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GM cifra en el Bolt sus esperanzas en autos eléctricos
Por Mike Colias.
Van Nussbaum planea comprar un Chevrolet Bolt cuando el auto eléctrico de General Motors Co. esté disponible en las próximas semanas, aunque su costo, comparado con un vehículo a gasolina de tamaño similar, esté un poco fuera de su alcance.
El precio después de impuestos, de US$30.000, es un poco alto en comparación con un auto equivalente, dijo este contador de Indiana, aun contando el ahorro en gasolina. Sin embargo, Nussbaum hizo el pedido de compra en gran parte porque está de acuerdo con la automotriz estadounidense en un punto fundamental: el Bolt elimina la ansiedad de los usuarios sobre el rango de conducción de un auto eléctrico, o el miedo de quedarse sin energía a la mitad del camino en un viaje largo.
A Nussbaum, de 50 años, también le gusta la amplitud de la puerta trasera del Bolt, que le permite meter su bicicleta de montaña, así como su sistema eléctrico de transmisión, que debería significar menos visitas al taller. Los motores eléctricos generalmente requieren menos mantenimiento que los motores a gasolina. Lo que terminó de convencerlo es que el vehículo tiene un rango de 383 kilómetros con una sola carga, más del doble de otros vehículos eléctricos de precio similar, lo suficiente como para cubrir su recorrido diario al trabajo y las visitas a sus hijos en la universidad a 50 kilómetros de distancia.
“Antes de esto, nunca había considerado un auto eléctrico porque el alcance no era suficiente”, dijo.
Después de dos décadas de fallidos proyectos de vehículos eléctricos, incluyendo el malogrado EV1 de finales de los años 90, el Bolt representa una de las mayores apuestas de la presidenta ejecutiva de GM, Mary Barra, en el renovado intento del gigante automotor para dar impulso a este mercado poco desarrollado. El Bolt, el primero de una nueva generación de vehículos eléctricos más baratos y capaces, pondrá a prueba la teoría de que los compradores acudirán en masa a los autos que se pueden enchufar si el miedo a quedarse sin energía disminuye.
“Queríamos pasar ese umbral de los 160 kilómetros para demostrar que en serio queremos dar con la fórmula que aumente la adopción” de los autos eléctricos, dijo Pam Fletcher, ingeniera jefe de vehículos eléctricos de GM. La investigación del fabricante de automóviles muestra que superar el rango de los 160 kilómetros es un factor que atrae a 70% de la gente que no se siente impresionada con la mayoría de los modelos que están en el mercado.
Aunque los autos eléctricos de Tesla Motors Inc. son capaces de recorrer hasta 486 kilómetros con una sola carga, su precio de lujo limita su atractivo. Desde que Nissan Motor Co. lanzó el Leaf en 2010, varias ofertas de precios más bajos llegaron al mercado, pero muchos posibles compradores se han quejado del rango, que rara vez supera los 160 kilómetros por carga.
La respuesta mediocre del público al Leaf, uno de los vehículos más capaces entre los eléctricos de bajo precio existentes, descarriló muchas proyecciones, entre ellas las metas del gobierno del presidente de EE.UU., Barack Obama.
Por su parte, el presidente ejecutivo de Nissan, Carlos Ghosn, predijo ventas globales de 1,5 millones de vehículos eléctricos para 2016, pero los volúmenes sólo han alcanzado una cuarta parte de esa cifra.
Los autos eléctricos están cobrando un atractivo más amplio en China en medio de amplios incentivos fiscales y otros descuentos, pero las ventas estadounidenses se limitan en gran parte al estado de California, donde las estrictas exigencias de aire limpio y otras ventajas, como el acceso a carriles rápidos en autopistas —a los vehículos eléctricos se les permite transitar en ellos sin tener que llevar a más de un pasajero—han impulsado las ventas.
Al lanzar el Bolt en Navidad en EE.UU., GM le está sacando casi un año de ventaja a un importante competidor. Tesla planea lanzar su sedán Modelo 3, que potencialmente se venderá por menos de US$30.000 después de incentivos fiscales, a finales de 2017. En lo que va del año, este vehículo acumula más de 400.000 pedidos anticipados.
En 2013, el éxito inesperado de Tesla con su más costoso Modelo S llevó a GM a pedir a ejecutivos, ingenieros y vendedores de alto nivel que estudiaran el éxito de su competidor y descubrieran cómo vencerlo con una opción asequible. El Bolt incluye una pantalla táctil del tamaño de un iPad y tendrá la capacidad de actualizar funciones.
A pesar de contar con esa ventaja y con más escala de fabricación y experiencia que Tesla, GM enfrenta un desafío en el frente de ventas al por menor. Los concesionarios de Chevrolet, centrados en la venta de camionetas y vehículos todoterrenos de alto margen, tendrán que estar motivados para vender un automóvil que no encabeza las listas de compras de los estadounidenses.
Los vehículos eléctricos requieren especialistas y las demostraciones y entregas toman más tiempo, dijo Shaun Del Grande, propietario de Capitol Chevrolet en San José, California, que cuenta con más de 100 clientes que esperan el Bolt.
“No es sólo llenar el tanque de gasolina y salir a la carretera”, dijo Del Grande. “No será así para muchos concesionarios”.
La familia de Henry Vogel, que vive en el área de San Francisco, tiene un Ford Expedition y un híbrido Toyota Prius. Vogel es un buen ejemplo del gran reto de ventas de GM. El consultor está de acuerdo en que el alcance de 160 kilómetros del Bolt es “el punto ideal”, pero la marca Chevrolet no es su primera opción.
El potencial cliente ha pagado un anticipo de US$1.000 por un Modelo 3, que se espera tenga un rango de por lo menos 345 kilómetros y un precio cercano a US$35.000. Tesla “inventó el vehículo eléctrico de largo alcance”, dijo Vogel. “Prefiero ir con Tesla, sin dudarlo, incluso si significa esperar 12 meses más”.
Fuente: The Wall Street Journal, 16/11/16.
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En lugar de aniquilar el Nafta, Trump apuntaría a negociar cambios radicales
El presidente electo despotricó contra el tratado comercial durante la campaña y amenazó con retirar a EE.UU.
Por William Mauldiny David Luhnow.
Donald Trump (derecha), durante su visita en agosto a México, donde se reunió con el presidente Enrique Peña Nieto, en medio de la campaña presidencial.
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En lugar de aniquilar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés), Donald Trump y sus asesores parecen dispuestos a lograr cambios sustanciales en las normas que gobiernan el intercambio comercial de Estados Unidos con México y Canadá. Se trata de un esfuerzo que puede ser difícil de negociar y peligroso para la economía regional.
El presidente electo despotricó contra el Nafta durante la campaña y amenazó con retirar a EE.UU. del pacto, pero solamente si México rechaza hacer modificaciones sustanciales.
Trump no ha publicado un documento que exprese su nueva visión del Nafta, pero sus comentarios y los de sus asesores sugieren que quieren grandes cambios. Uno de los más probables es la imposición de aranceles especiales u otras barreras con el fin de reducir el déficit comercial estadounidense con México y de nuevos impuestos que perjudicarían a las empresas de EE.UU. que han trasladado producción al sur de la frontera. Su equipo también podría tratar de eliminar una cláusula del Nafta que permite que las compañías mexicanas y canadienses cuestionen las regulaciones estadounidenses al margen de los tribunales.
Se espera que, poco después de asumir la presidencia, Trump solicite al gobierno examinar las ramificaciones de abandonar el Nafta, según un memorándum del equipo de transición sobre el cual informó el canal de noticias CNN. El documento indicó que disputas de larga data entre los signatarios, como los rótulos de denominación de origen en el caso de la carne y exportaciones coníferas canadienses, pueden ser abordadas en un Nafta revisado.
Hay mucho en juego. EE.UU. importó y exportó un total de US$1,1 billones en mercancías desde y hacia Canadá y México el año pasado, comparado con unos US$700.000 millones con la Unión Europea y US$600.000 millones con China.
Canadá y México están entrelazados con EE.UU. en un complejo sistema de cadenas de suministro y algunos componentes cruzan la frontera más de una vez antes de que el producto final llegue a los consumidores. Un desmantelamiento del Nafta trastornaría numerosos sectores y la principal víctima sería México, que se promueve como una plataforma que ofrece a los fabricantes globales acceso exento de impuestos a EE.UU.
El gobierno mexicano ha manifestado su disposición a actualizar el tratado firmado hace 22 años, incluyendo nuevos capítulos sobre el comercio electrónico y otros aspectos que no existían a mediados de los años 90. México también firmaría un compromiso para prevenir la manipulación de la moneda puesto que tiene un tipo de cambio flotante.
Los funcionarios mexicanos, no obstante, son renuentes a renegociar los aranceles y las cuotas a las exportaciones.
“No nos podemos perder en la discusión antigua sobre la política tradicional arancelaria (…) Es un debate del siglo pasado”, dijo el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, ante un grupo de empresarios hace unos días. La reapertura del Nafta crearía una larga fila de intereses especiales en los tres países tratando de obtener protección, agregó.
Jaime Serra, quien era el secretario de Comercio de México cuando se negoció el Nafta, dijo que medidas como una restricción voluntaria de las exportaciones no debieran formar parte de las negociaciones. Las cuotas a las exportaciones, manifestó, serían el comienzo del proteccionismo puro y sería un autogol para ambos países.
El Nafta, cuya negociación concluyó durante el gobierno de George Bush padre y fue puesto en marcha durante la gestión de Bill Clinton,eliminó los aranceles entre Canadá, EE.UU. y México después de un cierto lapso de tiempo y estableció las reglas del juego para la inversión, el empleo y el medio ambiente.
Trump advirtió en reiteradas ocasiones sobre la imposición de aranceles de dos dígitos sobre las exportaciones de México a EE.UU. como una forma de reducir el déficit comercial, al que el presidente electo atribuye la pérdida de empleos del sector manufacturero. Aunque el Congreso le otorga al presidente la facultad de imponer aranceles de emergencia, estos pueden ser cuestionados ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Las audaces advertencias de Trump a los socios comerciales podrían ser su postura inicial en negociaciones que podrían terminar con aranceles y otras barreras relativamente bajas al ingreso de productos mexicanos a EE.UU.
Trump y sus asesores parecen tener una fijación con el déficit comercial estadounidense, que el año pasado ascendió a US$61.000 millones solamente con México, y las formas de disminuirlo.
Algunos demócratas y grupos sindicalistas han acogido el uso de medidas más drásticas para reducir el déficit comercial. Los demócratas de la Cámara de Representantes que encabezaron la oposición al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), defendido por el presidente Barack Obama,se han mostrado dispuestos a colaborar con Trump para alcanzar lo que consideran una política comercial más equilibrada.
El representante demócrata Brad Sherman, de California, sugiere negociar en el marco del Nafta la opción de imponer aranceles especiales de hasta 4% sobre los bienes mexicanos para reducir el déficit bilateral a US$25.000 millones, excluyendo petróleo y productos agrícolas. “Los buenos vecinos tienen relaciones comerciales equilibradas”, señala.
Aparte de las barreras comerciales tradicionales, casos que llevarán a los tribunales y aranceles, Trump y sus asesores han analizado impuestos especiales sobre bienes manufacturados por empresas estadounidenses que han trasladado su producción fuera de EE.UU.
Entre varios planes tributarios, uno que cuenta con el respaldo de los republicanos de la Cámara de Representantes recaudaría dinero de los bienes importados a EE.UU., similar al impuesto al valor agregado que tienen que pagar los productos estadounidenses en el exterior. La medida podría ser desafiada ante la OMC, pero los asesores de Trump señalan que utilizarán la influencia de Washington en el organismo para cambiar la forma en que se trata el IVA y otros impuestos fronterizos.
Algunos expertos que han seguido de cerca los planes de Trump dicen que es probable que negocie la eliminación de algunas cláusulas del Nafta que se han vuelto impopulares, como el sistema de arbitraje internacional conocido como mecanismo de solución de disputas inversionista-Estado.
El arbitraje, codificado en el capítulo 11 del Nafta, permite que inversionistas de un país demanden a otro gobiernos y obtengan compensación al margen del sistema judicial tradicional cuando sienten que sus derechos han sido violados o su propiedad ha sido confiscada.
Si Trump no logra lo que pretende en las conversaciones, tiene la autoridad como presidente de sacar a EE.UU. del Nafta en cuestión de meses y podría advertir de ello en sus primeros días en la Casa Blanca, dicen abogados. Si EE.UU. abandona el Nafta, el pacto podría ser reemplazado por acuerdos bilaterales. Los asesores de Trump ya han dicho que prefieren estos acuerdos a los multilaterales.
Fuente: The Wall Street Journal, 21/11/16.
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Los hoteles de Cristina: cerrados, deteriorados o semivacíos
Clarín recorrió Los Sauces, Las Dunas y Alto Calafate, bajo la lupa judicial por lavado y coimas.
Por Lucía Salinas.

El hotel Alto Calafate investigado por lavado de dinero, propiedad de la familia Kirchner.
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Cerrado con cadena y candado, con basura acumulada en sus jardines, el hotel exclusivo de Cristina Kirchner, Los Sauces, no está incluido en la oferta hotelera de esta temorada. Las Dunas que alguna vez perteneció a Lázaro Báez, esperaba el fin de semana 30 turistas extranjeros y el poco movimiento en sus instalaciones es notorio. El más polémico de los hoteles K, el Alto Calafate refleja un marcado deterioro en sus instalaciones y hasta hace poco, reconoció el personal del lugar, no superaban el 30 % de ocupación. Alquileres millonarios que con la ex Presidenta fuera del poder y con causas judiciales por delante, parecen no ser prioridad en los negocios privados con los que la familia Kirchner cuenta.
El Calafate tiene su ritmo propio y el turismo es el motor, con una nueva temporada en puerta los hoteles de Cristina Kirchner son parte de la oferta de alojamiento, con una particularidad: no conocen la ocupación plena. Fueron denunciados por la diputada Margarita Stolbizer (GEN) sospechados de ser usados «para el cobro de retornos» de empresarios amigos. La ex Presidenta aclaró que no se dedica al rubro hotelero, sino al inmobiliario.
Esta temporada sólo dos de los cuatro hoteles de la ex Presidenta abrieron sus puertas. El más llamativo de todos por su exclusividad y concepto es Los Sauces. La Casa patagónica cuenta con 42 suites cuya decoración tuvieron la constante supervisión de la ex Presidenta. La ampliación del lugar se hizo sobre un terreno de Austral Construcciones, de Lázaro Báez.
El hotel boutique desde su inauguración -hasta hace dos meses- fue administrado por Panatel de Silvana Relats (por U$S 50 mil mensuales) y cuya constructora familiar JCR, fue la segunda firma más beneficiada con contratos viales durante el kirchnerismo con U$S 1.600 millones.
Sin una empresa que lo administre el hotel tiene su acceso principal, una tranquera de madera cerrada con cadena y candado. En el interior del vistoso predio con un césped prolijamente cortado, las casas de madera como una muestra clara de su cierre, tienen las cortinas blancas de tela bajas. El viento no contribuye y en sus jardines la basura continúa acumulándose. Por primera vez permanece cerrado y alojarse allí costaba U$S 400 por noche.
Por la costanera «Presidente Néstor Kirchner» se llega a Las Dunas, una hostería que perteneció a Báez -preso hace siete meses- y que después vendió a Kirchner. Dejó atrás las sencillas instalaciones de doce habitaciones, para convertirse en un hotel cuatro estrellas con 40 habitaciones cuyo principal atractivo, es la vista: el Lago Argentino. «Es en dimensiones similar a otros hoteles que tienen unas 100 habitaciones, no está bien distribuido y no se aprovechó la superficie«, reconoció un trabajador de la obra.
Un gran edificio de color marrón claro y sin el estilo patagónico en su exterior que siempre le gustó a la ex Presidenta, no ofrece calidez en sus instalaciones ni ambientes. Cuenta con un gran comedor en la planta baja que prácticamente no se usa. A la tarde se preparan las mesas para la cena en el segundo piso, «comen poco acá los turistas, hoy (por el sábado) estamos esperando que lleguen al menos 30 turistas«, reconoció una de las responsables del lugar.
La base de hormigón de la ampliación del lugar la hizo Austral pero la obra la finalizó la firma de Pablo Grippo, arquitecto de Los Sauces. El empresario K pagó $3,2 millones en concepto de “alquiler” entre 2010 y 2011 a la ex Mandataria.
Alojarse en Las Dunas -administrado por Idea SA de Osvaldo Sanfelice (ex socio de Máximo Kirchner) cuesta de $ 2.300 a $ 4.313.
El más imponente de los hoteles K se encuentra al ingresar a la villa turística. A mano izquierda sobre el cerro e iluminado en tonos azules de noche se erige el Alto Calafate, investigado por lavado de dinero.Famoso por sus contratos con Aerolíneas Argentinas (U$S 5 millones desde 2007 a 2015) y por las habitaciones que alquiló Báez por $ 14 millones.
La expectativa que despierta el edificio de madera a la vista y grandes ventanales que permiten disfrutar del lago, choca con la realidad. Con un marcado deterioro se observa en el exterior paredes despintadas, madera corroída. Al ingresar, por una puerta lateral ya que la principal -una doble de vidrio con madera- está cerrada, se encuentra el lobby. Allí hay sólo un local que expone algunos souvenirs y lleva el registro de las ventas con una computadora de «Conectar Igualdad», las que repartía la ANSES durante el gobierno K.
El hotel de cuatro estrellas refleja su desmejoramiento en las habitaciones: paredes con empapelado roto en algunos sectores, sumado a alfombras manchadas. Los servicios son deficientes, la señal de televisión se corta y la imagen se ve lluviosa, «es por el viento, siempre se ve así», explicaron desde el área de mantenimiento. Internet es un servicio con interrupciones constantes.
Sin mayor revestimiento acústico, todo es perceptible: los ruidos de los pasillos como las conversaciones de las habitaciones lindantes. Allí el promedio de noches que se alojan los turistas no supera las dos noches, contó el personal del hotel. «Hasta hace poco la ocupación no superaba el 30 %, ahora esperamos dos contingentes de italianos», contó una de las empleadas con más de ocho años allí.
La consulta es inevitable y muchos llegan preguntando si es el hotel de Cristina Kirchner, «curiosos hay siempre, a nosotros nos paga el sueldo Idea SA que son los que manejan el hotel», dijo una de las mozas del restaurante del lugar «Barlovento». El trato es amable pese a las dificultades que produce un edificio con bajo mantenimiento, que ofrece dos piletas con poca circulación de aire.
La habitación más económica en el Alto Calafate cuesta $ 3.911 y la más costosa $ 6.652. El Alto Calafate marcó una época en los negocios de la familia Kirchner y sus administradores se esperanzan con llenar el hotel los próximos meses.
Fuente: Clarín, 21/11/16.

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¿Por qué tu caro coche de lujo no impresiona a las personas inteligentes?
Por A. Carlos González.

Es cierto que un gran segmento de la sociedad sigue presionando a las personas en este sentido, pues el coche que una persona conduce podría verse como una «carta de presentación», como un símbolo que refleja con precisión el nivel de éxito financiero de esa persona o lo que esa persona ha logrado en la vida.
Las personas inteligentes saben que eso no es así. Al menos no en la mayoría de los casos. Desde un punto de vista financiero, el coche es la peor inversión que puedes hacer en la vida, pues es el activo más devaluable que existe, un activo cuyo precio a futuro siempre tiende a cero.
El precio de lista de un vehículo no es un indicador fiable del éxito financiero en absoluto. Y los ejemplos los podemos ver por todas partes.
Jóvenes entre los 18 y los 25 años conduciendo un BMW y toda clase de vehículos de gama alta. No son conocidos por tener negocios de enorme éxito, y en muchos casos ni siquiera trabajos bien pagados (o trabajos a secas).
Por no hablar de que a menudo, muchos de estos jóvenes y no tan jóvenes tienen unos ingresos procedentes de actividades ilícitas, siendo lo menos inteligente el llamar la atención con un vehículo de alta gama.
Personas que trabajan de operarios en una fábrica o la construcción y que no llegan a los 18.000€ de ingresos anuales, pero tienen un biplaza bastante caro. ¿Se supone que eso nos debe impresionar?
Conozco a una pareja que estrenaron un Mercedes de 40.000€ (él) y un BMW Z4 (ella) en un momento en que su situación financiera parecía ir bastante bien si tenemos en cuenta la «inversión en movilidad» que realizaron. No volví a saber de ellos el día que el banco ejecutó la hipoteca de la casa en que vivían. Aunque desconozco la causa exacta que les llevó a perder su casa, probablemente, de haber conducido coches más modestos que no hubieran requerido pagos mensuales tan altos, quizás podrían seguir viviendo en su casa hoy día.
Así que claramente, no se puede determinar el nivel de éxito financiero o tamaño de la cuenta bancaria de una persona por el tipo de coche que tiene.
En muchos casos, lo que se puede medir desde un punto de vista psicológico es el nivel de inseguridad de una persona o lo influenciable que ésta pueda ser. No estoy diciendo que todo aquel que tenga un coche de alta gama sea una persona insegura e influenciable, pero sí puedo decir que si conduces un coche cuyo coste pone en peligro tu capacidad de ahorro o, en caso de perder tu trabajo mañana, no pudieras hacer frente a las letras del vehículo, has comprado algo que está por encima de tus posibilidades financieras. Y eso no es inteligente.
¿Por qué compramos coches que no nos podemos permitir?
Lo cierto es que la mayoría de nosotros podríamos comprar un vehículo de 30.000 ó 40.000 euros y pagarlo a plazos, pero personalmente, mi actual coche me costó 1.800€ de segunda mano, con 70.000 kilómetros y muy bien cuidado [Nota de EP: Obviamente estos son precios de Europa, en Argentina los autos usados son más caros y los 0 Km mucho más]. ¿Y sabéis qué es lo mejor? Me lleva del punto A al punto B en los recorridos que hoy día necesito hacer. Lo hace igual que esos coches de 40.000€.
Antes me preocupaba a la hora de aparcar en ciertas zonas de la ciudad por si me rayaban el coche. Acaba teniendo un gasto añadido en parking. Incluso me molestaba si alguien se sentaba en el capó del vehículo. Ahora no me importa tanto si me lo rayan ni que se siente alguien en el capó. No tengo ninguna relación sentimental con el coche.
Y si alguien está pensando en que un coche de segunda mano sale más caro en cuestión de averías que uno de primera mano, creo que desmontamos ese pensamiento desde un punto de vista financiero.
¿Puedes soportar que tus amigos y conocidos presuman de super-coche y lo comparen con el tuyo?¿Puedes soportar comentarios jocosos porque no conduces un BMW?
En mi caso me importa un carajo. Hay quien critica mi punto de vista basándose en que no me gustan los coches y por eso no aprecio la potencia de un buen coche. Y es cierto, la verdad es que no entiendo mucho de coches a pesar de alcanzar el millón de kilómetros en carretera antes de los 30 años.
Pero sí entiendo y disfruto, por ejemplo, de la compañía de una mujer, y no por ello tengo necesidad de contratar los servicios de prostitutas de lujo (tampoco de las de gama media y baja, ja, ja).
Finalmente, en un alto porcentaje de casos se usa el coche como herramienta para impresionar o por simple y costoso capricho, y en este caso no sé qué es más peligros desde un punto de vista de inteligencia financiera (o inteligencia a secas).
Mientras que muchos propietarios de automóviles de lujo continuarán cargando con los fuertes pagos mensuales del coche durante los próximos años para tener el privilegio de ir de la casa al trabajo con estilo y elegancia, el resto seguiremos conduciendo un vehículo por lo que es (una herramienta de desplazamiento) y usaremos el dinero que no gastamos para nuestros objetivos financieros y alcanzar así la libertad financiera.
Por tanto, lejos de sentirte impresionado por una persona que conduce un vehículo de gama alta, pregúntate: ¿Lo tendrá pagado ya? ¿Cuánto pagará de letra cada mes?¿Cuánto le quedará por pagar?
Y es que, aunque tengas un coche de segunda mano de 1.000€ de valor, en muchos casos acabas teniendo más coche que el propietario del vehículo de gama alta, el cual, lo único que tiene más que tú es 18.000 ó 25.000 euros más de deuda que tú.
Fuente: negocios1000.com, 21/11/16.
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Día de la Soberanía Nacional: por qué se recuerda hoy
En 1845, las tropas nacionales consiguieron una victoria inesperada y propulsada por el amor a la patria.

Hace exactamente 172 años, el 20 de noviembre de 1845, un grupo de soldados argentinos consiguió lo inesperable: pese a la desigualdad de condiciones, a favor del oponente claro, consiguieron hacerle frente a una invasión anglo-francesa que pretendía meterse en suelo argentino, adueñarse de sus tierras.
En total, los extranjeros habían dispuesto más de cien navíos para llevar a cabo la misión; cada uno de ellos estaba repleto de productos para ser colocados en la provincia de Corrientes y en Paraguay . Además, contaban con 300 camiones. No bastaron. El buque argentino, los 24 lanchones, los 40 cañones y las tres cadenas gruesas fueron más fuertes. Fueron muestra de que el pueblo no estaba dispuesto a renunciar una vez más a su capacidad de elegir. Los tiempos de la colonia habían quedado atrás.
Juan Manuel de Rosas, al frente del gobierno de Buenos Aires por entonces, no tuvo dudas. Se contactó con el libertador de América, el general José de San Martín, consiguió su respaldo y preparó así una resistencia que iba a hacer historia.
La Vuelta de Obligado, un estrecho recodo del río Paraná donde el cauce de las aguas se angosta y gira, fue la clave de la victoria. Los invasores querían entrar por ese río pero las tropas nacionales, al mando de Lucio Mansilla, consiguieron anticiparse gracias al conocimiento de ese espacio.
La batalla comenzó antes de que los enemigos lo planificaran. Y pese a que en número, en tecnología y en conocimientos eran superiores, los soldados argentinos dieron el batacazo, no se acobardaron y pelearon sin descanso durante siete horas. Así lograron que las tropas sajonas no ocuparan las costas y por consiguiente no lograran adentrarse en suelo argentino.
«Esta heroica resistencia, así como también el espíritu de lucha nacional se conoció en toda Europa y quedó inscripto en nuestra historia como un símbolo de independencia, libertad y unidad nacional», destaca en su web el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
Desde 2010, esta fecha es feriado nacional. Sin embargo, este año el gobierno decidió pasar el asueto al lunes 28 de noviembre.
Fuente: La Nación, 20/11/16.
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Gitana, que tú serás
como la falsa monea,
que de mano en mano va,
y ninguno se la quea…
Ramón Perelló
Este martes, supimos que el equipo de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona está a punto de lanzar una moneda local (o social, como les gusta llamarla) qué será efectiva de forma piloto en los primeros días de 2017. Apoyándose en los habituales mensajes de “no es la primera ciudad”, “es una iniciativa social” o “permitirá estimular la economía local”, nuestros próceres se dedican a dirigir el peligroso juego de “si esto ya ha funcionado, por qué no voy a poder replicarlo yo”. ‘Esto’ es el dinero, que efectivamente lleva miles de años entre nosotros, desde que los seres humanos nos dimos cuenta de que la satisfacción de nuestras necesidades mediante el intercambio era más sencilla si abandonábamos el trueque y utilizábamos un patrón, una medida común del valor de las cosas. Surgió entonces el dinero, de forma espontánea, y con él la moneda, que no es sino una materialización del anterior.
Las características fundamentales del dinero han sido históricamente dos: medio de intercambio sencillo y reserva de valor. Precisamente por esas dos razones, el individuo, libremente, sin imposición de ninguna autoridad, escogió el oro como moneda, tal y como explico en mi libro ‘Retorno al patrón oro‘. Y cada vez que el Gobierno ha tratado de apropiarse de la idea, ha fracasado. Ocurrió muchas veces en la historia. A primeros de 1700 en Francia, cuando el escocés John Law se puso al frente de las finanzas de la regencia o pocos años después, tras la Revolución de 1789, con la sustitución de la moneda basada en oro por la respaldada por tierras (expropiadas a terratenientes e Iglesia), conocida como asignados. En ambos casos, el Gobierno trató de sustituir la moneda que libremente habían elegido los ciudadanos por otra impuesta. El efecto fue en ambos casos el mismo: la quiebra del Estado por la desconfianza de los ciudadanos en la moneda.
Usamos el dinero que nos coloca el Estado porque no podemos de otra forma pagar nuestra factura fiscal, esa que surge con el nacimiento del individuo
Durante la Guerra Civil española, el Consejo de Asturias y León lanzó los famosos ‘belarminos’ (en honor a su gobernador general, Belarmino Tomás), con monedas y billetes en distintos faciales; lo mismo ocurrió en el País Vasco, en Cataluña, en Menorca o Cantabria, Palencia y Burgos. Hubo más de 2.000 corporaciones u organismos locales que pusieron en circulación más de 7.000 billetes diferentes. Si en el caso francés había detrás de la sustitución una necesidad perentoria por parte de la Administración (que carecía del oro necesario para respaldar la moneda, exactamente igual que ocurrió con los ‘greenbacks’ de la guerra de secesión norteamericana), no puede decirse lo mismo de las corporaciones locales españoles durante la Guerra Civil, donde, además de la ausencia de oro para respaldar las emisiones, existía una auténtica imposibilidad de acceder a la moneda oficial debido a la situación. Acabada la guerra, se restableció con el tiempo la ‘normalidad’ fiduciaria.
La humanidad lleva el periodo más largo de su historia sin verdadero dinero, en un experimento que acabará como han acabado todos los anteriores. Desde que en 1971 el Gobierno de Richard Nixon cerrase la ventanilla del oro, aceptamos como dinero lo que simplemente es crédito. Los gobiernos (siendo correctos, los bancos centrales, órganos de planificación financiera que no son sino la extensión de la voluntad de los anteriores) emiten moneda sin respaldo físico desde hace 45 años y los ciudadanos lo hemos aceptado por la única razón de ser el único medio liberatorio de las deudas con la hacienda pública. Es decir, usamos el dinero que nos coloca el Estado porque no podemos de otra forma pagar nuestra factura fiscal, esa que surge con el nacimiento del individuo.
Porque, siempre que dos monedas han competido en el mercado (y ha sido así siempre en la historia), ha triunfado aquella que mayor aceptación ha tenido entre los individuos, sin imposiciones gubernamentales. Porque, como bien señaló Gresham, la moneda considerada como mala desplaza a la buena, que desaparece de la circulación. Esta ley es tan fuerte como la de la gravedad y causó miles de muertos durante la Revolución francesa, cuando se ejecutaba a todo aquel sospechoso de ‘especular’ (atesorar) moneda de oro.
Cuando dos monedas han competido en el mercado, ha triunfado la que mayor aceptación ha tenido entre los individuos, sin imposiciones gubernamentales
Lo que no recuerdan nuestros dirigentes, básicamente porque lo desconocen (éxito que comparten con el 99% de los alumnos de las escuelas de economía y administración de empresas, gracias a la tremenda labor de socavación de los fundamentos de la economía que ha llevado el ‘mainstream’ desde los años setenta), es que, como estableció Carl Menger en sus ‘Principios de economía’, “el dinero no es un invento del Estado. No es el resultado de un acto legislativo.”
Ahora que Barcelona lanza una moneda tan social como la que pretende, yo solo tengo un par de dudas que seguro que desde allí pueden aclararme quienes gobiernan el municipio. Una, si no sería quizá más social reducir los impuestosque soportan los individuos y que de esta forma pudiesen elegir libremente a qué destinar su excedente monetario (poco o mucho, pero mayor que el actual, sin duda). Otra, si aceptamos que la medida se ha tomado por el bien de los ciudadanos, por qué no aceptan la nueva moneda como medio de pago de los impuestos de la corporación municipal. Seguro que, en tal caso, será aclamada y aceptada por todos, pues nadie puede pensar que, como en la canción, vaya a ir de mano en mano sin que ninguno la quiera.
Fuente: blogs.elconfidencial.com, 16/11/16.
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Fase nacional de la globalización
Por Jorge Castro.
El triunfo de Trump el 8 de noviembre está directamente vinculado al hecho de que una fase de la globalización ha terminado, y la que viene – que tiene sólo dos protagonistas, Estados Unidos y China –, recién comienza a esbozar sus trazos fundamentales.
A partir de 1980, las tecnologías del procesamiento de la información (IT) modificaron radicalmente el costo de las transmisiones – cayeron 20% por año –; y al permitir tomar decisiones estratégicas en tiempo real a escala global, impulsaron el surgimiento de las cadenas globales de producción, núcleo estructural de la globalización capitalista del siglo XXI.
Esta vía abrió a los países asiáticos el proceso de industrialización, ante todo a China; y este desarrollo industrial, impulsado por la inversión de las empresas transnacionales (ETN), rápidamente tuvo un impacto exportador (producción fragmentada + alto porcentaje de insumos importados por unidad de producto).
La combinación de tecnología de punta y los costos laborales más bajos del sistema, otorgó a la producción asiática una competitividad excepcional, y los niveles de rentabilidad más elevados de la historia del capitalismo.
El resultado fue el traslado de la industria trabajo-intensiva de los países avanzados a los emergentes; y esto coincidió con la mudanza que las ETN realizaron a China de su conocimiento más avanzado (gerenciamiento, marketing, diseño, know-how).
Así comenzó a aumentar la escala del valor agregado y la complejidad tecnológica de las exportaciones chinas, mientras surgía una diferencia de productividad de 9 a 1 entre el sector exportador y la industria nacional.
El punto de inflexión en la industrialización asiática – salto cualitativo – se produjo al incorporarse China a la OMC (2001). La fórmula alta tecnología/fuerza de trabajo china adquirió un carácter explosivo. Las exportaciones de la República Popular se duplicaron en valor cada 4 años (+30% anual) y 40% de sus colocaciones en el exterior fueron equipos de capital intensivos en conocimiento.
De esta forma se desplegó la convergencia estructural (alza de la productividad + auge del ingreso per cápita) del capitalismo chino sobre el norteamericano. En este período (2001-2009), China creció 11% anual, el PBI per cápita trepó 9% por año y la productividad se incrementó a un ritmo de 9,2% anual.
El superávit de cuenta corriente chino se transformó en esta etapa en el primero del mundo (11% del PBI/U$S 380.000 millones en 2007), y las reservas treparon a U$S 3,4 billones, triplicando al siguiente en orden de importancia, que es Japón con U$S 1,2 billones.
La convergencia estructural de China se completó en 2009. Coincidió con la crisis financiera internacional de 2008. Allí se produjo el traslado definitivo del eje de la acumulación global del mundo avanzado al emergente (China a la cabeza constituida en categoría propia), y cambió la historia del mundo.
La contrapartida fue que EE. UU. se sumergió en un ruinoso proceso de desindustrialización, con la desaparición virtual de su industria trabajo-intensiva, sumada a la pérdida de 2,6 millones de puestos de trabajo manufactureros y a la emigración – fundamentalmente a México – de gran parte de la industria automovilística.
Ahora surge un nuevo sistema de producción global completamente horizontalizado, donde se compite sólo a través de la innovación y el capital es básicamente intelectual (inteligencia colectiva), mientras que los equipos de producción se vuelcan a la robotización.
Los únicos dos protagonistas – por ahora – del nuevo mecanismo de acumulación se han volcado en esta etapa de transición a una “fase nacional” para procesarlo. Uno lo hace con el liderazgo de Xi Jinping y el otro con Donald Trump.
El 8 de noviembre quizás tenga un significado histórico semejante al de China en la OMC, sólo que a una escala mayor, propia del gigante estadounidense.
Fuente: Clarín, 20/11/16.
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Davos
Por Enrique Szewach.
El New Yorker definió al Presidente electo de los Estados Unidos como “un hombre hueco”.
En realidad, marcaba la frustración y, a su vez, el desprecio que los intelectuales y la elite política gobernante tienen no sólo por Trump, si no por quienes lo votaron.
Aun con el riesgo de simplificar demasiado, lo que está detrás del triunfo de Trump y no sólo del triunfo de Trump, es un severo cuestionamiento a la globalización, un desafío al “hombre de Davos”.
La elección de Trump retoma la alianza “conservadora-popular”, que había dejado el poder con las administraciones demócratas, que se habían aggiornado con predominio de las “clases medias tecnológicas y supereducadas” y los nuevos ricos del Sillicon Valley, financiados por Wall Street.
En otras palabras, Trump representa la idea de que la globalización es, básicamente, trabajo barato chino y de otras regiones, para desplazar mano de obra no calificada al resto del mundo.
Con manipulaciones de la moneda y artimañas comerciales para “abusarse” del mercado norteamericano (o los mercados internos occidentales).
La “nueva alianza”, entonces, en USA es la de los “ricos tradicionales” y la clase obrera que perdió el paraíso a manos de los nuevos ricos y de los trabajadores pobres del resto del mundo.
Lo que aparece cuestionado es el “programa” del Sillicon Valley: trabajo high tech y alto valor agregado en USA, y el trabajo “bruto” afuera.
Esto requería, en el corto plazo, compensar a los perdedores, con crédito, subsidios, etc.
La crisis financiera del 2008 puso una piedra en el camino en este programa, y la administración Obama pudo salir de la crisis, e imponer un programa de salud, pero fue incapaz de encontrarles, si lo hay, un lugar digno a los perdedores de la globalización. Reinsertarlos con educación y capacitación.
Esto divide a la sociedad norteamericana, como, dicho sea de paso, al resto de las sociedades del mundo occidental, entre los ganadores con la globalización, y los perdedores de corto plazo.
En general, casi por casualidad, esa división es “mitad y mitad”, por eso está resultando tan difícil predecir el resultado de cada elección y por eso las “grietas” se dan en todos lados, cada una a su manera.
Y por eso es más difícil «apostar» por un resultado electoral, en la Argentina, en España, en el Reino Unido, en Perú, o en Estados Unidos.
En muchos países, la “solución” ha sido subsidios y gasto público improductivo, crédito al consumo, y fiesta populista. Burócratas administrando una transición permanente. Pero esto no soluciona el problema, lo posterga, y cuando se agotan los recursos, viene la crisis.
Trump aglutina a los perdedores del modelo Davos.
Tanto desde el mundo del capital, como desde el mundo del trabajo.
Su objetivo es revertir la globalización así entendida.
Recuperar capitales y trabajo de baja calificación para los norteamericanos, protegiéndolos contra el trabajo barato chino o mexicano. Lanzar un ambicioso programa de infraestructura para devolverle competitividad a la economía norteamericana. Bajar alícuotas del impuesto a las ganancias. Denunciar los acuerdos comerciales que “entregan” el mercado interno estadounidense.
Atacar, en síntesis, el esquema de los tecnólogos del Sillicon Valley, y de los intelectuales “davosianos” newyorkinos que lo desprecian y lo consideran hueco.
Este nuevo escenario, más allá de lo que finalmente se implemente, o de sus dudosos resultados, es un gran desafío para la Argentina.
Justo ahora que íbamos hacia Davos, Davos se aleja.
Pero para la Argentina, no hay alternativa a la globalización.
Un país al que le “sobran” alimentos y, potencialmente, energía, con mano de obra de alto costo, y un mercado interno muy pequeño, sólo puede crecer abriéndose al mundo, atrayendo capital y tecnología de punta.
Ello implica que ahora habrá que hacer más rápido y más eficientemente, lo que se iba a hacer de todas maneras.
Inversión en infraestructura pro competitiva, y social. Reforma impositiva para bajar impuestos, y reforma del gasto para que esos impuestos alcancen y se baje el déficit más rápido. Y una reconversión inteligente de los perdedores.
Todo esto, antes que se recomponga la alianza proteccionista que nos mantiene estancados desde hace décadas e interrumpa el proceso.
Curiosamente, el triunfo de Trump ha puesto a la administración de Cambiemos en un lugar inesperado: La defensa de la globalización, desde un confín lejano, muy lejano a Davos.
Fuente: La Nación, 19/11/16.
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La primera vez que escuché las palabras “contabilidad creativa” pensé que se trataba de un chiste. No es ningún chiste. Existe y se aplica: la aplica el Gobierno cuando quiere ocultar el aumento del déficit o la oposición cuando necesita forzar un financiamiento imposible.
-¿Usted qué quiere que le responda? Yo tengo papers para todo; a favor y en contra, me dijo, inmutable, un asesor presidencial kirchnerista, en la radio, durante la campaña.
Según Kamal Nasser, la contabilidad creativa es “la transformación de los números de la contabilidad financiera de lo que realmente son a lo que quien los prepara quiere que sean, aprovechando las reglas existentes y/o ignorando algunas o todas ellas”.
A la hora de dar ejemplos se cita el caso Enron, una empresa que tardó sólo 24 días en pasar de un valor de 70.000 millones de dólares a poco más de 100 millones.
En Argentina, señores, la matemática es subjetiva: dos más dos es “depende”, y no cuatro.
Ahora que Juan Manuel Abal Medina se despertó y encontró, sorprendido, un país lleno de pobres, el Senado dio por amplia mayoría media sanción a la “ley de emergencia”.
Se trata de aumentar un 15% las asignaciones por hijo y por embarazo y “crear” un millón de empleos formales mediante la reconversión de planes sociales, junto a un Consejo de la Economía Popular que deberá proponer en menos de 180 días un salario social complementario para los trabajadores en negro.
El proyecto es encantador y quizá le faltó pedir otro reno para Papá Noel, de modo que los regalos lleguen antes a los niños.
¿Quién podría estar en contra? Yo, sin ir más lejos, querría seis millones de puestos de trabajo y un 300% de aumento para la AUH. ¿Votamos?
Detrás de la escena todos secretean: Macri va a tener que vetarlo. En el fondo importa más eso que el proyecto en sí.
Hay también -cuándo no- intereses de parte: con ese dinero podría triplicarse la asignación, pero se elige “crear” puestos de trabajo a través de cooperativas: la asignación evita el clientelismo y ésta otra opción, quizá, lo fomente.
Por otro lado, en la medida en que la propuesta política se aleja de la realidad concreta, se vuelve reaccionaria: nada peor que deprimirse por algo que nunca va a pasar.
¿Cómo inventar un millón de puestos de trabajo sin invertir a la vez, para que los beneficiarios trabajen en algo?
A menos que se crea en la necesidad urgente de cortar el borde del pasto de las plazas, ¿en qué trabajarían sin inversión de capital con el que desarrollar los emprendimientos?
Como este ítem básico ni siquiera está contemplado, es imposible hablar del costo real del sueño culposo de Abal Medina. La contabilidad creativa surge a la hora de tener que explicar el financiamiento: aumentar impuestos. Uno de ellos es el impuesto a la renta financiera que funciona en el imaginario como funciona el aguinaldo en el caso individual: cuando llegue podré comprarme todo, cancelar las deudas y ser feliz.
Es del todo cierto: es injusto que ese impuesto no exista, pero su entidad en la recaudación es discutible.
Ya hay hoy un grupo de rentas financieras alcanzadas con el impuesto, pero es verdad que casi la totalidad de las rentas generadas en Argentina no están sujetas a impuesto cuando quien las gana es un individuo y no una empresa.
También tienen trato excepcional, por ejemplo, las remuneraciones de la actividad petrolera o el Poder Judicial cuando no paga Ganancias.
Según el economista Martín Tetaz, de nuestro equipo en Radio Mitre, algo que relativiza el impacto de la renta financiera es que el 58,1% de los títulos públicos y el 34,5% de los depósitos de plazo fijo en pesos pertenecen al ANSeS y al BCRA. Como probablemente se los exceptuaría del pago, la recaudación bajaría a la mitad. A la vez los fondos de jubilados están en un 64,4% en títulos públicos y obligaciones negociables, y también se verían afectados.
Los impuestos de las mineras también figuran en la lista de financiamiento: en este punto la discusión es esquizofrénica: hay quienes afirman que las mineras sólo pagan el 3% de lo que extraen, y las mineras sostienen que pagan más impuestos acá que en Chile o Perú: 30,4% en Argentina, 18,7% en Chile y 20,4 en Perú.
Es imposible que las dos cosas sean ciertas a la vez, pero lo es también desentrañarlo.
En el caso de los impuestos al juego todavía vuela como un pájaro negro la frustración de Vidal para imponerlo en la provincia de Buenos Aires: en su gabinete se ilusionaron con 1.200 millones extras elevando de 12 al 19% Ingresos Brutos de los bingos, pero el tándem Angelici-Mautone intervino para bajarlo.
En paralelo, el gobierno anunció el bono de $ 2.000 a $ 3.500 para los empleados estatales. El dinero que lo financia no fue aportado por Robin Hood: nos costará a todos nosotros entre 150 y 200 pesos por habitante.
De los 365 días del año, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, al menos 172 se destinan a trabajar para el Estado. Según el salario un trabajador formal, debe trabajar entre 172 y 217 días para cumplir con los impuestos municipales, provinciales y nacionales. El día del año en el que empezamos a trabajar para nosotros mismos esta entre el 21 de junio y el 5 de agosto.
Fuente: Clarín, 19/11/16.

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Los impuestos progresivos están basados en una máxima marxista y destruyen los incentivos al progreso.
Hace cinco años que Juan trabaja en la empresa que admiraba desde chico. Al salir de la facultad, lo primero que hizo fue enviar allí su currículum y felizmente fue seleccionado. Gana un buen salario y siempre se esfuerza para que le vaya mejor. Pone mucho de sí mismo, es comprometido, y busca permanentemente cumplir y superar sus objetivos.
La semana pasada, el supervisor lo llamó a su oficina. Tenía una buena noticia para comunicarle. Luego de las evaluaciones de desempeño y en vistas a una ampliación de sus responsabilidades, le iban a dar un aumento de sueldo. Se trataba de un considerable 29% de suba.
Feliz como estaba y listo para enfrentar sus nuevos desafíos, le contó la novedad a su mujer, Florencia. Ambos festejaron. Justo estaban pensando en construir un nuevo cuarto en su casa de dos ambientes para la llegada de su bebé a mediados del año que viene. Salieron a cenar.
El problema apareció el día del pago. Cuando miró su cuenta bancaria, Juan vio algo que no cerraba. Le habían prometido un 29% de aumento, pero solo había recibido un monto que representaba una suba del 20%.
¿Quién se había quedado con su dinero?
Cuando planteó la situación en Recursos Humanos, comprendió lo que sucedía. Su sueldo bruto había aumentado efectivamente en un 29%, pero también había aumentado el monto de impuestos a pagar por ganancias. Y más que proporcionalmente. Las cuentas ahora no eran las mismas, y Juan y Florencia decidieron posponer la ampliación de su casa.
La situación que acabamos de describir es típica de los sistemas tributarios que se llaman “progresivos”. En dichos sistemas, inspirados en la máxima marxista de “a cada quien según su necesidad y de cada cual según su posibilidad”, el estado cobra más impuestos a quienes más ganan, mientras que a los que menos ganan les cobran tasas más reducidas.
Si se miran las tasas impositivas que se cobra a las personas físicas en Argentina, por ejemplo, veremos que una persona que tiene una ganancia neta anual sujeta a impuestos (es decir, menos los aportes a la seguridad social y las deducciones específicas) de hasta $ 10.000, deberá tributar el 9% más una suma fija. Si ese monto es de hasta $ 20.000, el estado le exigirá un 14% más una suma fija. Si la ganancia neta anual supera los $ 60.000, entonces el estado tomará una suma fija más el 27% del monto, y si el ingreso percibido es de más de $ 120.000 (una persona que cobra $33.000 de mano por mes, por ejemplo), entonces el gobierno se quedará con 35% más un monto fijo de $ 28.500.
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Curiosamente, y a pesar de su nombre, el impuesto “progresivo” castiga el progreso.
Es que en una economía de mercado, los ingresos de cada individuo están determinados por el valor agregado que cada persona le aporta a la sociedad. En términos más concretos, un empresario exitoso es aquel que ofrece mejores productos y servicios a sus conciudadanos y es por eso que sus ingresos son mayores. En un proceso voluntario, la gente elige entregarle su dinero a cambio de los bienes y servicios que el empresario produce.
Dentro de una empresa, el sistema funciona de manera similar. Si un empleado agrega valor, será promovido y ganará un mayor salario. Ese mayor ingreso es el resultado de su buen desempeño laboral, que está en línea con el objetivo de la empresa, que en una economía de mercado es satisfacer las necesidades del consumidor.
Por este motivo, y en línea con lo explicado por Murray Rothbard, “imponer penalidades a los que han servido mejor a los consumidores daña no solo a los productores, sino también a los consumidores”.
El daño a los incentivos que genera el impuesto progresivo a las ganancias puede comprenderse mejor si llevamos el ejemplo al extremo. El extremo de la progresividad fiscal haría que frente a cada suba de los ingresos del individuo en términos brutos, nulo sea el aumento en términos netos.
Por ejemplo, si el impuesto cobrado a una persona que gana $ 10.000 es de 25%, pero cuando pasa a ganar $ 12.000 se le cobrara 37,5%, entonces en términos netos el individuo recibiría siempre $ 7.500.
En este caso, se ve claramente que el incentivo a ganar más dinero se destruirá por completo. Finalmente, nadie tendría ganas de trabajar más y la economía colapsaría.
Una propuesta alternativa es la de cobrar un impuesto de tasa fija, o “flat tax”, que para cada nivel de ingresos tenga una misma tasa. Esto haría que los aumentos del salario bruto sean exactamente iguales a los del salario en mano, mejorando el sistema de incentivos.
Claro que este flat tax debería ser bajo e igual al mínimo de la escala actual, ya que si estuviera por encima penalizaría a todos los que hoy pagan por debajo de ese nivel.
Con un impuesto de tasa fija, quienes más ingresos generen, también aportarán más a las arcas públicas, pero no se les castigará el mejoramiento de su situación personal.
El impuesto a las ganancias de personas físicas será debatido el año que viene en el congreso. Entre otras modificaciones, se debatirá incluir una nueva escala que grave los ingresos más altos con una tasa del 40%.
Esperemos que la iniciativa no prospere. Si hay algo que no necesita este país, ni ningún otro, es seguir castigando a los que quieren progresar. Desde este lugar, vaya el pedido para una refundación completa del concepto de la progresividad, y una profunda baja de la presión impositiva sobre los empresarios y trabajadores.
Fuente: inversor.global, 17/11/16.
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