Argentina: Pronostican 20% de inflación para 2017

noviembre 3, 2016

Estiman una inflación del 19,7% en 2017

Los datos surgen del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado entre varios analistas por el BCRA. Para 2019, la inflación bajaría al 9,3%.

Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger (DYN)

Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger.
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Los analistas proyectan que la inflación será del 19,7% en 2017, con una lenta tendencia bajista hasta el 9,3% al final del mandato del Gobierno.

argentinaLos datos surgen del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) realizado entre el 27 y el 31 de octubre entre varios analistas especializados hecho por el Banco Central (BCRA).

Para finales del mes próximo, la tasa de inflación llegará al 39,4% según el REM, mientras que para diciembre de 2017 se ubicará en el 19,7%. Para fines de 2018 los pronósticos la sitúan en el 14,8% y para 2019 en el antes mencionado 9,3%.

Si bien el REM coincide con los pronósticos del Central de inflación en baja, muestra un ritmo de caída menor a la del ente monetario, que prevé que la tasa rondaría el 5% para finales de 2019.

En lo que hace al PBI de 2016, el REM proyecta una caída total del 2% para todo el año, aunque para los próximos tres años habría un crecimiento del 3%.

Por otra parte, del estudio surge que la tasa de rendimiento de las Lebac será del 26% a finales de este mes -frente al actual 26,75%- y descenderá al 25,1% en diciembre.

Fuente: clarin,com, 03/11/16.


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La locura de los precios en Argentina

noviembre 1, 2016

Precios locos: un saquito de marca cuesta igual que un lavarropas

Impuestos, márgenes y costos ocultos. Un auto usado sale casi tanto como un 0km y  una estadía en Cariló,  como una semana en el Caribe.

Por Natalia Muscatelli.

Local de electrodomésticos

Local de electrodomésticos.
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Comprar un jean de marca por $1.800 o un par de zapatillas por $2.500 o un saquito con tachas de diseñadora de moda ($ 7.800) o un pantalón de lino ( $ 7.200) puede resultar un gasto “exorbitante” si se lo compara con el precio de un electrodoméstico. Por ejemplo, un lavarropas que hoy cuesta aproximadamente unos $ 8.000, o un lavavajillas ( $ 7.500). También el precio de un auto usado puede resultar sumamente caro respecto de otro similar cero kilómetro, como consecuencia de la gran dificultad para acceder a este último. Y hasta un paquete turístico al Caribe hoy puede insumir un costo similar a una estadía en Cariló.

inflaciónEstas aparentes “inconguencias” en los precios de los bienes y servicios aparecen a diario en la vida de los consumidores. Algunas, se enmarcan en ciertas características de la economía local, como la distorsión de precios.

“Cuando una economía está muy cerrada, hay licencias no automáticas o impuestos y regulaciones en exceso, empiezan a gestarse distorsiones que tal vez, no existen en otros mercados del mundo”, explica Fausto Spotorno, de Ferreres &Asociados. Y recuerda una regla que bien puede aplicarse a la economía doméstica: “En los países desarrollados, las cosas son baratas y las personas, (los salarios que implican la elaboración de esos bienes), son caras. En cambio, en los países en desarrollo, (como la Argentina), la ecuación es exactamente al revés”.

El caso más emblemático en cuanto a las distorsiones de precios es el de las tarifas de los servicios públicos, agrega Soledad Perez Duhalde, de abeceb. Si bien, tuvieron un ajuste importante en la nueva gestión de gobierno, tenían uno de los mayores retrasos de la economía. “Entonces, la distorsión en las tarifas sumado al tipo de cambio que se fue apreciando, también dieron lugar a la distorsión en los precios de otros productos”, señala. En muchos casos, lo que sucede es que la demanda convalida esos precios muy altos. O sea, “la gente está dispuesta a pagarlos aunque no lo valgan”, señala la analista.

“Al no ser ésta una economía autosustentable, muchas veces, la gente convalida subas de precios en otros bienes como la ropa, los electrodomésticos o el transporte de pasajeros”, dice Spotorno. Y coincide en que el sector energético sigue siendo uno de los más distorsionados a pesar de las subas”.

impuestosSegún Diego Giacomini, de Economía & Regiones, el gran desafío para corregir las distorsiones de precios es “bajar la presión tributaria. El tipo de cambio no es el problema: no está atrasado respecto de los otros países de la región”, dijo. Para Giacomini, los problemas de competitividad mejorarían a partir de una rebaja de unos 8 puntos en la presión tributaria. “La Argentina tiene una presión tributaria 12 puntos mayor al resto de los países, tres veces más de deficit fiscal y todo eso lleva a encarecer el costo de financiamiento y laboral. Y, a su vez, todo esto lleva a encarecer los productos respecto de otros países de la región.

Fuente: Clarín, 31/10/16.


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La importancia de una moneda sana

octubre 21, 2016

El concepto de una moneda sana, como un instrumento para proteger las libertades civiles

Con los alumnos de la UBA Económicas vemos a Ludwig von Mises  y la idea clásica de la moneda sana (de “Reconstrucción Monetaria”):

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El principio de una moneda sana que guió las doctrinas y políticas monetarias del siglo XIX fue un producto de la economía política clásica. Constituyó una parte esencial del programa liberal, tal como lo desarrolló la filosofía social del siglo XVIII y lo difundieron los partidos políticos más influyentes de Europa y América durante el siglo siguiente.

La doctrina liberal ve en la economía de mercado el mejor, inclusive el único sistema posible de organización económica de la sociedad. La propiedad privada de los factores de la producción tiende a transferir el control de ésta a manos de quienes se hallan mejor capacitados para la tarea, y, de esta suerte, a procurar a todos los miembros de la sociedad la satisfacción más completa posible de sus necesidades. Ella atribuye a los consumidores el poder de elegir a aquellos proveedores que los abastezcan más barato de los artículos que solicitan con mayor urgencia y en esa forma sujeta a los empresarios y a los propietarios de los factores productivos, es decir, a los capitalistas y terratenientes, a la soberanía del público consumidor. Ella hace que las naciones y sus ciudadanos sean libres y proporciona sustento abundante para una población cada vez más numerosa.

Como sistema de cooperación pacífica con arreglo a la división del trabajo, la economía de mercado no podría funcionar sin una institución que garantizara a sus miembros que estarán protegidos en contra de los malhechores de adentro y de los enemigos de afuera. La agresión violenta únicamente puede frustrarse mediante la resistencia y la represión armadas. La sociedad necesita un aparato defensivo, un estado, un gobierno, una fuerza policíaca. Su funcionamiento sin tropiezos ha de salvaguardarse mediante el apresto incesante a repeler a los agresores. Mas entonces surge un nuevo peligro. ¿Cómo es posible mantener bajo control a aquellos a quienes se confía la dirección del aparato gubernamental, a fin de que no volteen sus armas contra aquellos a quienes deben servir? El problema político esencial estriba en cómo impedir que los gobernantes se conviertan en déspotas y esclavicen a los ciudadanos. La defensa de la libertad individual en contra de los abusos de los gobiernos tiránicos constituye el tema esencial de la historia de la civilización occidental. El rasgo característico de occidente se encuentra en el afán de sus pueblos por ser libres, preocupación que es desconocida de los orientales. Todas las maravillosas proezas de la civilización occidental son otros tantos frutos que han crecido en el árbol de la libertad.

Es imposible asir el significado de la idea de la moneda sana si no se hace uno cargo de que se concibió como un instrumento destinado a proteger las libertades civiles contra las invasiones despóticas por parte de los gobiernos. Ideológicamente pertenece a la misma categoría que las constituciones políticas y las declaraciones de derechos. La exigencia de garantías constitucionales y de declaraciones de derechos representó una reacción contra los regímenes arbitrarios y la inobservancia por los reyes de las costumbres tradicionales. El postulado de una moneda sana se esgrimió como respuesta a la práctica de los príncipes de rebajar la ley de la moneda acuñada. Más tarde se elaboró y perfeccionó con cuidado en la época que, como resultado de su experiencia con la Moneda Continental de las Colonias Norteamericanas, con el papel-moneda de la Revolución Francesa y con el período de restricción en Inglaterra, había aprendido lo que un gobierno puede hacer al sistema monetario de una nación.

El cripto-despotismo moderno, que en los Estados Unidos de América ha usurpado el nombre de liberalismo, critica la negatividad del concepto de libertad. Esta censura carece de valor, toda vez que se relaciona puramente con la forma gramatical de la idea y no entiende que todos los derechos civiles pueden definirse con igual propiedad en términos afirmativos que en términos negativos. Son negativos en cuanto tienen por finalidad cerrar la puerta a un mal, como es la omnipotencia del poder público, e impedir que el Estado se convierta en totalitario. Son afirmativos en cuanto tienden a preservar el funcionamiento sin obstáculos del sistema de propiedad privada, el único sistema social que ha creado lo que llamamos civilización.

De esta suerte, el principio de la moneda sana reviste dos aspectos. Es afirmativo cuando sanciona la elección por el mercado de un medio de cambio de uso general. Es negativo cuando se opone a la propensión del gobierno a entrometerse con el sistema monetario.

Fuente: bazar.ufm.edu, 20/10/16.

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La inflación mundial en un mínimo de 7 años

octubre 5, 2016

OCDE: La inflación mundial se sitúa en un mínimo de 7 años

El grupo dijo que los precios al consumidor en las 20 economías más grandes del mundo aumentaron 2,1% en agosto frente a 2,2% en julio.

Por Paul Hannon.

LONDRES (EFE Dow Jones) — Las tasas de inflación en todo el mundo cayeron en agosto por segundo mes consecutivo y registraron sus niveles más bajos desde 2009, cuando la economía mundial estaba en plena recesión por la crisis financiera.

OCDELa Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico dijo el martes que la tasa anual de inflación en el Grupo de 20 economías más grandes del mundo —responsables del 85% de la producción económica mundial estimada— se redujo a 2,1% desde 2,2% en julio. Se trata del nivel más bajo de subida de los precios de consumo desde octubre de 2009, cuando aumentaron 1,7%.

Aunque la inflación en los países desarrollados se aceleró ligeramente, se registraron fuertes contracciones en las economías emergentes más grandes y pobladas, como China e India.

Esto probablemente preocupará a los gobernadores de los bancos centrales, que desde la crisis llevan mucho tiempo intentando incrementar las tasas de inflación para fomentar el crecimiento.

Para sorpresa de los economistas, el Banco de la Reserva de India redujo el martes su tipo de interés de referencia a 6,25% frente a 6,5%, con lo que lo dejó en el nivel más bajo de los últimos cinco años. El motivo de la rebaja, según el banco central, fue la fuerte desaceleración del crecimiento mundial y la benigna perspectiva de la inflación. Según la OCDE, la tasa de inflación de India bajó a 5,3% en agosto desde 6,5% de julio.

La OCDE señaló que la tasa anual de inflación en sus 34 miembros —la mayoría de los cuales son economías desarrolladas— creció a 0,9% en agosto desde 0,8% en julio, lejos del objetivo de la mayoría de bancos centrales de los países desarrollados, que se sitúa en torno a 2%.

Según la organización, 10 de sus miembros registraron descensos de los precios en términos interanuales en agosto. Se trata de Japón, Israel y ocho países europeos.

Fuente: The Wall Street Journal, 04/10/16.

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Los bancos centrales sí pueden crear inflación

abril 28, 2016

Los bancos centrales sí pueden crear inflación: Argentina es un ejemplo

Por Greg Ip.
El ministro de Hacienda y Finanzas de Argentina, Alfonso Prat-Gay.
El ministro de Hacienda y Finanzas de Argentina, Alfonso Prat-Gay. 

En momentos en que la inflación en Estados Unidos, Japón y la zona euro está estancada debajo de la meta de 2% anual, los bancos centrales de esos países deben responder con frecuencia a la pregunta de si tienen o no las herramientas necesarias para impulsar los precios. Mejor sería preguntar: ¿tienen la voluntad de hacerlo?

Hay una herramienta prácticamente garantizada para crear inflación: el “dinero helicóptero”, o la impresión de billetes para financiar crecientes déficits públicos. Esta herramienta borra la distinción entre política fiscal y política monetaria, un límite sagrado no sólo para los bancos centrales sino también para los gobiernos que correctamente lo consideran un bastión contra el aventurerismo económico.

Para entender esto, nada mejor que examinar el caso de Argentina, país que recién ahora está recuperándose de años de dinero helicóptero, también conocido como financiación monetaria.

inflaciónHace poco más de 10 años, cuando Argentina ofreció reestructurar su deuda en default desde 2001, algunos tenedores de bonos se negaron a aceptar el recorte propuesto y bloquearon el retorno del país a los mercados de capital. Renuente a bajar su déficit mediante la reducción de gastos o el aumento de impuestos, el gobierno recurrió al banco central. Los adelantos transitorios y las transferencias del banco central a la Tesorería son formas de impresión de dinero, que en Argentina se disparó de 4.000 millones de pesos en 2007 a 159.000 millones de pesos (3% del Producto Interno Bruto) el año pasado.

El actual ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, quien entre 2002 y 2004 presidió el banco central, dijo en una reciente entrevista que la entidad terminó convirtiéndose en prestamista de primera instancia de la Tesorería.

La impresión de dinero tuvo el efecto previsible: la inflación se disparó. Exactamente cuánto no se sabe, porque bajo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se manipularon las estadísticas nacionales. Elypsis, una firma privada, calcula que creció de 6% en 2009 a 25% el año pasado. A este contribuyó el aumento de los controles de importación y de capital, que además socavaron el potencial productivo de la economía.

mauricio macri presidente 2015En diciembre pasado, Mauricio Macri reemplazó a Kirchner en la presidencia de la nación y comenzó a desmantelar la épica mala gestión económica de su antecesora [Cristina Fernández de Kircner]. Prat-Gay rápidamente acordó con los acreedores holdouts y la semana pasada supervisó el retorno de Argentina a los mercados globales de capitales, emitiendo bonos por US$16.500 millones.

Recuperar el acceso a los mercados es esencial para poner fin a la dependencia de la Tesorería de la financiación monetaria y, por lo tanto, para reducir la inflación. Prat-Gay se ha comprometido a limitar el endeudamiento del banco central este año. La inflación, después de subir debido al recorte de subsidios, debería caer abruptamente el próximo año.

Prat-Gay también quiere restaurar la separación entre la política monetaria y la fiscal, algo que se da por sentado en otros países. Cuando le hice una pregunta sobre política monetaria, me respondió: “Usted no le haría esa pregunta a (el secretario del Tesoro de EE.UU.) Jack Lew, ¿verdad?”. (El secretario del Tesoro de EE.UU. no hace comentarios sobre la Reserva Federal, que es un ente independiente del poder ejecutivo).

Que la financiación monetaria haya sido desastrosa para Argentina no significa que siempre tenga que serlo. En 1942, la Fed se comprometió a comprar tanta deuda como fuera necesaria para financiar el esfuerzo de guerra de EE.UU. Para 1945, había comprado deuda equivalente a 9% del PIB anual. La recuperación económica posterior se extendió hasta bien entrada la posguerra.

A pesar de los controles de precios y salarios impuestos durante la guerra, entre 1940 y 1948 la inflación rondó 7% anual. Esto fue suficiente para que la Fed decidiera zafarse de las garras del Tesoro, lo cual logró en 1951.

Si la Fed pudo crear inflación entonces y el banco central argentino lo hizo hasta hace poco, ¿por qué les cuesta tanto lograrlo a la Fed, al Banco Central Europeo y al Banco de Japón?

No alcanza con imprimir dinero; también hay que gastarlo. Argentina imprimió dinero para financiar el gasto público, mientras que la Fed, el BCE y el Banco de Japón actúan de forma independiente, en un momento en que los gobiernos están tratando de endeudarse menos.

El verdadero dinero helicóptero surte efecto cuando el gobierno anuncia un gran aumento de gastos o reducción de impuestos y el banco central se compromete a imprimir dinero para financiar esas erogaciones y a nunca retirarlo de circulación. La gente se convence de que los impuestos no aumentarán y que subirán los precios, lo cual amplifica el impacto en el gasto y, debido a las expectativas, en la inflación real. Sin embargo, una vez que se desatan las expectativas de inflación, nadie puede garantizar que esta se detenga en 2%.

Estos son los puentes que los bancos centrales no están hoy dispuestos a cruzar. El presidente del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, ratificó en una entrevista reciente que “la política monetaria y la política fiscal son decididas y administradas por autoridades distintas”. Ante una pregunta sobre el dinero helicóptero, el presidente del BCE, Mario Draghi, dijo la semana pasada que es una opción “llena de dificultades operacionales, legales e institucionales”.

La independencia monetaria no es una meta en sí, sino un medio para un fin: bajo desempleo y una inflación en torno a 2%. Hoy los bancos centrales y el público están desencantados con una inflación tan baja y un crecimiento débil, pero no lo suficiente como para arriesgarse a un inflación de 7%, mucho menos de 25%. Las cosas tendrán que estar mucho peor.

Fuente: The Wall Street Journal, 28/04/16.

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La perversa inflación

mayo 29, 2015

La lógica perversa del impuesto inflacionario

Por Víctor A. Beker.

inflación 02Días pasados compartí una mesa redonda organizada por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas con la ex presidenta del Banco Central Mercedes Marcó del Pont y el especialista en temas fiscales Jorge Gaggero. Extraño para los tiempos que corren, arribamos a un diagnóstico común: el problema fundamental de la economía argentina es que los argentinos ahorran en dólares. Ésta es, precisamente, la tesis principal de mi último libro. Lamentablemente, los acuerdos terminaron allí. Cada uno esbozó distintas terapias para hacer frente al mal diagnosticado.

Hay algo que es indudable: si existe una inflación anual de, digamos, un 30%, eso significa que un ahorro de 100 pesos a comienzos de año se habrá convertido en 70 a fin de año en términos de poder adquisitivo si se conserva en pesos; esto se evita si se ahorra en dólares. Por tanto, no hay ningún misterio en la propensión de los argentinos a ahorrar en divisas. Sin embargo, los sectores afines al Gobierno sostienen que el ahorro en dólares es una cuestión cultural. ¿Qué quieren decir con esto? Que así como los ciudadanos aceptan pagar el IVA, el impuesto a las ganancias, las retenciones o el impuesto al cheque, no hay razón para que no se avengan a pagar el impuesto inflacionario, que hoy es una de las principales fuentes de financiamiento del descontrolado gasto fiscal. ¿Por qué los argentinos se niegan a pagar el impuesto inflacionario y lo eluden ahorrando en dólares?

Primero, porque la Constitución reserva al Congreso la potestad de crear impuestos. El impuesto inflacionario no ha pasado por el trámite parlamentario y, por tanto, es inconstitucional. Su monto es arbitrario y ni siquiera lo fija el Poder Ejecutivo, sino el Banco Central, que está a cargo de la emisión monetaria. Basta que emita un 35% más de billetes que el año anterior para que la inflación sea de 30% si la economía crece un 5%, por ejemplo.

En segundo término, porque es un impuesto que recae principalmente sobre los pequeños y medianos ahorristas, para quienes la compra de dólares constituye casi la única forma de eludirlo.

En tercer lugar, porque deteriora el tipo de cambio real desalentando las exportaciones -cuyos costos suben más rápido que el tipo de cambio nominal- y fomenta las importaciones; así genera crisis recurrentes del balance de pagos, como la actual.

También, porque se utiliza para financiar un gasto público astronómico de difícil justificación. En ocasión de una visita a Suecia le preguntaba a un colega cómo aceptaban pagar hasta un 50% de impuesto a los ingresos sin protestar. «¿Ve ese hospital? Está dotado de tecnología de punta y ahí me atiendo yo. Sé que mis impuestos sirven para que pueda seguir gozando de esa atención», me dijo. Difícilmente pueda reproducirse ese diálogo en la Argentina.

Luego, porque en la memoria colectiva de los argentinos están grabados a fuego episodios como el Rodrigazo, la hiperinflación, el plan Bonex o el corralito, que licuaron de un día para otro las reservas de aquellos que habían ahorrado en pesos.

Ante estas razones parece difícil lograr el aspirado «cambio cultural». Por eso, la alternativa para quienes lo pregonan es lisa y llanamente imponerlo coercitivamente. Así, en mayo de 2012 se anunció la veda a la compra de divisas con fines de ahorro. El estrepitoso fracaso de la medida -que sólo sirvió para paralizar el mercado inmobiliario de inmuebles usados y generar un mercado paralelo de cambios- obligó a dar marcha atrás y autorizar una dolarización cuotificada a través del llamado «dólar ahorro». Sin embargo, no es de descartar futuros intentos de imponer la pesificación coercitiva por parte de quienes están convencidos de que cuando el cambio cultural no se logra por las buenas debe imponerse por las malas.

Es cierto que el ahorro en dólares es el principal obstáculo al desarrollo económico en nuestro país. Los ahorros que se realizan en la moneda de un país se depositan en el sistema financiero o se invierten en el mercado de capitales y se canalizan para la inversión productiva. Los ahorros en dólares -se guarden en el «colchón» o se giren al exterior- no se canalizan hacia la inversión interna. Y sin inversión no hay crecimiento económico. Pero la pesificación de los ahorros no se consigue por decreto, sino que requiere la inexistencia de la perspectiva de inflación y devaluación de la moneda.

La estabilidad monetaria aparece así como una condición necesaria para el crecimiento económico. Lejos de plantearse como términos alternativos, estabilidad y crecimiento van de la mano. Se necesita estabilidad monetaria para que exista el crédito a 30 años y se multiplique la construcción de viviendas, con el consiguiente impulso a la ocupación de mano de obra. Se necesita estabilidad monetaria para que parte de los más de 10.000 millones de dólares que hoy salen anualmente al exterior queden en el país y contribuyan a su crecimiento. Se necesita estabilidad monetaria para que los más de 200.000 millones de dólares depositados por argentinos en cuentas en el exterior retornen al país y se inviertan productivamente en él.

Pero la estabilidad monetaria requiere que el Estado renuncie a financiarse con el impuesto inflacionario. Ésta es la verdadera disyuntiva hoy: crecimiento o inflación o, más precisamente, crecimiento o estanflación.

—El autor, economista, es autor del libro ¡Basta de fracasos!

Fuente: La Nación, 29/05/15.

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