Argentina: préstamos para emprendimientos inmobiliarios
marzo 26, 2018
El Banco Provincia lanza préstamos para emprendimientos inmobiliarios
Es una nueva línea hipotecaria en pesos que tiene modalidad UVA y se puede financiar hasta el 60% del proyecto.
La nueva línea hipotecaria en pesos con modalidad UVA debuta en el mercado de los desarrolladores para construcciones residenciales. Se puede financiar hasta el 60% del proyecto, a 3 años de plazo y con una tasa fija del 8%.
“Es un segmento con una gran demanda de crédito y un actor clave a la hora de incrementar la oferta de viviendas y nuevos empleos”, indicó Juan Curutchet, presidente de la entidad.
El Banco Provincia puso en marcha la nueva línea hipotecaria: los préstamos para desarrolladores inmobiliarios, una opción destinada a emprendedores del sector que busquen financiamiento para sus proyectos de construcción residencial.
“El boom del préstamo hipotecario entre las familias también se contagiará entre las empresas constructoras, que ahora cuentan con una nueva forma de financiar sus proyectos desde el pozo”, detalló Curutchet y sostuvo que “como banco público tenemos que apoyar a los emprendedores inmobiliarios porque son los que mueven la economía y generan empleo”.
Por su parte, el banco prestará como monto máximo hasta el 60% del costo de la obra. Para calificar, el emprendimiento debe contar con un terreno propio, en condiciones de ser hipotecado.
Asimismo, la línea está pensada para desarrollos residenciales en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, que pueden contar con un 30% del total de la obra destinado para uso comercial, como locales u oficinas. Los emprendimientos tienen que presentar un mínimo de mil y un máximo de diez mil metros cuadrados de unidades vendibles. Están exentos los desarrollos en barrios privados, countries, urbanizaciones y proyectos de loteos.
Fuente: perfil.com, 26/03/18.
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Reflexiones sobre el Aborto
marzo 25, 2018
Programa: Verdaderamente.
Conducción: Eduardo Ibáñez Padilla.
Programa: 24/03/18 – El aborto.
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Argentina: Simplifican el e-commerce de automóviles
marzo 24, 2018
Simplifican y abaratan trámites online para comprar y vender autos

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Nicolás D. necesitaba hacer la transferencia de una Ford EcoSport. Sabía que se ahorraba algo de dinero si hacía los trámites online, había escuchado el nuevo dato, pero eligió ir físicamente al lugar. «La hice en 15 minutos, aunque me costó más cara», dijo el abogado, de 40 años. «La próxima vez la voy a hacer por Internet», agregó.
Lo que sí lo sorprendió gratamente es que, después de vender su Volkswagen Suran, y a la media hora de que el comprador le mandara una foto con la transferencia cerrada, recibió un correo electrónico en el que el registro le avisaba que ya no era más responsable civil sobre su viejo auto.
Detrás de la experiencia de Nicolás a la hora de hacer los trámites para la transferencia de su auto usado, realizar el llamado «08», patentar un 0 km o pedir un simple informe de dominio, hay una determinación oficial de simplificar.
Esa decisión llegó también a la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad del Automotor (Dnrpa), a cargo de Carlos Walter.
En los últimos meses, la DNRPA comenzó un trabajo de desburocratización, digitalización y agilización de los procesos. Mientras impulsaba este camino avanzó también con la creación de registros por concurso con el objetivo de «fomentar la transparencia» y destronar el mito de que la política sigue detrás de esos lugares. Además, como si fuera poco, empujó un abaratamiento de los costos de los trámites.
Desde septiembre pasado, la transferencia de un auto puede hacerse por Internet a través de la «Transferencia Digital» usando el «08 Digital». Ese camino, implica un descuento del 20% sobre el total del recibo. Por ejemplo, la transferencia de un Volkwagen Gol usado en 2016, valuado en unos $100.000, tiene un costo de transferencia de $2080 (2,08%). Si se usa el «08 Digital», el mismo auto en 2017, con un valor ya de $110.000, paga menos: $1760 (1,60%). Pero el cálculo adquiere un valor adicional -contaron desde la DNRPA-, ya que los $1800 millones por año que cuesta este descuento no son pagados directamente por el Estado, sino por la propia optimización del trabajo dentro de los registros del país.

«Hoy quien elige iniciar su trámite de patentamiento online ahorra tiempo y dinero», afirmó Wagner a LA NACION, que explicó que aún se puede hacer el trámite a la manera antigua por el limitado acceso a Internet que existe en algunos lugares remotos. «Los registros están preparados para acompañar el boom automotor de los últimos años, ahorrándole tiempo y dinero a la gente», dijo. En los últimos cuatro meses de 2017, cuando se implementó la transferencia digital para autos y motos, usaron la herramienta unas 77.000 personas. En enero de 2018 fueron 40.000, y en que en lo que va del año ya se hicieron 100.000 transferencias digitales. Para 2018 hay una proyección de 1,1 millones de inscripciones de 0 km y 2,1 millones de transferencias.
A fines de 2015, con el cambio de Gobierno, la Dirección hizo el primer recorte. De los 1070 empleados que tenía la DNRPA -que depende del Ministerio de Justicia- se pasó a 930. En la actualidad hay 1011 encargados de registros que tienen unos 13.000 empleados. En el pasado, los encargados de registros era nombrados a dedo por la cartera de Justicia. Desde hace dos años, se accede a través de un concurso público abierto, un proceso certificado por IRAM con normas ISO y con la participación «en las etapas sensibles» de la Escribanía General de Gobierno. Además se publica cada proceso en la web, Boletín Oficial y en diarios.
La DNRPA sumó otros trámites para hacer online. Por ejemplo, los informes de dominio se piden, pagan y reciben por Internet desde noviembre de 2016 (ese año unas 5000 personas tramitaron por Internet ese informe; en lo que va de 2018, son 40.000). Como sucede con el registro de conducir, y con el objetivo de hacer más ordenado el trabajo en los registros, se implementó además un sistema de turnos online en todo el país desde agosto de 2016. En enero del año pasado, 10.000 personas usaron ese servicio. En enero de este año, fueron 65.000. En tanto, desde ese mismo mes se puede también pagar por trámites en Internet en el portal de la DNRPA.
«¿Por qué es tan caro el patentamiento de un 0 km?», preguntó LA NACION. Con una transferencia digital, se cobra el 1,6% del valor del auto. Pero como el registro es agente de retención de impuestos y multas provinciales y municipales, los registros están obligados a quedarse con hasta un 5% del valor del 0 km. Por eso una transferencia puede costar un 7% del precio del auto.
Trámites con menos trabas
- La Dirección Nacional de Registro de la Propiedad Automotor avanza en la digitalización, agilización y en el abaratamiento de los trámites para comprar y vender autos.
- Para las transferencias realizadas a través de Internet ofrece un 20% de descuento en los precios.
- Además, se puede pedir un turno online, pedir un informe de dominio, o hacer pagos en la Web.
Fuente: La Nación, 24/03/18.
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Perder la memoria online
marzo 24, 2018
Se fue de vacaciones y Google le cerró su cuenta: hace dos años busca recuperar 400 mil fotos

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Lucas Busso es ingeniero industrial (ITBA). Tiene 34 años. Y se considera un obsesivo del orden y de las herramientas tecnológicas. Hace casi dos años, sin embargo, su optimismo digital sufrió un cimbronazo: Google le cerró su cuenta de Gmail sin demasiada explicación. Sin acceso a ella, perdió más de 400 mil fotos y videos, y cientos de documentos que almacenaba allí. Y pagando: le daba a Google 99 dólares por mes por un servicio premium que aumenta la capacidad de la cuenta de correo.
Cuenta inhabilitada
«Apagué y prendí. Y todo seguía igual», recuerda. Era a fines de agosto de 2016. Busso había participado durante diez días de Burning Man, un festival que se hace tradicionalmente en el desierto de Nevada, Estados Unidos, justamente para intentar despegarse de valores materiales, pero sobre todo para conectarse con otros, más comunitarios. El encuentro ya había terminado y era momento de volver al trajín cotidiano.

Fue en el micro de vuelta a San Francisco, al llegar a una zona poblada, cuando su teléfono se conectó. Junto con el caudal de notificaciones, actualizaciones y mensajes viejos, apareció un problema: su cuenta principal de Google, con la que se conectaba a todos los servicios, no funcionaba. Algo había pasado. Y no había dudas: el mensaje era claro. Lo leyó mientras el ómnibus se desplazaba por la autopista, alejándose del desierto.
Esta cuenta de Google ha sido inhabilitada. En la mayoría de los casos, las cuentas son inhabilitadas por una percibida violación de o los Términos de Servicios de Google o los términos de servicio de algún producto específico. Intenta nuevamente. Apagó y prendió, una vez más. Y nada. Entendía que algo había pasado, pero no por qué: «Pensé que me habían hackeado», recuerda.
Su vida online
Contactó a amigos con más conocimiento, esperando que pudieran ayudarlo en casos como estos. Barajó varias posibilidades: entre ellas, que alguien le hubiera robado las contraseñas mientras él disfrutaba su proceso de desconexión. Por eso, en los primeros llamados encontró respuestas más cómicas y espirituales: «Es algo que te tenía que tocar en la vida para desprenderte un poco del celular», le llegaron a decir.
«No me acuerdo haber estado con una desesperación así en mi vida», cuenta Lucas. Su fanatismo por lo servicios digitales de Google había empezado en 2005. Aún antes de Google Fotos. Empezó etiquetando y digitalizando sus imágenes en Picasa, aquel viejo servicio de fotografías que el buscador terminó absorbiendo. Hasta el momento de la inhabilitación, tenía al menos 400 mil fotografías. Muchas de ellas eran digitalizaciones de viejos recuerdos.
¿No tenía un backup en un disco? Sí, pero parcial. No completo. Y, admite, la versión local no estaba tan organizada como la que estaba online, que además tenía comentarios en las fotos, en los archivos compartidos y demás.
En total, calcula, eran más de 5 terabytes (5000 GB) de información, sin contar aquellas fotografías que van al almacenamiento ilimitado de Google, pero que a diferencia de lo que prefiere, no se guardan en su tamaño original.
Pero las imágenes eran apenas una parte de lo que tenía: esa cuenta bloqueada, inhabilitada, inaccesible, que normalmente estaba a un toque de su pantalla y ahora estaba del otro lado de una barrera infranqueable, «era la que usaba para todo. Tenía el respaldo de las facturas emitidas para la AFIP, las partituras del ensamble donde toco, todas ordenadas por autor; bitcoins; la cuenta de PayPal. Tenía todo mi laburo en Google Sheets, como por ejemplo el flujo de caja de la empresa donde trabajo. Era en definitiva mi cuenta madre: mi cuenta bancaria y todas las aplicaciones estaban registradas con ese mail», explica.
El hackeo que no fue
Las sospechas de Lucas, sin embargo, se empezaron a disipar. Nadie le había robado las contraseñas ni su información. Quiso llamar a Google, pero nunca pudo: la única opción de contacto era vía un formulario escrito. Allí obtuvo numerosas respuestas, todas similares: Hemos recibido y estamos revisando su solicitud. Agradecemos su paciencia durante este proceso. Hasta que finalmente, el 5 de octubre de 2016, un mes más tarde del cierre de su cuenta, obtuvo la respuesta más «amplia» hasta el día de hoy:
Gracias por ponerte en contacto con nosotros. Revisamos su solicitud con respecto a su cuenta xxx@gmail.com y confirmamos que ha infringido nuestros Términos de servicio. Por lo tanto, no restableceremos su cuenta. Consulte nuestros Términos de Servicio para obtener más información sobre nuestras políticas y las medidas que tomamos en respuesta a las infracciones de las políticas en nuestros productos.
Saludos,
El Equipo de Google

Un raid de búsquedas sin respuestas
En total fueron siete los tickets de reclamo que generó Busso en la plataforma para recuperar el acceso a esas fotos y documentos. Pero no obtuvo ninguna respuesta certera ni explicaciones específicas para entender qué fue lo que transgredió. La única confirmación fue «la violación de los Términos de Servicio». Tampoco le habían llegado avisos previos de que estuviera cometiendo algún tipo de infracción. Y cuando terminó el mes, dejaron de cobrarle los 99 dólares, aunque tuvo que seguir abonando aquellas aplicaciones contratadas mediante la tienda de Android (Google Play). Pero tampoco, claro, podía utilizar esas aplicaciones.
Durante todo 2017 movió contactos para resolver su problema por vías administrativas; con amigos; amigos de amigos; conocidos que trabajan en Google, en distintas áreas, en diferentes países. «El caso lo estoy viendo con una persona de la oficina de India», le dijeron. «En estos momentos lo tiene alguien en Japón», lo guiaron. Contactó soportes para clientes en San Francisco, Madrid y Zurich. No obtuvo nada. Contactó al CEO de la filial local y tampoco: sin resultados.
«Empecé a perseguir a todos: era lo único que hacía», explica Busso. Incluso, en la desesperación, pensó en llevarlo a lo más alto de la pirámide: «Tenía un amigo haciendo un MBA en Stanford, y me ofreció de hablar con Eric Schmidt (entonces presidente de Alphabet), a quien tenía de profesor. Pero ya no quería fastidiar más a nadie», se contuvo.
La vía judicial
Apenas unos meses después de la creación de los numerosos tickets de reclamo, Busso empezó también con acciones legales. Lo primero fue una carta documento que envió a Google Argentina SRL, sucursal nacional de Google Inc, a casi dos meses del cierre de su cuenta. Allí Busso citaba una parte de los términos y condiciones del buscador para recuperar sus datos: Algunos de nuestros Servicios te permiten subir, enviar, almacenar o recibir contenido, Si lo haces, seguirás siendo el titular de los derechos de propiedad intelectual que tengas sobre ese contenido. En pocas palabras, lo que te pertenece, tuyo es. Busso no pedía dinero ni resarcimiento: solo recuperar el acceso a sus datos.

La respuesta de Google no llegaba. Hasta que el 27 de diciembre de 2016 fue convocado a una mediación del Servicio de Conciliación Previa de las Relaciones de Consumo (COPREC). Antes de ese encuentro, finalmente, llegó una comunicación de la defensa, donde la filial local se desentendía del problema: «(…) rechazamos por improcedentes, y negamos por no constarnos, la veracidad y exactitud de los hechos en ella descriptos. Asimismo rechazamos cualquier daño que pretenda imputar a esta empresa. Le hacemos presente que Google Argentina S.R.L. no administra ni tiene responsabilidades técnicas sobre Gmail, producto administrado por Google Inc., sociedad con domicilio en 1600 Amphitheatre Parkway, Mountain View, California, Estados Unidos de América, a quien eventualmente deberá dirigir cualquier reclamo relacionado con dicho servicio».
Para el abogado Martín Bezruk, que representa a Busso en la demanda, «si bien para la ley de sociedades argentina se trata de dos personas jurídicas diferentes, en el manejo de sus negocios la empresa local no es más que una sucursal de la casa central de Google Inc y, como consumidor de un servicio prestado en Argentina, es evidente que la empresa local debe responder por los daños causados por quien resulta ser su controlante. Así lo establece la ley nacional, al regular las relaciones de consumo».

La causa que sigue
Actualmente hay una demanda por daños y perjuicios que se tramita en el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Número 89. El próximo 26 de marzo habrá una nueva mediación.
«No hay casos similares al mío. Casi siempre que pasaron cosas parecidas, fue por hacer alguna maniobra fraudulenta con los servicios de publicidad. No es mi caso, porque nunca utilicé esos servicios», asegura Busso.
Sobre lo que pretende con la demanda, Busso es claro. «A mí no me importa la guita. Quiero que me devuelvan la información. Ni siquiera me dijeron que podía bajarla».

La respuesta de Google
LA NACION se comunicó con la empresa para obtener una respuesta sobre el caso. Desde allí volvieron a insistir en que «la cuenta fue suspendida por no cumplir los términos y condiciones» y refirieron a un documento que contiene la lista completa de los motivos que podrían provocar una suspensión de una cuenta. Entre ellos, figuran como posibilidades, pero no como conclusión en este caso, el uso de spam, la distribución de software malicioso, cometer fraude o suplantación de identidad, la distribución de imágenes sexuales de menores, acoso, etc. Pero la empresa no pudo precisar, en el caso de Busso, cuál fue la norma que infringió.
Todo vuelve al principio
«Uno no se da cuenta de la cantidad de confianza que deposita en Google», reflexiona Busso. Una y otra vez trató de explicarse qué es lo que pudo generar la infracción dentro de los sistemas. Hasta el día de hoy no obtuvo una explicación suficiente. Y sigue esperando una respuesta más concreta, además de toda su información.
La decepción, sin embargo, no terminó con su optimismo. Tras perder todos sus datos asociados, su información online imprescindible, empezó a buscar alternativas para almacenar su información. Pero no encontró opciones que lo conformaran por fuera del gigante tecnológico. Y volvió a contratar los servicios de Google para almacenar su información. «Todavía no encontré un sistema mejor». Y agrega, todavía confundido: «debo tener muchas cosas similares a las que tenía antes y no tuve ningún problema. Todavía no entiendo qué pasó con mi cuenta y por qué no puedo recuperar toda mi información».
Fuente: La Nación, 23/03/18.
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En Argentina, el desempleo bajó al 7,2%
marzo 22, 2018
El desempleo bajó al 7,2% y mostró la mejor recuperación desde 2003
Según informó ayer el Indec, 433.000 personas consiguieron trabajo en el cuarto trimestre de 2017, 3,8% más que en igual período de 2016; aun así, en el país todavía hay 3,4 millones de personas que tienen problemas de empleo.
Por Carlos Manzoni.

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En forma gradual, coherentes con el ritmo que el Gobierno le ha impuesto al repunte de la economía, las cifras de empleo empiezan a mostrar una leve recuperación: según informó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el cuarto trimestre de 2017 hubo una tasa de desocupación del 7,2%, lo que implica un descenso con relación al mismo trimestre del año anterior, que había sido del 7,6%. Esto fue posible porque, según informó el organismo, 433.000 personas consiguieron trabajo en ese período.
Fuentes cercanas al Ministerio de Hacienda, que dirige Nicolás Dujovne , señalaron: «Esta es la tasa de desempleo más baja desde que comenzó la serie en 2003. La tasa de ocupación fue 43%, 1,1 puntos porcentuales mayor que un año atrás. Este es el mayor incremento interanual desde que comenzó la serie en 2003», insistieron. Pero atención con este dato, ya que, tal como aclaró el propio organismo, no se tomó en cuenta el período entre el primer trimestre de 2007 y el tercero de 2015, durante el cual el Indec estuvo intervenido por Guillermo Moreno y «las series deben ser consideradas con reservas».
El tema del desempleo está lejos igual de dejar de ser un problema en la Argentina: en los 31 aglomerados analizados por el Indec aún hay 2.231.000 desempleados y subocupados (17,4% de la población económicamente activa). Esto, extrapolado a la totalidad del país, arroja la cifra de 3,4 millones con problemas de empleo (1,4 millones de desocupados y el resto, subocupados).
Jorge Colina, economista de Idesa, opinó que otro punto positivo del dato publicado por el Indec es que la cantidad de gente que se incorpora al mercado de trabajo fue mayor al aumento de la población, algo que no se ve hace tiempo. «En efecto, la población urbana de los 31 aglomerados urbanos aumentó en 284.000 personas, mientras que la población económicamente activa (la que trabaja o busca trabajo) aumentó 421.000 y, por último, el empleo aumentó en 433.000 personas (cuarto trimestre de 2017 contra igual período de 2016)», precisó el analista.
Esto, según Colina, evidencia que el mercado laboral se empezó a mover positivamente. En 2018 incluso podría haber otro aumento, porque va a ser el segundo año consecutivo en que la economía va a crecer desde 2011. «Dentro del aumento del empleo, lo que habría que esperar es que se incremente el empleo formal, ya que empezó a operar la reforma fiscal aprobada en diciembre del año pasado», afirmó.
En tanto, Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, se mostró sorprendido por el número de empleo, ya que esperaba uno más bajo. Aun así, hizo una aclaración sobre la tasa de desempleo: hay que recordar que esta cambia mucho de un trimestre a otro (porque siempre el dato del último trimestre suele ser más bajo que el del primer trimestre). «Más allá de todo eso, se ve una interesante recuperación de la tasa de empleo. Y hay que recordar que esto se da con menos crecimiento del empleo público (a tasas del 1,5% anual). Habrá que meterse en los microdatos que publicará el Indec dentro de unos meses para sacar conclusiones más finas», señaló.
Para Eduardo Donza, investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), lo crucial a la hora de desmenuzar el dato del Indec es analizar la calidad del empleo, que aparentemente sigue igual, a juzgar por la tasa de personas que están buscando trabajo aun estando empleadas (14,6% en el último trimestre de 2016 y 14,7% en igual trimestre de 2017) y la de subocupación (10,3% y 10,2%, respectivamente). «El problema que hay en el mercado de trabajo desde 2009 es que está muy precarizado. Hay una conformidad con haber generado trabajo, pero la calidad de ese trabajo sigue siendo muy mala, porque 43% de los trabajadores están en un sector informal de la economía», expresó Donza.
Según Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres y Asociados, otra cuestión a considerar es que el empleo está creciendo más en trabajadores independientes que en asalariados, algo que está más vinculado con el mejor momento de la construcción. «La EPH mide el empleo formal e informal, pero solo en aglomerados urbanos, por eso en esa medición impacta más la construcción. Mientras que el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) es el total del empleo formal en todo el país, por eso ahí el crecimiento es menor, de solo 266.000 puestos. Lo que imagino es que debe haber mucho más incidencia de la construcción en este último dato que publica el Indec», explicó.
En efecto, según analiza Melisa Sala, economista de London Capital Group (LCG), la construcción fue la actividad más generadora de mano de obra, incorporando a 42.600 trabajadores (52% del aumento de empleo privado asalariado). «Con esto logró revertir la caída registrada en 2016. Las actividades empresariales y el comercio fueron los otros dos sectores que sumaron más empleados (entre ambos explican el 25% del aumento). El empleo industrial siguió en baja, con una caída de 17.600 puestos de trabajo en 2017 (-7% interanual), 83.600 desde el pico de 2013», precisó la especialista.
¿Qué cabe esperar para 2018? Según María Laura Calí, directora ejecutiva de SEL Consultores, las expectativas de aumento no crecen y priman las expectativas de mantenimiento de las dotaciones. «En grandes compañías, la expectativa de aumento sube solo un punto, mientras que las de mantenimiento ascienden 8 puntos. Es decir, las expectativas se corren de la disminución al mantenimiento, no al aumento efectivo de las dotaciones. Con todo esto, podemos esperar un 2018 mejor que 2017, pero con dotaciones estables más que crecientes», concluyó la especialista.
Fuente: La Nación, 21/03/18.
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¿Qué herencia dejan los multimillonarios?
marzo 22, 2018
Herederos sin fortuna

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DOUGLAS TOMPKINS
- 200 millones de dólares
- 2 hijas
MILLONES EN DISPUTA
«Hace 35 años que [mis hijas] saben que yo no creo en las herencias. Tener dinero sin esfuerzo no sirve: malogra a los hijos, les anula su capacidad y potencial», sentenció Douglas Tompkins en su última nota con LA NACION, dos años antes de morir de hipotermia en un accidente en kayak en Chile. Se refería a su decisión, en 2012, de no incluir en su testamento a sus dos hijas, Quincey y Summer (fruto de su primer matrimonio, con Susie Russell). Pero Summer no está de acuerdo con la resolución que tomó su padre y a principios de este año comenzó lo que promete ser una dura batalla legal en los tribunales de Chile -donde Tompkins tuvo su último domicilio legal- contra Kristine McDivitt, la segunda mujer de Douglas. Sus objetivos: impugnar el testamento que el millonario redactó en Buenos Aires, ya que no cumpliría con requisitos formales básicos, y, según lo estipula la ley chilena, ser reconocida como heredera forzosa del 25 por ciento de la fortuna de su papá, estimada en 200 millones de dólares.

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MARK ZUCKERBERG
- 7.4 mil millones de dólares
- 2 hijas
CARTA ABIERTA A MAX
El día en que contó que su primera hija, Máxima, había nacido, Mark Zuckerberg (33) hizo otra gran declaración. Fue en una carta abierta que posteó el 1 de diciembre de 2015 en Facebook, en la que anunció que a lo largo de su vida él y su mujer, Priscilla Chan (33), se desprenderán del 99 por ciento de sus acciones de la red social en favor de obras benéficas. Desde ese entonces, Zuckerberg, que también es padre de August, maneja la Chan Zuckerberg Initiative, una sociedad de responsabilidad limitada cuya principal misión es erradicar y controlar todas las enfermedades para el año 2100.

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WARREN BUFFETT
- 8.8 mil millones de dólares
- 3 hijos
EL PIONERO
Creador, junto con Bill Gates, de The Giving Pledge, una campaña para que los más ricos del mundo donen la mayor parte de sus fortunas, Warren Buffet (87) es pionero en esta política. Fue en 1986 cuando el «Oráculo de Omaha» dio su visión en una nota con la revista Fortune. «Mis hijos van a construir su propio lugar en este mundo. Les voy a dejar suficiente plata para que sientan que pueden hacer cualquier cosa, pero no tanto como para que no hagan nada», dijo entonces Buffet, cuya última donación a sus tres hijos [Susan, Howard y Peter] fue en 2012. Les dio 600 millones de dólares en acciones a cada uno para apoyar sus respectivas iniciativas benéficas.

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BILL GATES
- 9.1 mil millones de dólares
- 3 hijos
LA FUNDACIÓN PRIVADA MÁS GRANDE DEL MUNDO
El hombre más rico de Estados Unidos tomó la gran decisión en 2011. Sus tres hijos, Jennifer, Rory y Phoebe, sólo heredarán 10 millones de dólares cada uno. «Necesitan sentir que su propio trabajo tiene sentido. Es importante que sean conscientes de sus propias habilidades», dijo en aquel entonces Bill Gates (62), impulsor, con Warren Buffett, de The Giving Pledge desde 2010. Al mando junto a su mujer de la fundación de caridad privada más grande del mundo, Gates comenzó su camino filantrópico en 1994, cuando, inspirado por Carnegie y Rockefeller, donó parte de sus acciones de Microsoft para crear su primera fundación, que hoy es parte de The Bill and Melinda Gates Foundation.

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ELTON JOHN
- 279 millones de dólares
- 2 hijos
INSPIRADO EN STING
«Es terrible darles a tus hijos una cuchara de plata. Les arruina la vida. Necesitan tener algo de normalidad y respetar el trabajo», fueron las palabras que Sir Elton John (70) eligió, dos años atrás, para explicar por qué les dejará sólo una pequeñísima porción de su fortuna (el Daily Mail la estima en 279 millones de dólares) a Zachary y Elijah, los hijos que tiene con su marido, David Furnish. Inspirado por Sting, que no les dejará ni un centavo a sus herederos, Sir Elton contó, además, que en su casa «los chicos levantan la mesa, ayudan en la cocina y en el jardín y ordenan sus cuartos».

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ASHTON KUTCHER Y MILA KUNIS
- 255 millones de dólares
- 2 hijos
LA IMPORTANCIA DE UN BUEN PLAN DE NEGOCIOS
No voy a crear un fondo para ellos. [Con Mila] decidimos que vamos a donar nuestra plata a instituciones de caridad y otros proyectos», contó Ashton Kutcher (40) en una entrevista reciente. «Nuestros hijos [Wyatt y Dimitri] viven una vida muy privilegiada. No lo saben y nunca lo sabrán», agregó el actor que está casado con Mila Kunis (34), su compañera en la famosa serie That ’70s Show, desde hace tres años. Eso sí, en el futuro, Ashton dijo que está dispuesto a ayudarlos con una condición: «Si quieren empezar un negocio, van a tener que hacer un buen plan de negocios y recién ahí invertiría en ellos».
La economía norteamericana en franco crecimiento
marzo 21, 2018
La economía de EE.UU. crece y no se recalienta
Los empleos en EE.UU. aumentaron 313.000 en febrero, el mayor incremento desde julio de 2016, y superaron en más de 100.000 puestos de trabajo las estimaciones más optimistas del mercado. Esto ocurrió con una tasa de desocupación de 4,1%, la más baja desde la década del 60, salvo el breve interregno 2000/2001 (boom de la burbuja Dot.Com).
El nivel récord de creación de empleo en febrero no modificó la tasa de desocupación porque más de 60% de los nuevos puestos de trabajo fueron ocupados por hombres adultos (25/54 años de edad) ajenos a la fuerza laboral, que resolvieron reintegrarse a ella por la fuerte demanda y los mejores salarios reales.
La participación laboral en EE.UU. entre 2010 y 2017 (62,4% de la población económicamente activa) ha sido la menor de los últimos 20 años, lo que significa que más de 8 millones de adultos en condiciones de trabajar han permanecido voluntariamente ajenos a la fuerza de trabajo en ese periodo.
La tasa de participación laboral aumentó de 62,7% a 63% en febrero de 2018, lo que equivale a afirmar que se incorporaron a la fuerza de trabajo 806.000 operarios. En los últimos 2 meses comenzaron a elevarse los salarios reales estadounidenses (+2,8% anual en enero/ +2,6% en febrero); y todo esto sucede con una tasa de inflación menor que 2% anual, inferior al nivel de referencia establecido por la Reserva Federal para enfrentar el riesgo deflacionario.
Puede concluirse que no hay ningún síntoma de que se haya agotado la capacidad productiva norteamericana, usualmente denominada “sobrecalentamiento”; y esto ha ocurrido cuando ha vuelto a crecer el nivel de productividad de todos los factores (PTF), que ascendió a +1,5% anual en enero, lo que implica que ha quedado definitivamente atrás la etapa abismal en que la PTF fue inferior a 0,5% por año (2010/2016), la más baja de la historia de EE.UU.
El recorte de impuestos de Trump implica una disminución de 14 puntos porcentuales (p.p.) en la tasa marginal de ganancia de las corporaciones estadounidenses. Equivale a una reducción de 8 p.p. en el costo del capital y a una mejora en el retorno empresario de 20%/30%.
También el recorte disminuye 2.75 p.p. el impuesto marginal a los ingresos de los trabajadores estadounidenses, que implica un alza de US$4.000 por año en los salarios efectivos que llevan a sus hogares. El nuevo sistema impositivo ha desatado un auge extraordinario de los incentivos económicos a la inversión y a la fuerza de trabajo.
El resultado ha sido un aumento nítido de la capacidad potencial, que podría alcanzar a 2 o 3 puntos porcentuales del PBI en los próximos 2/3 años. Lo que sucede es un fenómeno por el lado de la oferta, no de la demanda; y por eso aumenta la productividad de todos los factores y se incrementan los salarios reales, sin inflación.
La Reserva Federal de Dallas advierte que el recorte de impuestos aumentará 1,3% el PBI en 2020, y que la mayor parte del alza ocurrirá en 2018. Este recorte impositivo (la tasa de ganancia pasa de 35% a 21%) es el más drástico de la historia norteamericana desde el gobierno de Ronald Reagan, con el agregado de que las mejorías en las ganancias de individuos y corporaciones tienen un carácter permanente, estatutario, de una vez para siempre.
El nuevo sistema tiene un carácter territorial, que sujeta exclusivamente a las empresas norteamericanas a la obligación de tributar en los ingresos que obtengan dentro de sus fronteras. Más del 60% de las compañías estadounidenses son transnacionales, y representan 44% del total de las firmas que integran el sistema integrado transnacional de producción, núcleo estructural del capitalismo del siglo XXI.
Esto significa que ha terminado la doble imposición sobre las empresas norteamericanas en EE.UU. y en el exterior. Esta es la razón fundamental que hace que las firmas estadounidenses tengan afuera más de US$3,4 billones, y de los que este año repatriarían (según la UNCTAD) US$2,4 billones.
La bajísima tasa de inversión en EE.UU. (12,9% del PBI entre 2010 y 2016) era la consecuencia de este fenómeno de la doble imposición y del hecho de imponer a sus empresas el impuesto a las ganancias más elevado del capitalismo avanzado.
Esto sumergió a EE.UU. en un estancamiento depresivo entre 2010 y 2016 (el PBI aumentó 2,1% anual en ese periodo), al tiempo que frenó el pleno despliegue de la nueva revolución industrial a pesar del liderazgo científico y tecnológico de Silicon Valley.
La Reserva Federal de Dallas estima que las firmas norteamericanas disminuirán en 29% el pago de impuestos en los próximos 10 años, y que 7,8% de este recorte tendrá lugar en 2018.
Por eso el recorte de impuestos de Donald Trump tiene una importancia mundial, y modifica, a través del boom de inversiones que recibe EE.UU., la direccionalidad del flujo de capitales a escala global.
Un cambio crucial ha ocurrido en el capitalismo norteamericano.
Fuente: Clarín, 21/03/18.
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Algunas verdades sobre la Ideología de Género
marzo 21, 2018
Sobre la Ideología de Género
Birgit Heike Kelle, periodista y publicista alemana, explica como la ideología de género se ha introducido en la política de estado en Alemania dirigiéndola y manipulándola para conseguir sus própositos y revela los lineamientos de género que está ideología persigue, a los cuales ha títulado como «gagá» (persona que ha perdido sos facultades mentales).
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¿Es Facebook una amenaza?
marzo 21, 2018
Facebook se volvió peligroso para todos, incluso para Zuckerberg
Antes de que estallara el escándalo de Cambridge Analytica, a Mark Zuckerberg lo acusaron de permitir la propagación de noticias falsas, la manipulación de opiniones políticas y la incitación al racismo a través de sus algoritmos. Él reconoció que la red social se le estaba yendo de las manos, pero ¿por qué sigue sin revelar cómo decide qué vemos y qué no en nuestros muros? ¿Qué nos oculta?
Mark Zuckerberg, el quinto hombre más rico del mundo, recordará 2017 como el año en que se volvió adulto. De su espíritu adolescente solo le quedó el uniforme: las remeras grises con las que sale de su «discreta» mansión de US$7 millones en Silicon Valley todas las mañanas. Durante el resto del día, el dueño de la red social y de un patrimonio de más de US$70.000 millones tuvo que aprender a esquivar las balas y a solucionar los problemas de un imperio.
«Facebook tiene mucho trabajo por hacer. Ya sea para proteger a nuestra comunidad del abuso y del odio, defenderla de las interferencias de los Estados y hacer que el tiempo aquí sea bien usado», escribió como mensaje de Año Nuevo 2018 en el muro de la red social que él mismo creó, sin sospechar que tres meses después estallaría el escándalo que hoy lo tiene en los portales, tapas y redes del mundo. El año anterior, su compañía había alcanzado los 2.000 millones de usuarios conectados, es decir, el 30% de las personas del mundo. Pero el hito no lo encontró con espíritu festivo: el Zuck adulto parecía haberse dado cuenta de que manejar una empresa en la que cada persona pasa un promedio de 50 minutos por día era una cosa seria. Tal vez, incluso, se equiparaba a la responsabilidad de un líder mundial.
Tras más de una década sosteniendo que Facebook era una empresa de tecnología que no intervenía en cuestiones políticas o sociales, tuvo que admitir que su influencia superaba la red de conexiones universitarias que había montado en 2004. Admitió entonces que su compañía estaba cometiendo «muchos errores» y dijo que dedicaría su año a «resolver esos problemas juntos». En su lista de propósitos para cumplir, se comprometió a rodearse de más expertos en historia, cívica, filosofía política, medios y temas de gobierno, además de seguir confiando en sus ingenieros y científicos de datos. Y, para sorpresa de todos los que venían alertando del problema de concentrar la tecnología en unas pocas empresas, escribió sobre las críticas a la gran centralización del poder de estas empresas, hoy alejadas del rol idealizado que alguna vez tuvieron como emancipadoras de las sociedades: «Hoy, muchos perdieron la fe en esa promesa», admitió. «Con el crecimiento de un pequeño grupo de grandes compañías tecnológicas -y gobiernos que usan la tecnología para espiar a sus ciudadanos-, mucha gente ahora cree que la tecnología centraliza el poder en vez de descentralizarlo». Por primera vez, el creador de Facebook asumía que escuchaba las críticas a su fenomenal poder.
Guerra en redes
La preocupación de Zuckerberg no era casual. En 2017, mientras él cumplía el recorrido que le había preparado su equipo de prensa por el Estados Unidos profundo en una campaña de marketing para mejorar su imagen, los problemas explotaban. Las batallas habían empezado en 2016, con el «escándalo de las tendencias», que acusaba a su plataforma de manipular los temas de actualidad que los usuarios veían en sus muros. Luego, tras el triunfo de Donald Trump, el «problema de las noticias falsas» señaló a Facebook como uno de los responsables de dañar la democracia, al haber funcionado, entre otras cosas, como el intermediario para difundir campañas de publicidad pagadas por el gobierno ruso contra su país y como medio para difundir noticias falsas que beneficiaban al republicano (aunque en la empresa y en Silicon Valley, en general, la candidata preferida era la demócrata Hillary Clinton). El escándalo preocupó a dueños de medios, ONG y hasta a políticos, que anunciaron proyectos gubernamentales para luchar contra la diseminación de mentiras, con la red social como intermediaria (y beneficiaria del negocio). Durante 2017, también, la gran red social comenzó a enfrentar los resultados de otros hallazgos que desnudaban la poca transparencia de su algoritmo (la fórmula que ordena qué vemos y qué no vemos en nuestros muros) y casos de censura de contenidos reiterados, que pusieron a los abogados de la compañía a enfrentar los primeros juicios de este tipo.
En términos económicos, Facebook y Zuckerberg seguían ganando. El 2017 terminaría con ingresos de casi US$13.000 millones, es decir, un 48% más que el año anterior. Sin embargo, su hechizo había comenzado a romperse para la sociedad.
Las redes sociales, que alguna vez se nos habían presentado como un espacio de diálogo para conocer más opiniones y mejorar el mundo -la famosa idea de la «democratización» acompañó a la red en sus inicios-, empezaron a verse como otro espacio de enfrentamiento. «La guerra se hace viral: Las redes sociales están siendo usadas como armas a lo largo del mundo», alertaba ya en 2016 una tapa de la revista The Atlantic. Ese año, tras el ascenso de Trump, el mundo anglosajón se sumergió en un pánico moral y se preguntó si la mezcla de la tecnología con la política no sería un trago letal para la democracia.

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Facebook reconoció que su crecimiento había tenido efectos políticos «no previstos». Hizo algunos cambios en la plataforma para denunciar informaciones falsas y comenzó a contratar a editores humanos para ubicar las metas sociales de la información por delante de los comerciales. A fines de 2017, Mark Zuckerberg anunció que contrataría entre 10 y 20.000 personas en el mundo para moderar en forma detallada cada contenido problemático reportado por la comunidad. En octubre de ese año, en Essen, una zona industrial de Alemania, se inauguró una oficina con 500 empleados que cobran entre ?10 y ?15 la hora por revisar cada posteo, foto y video de la red social. Junto a otro espacio en el este de Berlín, el lugar es gestionado por la compañía Competence Call Center (CCC), a quien Facebook, PayPal e eBay, entre otras empresas tecnológicas, contratan para lidiar con la información que aportan cada día los usuarios a las plataformas. Con escritorios transparentes, sillas negras y monitores Dell, los trabajadores realizan un trabajo repetitivo muy similar al de quienes revisan imágenes de cámaras de seguridad en los centros de monitoreo. Según sus responsables, el trabajo de moderadores de contenidos de las grandes plataformas crecerá en su demanda en los próximos años, tal como alguna vez se multiplicaron los call centers.
Pasados los primeros síntomas («oh, en las redes son todas mentiras»), la preocupación dio paso a nuevas preguntas: ¿Cómo cambiaron las redes sociales la manera en que nos informamos? ¿Dónde encontrar la verdad, si también en ellas hay mentiras? ¿Será que nos hicimos adictos a las redes y tenemos que encontrar un nuevo equilibrio para vivir mejor? Junto con esas preguntas, algunos comenzamos a cuestionar otro aspecto, quizás el más peligroso de Facebook: la poca transparencia con la que maneja su enorme poder.
Problema viejo, monopolio nuevo
En nuestra época, la del imperialismo tecnológico, unos pocos monopolios concentran el poder: Microsoft, Google, Facebook, Uber. Los dueños de internet son plataformas y están reemplazando a los poderosos y millonarios de otras generaciones.
También la información y las noticias están concentradas. Facebook y Google son los nuevos guardianes o «gatekeepers» de las noticias y se llevan el 85% de los ingresos por publicidad digital del mundo. Ese poder de regular lo que vemos o no como noticias es una de las razones por las que Mark Zuckerberg es uno de los hombres más influyentes del mundo y su marca, Facebook, se volvió más valiosa que otras antes icónicas, como General Electric, Marlboro o Coca-Cola.
Facebook es el tercer sitio y la primera red social más visitada del planeta. En Argentina, es el sitio número uno en visitas, algo que se repite en casi toda América Latina, Europa y Asia. Si le sumamos sus otras propiedades, WhatsApp (1.300 millones de usuarios) e Instagram (700 millones), sus interacciones se acumulan en 4.000 millones de personas y sus ganancias se incrementan. Sus usuarios pasan cada vez más tiempo en esas plataformas, por lo tanto, ven más avisos publicitarios, que equivalen al 63% de los ingresos de la compañía. Los usuarios se sienten tan cómodos dentro de la plataforma que la interacción aumenta cuantas más personas se unen a ella, al contrario de lo que les sucede a otras compañías con sus productos, en los que el interés decae luego de la novedad inicial. En 2012, cuando Facebook llegó a 1.000 millones de usuarios, el 55% de ellos lo utilizaba todos los días. En 2017, con 2.000 millones, el uso diario trepó al 66%. Y su número de consumidores sigue creciendo un 18% al año.
En los últimos años, Facebook se convirtió en la principal fuente de noticias del mundo. El muro de nuestra red social es el lugar en donde leemos -clasificadas según la fórmula de la empresa- las novedades. Según estudios de Ogilvy Media y Pew Research Center, aunque no dejemos de utilizar los medios como la televisión, los diarios o la radio, el 40% y el 60% de las personas del mundo nos informamos por medio de las redes sociales. En Argentina, después de la televisión, el 60% de los jóvenes elige las redes para informarse.
Luego del triunfo de Trump en las elecciones de 2016 en Estados Unidos, Facebook recibió la acusación más grave, antesala del escándalo actual. La red social fue señalada por haber aumentado la polarización de una sociedad ya dividida, especialmente por conflictos raciales. Su diseño algorítmico nos hacía convivir con otros en burbujas cerradas y, desde allí, lanzar catapultas llenas de odio a los que no pensaran como nosotros. También, se la señaló como la culpable de expandir la epidemia de noticias falsas, una acusación que fue la excusa preferida de políticos y dueños de medios periodísticos para reclamar a la red social por su poder inusitado.

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Facebook fue señalado como el responsable de llevarnos a una sociedad cada vez más dividida. En 2011, en su libro El filtro burbuja, el activista y escritor norteamericano Eli Pariser comenzó a advertir sobre las consecuencias de informarnos a través de medios sociales. Pariser sostiene que las redes nos imponen burbujas de filtros donde las decisiones ya no solo las toman personas, sino también algoritmos programados para mostrarnos lo que más nos gusta para que pasemos una gran cantidad de tiempo en ellas. Vivimos en mundos cómodos, donde leemos cosas que nos gustan y nos interesan, pero no necesariamente donde nos enteramos de cosas distintas o importantes. «La pantalla de tu computadora es cada vez más una especie de espejo unidireccional que refleja tus propios intereses, mientras los analistas de los algoritmos observan todo lo que cliqueás», dice Pariser.
La lógica que promueve las burbujas en las redes es a la vez tecnológica y económica y responde a una palabra clave: personalización. Los dos objetivos de Facebook son crecer y monetizar, es decir, obtener dinero a partir de la publicidad que recauda cada vez que alguien hace clic en sus anuncios. Para esto, tiene que hacer que pasemos la mayor cantidad de tiempo posible en su plataforma, lo que se logra haciéndonos sentir cómodos. Para eso, Facebook aplica un algoritmo llamado Edge Rank que hace que cada muro (o News Feed) sea personalizado, distinto para cada persona según sus gustos. Cada acción que realizamos se estudia al detalle para ofrecernos exactamente lo que nos gusta, tal como hacen en los restaurantes de tres estrellas Michelin, donde en la información de cada cliente se especifica con cuánta sal prefiere la ensalada y a qué punto degusta mejor la carne. En la cuenta final de Facebook, lo que importa es la permanencia dentro de su ecosistema. Si eso implica estar expuestos a contenidos verdaderos, falsos, de procedencia cierta o dudosa, no incumbe a su diseño. O sí, pero se pasaba por alto en favor del éxito comercial. O así fue hasta 2016, cuando las quejas y las preguntas sobre la responsabilidad de la red social en la difusión de noticias falsas comenzaron a acumularse. Y entonces, además del dinero, empezó a importarle la verdad.
Con noticias verdaderas o falsas, la empresa de Mark Zuckerberg todavía no explica cómo funciona su algoritmo, es decir, el mecanismo con el que decide qué vemos y qué no. Tampoco por qué, con una frecuencia cada vez mayor, algunos contenidos desaparecen de los muros de sus usuarios sin infringir las normas (por ejemplo, sin publicar imágenes de violencia), dando sospecha a acciones de censura por motivos políticos o ideológicos.
Mejor no hablar del algoritmo
«La primera regla del Club de la Pelea es: Nadie habla sobre el Club de la Pelea«, decía Brad Pitt antes de empezar la lucha en la película de David Fincher basada en el libro de Chuck Palahniuk. Con más énfasis, por si a alguien no le había quedado claro, repetía: «La segunda regla del Club de la Pelea es: Ningún miembro habla sobre el Club de la Pelea». La lógica de Facebook con su algoritmo funciona igual. Dentro de la empresa y fuera de ella nadie habla del algoritmo. Es más, gran parte de la lógica de la compañía responde a no revelar la fórmula, y una parte de su presupuesto se destina a financiar equipos de relaciones públicas para que realicen todo tipo de maniobras disuasorias para ocultar la receta. Sin embargo, mientras sostienen ese modelo opaco para afuera, las reglas de Facebook se aplican a todos los usuarios de Facebook que den «Aceptar» en sus términos y condiciones.
Pedirle a Facebook información sobre su algoritmo es una carrera imposible. Mientras escribía esta nota y mi próximo libro, hice varios pedidos para que la empresa, a través de su departamento de prensa, su agencia de comunicación externa y su encargada de asuntos públicos para América Latina me concediera una entrevista, o al menos una charla para explicarme -como periodista especializada en el tema- ese asunto. Con una amabilidad absoluta (llegué a creer que con las encargadas de prensa habíamos sido amigas en el pasado y yo no lo recordaba), las representantes de la empresa primero me pidieron «un poco más de información sobre el foco de la nota», tras lo que alegaron repetidas dificultades para «coordinar la entrevista por un tema de agenda». Al responderles que podía esperar a que la persona en cuestión despejara sus compromisos, me escribieron con un «te quería dejar al tanto de que no tengo una previsión de tiempos» y me ofrecieron conversar con otra persona de la empresa. Respondí que sí, con gusto. Pero luego transcurrieron seis mails durante tres semanas en los que, por una razón u otra, el encuentro no podía concretarse. También pedí que me compartieran un material que ilustrara cómo funcionaba el algoritmo. Facebook me respondió que «no contaba con ese material». Pero mientras tanto, a través de las redes sociales, la misma empresa ofrecía esa información de manera privada a periodistas (profesionales o aficionados), influencers de redes sociales y personalidades del mundo del espectáculo. La compañía compartía esa información con ellos, por una razón económica: les interesaba que entendieran la lógica para generar contenidos patrocinados con publicidad. «Están en su derecho», me dijo alguna vez un amigo periodista sobre el doble estándar de la empresa. En cierto punto, como empresa, lo están, acepté yo. Pero también, dada su influencia en los asuntos públicos, Facebook debería rendir cuentas sobre cómo maneja la información.

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Durante 2016 y 2017, la periodista y activista Julia Angwin, junto con un equipo de investigación del sitio Pro Publica, dio a conocer una serie de artículos que desnudaron la falta de transparencia del algoritmo de Facebook y el doble estándar de la empresa. Su trabajo también fue esencial para desenmascarar sus mecanismos corporativos.
Angwin reveló que la plataforma publicitaria de Facebook permitía segmentar anuncios de venta y alquiler de casas solamente a blancos, excluyendo a personas de piel negra de las ofertas, asumiendo que son compradores menos atractivos. También a madres con niños en edad escolar, personas en sillas de ruedas, inmigrantes argentinos e hispanoparlantes. A todos ellos se los podía, explícitamente, eliminar de los destinatarios inmobiliarios de las plataformas, lo cual violaba la Ley de Acceso Justo a la Vivienda de Estados Unidos, que prohíbe publicar avisos que indiquen «cualquier preferencia, limitación o discriminación basada en la raza, el color, la religión, el sexo, el estatus familiar o el país de origen» de las personas interesadas. Sin embargo, en Facebook esto no solo se podía hacer, sino que los anuncios eran aprobados por la plataforma, luego de revisarlos, en unos pocos minutos. Bajo sus propias normas, la red social podría haber rechazado estos anuncios. Sin embargo, su política prefería no perder los ingresos de esas publicidades a cambio de violar una ley.
Pro Publica también descubrió que la red social permitía publicar avisos segmentados a la categoría «odiadores de judíos». Anteriormente, la compañía ya había recibido quejas y había quitado de su lista de publicidad a la categoría «supremacistas blancos», luego de la oleada de ataques contra comunidades negras en todo Estados Unidos. Con el descubrimiento de Angwin, la empresa debió eliminar también las categorías antisemitas y prometió monitorear mejor los avisos publicados para que el mecanismo de inteligencia artificial no creara sesgos de odio. Sin embargo, en otro de sus trabajos, el equipo encontró que el algoritmo protegía a los hombres blancos de contenidos de odio, pero no generaba los mismos mecanismos de defensa para evitar que los vieran los niños negros. Al escándalo se sumó la confirmación de que, durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, Facebook había permitido la creación de avisos ocultos desde 470 cuentas rusas contra Hillary Clinton. La compañía, que había intentado desestimar esta información durante un año, finalmente tuvo que aceptarla.
Estas historias demuestran que, por el momento, Facebook toma acciones para revertir sus errores solamente después de que se descubre una nueva manipulación o censura en su plataforma. Y que lo hace cuando estos hechos salen a la luz a través de investigaciones o denuncias externas. Entre tanto, la empresa sigue ganando millones a través de los anuncios; sus equipos de relaciones con la comunidad cubren estos problemas con filantropía, y sus departamentos de prensa organizan eventos publicitarios para periodistas amigos, mientras niegan información a los periodistas que les hacen preguntas concretas sobre el funcionamiento de su plataforma. Si Facebook dice estar comprometido en la lucha contra la publicación de noticias falsas, ¿no debería promover la transparencia de la información empezando por su propia empresa?
Lo que está en juego no es la información verdadera de ayer o de hoy, sino que, si continuamos en este camino de oscuridad, no podremos diferenciar nada de lo que se publique en el futuro. A Facebook, por ahora, no le interesa hablar del algoritmo. Pero si a nosotros nos interesan las conversaciones públicas, tenemos que hacer visible eso que las empresas quieren esconder.

Facebook es como la dopamina
Además de Computación, Mark Zuckerberg estudió Psicología. La clave de la adicción que ejerce Facebook sobre nuestra atención está en el corazón de su interfaz y su código. «Está diseñado para explotar las vulnerabilidades de la psicología humana», dijo Sean Parker, el primer presidente de la empresa. «Las redes sociales se diseñan pensando cómo consumir la mayor cantidad de tiempo y atención posible de los usuarios. Eso se hace dándote un poquito de dopamina cada tanto, cuando alguien pone me gusta o comenta una foto o un posteo. Eso te lleva a querer sumar a vos tu propio contenido, para conseguir un feedback de validación social», explicó Parker. Desde esos inicios hasta hoy, ese poder se amplificó tanto que se habla de las redes sociales como de una nueva epidemia de tabaquismo, que por ahora avanza sin gran preocupación, pero que quizá en un futuro sea un problema de salud pública.
Los efectos negativos en nuestra salud mental y física ya están comprobados en estudios científicos a gran escala de universidades de todo el mundo, y también por el propio departamento de Ciencia de Datos de Facebook en sus experimentos de manipulación de nuestras emociones. Justin Rosenstein, el creador del botón «Me gusta» de la red social, admitió que su invento está teniendo efectos negativos. «Es muy común que los humanos desarrollen cosas con las mejores intenciones y que tengan consecuencias involuntarias negativas», dijo, haciendo un mea culpa. Además de hacer que «todos estén distraídos todo el tiempo», reconoció que el uso político de la plataforma, si no se controla, podría dañar seriamente la democracia. Como primera medida, Rosenstein, que también trabajó en Google, ya se borró de la red social. Con él, otros periodistas prestigiosos, como Farhad Manjoo del New York Times, están quitando las aplicaciones de sus teléfonos e iniciando un movimiento para dejar de usar las redes sociales como principal fuente de información.
*Natalia Zuazo es autora de Guerras de internet (Debate). Próximamente se publicará su segundo libro, Los dueños de internet.
Fuente: La Nación, 20/03/18.
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Posgrado en Inteligencia, Crimen Organizado y Terrorismo
marzo 20, 2018
Inteligencia, Crimen Organizado y Terrorismo
Inteligencia, Crimen Organizado y Terrorismo
Los contenidos, duración y exigencias para aprobar este curso de posgrado se corresponden con los del primer módulo de la Especialización en Inteligencia Estratégica y Crimen Organizado.
La ausencia de carreras de grado en inteligencia estratégica y las limitadas opciones en los campos de seguridad y defensa, plantean la necesidad de un proceso de capacitación destinado a crear y consolidar habilidades en profesionales y funcionarios, con destino a su empleo en la actividad pública o privada. El planeamiento estratégico en la conducción política del Estado, exige conocimientos diversos sobre planeamiento, toma de decisiones, seguridad interior, inteligencia estratégica, inteligencia de negocios, inteligencia criminal y demás niveles que la integran. Sugiere la oportunidad de dar inicio al curso, articulado por la Universidad de Buenos Aires con la colaboración de la Escuela Nacional de Inteligencia. Los contenidos académicos, además de su uso en la gestión estatal y privada, contribuyen a la comprensión del rol que cumple la inteligencia en la anticipación de riesgos ciudadanos, ante el avance del crimen organizado, sin pausa y sin fronteras.
El curso de posgrado en Inteligencia Estratégica y Crimen Organizado transmite aptitudes para el análisis, comprensión, asesoramiento y difusión especializada de la información, transformada en inteligencia. Integra estudios de los sistemas Institucionales y políticos del Estado, de la seguridad y defensa de la Nación.
Duración:
80 hs.
martes y jueves
de 17 a 21 hs.
Inicio
martes 3 de abril
Lugar
Libertad 1235
Escuela Nacional de Inteligencia
CALENDARIO ACADÉMICO 2018
OBJETIVOS
- Transmitir conocimientos, técnicas, procedimientos y aptitudes profesionales para dirigir e integrar equipos técnicos de investigación en ámbitos de la inteligencia aplicada, defensa nacional, seguridad interior y escenarios de toma de resoluciones, en los ámbitos estatales y privados.
- Introducir al conocimiento del crimen organizado trasnacional.
- Introducir a la identificación de técnicas y procedimientos de análisis criminal.
DESTINATARIOS
Profesionales y funcionarios de áreas de seguridad, defensa e inteligencia.
PLAN DE ESTUDIOS
MÓDULO 1
- Inteligencia I (40 hs.)















