Chile: El terror y la crisis como formas de gobernar
noviembre 19, 2019
De la evasión a la insurrección
Por Alexis López Tapia.
Texto completo en PDF
El modelo insurreccional que hemos estado viviendo, politológicamente se denomina “Revolución Molecular Disipada”. Ese nombre no es un “invento de los analistas”,sino de sus propios autores. Algunos de los teóricos de este modelo son los antes mencionados Gilles Deleuze y el Colectivo Tiqqun, y a partir de este, el texto clave que como vimos, ha sido adjudicado a Julien Coupat “La insurrección que viene”, firmado por «El Comité Invisible». A ellos se deben añadir los tres autores fundamentales de las tesis de la Deconstrucción: Félix Guattari, Michel Focault y Jaques Derrida. En general, todos ellos “abogan por un modelo de Deconstrucción para aplicar una “Revolución Molecular Disipada”, que, lejos de una política presencial, tal como se ha desarrollado (en espacios e instituciones) pretende organizarse a través de la acción nómade y sin lugares (cibernéticamente). Esto se traduce en una prescindencia de la jerarquía, o de un líder visible, o un vocero como sucede en la vertical” .
A través de la Revolución Molecular Disipada, “se intenta llevar a cabo un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal, que normaliza de manera gradual y cotidiana disposiciones y conductas en orden de alterar el estado de normalidad social del sistema dominante, con el objetivo de ser derogado y sustituido” .

El futuro de Guyana
noviembre 4, 2019
Cuál es el pequeño país de América que crecerá 86 por ciento en 2020
Tiene 780 mil habitantes. La estimación fue hecha por el Fondo Monetario Internacional y se basa en el petróleo
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Comparte fronteras con Brasil, Venezuela y Surinám. Es el único cuya población habla inglés y el más chico de América del Sur. Pero su proyección de crecimiento en 2020 alcanza el 86 por ciento de acuerdo a un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI). Se trata de Guyana, la pequeña nación en el norte del subcontinente que podría convertirse -en pocos años- en una potencia de la economía mundial, de acuerdo a diferentes análisis.
La explosiva expansión de su Producto Bruto Interno (PBI) para el año entrante fue reportado por el organismo internacional de crédito. Pero no es el único que hace futurología respecto al boom económico explicado gracias a un descubrimiento: el petróleo. Hace pocos meses el embajador de los Estados Unidos en Georgetown, Perry Holloway, señaló: “Muchas personas aún no entienden lo grande que es esto. En 2025, el PIB aumentará entre un 300% y un 1.000%. Esto es gigantesco. Será el país más rico del hemisferio y, potencialmente, el país más rico del mundo«.

Actualmente, Guyana es la economía número 161 por volumen de su producto bruto. Su deuda pública en 2018 fue de alrededor de 2 mil millones de dólares, con una deuda del 52,94% del PIB. Esos números podrían pronto quedar en el pasado.
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Su expansión económica sería 40 veces mayor que la que se espera de los Estados Unidos. “La razón por la que el FMI está proyectando (esos datos) es porque Guyana tiene la mayor cantidad de petróleo por persona individual de cualquier país del mundo”, dijo Natalia Hidalgo, analista independiente a la cadena de noticias CNBC. La especialista hace una comparación abrumadora: Arabia Saudita tiene una reserva de 1.900 barriles por cada habitante; Guyana, 3.900.
ExxonMobil -el principal operador petrolero del país- aseguró haber descubierto una reserva que equivale a más de 5.500 millones de barriles de petróleo bajo las aguas del país en el Océano Atlántico.
Pero no todo brilla. El mayor desafío de Guyana no es extraer el crudo de las profundidades del mar, sino combatir la corrupción que corroe sus instituciones. “Las dificultades económicas, las debilidades institucionales, las ineficiencias de la justicia penal, así como las fracturas raciales en la sociedad, proporcionan un terreno fértil para la corrupción”, indicó un informe de Transparencia Internacional.
Sin embargo, el FMI es optimista: “El comienzo de la producción de petróleo en 2020 presenta una oportunidad para aumentar el capital y el gasto actual a un ritmo medido a mediano plazo para abordar las brechas de infraestructura y las necesidades de desarrollo humano, al tiempo que atenúa las preocupaciones de sostenibilidad de la deuda al mismo tiempo”, señaló otro informe de mediados de año.
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Otro de los riesgos que podría enfrentar Guyana es el reclamo que Venezuelahace de gran parte de su territorio, casi tres cuartas partes. Las hostilidades crecen. Surinam exige una “devolución” de otro tercio. Desde que se conoció la riqueza de sus aguas, la situación se ha acelerado. Actualmente, su principal actividad económica es la agricultura, que ocupa la mayor parte de la población activa.
Pero además de la corrupción y la amenaza chavista, los inversores deberán lidiar con otro problema: el bajo nivel de instrucción de la población. Para ello, las universidades están actualizando su currícula e incentivando a los estudiantes a volcarse a carreras que tengan que ver con el desarrollo futuro del país. A la escasez de ingenieros, algunos también agregan los bajos salarios en general.

Fuente: infobae, 04/11/19.
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La Argentina y el regreso del Peronismo
noviembre 4, 2019
Argentina no tiene solución
Por Lorenzo Bernaldo De Quirós.
Con una Argentina al borde del colapso financiero, el retorno al poder del peronismo kirchnerista es una verdadera tragedia para la república austral y para una Latinoamérica inmersa en una ola de revueltas desestabilizadoras contra las democracias de la región. Dicho esto, la derrota de Macri era la crónica de una muerte anunciada. Su estrategia gradualista, orientada a modernizar y reformar la economía, estaba condenada al desastre. Cuando un gobierno con vocación reformista se enfrenta a una montaña de problemas como los heredados de quienes ahora han vuelto a la Casa Rosada y en un país infectado desde hace décadas por el populismo, la única política con opciones de éxito es una terapia de choque, una radical ruptura con el statu quo, nunca el gradualismo.
Por añadidura, el Gabinete Macri tampoco instrumentó su programa gradualista. Ni aplicó una mínima disciplina presupuestaria ni introdujo reformas estructurales, y sucumbió a la tentación de todos sus predecesores: acumular un exceso de deuda externa para compensar la debilidad económica y financiera interna. En paralelo, la renuncia a recortar el gasto público exigió recurrir al Banco Central para financiarlo, desencadenando un vigoroso crecimiento de la inflación y destruyendo la credibilidad de la autoridad monetaria. En este contexto, la desaceleración económica global y la huida a la calidad de los inversores internacionales colocaron a Argentina en una posición de insolvencia. Macri se vio forzado a solicitar ayuda al FMI, la mayor concedida por esta institución en su historia, para evitar la bancarrota. Pero tampoco con la asistencia del FMI el Gabinete Macri hizo nada para reencauzar la situación y restaurar la confianza. La suerte estaba echada.
La nueva Administración se enfrenta a un escenario definido por la entrada en una aguda recesión, por una carrera alcista de la inflación con serias posibilidades de desembocar en una hiperinflación y, en consecuencia, con un seguro incremento de la pobreza. Esta coyuntura ha de ser abordada por un Ejecutivo cuyos instintos y cuya historia son los propios de un populismo radical en un país de tradición populista. El desengaño generado por el centroderecha se va a utilizar/interpretar como el fracaso de un liberalismo que jamás se aplicó. Esto abona la puesta en marcha de medidas que sin duda alguna tendrán un efecto demoledor sobre la economía y sobre la sociedad argentinas pero cuyo mensaje para la opinión pública es evidente: no hay alternativa al modelo colectivista. La única esperanza es que, como a Saulo camino de Damasco, Adam Smith se aparezca ante el nuevo presidente, este caiga del caballo populista y vea la luz.
El peronismo destruyó el sistema político y económico de un país que había sido libre y próspero

La opción de convertir Argentina en una democracia similar a la existente en los estados occidentales se ha volatilizado y todo indica que por mucho tiempo. Si bien la responsabilidad de la frustración de esa expectativa tiene un responsable inmediato, el Gabinete Macri, su origen viene de mucho antes. Es la consecuencia de una acumulación de errores, de delitos y efímeras ilusiones, como señala Juan José Sebreli en su lúcido ensayo Crítica de las ideas políticas argentinas . ¿Qué sucedió para que una de las naciones más ricas del mundo a comienzos del siglo XX se embarcase cincuenta años después en una trayectoria de declive que jamás ha logrado superar? ¿Cómo es posible que una población culta y educada haya apoyado durante decenios y siga haciéndolo opciones que la acercan cada vez más a lo que fue el tercer mundo? La respuesta es clara y meridiana…
El peronismo destruyó un sistema político y económico que con sus virtudes y con sus defectos había hecho de Argentina uno de los países más libres y prósperos del planeta. Sin duda, era imperfecto y necesitaba ser reformado, pero fue sustituido por un esquema estatocorporativista, inspirado en el fascismo italiano, que agrupó a todas las corrientes antiliberales argentinas, desde la extrema derecha nacionalista hasta la izquierda radical. Desde el poder se construyó un modelo clientelar, autoritario y, por su propia naturaleza, corrupto que se ha mantenido incólume tanto con gobiernos dictatoriales como democráticos, convirtiéndose de facto en un componente del ADN argentino. Ni siquiera el PRI mexicano logró ese éxito. Se tuvo que ajustar a los tiempos. El peronismo no ha tenido necesidad de hacerlo.
Si bien es verdad que la decadencia de Argentina es una constante desde hace medio siglo, sus ciudadanos, contra toda evidencia empírica, se sienten diferentes y, en buena medida, superiores al resto de los latinoamericanos. Lo paradójico es que ese sentimiento sólo es explicable por la grandeza pasada del país, encarnada por una democracia liberal que el peronismo destruyó y de la que nadie se acuerda ni nadie reivindica. El justicialismo ha logrado compensar el potencial síndrome del gigante empequeñecido, típico de los grandes países en declive, con el nacionalismo y con la constante búsqueda de factores externos que explican el declive del país y liberan a los argentinos de cualquier responsabilidad sobre su suerte. Si a ello se une que casi la mitad del país, 21 millones de personas, vive del Estado, el círculo se cierra y la ensoñación permanece.
Es impensable que el nuevo gobierno populista ponga en práctica las reformas necesarias
La tentación del presidente electo y de su Gabinete será emprender una fuga hacia delante. Es impensable que el matrimonio Fernández-Kirchner ponga en práctica el programa económico que Argentina precisa. Esta opción ha quedado desacreditada tras el fiasco de la Administración Macri, y más con la participación del FMI, institución odiada en la república austral. En este marco, el riesgo real es una acentuación de la estatización y del cierre al exterior de la economía, acompañada por una alianza con las fuerzas y estados que en la actualidad están involucrados en el proceso de desestabilización que azota a las frágiles democracias de la región.
Esa hipótesis es, por lo demás, muy atractiva para un país que siempre ha aspirado a desempeñar un papel relevante en la antigua América española. Sin base económica para hacerlo, lo hará enarbolando las banderas de la lucha contra el imperialismo capitalista. Esta será además su seña de identidad frente a su gran adversario histórico en el Cono Sur, Brasil, gobernado además por un enemigo ideológico, Bolsonaro, símbolo de la peor derecha capitalista. Cuando la casa se incendia y no se está dispuesto a apagar el fuego, sino a arrojar más gasolina sobre él, la opción racional es extender el incendio. Malos tiempos para Argentina y para toda Hispanoamérica.
Fuente: lavanguardia.com, 01/11/19.

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¿Es posible una Convención de Ginebra digital?
noviembre 4, 2019
¿Se puede regular la ciberguerra?
La negociación de tratados de control de ciberarmas es problemática, pero eso no impide la diplomacia.
Por Joseph S. Nye.

Que un conflicto se salga o no de control depende de la capacidad para comprender la escala de las hostilidades y comunicarse en relación con ella. Por desgracia, cuando se trata de conflictos cibernéticos, no hay un acuerdo respecto de su escala o de cómo se relacionan con las medidas militares tradicionales. Lo que algunos consideran un juego o batalla aceptables de común acuerdo puede no parecerle lo mismo al otro lado.
Hace un decenio, Estados Unidos usó acciones de cibersabotaje en vez de bombas para destruir instalaciones iraníes de enriquecimiento de uranio. Irán respondió con ciberataques que destruyeron 30.000 computadoras de Saudi Aramco y afectaron a bancos estadounidenses.

En junio de este año, tras la imposición de paralizantes sanciones por parte del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, Irán derribó un vehículo aéreo no tripulado (dron) estadounidense de vigilancia; la acción no provocó bajas.
Al principio Trump planeó responder con un ataque misilístico, pero lo canceló a último momento y optó por un ciberataque que destruyó una base de datos clave que usa el ejército iraní en sus acciones contra buques petroleros. Una vez más, hubo costos, pero no bajas. A continuación Irán ejecutó (en forma directa o indirecta) un elaborado ataque con drones y misiles crucero contra dos importantes instalaciones petroleras sauditas. Si bien parece que no hubo víctimas mortales, el ataque supone un considerable aumento de los costos y los riesgos.
El problema de las percepciones y del control de una escalada no es nuevo. Desde 1945, las armas nucleares han servido como una bola de cristal en la que los líderes pueden tener un atisbo de la catástrofe implícita en una guerra a gran escala. Tras la crisis de los misiles cubanos en 1962, los líderes aprendieron la importancia de la desescalada, de la comunicación en el contexto del control de armas y de los protocolos para el manejo de conflictos.
Pero la tecnología cibernética no tiene los efectos claramente devastadores de las armas nucleares, y eso plantea un conjunto diferente de problemas, porque no hay aquí una bola de cristal. Durante la Guerra Fría, las grandes potencias evitaron enfrentamientos directos, pero en la ciberguerra no ocurre lo mismo. Aun así, la amenaza de un Pearl Harbor cibernético ha sido exagerada.
La mayoría de los ciberconflictos se dan por debajo del umbral establecido por las reglas del conflicto armado. No tienen consecuencias letales, sino económicas y políticas. No es creíble amenazar con una respuesta nuclear al robo chino de propiedad intelectual o a la interferencia rusa en elecciones.
Según la doctrina estadounidense, la disuasión puede (o no) ir más allá de una respuesta cibernética. Estados Unidos responderá a ciberataques con medidas en una variedad de ámbitos o sectores, con cualquier arma que elija, en proporción al daño hecho. Esto puede ir desde la denuncia pública, pasando por las sanciones económicas, hasta las armas cinéticas. Hace unos meses, se habló de una nueva doctrina de “combate permanente” (persistent engagement) como algo dirigido no sólo a impedir ataques, sino también a reforzar la disuasión. Pero en general, el solapamiento técnico entre piratear una red para reunir datos de inteligencia o impedir un ataque y hacerlo para ejecutar operaciones ofensivas hace difícil distinguir entre escalada y desescalada. En vez de confiar en la negociación tácita (como insisten a veces los proponentes del “combate permanente”), la limitación de la escalada puede demandar vías de comunicación explícita.
Al fin y al cabo, no podemos dar por sentado que tenemos experiencia suficiente para comprender lo que es una conducta competitiva aceptable de común acuerdo (agreed competition) en el ciberespacio o que podemos estar seguros del modo en que se interpretarán acciones ejecutadas en las redes de otros países. Por ejemplo, la ciberinterferencia rusa en las elecciones estadounidenses no fue una conducta competitiva aceptable. Con un dominio tan novedoso como el cibernético, la comunicación abierta en vez de meramente tácita puede ampliar nuestra limitada comprensión de los límites.
La negociación de tratados de control de ciberarmas es problemática, pero eso no impide la diplomacia. En el dominio cibernético, la diferencia entre un arma y algo que no lo es puede reducirse a una sola línea de código; o el mismo programa puede usarse para fines legítimos o maliciosos, según la intención del usuario. Pero aunque eso impida la verificación de tratados de control de armas en un sentido tradicional, aun así debería ser posible fijar límites al empleo de ciberarmas contra ciertos tipos de blancos civiles (más que a las armas en sí) y negociar protocolos que limiten el conflicto. En cualquier caso, mantener la estabilidad estratégica en el ciberespacio será difícil. Como la innovación tecnológica allí es más rápida que en el ámbito nuclear, la ciberguerra se caracteriza por un mayor temor recíproco a sorpresas.
Pero con el tiempo, una mejora de la atribución forense puede reforzar el papel del castigo; y una mejora de la defensa por medio de la encriptación o el aprendizaje automático puede reforzar el papel de la prevención y la denegación de ataque. Además, conforme estados y organizaciones lleguen a comprender mejor las limitaciones e incertidumbres de los ciberataques y la creciente importancia del vínculo entre Internet y su bienestar económico, los cálculos de costo‑beneficio respecto de la utilidad de la ciberguerra pueden cambiar.
Pero por ahora, la clave para la disuasión, la gestión de conflictos y la desescalada en el dominio cibernético es reconocer que todos todavía tenemos mucho que aprender.
Fuente: Clarín, 04/11/19.
Más información:
La amenaza de las ciberguerras

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La gestión de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires
octubre 30, 2019
Las cosas en su lugar
Por Alex Campbell. Subsecretario de Asuntos Municipales de la Provincia de Buenos Aires y Diputado Provincial electo.
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El tiempo pone a cada cosa en su lugar, pero estoy convencido de que no hará falta que pase mucho tiempo para colocar la gestión de María Eugenia Vidal como la mejor que ha visto la Provincia de Buenos Aires en su historia.
Lo dicen todas las obras que impactaron en la vida de la gente, las políticas públicas que pusieron al vecino como protagonista, los programas de gobierno que acercaron el Estado y las soluciones a la gente y a sus barrios, las recorridas interminables de todo el gabinete en cada rincón de la Provincia de Buenos Aires y el empuje de cada vecino que permitió que ésta gestión entre a sus casas y a sus vidas.
María Eugenia Vidal visitó cada uno de los 135 distritos de la vasta Provincia de Buenos Aires al menos tres veces durante su gestión. Desde el retorno de la democracia ningún gobernador lo había hecho antes. En total realizó casi 500 recorridas en el Conurbano. Mar del Plata la recibió como Gobernadora en 46 ocasiones y algunos municipios como Lanús, Morón o La Matanza los ha visitado al menos 30 veces a cada uno. El Conurbano y sus problemáticas ha sido su mayor obsesión, y es ahí donde se concentraron gran parte de los esfuerzos de éste Gobierno por revertir situaciones inaceptables y saldar años de promesas incumplidas.
Con más de 3.000 obras de Infraestructura, la Provincia de Buenos Aires vivió una verdadera revolución de obras que tocaron y cambiaron la vida de millones de bonaerenses, directa e indirectamente, y que dieron soluciones a problemas que parecía jamás podrían resolverse. Más de 300 obras hidráulicas finalizadas y otras 190 en ejecución, 6000 km de ruta mejorados, 17 rutas completamente reconstruidas y 10 rutas más en proceso actualmente son sólo algunos ejemplos. Además, 700.000 vecinos tienen ahora cloacas luego de esperarlas por décadas y se sumaron 1.000.000 de bonaerenses conectados a la red de agua potable. Son 7 los Metrobus nuevos que benefician a más de 1.200.000 vecinos del conurbano.
Si hay algo que las anteriores gestiones descuidaron enormemente ha sido la Salud de los bonaerenses. Hace poco más de 3 años nos encontramos con Hospitales al borde del colapso y un sistema de salud completamente anárquico y desbordado. Sin embargo, logramos poner al vecino en el centro de la política pública de la Salud. El SAME Provincia llega hoy a más de 110 municipios cubriendo casi 13 millones de vecinos. Para el fin del mandato se llegarán a renovar todas las guardias de los 58 Hospitales Provinciales a lo que se le suman 85 Centros de Salud en el conurbano finalizados y otros 150 en obra.
En materia de Educación la deuda histórica que aún existe en nuestro país es enorme, especialmente en la Provincia de Buenos Aires. Siempre recordamos que al comienzo de la gestión de María Eugenia Vidal, la gestión saliente no pudo ni siquiera decirnos cuántos alumnos había en la Provincia de Buenos Aires. Fue así que en estos años se hicieron esfuerzos enormes por mejorar todos los indicadores de calidad educativa, y empezar a sacar adelante la educación pública poniendo a los alumnos como prioridad y apoyándose en todos aquellos docentes que ponen sus intereses por detrás de darle la mejor educación a nuestros hijos. Se digitalizó e impulsó la capacitación como nunca antes llegando a capacitar al 70% de los docentes y 7000 escuelas públicas se conectaron a Internet. Se implementó el Boleto Estudiantil, un reclamo histórico que alcanza a más de 700 mil alumnos. Un millón de adultos retomaron y terminaron sus estudios gracias a la implementación del Programa de Terminalidad Educativa
La Seguridad siempre ha sido una de las principales preocupaciones de los bonaerenses y este es un tema que la gobernadora encaró a fondo, sin concesiones, con un compromiso y una integridad pocas veces vistas. Mucho más fácil hubiera sido negociar con aquellos actores que se habían acostumbrado a tener a los bonaerenses de rehenes, como el narcotráfico, el crimen organizado, el juego ilegal y los barras, pero no fue el caso con María Eugenia Vidal. Más de 140 bunkers de droga fueron derribados, se llevaron adelante un número récord de operativos antidroga y se alcanzaron cifras históricas en todos los indicadores de lucha contra el narcotráfico. A esto se le suma la obligatoriedad de todos los policías con cargo jerárquico de presentar sus declaraciones juradas para poder tener una Policía al servicio de la gente y no de las mafias.
Necesitaríamos mucho más que una nota de opinión para enumerar la cantidad inmensa de cosas que ha hecho, y sigue haciendo, nuestra gobernadora por nuestra querida Provincia, pero también es cierto que todavía es mucho lo que resta por hacer. MEV ha dejado claro que lo suyo no es una aventura y que su compromiso por seguir trabajando en dar respuesta a todas las deudas que aún tiene la política con los bonaerenses está más firme que nunca.
Obviamente no puedo más que sentir orgullo de pertenecer a ésta gestión y de poder acompañar el trabajo de todo un equipo enorme que vio en nuestra gobernadora una verdadera líder democrática que tiene los valores con los que muchos nos sentimos identificamos. El próximo gobernador tendrá que llenar unos zapatos muy grandes.
María Eugenia Vidal es una dirigente que está comprometida realmente con resolver los problemas de la gente, y ése compromiso es lo que la impulsa a seguir, por eso sabemos que no importa desde qué lugar, la gobernadora va a honrar ese compromiso porque es la única manera que concibe su participación en política: estando al servicio de la gente.
“Las urnas no matan los sueños, solo nos dicen que debemos ser mejores” le dijo María Eugenia Vidal a los bonaerenses, y ése es el camino que nos ha marcado, y que no tengo dudas que seguiremos.
* Subsecretario de Asuntos Municipales de la Provincia de Buenos Aires y Diputado Provincial electo.
Fuente: infobae, 29/10/19.

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¿Vuelve el ladrillo como refugio en Argentina?
octubre 30, 2019
Ante el deterioro financiero, ¿vuelve el ladrillo como refugio?
Por Gustavo Ibáñez Padilla.

El resultado electoral del domingo 27 de octubre, con el triunfo de la fórmula Fernández/Fernández, provocó expectativas negativas en la gente y obligó al Banco Central a imponer un duro cepo cambiario –limitando la compra a 200 dólares mensuales por persona–.
Con el nuevo gobierno, el mercado descuenta un empeoramiento de la situación económica, un mercado de cambios diferenciado, con diversas variedades de dólar (comercio exterior, turístico, financiero…) y turbulencias en el manejo de la deuda externa (postergación de vencimientos, quitas y defaults selectivos).
Ante esta fuerte restricción en la posibilidad de conseguir dólares se produce una caída en las transacciones inmobiliarias, impactando necesariamente en la cantidad de operaciones y en los precios.
Sin embargo, cabe recordar que el mercado inmobiliario es imperfecto y posee una gran inercia. Cuando ocurren estas crisis muchos propietarios optan por retirar su inmueble del mercado antes que aceptar una baja del precio. Por esta razón los precios disminuyen menos que los de otros activos financieros de mayor liquidez como acciones o bonos. Respecto al primer trimestre de 2018, los bienes raíces bajaron entre 12% y 25%, según Reporte Inmobiliario.
El mercado argentino de propiedades está en este momento inmovilizado, a la espera de que se estabilicen las variables y las expectativas. Nadie quiere cerrar una operación sin tener certeza de cuánto vale realmente el dólar y cuál será la evolución esperada de su cotización.
Es preciso conocer cuáles serán las nuevas políticas económicas y que confianza lograrán conseguir por parte de la gente. Recordemos que el pasado nos condena y que quien se quemó con leche cuando ve una vaca llora.

Paradójicamente, explican los expertos en finanzas inmobiliarias, se avizoran buenas expectativas para los desarrollos de real estate (vulgarmente conocidos como las obras desde el pozo) ya que el ladrillo es un activo dolarizado y se convierte en estas circunstancias en una de las pocas alternativas de inversión disponibles. Además, el pozo permite ingresar en un plan de inversión financiado en el tiempo, que preserva su valor en dólares pero que ajusta sus aportes según la inflación del peso, en forma más acorde a la evolución de los ingresos de las personas.

En síntesis, es una situación conocida y ya vivida por los argentinos, se deteriora el mercado financiero y los que disponen de algún excedente de dinero lo vuelcan en desarrollos inmobiliarios. Como efecto colateral positivo esto dinamiza la economía nacional, generando nuevos puestos de trabajo y colaborando en la recuperación de la Argentina. Creando así un círculo virtuoso que permitiría la recuperación del propio mercado inmobiliario.
Es de esperar que, como parte del nuevo plan económico que instrumentará Alberto Fernández, desde el próximo diez de diciembre, se dispongan pronto medidas económicas, impositivas, laborales y reglamentarias que faciliten una rápida reacción de la industria de la construcción, conocida por ser “madre de industrias”. Después de todo, la única forma de salvar a nuestra querida República Argentina es trabajando más y en forma eficaz y eficiente.
Fuente: Ediciones EP, 30/10/19.
Más información:
Inversiones Inmobiliarias
Argentina: Los inmuebles subieron más que la inflación en el último año

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¿Qué está pasando en Chile?
octubre 29, 2019
Rebelión chilena: ni espontánea ni transversal
El ataque a las instituciones chilenas es un ataque esencialmente de tipo izquierdista
Por Agustín Laje.

En América Latina acostumbramos a equiparar crisis económicas con crisis políticas, en el sentido general de que las primeras desencadenan las segundas. Por eso la propia noción de crisis nos remite, casi automáticamente, a gráficos y números; a complejos cálculos que un desfile de economistas tratan de resumir por televisión; a inflación, desabastecimiento, corridas bancarias, desempleo, pobreza. Esa, pues, es la fisonomía de una crisis en el imaginario colectivo latinoamericano.
Ahora bien, nada de eso ocurre realmente en Chile, sencillamente porque la crisis no es económica, sino estrictamente política e ideológica. Y esto debe ser tenido en cuenta a partir de las variables macroeconómicas que posicionan, no por nada, a Chile como el país más desarrollado de la región gracias al modelo que hoy precisamente se impugna: crecimiento promedio anual del 3,7 % en las tres últimas décadas, incremento del PIB per cápita de 4.000 a 28.000 dólares en las últimas cuatro décadas, reducción de la pobreza del 53 % al 6 % en ese mismo lapso, inflación actual virtualmente inapreciable, una movilidad social envidiable, caída del coeficiente de Gini desde los ’80 a hoy, etcétera.
Si en nuestro imaginario colectivo son las crisis económicas las que desatan las crisis políticas, ¿en qué medida una crisis política se desata si no es a través de una crisis económica? Fundamentalmente, a través de una crisis de legitimidad respecto de la totalidad del sistema. Y estas son, sin dudas, las crisis más corrosivas, porque no se solucionan con un nuevo plan económico o con una reforma puntual, sino con una reestructuración radical, o bien de las expectativas sociales respecto de esa totalidad, o bien con el derrumbamiento de la totalidad como paso previo para rearmar un nuevo sistema: y a eso es lo que llamamos, desde luego, revolución.
¿Hay una revolución, pues, en Chile? No en sentido estricto. Por ahora hay insurgencia y rebelión. La revolución es el paso siguiente, en el que las grietas del sistema interpelado se ensanchan de tal manera que toda la estructura termina de caer. Y eso, por el momento, no ha pasado. En términos marxistas, podríamos decir que lo que hoy vemos en Chile todavía acontece al nivel de la superestructura política, jurídica, cultural e ideológica, pero que está apuntando a dar un salto cualitativo hacia la estructura económica como fin último.
La peculiaridad de la actividad revolucionaria al nivel cultural es que demora en brindar frutos lo que demoran las generaciones en adoctrinarse. Y en Chile, claro está, la izquierda domina el sistema cultural (escuelas, universidades, medios de comunicación y farándula) desde hace muchos años ya. Personalmente, he dictado conferencias en colegios donde hacía algunos días habían estado enseñando las ideas de Antonio Gramsci dirigentes comunistas como Boric y Jackson, quienes a su vez han sido formados por Mouffe y Laclau en recurrentes visitas de estos a Chile. Estoy hablando, en el caso que me tocó vivenciar, de un colegio de clase alta del sur del país. Y personalmente, también, me tocó vivir al menos tres actos de censura en universidades chilenas, que cancelaron mis conferencias con menos de 24 horas de antelación.
Entiéndase lo que se quiere decir: si se advierte la composición sociocultural de los manifestantes chilenos, podrá advertirse que no estamos, en efecto, frente a una revolución proletaria ni mucho menos. Es el estudiantado de clase media, media alta y alta el que protagoniza la revuelta. Y la revuelta no es el fruto de crisis económica alguna, sino de una crisis de legitimidad del sistema que hizo de Chile el país más próspero de la región, que viene siendo cuidadosamente trabajada desde hace muchos años en aquellos que, por fin, están listos para salir al campo de batalla.
Ahora bien, la crisis política chilena no es simplemente una crisis de legitimidad, sino que además es el producto de un contexto político internacional bien preciso, en un momento en el que la izquierda populista se rearma en la región tras el punto de inflexión que significó la victoria de AMLO en México y el armado del llamado Grupo de Puebla.
Al respecto, existe una tendencia tan estúpida como infantil de considerar que toda variable geopolítica es parte de una “teoría de la conspiración”. Y es que la política no tiene que ver simplemente con urnas, votos, discursos y partidos políticos: esto es, en todo caso, lo que se ve de la política. Pero hay una dimensión de la política (quizás la más política de sus dimensiones) que no se coloca a la luz del día: servicios de inteligencia, infiltraciones, interceptaciones, carpetas reservadas, etcétera.
El éxito de la revuelta chilena descansa, precisamente, en su apariencia de “espontaneidad”. Sustraído de toda conexión política-internacional, de toda evaluación de intereses foráneos, de toda determinación de relaciones de fuerzas entre naciones, el conflicto chileno se define a sí mismo como la autodeterminación de un “pueblo” que “transversalmente” decidió “decir basta” (sin saber muy bien a qué). En otras palabras, el éxito de la revuelta descansa en la imbecilidad colectiva que gusta de épicas de cartón diseñadas para imbéciles.
“Vamos mejor de lo que pensábamos. Y todavía lo que falta. Estamos cumpliendo el plan. Foro de San Pablo, estamos cumpliendo el plan, ustedes me entienden”, decía Nicolás Maduro al ser señalado como responsable de la violencia en Ecuador y en Chile. Diosdado Cabello, por su parte, hablaba de la “brisa bolivariana que recorre la región”. Por eso mismo el Comunicado de la Secretaría General de la OEA del 16 de octubre de este año, que decía expresamente que “las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivarianas y cubana, que buscan de nuevo reposicionarse”.
¿No entran a diario cientos de venezolanos a Chile, que huyen de la pobreza de su país? ¿Cuán difícil es meter venezolanos con “otro tipo” de intereses? ¿E incluso cubanos? ¿O acaso no son las fronteras chilenas tan porosas como Bachelet las dejó? Llegan, además, refuerzos de otros países. Los dirigentes del Frente de Izquierda de Argentina, Gabriel Solano y Romina Del Pla, por ejemplo, anunciaron en sus redes sociales que estaban viajando ahora mismo a Chile “para apoyar la rebelión del pueblo chileno”. Y a ello hay que sumar el movimiento indígena organizado, los grupos feministas, los lobbies LGBT y todos los movimientos sociales que la izquierda, con gran astucia, ha estado formando durante décadas a partir de la teoría de la hegemonía laclauniana.

Mientras Alberto Fernández saluda al represor Piñera, mañana viajo junto con @RominaDelPla y otros compañeros y compañeras del @PartidoObrero para apoyar la rebelión del pueblo chileno. https://twitter.com/alferdez/status/1188886008009580546 …Alberto Fernández✔@alferdezGracias, presidente @sebastianpinera. Así lo haremos. Nuestros pueblos merecen que trabajemos por la integración de nuestra América Latina y por un desarrollo que atienda a quienes más padecen este presente de desigualdad. https://twitter.com/sebastianpinera/status/1188781012966359040 …36220:44 – 28 oct. 2019Información y privacidad de Twitter Ads1.191 personas están hablando de esto
Porque en esto hay que ser bien claro. El ataque a las instituciones chilenas es un ataque esencialmente de tipo izquierdista. Desde luego que los idiotas útiles abundan, y parte del éxito de la presunta “transversalidad” y “espontaneidad” alegada reside precisamente en atraer como con un imán a personas que no saben lo que hacen, pero lo hacen de todas maneras. Así, lo único espontáneo del caso chileno, en todo caso, es la ingenuidad de quienes pensando que efectivamente aquello es espontáneo, se suben a un tren que va marchando hacia una dirección totalmente preestablecida, pero que ellos, los ingenuos funcionales, por supuesto desconocen.
¿Y cuál es esa dirección? Todo indica que una nueva Constitución, hecha a la medida de los intereses del socialismo, que eche por tierra aquellos principios fundamentales que hicieron de Chile un país rico y próspero. Por ello las reformas económicas estatistas y los cambios ministeriales que cobardemente llevó adelante Sebastián Piñera como concesión a los delincuentes callejeros no sirvieron de nada, y las manifestaciones inmediatamente después se reanudaron. Porque lo que se ha impugnado es la totalidad del sistema, y la Constitución es el reflejo de la arquitectura política de esa totalidad.
La “centro-derecha” está pagando muy caro no haber entendido la cultura como campo de combate, y la política como realización efectiva de algo más que un gráfico de barras o una planilla de Excel. Y en este sentido, la izquierda lleva años jugando sola, metiendo goles en un arco sin ningún portero.
Fuente: es.panampost.com, 29/10/19.

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Conferencia: Isabel la Católica: una mujer para nuestro tiempo – 07/11/19
octubre 25, 2019
Conferencia gratuita
Isabel la Católica: una mujer para nuestro tiempo, a cargo del P. Ramiro Sáenz.

Jueves 7 de noviembre, 19:30 hs.
Montevideo 640, Buenos Aires – Entrada gratuita
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A 90 años de la gran crisis de 1929
octubre 16, 2019
90 años del Gran Crack de la bolsa de Nueva York y las lecciones aprendidas
En 1929 la FED era una institución relativamente nueva pues había sido establecida en diciembre de 1913
DESTACADOECONOMÍAESTADOS UNIDOSPor Luis Guillermo Vélez Álvarez El Oct 15, 2019354Share

El próximo martes 29 de octubre se cumplen 90 años del Crack de la bolsa de Nueva York —el célebre martes negro— que los historiadores toman como el inicio de la Gran Depresión de los años 30. Además de sus desastrosos efectos inmediatos, entre los cuales se cuenta el ascenso del nazismo en Alemania, la Gran Depresión tuvo consecuencias que todavía afectan la economía y la política de todos los países del mundo, como son el derrumbe del sistema monetario del patrón oro y la implantación de monedas fiduciarias nacionales gestionadas por un banco central y el prodigioso crecimiento de la intervención del gobierno en la economía.
El desarrollo económico, caracterizado por una sucesión de fases de expansión alternadas con fases de recesión, separadas por crisis financieras que marcaban el fin de las primeras y el inicio de las segundas, era un fenómeno que había llamado la atención de los economistas desde mediados del siglo XIX. Se reconoce a Clément Juglar (1819-1905) como el primero en haber dado cuenta de forma sistemática de esa alternancia en una obra, publicada en 1862, cuyo título describe con precisión el fenómeno analizado: Las crisis comerciales y su reaparición periódica en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. En sus cálculos, Juglar estableció que entre cima y cima (o entre sima y sima) ese ciclo tenía una duración de unos diez años. Durante las primeras décadas del siglo XX, el estudio de los ciclos económicos ocupaba la atención de muchos economistas y estadísticos.
Que se presentara pues una crisis financiera en octubre de 1929 y que a esta siguiera una recesión era algo que no sorprendía a ningún economista. En los más de 100 años anteriores se habían presentado diez de ellas: 1816, 1825, 1836, 1847, 1857, 1866, 1873, 1890, 1907 y 1921. Entonces como hoy, cualquier economista sabe que todo auge llegará a su término en medio de una crisis financiera y que será seguido por una recesión. Lo que ninguno puede establecer con certeza científica es la fecha en la que se producirá la inflexión y si tiene alguna buena conjetura, seguramente, en lugar de divulgarla, tratará de sacarle partido con una especulación provechosa.
No existe consenso, quizás nunca lo habrá, entre los historiadores económicos y los economistas, sobre las causas que provocaron que la recesión se transformara en la profunda depresión que duró diez años y se extendió a casi todos los países del mundo[2]. Hay, no obstante, un par de hipótesis bastante plausibles que tienen además el interés de responder al interrogante sobre las lecciones aprendidas objeto de este diálogo. Se trata de los errores de política monetaria del Sistema de la Reserva Federal (FED) y la guerra comercial que se desató después de que Estados Unidos adoptara el arancel proteccionista Smoot-Hawley.
Las cosas, que iban bastante mal después del colapso de la bolsa, empeoraron un año más tarde con el pánico bancario que, según muchos analistas como Milton Friedman, se desató con la quiebra del Banco de los Estados Unidos de Nueva York. Este era un banco privado, no un banco oficial, como mucha gente creía a causa de su nombre, lo que lo hacía más atractivo para muchos depositantes. Ni los demás bancos de la ciudad ni el banco de la Reserva Federal de Nueva York quisieron acudir a su rescate, subestimando, probablemente, el alcance de sus relaciones con otros bancos y la economía real. Aunque ya otros bancos habían quebrado antes del de los Estados Unidos, esta quiebra desató un pánico de tal magnitud que al poco tiempo condujo a la quiebra de la tercera parte de los bancos del país. En Europa se presentó una situación similar.
La Ley de aranceles Smoot-Hawley se había aprobado en la Cámara de Representantes en mayo de 1929, pasó por el Senado en abril de 1930 y se promulgó en junio de este mismo año. Aunque, después del fracaso de negociaciones internacionales tendientes a evitar una guerra arancelaria, varios países habían subido sus aranceles, la promulgación del arancel Smoot-Hawley causó una especie de reacción en cadena que, si no lo provocó por sí misma, contribuyó a la severa contracción del comercio internacional que en cuatro años se redujo a una tercera parte.
Hay que decir, en honor de mi profesión, que la mayoría de los economistas de Estados Unidos desaprobaron la adopción del arancel Smoot-Hawley: más de mil de ellos le dirigieron al presidente Hoover una carta en la que le suplicaban se abstuviera de promulgarlo, explicándole que para que los otros países pudieran comprar los productos de Estados Unidos había que comprarles los suyos[3]. En cuanto a la política monetaria, los economistas también sabían que, si bien el crecimiento excesivo del crédito era responsable de los auges exagerados que terminaban en crisis, una vez sumidos en ella no quedaba más alternativa que aplicar una “política monetaria expansiva a ultranza”, como la denominó Hayek, para evitar un colapso mayor.
La crisis financiera de 2008 fue, desde el tema que aquí interesa, un experimento a escala global del grado en que el mundo había aprendido por lo menos esas dos lecciones de los años 30.
En su momento, me causó gran preocupación el fracaso de las negociaciones para rescatar a Lehman Brothers y que la FED permitiera que esta venerable institución se declarara en bancarrota el 15 de septiembre de 2008. Dos días más tarde se rectificó el rumbo y la FED acudió al rescate de American International Group (AIG), con un préstamo de ochenta y cinco mil millones de dólares. AIG había tenido un comportamiento irresponsable, como buena parte de las entidades financieras que entran en situación de insolvencia, pero era un 50 % más grande que Lehman y operaba en 130 países, tenía más de 74 millones de clientes y las empresas aseguradas empleaban 106 millones de personas[4]. En Europa el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo también rescataban bancos privados, llevaban las tasas de interés al piso y, como la FED, inyectaban liquidez a la economía comprando toda clase de títulos de deuda públicos y privados.
Prácticamente todos los países permanecieron fieles a las reglas de la Organización Mundial de Comercio y a los tratados de libre comercio suscritos entre ellos. Inicialmente, el comercio mundial sintió el impacto de la crisis y es así como entre 2008 y 2009 las importaciones mundiales cayeron un 23 %, al pasar de 15,8 billones de dólares a 12,2 billones. Sin embargo, se recuperaron rápidamente y en 2010 y 2011 crecieron vigorosamente a tasas 20 % en cada uno de esos años. Posteriormente, continuaron aumentando, aunque a tasas inferiores, 2 % anual. La gráfica, construida con datos de Kindleberger[5] y de la OMC[6], muestra la evolución del índice del comercio mundial de mercancías en las dos grandes crisis. El contraste no puede ser más marcado.

También se tomó conciencia, y esta sería una tercera lección, de que los auges exagerados, ocasionados por políticas de crédito extremadamente laxas, que llevan a inversiones descabelladas, se traducen, a la postre, en recesiones más profundas. De ahí la idea de usar la política monetaria y la política fiscal para tratar de suavizar el ciclo, generando, en el caso de la segunda, ahorro en las expansiones para gastarlo en las recesiones. Aunque el mecanismo es bien conocido, no es fácil lograr siempre que los gobiernos procedan de esa forma.
Además de las lecciones mencionadas, que podríamos llamar lecciones de política económica práctica, la crisis tuvo otras dos grandes consecuencias de alcance más estructural, que se extienden en todo mundo económico actual: el papel preponderante de la banca central y el prodigioso crecimiento de la intervención del Estado en la economía.
En 1929 la FED era una institución relativamente nueva, pues había sido establecida en diciembre de 1913. Los bancos centrales de los países europeos eran mucho más antiguos mientras que los países de América Latina se crearon casi todos a comienzo del siglo XX. El de Colombia nace en 1923. Lo importante a destacar es que, con la desaparición del patrón oro, esos bancos fueron asumiendo el control de la emisión de la moneda nacional fiduciaria en cada país, lo que les confiere un enorme poder sobre la orientación y la expansión del crédito, que les permite provocar catástrofes o evitarlas. Se ha buscado poner un límite al uso arbitrario de ese poder haciendo que los bancos centrales se ajusten a ciertas reglas de emisión y tratando de sustraerlos al juego político, dándoles un estatuto de autonomía. En Colombia dicha autonomía se consagró en la Constitución de 1991 y ha sido fundamental para el control de la inflación y la estabilidad macroeconómica del país.
La otra consecuencia de la crisis, tal vez la más profunda y duradera, es el crecimiento de la intervención del Estado en la economía, supuestamente fundamentado en la teoría económica. Keynes consiguió venderle a mundo, y durante mucho tiempo a buena parte de la profesión, la idea de que la crisis era el resultado de una falla estructural de la economía capitalista que hacía necesaria la intervención del gobierno para remediarla. En 1930, en un intercambio con Josiah Stamp, gran industrial británico, Keynes, irritado, preguntó:
“¿No es la mera existencia del desempleo generalizado, y por cualquier período de tiempo, un absurdo, un reconocimiento del fracaso y una avería desesperada e inexcusable de la maquinaria económica?”.
A lo que Stamp respondió:
“Su lenguaje es bastante violento. No esperará usted que se puedan reparar los daños de un terremoto en unos pocos minutos, ¿no? Objeto a la postura de que el no poder reparar una complicada maquinaria de inmediato es el reconocimiento del fracaso”[7].
El hecho es que prevaleció, y aún prevalece en la mente de la mayoría de la gente, la postura de Keynes, no la de Lord Stamp.
Keynes era un hombre inteligente y extremadamente elocuente, rasgo este que hace que la gente parezca dos o tres veces más inteligente de lo que es en realidad. Keynes retomó una vieja idea procedente de Malthus, que había sido refutada una y otra vez por distinguidos economistas, y para exponerla se inventó todo un lenguaje y unos agregados cuyo desarrollo dio lugar a una nueva rama de la disciplina económica: la macroeconomía.
Aunque el planteamiento de Keynes es mucho más sutil, la idea que quedó en la mente de la gente es que el gasto total, que él llamó demanda agregada, puede ser insuficiente para comprar el total de la producción, que llamó oferta agregada. Y que esa insuficiencia podía —y debía— ser suplida por un “gasto autónomo” del gobierno financiado con deuda. Para los políticos de entonces, y los de hoy, que no se detienen en sutilezas como las expectativas racionales o la equivalencia ricardiana, la idea de gastar hoy sin aumentar los impuestos es música celestial. También lo es para la profesión económica que veía de golpe abierta la puerta a los empleos como asesores de los “policy makers”.
Por supuesto que no puede responsabilizarse a Keynes de todo lo que vino después. A lo sumo puede decirse que él le dio respetabilidad entre los economistas al cambio, que venía gestándose desde años atrás, en la actitud intelectual y emocional de la sociedad frente a la expansión de las órbitas de intervención del gobierno, frente al crecimiento del tamaño del Estado, que progresivamente condujo, a lo largo siglo XX a que —con pocas excepciones— los economistas, los filósofos y científicos políticos, la opinión pública en general y, por supuesto, los políticos y los burócratas, se convirtieran en adoradores del Leviatán, clamando por su intervención en todas las áreas de la vida económica y social.
[1] Estas notas se prepararon para participar en un diálogo sobre la Gran Crisis promovido por el Centro de Pensamiento Estratégico de la Universidad EAFIT que dirige el profesor Juan David Escobar Valencia. La idea era destacar las lecciones que de esa crisis habían extraído los economistas y los responsables de la política económica. Agradezco al profesor Escobar por haber creído, tal vez equivocadamente, que yo tenía algo interesante que decir a propósito de ese tema.
[2] Sobre a profundidad y alcance de la depresión pueden leerse el libro de Kindleberger y los capítulos 14, 15 y 16 del texto de Feliu y Sudria mencionados ambos en la bibliografía. Como ilustración basta una cita de este último: “Para comprender la magnitud de la crisis basta con decir que, en 1932, el PIB de EE.UU. había caído un 30% respecto a 1929, la producción industrial un 40 %, la inversión un 90 % y casi una cuarta parte de la población activa estaba en paro. Además, al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, el país no había recuperado el nivel de empleo ni de producción industrial de 1929. La situación no era mucho mejor en el resto del mundo” (pp 342-343).
[3] “Economists Against Smoot-Hawley” en Econ Journal Watch Volume 4, Number 3, september 2007, pp 349.
[4] Bernanke, B.S. (2015, 2016). El valor de actual: memoria de una crisis y sus secuelas. Editorial Planeta, Bogotá, Colombia, 2016. Página 13.
[5] Kindleberger, Ch. P. (2009). La crisis económica 1929-1939. Editorial Capitán Swing, Madrid, 2009. Página 281.
[6] World Trade Organization (2016). Trade Profiles 2015. Página 193. https://www.wto.org/english/res_e/booksp_e/trade_profiles15_e.pdf
[7] Irving, N. (2013, 2014). Los alquimistas: tres banqueros centrales y un mundo en llamas. Editorial Planeta, Bogotá, 2014. Página 519.
Bernanke, B.S. (2015, 2016). El valor de actual: memoria de una crisis y sus secuelas. Editorial Planeta, Bogotá, Colombia, 2016.
Irving, N. (2013, 2014). Los alquimistas: tres banqueros centrales y un mundo en llamas. Editorial Planeta, Bogotá, 2014.
Feliu, G. y Sudria, C. (2007). Introducción a la historia económica mundial. Universidad de Valencia, Valencia, España, 2007.
Kindleberger, Ch. (1986, 2009). La crisis económica 1929-1939. Editorial Capitán Swing. Madrid, España, 2009.
Fuente: es.panampost.com, 2019.

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Cómo se originó el Dinero
octubre 16, 2019
Origen, corrupción y enmienda del signo monetario
Por Alberto Benegas Lynch (h).
Cómo se originó el dinero y cómo posteriormente surgió el monopolio de la emisión del dinero a través de los bancos centrales.

En las economías primitivas donde las transacciones eran reducidas y el aislamiento con otras sociedades era grande debido a las dificultades en la comunicación y el transporte y también debido a estados beligerantes, los intercambios se llevaban a cabo a través del trueque, esto es el cambio directo. Esta modalidad tenía sus bemoles puesto que el que tenía la mercancía A y quería la B debía recorrer tres etapas ineludibles: primero encontrar alguien que necesitara A, luego que tuviera a su disposición B y por último que estuviera dispuesto a llevar a cabo el intercambio a cierta ratio, por ejemplo, de un A por un B y no diez A por un B. Esto a veces no solo se tornaba dificultoso sino que, a veces, resultaba imposible, como por ejemplo frente a un especialista en tocar el tambor que necesita pan es poco probable que el tenedor de pan aceptara recibir una lección de tambor a cambio de su pan y así sucesivamente.
A medida que las transacciones se fueron multiplicando se percibió que resultaba más expeditivo y más fluido el cambio indirecto, este es, el realizar los intercambios a través de una mercancía de valor generalizado y luego con ella adquirir lo que se requería. Así es que se recurrió como medio común de intercambio o dinero el cacao en Centroamérica, las sedas en Persia, el ganado en Grecia (de allí la expresión medios pecuniarios), el té en Turquía, el cobre en Egipto, el hierro en África, el azúcar en la India, el tabaco en la Virginia colonial, etc. Como queda dicho, se ofrecían bienes y servicios a cambio de dinero y, a su vez, con ese dinero se compraba lo que se deseaba.
A través del tiempo se fue produciendo naturalmente un proceso de selección y reselección de medios comunes de intercambio según su durabilidad, homogeneidad y fraccionabilidad. Cuando se percibían ventajas en la utilización de cierta moneda-mercancía simplemente se la remplazaba sin que a esa altura a nadie se le ocurriera esgrimir el argumento de la “soberanía monetaria”, un disfraz para que gobernantes pudieran explotar a sus súbditos a través del denominado curso forzoso.
En esta especie de competencia entre monedas surgieron como mejores para los propósitos monetarios el oro y la plata, el primero para transacciones de mayor valor y el segundo para intercambios de menor cuantía, por lo que era común la adopción del bimetalismo. Esto explica lo que después se bautizó como el teorema de la regresión monetaria con la intención de mostrar el fundamento no monetario (usos industriales, comestibles y otras aplicaciones) de los usos propiamente monetarios (hago un a digresión para apuntar que esto está hoy en entredicho debido a las denominadas monedas virtuales a través de las cuales se atribuye valor especulativo al efecto de concretar arbitrajes vía los cambios en las cotizaciones).
En todo caso, para seguir con esta línea argumental debe consignarse que la gente percibió que en lugar de tener que recurrir a pesas y balanzas para cada transacción y verse obligados a analizar la pureza del metal en cada oportunidad, resultaba mejor acuñar el oro y la plata y acreditar el peso y la pureza. Las monedas prestaron un servicio adicional en este proceso.
También por razones de seguridad se comprobó que resultaba un servicio adicional en ofrecer casas de depósito (generalmente provistas por los mismos orfebres) donde se emitía un recibo por el metálico depositado. Con el tiempo esas casas se denominaron bancos y los recibos billetes bancarios (el dólar deriva de la expresión thaler acuñada por el Conde Shlik en el siglo XVI). Muchas denominaciones aluden al peso metálico como el propio peso, la libra y otras, aun en la parla convencional se habla de “plata” para hacer referencia a la moneda.
En muchos casos los gobiernos monopolizaron primero la acuñación con lo que comenzaron los primeros fraudes al recortar la cantidad de metálico y otorgarle curso forzoso a la moneda y luego monopolizaron la convertibilidad con lo que se sucedían períodos de “cierres temporarios en la conversión” que más adelante fueron definitivos con la irrupción de la banca central.
A través de los Acuerdos de Génova de 1922 la resolución IX oficializó la liquidación del patrón oro clásico (abandonado de jure durante la Primera Guerra Mundial) y se decretó el mal llamado patrón cambio oro, es decir un sistema de pseudo patrón oro que se tradujo en que las reservas de los ya constituidos bancos centrales estarían formadas por dólares y libras (esta última divisa se dejó de lado a poco andar) y estas denominaciones a su vez estarían relacionadas con el oro a una razón fija concretada en la Reserva Federal estadounidense y en el Banco de Inglaterra a requerimiento de la banca central extranjera, con un acuerdo tácito de no producir esos reclamos (solo Jacques Rueff como ministro de De Gaulle pidieron el oro para mostrar la bancarrota del sistema), lo cual produjo emisiones sin respaldo del dólar que condujo al boom de los años veinte y al crack de los años treinta.
Finalmente para reseñar muy telegráficamente la columna vertebral de la moneda, tuvo lugar Bretton Woods en 1945, el doble precio del oro en 1968 y finalmente las medidas de agosto de 1971 con la consiguiente crisis de 1973 debido a los tipos de cambio fijos.
Reiteramos que la inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.
Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.
La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.
Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a que tasa contraer, a que tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).
Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda, que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.
Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones una vez liquidada la banca central, no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.
No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo, el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.
La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.
La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.
Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.
A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.
En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace cincuenta años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.
Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución (en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años treinta).
Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cual es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cual es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cual es la cantidad de cualquier otro bien en el mercado. No debe imponerse tal cosa como “curso forzoso” a ninguna divisa y, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los gobiernos seleccionarán la moneda o monedas en las que cobrarán impuestos al efecto de proteger derechos. La denominada “dolarización” puede eventualmente servir solo como uno de los caminos para cerrar la banca central y entregar las reservas al público pero en ningún caso para otorgarle a esa divisa el curso forzoso. Ningún aparato estatal debe arrogarse la facultad de imponer cual es el activo monetario a que debe recurrir la gente. Esa es la manera con bancos independientes en la que se incentivan nuevas propuestas de solidez monetaria en el contexto de auditorias cruzadas y en competencia al efecto de proporcionar seguridad a los clientes, todos con la posibilidad de contratar sistemas de seguros contra posibles desvíos de lo pactado.
Fuente: elcato.org

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