Planean eliminar los billetes de 500 euros

mayo 5, 2016

El BCE estudia cómo eliminar los billetes de 500 euros

Por Luis Doncel.

La decisión, que podría adoptarse en semanas, apunta contra el lavado de dinero y el terrorismo.

Billetes de 500 euros

BERLÍN – El Banco Central Europeo (BCE) quiere acabar con los billetes de 500 euros. Pese a llevar años rechazándolo, el presidente del Eurobanco, Mario Draghi, busca ahora fórmulas técnicas para poner en marcha esta iniciativa que trata de luchar contra prácticas delictivas como el blanqueo de dinero o la financiación del terrorismo. “Hay dudas sobre cómo adoptar la decisión y cómo comunicarla. Queremos hacer cambios, pero de forma ordenada. Pero puedo asegurar que estamos decididos a que la producción del dinero no proporcione ninguna comodidad a los criminales”, dijo Draghi esta semana en el Parlamento Europeo.

bceLa decisión formal aún no está tomada, pero la voluntad es clara. Para acabar con los billetes morados es necesaria una mayoría en el Consejo de Gobierno del BCE, que reúne a los seis miembros del Consejo Ejecutivo y a los 19 gobernadores de los bancos centrales de los países del euro.

Destacados miembros de este órgano, como el presidente del Bundesbank alemán, Jens Weidmann, se oponen, pero es difícil que puedan bloquear la iniciativa. “¿Creen de verdad que no se van a producir actividades ilegales por el hecho de que no existan billetes de 500 euros?”, se preguntaba el gobernador del banco central alemán en una entrevista reciente con el Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Comentario de EconomiaPersonal.com.ar:
Es un enorme peligro eliminar el dinero en efectivo, podemos literalmente vernos inmersos en un mundo orwelliano donde los gobiernos puedan controlar literalmente cada compra, transacción, y movimiento económico, de cada persona.

big brotherLas fuentes consultadas del BCE aseguran que, pese a no haberse tomado aún una decisión definitiva, esta podría llegar en las próximas semanas. La eliminación de los billetes de 500 euros es complicada políticamente por las dudas del Bundesbank. Pero además también sería un proceso técnicamente complejo, que tendría consecuencias industriales, ya que cada país fabrica sus propios billetes.

La polémica sobre los riesgos asociados a unos billetes de tanto valor no es nueva; y en cada país se ha vivido de forma distinta. Antes de la introducción de la moneda única, el billete más alto en España era de 10.000 pesetas (unos 60 euros) y en Francia de 500 francos (76 euros). Alemania tenía en cambio su billete de 1.000 marcos, que equivale a los 500 euros del billete morado. Además de Alemania, otros cinco países (Austria, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Holanda) disponían de billetes nacionales con un valor entre 200 y 500 euros.

En octubre de 2013, Draghi descartó una decisión similar con el argumento de que, pese a que los billetes de 500 euros puedan usarse con fines ilícitos, su eliminación no reduciría el fraude ni las actividades criminales. “Los billetes de alta denominación cumplen un papel para el público, principalmente como depósito de valor, pero también como medio de pago y último recurso como refugio de activos”, respondió el presidente del BCE a una pregunta de un grupo de eurodiputados socialistas. Paradójicamente, los argumentos que entonces usó Draghi se parecen mucho a los que ahora esgrime Weidmann para poner en duda la efectividad de la medida.

Unos 614 millones de billetes 500 euros circulan en la actualidad. En total suman un valor superior a los 300.000 millones de euros. De estos, en torno al 25% están en países ajenos a la unión monetaria.

Fuente: elpais.com, 05/02/16.


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¿Llegó la hora de tirar el efectivo a la basura?

Por David Wolman

 

En la economía moderna no hay ateos. Puede que alguien no tenga a Dios o a Buda en su vida, pero sí tendrá mucha fe… en el dinero. No me refiero a la adoración del dinero en el sentido de que la codicia es algo bueno, sino a la fe en su valor. Su confianza en él depende de la de todos los demás, lo que significa que nuestra fe en el valor del dinero es finalmente sobre la confianza mutua, o por lo menos una alucinación compartida.

El dinero en efectivo, ya sea en billetes o monedas, nos ayuda a mantener ese pensamiento mágico. Es real en la medida que uno puede sostenerlo, olerlo y quiera lavarse las manos después de manipularlo. A través de su uso en forma de efectivo, llegamos a entender la poderosa tecnología de la civilización que representa el dinero.

Pero, ¿necesitamos todavía el efectivo? En una época en la que los libros, películas y música transmutan su forma de átomos a bits, los billetes y las cada vez más costosas monedas metálicas se ven como objetos de una historia análoga. Últimamente, pareciera que las únicas personas que llevan dinero en efectivo son los aspirantes a terroristas, funcionarios gubernamentales corruptos, narcotraficantes, ladrones de bancos, evasores de impuestos, falsificadores y jóvenes ricos que compran sus bolsitas de marihuana en la universidad.

A pesar de que las predicciones sobre el fin del efectivo son tan antiguas como las tarjetas de créditos, una serie de acontecimientos conspira contra el dinero físico como nunca antes: la desconfianza en las monedas nacionales, nuevas herramientas de pago, la ansiedad acerca de la deuda pública, el triunfo de los teléfonos celulares, monedas alternativas innovadoras, las preocupaciones medioambientales y una creciente evidencia de que el dinero en efectivo es más perjudicial para los miles de millones de personas que no lo tienen en abundancia.

Cuanto más pobre sea alguien, mayores se vuelven los costos y riesgos de tener dinero en efectivo. Cualquier conocido podría pedirle dinero prestado o robarle los ahorros duramente ganados. O también, un incendio o desastre natural podría terminar con sus escasas reservas de efectivo. Y puede que tenga que viajar horas o días a zonas rurales para entregar o recibir el dinero en efectivo de un pariente.

En las grandes ciudades, el dinero, en su mayor parte, ya se ha convertido en forma de unos y ceros en alguna computadora remota. Si por casualidad necesita dinero en efectivo, puede ir al cajero automático más cercano. De lo contrario, utiliza una tarjeta de crédito o débito, o tal vez alguna nueva tecnología, como Google Wallet o PayPal Mobile.

Mientras que nosotros podemos saltar del dinero en papel al electrónico a nuestro antojo, los pobres están atrapados con el efectivo. El problema es que nunca ha sido rentable poner sucursales bancarias en los barrios o los pueblos donde viven los pobres.

Teniendo en cuenta que los teléfonos están en todas partes, la tecnología móvil se está promocionando como una solución para ofrecer servicios financieros a los cerca de 1.000 millones de personas en el mundo que ya poseen un teléfono celular, pero no una cuenta bancaria. Los modelos varían, pero, en esencia, el dinero móvil es el almacenamiento electrónico o la transferencia de valores a través del teléfono. Para la banca móvil, la idea es hacer posible que casi cualquier persona abra y use una cuenta de ahorros de bajo costo y haga transacciones a través de una red de comerciantes asociados. Promotores como el Banco Mundial y la Fundación Gates ya están invirtiendo fuertemente en esta área.

Otra innovación prometedora es la que tiene que ver con la NFC (por Near Field Communication), una tecnología de comunicación inalámbrica. Con una pequeña antena dentro de un dispositivo digital, como un teléfono móvil, se puede transmitir la información de pago hacia un lector o el teléfono móvil de otra persona. Se espera que para 2014, las transacciones realizadas a través de conexiones inalámbricas de teléfonos alcancen un total de US$1,13 billones (millones de millones) en todo el mundo.

El golpe final podría venir también de innovadores de divisas. Las monedas alternativas son sorprendentemente comunes y van mucho más allá de los clásicos ejemplos como los billetes de Disney (utilizados en sus parques de diversiones) y las millas de aerolíneas. Hoy en día hay versiones locales en distintos lugares de EE.UU., como Ithaca, estado de Nueva York, y BerkShare, en Massachusetts, y otras en línea, como los créditos de Facebook.

¿Es posible que mañana, o en cinco años, tiremos el efectivo a la basura? No. La actividad económica que depende de él aún es significativa. El efectivo es útil si su niñera no acepta PayPal o si quiere comer en un pequeño restaurante que sólo acepta efectivo.

La idea no es hacer la vida más difícil para aquellos que dependen de transacciones modestas, es examinar el efectivo ya que ha pasado siglos sin ser ni siquiera blanco de críticas. Una mirada en detalle a la larga historia del dinero en efectivo, sus costos actuales y la inundación de las tecnologías emergentes sugiere que puede que estemos al borde de una revolución monetaria.

—David Wolman es autor del libro ‘The End of Money’, publicado la semana pasada en EE.UU.
Fuente: The Wall Street Journal, 17/02/12.

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The End of Money

For ages, money has meant little metal disks and rectangular slips of paper. Yet the usefulness of physical money—to say nothing of its value—is coming under fire as never before. Intrigued by the distinct possibility that cash will soon disappear, author and Wired contributing editor David Wolman sets out to investigate the future of money…and how it will affect your wallet.

Wolman begins his journey by deciding to shun cash for an entire year—a surprisingly successful experiment (with a couple of notable exceptions). He then ventures forth to find people and technologies that illuminate the road ahead. In Honolulu, he drinks Mai Tais with Bernard von NotHaus, a convicted counterfeiter and alternative-currency evangelist whom government prosecutors have labeled a domestic terrorist. In Tokyo, he sneaks a peek at the latest anti-counterfeiting wizardry, while puzzling over the fact that banknote forgers depend on society’s addiction to cash. In a downtrodden Oregon town, he mingles with obsessive coin collectors—the people who are supposed to love cash the most, yet don’t. And in rural Georgia, he examines why some people feel the end of cash is Armageddon’s warm-up act. After stops at the Digital Money Forum in London and Iceland’s central bank, Wolman flies to Delhi, where he sees first-hand how cash penalizes the poor more than anyone—and how mobile technologies promise to change that.

Told with verve and wit, The End of Money explores an aspect of our daily lives so fundamental that we rarely stop to think about it. You’ll never look at a dollar bill the same again.

Advance Praise for The End of Money

“A world with different and new money will be a different and new world.  We are headed there more rapidly than most suppose.  The lives of citizens and central bankers alike will be profoundly altered.  This book should be read by everyone who cares and that should be almost everyone.”

—Lawrence H. Summers, President Emeritus of Harvard University, former Secretary of the United States Department of the Treasury, and Charles W. Eliot University Professor at Harvard’s Kennedy School of Government.

 

“Cash is a mystifying artifact of a bygone era. It’s inefficient, inconvenient and downright dirty—yet we still have wallets full of it. But not for much longer. Over the next few years, money will change more than it has for centuries. David Wolman’s globetrotting exploration tells how, with riveting anecdotes and insights into the past and future of payment.”

—Chris Anderson, Editor in Chief of Wired magazine and author of The Long Tail and Free: The Future of a Radical Price

 

“Gather up your 25 rectangles of colored cotton fiber and assorted scrap metal plugs and put them down on the bookstore counter, my friends.  This is the sharpest, most amazingly well-researched and fascinating book to come along in a very large while.  Especially stunning chapter on counterfeiting, past (fake wampum!) and present (North Korean supernotes!). Read this book and you will understand how the world works and where it is headed, and why a culture perched on the brink of cashlessness is still minting pennies.”

—Mary Roach, author of Stiff and Packing for Mars

 

“Say what you will about sophisticated financial instruments like credit default swaps and collateralized mortgage obligations. Our biggest financial blind spot may be the cold, hard cash in our pockets. David Wolman uncovers the hidden costs of coins and currency in this entertaining and eye-opening book that will appeal to anyone with a pocketbook.”

—Daniel H. Pink, author of Drive and A Whole New Mind

 

“Alternating between in-depth reporting and personal rumination, Wired contributing editor Wolman tries to figure out what a cashless society would mean and whether it is an idea whose time has come…He has plenty of thoughts about what could replace physical money, but he is wise enough to understand that he cannot imagine all of the unexpected outcomes. An intriguing book on a topic that many readers have always taken for granted: the cash in their purses and wallets.”

—Kirkus Reviews

 

Fuente: http://www.david-wolman.com/p/books_16.html