La Regla 99/1: el uno por ciento que puede cambiarlo todo

junio 15, 2026

Por Gustavo Ibáñez Padilla.

En el mundo de la seguridad, la contrainteligencia y la gestión de riesgos existen principios que no surgieron en un laboratorio ni en un tratado académico, sino de la observación repetida de la realidad. Uno de ellos es la Regla 99/1, o Regla de Ibáñez Padilla, cuya formulación es tan sencilla como contundente:

La frase parece una paradoja, pero describe con extraordinaria precisión el funcionamiento de los sistemas de seguridad, ya sean estatales, corporativos o personales.

Por supuesto, los valores 99 y 1 no constituyen proporciones matemáticas exactas. Son números simbólicos que expresan una realidad empírica: los acontecimientos decisivos suelen concentrarse en un período extremadamente breve, precedido por largos intervalos de aparente normalidad. El riesgo puede permanecer latente durante meses o años y, sin embargo, manifestarse en cuestión de minutos con consecuencias devastadoras.

La historia de la humanidad está llena de ejemplos.

Las empresas quiebran en pocos días después de años de crecimiento. Los mercados financieros se desploman en semanas tras largos períodos de prosperidad. Los atentados terroristas duran apenas minutos, pero cambian el rumbo de naciones enteras. Una familia puede perder su estabilidad económica en un instante debido al fallecimiento prematuro de quien proveía el sustento del hogar.

La gran lección es que las crisis extraordinarias no se anuncian. Simplemente ocurren.

La mente humana está programada para proyectar el pasado hacia el futuro. Si algo no ha sucedido en mucho tiempo, tendemos a creer que probablemente nunca sucederá.

Es un mecanismo psicológico natural, pero extremadamente peligroso en materia de seguridad.

La ausencia prolongada de incidentes genera confianza; la confianza conduce a la rutina; la rutina produce relajación; y la relajación abre las puertas al desastre.

En mi artículo El importante mensaje de Los tres días del cóndor, señalaba que la gran enseñanza de aquella magnífica obra cinematográfica es precisamente la necesidad de permanecer alerta aun cuando todo parece estar en calma. Las amenazas más peligrosas suelen desarrollarse silenciosamente, lejos de la atención de quienes se han acostumbrado a la normalidad.

En el ámbito empresarial esto se traduce en expresiones muy frecuentes:

“Nunca tuvimos un problema de seguridad.”

“Jamás sufrimos un ciberataque.”

“Nadie intentaría hacer algo así.”

“No vale la pena gastar dinero en prevención.”

Precisamente ahí reside el peligro.

La historia demuestra que las mayores catástrofes suelen ocurrir después de largos períodos en los que aparentemente no había motivo de preocupación.

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El uno por ciento de la regla representa el instante crítico. Es el momento en que la amenaza deja de ser una hipótesis y se convierte en realidad.

Una intrusión informática.

Un atentado.

Una filtración de información estratégica.

Un fraude interno.

Una demanda judicial.

Un incendio.

La muerte prematura del sostén económico de una familia.

En ese momento ya no existe tiempo para planificar. Solamente queda ejecutar aquello que se preparó durante el largo período de tranquilidad.

Por ello, la seguridad tiene una característica paradójica: cuando funciona correctamente parece inútil.

El éxito de un sistema de prevención consiste, precisamente, en que no ocurre nada.

Pero el día en que llega el 1 %, todo el valor acumulado durante años de preparación se hace evidente de forma inmediata.

Pocas actividades ilustran mejor la Regla 99/1 que el seguro de vida.

Durante años o décadas, una familia paga una prima periódica y, aparentemente, no recibe ningún beneficio tangible. La cobertura permanece allí, silenciosa, sin utilizarse. A los ojos de algunos, parece un gasto innecesario.

Hasta que llega el momento crítico.

Imaginemos una familia en la que el principal sostén económico fallece inesperadamente a los cuarenta y cinco años. La hipoteca continúa existiendo. Los gastos educativos de los hijos continúan. Las expensas, la alimentación y las obligaciones financieras permanecen intactas, pero los ingresos desaparecen de un día para otro.

En ese instante, el seguro de vida deja de ser un contrato y se convierte en una herramienta de supervivencia económica.

Durante veinte años no había ocurrido nada. Sin embargo, en un solo día ocurrió todo.

El propósito del seguro de vida no es proteger el 99 % de normalidad. Su verdadera razón de ser es el 1 % de las circunstancias extraordinarias que pueden cambiar para siempre el destino de una familia.

Lo mismo sucede con la constitución de un fondo de emergencia, la elaboración de un testamento o la planificación patrimonial. Son medidas que parecen innecesarias hasta el día en que se vuelven imprescindibles.

La gestión de riesgos en una farmacia ofrece un ejemplo particularmente interesante.

Miles de operaciones se realizan cada mes sin inconvenientes. Los medicamentos se dispensan correctamente y los pacientes reciben el tratamiento adecuado.

Pero basta un único error.

Una equivocación en la concentración de un medicamento pediátrico.

Una alteración en la cadena de frío de una vacuna.

La entrega de un producto incorrectamente rotulado.

La confusión entre dos medicamentos de nombres similares.

Ese único incidente puede provocar graves daños a la salud de un paciente, desencadenar demandas judiciales millonarias y destruir la reputación construida durante años.

Por ello existen protocolos, procedimientos de doble verificación, herramientas de trazabilidad, auditorías, programas de capacitación permanente y sistemas de gestión de riesgos.

Durante el 99 % del tiempo parecen excesivos.

En el 1 % restante demuestran su verdadero valor.

El terrorismo constituye una de las expresiones más dramáticas de la Regla 99/1.

Una ciudad puede vivir décadas de paz. Los controles de seguridad comienzan a percibirse como una molestia. Los presupuestos destinados a inteligencia y prevención son cuestionados. Las medidas de vigilancia se consideran exageradas.

Hasta que un día se produce un atentado.

En cuestión de minutos cambian las prioridades nacionales, la percepción del riesgo, la política y la vida de miles de personas.

La preparación de los organismos de seguridad se realiza precisamente para ese breve instante.

Porque el día del ataque ya no existe tiempo para diseñar procedimientos, entrenar al personal o establecer mecanismos de coordinación.

Todo eso debió hacerse antes.

El adversario necesita acertar una sola vez.

Los defensores, en cambio, deben estar preparados todos los días.

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En el ámbito corporativo la amenaza suele adoptar formas más discretas.

La inmensa mayoría de los empleados son personas honestas y comprometidas con la organización. Pero basta una excepción.

Un directivo desleal.

Un colaborador resentido.

Un empleado reclutado por la competencia.

Un proveedor comprometido.

Un individuo sometido a chantaje.

La historia empresarial está llena de casos en los que una sola persona produjo daños extraordinarios.

Un único empleado puede copiar bases de datos de clientes, revelar secretos industriales, filtrar estrategias comerciales, sustraer información sobre licitaciones o facilitar el acceso de terceros a sistemas críticos.

Las pérdidas económicas pueden ser enormes, pero el daño reputacional suele ser aún mayor.

Después de cada incidente aparece la misma pregunta:

—¿Cómo pudo ocurrir?

La respuesta suele ser sencilla:

Porque durante demasiado tiempo se creyó que no podía ocurrir.

La contrainteligencia empresarial existe precisamente para gestionar ese uno por ciento de riesgo que puede comprometer la supervivencia de una organización.

La ciberseguridad constituye la manifestación digital de la Regla 99/1.

Millones de transacciones se realizan diariamente sin inconvenientes. Los servidores funcionan, las comunicaciones fluyen y las operaciones continúan con normalidad.

Entonces llega el ransomware.

En pocas horas una organización puede ver secuestrada toda su información, paralizadas sus operaciones y destruida su reputación.

A menudo el ataque dura apenas unas horas.

Las consecuencias pueden prolongarse durante años.

Por ello, las copias de respaldo, los sistemas de detección, la capacitación del personal y las auditorías permanentes son inversiones que parecen excesivas… hasta el día en que se las necesita.

Desde la perspectiva estadística, la Regla 99/1 se relaciona estrechamente con los llamados Error Tipo I y Error Tipo II.

El Error Tipo I consiste en detectar una amenaza que finalmente no existe. Es un falso positivo.

El Error Tipo II consiste en no detectar una amenaza real. Es un falso negativo.

En numerosos ámbitos de la seguridad resulta preferible soportar algunos falsos positivos antes que dejar pasar la única amenaza capaz de producir una catástrofe.

Investigar una sospecha infundada tiene un costo.

Ignorar la única amenaza real puede destruir una empresa, una institución o una familia.

Por esa razón, la seguridad profesional acepta deliberadamente ciertos niveles de sobreprotección.

Su objetivo no es administrar la tranquilidad del 99 %, sino prepararse para el 1 %.

estadística error tipo i o tipo ii

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La Regla de Ibáñez Padilla es, en esencia, una filosofía de previsión y prudencia.

Nos recuerda que la estabilidad prolongada no elimina el riesgo; simplemente hace que olvidemos su existencia.

Nos enseña que las amenazas más peligrosas son precisamente aquellas que parecen improbables.

Y nos obliga a formular una pregunta incómoda pero imprescindible:

¿Qué ocurriría si mañana sucediera aquello que creemos imposible?

La respuesta a esa pregunta determina la calidad de nuestra seguridad personal, familiar y empresarial.

Porque las personas y las organizaciones rara vez fracasan por los problemas cotidianos. Generalmente fracasan por los acontecimientos extraordinarios para los cuales nunca se prepararon.

Por ello, el momento de actuar es ahora, durante el 99 % del tiempo en que aparentemente no ocurre nada.

Revise sus planes de contingencia. Proteja a su familia. Evalúe sus coberturas de seguros. Fortalezca la seguridad de su empresa. Capacite a su personal. Audite sus vulnerabilidades. Desarrolle protocolos y practique su ejecución.

No espere al uno por ciento.

Porque cuando ese momento llega, ya no queda tiempo para prepararse.

Y, en definitiva, la verdadera misión de la contrainteligencia, la seguridad y la gestión de riesgos no consiste en administrar la tranquilidad, sino en estar listos para el instante extraordinario que puede cambiarlo todo.

Fuente: Ediciones EP, 15/06/26.

Información sobre Gustavo Ibáñez Padilla


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Vivir en un mundo incierto y complejo

abril 1, 2025

Por Redacción EP.

Vivimos en un mundo que se caracteriza por su volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad (VICA). Estos rasgos no solo afectan nuestras decisiones individuales, sino también las políticas públicas, la gestión empresarial y las relaciones sociales. En este entorno, la seguridad constituye un pilar fundamental para garantizar la paz y la libertad en todos los ámbitos de nuestra vida: la familia, el barrio, la empresa y la sociedad en general. Pero la seguridad no es un concepto que pueda delegarse únicamente en especialistas; debe ser un esfuerzo colectivo que se apoya en la autonomía personal y la educación integral.

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Para lograr esta autonomía, es crucial comprender y aplicar los principios de seguridad, inteligencia y contrainteligencia. La inteligencia nos permite conocer y analizar el entorno, identificar patrones y prever posibles riesgos. La contrainteligencia, por su parte, nos ayuda a detectar y neutralizar amenazas antes de que estas se materialicen. Como ejemplo, imaginemos a un empleado de limpieza en una Refinería de petróleo que observa comportamientos sospechosos en un proveedor y alerta al personal de seguridad. Esa simple acción podría prevenir un sabotaje o un atentado. Esto ilustra cómo la seguridad no es solo responsabilidad de un grupo especializado, sino un esfuerzo colectivo donde cada individuo juega un rol clave.

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En Argentina, la implementación de estrategias basadas en estos conceptos enfrenta obstáculos significativos. Históricamente, la formación en seguridad, inteligencia y contrainteligencia ha estado relegada a un segundo plano en las instituciones académicas y en la formación profesional. El Equipo de Estudios en Seguridad Humana y Multidimensional, que cuenta con la participación de la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA) y la Fundación FIDES, busca cerrar esta brecha. Este grupo interdisciplinario, coordinado por el Lic. Julio Fumagalli Macrae y el Ing. Gustavo Ibáñez Padilla, propone crear espacios de aprendizaje que formen profesionales con una visión integral de la seguridad.

Esta perspectiva incluye disciplinas como seguridad corporativa, inteligencia criminal, resolución de conflictos, planeamiento estratégico y protección ambiental, entre otras. La consulta y colaboración de renombrados expertos asegura una base sólida para abordar las amenazas contemporáneas. Como destacó el filósofo y estratega militar chino Sun Tzu: “La seguridad suprema consiste en desbaratar los planes del enemigo; no en derrotarlo por la fuerza”. Esta idea subraya la importancia de la prevención y la inteligencia en lugar de depender exclusivamente de respuestas reactivas.

La seguridad humana y multidimensional no es solo un concepto teórico; es una necesidad práctica en un mundo donde las amenazas están en constante evolución. Desde el cibercrimen hasta las catástrofes naturales, las problemáticas actuales requieren soluciones integrales que aborden las vulnerabilidades de las personas, las comunidades y las instituciones. La colaboración entre los sectores académico, público y privado es esencial para desarrollar estrategias que no solo mitiguen riesgos, sino que también fomenten la resiliencia.

Un punto crítico en este debate es la falta de formación en habilidades básicas de seguridad para todos los ciudadanos. En un contexto tan impredecible como el actual, no podemos permitirnos depender exclusivamente de especialistas. Cada individuo debe ser capaz de reconocer señales de advertencia, evaluar riesgos y actuar en consecuencia. Por ejemplo, el entrenamiento en seguridad podría ayudar a los empleados de una empresa a identificar irregularidades en el comportamiento de colegas o visitantes, contribuyendo a la prevención de fraudes o accidentes.

Además, la autonomía personal basada en estos principios fortalece el tejido social. Una comunidad informada y proactiva puede hacer frente a crisis con mayor eficacia, desde inundaciones o incendios hasta incidentes de seguridad. Parafraseando al filósofo estoico Epicteto: La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede. Esta reflexión invita a tomar responsabilidad por nuestra preparación y capacidad de respuesta ante los desafíos.

Un aspecto clave para fomentar esta autonomía es la educación. Incorporar contenidos sobre seguridad, inteligencia y contrainteligencia en los programas educativos y de formación profesional es un paso indispensable. Además, las organizaciones también deben invertir en capacitación continua para sus empleados, asegurándose de que todos cuenten con las herramientas necesarias para identificar y mitigar riesgos. Esta inversión no solo protege activos tangibles, sino también fortalece la confianza y la cohesión dentro de las organizaciones.

En última instancia, construir una cultura de seguridad exige un cambio de mentalidad. Debemos pasar de una visión reactiva a una proactiva, donde la prevención sea la prioridad. Esto implica reconocer que la seguridad no es un gasto, sino una inversión en nuestro bienestar y estabilidad a largo plazo. Además, la colaboración entre individuos, comunidades y organizaciones es esencial para enfrentar un futuro incierto.

Para cerrar, es vital reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros puede desempeñar en este proceso. Como dijo Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. No subestimemos el poder de la información y el aprendizaje. Todos tenemos la capacidad de contribuir a un entorno más seguro si tomamos la decisión consciente de prepararnos y actuar.

La invitación es clara: asumamos la responsabilidad de nuestra propia seguridad y la de quienes nos rodean. Invirtamos en educación, promovamos el aprendizaje colectivo y trabajemos en conjunto para construir un futuro más seguro. El mundo VICA puede parecer desalentador, pero con autonomía, inteligencia y colaboración, podemos transformarlo en una oportunidad para crecer y prosperar.

Fuente: Ediciones EP, 24/01/25.


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La Seguridad Personal y Familiar en el Siglo XXI

octubre 10, 2024

Por Gustavo Ibáñez Padilla.

En un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, cada vez más interconectado y con crecientes amenazas, la seguridad personal y familiar ha dejado de ser una preocupación limitada a contextos de guerra o conflicto. Hoy, los peligros provienen de diferentes frentes: gobiernos autoritarios, grupos de poder con intereses ocultos y delincuentes organizados. Analizaremos en forma simple cómo proteger a nuestros seres queridos, recurriendo a conceptos clave de Inteligencia, Contrainteligencia y Seguridad, y revelaremos la paradoja de que los sistemas digitales modernos, aunque avanzados, presentan vulnerabilidades más profundas que los métodos físicos antiguos.

Seguridad Personal y Familiar: Más allá del reflejo inmediato

La seguridad personal y familiar abarca todas aquellas acciones y estrategias destinadas a proteger la vida, la integridad y los bienes de una persona y sus seres queridos. Tradicionalmente, esta seguridad estaba asociada a la protección física: cerraduras, guardias, alarmas. Sin embargo, en la actualidad, los riesgos se han expandido. Las amenazas no solo son tangibles, sino que pueden ser digitales, económicas, sociales y hasta psicológicas.

Uno de los primeros pasos hacia una protección efectiva es la planificación estratégica. No se trata solo de reaccionar ante el peligro, sino de preverlo. Según el exagente de la CIA, Jason Hanson, la clave para la seguridad es “no ser un blanco fácil”. Hanson subraya que la discreción y el evitar patrones predecibles pueden reducir significativamente el riesgo. Por ejemplo, alternar las rutas de camino al trabajo, no compartir ubicaciones en redes sociales y ser cuidadoso con la información que se da en línea.

Inteligencia: Saber es Poder

La Inteligencia, en términos estratégicos, se refiere a la capacidad de recopilar información útil y transformarla en conocimiento, para decidir en forma eficaz, identificando amenazas potenciales antes de que se materialicen. Se trata de un concepto que abarca desde el espionaje estatal hasta la protección personal.

Para aplicar esta noción en la vida diaria, se pueden observar ejemplos en figuras como Warren Buffett, quien no solo es famoso por su habilidad como inversor, sino por ser meticuloso en su gestión de riesgos. El Oráculo de Omaha ha señalado que su éxito no radica en tomar decisiones impulsivas, sino en recopilar y procesar la mayor cantidad de datos posible antes de actuar. De manera similar, para garantizar la seguridad personal, es esencial estar informado de lo que sucede en el entorno. Un seguimiento adecuado de las tendencias locales, la vigilancia de cambios en el comportamiento de personas cercanas o incluso prestar atención a las señales de problemas en la comunidad pueden actuar como barreras protectoras.

Contrainteligencia: Proteger las personas, los bienes y la información

Si la Inteligencia se centra en recopilar y analizar información, la Contrainteligencia busca protegerla de actores malintencionados. En el ámbito personal, la contrainteligencia puede aplicarse de múltiples maneras: desde la protección de los datos financieros hasta evitar que terceros accedan a información sensible sobre nuestra vida.

Un ejemplo ilustrativo es el caso de Edward Snowden, quien expuso la capacidad de los gobiernos para acceder a datos personales sin el conocimiento de los ciudadanos. Snowden demostró cómo actores estatales pueden utilizar sistemas modernos para espiar a los individuos y al hacerlo doblegó a la contrainteligencia del Estado. En respuesta a estas amenazas, expertos en seguridad digital como Bruce Schneier recomiendan prácticas básicas de contrainteligencia, como el uso de comunicaciones cifradas, contraseñas robustas y la adopción de tecnologías que impidan el rastreo no autorizado.

La Paradoja de los Sistemas Modernos

Es curioso observar cómo los avances tecnológicos han facilitado la vida, pero al mismo tiempo han creado nuevas vulnerabilidades. En un pasado no tan lejano, la seguridad dependía en gran medida de barreras físicas: muros, llaves y vigilancia. Sin embargo, los sistemas de seguridad actuales, altamente digitalizados, a menudo presentan un talón de Aquiles: la interconectividad. La ironía radica en que, mientras más avanzados son estos sistemas, más puntos de acceso vulnerables pueden existir.

La Ciberseguridad es un campo que ejemplifica esta paradoja. Tomemos el caso de la empresa Target -una enorme cadena minorista norteamericana- en 2013, donde piratas informáticos comprometieron los datos de más de 70 millones de clientes, provocando pérdidas de más de 60 millones de dólares. El ataque se realizó aprovechando una brecha en el sistema de facturación digital. Este incidente demostró que, aunque los sistemas digitales parecen invulnerables desde fuera, sus estructuras internas pueden ser explotadas.

Comparativamente, los sistemas físicos antiguos, aunque rudimentarios, no dependían de la interconectividad y, por lo tanto, eran menos vulnerables a los ataques a distancia. La facilidad con la que se puede acceder a datos o controlar sistemas modernos desde cualquier parte del mundo pone en tela de juicio si realmente hemos avanzado en términos de seguridad.

Defensas Pasivas: La Protección Automática

Una de las estrategias más efectivas para proteger tanto a las personas como a sus bienes son las defensas pasivas. Estas son medidas que funcionan sin intervención humana, protegiendo de manera continua y automática. Un buen ejemplo son las cámaras de seguridad, las cuales operan día y noche, registrando todo sin necesidad de supervisión constante.

El experto en seguridad, Gavin de Becker, autor de The Gift of Fear, señala que las defensas pasivas son cruciales porque permiten una protección sin que las personas estén conscientes de su activación. Sistemas como cerraduras electrónicas, sensores de movimiento y ventanas a prueba de balas son barreras que, en caso de un ataque, pueden retrasar o detener al agresor antes de que siquiera se den cuenta.

Un ejemplo de la vida real son las propiedades de alto perfil, como las mansiones de celebridades, que suelen incorporar este tipo de defensas. Kim Kardashian, por ejemplo, después de sufrir un violento asalto en París, reforzó significativamente la seguridad de su hogar, implementando una serie de barreras automáticas, desde vallas eléctricas hasta detectores infrarrojos.

Las ventajas de estos sistemas radican en su permanencia y constancia. Mientras que la seguridad activa, como los guardias de seguridad, puede fallar o distraerse, las defensas pasivas siempre están operativas. Además, pueden ser una medida disuasoria para potenciales agresores, quienes al percibir estos sistemas optan por no arriesgarse.

La mejor muralla de protección

El mejor sistema pasivo de defensa lo constituye la Familia, hoy denostada y dejada de lado por la sociedad globalista -que pretende destruirla-. Desde tiempos inmemoriales la familia constituyó el soporte vital y defensivo de todas personas en todos los ámbitos. Tengamos en cuenta que los hombres no viven aislados, son seres sociales y la familia es el ladrillo básico de la sociedad. Nuestras familias nos brindan alimentación, vivienda, educación, ayuda financiera y cuidado -tanto en la salud como en la enfermedad, en la infancia o en la vejez-. Nuestros seres queridos siempre estarán a nuestro lado y son nuestra mejor estrategia de desarrollo, seguridad y protección.

Una persona sola es mucho más vulnerable que una rodeada por sus familiares. En Argentina, recordamos como triste ejemplo el asesinato del fiscal Alberto Nisman. Como contracara podemos ver que muchas organizaciones criminales -por ejemplo la mafia italiana- se basan en estructuras consolidadas por lazos de sangre para mantenerse inexpugnables.

Un futuro seguramente vigilante

El desafío en la era moderna no es solo identificar y neutralizar las amenazas, sino hacerlo de manera eficiente, sin comprometer la privacidad y el bienestar. En este sentido, la inteligencia y la contrainteligencia juegan un rol crucial en la defensa personal y familiar. Los sistemas de seguridad digital, aunque avanzados, deben ser complementados con medidas físicas y defensas pasivas que proporcionen una protección integral.

Un enfoque preventivo es clave: informarse, implementar tecnología segura, y sobre todo, no depender únicamente de sistemas sofisticados que, aunque impresionantes, pueden ser vulnerables. Para proteger a nuestras familias, es esencial contar con una combinación de estrategias de seguridad, tanto digital como física.

Todo lo relacionado con la seguridad y la contrainteligencia está regido por la Regla 99/1: el 99% del tiempo no pasa nada y en el restante 1% del tiempo pasa todo. Es preciso recordar la parábola evangélica de las vírgenes prudentes y las insensatas, siempre hay que mantenerse alerta y vigilante.

Mateo 25:1-13

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