Los beneficios del euro
mayo 10, 2012
Oda al atribulado euro
Por Amar Bhidé
La aplastante derrota del domingo de la coalición gobernante de Grecia en las elecciones parlamentarias está alimentando los temores de que el país abandonará la zona euro y tratará de devaluar para salir de la crisis.
Algunos creen que ese es el camino correcto. Argumentan que Grecia y otros países de la periferia sur del continente nunca deberían haberse unido al euro. La dura competencia mundial deprime los precios, mientras que los rígidos mercados laborales sostienen los salarios. Un menor tipo de cambio aliviaría estas presiones, pero la competitividad de los exportadores en Alemania y otros países del norte mantienen alto el valor del euro.
El argumento para huir del euro para devaluar es un error. Grecia y otras economías periféricas perdieron poco al renunciar a sus monedas nacionales. Tampoco su membresía hizo que la euro zona fuera demasiado extensa como para comprometer su éxito. Al contrario, su tamaño y heterogeneidad es una ventaja.
Se supone que las devaluaciones de moneda dan una salida a los países con empresas con desventajas competitivas crónicas y mercados laborales rígidos. La devaluación equivale a una reducción de precios que permite a las empresas locales mantener o incluso ampliar su participación en los mercados internacionales. La devaluación, indica el argumento, también aumenta el precio de las importaciones, dando a las empresas locales una ventaja en su propio mercado.
Fundamentalmente, en este punto de vista, las devaluaciones hacen viables a las empresas en dificultades, ya que pueden reducir los precios en relación con sus competidores internacionales sin tener que recortar de forma explícita los salarios que pagan a sus empleados.
Pero he aquí el truco. La devaluación funciona en la medida en que no desata una exigencia de aumentos salariales, a pesar de que la depreciación de la moneda aumenta el precio de las importaciones y reduce el poder adquisitivo de los trabajadores.
Claro, los empleados podrían ser susceptibles a una ilusión del dinero y preocuparse sólo de sus salarios nominales. Pero no son las demandas de los trabajadores individuales lo que hace a los mercados laborales excesivamente rígidos, sino los sindicatos y otros participantes institucionalizados. Los sindicatos que no negocien recortes salariales con sus empleadores probablemente no permitirán que la devaluación erosione su salario real de una manera menos visible. De hecho, los contratos sindicales contienen a menudo protecciones contra la inflación.
La devaluación es una intervención contundente, impuesta de arriba hacia abajo, cuyos beneficios y costos se difunden de maneras impredecibles y a menudo indeseadas. Por ejemplo, la devaluación puede impulsar las ganancias y los salarios de las empresas que ya son internacionalmente competitivas, al mismo tiempo que hacen poco para ayudar a aquellas que lidian con venenosas relaciones laborales, rígidas normas de trabajo y onerosas obligaciones pensionales.
Peor aún, las devaluaciones recortan los ingresos reales de aquellos que menos pueden permitirse las pérdidas: los ancianos que dependen de sus escasos ahorros y pensiones, los empleados con bajos salarios no sindicalizados y que carecen de habilidades valiosas, y las pequeñas empresas que ni siquiera consiguen un impulso temporal de sus márgenes de ganancias, debido a que se mueven sólo en el mercado local.
Por el contrario, cuando los países renuncian a su opción de devaluar mediante a su incorporación a la unión monetaria, advierten un beneficio claro y tangible: la reducción de costos e incertidumbre del comercio, la inversión y el desplazamiento dentro de la zona de la moneda. La gente y las empresas no tienen que pagar por la conversión de las divisas o preocuparse por los cambios en los tipos de cambio.
También se espera menor volatilidad en relación con los tipos de cambio con otras monedas, ya que el rendimiento combinado y las perspectivas del conjunto, con sus muy diversas economías, será más estable que el de las partes.
Es cierto, el aumento de las exportaciones en una parte —Alemania, en el caso de la zona euro— puede provocar una apreciación de la moneda común que altera los precios y costos en otras partes de la unión. Pero los países con sus propias monedas no son inmunes a los cambios no deseados en sus tipos de cambio. A medida que la libra esterlina aumentó con las exportaciones de petróleo del Mar del Norte en la década de 1980, los fabricantes británicos se vieron en dificultades. Hoy en día, los ingresos de capital no deseado han creado un dolor de cabeza a Suiza por el tipo de cambio.
Por último, está la cuestión de la independencia del banco central. Los gobiernos pueden hablar de dientes para afuera, pero en tiempos de estrés enfrentan una fuerte tentación de obligar a los bancos centrales a cubrir los déficits presupuestarios a través de la impresión de dinero. A menudo, los banqueros no esperan que se les diga (como lo indican las recientes rondas de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal).
Conseguir que los gobiernos democráticos acuerden crear una autoridad monetaria independiente para una gran unión monetaria multinacional es una idea desalentadora: el Banco Central Europeo es el único caso conocido. Pero una vez creado, es relativamente difícil que los gobiernos nacionales intervengan, dada la independencia sin igual del BCE.
El público parece estar por delante de muchos expertos y políticos sobre el tema. Aunque las mayorías en Reino Unido y Dinamarca —los países que se mantuvieron fuera de la zona euro— no expresan arrepentimiento, encuestas de Eurobarometer todavía muestran un respaldo público considerable a la moneda común en todos los países que se unieron.
A pesar de la crisis, la mayoría de los griegos e irlandeses —como los alemanes y franceses— creen en el euro. Y con buena razón: el sobreendeudamiento soberano y la solvencia bancaria son serios problemas para Europa, pero la moneda común está haciendo muy bien su trabajo.-
-Bhidé, profesor de negocios internacionales de la Escuela Fletcher de la Universidad Tufts, es el autor de «A Call for Judgment: Sensible Finance for a Dynamic Economy».
Fuente: The Wall Street Journal, 09/05/12.
Grecia sigue amenazando el euro
mayo 10, 2012
Después de dos años, Grecia sigue amenazando el euro
Por Marcus Walker
ATENAS—Dos años después de que Europa rescatara a Grecia para proteger al euro, la operación se ha convertido en una debacle que amenaza con aniquilar la moneda común.
Después de que las elecciones del 6 de mayo en Grecia dejaran a los partidos a favor del rescate en una posición demasiado débil para formar gobierno, es probable que se celebren nuevos comicios en junio, pero no hay garantía de que surja un gobierno estable. Para el mes que viene, Atenas debe identificar nuevos recortes presupuestarios del orden de los 11.500 millones de euros, unos US$15.000 millones, o arriesga la suspensión de los préstamos internacionales que necesita para pagar las pensiones y administrar las escuelas. Si no consigue el dinero, no tendrá más remedio que imprimirlo.
La crisis griega representa la culminación de un experimento radical de austeridad y reforma económica que han dejado al país al borde del colapso social y político. La historia del fallido rescate sugiere que imponer políticas de austeridad severa sobre los países de la zona euro no salvará la moneda y puede agravar la crisis.
El ejemplo griego ilustra la contradicción entre la disciplina exigida por Alemania, a cambio de ayudar a otros miembros de la zona euro, y el sufrimiento económico que otras sociedades pueden soportar. Grecia demuestra que lo que es necesario para justificar un rescate ante el escéptico electorado alemán puede constituir una calamidad política en la endeudada periferia de Europa.
«El programa es un suicidio, no sólo para Grecia sino también para el euro», dice Louba Katseli, ex ministra de Finanzas de Grecia. «En España, Portugal, Italia, en todas partes se está cometiendo el mismo error», afirma en alusión a la insistencia de la Unión Europa en recortar el gasto en medio de una recesión.
Alemania reiteró el miércoles que Grecia debe cumplir sus promesas de austeridad. Los gobiernos de la zona euro decidieron aplazar parte del próximo tramo del rescate como una advertencia a los políticos griegos.
El rescate de Grecia orquestado por la UE y el Fondo Monetario Internacional fue el mayor paquete de ayuda financiera otorgado a un país de la historia, con un total de 245.000 millones de euros en préstamos pagados o prometidos. También ha involucrado la mayor cesación de pagos de la historia, eliminando de un plumazo 100.000 millones de euros de deuda soberana griega.
No obstante, la reestructuración de la deuda griega dejó dos grandes desafíos pendientes: controlar una deuda creciente que ya es 1,5 veces el tamaño de la economía y forzar una rebaja de los salarios y los precios para impulsar la competitividad del país.
Para mantener a Grecia a flote, la UE y el FMI duplicaron su apuesta en marzo, expandiendo el paquete de asistencia pese a la creciente parálisis política del país.
Según varias fuentes cercanas, la responsabilidad del desastre recae sobre una clase política que no pudo o no quiso reformar el país, un programa irrealista que asumía un rápido repunte económico pese a la austeridad draconiana y el peso de la deuda, y la desconfianza entre Grecia y sus acreedores.
«Era casi una misión imposible», asegura George Papandreou, ex primer ministro de Grecia que negoció el rescate original y luego abandonó el cargo el año pasado tras una revuelta en su partido.
Papandreou relata que cuando le pidió a Angela Merkel condiciones más llevaderas en 2010, la canciller alemana respondió que el programa de ayuda tenía que ser doloroso. «Necesitamos asegurarnos de que nadie más quiera esto», contestó Merkel. La economía griega se ha contraído 14% en los últimos tres años y el FMI pronostica, en privado, un retroceso de 6,5% este año.
Europa teme que una salida de Grecia del euro podría desatar una fuga de capitales de Portugal, España y otras economías alicaídas del bloque. Algunas autoridades europeas argumentan, en privado, que el euro podría soportar la salida de Grecia porque los mercados entienden que su crisis es especialmente severa.
A otros les preocupa que al provocar corridas contra los bancos y los mercados de bonos soberanos, la salida de Grecia podría hacer peligrar el euro. Eso colocaría a Alemania y el norte de Europa ante un dilema: ver cómo colapsa la pieza central de décadas de integración política en Europa o apresurarse a formar una unión fiscal más profunda, incluyendo una emisión de bonos comunes, para salvar al euro.
Cuando el FMI y los países de Europa le ofrecieron a Grecia en mayo de 2010 un paquete de rescate de 110.000 millones, pensaron que habían actuado en forma decidida para evitar una calamidad.
El acuerdo exigía que Grecia pusiera en orden sus finanzas públicas y modernizara un sobrecargado sistema burocrático y un enjambre de leyes que habían hecho que su economía fuera poco competitiva.
Si bien todos concordaban en que Grecia necesitaba controlar el gasto fiscal, el FMI esgrimió que los cambios estructurales deberían tener prioridad y los recortes de gasto serían paulatinos, con el fin de proteger la economía.
Pero Alemania se opuso. Las reformas estructurales tendrían que hacerse al mismo tiempo que la implementación de un drástico plan de austeridad para reducir el déficit fiscal de 15,8% del Producto Interno Bruto en 2009 a menos de 3% para 2014. El cronograma fue poco realista. Los recortes de gastos y alzas de impuestos arrastraron a la economía a una recesión tan severa que el déficit se estancó en alrededor de 10% del PIB.
Normalmente, cuando el FMI impone medidas de austeridad, obliga al país a devaluar su moneda, con el objetivo de abaratar sus exportaciones y, de este modo, compensar la caída de la demanda interna. Pero Grecia no tiene una moneda propia que devaluar. Su espiral descendente se parece más al que sufrió Argentina hace una década, cuando intento mantener un tipo de cambio fijo frente al dólar a pesar de que la austeridad del FMI acentuaba la recesión, lo que desembocó en una crisis social y política.
Pese a sus dudas sobre el plan, Grecia empezó con paso firme a imponer medidas. Las encuestas mostraban un sólido apoyo público a los esfuerzos por reducir la burocracia, la corrupción y la evasión de impuestos, y eliminar los privilegios de algunos grupos de interés. Abogados, taxistas, empleados ferroviarios y otros grupos contaban con protecciones contra la competencia o ventajas fiscales, causando la creación de carteles y mucho despilfarro.
El ministro de Finanzas George Papaconstantinou, atacó el déficit público. Sus medidas redujeron la deuda a 10,6% del PIB en 2010. Pero la disciplina pronto se volvió víctima de la política.
En el segundo trimestre de 2011, las políticas de austeridad y el colapso de la confianza de las empresas los consumidores precipitaron a la economía a una caída libre. Las manifestaciones sacudieron el centro de Atenas. En junio, Papandreou reemplazó a su ministro de Finanzas con su mayor rival, Evangelos Venizelos. Descrito como uno de los oradores más elocuentes de Grecia, Venizelos aceptó el puesto reacio, temeroso de echar por tierra sus ambiciones políticas, según fuentes cercanas.
Muchos griegos esperaban que fuera un duro negociador con Europa y el FMI. Venizelos intentó en un par de ocasiones conseguir un relajamiento de las condiciones del rescate. Pero la UE y el FMI lo presionaron para despedir a más funcionarios y cerrar empresas estatales poco rentables. El ministro se negó. Al ministerio de Finanzas le quedaba menos de 1.000 millones de euros en sus arcas. La cuenta mensual para pagar salarios públicos y pensiones cuadruplicaba esa cifra. Grecia evitó la bancarrota simplemente al no pagar a sus proveedores.
Venizelos tuvo que volver a recurrir a los ministros de Finanzas europeos, que se reunieron en Cracovia, Polonia, a mediados de septiembre. Venizelos se mostró más cooperativo, pero el programa griego iba mal encaminado. En octubre, el FMI, ahora bajo el liderazgo de Christine Lagarde, obligó a Europa a reconocer la realidad: las cifras no cuadraban.
Eso forzó a los líderes europeos a concederle a Grecia un nuevo paquete de asistencia. Una cumbre de la UE el 26 de octubre llevó a que los acreedores asumieran una pérdida de 53,4% en sus bonos soberanos griegos y más préstamos. Pero esta vez, la mayoría de la deuda griega estaba en manos de autoridades de la zona euro y el FMI en vez de inversionistas privados. La deuda de Grecia cayó de 356.000 millones en 2011 a una proyección de 327.000 millones para este año.
Merkel y otros líderes europeos pensaron que el arreglo zanjaba la crisis griega de una vez por todas. El gobierno de Atenas, sin embargo, se estaba cayendo a pedazos.
Los partidos tradicionales, el socialista Pasok y el conservador Nueva Democracia, fueron duramente castigados en las elecciones del domingo. Los electores los culpan de haber sumergido a Grecia en la crisis de la deuda y, posteriormente, de haberla destruido en su intento por sacarla del atolladero. de la crisis de la deuda.
Fuente: The Wall Street Journal, 09/05/12.
Argentina: El abusivo Impuesto a las Ganancias
mayo 9, 2012
Ganancias: advierten una fuerte distorsión por la falta de ajuste
Por Martín Kanenguiser
Las sonrisas que predominan entre los empleados y ejecutivos por los aumentos salariales previstos para este año se borrarán rápidamente cuando observen en sus recibos de haberes el impacto de la falta de actualización de las escalas en el impuesto a las ganancias desde hace 12 años, antes del estallido de la convertibilidad.
Según datos del Instituto Tributario de la Federación de Graduados en Ciencias Económicas, si estas escalas se actualizaran de acuerdo con los índices de aumento de precios del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) acumulado desde entonces, los empleados en relación de dependencia pagarían, en promedio, un 50% menos por Ganancias. El informe concluye que si las escalas del impuesto se ajustaran de acuerdo con el índice de precios mayoristas del Indec, deberían exhibir una presión sustancialmente menor, tanto sobre las personas en relación de dependencia como en los autónomos, más allá de la decisión que adopte o no el Poder Ejecutivo respecto de los mínimos no imponibles.
Así, el empleado casado y con dos hijos que gana $ 9000 mensuales y paga $ 1324 anuales por Ganancias, dejaría de pagar por completo; quien recibe $ 15.000 y paga $ 19.519, pasaría a tributar $ 5903; en tanto, quien gana $ 25.000 y paga $ 63.861, bajaría hasta $ 30.205 anuales.
En el caso de los solteros, con esos mismos salarios, pasarían de pagar $ 6921 a $ 5499 (quienes ganan $ 9000 al mes); de $ 28.447 a $ 9189 (quienes ganan $ 25.000), y de $ 73.941 a $ 35.604 (los que tengan un ingreso mensual de $ 25.000).
Para los autónomos casados, entre los que reciben ingresos de $ 78.000 anuales (o $ 6000 mensuales), el impuesto caería de $ 2923 a $ 153; en aquellos con ingresos de $ 117.000 anuales, de $ 11.715 a $ 3663; en los de $ 195.000, de $ 35.598 a $ 15.054; y, finalmente, en los ingresos de $ 325.000, el pago del impuesto caería de $ 81.098 a $ 43.703. Para los solteros con los mismos niveles de ingresos, respectivamente, el impuesto a pagar bajaría de $ 9278 a $ 2266, de $ 19.534 a $ 6485, de $ 45.678 a $ 19.154 y de $ 91.178 a $ 49.102, según este cálculo efectuado sobre la base de datos oficiales.
Sin cambios
Las escalas de Ganancias no se modifican desde el año 2000 y determinan que en los ingresos de hasta $ 10.000 se pague una alícuota del 9%; de $ 10.000 a $ 20.000 se pagan $ 900, más el 14% del excedente de $ 10.000; de $ 20.000 a $ 30.000 se pagan $ 2300, más el 19% excedente de $ 20.000, y así se incrementa hasta llegar al tope del 35% para la base imponible superior a $ 120.000 anuales. Como señala el economista Nadín Argañaraz, debido a este congelamiento, las personas que ganan más dinero en términos nominales, todos los años aportan más dinero al fisco (ver aparte). Por lo tanto, las escalas «deberían arrancar en un mínimo de ingresos de $ 50.000, que pagarían el 9% de impuesto, y así sucesivamente para todos los tramos de la escala», opinó.
Según el tributarista Darío Rajmilovich, del estudio Russell Bedford Argentina, «de ajustarse las escalas aplicando el índice oficial de variación de salarios general (CVS) para sueldos netos de $ 8000 en adelante, se podría llegar al 50% de reducción del impuesto». Por lo tanto, el salario promedio de bolsillo «podría incrementarse entre $ 3000 y $ 4000 mensuales de bolsillo para un soltero o casado con dos hijos», detalló.
Para compensar la pérdida fiscal que implicaría subir los pisos de las escalas, agregó, el fisco «podría instaurar un impuesto sobre los dividendos [5 o 10%], que estaría en línea con el impuesto que cobran la mayoría de los países como tasa marginal de gravamen a la renta de personas físicas [un 40 por ciento]».
La reducción del monto del impuesto sería significativamente mayor si las escalas se ajustaran de acuerdo con el índice de precios medido por una docena de provincias. Por esta razón, según el tributarista del Plan Fénix Jorge Gaggero, las escalas de Ganancias «hay que corregirlas de modo simultáneo con una reforma integral del impuesto, ya que los parches de los últimos años, realizados bajo la doble presión del curso inflacionario y las paritarias, hicieron el impuesto más regresivo». Por lo tanto, opinó, debería hacerse lo contrario: «Darle mayor progresividad, porque los verdaderamente ricos no pagan este impuesto por las exenciones legales, las bajas alícuotas, la evasión, el abuso de los paraísos fiscales y la debilidad de la AFIP».
Al respecto, el especialista Eugenio de Mayolas sugirió que el Congreso delegue en el Poder Ejecutivo la facultad de incrementar las escalas y las deducciones (ya que éstas también sólo se han actualizado parcialmente desde los 90), como ocurre con el mínimo no imponible de Ganancias. Otra opción, expresó, sería «atar» el aumento de las deducciones «a la evolución del índice de movilidad establecido por la ley 24.241 que la AFIP toma en cuenta para establecer el ajuste en los aportes de los autónomos y los asalariados».
La necesidad de reformar el impuesto a las ganancias en términos integrales, como sugirieron los analistas, no aparece en la agitada agenda de la política económica del Gobierno.
Fuente: La Nación, 08/05/12.
Las víctimas de Evo Morales responden a su autoritarismo
mayo 7, 2012
Las víctimas de Evo Morales responden a su autoritarismo
Por Mary Anastasia O’Grady
La estrategia populista de la izquierda de demonizar a la clase inversionista tiene una gran desventaja: la ley de los rendimientos decrecientes. A medida que disminuyen los blancos, también lo hacen los dividendos.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tal vez lo entienda con el tiempo. El presidente de Bolivia, Evo Morales, está viviendo esa lección ahora mismo.
En mayo de 2006, Morales nacionalizó la industria del gas aduciendo que es un tipo de patrimonio colectivo. La noticia infló el orgullo nacional y la gratificación para el presidente fue inmediata. Pero no fue duradera; el mandatario necesitaría otras medidas para replicar ese efecto.
La última llegó hace seis días, el 1 de mayo —el Día de los Trabajadores para los socialistas—, cuando anunció la nacionalización de Red Eléctrica, una empresa de transmisión de electricidad. Imágenes provenientes de Cochabamba, donde soldados con botas de combate y equipo antidisturbios rodearon las oficinas de la compañía, exhibían el chovinismo de Morales. En el Palacio Quemado en La Paz, el presidente fue fotografiado levantando el puño de forma triunfal.
Fue bastante dramático, pero no representa lo que sucede realmente en Bolivia.
Morales tiene serios problemas políticos. Ganó la reelección en diciembre de 2009 con un 64% de los votos. No obstante, ahora su tasa de aprobación ronda 35% y, pese a que tiene el control de las cortes, el Congreso y el Órgano Electoral Plurinacional, tiene problemas para gobernar.
Como presidente, Morales ha seguido dependiendo de los métodos primitivos que utilizó para acceder al poder —es decir, bloqueos de carreteras, protestas callejeras y violencia de turbas— para dirigir su gobierno. No obstante, los bolivianos están hartos. Visto desde el prisma de su menguante popularidad, la expropiación de Red Eléctrica parece más un acto de desesperación que de desafío.
La izquierda internacional ha explicado la popularidad inicial de Morales en términos raciales, pintando a él y a su vicepresidente marxista de clase alta, Álvaro García Linera, como nobles libertadores de una nación indígena. Esto ignora el hecho de que la mayoría de los bolivianos son culturalmente mestizos, lo que significa que, más allá de su linaje, ya no viven como lo hacían sus ancestros hace 500 años. Lo que los socialistas también pasan por alto es que los indígenas bolivianos no prefieren ser tiranizados por alguien que se parece a ellos más de lo que les gustaría estar bajo el yugo de alguien que no.
Las cosas debieran estar saliéndole bien a Morales. Bolivia es un proveedor de recursos y los precios de las materias primas en general están en auge. No obstante, la economía ha tenido un desempeño mediocre. El Producto Interno Bruto ha promediado un anémico crecimiento anual de 2,9% desde 2005 a 2010. El año pasado, se estima que se expandió 5%, pero no alcanzó la meta de 6% que, según los economistas, los países en desarrollo deben mantener durante un decenio para lograr un impacto real en las tasas de pobreza.
Una razón es la escasez de inversión privada. La inversión total es de alrededor de 16% del PIB, cuando se necesita una cifra cercana a 25% para generar un crecimiento fuerte a largo plazo. Peor aún, la mayor parte de la inversión proviene del sector público y es financiada cada vez más por el banco central. La inversión privada ha sido apenas de entre 6% y 7% del PIB, lo que sugiere que a los inversionistas les preocupa el riesgo país.
Su proyecto gasífero tampoco está funcionando bien. Después de la nacionalización de 2006, dio marcha atrás a un contrato de largo plazo para abastecer a Brasil a través de un gasoducto de Petrobras e intentó elevar el precio. Petrobras respondió incrementando su capacidad para manejar gas natural licuado importado y comenzó a invertir en grande en la explotación de yacimientos brasileños. Ya no depende del gas boliviano.
Mientras tanto, el problema real de Morales, el odio de los bolivianos a su autoritarismo, está saliéndose de su control. El problema empezó con un intento en diciembre de 2010 de aumentar los precios de la gasolina en 70%. El levantamiento —conocido como el gazolinazo— fue tan violento que se vio obligado a retractarse. El incidente dañó mucho su imagen.
Luego, anunció planes para construir una carretera financiada por Brasil a través de una reserva indígena en la amazonia boliviana conocida como Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure, o TIPNIS. Los habitantes pidieron un desvío para salvar sus territorios ancestrales. Cuando Morales se negó, cientos de indígenas emprendieron una marcha de protesta de 500 kilómetros a La Paz. En el camino, se encontraron con un piquete pro-Morales y la policía les lanzó gas lacrimógeno. Cuando el gobierno arrestó a unos 300 manifestantes y trató de sacarlos del área en avión, residentes locales prendieron hogueras en la pista del aeropuerto en solidaridad con los detenidos.
Morales ha suspendido la construcción de la carretera, pero todavía insiste en que la ruta se llevará a cabo porque los cocaleros —su electorado más importante— la necesita para expandir su negocio.
El TIPNIS se ha convertido en el símbolo de la resistencia nacional contra la mano dura de Morales. El diario español La Gaceta informó que sólo en marzo hubo 123 protestas en todo el país. Incluso Naciones Unidas ha dicho que está preocupada por el creciente nivel de conflicto y la persecución de oponentes políticos. Morales también está preocupado, lo que probablemente explica por qué fue tras Red Eléctrica en el Día de los Trabajadores.
Fuente: The Wall Street Journal, 06/05/12.
En Argentina la Oposición es cómplice del deterioro económico
mayo 7, 2012
Oposición: cómplice del deterioro económico
Por Roberto Cachanosky
Salvo el caso del PRO, del PJ disidente y de un sector del radicalismo liderado por Aguad, casi todo el arco opositor apoyó la confiscación del paquete accionario de Repsol en nombre de la soberanía nacional. En otras palabras, esa oposición ha sido cómplice del gobierno, no solo en llevar adelante políticas que reflejan un falso nacionalismo, sino en convalidar la violación de la propiedad privada. El artículo 17 de la Constitución Nacional es muy claro al respecto: “La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”. Nada de esto ocurrió. El Poder Ejecutivo tomó por asalto la empresa utilizando la fuerza pública, algo que también prohíbe el artículo 17 de la Constitución y antes de quedarse con la empresa, no hubo ni ley ni indemnización. Es decir, el grueso de la oposición, que venía haciendo propuestas kirchneristas, pero con otros modos, ahora parece estar de acuerdo también con los modos. El atropello a la propiedad privada en nombre de la soberanía parece justifica violar los derechos.
Por más que se autodenominen progresista que trabajan en favor de los más humildes, su apoyo a la confiscación no hace otra cosa que generar más inseguridad jurídica, espantar las inversiones, crear menos puestos de trabajo y, como consecuencia de todo ello, denigrar el salario real de la población y precarizar el trabajo. Ni los argentinos ni los extranjeros van a invertir en un país en el que impera el desprecio por los derechos de propiedad y la arbitrariedad en las reglas de juego.
No es casualidad que, a pesar de que Cristina Fernández venga cayendo en picada en su imagen, los opositores no logren captar ese creciente descontento que tiene la gente con la situación económica. Hoy la inflación, el miedo a perder el trabajo y la incertidumbre preocupan a la población, pero ningún opositor logra captar el apoyo de esa creciente parte de la oposición por la simple razón que no formulan nada diferente a lo que propone el kirchnerismo. En todo caso, podrán diferenciarse en las formas. Ser más educados, menos soberbios, más dialoguistas, pero lo cierto es que buena parte de los destrozos económicos que viene cometiendo el kirchnerismo son acompañados por la mayor parte de la oposición, particularmente la que se ubica en el centro izquierda. Me refiero al FAP, el radicalismo que lidera Alfonsín hijo y otros partidos menores.
Cuando se confiscaron los ahorros que teníamos en las AFJP, buena parte de esa oposición acompañó la iniciativa del gobierno por considerar que el sistema de capitalización era perverso, en tanto que el manejo de esos ahorros en manos de los políticos garantizaban la solidaridad social. Los que trabajamos somos unos incapaces que no sabemos prevenir nuestro futuro y para eso están los políticos, que con la transparencia, bondad y honestidad que los caracterizan, se tiene que encargar de nuestro futuro manejando nuestra plata. Este es, en castellano básico, el concepto que subyace detrás de la idea del sistema de reparto versus el de capitalización, es decir la confiscación de nuestros ahorros.
Obviamente que desde el punto de vista actuarial, el sistema de reparto es inviable, pero eso no importa. Lo importante es hacer populismo y dar por sentado que los políticos son más honestos que los empresarios y, sobre todo, más inteligentes que la gente a la hora de prever el futuro de retiro.
Pero buena parte de esa oposición que se escandaliza con las cosas que hace el kirchnerismo, también se esforzó por hacer saber que ellos eran los que habían propuesto inicialmente la Asignación Universal por Hijo y la muestran como una conquista social. La realidad es que si el Estado tuvo que establecer ese subsidio es porque no logró generar la confianza necesaria para atraer los capitales necesarios que generaran puestos de trabajo y le dieran a la gente la dignidad de poder mantener a su familia con el fruto de su trabajo y, no como ahora, que la denigran con un subsidio que lo único que consigue es más clientelismo político y, además, que buena parte de una generación vea como sus padres viven sin trabajar. Esos chicos no nacen en un hogar en el que la cultura del trabajo y el esfuerzo por progresar es el valor que impera en la familia, sino que se crían en un ambiente del vivir del otro. Mucho se habla de educación, pero la peor educación que se le puede dar a un chico es que el Estado fomente la vagancia como forma de vida. El mendigar un subsidio como manera de comer algo es la cultura que impera en la “noble solidaridad” de este progresismo.
Más que apoyar y alabar esta asignación universal por hijo, la oposición debería haber mostrado el fracaso de la política económica para crear más puestos de trabajo mejor remunerados. La buena noticia hubiese sido que esa AUH nunca hubiese tenido que implementarse.
También recuerdo que la oposición no pareció inmutarse demasiado cuando se modificó la Carta Orgánica del BCRA. Permitir la emisión monetaria como forma de financiar al fisco es el mecanismo más regresivo que puede implementarse dado que implica aplicar el impuesto inflacionario, sin embargo, buena parte de la oposición vio como progresista aplicar el impuesto inflacionario que impacta con mayor intensidad en los más humildes.
Estos cuatro ejemplos muestran que la buena parte de la oposición no tiene una propuesta tan diferente al kirchnerismo. Es más, apoya todas aquellas políticas públicas que degradan la economía argentina y someten a la población a una constante decadencia económica, institucional y moral. Y digo moral porque los valores que defiende esa supuesta oposición al gobierno, acompañando sus políticas, degradan los valores del trabajo, la seguridad jurídica, el respeto por los derechos de propiedad e, insisto, condenando al país a una decadencia persistente.
El espectáculo que viene dando buena parte de la oposición es lamentable porque solo parece mostrar ambición por llegar al poder pero no para hacer algo diferente al actual gobierno. Por el contrario, como decía antes, buena parte de ella comparte el estatismo, el degradar los valores del trabajo y el esfuerzo personal, el desprecio por los derechos de propiedad, la limitación de la capacidad de innovación de la gente mediante regulaciones, el creer que ellos son superiores al resto de la sociedad arrogándose el derecho sobre qué hay que producir, cuánto hay que producir y a qué precios se deben vender los bienes. En definitiva, mientras buena parte de la oposición siga acompañando al oficialismo en estas políticas públicas que degradan la economía argentina, estará siendo cómplice de la destrucción institucional y económica de la Argentina.
Fuente: Economía para todos, 05/05/12.
Más información en: www.economiaparatodos.com.ar
Francia se rezaga
mayo 7, 2012
Se acentúa el retraso de Francia en el nuevo escenario
Por Jorge Castro.
Francia se encuentra con la siguiente situación interna en este momento mundial: en los últimos 10 años, los costos laborales han aumentado casi 20%, sobre todo frente a Alemania, que es su principal socio comercial. Eran 8% menores a los de la República Federal en 2000, y ahora son 10% mayores.
Este aumento revela una pérdida equivalente, sólo que en sentido inverso, de productividad, núcleo estructural de lo que usualmente se denomina “competitividad”. En este período, las exportaciones francesas (U$S 653.900 millones / 25,5% del PBI en 2011/estimado) prácticamente no han crecido, mientras que las alemanas (U$S 1,5 billones / 46,1% del PBI) se han duplicado, sobre todo en lo que se refiere a automotores de alta gama y bienes de equipo y de capital de alta tecnología, dirigidos a los países emergentes.
En estas condiciones, no llama la atención que la tasa de desocupación en Francia sea la más alta de los últimos 20 años (9,8%); lo que sí es un dato original es que el desempleo nunca ha estado por debajo de 7% desde 1981 (gobierno de Francois Mitterrand).
Por último, Francia participa de una característica estructural que parecía exclusividad de la Europa periférica, epicentro de la crisis del euro. Posee un enorme déficit de cuenta corriente, el mayor, en términos nominales, de la Zona Euro (84.500 millones de euros en 2011), el doble que el de España (47.200 millones) y el triple que el de Italia (24.600 millones). Alemania, en cambio, no solo tiene el mayor superávit de cuenta corriente de la Eurozona (+5,6% del PBI), sino que, cruzado con el producto, es el primero del mundo, superior al de China.
La economía francesa crecería este año 0,5%, tras exhibir un crecimiento de cero por ciento (0%) en el primer trimestre. Por eso, mientras el déficit fiscal fue 7,7% en 2011, tiene el mayor nivel de gasto público de la Zona Euro (56% del PBI), superior al promedio de la OCDE (43,3%).
También disminuye la participación francesa en los mercados extra-Zona Euro. Era 18,5% del total en 1999 y cayó a 13,2% en 2011. Alemania representaba 33,6% en 1999 y trepó a 35,6% el año pasado. Coherentemente, las ganancias marginales de las empresas francesas o radicadas en Francia cayeron a 29% en 2011, el nivel más bajo de la Eurozona (42%) y uno de los menores del mundo avanzado, junto con los de Japón.
Lo curioso es que esta situación es la de Francia como sistema económico, político y social, no la de las empresas trasnacionales francesas. Estas integran el segmento más competitivo de las firmas globales, con un porcentaje mayor entre las primeras 500 del mundo que cualquier otro país europeo, incluyendo Alemania.
El problema europeo es financiero y fiscal, y por esa vía desnuda la raíz de la crisis, que es la baja productividad y la incapacidad de innovar económica y socialmente.
Esto le impide integrarse competitivamente en la nueva estructura de la economía mundial, en la que no sólo el eje del proceso de acumulación se ha trasladado a los países emergentes, sino que el ciclo de la circulación se ha acelerado, debido a la irrupción de una nueva revolución tecnológica en Estados Unidos (Facebook, Twitter, Apple, Steve Jobs).
Las reformas estructurales en la Zona Euro (Italia y España), y el boom exportador alemán son la vía para converger con el nuevo eje de la economía global (China, India y Brasil). Se ha invertido, en síntesis, el proceso de convergencia en la economía mundial, después de la crisis global 2008-2009. En los 20 años previos, tras la unificación del sistema (1991), la convergencia, en términos de productividad e ingreso per cápita, se realizaba de abajo para arriba, del Sur hacia el Norte, de los países emergentes a los avanzados. Ahora, la convergencia se realiza de arriba para abajo, del Norte al Sur, donde está el nuevo eje de la acumulación global. Quizás se encuentre aquí el sentido -y el futuro- de la crisis europea, y la razón de ser de las dificultades de Francia.
Fuente: Clarín, 15/05/12.
El Dr. Jorge Castro es analista internacional y presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.
Más información en: www.agendaestrategica.com.ar
Argentina: Ajuste Nac & Pop
mayo 7, 2012
El ajuste Nacional y Popular
Por Enrique Szewach
El panorama económico se presenta complicado.
La situación fiscal sigue empeorando, tanto en el nivel federal, como en las provincias.
Básicamente, porque los ingresos crecen a un ritmo inferior al que lo hace el gasto público.
Y los ingresos crecen a un ritmo inferior, porque tanto el control de importaciones, como el control de cambios, afectan la recaudación impositiva atada a las importaciones y a la actividad, mientras el gasto público, salvo en inversión, se mantiene vigoroso por la presión salarial, ligada, a su vez, a la elevada tasa de inflación.
Como el gobierno nacional y los provinciales están “peleados” con el mercado financiero internacional, no se puede colocar deuda a tasas y montos razonables y, encima, hay que ir cancelando el capital que vence.
Como, además, el gobierno no tiene un fondo anticíclico ahorrado, y obviamente se niega a cualquier tipo de “ajuste ortodoxo” del gasto corriente, todo desequilibrio fiscal se traduce, al final del día, en menos reservas de divisas en el Banco Central, en más emisión de pesos, en más deuda “forzosa” (con proveedores, con jubilados que cobran más que la mínima, etc.), o en alguna “expropiación” que agregue un poco de “caja” transitoria.
Como contrapartida, la “pesificación forzosa” (por la imposibilidad de acceder al mercado oficial de cambios para comprar dólares), aumenta los depósitos en pesos en el sistema financiero y la oferta de crédito a tasas bajas y negativas, aunque en plazos muy cortos, dado que el plazo promedio de los depósitos se achica, por la resistencia a pesificarse.
Por el otro lado, la demanda de crédito para inversión se enfrenta con la restricción del control de importaciones (bienes de capital, insumos básicos) y el control de cambios (que desalienta el ingreso de capitales y el giro de utilidades).
Y la demanda de crédito para consumo, se encuentra relativamente saturada para los sectores más bancarizados que ya utilizaron su línea de crédito personal.
Pero la pesificación “por las malas” no resulta suficiente para evitar que haya demanda de dólares en los mercados informales, afectando el precio de la divisa en dicho mercado.
Se amplía, entonces, la brecha entre el precio oficial y el precio informal del dólar, lo que, tarde o temprano, pega sobre la determinación de los precios internos y la tasa de inflación.
Para evitar este efecto negativo, el gobierno utiliza una mezcla de policía y “liberación de cupos”, para contener el precio del tipo de cambio en dicho mercado libre. Pero al hacerlo tiene que vender más reservas. La pérdida de reservas, a su vez, obliga a mayor presión sobre el control de las importaciones, y sobre las fechas de liquidación de las exportaciones.
Y de esta manera se cierra el círculo, porque el control sobre las importaciones y exportaciones termina afectando, a su vez, el nivel de actividad y vuelta al principio de esta nota.
Como todavía el problema en el nivel de actividad no se ha traducido en menor empleo (aunque sí hay suspensiones de personal, en algunos sectores) y los salarios tienen cierto margen porque le han “ganado” a la inflación (al menos en el sector sindicalizado) en los últimos años, el efecto simultáneo de menos actividad y más inflación, o inflación alta, todavía no se nota demasiado en el bolsillo del grueso de la población.
En especial, porque el gobierno sigue gastando, en salarios públicos y jubilaciones mínimas (indexadas), subsidios, etc. usando la maquinita de hacer plata.
Pero obviamente, como por lo comentado, la oferta está fija, mientras la demanda está alimentada por el déficit fiscal, este proceso lejos de aliviarse se va, lentamente, agravando, obligando a más déficit fiscal, con más financiamiento inflacionario o a más expropiaciones.
En otras palabras, en lugar de un “ajuste ortodoxo”, vivimos en medio de un “ajuste nacional y popular” (De heterodoxo tiene muy poco).
El Ajuste Nac & Pop, resulta políticamente superior al ortodoxo, pero económicamente inferior. Resulta políticamente superior, porque afecta menos el consumo en el corto plazo, para beneplácito de aquéllos que pueden hacer negocios, en un coto de caza cerrado, y/o ganándole mercado a los que no aguantan.
Pero resulta económicamente inferior, porque no soluciona los problemas de fondo y sólo posterga decisiones que, salvo un inesperado y nuevo golpe de suerte internacional, habrá, finalmente, que tomar.
Fuente: Perfil, 06/05/12.
Más información: www.szewachnomics.com.ar
Estanflación: El riesgo menos pensado
mayo 6, 2012
El riesgo menos pensado
Por Néstor O. Scibona
Más allá de la euforia política que rodeó la sanción a libro cerrado de la ley de expropiación selectiva de YPF, dos ex ministros de Economía de diferentes épocas y pensamiento diametralmente opuesto acaban de coincidir acerca de otro riesgo que podría acechar a la Argentina. Roberto Lavagna y Domingo Cavallo advirtieron, por separado, que ese riesgo es la estanflación; una palabra que no figura en el diccionario castellano, pero que los economistas suelen emplear para definir la combinación entre estancamiento -o bajo crecimiento- productivo y alta inflación.
Hacía tiempo que este concepto no aparecía en el léxico económico local. Con nueve años de crecimiento del PBI a «tasas chinas» (8,5% promedio) -sólo interrumpido por la recesión de 2009, nunca reconocida por el INDEC-, el problema era la crónica inflación de dos dígitos anuales (18/22% promedio), que desde 2007 tampoco es admitida por el Indec.
Ese escenario está cambiando. Ahora el problema es que las «tasas chinas» quedaron atrás y el crecimiento económico se ha venido desacelerando en los últimos meses, sin que por ello la inflación ceda (sino más bien todo lo contrario). Según cálculos del Estudio Broda, el PBI «oficial» subió a una velocidad trimestral anualizada (y desestacionalizada) de 10,7% en la primera mitad de 2011, para reducirse a 3,5% en la segunda y a sólo 2% en el primer trimestre de 2012. A su vez, la consultora Finsoport, que dirige el ex viceministro Jorge Todesca, remarca que en los primeros tres meses de este año la industria manufacturera se expandió a un ritmo promedio de 2,3% (frente a 6,7% en 2011), mientras que la construcción lo hizo al 3,5% (desde 8,9%) debido principalmente al freno en obras públicas, donde se registran atrasos de varios meses en pagos a contratistas.
Estos indicadores corroboran la sensación de muchos sectores empresarios, equivalente a la de automovilistas habituados a andar en ruta con el acelerador a fondo y que, sin frenar, deben adaptarse a velocidades propias de zonas urbanas. También restan sustento al argumento gubernamental de que la inflación es justificable por el alto crecimiento: cuanto menos suba el PBI, más se notarán los efectos distorsivos de una alta tasa inflacionaria (en pesos y en dólares) sobre la oferta y la demanda. Por ahora, nadie parece haber pensado en cómo explicar este riesgo en el «relato» oficial.
Hay múltiples causas que explican la actual desaceleración de la actividad. Mientras antes de las elecciones de 2011 la Argentina vivió una «fiesta» de consumo (impulsada por fuertes aumentos del gasto público, expansión monetaria, salarios formales, crédito a tasas negativas e importaciones récord con un dólar casi «planchado»), paralelamente salieron 21.500 millones de dólares del circuito económico debido a la desconfianza que provocaba esa política. La explosión de consumo y la anemia de capitales coexistieron con una menor demanda laboral en el sector privado; menor cosecha de granos por la sequía y caída en la producción de petróleo y gas, que obligó a importaciones récord de combustibles. En lugar de un plan macroeconómico para restablecer la confianza, Cristina Kirchner recurrió a múltiples controles cambiarios y trabas a las importaciones, que ahora afectan la producción, los costos y la oferta de bienes. Por el lado de la demanda, esto se tradujo en un freno a la inversión (que viene cayendo en los últimos tres trimestres) y en una reorientación selectiva del consumo interno hacia productos masivos. Así, la inflación real no se moderó, sino que volvió a empinarse en marzo y abril (a una tasa anualizada de 25/26%).
En medio de este panorama, la frutilla del postre fue el deterioro de expectativas empresarias generado por la forma de reestatizar YPF que, además, disparó el riesgo país y elevó a 15 y 25% la brecha entre el dólar oficial y sus cotizaciones paralelas, que ya sobrepasan los 5 pesos. Por todo esto, nunca han sido tan dispares como en 2012 los pronósticos privados sobre el crecimiento del PBI. Van desde extremos de 2,5% (Econométrica) hasta 4,2% (Relevamiento de Expectativas de Mercado -REM-, que recoge el Banco Central entre distintas consultoras). Pero este último equivale a menos de la mitad del 8,9% registrado en 2011, aunque varios consultores privados lo ubican incluso casi dos puntos por debajo (7,1%) debido a deficiencias técnicas en la medición del INDEC.
Respuesta automática
Como la economía juega un rol clave para las necesidades políticas de Cristina Kirchner en 2013 (año de elecciones legislativas y en el que podría estar en juego una reforma constitucional), el Gobierno no se quedará de brazos cruzados ante la desaceleración del crecimiento. Por eso la mayoría de los economistas ya descuenta, como respuesta automática, la receta oficial de aplicar «anabólicos» para estimular la demanda. De hecho, el Gobierno postergó sin fecha la quita generalizada de subsidios a las tarifas de transporte y energía, a la vez que abandonó la idea de promover una desindexación de los aumentos salariales, como lo prueba la politizada paritaria «testigo» de la UOM cuya letra chica podría desembocar en un alza de 32% anual. Y si no avanzó hasta ahora en la previsible suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y de las asignaciones familiares, es para no regalarle un rédito político al reclamo de Hugo Moyano, jaqueado al frente de la CGT. Más temprano que tarde también ajustará la Asignación Universal por Hijo -carcomida por la inflación- y podría subir otro escalón el gasto público (que creció 34% interanual en el primer trimestre), con la financiación de la «maquinita» y las reservas del BCRA que pasaron a ser manejadas por la Casa Rosada, tras la reforma en tiempo récord de la Carta Orgánica.
El problema es que cuanto mayor sea la suba del gasto, mayor será la emisión del BCRA. Y si se debilitara la demanda de pesos, ello acarrearía mayores presiones inflacionarias y mayores brechas cambiarias, sin otra contrapartida que un repunte fugaz del PBI en la segunda mitad del año. El economista Miguel Angel Broda sostiene que la política monetaria es cada vez más dependiente de la política fiscal y que, por ejemplo, un incremento adicional de 5 puntos anuales en el gasto público implicaría una emisión extra de 23.000 millones de pesos para financiarlo. También opina que la actual desaceleración de la actividad responde fundamentalmente a limitaciones de oferta, ya que la industria opera casi al límite de su capacidad instalada y que las inversiones para ampliarla no sólo han sido insuficientes, sino que además están frenadas por las trabas a la importación de bienes de capital e insumos.
Con este panorama, evitar un cuadro de estanflación dependería paradójicamente de la «sintonía fina» que aplique el Gobierno con el gasto y la emisión, así como de la mayor o menor rigidez de los controles cambiarios y de importaciones. Si se «pasa de rosca», el riesgo será mayor. La soja a 540 dólares la tonelada es un alivio para estos meses, pero ya no alcanza a resolver los problemas que venían de arrastre, complicados ahora por la proliferación de controles.
Fuente: La Nación, 06/05/12.
Recesión o inflación: a no jugar con las palabras
mayo 6, 2012
Recesión o inflación: a no jugar con las palabras
Por Juan Carlos de Pablo
En el primer trimestre de 2012, en términos reales el PBI de España cayó 0,4% y el de Inglaterra 0,2%. Recesión, titularon los diarios. Con el mismo criterio, si hubieran aumentado 0,4% y 0,2%, respectivamente, deberían haber titulado reactivación. ¿Cómo puede ser que unos pocos décimos de un punto porcentual separen el infierno del paraíso?
Al respecto entrevisté al polaco Victor Zarnowitz, quien luego de sobrevivir su internación en un campamento de trabajos forzados, llegó a Estados Unidos en 1952. Trabajó en el National Bureau of Economic Research, continuando el análisis del ciclo económico originado en los trabajos de Arthur Frank Burns y Wesley Clair Mitchell. Integró el comité de 7 miembros del NBER encargado de fechar el comienzo y la finalización de las recesiones.
– ¿Qué aprendió, luego de dedicar su vida profesional al estudio de los ciclos económicos?
– Que aún en las economías más avanzadas las estimaciones de las cuentas nacionales están sujetas a deficiencias estadísticas y conceptuales, que no existen periodicidades cíclicas rígidas y que por consiguiente, los pronosticadores deben ser muy cautos. Calcular la variación porcentual de cualquier variable es una operación aritmética, interpretar dicha variación requiere conocimientos de teoría e historia económicas. Lo primero lo puede hacer un robot, lo segundo no tiene nada de mecanicista.
– Tiene tanta falta de sentido calificar de recesión una caída de 0,2% del PBI, como calificar de inflación un aumento de precios de 0,2% y de deflación una disminución de 0,2%.
-Efectivamente. Si recesión y reactivación, como deflación e inflación, se definen de manera muy amplia, entonces el estancamiento y la estabilidad no existen. Me explico: si calificamos como deflación cualquier caída del PBI, por mínima que sea, y como reactivación cualquier aumento del PBI, por mínimo que sea, el estancamiento sólo correspondería a aquella situación en la cual el PBI fue exactamente igual en los dos períodos. Es decir, nunca. Una barbaridad. Y lo mismo podríamos plantear con respecto a la inflación y a la deflación.
– … y al pasado, presente y futuro.
-Claro. Si el pasado se refiere a todo lo que ocurrió desde que se creó el mundo hasta hace un instante, y el futuro a todo lo que va a ocurrir desde dentro de un instante hasta el Día del Juicio Final, entonces el presente no existe. El presente, como el estancamiento de la actividad económica o la estabilidad del nivel general de los precios, son categorías que ayudan a pensar, no mediciones infinitesimales carentes de toda entidad. En el sentido decisorio el presente no es un instante, es un período.
– Dicho de otra manera, los calificativos no deberían basarse exclusivamente en consideraciones cualitativas.
-Esto ocurre en todos los órdenes de la vida, por ejemplo, en los casos de la fiebre y el sobrepeso. Si la temperatura normal del cuerpo humano es de 36,5 grados, tiene fiebre quien registra 37 grados y también quien tiene 40 grados. Pero no ayuda a entender, afirmar que ambos seres humanos están afiebrados. Como tampoco ayuda a entender decir que está tan excedido de peso quien pesa 110 kilos como quien pesa 150 kilos.
– Volvamos a la economía.
-Si el PBI de un país aumenta o cae 0,3%, el diagnóstico que sirve para entender corresponde a una economía estancada, no una en reactivación en el primer caso, o en recesión en el segundo. A propósito: quien afirma que la crisis internacional que comenzó en Estados Unidos en 2007 es la más severa desde la verificada durante la década de 1930, no falta a la verdad, pero confunde si con esta afirmación da a entender que ambas crisis tuvieron intensidad parecida. En la década de 1930 países como Estados Unidos sufrieron, durante varios años seguidos, tasas de desocupación de por lo menos 20% de la fuerza laboral; en la actual, sostenidamente, ni la mitad. Tanto en Estados Unidos como en la Argentina y Venezuela el nivel general de los precios aumenta, pero se equivoca quien ignora que lo hacen a tasas bien diferentes.
– Don Victor, muchas gracias. .
Fuente: La Nación, 06/05/12.
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Victor Zarnowitz
Victor Zarnowitz (born 1919 in Oświęcim Poland, d. 21 February 2009 in New York City[1]) was a leading scholar on business cycles, indicators, and forecast evaluation. Dr. Zarnowitz was Senior Fellow and Economic Counselor to The Conference Board. He was Professor Emeritus of Economics and Finance, Graduate School of Business, The University of Chicago, and Research Associate, National Bureau of Economic Research (NBER).
In 1939, he fled Poland to escape the Nazi invasion, but was imprisoned by the Soviet Russians and worked at a labor camp in Siberia. Dr. Zarnowitz earned his Ph.D. in economics (summa cum laude) at the University of Heidelberg in Germany in 1951. He came to the United States in 1952. In 1959 he moved to Chicago and became a professor at the University of Chicago.[2]
He was a Fellow of the National Association of Business Economists, Fellow of the American Statistical Association, Honorary Fellow of the International Institute of Forecasters, and Honorary Member of the Center for International Research on Economic Tendency Surveys (CIRET). In 2001, he received the William F. Butler Memorial Award from the New York Association for Business Economists. His numerous papers and books include An Appraisal of Short-Term Economic Forecasts (1967), The Business Cycle Today (1972), Orders, Production, and Investment (1973), and Business Cycles: Theory, History, Indicators, and Forecasting (1992). His most recent papers are «Has the Business Cycle Been Abolished?» (1998), «Theory and History Behind Business Cycles» (1999), and «The Old and the New in U.S. Economic Expansion» (2000).
He was notable as a researcher on the performance of economic forecasting, and he concluded that economic forecasters have little success in predicting business cycle turning points.[2] He established that planners are better off using the average of forecasts, rather than relying on any individual forecast. This has become a common practice on the part of governments in the setting of their budgets.
Zarnowitz remained an active economist throughout his life. In 1999 he joined The Conference Board, the organization which publishes the Index of Leading Indicators and the Consumer Confidence Index. He continued working five-day weeks until the day before he died, according to The Conference Board, and he was also an active member of the Business Cycle Dating Committee at the National Bureau of Economic Research. His final decision with the committee was the determination that the Late-2000s recession had begun in December 2007.[3]
The historical pattern in which deep recessions are usually followed by steep recoveries is known by economists as «the Zarnowitz rule».[4]
Publications
Zarnowitz, Victor (1985), ‘Recent work on business cycles in historical perspective: a review of theories and evidence’. Journal of Economic Literature 23 (2), pp. 523–80.
Zarnowitz, Victor (1992), Business cycles: theory, history, indicators and forecasting. The university of Chicago press. In Studies in business cycles. vol 27. ISBN 0-226-97890-7
Zarnowitz, Victor (2008), ‘Fleeing the Nazis, Surviving the Gulag, and Arriving in the Free World: My Life and Times,’ Praeger, ISBN 978-0-313-35778-7
Fuente: Wikipedia.
Victor Zarnowitz
La actividad fabril de EE.UU. está creciendo
mayo 6, 2012
No le crea a la Fed. La actividad fabril de EE.UU. está creciendo
Por Kathleen Madigan
NUEVA YORK (Dow Jones)–¿Qué desaceleración fabril?
Contrario a las expectativas, el Instituto de Gestión de Suministros, o ISM por sus siglas en inglés, informó que la actividad fabril en todo el país se aceleró en abril. Su índice de gerentes de compras subió a un máximo de 11 meses de 54,8, luego que se aceleraran los nuevos pedidos, la producción y el empleo.
El informe del ISM contradijo las encuestas de varios bancos regionales de la Reserva Federal que mostraron que la actividad fabril se desaceleró significativamente, o que incluso se contrajo, el mes pasado. Como el sector manufacturero ha estado encabezando la recuperación, una caída del sector a nivel nacional hubiera suscitado interrogantes acerca de la salud de la recuperación general de Estados Unidos.
Una razón por la cual el sector fabril ha tenido un buen desempeño, señala Daniel Meckstroth, economista jefe de Manufacturers Alliance for Productivity and Innovation, es un aumento de la demanda. Los consumidores están comprando productos como autos para reemplazar los viejos y las firmas están reemplazando equipos.
Las buenas noticias fabriles deberían aplacar los temores de una desaceleración, pero el informe del ISM no es señal de que el crecimiento económico está por dispararse. Aún hay dificultades como la debilidad del sector residencial y la deuda.
Más aún, ante la incertidumbre sobre asuntos fiscales en Estados Unidos y la crisis de deuda de la eurozona, la Fed mantendrá como opción un nuevo estímulo. En verdad, las autoridades del banco central no descartarán la opción de expansión monetaria hasta que el crecimiento del empleo esté encaminado en una sólida tendencia sostenible.
En ese frente, el informe de ISM coincide con los negativos sondeos regionales en una evaluación optimista para los mercados laborales durante abril, lo que se sumaría a los 120.000 empleos fabriles añadidos en el primer trimestre.
Los bancos de la Fed de Nueva York y de Filadelfia informaron de descensos en sus respectivos índices de ventas, pero de aceleración en sus índices de empleo. La Fed de Kansas City mostró que la producción estaba estáncandose en un nivel neutral, pero el empleo seguió expandiéndose el mes pasado.
Incluso el capítulo de Chicago del ISM, que mostró una baja en su índice de ventas, tuvo mejor empleo en abril.
La actual mediana de las estimaciones apunta a la creación de 168.000 nuevos empleos no agrícolas en abril. Eso supera los 120.000 creados en marzo, pero se sitúa muy por debajo del promedio de 246.000 en los tres meses anteriores.
Los economistas querrán ver el informe de nóminas privadas de ADP el miércoles como también la encuesta no fabril del ISM el jueves para afinar sus pronósticos de empleo. Pero las varias evaluaciones fabriles sobre ofertas de empleos ofrecen un riesgo alcista en las cifras de nóminas del viernes.
Fuente: The Wall Street Journal, 02/05/12.



















