¿Son los impuestos un robo?

agosto 5, 2020

“Los impuestos son un robo” es un eslogan popular entre los libertarios. Captura el sentimiento de que debemos mantener al Estado con los mismos estándares morales que los actores no estatales.

Por Michael Huemer.

Imagine que he fundado una organización de caridad que ayuda a los pobres. 1 Pero no hay suficientes personas que contribuyan voluntariamente a mi caridad, por lo que muchos de los pobres siguen hambrientos. Decido resolver el problema acercándome a la gente acomodada en la calle, apuntándoles con un arma y exigiéndoles su dinero. Canalizo el dinero en mi caridad, y los pobres son alimentados y vestidos por fin.

POR QUÉ LOS IMPUESTOS PUEDEN SER UNA FORMA DE ROBO

En este escenario, me llamarían ladrón. ¿Por qué? La respuesta parece ser: porque me estoy apropiando de la propiedad de otras personas sin su consentimiento . La frase en cursiva parece ser lo que significa » robo «. “Tomar sin consentimiento” incluye tomar mediante una amenaza de fuerza emitida contra otras personas, como en este ejemplo. Este hecho no se ve alterado por lo que hago con el dinero después de tomarlo. No dirías: «Oh, ¿diste el dinero a los pobres? En ese caso, tomar la propiedad de las personas sin consentimiento no fue un robo después de todo «. No; Se podría afirmar que fue un robo socialmente beneficioso, pero aún así fue un robo.

Ahora compare el caso de los impuestos. Cuando el gobierno «grava» a los ciudadanos, lo que esto significa es que el gobierno exige dinero a cada ciudadano, bajo una amenaza de fuerza: si no paga, los agentes armados contratados por el gobierno lo llevarán lejos y lo encerrarán en una jaula. Esto parece un caso tan claro como cualquiera de tomar la propiedad de las personas sin su consentimiento. Entonces el gobierno es un ladrón. Esta conclusión no cambia por el hecho de que el gobierno utiliza el dinero para una buena causa (si lo hace). Eso podría hacer que los impuestos sean un tipo de robo socialmente beneficioso, pero sigue siendo un robo.

muerte e impuestos

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TRES CONTRAARGUMENTOS

La mayoría de las personas son reacias a llamar al robo de impuestos. ¿Cómo podría uno evitar decir esto? A continuación se presentan tres argumentos que uno podría probar, junto con las respuestas más obvias.

PRIMER ARGUMENTO

Los impuestos no son robos, porque los ciudadanos han acordado pagar impuestos. Esto es parte del “contrato social”, que es una especie de acuerdo entre los ciudadanos y el gobierno, mediante el cual los ciudadanos se comprometen a pagar impuestos y obedecer las leyes, a cambio de la protección del gobierno. Al utilizar los servicios gubernamentales (como carreteras, escuelas y policía), y permanecer presente en el territorio del gobierno, usted indica que acepta el contrato social. 2

RESPONDER AL PRIMER ARGUMENTO

Cuando el gobierno exige que le paguemos dinero o que desocupemos nuestra propia tierra, el gobierno actúa como un ladrón.

Simplemente no existe tal contrato. 3 El gobierno nunca ha redactado y ofrecido tal contrato, ni nadie lo ha firmado.

Aún así, el uso de los servicios del gobierno podría implicar un acuerdo para pagar por esos servicios, si las personas que no los usaron no estaban obligados a pagar. Pero, de hecho, el gobierno obliga a los ciudadanos a pagar impuestos independientemente de si utilizan los servicios del gobierno o no. Por lo tanto, el hecho de que use servicios gubernamentales no indica nada acerca de si acepta pagar impuestos.

Permanecer presente en «el territorio del gobierno» tampoco indica acuerdo con el supuesto contrato social. Esto se debe a que el gobierno de hecho no posee toda la tierra que reclama como «su territorio»; esta tierra es, más bien, principalmente propiedad de particulares. Si soy dueño de una tierra que otras personas están usando, puedo exigirle que me pague dinero o desocupe mi tierra. Pero si veo a algunas personas en su tierra, no puedo exigir que me paguen dinero o que desalojen su propia tierra. Si hago eso, soy un ladrón.

SEGUNDO ARGUMENTO

El gobierno no puede ser un ladrón, porque es el gobierno quien define los derechos de propiedad a través de sus leyes. El gobierno simplemente puede hacer leyes que digan que el dinero que se supone que debe pagar en impuestos no es realmente suyo en primer lugar; Es el dinero del gobierno. 4 4

RESPONDER AL SEGUNDO ARGUMENTO

El segundo argumento gira en torno a las afirmaciones (i) de que no existen derechos de propiedad independientes de las leyes gubernamentales, y (ii) que el gobierno puede crear derechos de propiedad simplemente declarando que algo pertenece a alguien. No hay una razón obvia para creer (i) o (ii), y ambas afirmaciones son contraintuitivas.

Imagina que viajas a una región remota fuera de la jurisdicción de cualquier gobierno, donde te encuentras con un ermitaño viviendo de la tierra. El ermitaño caza con una lanza de su propia creación, que le parece interesante. Usted decide (sin el consentimiento del ermitaño) llevar la lanza con usted cuando se vaya. Parecería correcto decir que «robaste» la lanza. Esto muestra la inverosimilitud de (i).

Luego, imagina que eres un esclavo en el sur americano del siglo XIX. Supongamos que decide escapar de su maestro sin el consentimiento de su maestro. Si (ii) es cierto, estaría violando los derechos de su amo al robarse . Tenga en cuenta que no estaría simplemente violando un  derecho legal ; si (ii) es cierto, el gobierno crea derechos y obligaciones morales a través de sus leyes, por lo que estaría violando los derechos morales de su amo . Esto muestra la inverosimilitud de (ii).

TERCER ARGUMENTO

Los impuestos son solo el precio que cobra el gobierno por proporcionar la ley y el orden. Sin impuestos, el gobierno colapsaría, luego todo el orden social se derrumbaría y no tendrías dinero en absoluto. Los impuestos no son como el robo porque los ladrones no brindan servicios valiosos, y mucho menos servicios que le permiten ganar el dinero del que están tomando una porción. 5 5

RESPUESTA AL TERCER ARGUMENTO

Imagina que te sostengo a punta de pistola y te quito $ 20. También dejo uno de mis libros a cambio. Cuando me veas más tarde sin mi arma, me llamas ladrón y reclamas tu dinero. “Oh, no”, digo, “no soy un ladrón, porque te di algo valioso a cambio. Es cierto que nunca solicitó el libro, pero es un buen libro, que vale mucho más de $ 20 «.

Esta respuesta de mi parte sería confusa. No importa que te haya dado un bien a cambio, y no importa si el libro realmente vale más de $ 20. Lo que importa es que tomé tu dinero sin tu consentimiento.

Tampoco importa si se beneficia mucho del libro. Supongamos que (incapaz de convencerme de que lo retire) terminas leyendo mi libro, que resulta contener consejos tan útiles que terminas mucho mejor (incluso económicamente ) que antes de que yo llegara. Nada de esto cambia el hecho de que soy un ladrón. El orden temporal tampoco importa: si primero le doy el libro no solicitado, luego espero a que se beneficie económicamente de él, y luego le quite por la fuerza parte del dinero que ganó, seguiré siendo un ladrón.

La lección: tomar la propiedad de las personas sin su consentimiento es un robo, incluso si también los beneficia, e incluso si los ayudó a obtener esa misma propiedad.

ENTONCES, ¿QUÉ PASA SI LOS IMPUESTOS SON ROBOS?

Si los impuestos son robos, ¿se deduce que debemos abolir todos los impuestos? No necesariamente. Algunos robos pueden estar justificados. Si tiene que robar una barra de pan para sobrevivir, entonces está justificado hacerlo. Del mismo modo, el gobierno podría estar justificado en impuestos, si esto es necesario para evitar algún resultado terrible, como una ruptura del orden social.

¿Por qué, entonces, importa si los impuestos son robos? Porque aunque el robo puede estar justificado, generalmente no está justificado. Está mal robar sin tener una muy buena razón. Lo que cuenta como razones suficientemente buenas está más allá del alcance de este breve artículo. Pero como ejemplo, no está justificado robar dinero, por ejemplo, para que pueda comprar una bonita pintura para su pared. Del mismo modo, si los impuestos son robos, entonces probablemente sería un error gravar a las personas, por ejemplo, para pagar un museo de arte.

En otras palabras, la tesis de “los impuestos son robos” tiene el efecto de elevar los estándares para el uso justificado de los impuestos. Cuando el gobierno planea gastar dinero en algo (apoyo para las artes, un programa espacial, un programa nacional de jubilación, etc.), uno debería preguntarse: ¿estaría permitido robar a las personas para ejecutar este tipo de programa? De lo contrario, no está permitido cobrar impuestos a las personas para ejecutar el programa, ya que los impuestos son un robo.

  1. Este ejemplo es de Michael Huemer, El problema de la autoridad política (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2013), 3–4, 154. 
  2. Ver John Locke, Segundo Tratado de Gobierno , ed. CB Macpherson (Indianápolis, Indiana: Hackett, 1980; publicado originalmente en 1690), esp. secciones 120-1. 
  3. Los problemas con la teoría del contrato social se explican en detalle en Huemer, El problema de la autoridad política , cap. 2. 
  4. Ver Liam Murphy y Thomas Nagel, The Myth of Ownership: Taxes and Justice (Oxford: Oxford University Press, 2002), p. 58. 
  5. Ver Murphy y Nagel, op. cit. , págs. 32-3; Stephen Holmes y Cass Sunstein, El costo de los derechos: por qué la libertad depende de los impuestos (Nueva York: WW Norton, 1999), cap. 3. Para una respuesta más elaborada, ver Michael Huemer, «¿Es la redistribución de la riqueza una violación de los derechos?» en The Routledge Handbook of Libertarianism , ed. Jason Brennan, David Schmidtz y Bas van der Vossen (Routledge, de próxima publicación). 

–Michael Huemer es profesor de filosofía en la Universidad de Colorado, Boulder. Escribe sobre el escepticismo filosófico, el problema de la inducción, el intuicionismo ético, el libre albedrío y la ética deontológica, y ha impartido cursos de ética, filosofía social, lógica, epistemología, filosofía de la ciencia y metafísica.

Fuente: libertarianism.org

Más información:

Los Impuestos son un Robo

El pretexto de la Conciencia Tributaria

los impuestos empobrecen

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El engaño de la Curva de Laffer

febrero 1, 2020

Sobre la curva de Laffer

Untitled

Por José Hernández Cabrera. Instituto Juan de Mariana

En septiembre de 1974, Arthur Laffer cenaba en Washington con Dick Cheney, Donald Rumsfeld y el periodista Jude Wanniski. El joven economista de la Escuela de Chicago trataba de convencer a ambos políticos de algo insólito: era posible incrementar la recaudación fiscal bajando los impuestos. Para ayudarse en la explicación, Laffer dibujó en una servilleta una curva en forma de campana que representaba la relación entre el tipo impositivo (abscisa) y la recaudación (ordenada). Supuestamente, existía un tipo óptimo (t*) que maximizaba el ingreso (Tmax); por encima o por debajo del primero, se reducía el segundo. Los republicanos dieron por válida esta teoría y, 6 años más tarde, cuando Reagan llegó a la presidencia de EE. UU., la puso en práctica. Según el propio Laffer: «La rebaja de impuestos fue un éxito rotundo. El crecimiento se disparó, la inflación se moderó, el comercio con el resto del mundo fue a más…» (Sánchez, 2019). Recientemente, el presidente Trump ha condecorado a Laffer, de 79 años, con la Medalla Presidencial de la Libertad.

Tras este preámbulo, diremos que la curva de Laffer es analíticamente cierta, es una verdad a priori. El mérito de Laffer fue dar una apariencia «científica» a lo que Mises (2011: 874) ya había afirmado en 1940: «Cualquier impuesto concreto -de igual manera que todo el sistema fiscal de un país- se autodestruye en cuanto rebasa ciertos límites». La curva es apodíctica en sus extremos: si el tipo es 0%, la recaudación es cero; y si el tipo fuera 100%, la producción desaparecería y con ella la recaudación. Necesariamente, también debe existir una rama ascendente, un punto de inflexión y una rama descendente. Lo que no sabemos es qué ocurre «dentro» de la curva, es decir, no sabemos su forma. A medida que nos alejamos de sus extremos hacia el centro, aumenta la incertidumbre sobre si estamos a la izquierda o a la derecha del escurridizo máximo, al que sólo es posible aproximarse mediante tanteo (Mises, 2011: 872). El asunto se complica aún más si desagregamos el análisis. Hay una curva de Laffer para cada tipo de impuesto y para cada individuo, sin contar que las condiciones sociológicas varían de un país a otro: productividad, eficacia del sistema de compulsión fiscal, resistencia social a la confiscación, etc.

Desde su aparición, en el restaurante del Hotel Washington, la curva de Laffer ha sido fuente de controversia. Socialistas, keynesianos y otros adoradores del gasto público han dicho de ella que era «la mentira más grande jamás escrita en una servilleta». Supuestamente, la curva de Laffer era falsa y sólo servía a los intereses de los más ricos, deseosos de reducir la progresividad del impuesto.[1] Por su parte, liberales y conservadores la han utilizado como argumento para reducir la enorme carga fiscal que soportan las clases altas y medias. Hoy, por paradójico que parezca, pretendemos criticar esta última apelación por considerarla ineficaz y, sobre todo, contraria a los principios que sostienen una sociedad libre.

En primer lugar, la curva de Laffer es un instrumento estatista al servicio de la mayor confiscación en cifras absolutas. El que pide una bajada de impuestos apelando a la curva de Laffer le dice al político: «La avaricia rompe el saco. Baje usted los impuestos y recaudará más»; el político, por su parte, podría espetar: «Usted se equivoca, todavía es posible exprimir un poco más al contribuyente, especialmente a los más ricos». Y como la forma de la curva y su mítico punto álgido son incognoscibles, sendos argumentos pueden ser empleados ad libitum tanto por partidarios como por detractores. La curva de Laffer, por tanto, puede ser utilizada instrumentalmente para conseguir una cosa y su contraria, según quien la «dibuje». Por otro lado, quienes justifican la máxima confiscación siempre desean perfeccionar el sistema de compulsión para que todos «pasen por caja». Con frecuencia se olvidan de que evasión y elusión son formas en que el mercado reacciona ante la violencia fiscal (valga la redundancia).

Es justo aquí reconocer que la teoría de Laffer produjo, en los años 80, un cambio en las políticas fiscales a raíz de los éxitos económicos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Pero el recurso a Laffer para bajar impuestos tiene hoy escaso predicamento y los políticos prefieren, en general, dar otra vuelta de tuerca al garrote fiscal. Y, cuando hay bajadas de impuestos, estas son de menor cuantía que las subidas, hecho que Roberts Higgs (1987) acuñó efecto ratchet o «trinquete». Cuando hay una crisis el gobierno aprovecha para subir «temporalmente» el tipo impositivo y cuando cesa lo baja, pero sin recuperar el nivel de partida. A largo plazo, la confiscación siempre va en aumento. Por ejemplo, tras la crisis de 2008, el IGIC (IVA) en Canarias fue subido del 5% al 7%; en 2019, se bajó al 6,5% y el reciente gobierno socialista-comunista desea recuperar ese medio puntito para dedicarlo, como siempre, a más gasto «social».

En segundo lugar, si el objetivo liberal es bajar impuestos, existen otras estrategias menos ambiguas; por ejemplo, limitar constitucionalmente los tipos impositivos, tal y como sucede en Suiza, donde los topes fiscales son: 11,5% IRPF; 9,8% sociedades y 0,825 por mil del capital.[2] En cambio, en España la Constitución certifica que un sistema tributario «en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio»,[3] pero si no se precisa el significado de «confiscatorio», el gobierno podrá abusar fiscalmente sin límites. Por otro lado, al tratar de optimizar el ingreso fiscal, se olvida que a la eficiencia también se llega actuando por el lado del gasto.

En tercer lugar, los intereses de quienes dirigen el Estado pudieran ser distintos de lo que presuponemos. Un gobernante desea obtener la máxima confiscación, pero solo como objetivo intermedio; su finalidad última es el aumento y la retención del poder.

Mises (2011: 873) advirtió el poder destructivo del impuesto y su empleo como medio para aumentar el poder: «Se puede desarticular y destrozar la economía de mercado utilizando el poder impositivo y son numerosos los gobernantes y los partidos políticos deseosos de alcanzar semejante objetivo por esta vía». Es decir, se puede hacer daño a sabiendas y reducir la recaudación si con ello se obtiene una utilidad mayor. Por ejemplo, en Venezuela, el socialista Chávez destruyó moral y económicamente su país como medio para perpetuarse en el poder. Pero hay más ejemplos: las leyes de salario mínimo aumentan el paro y el gasto social a la vez que reducen el ingreso fiscal, pero se utilizan porque dan votos. Para el político, en general, y para el sátrapa, en particular, la curva de Laffer es un mero pasatiempo de los economistas.

Lo último y más importante, el recurso lafferiano para pagar menos impuestos es un error ético porque acepta tácitamente que el gobierno persiga un nivel confiscatorio máximo, lo que supone la rendición del individuo al Estado. Es como si un esclavo le dijera a su amo: «Si me castigas más de la cuenta vas a salir perdiendo». En el peor caso (rama ascendente), el gobierno sube impuestos y recauda más; en el mejor caso (rama descendente), el gobierno reduce impuestos y también recauda más. El resultado es que el Estado siempre aumenta su poder: «Un gobierno es tan fuerte como lo son sus ingresos» (Chodorov, 2002: vii). Reclamar una menor tributación no debe hacerse porque sea, simultáneamente, útil al individuo y útil al Estado (segundo caso). Cuando se trata de defender la libertad y la propiedad privada debemos evitar atajos, confusiones y trampas argumentales al servicio del Leviatán. En definitiva, la defensa liberal de la reducción de impuestos debe abandonar la utilitarista curva de Laffer y abrazar un nítido principio filosófico: un ser humano es un fin en sí mismo y no un esclavo fiscal.

Bibliografía

Chodorov, F. (2002). «The Income Tax: Root of all Evil». [Online edition]. Ludwig von Mises Institute.

Constitución suiza de 1999.

Constitución española de 1978.

Higgs, R. (1987). Crisis and Leviathan. Independent Institute.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Sánchez, D. (2019). https://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis

[1] Con Reagan, el tipo marginal del tramo superior del IRPF pasó de 70% a 28%.

[2] Constitución suiza de 1999, art. 128. Topes a nivel Confederación.

[3] Constitución española de 1978, art. 31.1.

Fuente: independent.typepad.com

Curva de Laffer de las comparativas entre índices de relación de recaudación fiscal y tipos impositivos de varios países. Fuente: Estadísticas de ingresos fiscales estatales de la OCDE, Kevin Hassett. American Enterprise Institute.


Laffer, el peor amigo del liberal

Por Santiago Calvo. Instituto Juan De Mariana 

Seguramente muchos de nosotros hemos debatido con algún “enemigo” de la libertad a cerca de la cantidad de impuestos que pagamos y es probable que los argumentos esgrimidos por nuestros “rivales” hayan acabado en los típicos “y si se bajan los impuestos, ¿quién haría los hospitales o los colegios?”; reducciones a lo absurdo de la que se sirve la retórica populista para desarmar a los adversarios para los cuales sale a su auxilio Laffer, “si bajas impuestos la actividad económica se acelera y eso ayuda a generar más ingresos fiscales que antes”.

Eso es básicamente lo que escribió en una servilleta Arthur Laffer, a saber, existen al menos dos tipos impositivos de un tributo capaces de lograr la misma recaudación, de tal forma que la estructura de los ingresos por dicho impuesto forman una parábola en la que en el punto más alto se encuentra el tipo óptimo que maximiza el montante de dinero que obtiene la Administración. El periodista Jude Wanniski años más tarde formalizaría dicha idea en un artículo un poco más amplio que la propia servilleta empleada por Laffer.

El problema es que en ocasiones se ha usado la curva de Laffer de manera alegre por muchos liberales para defender las bajadas de impuestos, de tal modo que ello causaría incrementos recaudatorios. En efecto, es común que las bajadas de impuestos y los aumentos de los ingresos públicos vayan ligadas en el tiempo, sin embargo, correlación no es lo mismo que causalidad, esto es, pueden existir muchas otras variables que ayuden a explicar el por qué de los incrementos de la recaudación, como por ejemplo, el efecto del ciclo sobre el tamaño de las bases imponibles; es más, la propia política fiscal de rebaja de impuestos puede tener efectos negativos sobre la recaudación y que al mismo tiempo otras variables intervengan en el sentido contrario ayudando a sostener o incrementar los ingresos del Estado. Es decir, para medir en qué parte de la curva de Laffer nos encontramos (en la izquierda, bajadas de impuestos causan una menor recaudación; en la derecha subidas de impuestos causan una menor recaudación), es necesario aislar bien las variables.

Un último apunte, el objetivo perseguido para un liberal con las bajadas de impuestos no debiera ser una mayor recaudación, esto es, un mayor poder estatal; al final, si se recurre a la curva de Laffer uno está entrando en el juego de los estatistas y, por lo tanto, cediendo en el debate del fondo ideológico y ético, y ya se sabe aquella frase que solía emplear Mises, “no cedas ante el mal, sino combátelo con mayor audacia”.

Madrid, no es Laffer todo lo que reluce

La Comunidad de Madrid es el ejemplo típico empleado por los liberales en España para defender que unos impuestos bajos pueden tener efectos positivos sobre la recaudación. Por ejemplo, Madrid se sitúa como la región que aplica una menor tributación en todos los tramos del IRPF, aplica una bonificación del 100% en el Impuesto que grava el Patrimonio, o en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones se sitúa entre las Comunidades Autónomas que menor presión fiscal ejercen sobre los contribuyentes (ver aquí para un resumen de la imposición por Comunidades Autónomas). Al mismo tiempo que aplica unos impuestos tan bajos, la delegación de Madrid recaudó aproximadamente el 48% del total de los tributos ingresados por la Agencia Tributaria en el último ejercicio con datos disponibles (2016); en cuanto a los impuestos autonómicos, Madrid recauda casi tanto como Cataluña a pesar de tener un millón menos de habitantes, al mismo tiempo que su balanza fiscal con el resto del Estado presenta el saldo per cápita más deficitario (3.000 euros en 2014), muy por encima de lo que le correspondería dada su renta per cápita, por ejemplo, el País Vasco, con niveles de PIB per cápita similares presenta un superávit de 1.547 euros por habitante, debido a su aportación a la caja común (en 2015, aportó al Fondo de Garantía un 25% de su capacidad tributaria).

En efecto, tanto la estructura fiscal como el nivel impositivo aplicado afectan en gran medida al nivel de desarrollo económico y, por lo tanto, acaban afectando al tamaño de las bases imponibles. En el largo plazo, por ejemplo, impuestos que gravan a la propiedad o a las ventas tienen efectos negativos sobre el crecimiento de la renta en el largo plazo (Ojede y Yamarik, 2012) en Estados Unidos, conclusiones similares son obtenidas por Stoilova (2017) para la Unión Europea y en algunos países de Latino América, como México, Argentina y Chile la imposición sobre las empresas y sobre el consumo afectan de manera negativa al crecimiento (Canavire-Bacarreza, Martínez-Vázquez, Vulovic; 2013). Las bajadas de impuestos permiten una mejor asignación de los recursos, por eso, reducir la imposición sobre el capital en Francia se traduciría en mayores niveles de riqueza (Castelletti, Clerc, Lemoine; 2018).

El propio Ángel de la Fuente, director de Fedea, sostiene que una de las razones del éxito económico de Madrid es la facilidad para hacer negocios en la región, incluyendo la política fiscal. En un reciente estudio de Agrawal y Foremny (2018) los autores han calculado el impacto en la recaudación de una bajada de un punto porcentual en el tipo impositivo aplicado a las rentas superiores a 90.000 euros en la Comunidad Madrid y debido los efectos de, por un lado, un mayor número de ciudadanos logran mayores rentas debido al efecto de la bajada de impuestos (mayor oferta de trabajo, por ejemplo); y, por otro lado, al efecto de la movilidad de la población que decide cambiar su residencia desde otra región a la Comunidad de Madrid; los resultados muestran un incremento de la recaudación en unos 17 millones de euros, esto es, un 0,2% del total de lo recaudado por IRPF en la región madrileña.

Sin embargo, existen más razones para explicar el buen hacer de Madrid, por ejemplo, los efectos aglomeración. Los spillovers o efectos derrame positivos son aquellos que se producen cuando debido a una concentración de población o una cooperación entre empresas o Gobiernos, los beneficios generados por uno de los agentes económicos produce resultados positivos en el resto de participantes de la economía, debido a que se genera un gran volumen de conocimientos, tecnologías, economías de escala y competencia en el espacio (Hochman, 2010), que permiten reducir los costes de provisión de bienes y servicios, generando importantes fuerzas de atracción que ayudan a explicar la formación de aglomeraciones en torno a centros de producción.

Por ejemplo, en la propia Comunidad de Madrid se observan diferencias en la dinámica del mercado laboral según nos situemos en el centro o en la periferia, siendo en las conglomeraciones donde nos podemos encontrar mejores niveles de ocupación y actividad, conjuntamente con menores tasas de paro (Iglesias, Llorente y Dueñas; 2010); por otro lado, los trabajadores cualificados se concentran en las grandes urbanizaciones como Madrid, País Vasco o Cataluña (ver aquí). Es más, si observamos la aportación que hacen las regiones que contienen a la capital en los países de la Unión Europea, Madrid queda mal parada (ver aquí), puesto que su aportación es del 19% del PIB, frente al 23,4% de Londres, el 30,5% de París o 31,2% de la media de la UE; asimismo, las diferencias de renta per cápita entre la Comunidad de Madrid y la media del país (36%) se encuentran entre las más bajas de Europa, siendo del 47,5% en la UE, del 74,5% en Reino Unido, o del 68% en Francia; tan solo Alemania presenta una diferencia negativa, debido a su elevada descentralización (-4%).

Además, en el mismo trabajo de Agrawal y Foremny (2018) citado con anterioridad se calcula que el efecto neto de la bajada de un punto porcentual en el tramo del IRPF que grava a las rentas superiores a 90.000 euros es negativo, a pesar de la influencia positiva sobre la recaudación que ejercen tanto la movilidad como el cambio en la respuesta de los ingresos gravables. Esto se debe al simple efecto mecánico de que los contribuyentes que están siendo gravados por el tipo que se reduce pagarán, como consecuencia, una menor cantidad de impuestos, aproximadamente unos 61 millones de euros, por lo que al final la recaudación descendería en 44 millones de euros, esto es, la curva de Laffer se sitúa a la izquierda.

Las últimas bajadas de impuestos no se “pagaron solas”

Es sabido por todos que desde el año 2010 en España, de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, hubo un giro en la política fiscal con tal de reducir el déficit público. En el mismo año 2010 y a pesar de que las bases imponibles se redujeron en un 1,2%, la recaudación aumentó en un 10,8%, situación que se volvió a repetir en los siguientes ejercicios hasta 2013; ¿cómo pudo ser que aumentase la recaudación y al mismo tiempo las bases imponibles fuesen menores? Pues porque nos encontramos en el lado izquierdo de la Curva de Laffer, esto es, se subieron impuestos y, con ello, aumentó la recaudación. Las reformas fiscales introducidas entre 2010 y 2013 se tradujeron en una recaudación adicional de 37.000 millones de euros, según la Agencia Tributaria.

A partir del año 2014, en cambio, las bases imponibles comenzaron a crecer gracias a la recuperación que vivimos desde ese mismo año, lo que aprovechó el Gobierno para introducir tímidas rebajas fiscales con un claro interés electoral, lo que se tradujo en una reducción de unos 10.000 millones de euros entre 2015 y 2016 de la recaudación tributaria del Estado, compensada por el ciclo, puesto que la recaudación aumentó en un 4 y un 2,3% respectivamente. Es decir, las bajadas de impuestos no se pagaron solas, simplemente la actividad económica creció más que la caída de la recaudación, de hecho, si observamos el déficit estructural, este ha pasado del 2,3% de 2014 al 3% de 2017, según la Comisión Europea.

Según un trabajo de José Boscá, Rafael Doménech y Javier Ferri, la curva de Laffer de los impuestos sobre el consumo, trabajo y el capital en España se encuentran en la parte izquierda, es decir, reducir los tipos impositivos conllevaría una menor recaudación, que es exactamente lo que sucedió en 2015 y 2016 y, por el contrario, aumentar los tipos impositivos elevaría los ingresos tributarios, tal y como aconteció entre 2010 y 2013. Eso sí, subir los impuestos viene parejo con unos elevados costes en forma de menores niveles de PIB y empleo.

En definitiva, la curva de Laffer es un concepto muy básico para el cual es fácil verse tentado para defender las bajadas de impuestos, más lejos de la realidad, esta no siempre funciona, puesto que nos podemos encontrar en la parte izquierda de la curva y los aumentos de la recaudación pueden explicarse por otras variables que, si se quiere hacer un análisis riguroso, precisan de ser aisladas para evaluar los efectos de bajar los impuestos que, para un liberal, poco debiera importar si vienen acompañadas de una menor recaudación, a saber, el objetivo es reducir a la mínima expresión el Estado para tener más y no menos libertad.

Fuente: independent.typepad.com


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Agobio impositivo en la Argentina

enero 17, 2020

Maraña tributaria: la lista completa de los 166 impuestos que se pagan en la Argentina

La lista incluye tributos nacionales, provinciales y municipales17 de enero de 2020

(iStock)

La cuenta es contundente: 42 impuestos nacionales, 41 impuestos provinciales, 83 “tasas” municipales. Total: 166 tributos que pesan sobre cualquier posesión o actividad en la Argentina.

La cuenta la hizo la Fundación Libertad y Progreso en base a datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), que fundó el economista Nadin Argañaraz, y lista desde los impuestos más conocidos y fiscalmente rendidores para la AFIP, como el impuesto a las Ganancias, el IVA, el impuesto a los Bienes Personales, los “Derechos de Exportación” (más conocidos como “retenciones”) y el impuesto al cheque.

Una categoría aparte, siempre entre los tributos “nacionales” son los “impuestos internos”, de los que muy pocos se salvan: tabaco, bebidas alcohólicas, cervezas, bebidas analcohólicas, jarabes, extractos y concentrados, champañas, objetos suntuarios, vehículos automóviles y motores, embarcaciones y aeronaves de recreo o deportes, productos electrónicos, seguros y telefonía satelital.

La creatividad tributaria no se agota allí: también están los impuestos sobre los combustibles líquidos y al dióxico de carbono, a la energía eléctrica, el impuesto “de emergencia” a los gigarrillos, a los espectáculos cinematográficos, aquel que se destina al “Fondo Especial del Tabaco”, el recargo al Gas Natural, el impuesto al juego, y también, por supuesto, los Derechos de Importación, la tasa de estadística y el impuesto a la renta financiera.

“Argentina es un infierno tributario, es uno de los países con mayor presión fiscal del mundo”, le aseguró hoy a Infobae Martín Litwak, CEO de Untitled, una boutique de servicios legales especializados en planificación patrimonial internacional, y autor de “Cómo protegen sus activos los más ricos y por qué deberíamos imitarlos”, libro que presentó en Punta el Este. “Los paraísos fiscales existen gracias a los infiernos tributarios”, agrego el abogado argentino.

La cantidad de tributos no es proporcional a su eficacia recaudatoria. Aproximadamente el 80% de la recaudación fiscal del país es de origen nacional, las provincias aportan cerca de 16 % del total y los municipios explican el restante 4%. En cuanto al gasto, provincias y municipios se llevan el 40%; la diferencia se cubre con muy variados métodos de transferencia de fondos, desde la Coparticipación Federal hasta Adelantos del Tesoro, amén de una miríada de fondos y leyes especiales.

Nación, provincias, municipios

Si se quiere escapar no ya del impuesto, sino al menos de la territorialidad tributaria, el contribuyente argentino será alcanzado por el impuesto a los pasajes al exterior, al que ahora se vino a agregar el tributo número 42 de la lista de cargos “nacionales”, el impuesto PAIS, del 30% para quien quiera acceder a divisas extranjeras, sea con fines de turismo, ahorro o cualquier otro destino.

Las provincias suman a esa panoplia el impuesto inmobiliario y el impuesto a los Ingresos Brutos, que las agencias recaudadoras provinciales cobran sobre todas y cada una de las etapas del proceso productivo, haciendo que su impacto final sobre los precios, por “efecto cascada”, sea mucho mayor que las alícuotas de un dígito del tributo, que cada tanto retocan gobernadores y legislaturas.

Además, las provincias gravan el juego (loterías, rifas, concursos, tómbolas y otros juegos de azar), y también cobran impuesto a los automotores y a “la transmisión gratuita de bienes”. Tampoco se les olvida gravar la “generación de residuos sólidos urbanos», sean éstos “húmedos” o ”áridos”, amén de hacerlo con el uso de superficie, espacio aéreo a subsuelo de la “vía pública”, que será pública pero no gratuita.

Mercedes Marcó del Ponto, directora de la AFIP
Mercedes Marcó del Ponto, directora de la AFIP

También hay tasas o «derechos” como los que gravan el ejercicio de “profesionales liberales”, derechos de cementerio, de timbres, o penalizaciones como las tasas de depósito por mercadería en infracción.

A nivel municipal, la enumeración es un homenaje a la inventiva de ediles y jefes comunales. En principio, las “tasas” municipales deben ser la contrapartida de servicios específicos, cuestión ardua de comprobar. Las tasas más conocidas, según la localidad que se trate son “Seguridad e Higiene”, “Comercio e Industria”, “Limpieza e Higiene”, a menudo complementadas por lo que se debe oblar por las consabidas “habilitaciones”.

Derecho de patentes, derecho de oficina, derecho a los espectáculos públicos, tasa por inspección de pesas y medidas, tasa por “control de marcas y señales”, por “plusvalía urbanística”, por servicio de inspección veterinaria, por venta ambulante, registro de conductos, por uso de la Terminal de Ómnibus, por control de animales en la vía pública, tasa de deportes, tasa de salud. Y así hasta llegar a 166.

Fuente: infobae, 17/01/20.


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¿Fue un error adherir al Blanqueo de 2017?

septiembre 22, 2019

Maldito blanqueo: ¿se viene un super impuesto al patrimonio en 2020?

El candidato de Frente Todos ya se mostró a favor de «gravar severamente a los poderosos». Alerta entre los miles que sinceraron su patrimonio hace dos años

Por Pablo Wende.

Evo Morales y Alberto Fernández, detrás el intendente Juan Zabaleta
Evo Morales y Alberto Fernández, detrás el intendente Juan Zabaleta

Alberto Fernández realizó una breve visita a Bolivia sobre el cierre de la semana. En una entrevista exclusiva con Infobae el viernes, al ser consultado sobre el «modelo» implementado por Evo Morales, decidió destacar el aspecto tributario: «Con un régimen impositivo que grava más severamente a los más poderosos, Bolivia logró equilibrar las cuentas públicas y también consiguió mayor equidad en la distribución del ingreso».

El candidato presidencial de Frente de Todos metió de esta forma en la discusión sobre lo que se viene después de diciembre un posible cambio en el sistema tributario argentino. Y todo parece apuntar a un esquema en el que el peso recaiga de manera más contundente sobre aquellos que tienen mayor capacidad a la hora de pagar impuestos.

Una columna publicada por Marcelo Zlotogwiazda también en Infobae este viernes, apunta en esa dirección. Con el título «Juntando plata para Alberto Fernández», el periodista y economista considera que una de las soluciones para el déficit fiscal argentino sería «cobrarle un impuesto al patrimonio de los millonarios, que acabe con el hazmerreír del actual impuesto a los Bienes Personales, que recauda montos obscenamente bajos».

La amenaza latente de un aumento de la carga fiscal sobre el patrimonio puso en alerta especialmente a quienes entraron en el blanqueo que culminó en abril de 2017. En aquella ocasión, se «sinceraron» nada menos que 116.000 millones de dólares, una cifra récord. De ese total, un 77% fueron cuentas e inversiones. Uno de los secretos fue la posibilidad de mantener el patrimonio declarado en el exterior, es decir no hacia falta repatriar los capitales.

 Quienes ingresaron al sinceramiento fiscal, que llegó a los U$S 116.000 millones en 2017, procuraban dos objetivos: no quedar sujeto a las investigaciones internacionales por mover dinero en negro y apostar a realizar nuevas inversiones en la Argentina.

Para hacer más atractivo el sinceramiento, el Gobierno bajó la alícuota de Bienes Personales al 0,25% anual. Pero menos de un año después, la reforma tributaria impulsada por Nicolás Dujovne volvió a subirla al 0,75%, su nivel actual.

Nicolas Dujovne, ex ministro de Hacienda (Bloomberg)
Nicolas Dujovne, ex ministro de Hacienda (Bloomberg)

El riesgo concreto es que ahora se venga un nuevo cambio de las reglas de juego y ese 0,75% anual sufra otro nuevo y sustancial incremento. Bienes Personales llegó a tener un nivel máximo de 1,25%, pero sobre un patrimonio superior a los 100.000 dólares. Ahora, con apenas 1,2 millones de pesos ya se estaría dentro de la base imponible. Es decir que el impuesto lo pagan quienes poseen bienes por más de 20.000 dólares.

Alberto Fernández empezó a introducir en la agenda la posibilidad de «gravar a los poderosos», con dos fines: achicar el déficit fiscal pero también mejorar la distribución del ingreso. Se trata no sólo de conseguir nuevas fuentes de financiamiento para el gasto público, sino también dar una señal a su base electoral. El mensaje que hay detrás de esta iniciativa sería algo así: estamos en crisis y los «ricos» deben hacer el esfuerzo para ayudar a los pobres.

 El discurso de los principales referentes de Frente de Todos es contundente: en la crisis son los sectores más “poderosos” los que deben poner el hombro. Cristina, luego Sergio Massa y ahora Alberto Fernández se manifestaron a favor de un gravamen que aumente la presión sobre “los que más tienen”

El propio Sergio Massa había señalado en abril cuando todavía era precandidato a presidente por su partido que «no hay que tener miedo de cobrarles más impuestos a los que tienen plata afuera«. En aquel momento se le dio poca relevancia a sus palabras porque medía muy poco en las encuestas. Hoy es un engranaje relevante dentro del armado político que Cristina Kirchner diseñó para el Frente de Todos.

Advertidos por este impredecible cambio en las reglas de juego, son muchísimos los que ahora se arrepienten de haber ingresado en el sinceramiento fiscal. Los estudios de contadores y asesores tributarios que ayudaron en el proceso de blanqueo, ahora reciben decenas de consultas a diario para ir en sentido contrario, es decir dar marcha atrás y quedar menos expuesto a una excesiva presión tributaria sobre los activos declarados.

Sergio Massa (Franco Fafasuli)
Sergio Massa, el impulsor del impuesto a la renta financiera

Massa, hoy pieza clave en frente de todos, ya había propuesta como diputado del Frente Renovador la posibilidad de aplicarle un impuesto diferencial a las cuentas en el exterior. Sin embargo, aquella propuesta fue desechada porque se la consideró que el impuesto debía aplicarse en forma equitativa, no importa si los bienes se mantienen dentro o fuera de la Argentina. Pero nada impide que ahora se avance en una idea similar.

Son numerosos además los argentinos que en las últimas semanas decidieron viajar a Uruguay para abrir cuentas no declaradas en ese país, cuando la mayoría se había cerrado en 2017.

Sin embargo, el proceso de revertir bienes sincerados resulta muy complejo o requiere de decisiones extremas: algunos argentinos optan por volverse residentes en otros países para dejar de tributar en el país (Uruguay, Paraguay y Estados Unidos son los destinos favoritos). Pero eso requiere demostrar que efectivamente se está viviendo allí por lo menos seis meses por año. Existen otros mecanismos más sofisticados y legales, pero sólo al alcance de las grandes fortunas.

Mauricio Macri (Gustavo Gavotti)
Mauricio Macri

 Muchos estudios contables y asesores tributarios que asesoraron a sus clientes para ingresar en el sinceramiento fiscal ahora reciben consultas de esos mismos clientes, pero interesados en recorrer el camino inverso

Claro que una medida de estas características tendrían un condimento mucho más político que económico. ¿Realmente se puede cerrar la brecha fiscal duplicando o triplicando Bienes Personales? En realidad es realmente poco lo que se podría conseguir en términos de recaudación. Pero sí resulta muy efectivo para satisfacer a la base de electores que apoya a Alberto Fernández, apuntando su enojo sobre quienes apoyaron abiertamente la gestión de Mauricio Macri, por ejemplo entrando masivamente en el blanqueo de capitales.

En realidad, el principal instrumento que tiene a mano el próximo gobierno para que no se dispare el déficit es reestructurar la deuda, estirando los  vencimientos de capital para después del 2025 pero además reduciendo sustancialmente la carga de intereses de los próximos años. El ahorro estaría en niveles cercanos a los USD 20.000 millones anuales, lo que le permitiría al nuevo gobierno no depender del financiamiento de los mercados. Claro que todo a costa de un canje de deuda con quita.

Además de renegociar la deuda, hay otras dos medidas que prepara Alberto Fernández en caso de que gane las elecciones del 27 de octubre: restringir todavía más el control de cambios para «cuidar las reservas» y convocar a un pacto social con la CGT y los empresarios para evitar una espiralización de la inflación y salir muy gradualmente del congelamiento de tarifas y alimentos esenciales.

Si gana, Alberto Fernández no tendrá una «luna de miel» con los mercados pero sí el poder suficiente como para tomar decisiones fuertes en las primeras semanas de su mandato. Pero tendrá esa bala de plata para tratar evitar un colapso de la economía y un desborde de los precios que dejarían a la Argentina al borde de un fantasma que acecha después de muchos años: la hiperinflación.

Fuente: infobae, 22/09/19.

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Argentina: El gravoso impuesto a los Bienes Personales

agosto 8, 2019

Renace el impuesto a Bienes Personales

Para los propietarios que adquieran inmuebles a partir de la potenciación del dólar cercano a $40 desde septiembre 2018, este impuesto se verá incrementado sensiblemente.

Por Santiago Sáenz Valiente.

El insólito impuesto sobre los Bienes Personales- que ha sido merecidamente excluido para los contribuyentes cumplidores por el periodo 2016, 2017 y 2018-, renace de las cenizas como el ave fénix para 2019 para todas las personas que excedan su mínimo fijado de $2.000.000.

Para los propietarios que adquieran inmuebles a partir de la potenciación del dólar cercano a $40 desde septiembre 2018, este impuesto se verá incrementado sensiblemente. Un departamento de 3 ambientes, 60m2 en zona Palermo o equivalente supera los u$s150.000 por $ 40 = $6.000.000. Restando el límite, su porcentual abonar sobre $4.000.000 será del 0,50%= impuesto de $20.000 sin contar el efecto de los bienes del hogar.

Tremendamente dispar es la situación de quien hubiera incorporado los inmuebles a su patrimonio en periodos anteriores y en especial entre 1992 y 2015 pues su valor gravado terminará siendo su valuación fiscal, sumamente alejado del mercado. Se dan situaciones donde varios departamentos acumulados no llegan al nombrado mínimo y ese contribuyente no tributa.

Lógico sería fijar para todos los casos el mismo parámetro de valuación.

Una medida racional, fue para 2019 disponer la exención de la casa habitación, siempre que no supere los $18.000.000. Sin embargo, siempre los montos tajantes no ayudan a la equidad.

Para 2019 nacerán también nuevamente las obligaciones de pago sobre adelantos por anticipos a cuenta del impuesto final, debiéndose contemplar las situaciones comentadas.

Merecida critica viene recibiendo el principal impuesto aplicado por las provincias que implica hasta un 70% de sus ingresos fiscales propios, siendo por ello su resistida reducción o eliminación en las distintas jurisdicciones.

Nos referimos al inconfundible impuesto sobre los ingresos brutos sucesor del impuesto a las actividades lucrativas, el cual se aplica con prescindencia de rentabilidad o su ausencia en las operaciones.

El porcentual en CABA se ha visto reducido al 1,5% sobre los ingresos.

El Régimen Simplificado es un régimen del Impuesto sobre los Ingresos Brutos para los pequeños contribuyentes, rige desde Enero de 2005. Para registrarse debe analizarse la categoría los metros cuadros totales, a superficie afectada: el espacio físico total, medido en metros cuadrados alquilados y los ingresos de los últimos 12 meses anteriores al semestre terminado.

Si la propiedad alquilada es para vivienda queda exento, pero exclusivamente si su monto mensual es inferior a $5.000. Con destino comercial o turístico siempre están gravados.

La tasa promedio es del 3% de las distintas provincias.

Sin embargo, en provincia de Buenos Aires el porcentual gravado es el del 6% lo cual gravita sensiblemente en la renta final.

El complejo régimen de Convenio Multilateral, se aplica cuando los bienes raíces del contribuyente están radicados en diferentes jurisdicciones.

El Impuesto al Valor Agregado, suele no ser neutro en la cuestión de los alquileres.

Si el destino es vivienda, cualquiera sea el monto mensual fijado se halla exento de IVA. Medida de estricta razonabilidad para no potenciar los costos de mantener un hogar.

En los casos de alquileres de locales u oficinas, los efectos pueden ser muy dispares. Quedan alcanzados por el IVA siempre que el monto mensual supere los $1.500, valor ridículo congelado que distorsiona su eventual razonabilidad.

Cuando el emisor de la factura sea un Monotributista, no está permitido detallar IVA alguno. Su efecto estaría en la cuota ingresada mensualmente siendo aparentemente neutro para el inquilino.

En cambio, un propietario Inscripto el IVA deberá siempre agregar el 21% e ingresarlo al fisco. El inquilino computará su crédito fiscal, siempre que su condición sea idéntica y la actividad desarrollada esté alcanzada por el gravamen. Siendo su actividad exenta o estando categorizado como Monotributista, el IVA será un costo adicional.

Asimismo una demora en el cobro del alquiler impactará en las finanzas del propietario, pues deberá ingresar igualmente su obligación fiscal. Nótese que a este contribuyente, si estos fueran sus únicos ingresos, no se le permite el IVA diferido (PYMES).

El costo fiscal en comparación con la rentabilidad obtenible sobre su inversión, resulta excesivamente elevado.

A ello se añade la renta cesante en épocas que los bienes raíces quedan sin ocupantes.

Fuente: ambito.com, 08/08/19.

Los impuestos son un robo

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El absurdo impuesto a la Renta Financiera

enero 3, 2019

Renta financiera: otro mal impuesto

Editorial de La Nación, 3/1/19

Por un prurito ideológico y una escuálida recaudación, se ha afectado la seguridad jurídica en una cuestión esencial para salir de la crisis económica.

Un año después de sancionada la ley de reforma tributaria N° 27.430, que incluyó la creación de un impuesto a la renta financiera, el Gobierno emitió el decreto que reglamenta su aplicación en el caso de las personas físicas. Este impuesto aplicado a extranjeros ya había entrado en vigencia el 25 de abril de 2018. En esa fecha afectó principalmente a tenedores de Lebac y fue el detonante de una importante venta del título y de la corrida sobre las reservas del Banco Central (BCRA).

La propuesta y presión para gravar la renta financiera se originó en el llamado peronismo federal y encontró rápido apoyo en el kirchnerismo y la izquierda. El oficialismo no tuvo la decisión ni la capacidad política para hacer ver que este impuesto sería perjudicial para la generación de ahorros y para la ampliación del mercado de capitales, cuestiones esenciales para impulsar la inversión. El planteo ideológico apoyado en la antigua rémora de la marcha peronista “combatiendo el capital”, se satisfizo gravando su renta sin evaluar las consecuencias negativas sobre la creación de empleo y el mejoramiento de la productividad y los salarios. Dentro de la coalición Cambiemos también hubo segmentos afines a ese concepto, aduciendo el principio de equidad y un propósito redistributivo, sin profundizar en sus consecuencias. Finalmente, el gobierno de Macri lo hizo suyo, incluyéndolo en la ley elevada al Congreso y sancionada con amplia mayoría en ambas cámaras, el 29 de diciembre de 2017.

La alícuota establecida es del 5% para las rentas en pesos y del 15% cuando lo sean en dólares. La diferencia se debe a la más alta nominalidad de los retornos en las colocaciones en pesos, pero no se tiene en cuenta que en gran parte compensan la inflación. Más aún, actualmente y con mucha frecuencia los intereses de plazos fijos o de bonos en pesos son inferiores a la inflación. De esa manera el 5% resulta en una exacción del capital. Si se quisiera desalentar el ahorro en moneda local, no se hubiera podido encontrar un mejor método. Como mínimo debería modificarse la reglamentación, permitiendo deducir de los intereses nominales la inflación ocurrida, y aplicar el 15% sobre el remanente real, si lo hubiera. Además de esta circunstancia, los inversores en títulos argentinos suman el desaliento de la caída de su cotización, que seguramente no se disipará por la inclusión en el decreto de una compensación solo para 2018.

El decreto reglamentario es detallado y meticuloso, en consonancia con las muy diversas excepciones y tratamientos especiales. El impuesto recae en las rentas de los bonos emitidos por el Estado en cualquiera de sus niveles, nacional, provincial y municipal. También sobre bonos soberanos de otros países, aunque no está claro aún si estarían exentos los de Brasil y Bolivia, países con los que hay tratados de doble imposición. Están alcanzados los fondos comunes de inversión y los fideicomisos financieros con oferta pública, los que deberán actuar como agentes de retención. Las acciones locales que cotizan en bolsa quedan exentas, tanto del pago de dividendos como de las ganancias de capital. No están exentas las que se adquieran en mercados del exterior. Están también alcanzadas las Obligaciones Negociables emitidas por empresas argentinas, tanto en el mercado local como en el internacional. Los dividendos y ganancias de capital de acciones extranjeras están alcanzados y tributan el 15%. Insólitamente el impuesto alcanza a las diferencias en moneda local por la compra y venta de divisas. Aparte de estar tributando injustamente sobre la desvalorización del peso, los ahorristas serán impulsados hacia la informalidad.

Puede observarse que el juego de exenciones y alícuotas es tan diverso que obligará a quienes necesiten financiarse o a quienes quieran colocar sus ahorros, a evaluar alternativas complejas. Esto dificultará y probablemente desaliente tanto a ahorristas como a potenciales inversores en actividades productivas. Además debe objetarse que este impuesto a la renta financiera sorprenda a quienes habían tomado decisiones con reglas que luego han sido modificadas. Por un prurito ideológico y una escuálida recaudación, se ha afectado la seguridad jurídica en una cuestión que es esencial para salir de la crisis económica y de la pobreza.

Fuente: La Nación, 03/01/19.

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Novedades sobre Paraísos Fiscales

septiembre 13, 2018

Novedades en el Mundo de los Refugios Fiscales

Hay una justificación moral para los Paraísos Fiscales: Protegen a las personas sujetas a persecuciones religiosas, étnicas, sexuales políticas o raciales.

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Los paraísos fiscales son una bendición

Los Paraísos fiscales, últimos refugios de libertad

Los Paraísos fiscales del Caribe

Secreto bancario y Paraísos fiscales

Evasión fiscal, elusión fiscal y ahorro fiscal

Elusión y evasión impositiva: ¿son sinónimos?

Novedades sobre Paraísos Fiscales

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Como eluden impuestos las firmas de Private Equity

agosto 28, 2018

Fuente: The Wall Street Journal, 07/08/16.

private equity

El capital inversión, en idioma inglés Private equity, es un tipo de actividad financiera que consiste en la adquisición, por parte de una entidad especializada en capital inversión (private equity), del paquete mayoritario de acciones de una sociedad. La entidad de capital inversión se convierte de esta manera en el propietario mayoritario de la sociedad, normalmente de forma temporal, ya que transcurrido un tiempo se suele realizar la venta de las acciones compradas. El plazo de mantenimiento de la inversión es variable, normalmente en función del éxito de la actividad desarrollada, ya que el objeto de la inversión no es la tenencia en sí de las acciones sino la obtención de una rentabilidad en la operación. Esta actuación no tiene por qué suponer la captación de nuevos fondos para la sociedad transmitida.

Las operaciones de capital inversión suelen estar dirigidas a empresas maduras con flujos de caja estabilizados, en las que los anteriores propietarios desean vender su participación bien sea por desavenencia entre los antiguos accionistas, problemas en la sucesión de empresas familiares o desinversión de filiales no consideradas estratégicas en grupos industriales. En algunos casos la operación conlleva la salida del mercado de valores de la empresa transmitida

El capital inversión tiene unas nociones ligeramente distintas al anterior concepto. Sirve para denominar la adquisición por parte del inversor del capital riesgo de las acciones de los actuales accionistas. Esta vez no se da una entrada de dinero vía ampliación de capital, sino que el capital riesgo se convierte en el propietario mayoritario, siendo los casos más habituales problemas sucesorios en empresas familiares o desinversión de divisiones que dejan de ser prioritarias en el caso de grandes conglomerados de empresas. Además, dentro de este grupo se encuentran las operaciones conocidas como adquisición por la dirección (MBO), donde los gestores, con la ayuda del capital riesgo, compran la empresa a sus actuales propietarios, pasando a ser ellos mismos, junto al fondo de capital riesgo, los nuevos dueños de la empresa.

Principales formas de actuación

  • Capital riesgo: se invierte en un negocio nuevo o se expande uno de tamaño pequeño;
  • Buy-out: se adquiere una empresa o al menos una parte significativa de la misma de un tamaño importante;
  • Situaciones extraordinarias: se invierte en empresas que pasan por dificultades financieras o cambios importantes, tales como cambios regulatorios o en la tendencia del mercado.

Ranking

A continuación se detallan las 10 empresas de capital inversión más grandes del mundo según una clasificación de 2014 creada por la revista de la industria Private Equity International:

  1. The Carlyle Group
  2. Kohlberg Kravis Roberts
  3. The Blackstone Group
  4. Apollo Global Management
  5. TPG Capital
  6. CVC Capital Partners
  7. General Atlantic
  8. Ares Management
  9. Clayton Dubilier & Rice
  10. Advent International

Fuente: Wikipedia.

private equity

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¿Es malo el dinero en efectivo?

agosto 27, 2018

El lado siniestro del efectivo

Los billetes de alta denominación alimentan la corrupción y la delincuencia.

 Por Kenneth Rogoff.

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Comentario de EconomiaPersonal.com.ar:
Es un enorme peligro eliminar el dinero en efectivo, podemos literalmente vernos inmersos en un mundo orwelliano donde los gobiernos puedan controlar literalmente cada compra, transacción, y movimiento económico, de cada persona.

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Cuando le digo a la gente que he estado estudiando por qué el gobierno debería reducir drásticamente la circulación de papel moneda, la reacción inicial más habitual es el desconcierto. ¿Para qué ocuparse de esas nimiedades? Pero lo cierto es que el dinero en efectivo está en el centro de algunos de los problemas monetarios y de finanzas públicas más complejos de la actualidad. La eliminación de la mayor parte del efectivo circulante —es decir, el avanzar hacia una sociedad donde el dinero se use con menos frecuencia y principalmente pequeñas transacciones— podría ser una gran ayuda.

dólaresLas fuerzas del orden tienen muy pocas dudas de que el papel moneda (especialmente billetes de alta denominación como el de cien dólares), facilita la delincuencia en la forma de chantaje, extorsión, lavado de dinero, tráfico de drogas y de personas y corrupción de los funcionarios públicos, por no hablar de terrorismo. Hay sustitutos del efectivo, como las criptomonedas, los diamantes en bruto, las monedas de oro, las tarjetas de prepago, pero para muchos tipos de transacciones criminales, el dinero en efectivo sigue siendo el rey. Ofrece un anonimato absoluto, portabilidad, liquidez y es casi universalmente aceptado. No es casualidad que cada vez que hay un gran operativo policial antidrogas, las autoridades suelen encontrar grandes fajos de billetes.

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El efectivo también está profundamente implicado en la evasión de impuestos, que le cuesta al gobierno federal de EE.UU. unos US$500.000 millones al año en ingresos. De acuerdo con el Servicio de Impuestos Internos (IRS), gran parte de la evasión se concentra en pequeñas empresas, que usan el efectivo intensivamente, lo cual dificulta la verificación de sus ventas y declaraciones de ingresos. Por el contrario, las empresas que hacen la mayoría de sus pagos con cheques, tarjetas de crédito o transferencias electrónicas saben que es mucho más fácil que las autoridades fiscales detecten cualquier irregularidad. Aunque hay menos datos sobre los gobiernos estatales y locales, es probable que estos pierdan hasta US$200.000 millones al año por este concepto en EE.UU.

Obviamente, reducir la cantidad de efectivo no va a cambiar la naturaleza humana y hay otras maneras de evadir impuestos y gestionar empresas ilegales. Pero es indudable que inundar la economía informal con papel moneda alienta el comportamiento ilícito.

El efectivo también se encuentra en el núcleo del problema de la inmigración ilegal. Si los empleadores estadounidenses no pudieran pagarle tan fácilmente en efectivo a los trabajadores indocumentados al margen de los libros, el atractivo del empleo disminuiría y el flujo de inmigrantes ilegales se reduciría drásticamente. Es obvio que la eliminación de la mayor parte del efectivo sería una forma mucho más humana y sensata de desanimar la inmigración ilegal que construir un muro gigantesco.

Para que quede claro, estoy proponiendo una sociedad con “menos efectivo”, no una sin efectivo, al menos en el futuro previsible. La primera etapa de la transición implicaría la eliminación gradual de los billetes de alta denominación que constituyen el grueso del circulante. De los más de US$4.200 en efectivo por cada persona que circulan fuera de las instituciones financieras en EE.UU., casi 80% está conformado por billetes de US$100. Los billetes de US$50 y US$20 también deberían ser eliminados gradualmente, aunque los de US$10, US$5 y US$1, que apenas constituyen el 3% del dinero circulante, deberían ser mantenidos indefinidamente.

El objetivo de deshacerse de los grandes billetes es dificultar el transporte y almacenamiento de grandes montos de dinero. Un millón de dólares en billetes de US$100 pesa poco menos de 10 kilos y puede caber cómodamente en una bolsa de compras. Hacer lo mismo con billetes de US$10, no es tan fácil: piense en cargar un baúl de 100 kilos. Los acaparadores y los evasores de impuestos encontrarían proporcionalmente más costoso contar y almacenar billetes de baja denominación. El uso de dinero en efectivo podría ser desalentado aún más poniendo restricciones al tamaño máximo de los pagos en efectivo permitidos en las ventas al por menor.

El hecho de que los grandes billetes se utilicen mucho más en las actividades ilegales que en las legales ha penetrado desde hace mucho en la televisión, el cine y la cultura popular. Los espectadores de “Breaking Bad”, la serie de TV sobre un profesor de química de secundaria transformado en traficante de metanfetaminas, mostró una idea bastante clara de cómo el dinero se gana, se gasta y se lava en las actividades delictivas.

Los diseñadores de políticas han sido mucho más lentos en reconocer esta realidad. Destacan la popularidad del dólar en el exterior, especialmente en algunos países con gobiernos problemáticos como Rusia, donde no es inusual pagar por un apartamento con un maletín lleno de billetes de US$100. En un momento, la Fed y el Departamento del Tesoro insistían en que la demanda externa explicaba hasta 70% de la demanda de dólares estadounidenses, pero este argumento ha sido contrariado por la evidencia que sugiere que al menos una gran proporción de dólares debe ser mantenida en la economía informal de EE.UU. (como he mostrado en un trabajo de investigación hace casi dos décadas). La propia Fed estima ahora que menos de la mitad de todos los dólares en efectivo circula fuera de EE.UU.

Si el dinero en efectivo es tan nocivo, ¿por qué quedarse con los billetes de US$10 y menos? Por un lado, el efectivo sigue representando más de la mitad de las compras minoristas inferiores a US$10. Este porcentaje cae abruptamente a medida que crecen los montos de las transacciones y el uso de tarjetas de débito, de crédito, transferencias electrónicas y cheques. Estos medios de pago exceden al efectivo para los compromisos superiores a los US$100, que son además legales y pagan impuestos.

Muchas personas de escasos ingresos todavía dependen en gran medida del efectivo, aunque por supuesto no son los que cargan fajos de US$100. No costaría mucho que el gobierno o las instituciones financieras les proporcionaran tarjetas de débito. Esto también haría más sencillo, más seguro y menos costoso para el gobierno hacer transferencias a los más necesitados. Varios países escandinavos ya han dado este paso.

Retener los billetes de baja denominación alivia una serie de problemas que podrían surgir si el efectivo fuera eliminado por completo. Por ejemplo, el efectivo sigue siendo útil cuando un huracán u otro desastre natural deja fuera de servicio la red eléctrica. La mayoría de los manuales de preparación de desastres piden a la gente que conserve un poco de dinero a mano, advirtiendo que los cajeros automáticos podrían estar paralizados.

Pero los tiempos están cambiando. Hoy, las torres de celulares y las grandes tiendas minoristas normalmente tienen generadores de respaldo, lo que les permite procesar tarjetas bancarias durante un apagón. Y siempre hay cheques. A su debido tiempo, es probable que la tecnología de teléfonos inteligentes supere al resto de los demás medios de comunicación, y uno siempre pueda mantener un repuesto de recarga en caso de emergencia.

Tal vez la objeción más difícil y fundamental para deshacerse del dinero en efectivo tiene que ver con la privacidad, nuestra capacidad para gastar de forma anónima. Pero, ¿dónde trazar la línea entre el derecho individual y la necesidad del gobierno de gravar, regular y hacer cumplir la ley? La mayoría de nosotros no quiere socavar al derecho de una persona para hacer una compra ocasional de US$200 con total privacidad. Sin embargo, ¿qué pasa con un auto de US$50.000 o un apartamento de US$1.000.000? Deberíamos ser capaces de limitar los problemas que he descrito aquí, garantizando al mismo tiempo que la gente común pueda seguir utilizando billetes pequeños para mayor comodidad en sus transacciones cotidianas.

¿No encontrará el sector privado nuevas maneras de hacer transferencias anónimas que eludan las restricciones del gobierno? Ciertamente. Pero mientras el gobierno evite que estos vehículos alternativos sean utilizados fácilmente por las tiendas al por menor o por los bancos, no podrán desempeñar el papel que hoy tiene el efectivo. Obligar a delincuentes y evasores de impuestos a recurrir a alternativas más arriesgadas y costosas complicará sus vidas y mermará la rentabilidad de sus negocios.

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Algunos podrían sostener que la menor circulación de dólares estadounidenses sólo funcionará si existe una coordinación entre todas las grandes economías, ya que los delincuentes y evasores de impuestos estadounidenses podrían sencillamente convertir sus dólares a euros. Esto es muy improbable. Pocos puntos de venta de Estados Unidos aceptan euros, los bancos tienen que presentar informes sobre grandes depósitos en efectivo, y hay un tope de US$10.000 para la cantidad de dinero que se puede traer a o sacar de EE.UU. sin presentar un formulario de aduanas.

Es cierto que el gobierno estadounidense ahorra costos de financiamiento al imprimir una gran cantidad de dinero en lugar de, por ejemplo, emitir bonos del Tesoro que pagan intereses. Pero esa inundación de fondos en efectivo facilita la vida de los oligarcas rusos, los narcotraficantes mexicanos y los responsables del tráfico de personas a nivel mundial. El mayor ingreso que el gobierno conseguiría al eliminar el efectivo (y por lo tanto, reducir mucha evasión de impuestos) probablemente excederá los ingresos que el Tesoro de EE.UU. obtiene actualmente de engrasar las ruedas de la delincuencia mundial, sin tomar en cuenta los enormes beneficios directos e indirectos de tasas de delincuencia más bajas. En cualquier caso, si EE.UU. toma la delantera, otras economías avanzadas acabarían haciendo lo mismo por vergüenza.

El ángulo fiscal y la delincuencia son razones suficientes para destrozar las montañas de papel moneda del mundo. Hay, sin embargo, un motivo muy diferente y quizás sorprendente, que tiene que ver con la capacidad de los bancos centrales para hacer frente a las crisis financieras y recesiones profundas. ¿Por qué? Porque pese a toda la polémica en torno a la política fiscal, la política monetaria sigue siendo la primera línea preferida de defensa contra las recesiones.

La reducción de las tasas de interés proporciona un estímulo rápido y eficaz dando a los consumidores y a las empresas un incentivo para endeudarse. También eleva el precio de las acciones y de las viviendas, lo que hace que las personas se sientan más prosperas y quieran gastar más. La política monetaria anticíclica tiene un largo historial, mientras que las discusiones políticas siempre van a interferir con un estímulo fiscal oportuno y eficaz.

Desde 2008, sin embargo, la política monetaria ha comenzado a lucir cada vez menos ágil. La mayoría de los bancos centrales se ha encontrado que una vez que recortaron las tasas de interés a alrededor de cero, sus opciones eran bastante limitadas. Esto ha hecho que muchos bancos centrales deseen tener la capacidad de reducir las tasas de interés por debajo de cero.

¿Qué significa eso? Cuando un préstamo tiene una tasa de interés negativa, los pagos del deudor en realidad suman menos que la deuda original. Varios bancos centrales (como el Banco Central Europeo y el Banco de Japón) han experimentado con este tipo de medidas. Para los ahorradores, tiene el efecto contrario: El dinero que queda en un depósito bancario o en un fondo del mercado monetario sigue disminuyendo debido a las tasas de interés negativas.

Ver: El impacto de las Tasas negativas en la Economía global 

En teoría, recortar las tasas de interés por debajo de cero debería estimular el consumo y la inversión de la misma forma en que lo hace la política monetaria normal, al fomentar el endeudamiento. Por desgracia, la existencia de dinero en efectivo entorpece este mecanismo. Si usted es un ahorrador, simplemente retirará sus fondos del banco y los convertirá en efectivo en lugar de ver que se reduzcan con rapidez. Enormes sumas pueden ser retiradas para evitar tales pérdidas, lo que podría hacer que sea difícil para los bancos hacer préstamos, anulando por lo tanto el propósito de la política.

Eliminar el efectivo o hacer que el costo de acapararlo se vuelva suficientemente alto, sin embargo, allanaría el camino para que los bancos recorten las tasas a territorio negativo tanto como sea necesario en una recesión severa. Las personas podrían acaparar billetes pequeños, pero los costos probablemente serían prohibitivos para cualquier tasa de interés negativa realista. Si es necesario, los bancos centrales también podrían fijar cuotas temporales para los grandes retiros y depósitos de papel moneda.

A los economistas en general les gusta la idea de agregar las tasas de interés negativas al arsenal de herramientas de los bancos centrales. John Maynard Keynes la consideró en su gran obra “La teoría general del empleo, el interés y el dinero” (1936). Pero Keynes escribía en una era anterior a la banca electrónica, por lo que veía las tasas negativas como una idea totalmente poco práctica.

No todos son partidarios de las tasas negativas. La resistencia es particularmente fuerte en el sector financiero, al que le preocupa la dificultad de traspasarlas a los pequeños depositantes. Sin embargo, estas preocupaciones pueden ser aliviadas significativamente. Los bancos podrían ser compensados por permitir depósitos de tasa de interés cero de hasta, digamos, US$2.000 por persona.

A otros les preocupa que las tasas negativas lleven a los bancos y a todo el sector financiero a asumir riesgos imprudentes, lo cual ya es suficiente amenaza con tasas de interés en cero. Pero si una fuerte dosis de tasas negativas puede sacar a una economía de una recesión, debería poder hacer subir la inflación y las tasas de interés a niveles positivos con relativa rapidez, reduciendo posiblemente la vulnerabilidad a las burbujas en vez de aumentarla.

En resumen, hay numerosos temas a tener en cuenta, pero si se hace de forma gradual y adecuadamente, el balance de los argumentos se inclina claramente a favor de que pasemos a ser una sociedad que dependa mucho menos del dinero en efectivo.

¿Será alguna vez realidad? Creo que ha llegado el momento. Los ministerios de Hacienda están desesperados por recaudar más ingresos fiscales sin subir los impuestos, las agencias de seguridad interna están preocupadas por la forma en la que el dinero facilita la financiación del terrorismo, los ministerios de Justicia están más preocupados que nunca sobre el papel del efectivo en la delincuencia. Para las autoridades de inmigración, mientras tanto, reducir el efectivo seguramente es mucho mejor que la idea de erigir muros.

El efectivo es algo que conocemos íntimamente: forma parte de la trama de nuestras vidas y de nuestras experiencias como consumidores y empresarios. Pero los gobiernos han dejado que los suministros de dinero en efectivo se descontrolen, en beneficio de los delincuentes y los evasores de impuestos en todas partes. Es hora, por fin, de deshacerse de todos los billetes de US$100.

—Kenneth Rogoff es el profesor de Políticas Públicas Thomas D. Cabot de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional. Este ensayo es una adaptación de su nuevo libro, ‘The Curse of Cash’, algo así como ‘La maldición del efectivo’, que será publicado en EE.UU. en septiembre por Princeton University Press.

Fuente: The Wall Street Journal, 30/08/16.


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Arriba las manos: los impuestos o la vida

¡ATENCIÓN! – Nota del Editor:

El uso de la tecnología para crear una moneda digital implica el enorme riesgo de que el Estado transforme el sistema tributario en violatorio de los derechos individuales, al exigir al contribuyente que le proporcione información privadísima para fiscalizarlo.

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La pesada carga de los impuestos

agosto 2, 2018

Si recaudan más no bajarán impuestos, subirán el gasto

Por Antonio I. Margariti.

argentinaNuestro país está viviendo un sórdido pero fundamental enfrentamiento.  Es un combate por todo o nada, a triunfar o sucumbir que, sin embargo, no es percibido en toda su magnitud por gran parte de la dirigencia y mucho menos por la población de a pie.

 

UNA CLARA DISYUNTIVA

Se trata de consolidar la decadencia  secular que nos tiene atrapados hace 70 años o de poner fin a su dominio,   aventando sus causas para recuperar la dignidad, el progreso y la cordura que nos permitan crecer y expandirnos en una vida mejor.

En términos económicos esta batalla vital se expresa de una manera simple.

O la clase política hace un serio ajuste de sus apetencias por el gasto y el despilfarro del Estado  o la sociedad integrada por personas y familias tendrán que soportar una servidumbre fiscal por un tiempo que sobrepasará  varias generaciones.

El módulo que sirve  como testigo de la recuperación del país o de su  derrota con el estancamiento y la decadencia es muy claro. Son las normas y  reglas recetadas por el Fondo Monetario Internacional como salvavidas para mantenernos a flote mientras repensamos nuestro propio futuro con detenimiento y seriedad.

Sin embargo, nuestros  políticos y sus asesores electorales, sustituyen este claro esquema  por la dialéctica de la grieta entre el distribucionismo de la derecha versus la repartija de la izquierda.

A pesar de esa mentada grieta, ambos están unidos en una misma falacia keynesiana: gastar más de lo que se tiene, expoliar a quien produce, repartir a los que no trabajan y sofocar con impuestos y regulaciones el más mínimo intento de producir honestamente en un sistema de leal competencia.

Por ello, los gobernantes y legisladores se muestran seguros y decididos cuando sancionan malas medidas, pero dudan y son indecisos cuando deben tomar buenas decisiones.

Basta con reparar en el contenido y alcance de los eslogan y discursos que pronuncian.   Advertiremos una asombrosa superficialidad. Palabras sonoras que nada contienen y nada significan. Es alarmante comprobar la suma ignorancia en cuestiones económicas básicas y el predominio de ideas incoherentes y disparatadas. Parecieran haber perdido la capacidad de pensar y de comprender lo que está pasando, lo cual implica un cierto desvarío mental.

Pero esa pasajera pérdida de razón,  no sólo se percibe en las autoridades políticas  sino, también y con cierta amplitud, entre los dirigentes gremiales, empresarios y hasta líderes de la jerarquía eclesiástica.

Predomina en muchos  la presunción de que con verbalismo dialéctico y  voluntarismo político, es posible forzar o neutralizar  las consecuencias de la violación de principios económicos elementales, basados en la sensatez de las leyes naturales.

La mayoría de ellos creen que los gobiernos pueden gastar indefinidamente  más de lo que recaudan. Que pueden hacerse obras públicas con endeudamiento ilimitado. Que las deudas públicas no cuestan nada y no son de obligada amortización. Que es  posible repartir, indefinidamente, subsidios universales con impuestos esquilmados a los que trabajan.

También confían en que la crisis del desfinanciamiento del Estado pueda ser pagada por el agro con mayores retenciones. Que es posible estimular exportaciones  aplicando impuestos. Que las empresas comerciales deben vender barato pese a que el gobierno les provoca una inflación galopante.

Están convencidos que -con  controles y duras sanciones-   lograrán estabilizar los precios mientras emiten dinero falso para financiar el gasto público. Que el déficit del presupuesto puede diluirse  esperando cómodamente un crecimiento automático que les permita bajar su incidencia porcentual. Que es factible regular autoritariamente las decisiones privadas sin pagar  las consecuencias de la desinversión.

Mantienen la ilusión de que la sola  presencia de personajes infatuados, abúlicos y sin ideas claras,  provocará un diluvio de inversiones extranjeras y que con apelaciones al optimismo y  las buenas ondas es posible abatir el desánimo de los emprendedores más animosos y diligentes.

Este es el coctel de ilusiones, utopías, falacias y embustes con que se entretiene nuestra clase dirigente, mientras la vida de la gente va transcurriendo inexorablemente sin mejorar.

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EL PODER FISCAL ES PODER PARA ARRUINAR Y DESTRUIR

Los funcionarios del Estado disponen de una prerrogativa que no tienen los demás grupos sociales.  Pueden vivir opíparamente de rentas arrebatadas a las empresas y personas físicas por la fuerza legal de los impuestos, el endeudamiento y la emisión de dinero, obligándolas a ajustarse el cinturón y desprenderse del fruto de su trabajo.

Nunca estará de más recordar aquella advertencia de San Agustín de Hipona, en su imperdible libro De civitate Dei contra paganosannus 412 d.C. señalando que: «Un  gobierno sin justicia  se convierte en un vasto latrocinio, es decir en una  banda de ladrones en gran escala, que se comprometen, en pacto mutuo, a repartirse el botín según las reglas fijadas  por ellos mismos.»

Al mismo tiempo que éste es el comportamiento de la dirigencia local, circulan  muchas ideas, pensamientos y creencias entre los propios ciudadanos que contribuyen a consolidar ese  poder injusto y omnímodo del Estado sobre la vida y el patrimonio de las personas. Muchas de estas actitudes pueden descubrirse en los innumerables mensajes de las redes sociales de Twitter, Facebook, Instagram y Periscope, como podemos ver a continuación.

Actitud del resentido,  esquilmado por excesivos impuestos: no pide que se lo rebajen, sino que reclama que se los suban a los demás y así  satisface su envidia haciendo que paguen mayores tasas quienes ganen más que él.

Actitud del ingenuo, confiado en la de la bondad de los políticos: apuesta a que denunciando al Fisco los presuntos evasores, conseguirá bajar las alícuotas para beneficiar a los buenos contribuyentes.

Actitud del tacaño, que evade impuesto cuando puede: se pone celoso si otros adoptan su misma conducta y los acusa de evasores contumaces mientras él se oculta.

Actitud del cándido,  que cree que evadir impuestos es pecado: no advierte que lo están expoliando sin misericordia mediante múltiples impuestos directos e indirectos.

Actitud del político canalla, que pretende recaudar más para embolsar más: es tan ladino que decidirá crear nuevos impuestos pretextando su opción preferencial por  los pobres.

Actitud del justiciero, que apuesta a la justicia social: requiere aumentar los impuestos para redistribuir la renta ajena sin percibir que el aumento de recaudación irá al bolsillo de políticos miserables y empobrecerá a los ciudadanos honestos.

Actitud del cínico y caraduraque se apropia desaprensivamente de los impuestos:

se justifica señalando que de este modo puede crear nuevas fuentes de trabajo.

Actitud del empresario o sindicalista cortesano: utilizan el tráfico de influencias y el soborno para que los funcionarios cubran sus espaldas con privilegios fiscales específicos.

Actitud del inteligente, que   advierte que no sólo paga impuesto a las ganancias: comprende la iniquidad de la ilusión fiscal escondida en multitud de impuestos indirectos.

Actitud del justo, que cumple  sus obligaciones fiscales: acepta pagar todos los impuestos pero exige que el Estado tenga un límite cuantitativo a la presión fiscal.

Actitud del hombre libre, que pide frenar el poder destructivo del Fisco: reclama el amparo de la justicia para que la sumatoria de todos los impuestos no exceda el 25% de sus ingresos líquidos.

Pese a toda la retórica y dialéctica verbal de nuestros gobernantes, legisladores, jueces y funcionarios recaudadores,  debemos escuchar y recoger la secular experiencia señalada por uno de los más grandes hacendistas de los últimos tiempos: Luigi Einaudi, eximio presidente de Italia después de la IIª Guerra Mundial: «Cuando los gobernantes recauden más, nunca rebajarán  los impuestos, sino que aumentarán el gasto». (Mitos y paradojas  de la justicia tributaria, editorial Ariel, Madrid, España).

Fuente: on24.com.ar, 02/08/18.


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los impuestos empobrecen

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