mordida y luego se agachó sobre el mostrador para seguir comiendo, dijo la testigo.
Malouff todavía tenía en la mano un pedazo de dona cuando se alejó del mostrador, con el rostro morado, y colapsó. Dos clientes evitaron su caída e intentaron ayudarlo desesperadamente hasta que llegaron los paramédicos. Malouff fue declarado muerto en el lugar, de acuerdo con la policía y la oficina del forense. Agencia AP
Estrés silencioso: con las tensiones cotidianas, corazones en riesgo
Aconsejan no subestimar las preocupaciones más comunes.
Por Fabiola Czubaj.
Al 45% de los argentinos de más de 18 años les preocupa que un ser querido tenga un infarto. Y no es para menos. El estrés acecha de manera sostenida y silenciosa, y los especialistas lo miran con recelo. La angustia y la preocupación por una mezcla de incertidumbre generalizada, tensión social permanente y acumulación de tareas para trabajar más horas y sentir que el tiempo (y el sueldo) no alcanza se cuelan en los consultorios y se traducen en un riesgo cardíaco y cerebrovascular.
«Se está subestimando el estrés», afirma Roberto Peidro, vicepresidente de la Fundación Cardiológica Argentina. «El estrés agudo puede provocar accidentes cardíacos -agrega-. Y el estrés sostenido, como el de las personas con muchas responsabilidades laborales, pero poco poder de decisión, como las gerencias intermedias, genera incertidumbre y estrés crónico. Esto provoca alteraciones arteriales que pueden llevar a un infarto.»
Cuando el estrés genera ansiedad, angustia, hostilidad o ira es peligrosamente perjudicial. Tanto que una discusión en la calle por una mala maniobra puede provocar una arritmia. O una crisis como la de 2001 puede causar 20.000 muertes cardíacas y 10.000 infartos no fatales más.
Y sólo el «corralito», esa creación argentina de exportación, multiplicó nueve veces el riesgo de sufrir daños vasculares. Los resultados de estos dos estudios, uno de la Fundación Favaloro y otro del Cemic en un laboratorio «natural» como el país, demuestran cómo las emociones extremas afectan el corazón.
El estudio sobre el «corralito» permitió justamente definir características que aumentan la vulnerabilidad individual: la impaciencia, la sensación de estar contra reloj todo el tiempo, la inquietud sostenida, la competitividad extrema, la persecución constante del logro, el apresuramiento, la hipervigilancia, la agresividad y la ira. Es difícil no reconocerse en alguna en los tiempos hiperconectados que corren.
Por eso no sorprende que la encuesta de Ipsos para el Día Mundial del Corazón, que se conmemora mañana, muestre que al 45% de los argentinos les preocupa que un familiar cercano pueda tener un infarto. En la encuesta, de 1000 casos representativos de la población de entre 18 y 60 años, la salud del corazón apareció tercera en la lista de problemas de salud que más inquietan a los argentinos. Están primero la salud del cerebro y la alimentación, y les sigue la salud visual.
A los hombres y las mujeres los inquietan la hipertensión, el infarto y los problemas de memoria. Al 61% de las mujeres y al 48% de los hombres les preocupa la presión alta, mientras que el 50% de ellas y el 40% de ellos coinciden en su preocupación por el infarto, de acuerdo con las respuestas del trabajo para la empresa DSM.
Los factores psicosociales explican las lesiones vasculares en tres de cada diez personas. Así lo observó el equipo de Fernando Taragano, del Cemic, el estudiar el «corralito». Con el estudio del equipo de Enrique Gurfinkel, de la Fundación Favaloro y la Universidad de Massachussetts, probaron cómo las crisis económicas matan y causan discapacidad.
La semana pasada, los datos preliminares del Programa Nacional de Alzheimer (PNAz), que dirige Taragano, revelaron que el 13% de los habitantes de tres localidades de Misiones, Córdoba y La Pampa tienen ansiedad y depresión, sin importar si viven en el campo o en la ciudad. «Esto refleja cómo impactan los problemas actuales», dice Augusto Vicario, miembro del PNAz y cocoordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).
Intensamente
Emociones intensas durante un partido de fútbol, un terremoto y un asalto también pueden desatar un problema de salud pública. No se trata sólo de «masticar la bronca» un poquito todos los días. En 2002, investigadores de dos universidades inglesas publicaron en la revista British Medical Journal que el día que la Argentina eliminó a Inglaterra del Mundial de Francia, en 1998, las internaciones por infarto aumentaron un 25% en los hospitales británicos.
Un susto brusco, un divorcio y hasta una mudanza también pueden tener su riesgo. «Morir de un susto no es un mito», desmiente Peidro, y los especialistas coinciden. Las emociones negativas del estrés, como la angustia o la ira, aceleran el proceso de acumulación de placa en las paredes arteriales (arterioesclerosis).
Carol Kotliar, directora del Centro de Hipertensión Arterial del Hospital Universitario Austral, estudia desde hace varios años la relación entre el sistema inmunológico y la enfermedad cardíaca. «La arterioesclerosis es el precio que pagamos por el mal estilo de vida», asegura la especialista, que también es directora médica de Santa María de la Salud.
En la revista Clinical Journal of the American Society of Nephrology, publicó con su equipo que el sistema inmunológico tiene un papel clave en la relación entre el estrés y la susceptibilidad a la enfermedad cardiovascular. Lo atribuyen a un desequilibrio en las líneas de defensa del organismo (linfocitos auxiliadores y reguladores) que favorece una respuesta autoinmune, en especial cuando el estrés es sostenido.
«Cuando las abuelas decían: «No te pongas nervioso que te van a bajar las defensas y te vas a enfermar», tenían razón. Sin saberlo, describían este proceso de activación de la autoinmunidad», señala Kotliar.
Este año, en la Revista Argentina de Cardiología, con su equipo publicó que los hipertensos son más propensos a somatizar que los que tienen presión normal. Lo comprobó con un cuestionario simple. «El hipertenso consulta mucho por dolor de cabeza, inestabilidad y, muchas veces, no encontramos una relación entre el síntoma y la enfermedad. Ahora sabemos que es porque somatiza más -dice-. Si pudiera aplicarse este test antes de hacer tantos estudios, podríamos identificar ese riesgo.»
En Villa María, en un estudio sobre 1366 adultos, el equipo de Vicario y Gustavo Cerezo, del ICBA, observó que la ansiedad y la depresión son más comunes en los hipertensos que en los normotensos. «Estos síntomas anímicos son más frecuentes en las mujeres y en los hipertensos», dice Vicario.
Las cinco frases más comunes
Surgen en las Estaciones Saludables de la CABA:
1 «Tanto estrés me va a hacer explotar el corazón»
Las preocupaciones, los enojos y las angustias pueden elevar la presión. Los profesionales del Programa Estaciones Saludables porteño aconsejan «destrabar» los temas que causan preocupación y expresar las angustias. Hacer ejercicio relaja, libera las tensiones y mejora el ánimo.
2 «Los problemas del corazón son de los adultos mayores»
No, aparecen a cualquier edad. El estilo de vida también puede afectar el corazón y las arterias de un chico. Por ejemplo, la obesidad es una epidemia que afecta desde edades cada vez más tempranas y es un factor de riesgo de enfermedad a futuro. Cuatro de cada 10 chicos hoy tienen sobrepeso.
3 «No es necesario ir al médico. Estoy bien de salud y mi corazón está perfecto»
Los controles médicos periódicos sirven para detectar e intervenir a tiempo enfermedades como la hipertensión, que pueden no dar síntomas.
4 «El esfuerzo afecta el corazón» o «Soy deportista, no tengo problemas»
El ejercicio es beneficioso para la salud. Pero siempre hay que hacerse un chequeo médico antes para determinar cuál es el más adecuado para cada uno.
5 «La comida no tiene nada que ver con el corazón»
La alimentación saludable previene el aumento del colesterol, los triglicéridos y la presión. Esto reduce el riesgo cardiovascular.
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La nueva tendencia ‘job hopping’ de los jóvenes universitarios
Algo que se ha vuelto tendencia en los últimos años es el denominado ‘job hopping’ o el cambio frecuente de trabajo. Casi todos los menores a 32 años se ven en vuelto en este fenómeno.
No es de extrañarse en la sociedad que los jóvenes entren a un nuevo trabajo y al poco tiempo ya estén intentando cambiarse a otro. Algo que no se ha podido evitar pasar por alto y que ha captado la atención de muchos, entre ellos, de la comunidad Linkedln, tanto que han realizado un estudio el cual demuestra cómo los jóvenes cambian más de trabajo que sus padres.
Se ha convertido normal que los llamados ‘millennials‘, los graduados entre el 2006 y el 2010, cambien de empleo hasta cuatro veces en la primera década tras terminar sus estudios universitarios, lo cual duplica el rango de la generación anterior a ellos.
Según Linkedln los denominados ‘Generación X’, los jóvenes graduados entre 1986 y 1990, cambiaban dos veces de trabajo en sus primeros 10 años después de egresar de la universidad.
La generación de millennials
Un tema que también ha captado mucho la atención , es que los jóvenes actuales no sólo cambian muchas veces de trabajo, sino que también cambian de industrias o a campos totalmente diferentes.
El estudio realizado por Linkedln nos permite apreciar varias cosas de los millennials y su tendencia job hopping.
Lo primero que se observa es que los que más suelen cambiar de trabajo son los que laboran en el entretenimiento, en los medios, el gobierno y entidades sin fines de lucros.
En segundo lugar, los que duran más tiempo en sus empleos son los que trabajan en industrias productivas tales como la automotriz, el petróleo y la manufactura.
Un tercer punto; Los jóvenes quieren subir rápidamente de cargo. El cambiar de empleo muchas veces viene acompañado de un cargo más elevado y un mejor sueldo.
Existen muchas teorías del porque los llamados millennials se encuentran en la tendencia job hopping, pero lo cierto es que claramente los jóvenes de hoy día son mucho más inquietos que sus predecesores, ya que van en camino de superar los cuatro cambios de empleo antes de llegar a sus 32 años.
Una calificadora de riesgo le mejoró la nota a la Argentina
Señaló que ve avances en la política para corregir los desequilibrios fiscales. Aún faltan subir cinco escalones para llegar al «grado de inversión».
Luis Caputo espera que tras la mejora de la nota baje el riesgo país. .
La calificadora de riesgo crediticio Standard & Poor´s mejoró la nota de la Argentina para la deuda de largo plazo. Argumentó que dicha mejora se debe a que ve avances en la política que busca corregir los desequilibrios fiscales.
En concreto, S&P llevó de B- a B la calificación. Luego de esta suba, la Argentina debería subir aún cinco escalones más para lograr entrar a la deseada zona de “investment grade” es decir, donde están los países más confiables del mundo y, por ende, los que pagan una menor tasa de interés para tomar o refinanciar deuda. La firma mantuvo su perspectiva para el país en estable.
Con esta mejora de la calificación, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, espera lograr tasas más bajas en futuras emisiones de deuda. O al menos que los precios de los bonos que ya están en el mercado suban de precio para que reflejan un rendimiento menor, es decir, menor riesgo país.
«La acción de calificación refleja los avances logrados en la política económica orientada a resolver grandes desequilibrios, mientras el Gobierno restaura la credibilidad de la política del país», dijo S&P en un comunicado.
“Desde que asumió el cargo, el Presidente Macri ha cambiado la política económica general, priorizando la corrección de los numerosos desequilibrios macroeconómicos y, al mismo busca recuperar la credibilidad del país mejorando el débil marco institucional.»
A principios de marzo, Moody´s, la otra calificadora de riesgo, había mejorado la perspectiva de la Argentina, paso previo a una mejora concreta en la califiación.
En ese momento, Moody’s dijo que mejoró la perspectiva para la deuda gubernamental de Argentina a «positiva» desde «estable», por las «políticas que apoyan un retorno del crecimiento económico en 2017».
Moody’s prevé un crecimiento promedio de la economía de un 3% para este año y el próximo, mejora impulsada por un mayor consumo, una baja de la inflación y un aumento de la inversión pública y privada.
«En los últimos 14 meses, se han establecido varias políticas que han pavimentado el camino para mejoras del crecimiento y la fortaleza fiscal de Argentina, y para una reducción de su exposición a dificultades en el exterior», dijo la agencia calificadora en un comunicado.