La ONU, el Aborto y la Ideología de Género

agosto 23, 2020

Así se están infiltrando en la ONU los lobbies del aborto y LGTB para imponer su agenda en el mundo

Los lobbies abortista y LGTB han logrado que en la ONU se diga que los no nacidos no tienen derecho a la vida y que se imponga el matrimonio homosexual. Lo cual contraviene los principios de la Carta de San Francisco y la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. ¿A quién defiende la ONU si no defiende la vida y la familia?

Por Alfonso Basallo  – 23/11/17

Hillary Clinton, Ban Ki Moon y Antonio Guterres

Naciones Unidas proclama ahora principios totalmente contrarios a lo que proclamó en 1945, cuando se firmó la Carta de San Francisco, acta fundacional;  y en 1948, cuando se hizo la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Los lobbies abortista y LGTB, con la complicidad de gobiernos (singulamente EEUU) [Esto parece comenzar a cambiar durante la Administración Donald Trump] y grandes multinacionales, libran una batalla desde hace décadas para infiltrarse en los distintos organismos de la ONU y alterar los Tratados a fin de imponer sus respectivas agendas.

Lo cual empaña la labor de la organización y desnaturaliza su función.

Aunque no evitó las llamadas “guerras calientes” (Vietnam, Oriente Medio etc.) Naciones Unidas evitó una Tercera Guerra Mundial. Sin duda, su mayor logro. Y tuvo un papel clave en la política disuasoria durante la Guerra Fría para evitar un choque nuclear entre los dos bloques.

También promovió los Derechos Humanos y apostó por la dignidad inviolable de la persona con la Declaración Universal de 1948. Ha reducido la pobreza, combatido las hambrunas y erradicado enfermedades, lo que ha supuesto una considerable rebaja de la mortalidad infantil y un aumento de la esperanza de vida.

Pero su actuación durante las últimas décadas contradice dos de sus banderas definitorias: la paz y los derechos humanos. Los dos ideales que son la razón de ser de Naciones Unidas.

La paz, por su promoción del aborto sin restricciones por todo el mundo, lo cual es la forma más sibilina de violencia (más de 1.000 millones de seres humanos masacrados en el vientre materno, una cifra muy superior a los 200 millones de muertos de las dos guerra mundiales).

“Los hombres y mujeres tienen derecho a casarse” dice el artículo 16 de la Declaración Universal… nada que ver con el matrimonio homosexual

Y los derechos humanos, porque pretende incluir entre ellos el mismo aborto –lo que contradice la Declaración Universal de 1948, que establece el derecho de “todos” a la vida (art. 3)-; y los derechos LGTB, un ataque directo a la familia, lo que también  contradice la Declaración al señalar que es el «elemento natural y fundamental de la sociedad» (art. 16). La cual se basa en el matrimonio: “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia” (art. 16).

Tarta de boda para enlaces entre personas del mismo sexo
Torta de boda para casamientos entre personas del mismo sexo

Pero las Naciones Unidas del ghanés Kofi Annan (secretario general entre 1997 y 2006), el coreano Ban-ki moon (2006-2016) y del portugués Antonio Guterres (actual secretario general) han hecho suya la agenda LGTB y de la cultura de la muerte y tratan de imponerla al planeta, con una nueva forma de colonialismo.

Todo empezó en los años 70, cuando Naciones Unidas –entonces con el birmano U-Thant al frente- “compró” el mensaje de Paul Ehrlich que decía, en su libro La bomba demográfica (1968), que la superpoblación ponía en peligro el futuro del planeta, y que era preciso frenar la natalidad.

‘Cuando el destino nos alcance (Soylent Green)’.

Era el viejo malthusiano, con ropajes ecologistas y un toque apocalíptico que pronto tuvo traducción en Hollywood, con películas sobre el exceso de gente y la falta de alimentos como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green) (1974). [Ver: Soylent green]

La tesis de Ehrlich carecía de rigor científico, pero les vino muy bien a los fabricantes de preservativos y a otras industrias anticonceptivas para extender el negocio al Tercer Mundo.

El Fondo de Población de Naciones Unidas impuso desde entonces programas antinatalistas a los gobiernos de Asia, América del Sur y África a cambio de ayuda económicas.

El problema es que la mayor parte de los gobiernos occidentales estaban de acuerdo –había mucho dinero de las multinacionales farmacéuticas en juego-. Y el que más de acuerdo estaba era Estados Unidos, que pilotó aquella estrategia a escala mundial, con el informe Kissinger como guía.

Henry Kissinger
Henry Kissinger, exsecretario de Estado de EEUU

Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional de Nixon y amigo de la familia Rockefeller, elaboró en 1974 un Memorando de Estudio de Seguridad Nacional, estrictamente confidencial, titulado «Implicaciones del crecimiento de la población mundial para la seguridad de los EE.UU. y sus intereses en el extranjero». [Ver: NSSM 200/74: El informe Kissinger]

El informe Kissinger presentaba el crecimiento de población en el Tercer Mundo como una amenaza para EEUU. Contó con el apoyo de Planned Parenthood

Venía a presentar el crecimiento de la población en los países subdesarrollados como una amenaza para la seguridad de Norteamérica.

Uno de los socios más importantes de la ONU para esta estrategia mundial fue Planned Parenthood, la multinacional del aborto.

Hoy en día la anticoncepción es un negocio redondo cuyos beneficios se reparten las farmacéuticas y la ONU. Estas fabrican a precios bajos en la India, se los venden a Naciones Unidas (por unos 10 centavos)  y esta los comercializa triplicando el precio (a 30 centavos).

Lo mismo pasa con la píldora del día después:  se adquiere a menos de un dólar y se vende entre 8 y 15 de promedio internacional.

Los DIU o las “espirales” se compran a un precio de entre 3 y 5 dólares; pero para poderlos usar, hay que pagar la consulta del médico y comprarlos a 15 o 20 dólares.

El negocio ha servido para lucrar los bolsillos de las multinacionales farmacéuticas y los funcionarios de Naciones Unidas, para frenar la natalidad en el Tercer Mundo, para multiplicar el aborto y para dañar la salud de la mujer. Durante décadas se ocultaron los efectos secundarios de los contraceptivos… hasta el asunto acabó en los tribunales y multinacionales como la alemana Bayer tiene varios frentes judiciales abiertos por distintas denuncias.  

Pero en su origen nadie quería ver el problema: sólo se veía el signo del dólar. Excepto laIglesia católica, que defendía la dignidad de la persona frente a esa forma de explotación y manipulación que era el antinatalismo. La encíclica Humanae Vitaede Pablo VI, supuso un jarro de agua fría por su crítica a los anticonceptivos y a la política antinatalista.

Rockefeller III, fundador del Population Council, llegó a visitar a Pablo VI para evitar que proclamase la Humanae Vitae

Las cosas llegaron al extremo de que hasta el magnate John D. Rockefeller III, fundador del Population Council (Consejo de la Población), dedicada a investigar la anticoncepción, intentó disuadir al pontífice. Rockefeller llegó a buscarse aliados dentro de la Iglesia e incluso hizo una visita personal al Papa.

No lo consiguió, y la Humanae Vitae se publicó, siendo la única voz que defendió la dignidad humana frente a la doble ofensiva de gobiernos y multinacionales, bajo el paraguas de Naciones Unidas.

Esta se dedicó, por ejemplo, a imponer la esterilización. Un ejemplo: en cooperación con el dictador Alberto Fujimori, el Fondo de Población de la ONU esterilizó a 300.000 mujeres pobres en Perú sin su consentimiento y, a menudo, incluso sin su conocimiento. Y en China, fue la ONU la que contribuyó significativamente a la introducción de la brutal política de un solo hijo.

El multimultimillonario David Rockefeller

Y el club de las mayores fortunas del planeta (David Rockefeller, Bill Gates, Ted Turner, George Soros, Michael Bloomberg y Warren Buffett) decidió en 2009 que la mejor forma de acabar con el exceso de pobres era conseguir que no tuvieran descendencia.

Con un capital de 36.300 millones de dólares, la Fundación Bill y Melinda Gates financiaron la producción del sistema Sinoplant II, un medicamento que se implanta bajo la piel, y pueden mantener a una mujer estéril hasta cinco años.

Y cada vez que la Iglesia clamaba contra estos abusos, los grandes rotativos norteamericanos salían en defensa del antinatalismo retorciendo los argumentos. Como cuando se publicó lo siguiente sobre Benedicto XVI: «El Papa prohíbe los preservativos: millones mueren de SIDA».

El siguiente paso fue imponer el aborto. Y el organismo volvió a ser el impulsor. Primero vinieron las legislaciones despenalizadoras en Occidente, en los años 60 y 70; después la introducción del aborto en los países en vías de desarrollo -con resistencias de algunos Gobiernos-; y finalmente, a finales del siglo, el abortismo recibió un espaldarazo decisivo con la inclusión del aborto en los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.

El Fondo de Población y ONU Mujeres han sido los dos grandes instrumentos de extensión del aborto en el mundo, al presentar cada nuevo embarazo como una amenaza para la integridad de la mujer y una forma de discriminación de género -y así consta en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés)-.

Lo último en esta escalada de la cultura de la muerte ha sido declarar  la restricción del aborto una violación de los derechos humanos, como ha afirmado este mismo año el Comité de Derechos Humanos… siniestra paradoja: porque la misma ONU que proclama tal cosa es la misma ONU que incluyó el derecho a la vida en la Declaración Universal

¿Por cuánto tiempo seguirá figurando ese derecho en la Declaración Universal? La pregunta no es ociosa porque ahora tratan de convertir el aborto en derecho humano,  como consta en los Objetivos de Desarrollo para el Milenio.

Coinciden el Comité de Derechos Humanos y Hillary Clinton al afirmar: los no nacidos no tienen derecho a la vida

Significativamente el Comité de Derechos Humanos acaba de decir que los niños no nacidos no tienen derecho a la vida.

Una idea que coincide con la frase de Hillary Clinton al decir que el niño en el vientre materno carece de derechos constitucionales. Lo cual no debería extrañar demasiado porque la ex secretaria de Estado de Obama está financiada por el gigante del abortismo, Planned Parenthood.

El otro derecho de la Declaración Universal que Naciones Unidas parece abolir es del matrimonio de un hombre y una mujer y sustituirlo por el matrimonio homosexual, al haberse convertido en abanderada de la perspectiva de Género.

Ya en, 1995, la organización abrazó  la ideología de género en la Conferencia de Pekín de la Mujer. Una conferencia controlada por el feminismo radical, tal como denuncia Dale O’Leary en su investigación  The Gender Agenda.

Ahora, veinte años después, están consiguiendo que la mayoría de los gobiernos y parlamentos occidentales acepten esa ideología, y redefinan el matrimonio y la familia. La identidad de género es otro de los grandes objetivos de desarrollo del milenio.

Lo han conseguido con una paciente labor de infiltración en el seno de la ONU, con informes surrealistas como “El coste económico de la exclusión LGTB”, presentado en 2015 por Mogens Luykketoft que advertía, con tintes catastrofistas, que según el Banco Mundial, el lastre para el crecimiento económico de un país causado por la exclusión LGBT puede ascender a miles de millones de dólares en pérdida del PIB.

Y han conseguido que organismos de Naciones Unidas financien políticas de género, emanadas de los llamados principios de Yogyakarta (la biblia LGTB).

Los 29 principios de Yogyakarta carecen de base científica y jurídica: fueron elaborados por un grupo de activistas, sin autorización oficial ni legitimación

Estos 29 principios constituyen un manual detallado para la implantación de la ideología de género en el mundo. Carece de la menor base científica e incluso jurídica, porque fueron elaborados por un grupo de activistas, sin autorización oficial ni legitimación, que proclamaron una reformulación de los derechos humanos en la ciudad indonesia de Yogyakarta, en 2007.   Los presentaron al público en la sede de la ONU en Ginebra para darles una aureola de autoridad.

Naciones Unidas “compró” el mensaje y está financiando su implantación. Millones y millones están yendo a parar desde hace diez años a la agenda LGTBI mediante suborganizaciones oficiales de la ONU (y también de la Unión Europea) así como de fundaciones privadas (Rockefeller, Ford, Bill & Melinda Gates, etc.). Lo cual queda encubierto como parte de sus presupuestos oficiales.

Es importante subrayar la labor de infiltración del lobby LGTB en organismos de Naciones Unidas y como éstos a su vez terminan influyendo en gobiernos y parlamentos.

Los Órganos de los Tratados de las Naciones Unidas desempeñan un papel especial para transmitir la agenda LGTBI. Los miembros no son elegidos democráticamente, sino que son delegados por los estados miembros, y no son responsables ante los gobiernos de sus países de origen.

Pero tienen la aureola moral de Naciones Unidas: representan en cierta forma la autoridad de la ONU y exigen que los gobiernos de los estados soberanos sean responsables de la aplicación de los derechos humanos como los delegados los interpretan y «desarrollan».

Ganados los partidos, se ganan los parlamentos, y ganados los parlamentos, es posible alterar las legislaciones

Es una forma sibilina de ejercer influencia sobre los partidos políticos de cada país, que tratan de captar el voto LGTB, una porción minoritaria del electorado pero inflada por los medios de comunicación. Ganados los partidos, se ganan los parlamentos, y ganados los parlamentos, es posible alterar las legislaciones.

Vitit Muntarbhorn, experto LGTB en la ONU

Desde diciembre de 2016, la propia Asamblea General de Naciones Unidas votó por el establecimiento de un experto independiente en orientación sexual y en identidad de género, con un pequeño margen de 84 contra 77 votos. Se trata de un profesor tailandés de Derecho internacional, Vitit Muntarbhorn,  una especie de comisario de Naciones Unidas para imponer la ideología de género.

El pretexto -como siempre- es luchar contra la discriminación por orientación sexual y acabar con la violencia contra las personas LGTB -lo que en teoría es un fin loable-, pero entre sus objetivos destaca:

– Despenalizar la sodomía.

– Impedir que profesionales de la salud mental traten la homosexualidad y la transexualidad como un trastorno psicológico.

– Asegurar que los documentos jurídicos reflejan la identidad de género subjetiva de los individuos.

– Imponer la aceptación social de la homosexualidad.

– Adoctrinar a los niños mediante la propaganda LGTB.

Esta forma de infiltrarse es doblemente eficaz si el secretario general está por labor. Y Ban ki-mon, secretario general hasta el año pasado,  lo ha estado. Y el actual, el católico portugués Antonio Guterres, aunque menos beligerante, no parece oponerse ni a la agenda LGTB ni a la abortista.

Dos botones de muestra. En el informe «Una Humanidad: Responsabilidad compartida», Ban ki-moon pedía a los gobiernos incluir el derecho al aborto y los derechos LGBT en sus esfuerzos para hacer frente a los objetivos humanitarios de desarrollo sostenible, un nuevo plan masivo 15 años, aprobado por la Asamblea General.

Y el mandatario aprovechó la Cumbre Humanitaria de la ONU (Estambul 2016) para obtener el consentimiento tácito a su acercamiento a los Objetivos de desarrollo sostenible en un entorno en el que las naciones que se oponen al aborto y los derechos LGBT queden en desventaja.

La cumbre fue convocada por el propio Ban Ki-moon y estaba controlada completamente por su personal, en particular la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, que elaboró el informe, y la Secretaría de la Cumbre Humanitaria Mundial.

Y finalizó su mandato al frente de la organización con dos tracas finales proLGTB. Por un lado, lanzó y defendió una emisión de sellos de correos sobre la homosexualidad, la transexualidad y la “crianza” homosexual; y por otro, pronunció un inequívoco discurso con el que se despidió de la Asamblea General, atacando a la religión y defendiendo el lobby LGTB .

La ONU estudia crear un comisario de los derechos LGTB para vigilar a los Gobiernos

Aunque ningún tratado de la ONU incluye los derechos LGBT y 76 países del mundo prohíben explícitamente la sodomía en sus leyes, el lobby ha logrado controlar los resortes de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad y ha conseguido impulsar la agenda LGTB, con imposiciones que vulneran la soberanía de las naciones.

Randy Berry, relator LGTBI de EEUU / Fuente: 15Min
Randy Berry, relator LGTBI de EEUU

Véase el intento de crear la figura de un comisario de los derechos LGTB que vigile el cumplimiento de esos supuestos derechos. Una especie de Policía LGTB. El año pasado se registró una resolución ante el Consejo de los Derechos Humanos de Ginebra, patrocinada por países latinoamericanos, y por Estados Unidos -entonces bajo el mandato del pro-LGTB Obama-.

La Casa Blanca había ensayado previamente la fórmula con un relator LGTB, nombrado por el Departamento de Estado. Se trataba de Randy Berry, diplomático homosexual, para que actuase como embajador del colectivo gay en todo el mundo y en nombre de la poderosa diplomacia estadounidense.

Fuente: actuall.com, 23/11/17.

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Más información:

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La ONU, un antro de burocracia y corrupción

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Geopolítica y Aborto _ José Arturo Quarraccino

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ideología de género

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Futuros distópicos

julio 20, 2019

¿Pueden convertirse en realidad las tiranías de la ficción?

Pueden convertirse en realidad las tiranías de la ficción
El cuento de la criada

Tal vez, en un mundo futuro superpoblado y sobreexplotado, cuando vaya al mercado, encuentre un producto alimenticio sintético, sabroso y con todas las propiedades nutricionales que necesita. En la etiqueta indica que se elabora con plancton marino muy energético. Hasta aquí, todo parece ir bien, pero ¿qué ocurre si se descubre que no existe ese plancton y que las galletas están hechas con los restos procesados de humanos fallecidos?

Ése es el argumento de la película Soylent Green de 1973, que en España se llamó Cuando el destino nos alcance.

Cartel de la película ‘Soylent green’
Cartel de la película ‘Soylent green’ (Richard Fleischer, 1973)

Las ficciones políticas cinematográficas y televisivas nos han mostrado mundos terribles. Muchas veces son consecuencia de un comportamiento poco responsable por parte de los humanos respecto al planeta y sus recursos, o resultado de un enfrentamiento bélico generalizado, o crisis económicas que desquician por completo el orden social conocido (Mad Max).

A veces, ni siquiera tienen lugar en nuestro mundo, sino en otros completamente inventados (Juego de Tronos). Tampoco tiene por qué tratarse necesariamente de una visión del futuro: El cuento de la criada, por ejemplo, transcurre en nuestros días, como también lo hace la serie británica Utopía.

Aunque no todas las ficciones son pesimistas o presentan un mundo desagradable (Star Trek es mucho más optimista), parece que la audiencia disfruta viendo mundos en los que resulta poco apetecible vivir. Tal vez porque consuela comprobar que, en comparación con los ficticios, el nuestro no es tan malo.

Ilustración de la primera edición de Utopía
Ilustración de la primera edición de Utopía, de Tomás Moro (1516)

A estos mundos no deseables los llamamos distópicos para diferenciarlos de las más apetecibles utopías. Una distinción algo falaz: prueben a leer la descripción de la vida en la Utopía de Tomás Moro, o en La Ciudad del Sol de Campanella, y hallarán mil y un motivos para desear que no se hagan nunca realidad. Tanto en las utopías como en las distopías no existe libertad política, se vive bajo un régimen tiránico.

En la mencionada serie televisiva El cuento de la criada(inspirada por el relato de la escritora Margaret Atwood), un grupo, con una visión muy particular del papel que el cumplimiento de las sagradas escrituras tiene para salvar a la humanidad (que se enfrenta a un problema de ausencia de natalidad alarmante), toma el poder en los Estados Unidos e implanta una especie de república religiosa (Gilead) en la que las mujeres son objetos propiedad de los hombres. Se instauran rituales de violación sistemáticos de las mujeres fértiles por los hombres con poder político que se llaman a sí mismos comandantes.

Margaret Atwood, autora de ‘El cuento de la criada’, junto a un ejemplar de la obra
Margaret Atwood, autora de ‘El cuento de la criada’, junto a un ejemplar de la obra

Todo está en la Historia

En esta ficción, el sistema político despótico se establece a través de una serie de atentados terroristas con los que, poco a poco, se consigue desmantelar el sistema político previo para instaurar la nueva república religiosa. Margaret Atwood decía que en su relato no hay nada que no haya ocurrido ya en algún momento de la historia. Aún hoy en día el número de regímenes políticos que excluyen de las libertades políticas a parte de su población (especialmente a las mujeres) resulta alarmante y desesperanzador.

Ver El cuento de la criada y otras series similares puede llevar a preguntarnos si es posible que ocurra algo parecido en la realidad. No descarte tan rápido la idea. Richard Weaver advertía que cuando la libertad de la gente desaparece no lo hace de golpe con una explosión, sino en silencio, en medio de la comodidad de sentirse cuidado. El proceso es terroríficamente sencillo:

  1. Primero aparecerá un problema. No un problema cualquiera, sino uno que, real o no, por el motivo que sea, se convierte en el más urgente y preocupante, aquél que pone en juego la supervivencia de la colectividad (el problema de la natalidad en El cuento de la criada).
  2. Como ocurre con todo problema político, habrá opiniones distintas sobre cómo resolverlo. La política es opinión; la verdad es cosa de la ciencia.
  3. Aparecen entonces los expertos. Afirman tener la solución al problema. Pero, ¡cuidado!, no dicen que la suya sea una opinión más. Los expertos hablan como si estuvieran en posesión de la verdad.
  4. Como no todos los expertos defienden lo mismo, hay que decidir quiénes son los verdaderos expertos, los mejores.
  5. Aparece entonces la fe en la medición y en los rankings. Es una fe, porque, como señala Jerry Z. Muller, exige creer en tres cosas que son dogmas: que es posible sustituir el juicio, el talento y la experiencia personal por mediciones; que si esas mediciones son públicas las cosas funcionarán como deben; que medir es la mejor manera de motivar a las personas. Por supuesto, esto exige ignorar que no todo lo importante se puede medir y que casi siempre acaba por medirse lo que no importa.
  6. El ranking acaba por aplicarse a las personas. Los habrá excelentes y los habrá mediocres. El criterio de clasificación es arbitrario en tanto en cuanto no tiene que ver con lo se pretende medir en realidad, pero no importa. La excelencia, que es una ideología totalitaria, ya ha hecho su aparición.
  7. La única opinión válida es ahora la de los expertos excelentes, los mejores (siempre, claro está, según el ranking elaborado por ellos mismos). Pero cuando sólo hay una opinión, ya no es opinión, sino verdad indiscutible. Por otro lado, la adopción de este sistema meritocrático hace que los expertos estén convencidos de su propia buena fe, de que son justos, de que sus juicios no contienen prejuicio ni error, que los demás están equivocados y, lo que es peor, que actúan de mala fe, que son malos.
  8. Puesto que las contradicciones de la vida, la creatividad, la invención, el arte, la filosofía, etc. no son medibles, la solución al problema pasa siempre por ser una idea artificial del ser humano. Así que todos han de ajustarse al modelo teórico de los expertos por la fuerza. Recuerde: el que no se ajusta es malo, el que piensa por sí mismo, el creativo, el inspirado, también.
  9. Para que el ajuste sea completo, todos los aspectos no políticos de las relaciones sociales han de ser públicos: la vida familiar, el amor, la educación, las opiniones (que ya no podrán expresarse libremente porque están equivocadas y cargadas de mala intención). Todo será sometido a escrutinio público (quien haya visto o leído El cuento de la criada habrá comprobado que hasta el sexo es cosa de la que se ocupa el poder).
  10. Et, voilà! El poder político pasa a ser un asunto arbitrario totalmente privatizado, en manos de los expertos, formen estos un partido político (que acabará siendo único), una asociación, un grupo religioso… Pero el caso es que la política no se puede privatizar; si se privatiza deja de ser política para ser tiranía. A quien pregunte, entonces, por el motivo de la obediencia se le responderá lo mismo que a los niños en las escuelas de la Italia fascista: “Obedece porque se debe obedecer”.

Nos queda, sin embargo, algo de esperanza. Como se ve en muchas de las series de televisión distópicas, el ser humano actúa, y la acción es siempre imprevisible, ambigua, no encaja en los modelos teóricos, los descoloca. Siempre hay un grupo de resistencia que lucha contra la negación de la política que supone la tiranía totalitaria. Al final, la tiranía es derrotada. Aunque, eso sí, puede que haya que esperar mucho tiempo para ver su fin, y como decía Sancho, “¿qué mayor desdicha puede ser de aquella que aguarda al tiempo que la consuma?” Lo mejor será, pues, que hagamos lo posible por evitar que ese futuro distópico nos alcance.

Roberto Losada Maestre, Profesor de Teoría Política, Universidad Carlos III

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fuente: grandesmedios.com, 2019.

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Más información:

Soylent green

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¿Es aceptable esterilizar a una población?

abril 16, 2019

Las campañas de esterilización, una herramienta de poder

Las campañas de esterilización, una herramienta de poder
 Fuente: The groundwork of eugenics, Karl Pearson

Por Luis Martínez. 16 abril, 2019


La esterilización es un procedimiento que levanta mucha controversia, ya que se trata de un arma de doble filo: es un anticonceptivo barato y eficaz, pero también una herramienta que, usada de manera masiva, permite controlar literalmente el futuro de una población. Ya sea siguiendo criterios étnicos o económicos, la esterilización ha demostrado ser muy útil para ciertos intereses públicos y privados que han organizado múltiples campañas de esterilización a lo largo de los siglos XX y XXI dirigidas, principalmente, contra población pobre.

La esterilización es un proceso por el cual una persona pierde la capacidad física de procrear hijos de manera permanente, aunque no necesariamente irreversible. Suele suele realizar a través de una intervención quirúrgica relativamente sencilla: ligadura de trompas en el caso de las mujeres, vasectomía en el de los hombres. Cuando se hace adecuadamente, se trata de una operación barata, segura y 100% eficaz, razón por la cual se trata del método anticonceptivo más popular entre las mujeres de todo el mundo.

Si es producto de una decisión libre y voluntaria, la esterilización trae consigo muchas ventajas. De hecho, entre las reivindicaciones del movimiento feminista se incluye garantizar el acceso libre y gratuito a esta práctica, ya que refuerza la autonomía de las mujeres al poder decidir si quieren tener hijos. Desgraciadamente, las cuestiones relativas al control de la natalidad no son un asunto exclusivamente demográfico o sanitario; también tienen un cariz geopolítico importante, ya que controlar la reproducción de una comunidad otorga un poder enorme para decidir su destino. La esterilización como herramienta de poder llevó al desarrollo de teorías y movimientos que tuvieron una gran influencia sobre varios gobiernos del siglo XX —incluidos algunos democráticos—, lo que impulsó campañas masivas de esterilización forzada contra su población.

El eugenismo y las esterilizaciones forzadas en Estados Unidos

El más importante de todos estos movimientos fue el eugenismo. Surgido al calor de la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin, fue precisamente un primo carnal de este, Francis Galton, el que teorizó las bases del movimiento sobre las ideas del darwinismo social. El eugenismo pretendía la mejora biológica de la especie humana de la misma manera que se da en la ganadería, mediante la selección de los “más aptos”. Esta selección se haría por dos vías: una positiva, promoviendo la reproducción de los “más aptos”, y otra negativa, que negaría la reproducción del resto.

El eugenismo se desarrolló de manera vertiginosa en la primera mitad del siglo XX, hasta el punto de ejercer una influencia significativa sobre algunos de los principales Gobiernos del momento. Las élites de países como EE. UU. o Alemania apoyaron fervientemente el nuevo movimiento mediante la financiación y la difusión de la propaganda del movimiento, que llegó a convertirse en un auténtico lobby con presencia dentro de los altos cargos políticos. Algunos de los principales eugenistas eran personalidades tan notorias como Graham Bell —impulsor del teléfono—, Theodore Roosevelt —26.º presidente de EE. UU.—, John Harvey Kellogg —creador de los famosos cereales— o Winston Churchill —primer ministro británico—, quienes apoyaron abiertamente la segregación racial y la esterilización de los “disminuidos psíquicos”. El problema es que esta definición se aplicaba a mucha otra gente sin problemas mentales o físicos, como afroestadounidenses, disidentes políticos o pobres en general.

Estado legal de la eugenesia en EE. UU. en 1935. En negro, los estados pendientes de aprobar una ley; rayados, los que ya la habían aprobado y realizaban esterilizaciones forzosas. Fuente: Universidad Estatal de Truman

Las primeras campañas eugenistas se llevaron a cabo durante la primera década del siglo XX en EE. UU. A través de la Oficina de Registro Eugenista, financiada por fortunas como Rockefeller, se realizó un estudio pormenorizado de la población estadounidense y su genética en busca de los genes perfectos. Los eugenistas pensaban que los aspectos físicos, mentales y morales eran hereditarios —factores como la pobreza o la criminalidad se consideraban genéticamente heredados de generación en generación— y, por lo tanto, aquellos que no se adecuasen a los principios eugenistas podían ser susceptibles de esterilización. Sus investigaciones fueron esenciales para la redacción de las leyes de esterilización que se implantaron en más de 30 estados. Estos estudios establecían un sistema de calificación que dividía a los individuos según su pedigrí genético para determinar cuáles debían esterilizarse y a cuáles se les otorgaba un certificado que garantizaba su pureza. Generalmente, los provenientes de ambientes pobres eran calificados como “no aptos” y en muchos casos no podían formar una familia tradicional, ya que en estados como Virginia el certificado eugenista era condición indispensable para contraer matrimonio.

Recorte del libro Rasgos raciales y tendencias del afroestadounidense (1896) que explica cómo diferenciar a las delincuentes negros por sus rasgos físicos. El libro fue muy influyente en la opinión pública del momento. Fuente: I am… Magazine

En la mayoría de los casos, las esterilizaciones se llevaban a cabo sin informar a las víctimas o bajo coerción. Aunque supuestamente estaban dirigidas a personas con problemas mentales o de convivencia, en realidad apuntaban directamente contra los pobres y las minorías étnicas, como la población latina, afroestadounidense o nativa. Mientras el presidente Roosevelt acusaba de “llevar la raza al suicidio” a las mujeres blancas que decidían esterilizarse voluntariamente, en estados como Carolina del Norte —uno de los que más impulsó las campañas eugenistas— el número de mujeres negras esterilizadas en campañas estatales suponía el 65% aun cuando la población negra no superaba el 25% en todo el estado. Algo similar sucedía en otros estados, como California o Puerto Rico, en lo que ha sido una de las grandes atrocidades sin reparar de la Historia. Pero no es solo cosa del pasado: tan recientemente como en 2017 se descubrió que instituciones estatales estadounidenses ofrecían rebajas de penas de prisión a cambio de esterilizarse, lo que viene a rescatar aquel mito eugenista de la genética criminal.

Las grandes campañas de esterilización forzosa en el mundo

“Hay un Estado hoy en día en el que podemos apreciar levemente el comienzo de una mejor concepción. Por supuesto, no es la República de Alemania, sino los Estados Unidos”

Mi lucha (1925), Adolf Hitler

El caso de Estados Unidos influiría sobremanera en el desarrollo de las ideas de otro de los grandes eugenistas del siglo XX: Adolf Hitler. Hitler adoptó la teoría eugenista de la pureza de la raza y la llevó hasta otro nivel, optando por la esterilización masiva primero y por el exterminio después. La Ley de Esterilización de 1933 establecía la esterilización obligatoria de aquellas personas con “enfermedades hereditarias leves” o “de mente débil”, categorías tan amplias y difusas que incluyeron también a opositores al régimen nazi o miembros de las etnias gitana y judía.

Con el objetivo de eliminar cualquier gen impuro de la “raza aria”, entre 1933 y 1945 se esterilizó a alrededor de 400.000 personas, muchas de las cuales acabaron pasando por la cámara de gas. Era un volumen muy superior al de Estados Unidos, razón por la cual algunos eugenistas estadounidenses miraban con envidia a Alemania y declaraban que “los estaban ganando en su propio juego”. La campaña de Hitler continúa siendo la mayor de la Historia, pero ha habido varias que se le han acercado, algunas incluso durante el siglo XXI.

El Plan Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PNSRPF) de Perú fue una iniciativa del presidente Alberto Fujimori en la década de los 90. El discurso neoliberal de Fujimori había prometido desarrollo y prosperidad, pero, viendo que las mejoras no llegaban, el equipo de Gobierno decidió fabricar sus propios datos favorables. Con el objetivo de reducir la población peruana pobre e incrementar así el PIB per cápita, el régimen de Fujimori ordenó la esterilización de aproximadamente 300.000 personas —el 90% mujeres—, especialmente durante el período de 1996 a 2001. Estas esterilizaciones se realizaron de manera velada, sin informar a las víctimas y sin consentimiento previo en aproximadamente el 90% de los casos, y afectaron especialmente a mujeres indígenas de las zonas rurales más devastadas por la pobreza y por el conflicto entre las autoridades y el grupo terrorista Sendero Luminoso.

Para ampliar“El caso peruano de esterilización forzada. Notas para una cartografía de la resistencia”, Alejandra Ballón Gutiérrez, 2014

El PNSRPF contó con el apoyo de varias organizaciones internacionales, entre las que destacó la Agencia Estadounidense para la Ayuda al Desarrollo Internacional (USAID), que proporcionó gran parte del material utilizado para las esterilizaciones. Las consecuencias de estas políticas fueron terribles no solo en el aspecto demográfico o familiar; miles de mujeres sufrieron daños físicos y psicológicos irreversibles. Actualmente, continúa sin haber represalias jurídicas contra los responsables, ni siquiera contra un Fujimori que de todas formas acabó ingresando en prisión por otros crímenes contra la humanidad.

Mujeres peruanas marchan contra las esterilizaciones forzadas. Fuente: Edgar Ochoa Pezo (TW)

En Japón, país de origen de la familia Fujimori, también encontramos un historial preocupante de eugenesias. Entre 1948 y 1996 estuvo vigente la Ley de Protección de la Eugenesia, que en nombre de “un Japón mejor” autorizaba la esterilización de personas con discapacidad o enfermedades hereditarias por ser “inferiores”. Pero la ley ni siquiera se aplicó exclusivamente a estas personas: muchas vieron cómo se les diagnosticaba una enfermedad inexistente y acabaron esterilizadas. En total, se calcula que fueron esterilizadas 25.000 personas —dos tercios de ellas sin consentimiento—, a las que no se les ha ofrecido compensación o disculpa alguna.

Otro caso impactante es el de Suecia, país que hoy se vende como una referencia en la defensa de los derechos de la mujer. Durante más de 60 años (1935-1996), las autoridades suecas llevaron a cabo un programa de esterilización basado en teorías eugenistas por razones de “higiene social y racial”. Con el objetivo de preservar la “pureza de la raza nórdica”, entre 1935 y 1975 se practicaron cerca de 63.000 esterilizaciones, un tercio de ellas en condiciones forzosas o coercitivas, a las que se suman unas 166.000 con consentimiento hasta 1996. Para hacernos una idea del carácter de estas esterilizaciones, basta ver las reivindicaciones del instituto que dirigía el programa: allá por los años 30 y 40, el Instituto de Biología Racial de Upsala abogaba por la esterilización de gitanos, lapones y personas de “raza mixta”, que fueron los objetivos principales de la iniciativa. La práctica totalidad de las víctimas fueron mujeres, en su mayoría madres solteras o marginalizadas.

Estos son algunos de los principales casos de esterilización forzosa, pero no son los únicos. MéxicoChinaUzbekistánSuiza o la Indiademuestran que la eugenesia es un recurso que los Gobiernos no dudan en utilizar si lo creen necesario. A pesar de que el Convenio de Estambul prohíbe hoy la esterilización forzosa en Europa, son numerosos los casos que siguen saliendo a la luz en países como Francia, Reino Unido, España o Croacia. Existen incluso gobernantes elegidos democráticamente que no han dudado en alabar sus bondades, como el nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ferviente defensor de la esterilización de pobres y criminales.

Las esterilizaciones libres y el control poblacional

Hoy lo más normal es que las esterilizaciones se realicen con el consentimiento del afectado, aunque ello no signifique necesariamente que esa persona conozca plenamente los efectos de la operación ni que esté libre de coerción. Varios Gobiernos han considerado que la mejor manera de librarse de la pobreza es haciendo que no nazcan más pobres, sobre todo aquellos países que cuentan con mucha población y pocos trabajos dignos que ofrecer. En 2016 diversos países del África occidental se comprometieron a dedicar el 5% de su presupuesto nacional al control de la natalidad y así reducir a la mitad su tasa de natalidad actual para 2030.

En un mundo cada vez más mecanizado, donde se emplea cada vez menos mano de obra, mucha gente se ha convertido en prescindible laboralmente. Más personas y menos trabajo es un cóctel explosivo que puede saltar por los aires en cualquier momento; de ahí que algunos Gobiernos y organizaciones hayan decidido intervenir para prevenir ese estallido. India es el caso más representativo de esta política: desde los 70 ha llevado a cabo numerosas campañas que han recorrido las partes más pobres de la India ofreciendo esterilizaciones a cambio de regalos como teléfonos móviles o dinero en efectivo.

Iniciada por Sanjay Gandhi, hijo de la expresidenta Indira Gandhi, estas campañas han esterilizado a millones de personas en poco más de 40 años. Para alcanzar tal volumen de operaciones, el Gobierno destinaba en 2014 el 85% del presupuesto de Planificación Familiar a estas campañas, para las que contrató a miles de cirujanos que en ocasiones llegaron a realizar 13.000 intervenciones al año. La mayoría de estas operaciones se hacían en muy poco tiempo y sin garantías sanitarias suficientes, motivo por el que solo entre 2010 y 2013 murieron 363 mujeres.

Sin embargo, las mujeres continuaron acudiendo motivadas por el pago de hasta 1.500 rupias —unos 20 euros— por operación, lo que supone casi un salario mensual en algunas regiones del país, hasta que en 2016 el Tribunal Supremo dio tres años al Gobierno para cerrar los campamentos de esterilización por considerarlos un peligro para la salud de la población. A pesar de ello, las campañas continuarán con otra forma, ya que han resultado ser un éxito para los intereses del Gobierno. Actualmente, el 39% de las mujeres casadas —la gran mayoría provenientes de las clases con menos recursos de la India— están esterilizadas y son el principal foco de atención de un programa que en 2017 realizó el 93% de sus esterilizaciones en mujeres.

Para ampliar“Esterilizados a cambio de un teléfono móvil: así extermina la India a sus pobres”, Miguel Á. Gayo Macías en El Español, 2017

La USAID y el interés detrás de las esterilizaciones

Muchas de estas campañas las llevaron a cabo empresas privadas y fueron financiadas por fundaciones extranjeras, algo bastante común en el caso de las esterilizaciones, forzadas o no. La misma USAID que financió el plan de Fujimori invirtió millones de dólares estadounidenses en la instalación de 60.000 campamentos en la India, pero su actividad no se limita a estos dos países. La fundación ha financiado con dinero público proyectos de esterilización y control poblacional en muchos de los países más pobres del mundocomo parte de una política del Gobierno estadounidense para reducir la natalidad en las comunidades pobres. Las razones detrás de estas políticas son variadas, pero algunas de las más importantes son disminuir la inmigración extranjera —el mismo motivo que esgrimen países como Dinamarca para financiar campañas de control poblacional— y asegurar un mayor acceso a los recursos internacionales impidiendo que la superpoblación se traduzca en una lucha encarnizada por los recursos que perturbe las operaciones estadounidenses y la estabilidad de sus Gobiernos aliados. Actualmente, la USAID proporciona el 28% del presupuesto para anticonceptivos de los países pobres.

Países en los que interviene USAID. En azul claro se señalan los países prioritarios para la organización. Fuente: USAID

Además, existen otras fundaciones privadas que también aportan financiación millonaria a las campañas de esterilización. El Consejo de Población, fundado por J. D. Rockefeller, fue instrumental en la implantación de leyes eugenésicas en el Japón de la posguerra y en la aplicación de muchos programas de esterilización que redujeron la fertilidad de manera drástica en países como Taiwán y Corea del Sur, mientras que la Fundación Mumford ha realizado miles de esterilizaciones a mujeres pobres de todo el mundo con métodos altamente peligrosos y en algunos casos sin su consentimiento expreso. La Fundación Bill y Melinda Gates —codirigida por el fundador de Microsoft y su esposa y la mayor organización privada sin ánimo de lucro del mundo— también ha financiado actividades como los campamentos de esterilización de India y ha revelado su interés en controlar la natalidad de los países pobres, aunque en su caso generalmente opta por otros métodos anticonceptivos, como esterilizaciones temporales o abortos.

Repasando los casos, vemos que la mayoría de las personas esterilizadas encajan en un mismo patrón: suelen ser mujeres y pobres. Muchas de las víctimas provienen de ambientes muy pobres en los que no hay apenas alternativas para una vida mejor ni señales de que pueda haberlas en el futuro cercano, dado que son completamente prescindibles para el mercado laboral. Es difícil considerar estas esterilizaciones como plenamente consentidas cuando el dinero o los bienes recibidos a cambio de operarse supone algo más que un leve incentivo para estas personas: puede ser la diferencia entre comer o no ese día. A tenor del entusiasmo mostrado por algunos Gobiernos e instituciones del mundo hacia estos métodos, parece que la solución elegida ante la pobreza y la falta de oportunidades pasa muchas veces por erradicar a la generación siguiente antes que plantearse cambios estructurales en la gestión que puedan ofrecer un futuro mejor a esa población.

Fuente: elordenmundial.com, 2019.

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