Argentina 2019: Cambios en los impuestos a los inmuebles

diciembre 29, 2018

Cambios en la venta de inmuebles: qué impuestos se pagan tras la reforma tributaria

Es para las propiedades compradas a partir de 2018. Cómo se paga, caso por caso.

Los inmuebles comprados y vendidos a partir del 1 de enero de 2018 pagarán 15% sobre la ganancia obtenida. Los que se compraron antes, siguen pagando el ITI.

Por José Luis Ceteri.

 oLos inmuebles adquiridos a partir del 1 de enero de 2018 tendrán que pagar por el resultado obtenido en el momento de su posterior venta el 15% del Impuesto a las Ganancias.

Quedan eximidos de este tributo “cedular”, creado por la última reforma, que fue reglamentada esta semana, únicamente los que constituyen la casa habitación del vendedor.PUBLICIDAD

El decreto 1170 define como inmueble afectado a “casa habitación” a aquel que tiene destino de vivienda, familiar y de ocupación permanente.

Por otro lado, en las ventas de los inmuebles que fueron adquiridos hasta el 31 de diciembre de 2017, seguirá la obligación de pagar el 1,5% del Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (ITI) en el momento de realizarse la escritura.

Qué se pagaba antes

Antes de la reforma, impuesta por la ley 27.430, cuando las personas físicas transferían un inmueble tenían que pagar el 1,5% del valor de la escritura (ITI), retenido por el escribano que intervenía en la operación.

El tributo debía pagarse en la medida que el inmueble que se transfería no constituía la casa habitación del vendedor.

Para poder eximirse del pago debía efectuarse un trámite desde la página Web de la AFIP, ambas operaciones de reemplazo de los inmuebles debían concretarse dentro del lapso de un año.

Cuando el Poder Ejecutivo envió el proyecto de reforma al Congreso, proponía eliminar definitivamente el ITI, cosa que finalmente no ocurrió, ya que sigue vigente. Hasta el 31 de diciembre de 2017 las personas físicas que vendían un inmueble no pagaban el Impuesto a las Ganancias porque esas operaciones no eran habituales, pero ahora el nuevo texto legal sacó el requisito que se exigía de habitualidad y lo grava con el Impuesto a las Ganancias.

Luego de la reforma

Entonces ahora convivirá el Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (ITI) con el Impuesto a las Ganancias; de esta forma, en esas operaciones se aplicará uno u otro tributo.

Los resultados obtenidos por la transferencia que realicen las personas de inmuebles que hayan comprado a partir del 1 de enero de 2018 quedan gravados al 15% en el Impuesto a las Ganancias.

Si el inmueble se recibió por herencia estará alcanzado por Ganancias sólo cuando el donante que lo cede lo adquirió también a partir de este año 2018.

Para tener que pagar el Impuesto a las Ganancias la condición es que el titular posea más de un inmueble y transfiera uno de ellos, siempre que no sea su casa habitación.

En cambio cuando se vende un bien que fue adquirido antes del 2018, seguirá rigiendo el ITI, en donde el escribano le debe retener al vendedor el 1,5% sobre el valor de la escritura en la medida que no reemplace ese bien dentro del plazo de un año de efectuada la venta.

Forma de pago

A través de la Resolución General 4190, la AFIP aclaró que para las operaciones alcanzadas por Ganancias el escribano no tendrá que aplicar la retención que ordenaba una norma anterior. Habrá que ver si en el futuro se reglamenta la forma de ingreso vía retención del escribano o por ingreso directo del vendedor del inmueble.

El Impuesto a las Ganancias se calcula aplicando la tasa del 15% sobre la diferencia entre el valor de venta actual menos el de costo actualizado por el índice IPIM (INDEC) y los gastos de la venta. Si una persona recibe como herencia un inmueble que fue adquirido por el donante antes del 2018, y luego el heredero lo vende debería pagar el 1,5% de ITI y no el Impuesto a las Ganancias.

Otra novedad que introdujo la última reforma tiene que ver con elvalor locativo de los inmuebles y el de incorporación al patrimonio que esos bienes tienen en los casos de herencias. En el primer caso el valor no podrá ser inferior al precio de mercado, y en el segundo caso (herencias) el valor de los inmuebles se incorpora al patrimonio del heredero al importe impositivo del anterior titular o, de no existir, al valor de mercado. Anteriormente, se tomaba de referencia el valor fiscal del inmueble.

Cuándo se considera venta

Según el decreto reglamentario, se considera configurada la operación de venta, que estará alcanzada por el Impuesto a partir del 1° de enero de 2018, inclusive, cuando:

a) Se otorga la escritura traslativa de dominio;

b) Se suscribe el boleto de compraventa u otro compromiso similar, siempre que se entregue la posesión;

c) Se concede la posesión, aun cuando el boleto de compraventa u otro compromiso similar se hubiere celebrado con anterioridad;

d) Se adquiere el boleto de compraventa u otro compromiso similar –sin la posesión o de otro modo se hubiesen adquirido derechos sobre inmuebles; o

e) Se produce el ingreso al patrimonio del causante o donante, en caso de bienes recibidos por herencia, legado o donación.

Cuando se trate de obras en construcción sobre inmueble propio, producidas antes del 1 de enero de 2018, la enajenación del inmueble construido quedará alcanzada, de corresponder, por el impuesto a la transferencia de inmuebles (ITI) y no por el Impuesto a las Ganancias.

Se definen como ganancias de fuente argentina las generadas por la transferencia de derechos sobre inmuebles situados en el país, con independencia de la nacionalidad, domicilio o residencia del titular o de las partes que intervengan en las operaciones.

En caso de no poder determinarse el valor de adquisición, se considerará el valor de plaza del bien a la fecha de incorporación al patrimonio del enajenante o donante, el que deberá surgir de una constancia emitida y suscripta por un corredor público inmobiliario matriculado, por otro profesional matriculado cuyo título habilitante le permita dentro de sus incumbencias la emisión de tales constancias o por una entidad bancaria perteneciente al Estado Nacional, Provincial o a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para los casos de inmuebles ubicados en el exterior, transferencias que estarán gravadas también, la valuación deberá surgir de dos constancias emitidas por un corredor inmobiliario o por una entidad aseguradora o bancaria, de ese país. La ganancia de los residentes en el exterior, derivada de la enajenación o transferencia de derechos sobre inmuebles situados en el país, quedará alcanzada a la alícuota del 15%, pudiendo descontarse sólo aquellos gastos realizados en el país.

El adquirente o cesionario deberá retener el impuesto con carácter de pago único y definitivo debiéndolo ingresar en forma personal o, de no ser residente, a través de su representante legal en el país.

Casos

1) Venta del único inmueble adquirido hasta el 31 de diciembre de 2017 que es casa habitación y lo reemplazará por otro dentro del año: no paga ITI, ni el Impuesto a las Ganancias. Debe hacer el trámite de exención desde la página de la AFIP.

2) Venta de un segundo inmueble comprado antes del 31 de diciembre de 2017: Paga el 1,5% del ITI, lo retiene el escribano.

3) Venta de la casa habitación que había sido comprada en 2018: no paga Ganancias, tampoco ITI.

4) Venta del segundo inmueble adquirido en 2018: paga el 15% sobre el resultado obtenido (precio de venta menos el costo).

5) Bien vendido que había sido heredado en 2018, que el donante adquirió antes del 31 de diciembre de 2017: Paga el ITI del 1,5%.

6) Bien heredado en 2018 que luego se vende y que el donante originalmente compró en 2018: paga el Impuesto a las Ganancias.

7) Bien vendido en 2018 que había comenzado a construirse en 2017: Paga el ITI.

Fuente: Clarín, 29/12/18.

oveja esquilada impuestos abusivos

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Como eluden impuestos las firmas de Private Equity

agosto 28, 2018

Fuente: The Wall Street Journal, 07/08/16.

private equity

El capital inversión, en idioma inglés Private equity, es un tipo de actividad financiera que consiste en la adquisición, por parte de una entidad especializada en capital inversión (private equity), del paquete mayoritario de acciones de una sociedad. La entidad de capital inversión se convierte de esta manera en el propietario mayoritario de la sociedad, normalmente de forma temporal, ya que transcurrido un tiempo se suele realizar la venta de las acciones compradas. El plazo de mantenimiento de la inversión es variable, normalmente en función del éxito de la actividad desarrollada, ya que el objeto de la inversión no es la tenencia en sí de las acciones sino la obtención de una rentabilidad en la operación. Esta actuación no tiene por qué suponer la captación de nuevos fondos para la sociedad transmitida.

Las operaciones de capital inversión suelen estar dirigidas a empresas maduras con flujos de caja estabilizados, en las que los anteriores propietarios desean vender su participación bien sea por desavenencia entre los antiguos accionistas, problemas en la sucesión de empresas familiares o desinversión de filiales no consideradas estratégicas en grupos industriales. En algunos casos la operación conlleva la salida del mercado de valores de la empresa transmitida

El capital inversión tiene unas nociones ligeramente distintas al anterior concepto. Sirve para denominar la adquisición por parte del inversor del capital riesgo de las acciones de los actuales accionistas. Esta vez no se da una entrada de dinero vía ampliación de capital, sino que el capital riesgo se convierte en el propietario mayoritario, siendo los casos más habituales problemas sucesorios en empresas familiares o desinversión de divisiones que dejan de ser prioritarias en el caso de grandes conglomerados de empresas. Además, dentro de este grupo se encuentran las operaciones conocidas como adquisición por la dirección (MBO), donde los gestores, con la ayuda del capital riesgo, compran la empresa a sus actuales propietarios, pasando a ser ellos mismos, junto al fondo de capital riesgo, los nuevos dueños de la empresa.

Principales formas de actuación

  • Capital riesgo: se invierte en un negocio nuevo o se expande uno de tamaño pequeño;
  • Buy-out: se adquiere una empresa o al menos una parte significativa de la misma de un tamaño importante;
  • Situaciones extraordinarias: se invierte en empresas que pasan por dificultades financieras o cambios importantes, tales como cambios regulatorios o en la tendencia del mercado.

Ranking

A continuación se detallan las 10 empresas de capital inversión más grandes del mundo según una clasificación de 2014 creada por la revista de la industria Private Equity International:

  1. The Carlyle Group
  2. Kohlberg Kravis Roberts
  3. The Blackstone Group
  4. Apollo Global Management
  5. TPG Capital
  6. CVC Capital Partners
  7. General Atlantic
  8. Ares Management
  9. Clayton Dubilier & Rice
  10. Advent International

Fuente: Wikipedia.

private equity

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La pesada carga de los impuestos

agosto 2, 2018

Si recaudan más no bajarán impuestos, subirán el gasto

Por Antonio I. Margariti.

argentinaNuestro país está viviendo un sórdido pero fundamental enfrentamiento.  Es un combate por todo o nada, a triunfar o sucumbir que, sin embargo, no es percibido en toda su magnitud por gran parte de la dirigencia y mucho menos por la población de a pie.

 

UNA CLARA DISYUNTIVA

Se trata de consolidar la decadencia  secular que nos tiene atrapados hace 70 años o de poner fin a su dominio,   aventando sus causas para recuperar la dignidad, el progreso y la cordura que nos permitan crecer y expandirnos en una vida mejor.

En términos económicos esta batalla vital se expresa de una manera simple.

O la clase política hace un serio ajuste de sus apetencias por el gasto y el despilfarro del Estado  o la sociedad integrada por personas y familias tendrán que soportar una servidumbre fiscal por un tiempo que sobrepasará  varias generaciones.

El módulo que sirve  como testigo de la recuperación del país o de su  derrota con el estancamiento y la decadencia es muy claro. Son las normas y  reglas recetadas por el Fondo Monetario Internacional como salvavidas para mantenernos a flote mientras repensamos nuestro propio futuro con detenimiento y seriedad.

Sin embargo, nuestros  políticos y sus asesores electorales, sustituyen este claro esquema  por la dialéctica de la grieta entre el distribucionismo de la derecha versus la repartija de la izquierda.

A pesar de esa mentada grieta, ambos están unidos en una misma falacia keynesiana: gastar más de lo que se tiene, expoliar a quien produce, repartir a los que no trabajan y sofocar con impuestos y regulaciones el más mínimo intento de producir honestamente en un sistema de leal competencia.

Por ello, los gobernantes y legisladores se muestran seguros y decididos cuando sancionan malas medidas, pero dudan y son indecisos cuando deben tomar buenas decisiones.

Basta con reparar en el contenido y alcance de los eslogan y discursos que pronuncian.   Advertiremos una asombrosa superficialidad. Palabras sonoras que nada contienen y nada significan. Es alarmante comprobar la suma ignorancia en cuestiones económicas básicas y el predominio de ideas incoherentes y disparatadas. Parecieran haber perdido la capacidad de pensar y de comprender lo que está pasando, lo cual implica un cierto desvarío mental.

Pero esa pasajera pérdida de razón,  no sólo se percibe en las autoridades políticas  sino, también y con cierta amplitud, entre los dirigentes gremiales, empresarios y hasta líderes de la jerarquía eclesiástica.

Predomina en muchos  la presunción de que con verbalismo dialéctico y  voluntarismo político, es posible forzar o neutralizar  las consecuencias de la violación de principios económicos elementales, basados en la sensatez de las leyes naturales.

La mayoría de ellos creen que los gobiernos pueden gastar indefinidamente  más de lo que recaudan. Que pueden hacerse obras públicas con endeudamiento ilimitado. Que las deudas públicas no cuestan nada y no son de obligada amortización. Que es  posible repartir, indefinidamente, subsidios universales con impuestos esquilmados a los que trabajan.

También confían en que la crisis del desfinanciamiento del Estado pueda ser pagada por el agro con mayores retenciones. Que es posible estimular exportaciones  aplicando impuestos. Que las empresas comerciales deben vender barato pese a que el gobierno les provoca una inflación galopante.

Están convencidos que -con  controles y duras sanciones-   lograrán estabilizar los precios mientras emiten dinero falso para financiar el gasto público. Que el déficit del presupuesto puede diluirse  esperando cómodamente un crecimiento automático que les permita bajar su incidencia porcentual. Que es factible regular autoritariamente las decisiones privadas sin pagar  las consecuencias de la desinversión.

Mantienen la ilusión de que la sola  presencia de personajes infatuados, abúlicos y sin ideas claras,  provocará un diluvio de inversiones extranjeras y que con apelaciones al optimismo y  las buenas ondas es posible abatir el desánimo de los emprendedores más animosos y diligentes.

Este es el coctel de ilusiones, utopías, falacias y embustes con que se entretiene nuestra clase dirigente, mientras la vida de la gente va transcurriendo inexorablemente sin mejorar.

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EL PODER FISCAL ES PODER PARA ARRUINAR Y DESTRUIR

Los funcionarios del Estado disponen de una prerrogativa que no tienen los demás grupos sociales.  Pueden vivir opíparamente de rentas arrebatadas a las empresas y personas físicas por la fuerza legal de los impuestos, el endeudamiento y la emisión de dinero, obligándolas a ajustarse el cinturón y desprenderse del fruto de su trabajo.

Nunca estará de más recordar aquella advertencia de San Agustín de Hipona, en su imperdible libro De civitate Dei contra paganosannus 412 d.C. señalando que: «Un  gobierno sin justicia  se convierte en un vasto latrocinio, es decir en una  banda de ladrones en gran escala, que se comprometen, en pacto mutuo, a repartirse el botín según las reglas fijadas  por ellos mismos.»

Al mismo tiempo que éste es el comportamiento de la dirigencia local, circulan  muchas ideas, pensamientos y creencias entre los propios ciudadanos que contribuyen a consolidar ese  poder injusto y omnímodo del Estado sobre la vida y el patrimonio de las personas. Muchas de estas actitudes pueden descubrirse en los innumerables mensajes de las redes sociales de Twitter, Facebook, Instagram y Periscope, como podemos ver a continuación.

Actitud del resentido,  esquilmado por excesivos impuestos: no pide que se lo rebajen, sino que reclama que se los suban a los demás y así  satisface su envidia haciendo que paguen mayores tasas quienes ganen más que él.

Actitud del ingenuo, confiado en la de la bondad de los políticos: apuesta a que denunciando al Fisco los presuntos evasores, conseguirá bajar las alícuotas para beneficiar a los buenos contribuyentes.

Actitud del tacaño, que evade impuesto cuando puede: se pone celoso si otros adoptan su misma conducta y los acusa de evasores contumaces mientras él se oculta.

Actitud del cándido,  que cree que evadir impuestos es pecado: no advierte que lo están expoliando sin misericordia mediante múltiples impuestos directos e indirectos.

Actitud del político canalla, que pretende recaudar más para embolsar más: es tan ladino que decidirá crear nuevos impuestos pretextando su opción preferencial por  los pobres.

Actitud del justiciero, que apuesta a la justicia social: requiere aumentar los impuestos para redistribuir la renta ajena sin percibir que el aumento de recaudación irá al bolsillo de políticos miserables y empobrecerá a los ciudadanos honestos.

Actitud del cínico y caraduraque se apropia desaprensivamente de los impuestos:

se justifica señalando que de este modo puede crear nuevas fuentes de trabajo.

Actitud del empresario o sindicalista cortesano: utilizan el tráfico de influencias y el soborno para que los funcionarios cubran sus espaldas con privilegios fiscales específicos.

Actitud del inteligente, que   advierte que no sólo paga impuesto a las ganancias: comprende la iniquidad de la ilusión fiscal escondida en multitud de impuestos indirectos.

Actitud del justo, que cumple  sus obligaciones fiscales: acepta pagar todos los impuestos pero exige que el Estado tenga un límite cuantitativo a la presión fiscal.

Actitud del hombre libre, que pide frenar el poder destructivo del Fisco: reclama el amparo de la justicia para que la sumatoria de todos los impuestos no exceda el 25% de sus ingresos líquidos.

Pese a toda la retórica y dialéctica verbal de nuestros gobernantes, legisladores, jueces y funcionarios recaudadores,  debemos escuchar y recoger la secular experiencia señalada por uno de los más grandes hacendistas de los últimos tiempos: Luigi Einaudi, eximio presidente de Italia después de la IIª Guerra Mundial: «Cuando los gobernantes recauden más, nunca rebajarán  los impuestos, sino que aumentarán el gasto». (Mitos y paradojas  de la justicia tributaria, editorial Ariel, Madrid, España).

Fuente: on24.com.ar, 02/08/18.


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los impuestos empobrecen

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Trump bajó los impuestos y ahora recauda más que antes

junio 26, 2018

¿Curva de Laffer en EEUU? Los ingresos fiscales suben un 12% tras la rebaja de Trump

La rebaja de impuestos impulsada por Trump el año pasado empieza a dar sus frutos.

Por Diego Sánchez de la Cruz.
Donald Trump.
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La histórica rebaja de impuestos impulsada por Donald Trump y aprobada a finales de 2017 por la Cámara y el Senado de Estados Unidos empieza a dar sus frutos. Según los datos del primer trimestre del año, la economía está creciendo a una tasa del 2,3%, por encima del promedio del 1,9% registrado en los años de gobierno de Barack Obama. Además, la tasa de paro se está reduciendo a buen ritmo, de modo que ya ha caído al 3,9% y marzo ha registrado el nivel más bajo desde el año 2000.

Pero la aprobación de la rebaja impositiva no ha sido aplaudida de forma unánime. Buena parte de la izquierda estadounidense la ha denostado por «neoliberal», pero también hay ciertas voces en el espectro de la derecha que han cargado contra la medida por «agravar el déficit». Esta última crítica ha sido matizada recientemente por dos voces autorizadas del espectro liberal-conservador americano.

En primer lugar, vale la pena conocer la reflexión que ha planteado Stephen Moore, todo un gurú en materia de políticas de oferta. Según explica el analista económico, «Trump no ha creado los déficits de un billón de dólares con los que va a tener que lidiar, sino que los ha heredado del gran maestro del endeudamiento, su antecesor Barack Obama. En su primera legislatura, el ex presidente llegó a aumentar la deuda en 1,5 billones de dólares, un récord olímpico de irresponsabilidad fiscal que no parecía preocupar a los progresistas».

Como apunta Moore, «la deuda alcanzaba 11 billones de dólares cuando Obama llegó al poder, pero hoy se mueve en el entorno de los 20 billones. No tiene sentido que muchas voces que permanecieron calladas o incluso aplaudieron las políticas de Obama se muestren ahora alarmadas por lo que ocurre con el déficit».

El analista económico señala que «un billón del aumento de la deuda proyectado por la Oficina Presupuestaria del Congreso para 2018-2028 proviene, en teoría, de la rebaja de impuestos. Pero, si ponemos esta cifra en perspectiva, encontramos que supone un 2,5% de los ingresos esperados para la próxima década. De modo que no hablamos de una hemorragia de ingresos fiscales, ni mucho menos».

En segundo lugar, también tiene sentido echar un vistazo a lo que cuenta Matthew Lynn, columnista estrella en publicaciones como Bloomberg, Die Welt, South China Morning Post, Miami Herald o The Spectator. Lynn recuerda en su última columna que la aprobación de la rebaja impositiva fue recibida por distintos sectores con auténtico pánico sobre lo que podría suponer en términos de estabilidad presupuestaria.

Sin embargo, el columnista recalca que «en la práctica, lo que arrojan las primeras cifras disponibles es que los ingresos del fisco están creciendo. Si nos fijamos en abril, el primer mes en el que las nuevas reglas tributarias están plenamente en vigor, encontramos que los ingresos de Hacienda han roto todos los récords, con un repunte del 12% frente a los niveles observados en abril del pasado año».

Lynn explica también que el mes de abril no solo no se cerró con números rojos, sino que arrojó el superávit presupuestario mensual más grande desde abril de 2011: «los ingresos fueron de 510.000 millones de dólares, frente a unos gastos de 296.000 millones. Esto supone un superávit de 214.000 millones, por encima del anterior récord histórico de 180.000 millones, observado en abril de 2001. Nada mal para una economía que aún no crece al 3%».

Fuente: libremercado.com, 23/06/18.

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¿Cuán bajos deben ser los impuestos?

febrero 27, 2018

El modelo irlandés: ¿Cuán bajos deben ir los impuestos?

Facebook, que cuenta con una oficina con sede en Dublín, admite que el régimen tributario bajo de Irlanda es atractivo, pero dice que no es el único factor.

Como el gobierno británico sugiere que podría reducir las tasas impositivas para las empresas extranjeras después de Brexit, Paul Moss observa cómo el modelo de impuestos corporativos bajos está funcionando en la vecina Irlanda.

Hay algo bastante llamativo en la oficina de Facebook en Dublín.

Todo el mundo sonríe, todo el mundo parece genuinamente encantado de estar trabajando para una de las mayores empresas de tecnología en el mundo.

Luego están los colores primarios en todas partes, los juegos previstos para que el personal juegue, desde el ajedrez hasta el ping-pong.

Pero lo que más llama la atención son los carteles, exhortando al personal a mejorar su desempeño con lemas como «Proceed and Be Bold» e incluso «Move Fast and Break Things».

Resistí a la tentación de patear uno de los jarrones en la recepción, o tal vez lanzar un extintor de incendios a través de la ventana.

En su lugar, procedí, como estaba previsto, a entrevistar al hombre que dirige esta oficina, sobre por qué Facebook había elegido Irlanda para su sede internacional.

Quería preguntar sobre la importancia de una atracción específica: que las empresas en Irlanda no tienen que pagar mucho en forma de impuestos.

«Es una parte significativa de nuestra razón para venir aquí», reconoce Gareth Lambe.

Está vestido casualmente, como cabría esperar del jefe a cargo de una importante empresa de tecnología – pantalones vaqueros, jersey de cuello en V, no un traje o corbata a la vista.

«El impuesto de sociedades del 12.5%, que es más bajo que muchas otras jurisdicciones… lo hemos tenido durante mucho tiempo ahora, y ha sido muy útil tener esa clase de certeza aquí».

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«Beneficios de Knock-on»

El Sr. Lambe se esfuerza por hacer hincapié en que el impuesto bajo no es ciertamente el único atractivo de Irlanda. Este es un país de habla inglesa, con una mano de obra altamente educada y con bajos costes.

Y también quiere que yo sepa cuánto contribuye Facebook a Irlanda aparte de impuestos, los 1.600 puestos de trabajo, y la riqueza knock-on estos a su vez crear. «Restaurantes, alquileres pagados, cines … estas multinacionales en

Irlanda realmente genera un infierno de mucha actividad económica «.

Y sin embargo, la mayoría de estas mismas multinacionales estaban notablemente dispuestos a hablar conmigo sobre su presencia en Irlanda.

Hacer que las empresas hablen no suele ser un problema así, pero cuando dije que quería mencionar el tema del impuesto, varias organizaciones que representan al mundo comercial aquí dijeron que sería imposible encontrar empresas que fueran entrevistadas.

El economista Tom Healy dice que ahora que otros países han introducido recortes de impuestos agresivos, Irlanda está luchando para competir. En el caso, Facebook fue el único que se presentó.Parte del problema, me dijeron, es el tema pegajoso de la evasión fiscal.

Las compañías están acusadas de depositar sus ganancias en Irlanda, donde la tasa impositiva es baja, aunque sus operaciones están realmente basadas en otros lugares.

Sin embargo, el economista Tom Healy cree que puede haber otra razón por la cual los directores generales parecen haber desarrollado una nueva timidez cuando se trata del tema de la tasa impositiva de Irlanda.

El hecho es, como él lo dice: «La fiesta ha terminado.»

El Sr. Healy es director del Instituto Nevin de Investigación Económica de izquierda, y su argumento es sencillo: Irlanda tenía una ventaja competitiva cuando era la única nación desarrollada que reducía el impuesto de sociedades, lo que le permitía atraer a las empresas a otros países.

Ahora, sin embargo, muchos de esos otros países han decidido jugar el mismo juego.

«Varios países de Europa del Este, uno o dos de los países bálticos, han seguido un camino de recortes de impuestos agresivos, y realmente ha llegado al punto en que es imposible para una economía desarrollada

Como Irlanda para competir con ese tipo de política. «

Phillip Hammond y Theresa May han insinuado que el Reino Unido podría utilizar los recortes de impuestos de las empresas para alejar los negocios de la UE

Sin embargo, los países de Europa del Este no son los únicos que participan en esta competencia de recorte de impuestos a las empresas.

El Reino Unido, bajo su actual gobierno conservador, ya ha bajado la tasa de 28% a 20%, y se prevé que caiga aún más, hasta el 17% en 2020.

impuestosPero más que eso, la primera ministra Theresa May y su canciller del Tesoro, Phillip Hammond, han dejado caer fuertes indicios de que podrían producirse más recortes en el camino. De hecho, esto ha sido una amenaza implícita para otros Estados de la Unión Europea: si no ofrecen a Gran Bretaña un acuerdo sobre el comercio, post-Brexit, Gran Bretaña podría utilizar recortes de impuestos de las empresas para sacar negocios fuera de la UE, convirtiendo el Reino Unido en lo que Un comentarista descrito como «Singapur en el Támesis».

«No lo hagas», dice Tom Healy, con una certeza que desmiente su manera de otra manera cautelosa. Su temor es que el Reino Unido se convierta en parte de una carrera internacional hacia el fondo del impuesto de sociedades, con países que finalmente exigen tan poco de los negocios que ya no podrán financiar los servicios públicos.

«El impuesto es un factor, pero la mejor manera de atraer la inversión», cree, «es desarrollar infraestructura».

Fuente: Offshore-Manual’s July 2017.


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Trump bajará impuestos y quitará regulaciones

enero 24, 2017

Trump anunció una poda «masiva» de impuestos para la clase media y las empresas

Dijo que los tributos bajarán del 35% actual al 15 ó 20%. Y que recortará regulaciones en un 75%. Reiteró ante empresarios que busca que las compañías de EE.UU. produzcan en el país.

Trump anunció una poda "masiva" de impuestos para la clase media y las empresas

Anuncios. El presidente Trump, ayer, rodeado de importantes empresarios, al comunicar que aplicaría “un masivo recorte” de tributos. “No despidan gente”, pidió a las compañías. REUTERS

trump 2017El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, avanza a toda marcha con sus principales promesas de campaña y en el que calificó como el “Día Uno” de su gobierno se reunió ayer con altos ejecutivos de empresas y les anunció que, si sus firmas se quedan en el país, “bajará impuestos masivamente tanto para la clase media como para las compañías”.

Dentro de su política de incentivar la producción nacional, Trump dijo que esos impuestos bajarán hasta un rango de entre el 15 y 20 por ciento frente al 35 por ciento actual. “Creemos que podemos reducir las regulaciones en un 75%, tal vez más”, señaló. Y pidió a los empresarios: “Lo único que tienen que hacer es quedarse, no se vayan y no despidan a su gente en Estados Unidos”.

Como ya había hecho en la campaña y luego de haber sido elegido, el 8 de noviembre, Trump advirtió a las empresas que estén pensando en llevar su producción fuera del país que sufrirán consecuencias si lo hacen. “Vamos a imponer un impuesto fronterizo muy grande sobre el producto cuando llegue, lo cual creo que es justo”, sentenció. En la campaña había estimado que esa tasa podía llegar al 45 por ciento.

Señaló, además, que actualmente no hay libre comercio en el globo ya que, para él, Estados Unidos es el único que facilita la entrada a productos extranjeros, mientras que “si quieres vender algo a China y otros países, es muy, muy difícil”.

“Va a producirse una oleada”, dijo Trump con optimismo a los periodistas, en referencia al crecimiento de la industria manufacturera que espera provocar en su país con sus políticas. Según Trump, con la reducción de los impuestos y las regulaciones, ya no habrá ninguna razón para que las empresas produzcan fuera de Estados Unidos.

Esta política proteccionista –y también el megaplan de infraestructura que prometió el magnate- traerá consecuencias en la economía global. El Fondo Monetario Internacional dijo ayer que estima que Estados Unidos crecerá más de lo previsto (un 2,5% este año), y que podría haber inflación, aumento de déficit, suba de tasas y apreciación del dólar. Las inversiones podrían huir de los países emergentes.

steel city ruslt beltEl presidente culpa de buena parte de los males de la economía a la deslocalización de empresas, que ha afectado sobre todo a los trabajadores del “Rust belt”, el cinturón oxidado de Estados Unidos, donde el presidente cosechó los votos clave para conquistar la Casa Blanca. En busca de menos costos laborales y regulaciones medioambientales y de seguridad más laxas, decenas de compañías se han trasladado a países como México u otros de Asia. Un empleado que en Estados Unidos gana 25 dólares por hora más beneficios sociales, en suelo mexicano ganaría solo tres dólares.

El tema es más complejo ya que los obreros estadounidenses no sólo se ven afectados por la partida de las empresas sino también por el avance tecnológico y la poca capacitación que reciben: muchos son reemplazados por máquinas y luego no pueden reinsertarse a un mercado laboral mucho más sofisticado. Trump no ha dicho nada para revitalizar esa realidad que también está golpeando a los trabajadores.

Ver video: Los avances de la robotización y la destrucción de puestos de trabajo

Pero sí se ha opuesto con vehemencia a los tratados de libre comercio, que permite que las empresas se desplacen de un país a otro con cierta facilidad. De hecho ya dijo que comenzará a renegociar el NAFTA, el pacto con México y Canadá, -el “peor de la historia”, según afirmó- y ayer firmó un decreto que establece la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que firmaron 12 países de Asia y América.

Entre los altos ejecutivos con los que el mandatario se reunió ayer en el salón Roosevelt de la Casa Blanca estuvieron presentes Mark Fields, de Ford y Elon Musk, el fundador y presidente de la fábrica de automóviles eléctricos Tesla.

Hoy seguirá la ronda con empresarios automotrices. Desayunará con los principales directivos de la General Motors (GM), Ford, Fiat y Chrysler. Los llamados “Tres grandes de Detroit” habían sido amenazados por el presidente por la importación de sus vehículos producidos en México. Trump “quiere escuchar sus ideas sobre cómo podemos trabajar juntos para traer más empleos a este sector en particular”, dijo Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca.

Trump había amenazado a Ford con aranceles aduaneros del 35 % durante la campaña. La relación con el fabricante mejoró cuando la compañía anunció la cancelación de una planta en México, una inversión de US$1.600 millones. El presidente también había atacado a GM y Toyota y cambió el tono después de que los principales fabricantes anunciasen una oleada de inversiones en EE.UU. El sábado, Trump tuiteó que “las compañías de automóviles y otras, si quieren hacer negocios en este país tiene que empezar a hacer cosas aquí de nuevo. ¡VICTORIA!”.

Fuente: Clarín, 24/01/17.


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Los Impuestos son un Robo

enero 4, 2017

Los Impuestos son un Robo

Artículos relacionados con el tema de los Impuestos en general y a lo largo de la historia de la humanidad.

CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DEL IMPUESTO

EGIPTO

Durante los varios reinos de los faraones egipcios, los recaudadores de impuestos eran conocidos como escribas. En un período los escribas impusieron un impuesto en el aceite de cocina. Para asegurarse de que los ciudadanos no estaban burlando el impuesto, los escribas auditaban las cantidades apropiadas de aceite de cocina que eran consumidas, y que los ciudadanos no estaban usando residuos generados por otros procesos de cocina como sustitutos para el aceite gravado.

GRECIA

En tiempos de Guerra los atenienses creaban un impuesto conocido como eisfora. Nadie estaba exento del impuesto, que era usado para pagar gastos especiales de guerra. Los griegos fueron una de las pocas sociedades capaces de rescindir el impuesto una vez que la emergencia de guerra había pasado. Cuando por el esfuerzo de guerra se generaban ingresos adicionales, los recursos eran utilizados para devolver el impuesto.

Atenas imponía un impuesto mensual de censo a los extranjeros-gente que no tenían madre y padre atenienses- de un dracma para hombres y medio dracma para mujeres. El impuesto era llamado metoikion.

IMPERIO ROMANO

Los primeros impuestos en Roma fueron derechos de aduana de importación y exportación llamados portoria.

César Augusto fue considerado por muchos como el más brillante estratega fiscal del Imperio Romano. Durante su gobierno como “Primer Ciudadano”, los publicanos fueron virtualmente eliminados como recaudadores de impuestos por el gobierno central. Durante este período se dio a las ciudades la responsabilidad de recaudar impuestos. César Augusto instituyó un impuesto sobre la herencia a fin de proveer fondos de retiro para los militares. El impuesto era de 5% para todas las herencias, exceptuando donaciones para hijos y esposas.

Los ingleses y holandeses se referían al impuesto de Augusto sobre la herencia para desarrollar sus propios impuestos sobre herencias.

Durante el tiempo de Julio César se impuso un impuesto de un uno por ciento sobre las ventas. Durante el tiempo de César Augusto el impuesto sobre las ventas era de un 4% y de un 1% para todo lo demás.

San Mateo fue un publicano (recaudador de impuestos) en Cafarnaum durante el reino de César Augusto. Él no era de los viejos publicanos sino un contratado por el gobierno local para recaudar impuestos.

En el año 60 D.C., Boadicea, reina de la Inglaterra Oriental, dirigió una revuelta que puede ser atribuída a corruptos recaudadores de impuestos en las islas británicas. Se afirma que su revuelta ocasionó la muerte de todos los soldados romanos en cien kilómetros a la redonda, ocupó Londres y ocasionó más de 80,000 muertos. La Reina pudo reclutar un ejercito de 230,000 hombres. La revuelta fue aplastada por el Emperador Nerón, y ocasionó el nombramiento de nuevos administradores para las Islas Británicas.

GRAN BRETAÑA

El primer impuesto comprobado en Inglaterra tuvo lugar durante la ocupación por el Imperio Romano.

Lady Godiva

La Sra. Godiva fue una mujer anglosajona que vivió en Inglaterra durante el siglo XI. De acuerdo con la leyenda, el esposo de la Sra. Godiva, Leofric, Barón de Mercia, prometió reducir los altos impuestos que había establecido sobre los residentes de Coventry, cuando ella accedió a cabalgar desnuda por las calles de la ciudad.

Cuando cayó Roma, los reyes sajones impusieron impuestos, conocidos como Danegeld, sobre tierras y propiedades. Los reyes impusieron asimismo sustanciales derechos de aduana.

La Guerra de los cien años (el conflicto entre Inglaterra y Francia) comenzó en 1337 y terminó en 1453. Uno de los factores claves que renovó la lucha en 1369 fue la rebelión de los nobles de Aquitania contra las opresivas políticas fiscales de Edward, El Príncipe Negro.

Los impuestos durante el siglo XIV eran muy progresistas. La encuesta sobre el impuesto de 1377 mostró que el impuesto sobre el Duque de Lancaster era 520 veces mayor que el que gravaba al campesino corriente.

Bajo los primeros esquemas fiscales se impusieron impuestos a los acaudalados, los que tenían cargos públicos, y el clero. Se gravó a los comerciantes con un impuesto sobre los bienes muebles. Los pobres pagaban poco o ningún impuesto.

Carlos I fue finalmente acusado de traición, y decapitado. Sin embargo, sus problemas con el Parlamento resultaron a causa de un desacuerdo, en 1629, sobre los derechos de imponer impuestos otorgados al Rey y los otorgados al Parlamento.

El mandato real establecía que a los individuos se les gravaría de acuerdo con su posición y recursos. De ahí que la idea de impuesto progresivo sobre los que tenían capacidad para pagar se desarrolló muy temprano.

Otros impuestos notables impuestos durante este período fueron los de la tierra y otros diversos sobre consumo. Para pagar al ejercito mandado por Oliver Cromwell, el Parlamento, en 1643, impuso impuestos sobre consumo de artículos esenciales (granos, carnes, etc.) Los impuestos por el Parlamento allegaron aun más fondos que los impuestos por Carlos I, especialmente de los pobres. El impuesto sobre el consumo fue muy regresivo, pesando tanto sobre los pobres que ocasionó los motines de Smithfield en 1647. Los disturbios ocurrieron porque los nuevos impuestos disminuyeron la capacidad que tenían los trabajadores rurales de comprar trigo, al extremo de que una familia de cuatro moriría de inanición. Además del impuesto sobre consumo, fueron cercadas las tierras comunes usadas por los campesinos para cazar, y les fue prohibido hacerlo. (¡Viva Robin Hood!)

Un precursor del impuesto moderno que hoy conocemos, fue creado por los británicos en 1800, para financiar la guerra contra Napoleón. El impuesto fue abolido en 1816, y sus oponentes, que pensaban que sólo debía ser usado para financiar guerras, querían que todos los informes sobre el impuesto fueran destruídos, junto con su abolición. Los informes fueron quemados públicamente por el Secretario del Tesoro, pero se conservaron copias en los sótanos del Tribunal de Impuestos.

AMERICA COLONIAL

Los colonos pagaban impuestos según la Ley de Melados, que fue modificada en 1764 para incluír derechos de importación sobre melados extranjeros, azúcar, vino, y otros artículos. La nueva legislación fue conocida como Ley del Azúcar.

Debido a que la Ley del Azúcar no rendía cantidades sustanciales de ingresos, se añadió la Ley del Timbre de 1765. La Ley del Timbre imponía impuesto directo sobre todos los periódicos impresos en las colonias y la mayoría de los documentos comerciales y legales.

AMERICA POST REVOLUCIONARIA

En 1794, colonos al occidente de las Alleghenies, en oposición al impuesto de 1791 sobre consumo, de Alexander Hamilton , comenzaron lo que es ahora conocida como “La Rebelión del Whiskey”, un impuesto sobre consumo que era considerado discriminatorio y los colonos se rebelaron contra los recaudadores de impuestos. Eventualmente el Presidente Washington envió tropas para extinguir los motines. Aunque dos colonos fueron condenados por traición, el Presidente les concedió perdón.

En 1798 el Congreso promulgó el Impuesto sobre la Propiedad, para pagar la expansión del Ejército y la Marina en caso de una posible guerra con Francia. El mismo año, John Fries comenzó lo que es conocido como “La Rebelión de Fries”, en oposición al nuevo impuesto. Nadie resultó herido o muerto en la insurrección y Fries fue arrestado por traición, pero fue eventualmente perdonado por el Presidente Adams en 1800. Sorprende el hecho de que Fries fue el líder de una unidad de milicias llamada para suprimir la “Rebelión del Whiskey”.

Fue en 1812 que se sugirió el primer impuesto en Estados Unidos. El impuesto estaba basado en la Ley Británica de Impuestos de 1798 y aplicaba tasas progresivas a los ingresos. Las tasas eran de .08% en ingresos superiores a 60 libras esterlinas, y 10% en ingresos superiores a 200 libras esterlinas. El impuesto se elaboró en 1814, pero nunca se impuso, porque el Tratado de Ghent fue firmado en 1815, terminando las hostilidades y la necesidad de ingresos adicionales.

La ley de impuestos de 1861 proponía que “se gravará, recaudará y pagará, sobre el ingreso anual de todas las personas residentes de Estados Unidos, que se derive de cualquier tipo de propiedad, ocupación profesional, empleo, o vocación efectuada en Estados Unidos o cualquier otro lugar, o de cualquier otra fuente.”

La Ley de Impuestos de 1861 fue aprobada, pero nunca implementada. Las tasas según la ley eran de 3% sobre ingresos de más de $800.00, y de 5% sobre individuos viviendo fuera de Estados Unidos.

La Ley de Impuestos fue aprobada y firmada por el Presidente Lincoln en Julio 1o de 1862. Las tasas eran de 3% sobre ingresos mayores de $600.00 y de 5% sobre ingresos mayores de $10,000.00. La renta o valor de renta de su hogar podía ser deducida de los ingresos para determinar la obligación tributaria. El Comisionado de Impuestos declaró “El pueblo de este país lo ha aceptado con júbilo, para afrontar una exigencia temporal, y no ha provocado serias quejas en esta Administración”. La aceptación fue debida mayormente debido a la necesidad de ingresos para financiar la guerra civil.

Aunque la gente aceptó el impuesto de buena gana, no fue alto su cumplimiento. Las cifras dadas después de la guerra civil, indicaban que 276,661 personas llenaron en realidad las declaraciones de impuestos en 1870, (el año que tuvo más declaraciones), cuando la población del país era de aproximadamente 38 millones.

La ley de impuestos de 1864 fue aprobada para allegar ingresos adicionales en apoyo de la guerra civil.

El Senador Garret Davis, al comentar el principio guía de los impuestos, mencionó el “reconocimiento de la idea de que los impuestos deben ser pagados de acuerdo con la capacidad de la persona para pagar”.

La tasa de impuestos para la Ley de Impuestos de 1864 era de 5% para ingresos entre $600.00 y $5,000.00, 7.5% para ingresos entre $5001.00 y $10,000, y de 10% para ingresos mayores de $10,000.00. La deducción de renta o valor de renta fue limitada a $200.00. Se permitió una deducción para reparaciones.

Con el final de la guerra civil, la aceptación placentera de los impuestos se desvaneció. La ley de impuestos de 1764 fue modificada después de la guerra. Las tasas fueron cambiadas a un 5% fijo con la cifra de exención elevada a $1,000.00. Se hicieron algunas tentativas para hacer permanente el impuesto, pero para 1869 “no había hombre de negocios que pudiera pasar el día sin sufrir de esas cargas” (The Times). De 1870 a 1872 la tasa era un 2.5% fijo y la cifra de exención se elevó a $2,000.00.

El impuesto fue derogado en 1872 y en su lugar fueron establecidas significativas restricciónes de tarifas que fungieron como la mayor fuente de ingresos para los Estados hasta 1913. En 1913 se aprobó la décimo sexta enmienda, que concedía autoridad al Congreso para gravar los ingresos de la ciudadanía derivadas de cualquier fuente.

Debe notarse que la Ley de Impuestos de 1864 fue cuestionada varias veces. El Tribunal Supremo unánimemente apoyó el impuesto. Después de la guerra el impuesto fue declarado inconstitucional por el mismo Tribunal, porque representaba un impuesto directo sobre el ciudadano, que no estaba permitido según la Constitución.

1930s

Durante los 1930, los impuestos federales individuales nunca fueron mayores del 1.4% del PDB . Los impuestos a las corporaciones nunca fueron más del 1.6 % del PDB. En 1990, esos mismos impuestos eran 8.77 y 1.9% del PDB respectivamente.

Cambios en el Impuesto de Seguridad Social

He aquí alguna información interesante sobre la Ley de Contribuciones de la Seguridad Federal (FICA). Gracias a Harold Eyer por señalar este sitio.

Hojas sobre hechos: Impuestos

Historia del Sistema de Impuestos de Estados Unidos.

Los sistemas de impuestos federales, estatales y locales se han señalado por cambios significativos al paso de los años, en respuesta a circunstancias cambiantes y a cambios en el papel del Gobierno. El tipo de impuestos recaudados, sus proporciones relativas, y la magnitud de los ingresos recaudados son todos muy diferentes de lo que eran hace 50 o 100 años. Algunos de esos cambios podían vincularse a eventos históricos específicos, tales como la guerra o la aprobación de la Décimo Sexta Enmienda de la Constitución, que otorgaba al congreso el poder de gravar con un impuesto el ingreso personal. Otros cambios fueron más graduales, respondiendo a cambios en la sociedad, en nuestra economía, y los papeles y responsabilidades que el gobierno se ha atribuído.

Tiempos coloniales

Por la mayor parte de la historia de nuestra nación, los contribuyentes individuales raramente han tenido algún contacto significativo con las autoridades fiscales federales, ya que los más de los ingresos fiscales del gobierno federal se derivaban de impuestos sobre consumo, tarifas, y derechos de aduana. Antes de la guerra revolucionaria, el gobierno colonial tenía sólo una necesidad limitada de ingresos, puesto que cada una de las colonias tenía mayores responsabilidades y por lo tanto más necesidades de ingresos, las que afrontaban con distintos tipos de impuestos. Por ejemplo, las colonias sureñas gravaban principalmente las importaciones y exportaciones, las colonias del centro a veces imponían un impuesto sobre la propiedad y uno “por cabeza” o impuesto censual, gravando a cada varón adulto, y las colonias de Nueva Inglaterra recaudaban ingresos principalmente a través de impuestos sobre bienes inmuebles, impuesto sobre consumo, e impuestos basados en la ocupación.

La necesidad que tuvo Inglaterra de pagar sus guerras con Francia la condujo a imponer una serie de impuestos sobre las colonias americanas. En 1765, el Parlamento inglés aprobó la Ley del Timbre, que fue el primer impuesto gravando directamente a las colonias americanas, y después el Parlamento impuso un impuesto al té. Aunque los colonos estaban forzados a pagar esos impuestos, carecían de representación en el Parlamento Inglés. Esto condujo al grito de movilización de la Revolución Americana – “Impuestos sin representación es tiranía” y estableció una preocupación persistente en cuanto a impuestos como parte de la cultura americana.

La era post revolucionaria.

Los artículos de la Confederación, aprobados en 1781, reflejaban el temor Americano a un gobierno central fuerte, y por tanto retuvieron mucho del poder político en los Estados. El Gobierno Nacional tiene pocas responsabilidades, y carece de sistema de impuestos nacional, basándose en aportaciones de los Estados para sus ingresos. Bajo esos artículos, cada Estado era un entidad soberana y podía gravar impuestos como quisiese.

Cuando la Constitución fue adoptada en 1789, los padres fundadores reconocieron que ningún gobierno podía funcionar si dependía completamente de otros gobiernos. Para sus recursos, pues, se concedió autoridad al Gobierno Federal de establecer impuestos. La Constitución dotó al Congreso con el poder de “establecer y recaudar impuestos, derechos, impuestos sobre consumo, pagar deudas y proveer a la defensa y bienestar general de Estados Unidos”. Siempre en guardia contra el poder del Gobierno Central para eclipsar el poder de los Estados, la recaudación de impuestos quedó como responsabilidad de los gobiernos estatales.

Para pagar las deudas de la Guerra revolucionaria, el Congreso estableció impuestos sobre consumo de licores destilados, tabaco y rapé, azúcar refinada, carruajes, propiedad vendida en subastas, y diversos docmentos legales. Aún en los primeros días de la República, sin embargo, los propósitos sociales influyeron sobre lo que sería gravado. Por ejemplo, Pennsylvania decretó un impuesto de consumo “para restringir su uso inmoderado a personas de bajas circunstancias”. Los dueños de propiedades dieron apoyo adicional a ese impuesto específico, pues esperaban así mantener a bajo nivel las tasas de impuestos a la propiedad, ofreciendo un ejemplo temprano de las tensiones políticas que subyacen las decisiones sobre política de impuestos.

Aunque las políticas sociales a veces gobernaron el curso de las políticas fiscales aun en los días tempranos de la República, la naturaleza de esas políticas no se extendieron a la recaudación de impuestos a fin de igualar ingresos y fortunas, o con el propósito de redistribuir ingresos o fortuna. Según escribió Thomas Jefferson refiriéndose a la cláusula del “bienestar general”: Tomar de alguien, porque se piensa que su propia industria y la de su padre han adquirido demasiado, a fin de salvar para otros (o sus padres) que no ejercieron la misma industria y habilidad, es violar arbitrariamente el primer principio de la asociación, “garantizar a todos un ejercicio libre de su industria y los frutos por ella adquiridos”.

Con el establecimiento de la nueva nación, los ciudadanos de las varias colonias tenían ahora una adecuada representación democrática, sin embargo muchos americanos aún se oponían y resistían impuestos que estimaban injustos o impropios. En 1794, un grupo de granjeros del suroeste de Pennsylvania se opuso físicamente al impuesto del whiskey, forzando al Presidente Washington a enviar tropas federales para extinguir la rebelión del whisky, estableciendo así el importante precedente de que el gobierno federal estaba decidido a imponer sus leyes fiscales. La rebelión del whisky también confirmó, sin embargo, que la resistencia a impuestos injustos o más altos, que condujo a la declaración de independencia, no se evaporaba con la formación de un gobierno nuevo, representativo.

El gobierno federal impuso los primeros impuestos directos en los propietarios de casas, tierras, esclavos, y haciendas. Estos impuestos eran llamados directos porque son impuestos recurrentes pagados directamente al gobierno por el contribuyente, basado en el valor del artículo que es la razón del impuesto.. El tema de los impuestos directos, en oposición a los indirectos, jugó un papel crucial en la evolución de la política de impuesto federal en los años siguientes. Cuando Thomas Jefferson fue electo presidente en 1802, los impuestos directos fueron abolidos y por los siguientes 10 años no hubo impuestos de ingresos internos más que los impuestos sobre consumo.

Para allegar dineros para la guerra de 1812, el Congreso impuso impuestos adicionales sobre consumo, elevó ciertos derechos aduanales, y allegó fondos mediante la emisión de bonos de tesorería. En 1918 el Congreso abolió esos impuestos y por los siguientes 44 años el Gobierno Federal no recaudó ingresos internos. En su lugar, el Gobierno recibió los más de sus ingresos a través de altos derechos de aduana y la venta de tierras públicas.

La Guerra Civil.

Cuando estalló la Guerra Civil, el Congreso aprobó la Ley de Ingresos de 1861, que restauró anteriores impuestos sobre consumo e impuso impuestos sobre ingresos personales. El impuesto dispuso un gravamen de 3% sobre todos los ingresos superiores a $800.00 al año. Este impuesto sobre ingreso personal fue una nueva dirección para un sistema de impuesto federal basado principalmente en impuestos sobre consumos y derechos de aduana. Ciertas inconveniencias del impuesto fueron rápidamente reconocidas por el Congreso y por tanto ninguno fue recaudado hasta el año siguiente.

Hacia la primavera de 1862 se hizo claro que la guerra no terminaría rápidamente y con la deuda de la Unión aumentando a un ritmo de $2 millones diarios, fue igualmente claro que el Gobierno Federal necesitaría ingresos adicionales. En Julio 1, 1862, el Congreso aprobó nuevos impuestos sobre consumo en artículos como juegos de naipes, pólvora para armas, plumas, telegramas, hierro, cuero, pianos, yates, mesas de billar, drogas, medicinas de patentes, y whisky. Muchos documentos legales fueron también gravados, y se cobraron derechos de licencia sobre casi todas las profesiones y ocupaciones.

La ley de 1862 hizo también importantes reformas al impuesto federal sobre ingresos, que presagiaron rasgos importantes del impuesto actual. Por ejemplo, se legisló una estructura de dos niveles, con tasas de gravamen de 3% sobre ingresos de hasta $10,000.00, e ingresos mayores gravados a un 5%. Se aprobó una deducción normal de $600.00 y una variedad de deducciones fueron hechas adecuadas a cosas como rentas de alquiler, reparaciones, pérdidas, y otros impuestos pagados. Además, a fin de asegurar una recaudación puntual, los impuestos fueron “retenidos en la fuente” por los empleadores.

La necesidad de ingresos federales declinó rápidamente después de la guerra, y la mayoría de los impuestos fue abolida. Hacia 1868, la fuente principal de ingresos gubernamentales se derivaba de los impuestos sobre alcohol y tabaco. El impuesto sobre ingresos fue abolido en 1872. De 1868 a 1913, casi el 90% de todos los ingresos se recaudaba de los impuestos de consumo todavía vigentes.

La Enmienda 16.

De acuerdo con la Constitución, el Congreso sólo podía gravar con impuestos directos si eran decretados en proporción a la población de cada Estado. De tal manera que cuando un impuesto federal uniforme fue promulgado en 1894, fue inmediatamente impugnado y en 1895 el Tribunal Supremo lo declaró inconstitucional, porque era un impuesto directo no proporcionado de acuerdo a la población de cada Estado.

Careciendo de los fondos de un impuesto sobre ingresos y con rígida resistencia contra toda otra forma de impuestos internos, desde 1896 hasta 1910 el Gobierno Federal dependía fuertemente de altas tarifas para sus recaudaciones. La Ley de Ingresos de Guerra de 1899 trató de levantar fondos para la Guerra Hispano-Americana mediante la venta de bonos, impuestos sobre instalaciones de recreo usadas por los obreros, y prodigó impuestos sobre la cerveza y el tabaco. Inclusive se creó un impuesto para la goma de mascar. La ley expiró en 1902, de manera que las entradas de impuestos federales descendieron de un 1.7% a un 1.3% del PDB.

Mientras que La Ley de Ingresos de Guerra volvió a fuentes tradicionales de ingresos de acuerdo con la decisión de 1895 del Tribunal Supremo en cuanto a impuesto sobre ingresos, el debate sobre fuentes alternativas de ingresos se mantuvo intenso. La nación se hacía crecientemente consciente de que las altas tarifas e impuestos sobre consumo no eran política económica sana y frecuentemente gravaban desproporcionalmente a los menos favorecidos. Se presentaron propuestas por congresistas de áreas rurales para reinstaurar el impuesto sobre ingresos, pues sus electores temían un impuesto federal sobre las propiedades, especialmente sobre la tierra, como reemplazo por los impuestos sobre consumo.

Eventualmente el debate sobre el impuesto a ingresos enfrentó a congresistas del sur y del oeste, representando áreas mayormente agrícolas y rurales contra el industrial noreste. El debate produjo un acuerdo que pedía un impuesto, llamado impuesto al consumo, que se impondría a los ingresos de los negocios, y una enmienda constitucional que permitiera al Gobierno Federal gravar con impuestos los legítimos ingresos individuales, independientemente de la población de cada Estado.

Hacia 1913, 36 Estados habían ratificado la Enmienda Constitucional 16. En Octubre el Congreso aprobó un nuevo impuesto sobre ingresos con tasas comenzando por un 1% y subiendo hasta un 7% para contribuyentes con ingresos que excedieran $500,000.00. Menos de un 1% de la población pagaba impuesto sobre ingresos por aquel entonces. El modelo 1040 fue establecido como la declaración normal de impuestos que, aunque cambiada en muchas formas a través de los años, permanece en uso hoy día.

Uno de los problemas con la ley de impuesto sobre ingresos fue cómo definir ingreso “legítimo”. El Congreso resolvió este problema enmendando la ley en 1916 y suprimiendo la palabra “legítimo” al definir ingresos. Como resultado, todos los ingresos estaban sujeto a gravamen, aunque fuera obtenido por medios ilegales. Algunos años después el Tribunal Supremo declaró que la quinta enmienda no podía ser usada por contrabandistas y otros que derivaban ingresos con actividades ilegales, a fin de eludir el pago de impuestos. En consecuencia, muchos que infringieron varias leyes asociadas con actividades ilícitas, y pudieron escapara a la justicia por esos crímenes, fueron encarcelados por evasión de impuestos.

Con anterioridad a la promulgación del impuesto sobre ingresos, muchos ciudadanos pudieron proseguir sus asuntos financieros sin conocimiento directo del Gobierno. Individuos ganaban sus salarios, los negocios ganaban sus utilidades, y la fortuna era acumulada o gastada con poca o ninguna interacción con entidades gubernamentales. El impuesto sobre ingresos cambió fundamentalmente esta relación, dando al Gobierno el derecho y la necesidad de conocer todas las formas de la vida económica de individuos o negocios. El Congreso reconoció la inherente intromisión del impuesto sobre ingresos en los asuntos personales de los contribuyentes y así, en 1916, proveyó a los ciudadanos con algún grado de protección, al requerir que la información de impuestos sobre ingresos fuera mantenida confidencial.

La primera guerra mundial y los 1920s.

La entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial incrementó grandemente la necesidad de ingresos y el Congreso respondió aprobando la Ley de Ingresos de 1916. La Ley de 1916 aumentó la menor tasa de impuestos de un 1 a un 2 por ciento, y elevó la tasa mayor al quince por ciento en contribuyentes con ingresos de más de $1.5 millones de dólares. La ley de 1916 también impuso gravámenes en haciendas y ganacias comerciales excesivas.

Impulsado por la Guerra y mayormente financiado por el Nuevo impuesto sobre ingresos, hacia 1917 el Presupuesto Federal era casi igual al presupuesto total de todos los años entre 1791 y 1916. Con necesidad de aún mas ingresos, la Ley de Ingresos de Guerra disminuyó las exenciones y aumentó grandemente las tasas de impuestos. En 1916, un contribuyente necesitaba un ingreso gravable de $1.5 millones para pagar una tasa de 15%. Hacia 1917, un contribuyente con sólo $40,000.00 afrontaba una tasa de 16% y el individuo con $1.5 millones . afrontaba una tasa de impuestos de 67%.

Otra ley sobre ingresos fue aprobada en 1918, que una vez más aumentó los impuestos, esta vez elevando la tasa más baja hasta un 6%, y la más alta a un 77%. Estos cambios aumentaron el ingreso de $716 millones en 1916 a 3,600 millones en 1918, que representaba alrededor de un 25% del PDB. Sin embargo, aún en 1918, sólo un cinco por ciento de la población pagaba impuestos sobre ingresos, y aún así el impuesto sobre ingresos cubría una tercera parte del costo de la guerra.

La economía floreció durante los 1920s, a lo que siguieron recaudaciones crecientes del impuesto sobre ingresos. Esto permitió al Congreso disminuir los impuestos cinco veces, finalmente regresando a la tasa menor de un 1% y a disminuyendo la mayor a un 25%, reduciendo la carga del Presupuesto Federal como parte del PDB a un trece por ciento. Al disminuir las tasas de gravámenes, y declinar las recaudaciones de impuestos, la economías se fortaleció aún más.

En Octubre de 1929 el desplome del mercado de valores marcó el inicio de la gran depresión. A, reducirse la economía, se redujeron también los ingresos del Gobierno. En 1932 el Gobierno Federal recaudó sólo $1.900 millones, comparado con $6.600 millones en 1920. Ante los crecientes déficits presupuestales, que alcanzaron $2,700 millones en 1931, el Congreso siguió la prevaleciente sabiduría económica de ese tiempo, y aprobó la Ley de Impuestos de 1932, que aumentó dramáticamente las tasas de impuestos una vez más. Esto fue seguido de otro aumento de impuestos en 1936 que mejoró nuevamente las finanzas gubernamentales a tiempo que debilitaba más la economía. Hacia 1936 la tasa de impuestos más baja había alcanzado un 4% y la máxima hasta un 79%. En 1939 el Gobierno codificó sistemáticamente las leyes de impuestos de forma que todas las subsiguientes legislaciones impositivas hasta 1954 enmendaron ese código básico. La combinación de una economía deprimida y los repetidos aumentos de impuestos elevaron la carga de impuestos gubernamentales a un 6.8% del PDB hacia 1940.

El Impuesto de Seguridad Social

El estado de la economía durante La Gran Depresión condujo en 1935 a la aprobación de la Ley de Seguridad Social. La ley proveía pagos conocidos como “compensación por desempleo”, a los trabajadores que hubieran perdido sus trabajos. Otras secciones de la ley daban ayuda pública a los ancianos, los necesitados, los incapacitados y a ciertos menores. Estos programas fueron financiados por un impuesto de 2%, mitad del cual sería deducido directamente del pago del empleado y la otra mitad recaudado de los empleadores a favor de los empleados. Este impuesto era recaudado de los primeros $3,000 del salario o sueldo del empleado.

La Segunda Guerra Mundial

Aún antes de que Estados Unidos entrará en la Segunda Guerra Mundial, los crecientes gastos para la defensa y la necesidad de dineros para ayudar a los oponentes a la agresión del Eje, condujo a la aprobación en 1940 de dos leyes de impuestos que aumentaron los impuestos personales y de corporaciones, a las que siguió un nuevo aumento de impuestos en 1941. Hacia el fin de la guerra, la naturaleza del impuesto sobre ingresos había sido cambiada fundamentalmente. La reducción en los niveles de exención significaba que los contribuyentes con ingresos gravados de sólo $500.00 tenian la más baja tasa de impuestos de un 23%, mientras que contribuyentes con ingresos de más de $1 millón afrontaban una tasa de un 94%. Esos cambios de impuestos aumentaron las recaudaciones de $8,700 millones en 1941 a $45,200 millones en 1945. Aun con una economía estimulada por la producción de tiempos de guerra, los impuestos federales como parte del PDB crecieron de un 7.6% en 1941 a un 20.4% en 1945. Más allá de las tasas y recaudaciones, sin embargo, otro aspecto que cambió en el impuesto sobre ingresos fue el aumento en el número de contribuyentes de 4 millones en 1939 a 43 millones en 1945.

Otro rasgo importante que cambió en el impuesto sobre ingresos fue la vuelta a la retención de ese impuesto como se había hecho en la Guerra Civil. Esto facilitó grandemente la recaudación del impuesto tanto para el contribuyente como para la Oficina de Ingresos Internos. Sin embargo, también redujo grandemente la percepción del contribuyente de la cantidad de impuesto que estaba siendo recaudada, es decir, redujo la transparencia del impuesto, lo que facilitó aumentar impuestos en el futuro.

Desenvolvimientos después de la Segunda Guerra Mundial.

Las rebajas de impuestos que siguieron a la Guerra redujeron la carga de impuestos federales, como proporción del PDB, de un máximo de 20.9% en 1944 a un 14.4% en 1950. Sin embargo, la Guerra de Corea creó una necesidad de ingresos adicionales que, combinada con la extensión de la cobertura de la Seguridad Social a personas autoempleadas, significó que para 1952 la carga de impuestos había regresado a un 19.0% del PDB.

En 1953 la Oficina de Recaudaciones Internas recibió un nuevo nombre: Servicio de Recaudaciones Internas (IRS). El nuevo nombre fue escogido para enfatizar el aspecto de servicio de su trabajo. Para 1959, el IRS se había convertido en la organización de contabilidad, recaudación y procesamiento de declaraciones más grande del mundo. Se introdujeron computadores para automatizar y hacer más eficiente su trabajo y para mejorar el servicio a los contribuyentes. En 1961 el Congreso aprobó una ley requiriendo que los contribuyentes individuales usaran su número de seguridad social como una forma de identificar su declaración de impuestos. Para 1967, todas las declaraciones de impuestos personales y de negocios se procesaban por medio de computadores, y para los últimos 1960s el IRS había desarrollado un método computadorizado para seleccionar las declaraciones de impuestos que debían ser examinadas. Esto hizo que la selección de declaraciones para ser auditadas fueran más justas para el contribuyente y permitió al IRS enfocar sus recursos de auditoría sobre aquellas declaraciones con más probabilidad de ser auditadas.

A través de los 1950s, la política de impuestos fue crecientemente vista como un instrumento para aumentar las recaudaciones y cambiar los incentivos en la economía, pero también como herramienta para estabilizar la actividad de la macroeconomía. La economía permaneció como objeto de ciclos de auge y desplome y muchos políticos aceptaron sin reparos la nueva política económica de aumentar o disminuir los impuestos y gastos para ajustar la demanda agregada y asi suavizar el ciclo de negocios. Áun así, sin embargo, la máxima tasa de interés en 1954 permaneció a un 87% de impuesto sobre ingresos. A tiempo que el impuesto sobre ingresos experimentó algún tipo de revisión o enmienda, casi todos los años, desde la gran reorganización de 1954, algunos años marcaron cambios significativos. Por ejemplo, la Ley de Reforma de Impuestos de 1969 redujo las tasas de impuesto sobre ingresos para individuos y fundaciones privadas.

Comenzando en los finales de los 1960s., y continuando a través de los 1970s., Estados Unidos experimentó persistentes y crecientes tasas de inflación, llegando últimamente a un 13.3% en 1979. La inflación tiene un efecto destructor en muchos aspectos de la economía, pero también puede crear caos en un sistema de impuestos sobre ingresos, a menos que se tomen precauciones adecuadas. Específicamente, a menos que las coordenadas del sistema de impuestos, es decir, los niveles impositivos y sus exenciones determinadas, deducciones y créditos, sean reguladas para la inflación, un alza continua del nivel de precios moverá a los contribuyentes a más altos niveles de contribución al reducir los valores de sus exenciones y deducciones.

Durante este tiempo los impuestos sobre ingresos no tenían regulados los indices de inflación y, movidos por una inflación creciente, y a pesar de repetidas leyes de disminución de impuestos, la carga de impuestos se elevó de un 19.4% del PDB a un 20.8% del PDB. Combinados con altas tasas de impuestos, inflación creciente, y una pesada carga regulatoria, esta alta carga de impuestos causó que la economía disminuyera seriamente su actuación, todo lo cual creó las bases para la rebaja de impuestos de Reagan, también conocida como La Ley de Recuperación Económica de 1981.

La rebaja de impuestos de Reagan.

La Ley de Recuperación Económica de 1981, que disfrutó de fuerte apoyo bipartidista en el Congreso, representó un cambio fundamental en el curso de la política federal de impuesto sobre ingresos. Promovida inicialmente durante muchos años por el entonces representante Jack Kemp (R-NY) y el entonces senador Hill Roth (R-DE), presentaba una reducción de un 25% en los niveles de impuestos, implementados en un plazo de tres años, y con indices de inflación de ahí en adelante. Esto disminuyó en un 50% el nivel más alto de impuestos.

La Ley de 1981 también presentó un abandono dramático en el tratamiento de los desembolsos para plantas y equipos que hacían los negocios, es decir, recuperación del costo de capital, o depreciación del impuesto. Hasta entonces, la recuperación del costo de capital trataba, en términos generales, de seguir un concepto conocido como depreciación económica, que se refiere al descenso que tienen en el valor de mercado los recursos de producción después de un período específico de tiempo. La Ley de 1981 desplazó explícitamente el concepto de depreciación económica, creando en su lugar el Sistema de Recuperación Acelerada de Costos, que redujo grandemente la pérdida de incentivos que afrontaban las inversiones de negocios, y finalmente preparando el camino para el subsiguiente auge en la formación de capital. En adición a la acelerada recuperación de costos, la Ley de 1981 instituyó un Crédito de impuestos de un 10% de la inversión, para estimular la formación adicional de capital.

Antes de la rebaja de impuestos de 1981, y en muchos círculos aún después, la opinión prevaleciente era que la política de impuestos es más efectiva cuando modula la demanda agregada que cuando la demanda y la oferta no concuerdan, esto es, cuando la economía va hacia la recesión o cuando se sobrecalienta. La rebaja de impuestos de 1981 representó una nueva forma de considerar la política de impuestos, aunque era de hecho un regreso a una forma más tradicional, o neoclásica, de perspectiva económica. La idea esencial era que los impuestos tienen su primero y principal efecto en los incentivos económicos que afrontan individuos y negocios. De modo que la tasa de impuesto del último dólar ganado, esto es, el dólar marginal, es mucho más importante para la actividad económica que la tasa de impuestos que afronta el primer dólar ganado o que la tasa de impuestos media. Reduciendo las tasas de impuesto marginal, se creía que las fuerzas naturales del crecimiento económico estarían menos restringidas. Los individuos más productivos dirigirían entonces más energías hacia actividades productivas que hacia el ocio, y los negocios tomarían entonces ventaja de muchos más oportunidades lucrativas. También se pensaba que al reducir las tasas de impuesto marginal, ampliaría la base impositiva puesto que entonces los individuos dirigirían más de sus ingresos y actividades hacia formas sujetas a impuestos que hacia las exentas.

La rebaja de impuestos de 1981 representó el alejamiento de previas filosofías políticas sobre impuestos, una explícita y deseada y la segunda por implicación. El primer cambio fue el nuevo enfoque sobre las tasas del impuesto marginal e incentivos, como factores claves en como el sistema de impuestos afecta la actividad económica. El segundo alejamiento político fue apartarse del impuesto sobre ingresos e ir hacia el impuesto sobre consumo. El cobro de costos acelerado fue una manifestación de este cambio en el lado de los negocios, pero el lado individual también vió un cambio significativo en la implementación de varios preceptos para reducir el impuesto múltiple sobre el ahorro individual. La Cuenta de Retiro Individual, por ejemplo, fue promulgada en 1981.

Simultáneamente con la promulgación de las rebajas de impuestos en 1981, el Consejo de la Reserva Federal, con el completo apoyo de la Administración Reagan, alteró la política monetaria a fin de traer la inflación bajo control. Las acciones de la Reserva Federal disminuyeron la inflación más rápido y más lejos de lo que se previó en aquel momento, y una consecuencia fue que la economía cayó en una honda recesión en 1982. Otra consecuencia del colapso de la inflación fueron los niveles de gastos federales , que por haber sido considerados a un nivel superior a la prevista inflación, resultaron ser muchos más altos en términos ajustados a la inflación. La combinación de las rebajas de impuestos, la recesión, y el aumento por una vez de gastos federales ajustados a la inflación, produjo déficits presupuestales históricamente altos que, a su vez, condujeron a un aumento de impuestos en 1984 que se igualaban a algunas de las rebajas de impuestos dispuestas en 1981, especialmente del lado de los negocios.

Al bajar la inflación y entrar en efecto más y más de las rebajas de impuestos de la Ley de 1891, la economía comenzó un fuerte y sostenido modelo de crecimiento. Aunque la penosa medicina de la desinflación hizo lento e inicialmente escondió el proceso, los efectos beneficiosos de las rebajas de la tasa marginal y las reducciones de los incentivos negativos a la inversión se enraizaron, según lo prometido.

El sistema de Seguridad Social se mantuvo esencialmente igual desde su promulgación hasta 1956. Sin embargo, a partir de 1956 la Seguridad Social comenzó una casi continua evolución al irse añadiendo más y más beneficios, comenzando con la adición de los beneficios del Seguro de Incapacidad. En 1958 se extendieron los beneficios a los que dependían de trabajadores incapacitados. En 1967, los beneficios de incapacidad fueron extendidos a viudas y viudos. Las enmiendas de 1972 proveyeron beneficios automáticos de costo de la vida.

En 1965 el Congreso promulgó el programa de Cuidados Médicos, que proveía para las necesidades médicas de personas de 65 o más años, independientemente de sus ingresos. Las enmiendas crearon también el Programa de Ayuda Médica, que provee asistencia médica para personas de bajos ingresos y recursos.

Por supuesto, la expansión de la Seguridad Social y la creación de Cuidados Médicos y Ayuda Médica requirieron impuestos para ingresos adicionales, de forma que el impuesto básico sobre la nómina se aumentó repetidamente a través de los años. Entre 1949 y 1962 la tasa de impuesto sobre la nómina ascendió continuamente desde su tasa inicial de 2 por ciento a un 6 por ciento. Las expansiones de 1965 condujeron a mayores aumentos en la tasa combinada de impuestos a la nómina subiendo a un 12.3% en 1980. De forma que en 31 años la carga máxima de impuestos de la Seguridad Social aumentó de unos meros $60.00 en 1949 a $3,175.00 en 1980.

A pesar del aumento de la carga del impuesto sobre la nómina, las expansiones de beneficios que el Congreso promulgó en años anteriores llevaron a profundas crisis de fondos en el programa de Seguridad Social en los primeros 1980s. Eventualmente el Congreso legisló algunos pequeños cambios programáticos en los beneficios de Seguridad Social, junto a un aumento en la tasa de impuesto sobre la nómina hasta un 15.3% en 1990. Entre 1980 y 1990, la carga máxima de impuesto sobre la nómina más que se duplicó hasta $7,849.00.

La Ley de Reforma de Impuestos de 1986.

Siguiendo a la promulgación de los cambios de impuestos en 1981, 1982 y 1984, había un sentimiento creciente de que el impuesto sobre ingresos necesitaba de una revisión más fundamental. El auge económico que siguió a la recesión de 1982 convenció a muchos dirigentes políticos de ambos partidos que tasas de impuestos más bajas eran esenciales a una economía fuerte, a tiempo que el constante cambio de la Ley hizo llegar a muchos una apreciación de la complejidad del sistema de impuestos. Más aún, los debates durante este período llevaron a un entendimiento general de las distorsiones impuestas a la economía, y la pérdida de empleos y salarios, que surgían de las muchas peculiaridades en la definición de la base de impuestos. Se desarrolló una nueva y más amplia filosofía de la política de impuestos de que el impuesto sobre ingresos mejoraría grandemente si se rechazaban todas estas disposiciones especiales y se disminuían aún más las tasas de impuestos. De forma que en el mensaje de 1984 sobre el Estado de La Unión, el Presidente Reagan abogó por una reforma total del impuesto sobre los ingresos, de forma que tuviera una base más amplia y tasas más bajas, y fuera más justo, más simple y más consistente con la eficiencia económica.

La culminación de este esfuerzo fue la Ley de Reformas de Impuestos de 1986, que disminuyó la más alta tasa de impuesto estatutorio desde un 50% a un 28%, a la vez que el impuesto sobre las corporaciones fue reducido de un 50 a un 35%. El número de niveles de impuestos fue reducido y la exención personal y las cantidades de deducción normal fueron aumentadas y reguladas de acuerdo con la inflación, aliviando así a millones de contribuyentes de cualquier carga de impuesto federal. Sin embargo, la Ley también creó nuevos impuestos mínimos alternativos, personales y de corporaciones, que demostraron ser demasiado complicados, innecesarios y económicamente dañinos.

La Ley de Reformas de Impuestos de 1986 fue esencialmente neutra en cuanto a ingresos, es decir, no tenía el propósito de aumentar o disminuir los impuestos; pero pasó de los individuos a las corporaciones algunas de las cargas impositivas. Mucho del aumento del impuesto sobre los negocios fue el resultado de un aumento en el impuesto sobre la formación de capital de negocios. Logró algunas simplificaciones para los individuos a través de la eliminación de cosas tales como promedio de ingresos, la deducción por el interés del consumidor, y la deducción de los impuestos locales y estatales sobre ventas. Pero en muchos aspectos la Ley añadió complejidad al impuesto sobre negocios, especialmente en el área de impuestos internacionales. Algunas de las disposiciones de demasiado alcance de la Ley condujeron también a una baja en los mercados inmobiliarios, que jugaron un papel importante en el subsiguiente colapso de la industria de Ahorros y Préstamos.

Contemplada en un contexto más amplio, la Ley de Impuestos de 1986 representó el penúltimo pago de un proceso extraordinario de reducción de tasas de interés. En el período de 22 años de 1964 a 1986, la máxima tasa de impuesto individual fue reducida de un 91 a un 28 por ciento. Sin embargo, a causa de que los contribuyentes de mayores ingresos escogían cada vez más el recibir sus ingresos en forma sujeta a impuestos, y a causa de la ampliación de la base de impuestos, la progresividad del sistema de impuestos en realidad aumentó durante este período.

La Ley de Impuestos de 1986 también representó un regreso temporal en la evolución del sistema de impuestos. Aunque llamado impuesto sobre ingresos, el sistema federal de impuestos ha sido en realidad, por muchos años, un impuesto híbrido de ingreso y consumo, con el balance inclinándose hacia un impuesto de consumo ol alejándose de él, con muchas de las principales leyes de impuestos. La Ley de Impuestos de 1986 inclinó el balance, una vez más, hacia el impuesto sobre ingresos. De mayor importancia en este sentido fue el regreso a referencias a la depreciación económica en la formulación del sistema de recuperación de costo de capital, y las significativas nuevas restricciones en el uso de las Cuentas de Retiro Individual.

Entre 1986 y 1990 la carga de impuesto federal se elevó, como parte del PDB, desde un 17.5 a un 18 por ciento. A pesar del incremento en la carga general de impuestos, déficits federales persistentes, debido a todavía mayores niveles de gasto gubernamental, crearon presiones casi constantes para aumentar los impuestos. De forma que en 1990 el Congreso aprobó un significativo aumento de impuestos presentando una tasa de impuestos máxima de 31 por ciento. Poco después de su elección, el Presidente Clinton insistió en que el Congreso aprobara un segundo gran aumento en 1993, en el cual la máxima tasa de interés fue elevada a 36% y aun fue añadido un sobrecargo de 10%, dejando la máxima tasa de impuestos efectiva en un 39.6 por ciento. Claramente, la tendencia hacia menores tasas de interés marginales había sido revocada, pero, como resultó más tarde, sólo temporalmente.

La ley de Alivio al Contribuyente de 1997 hizo cambios adicionales al código de impuestos, dando una modesta rebaja de impuestos. La pieza central de la Ley de 1997 fue un significativo nuevo beneficio impositivo a ciertas familias con niños, a través del Crédito de Impuestos por Niño. Sin embargo, el factor realmente significativo de este alivio impositivo fue que el crédito era reintegrable a familias de más bajos ingresos. Es decir, en casos en que la familia hubiera pagado un impuesto “negativo”, o recibido un crédito en exceso de su responsabilidad anterior a la ley. Aunque el sistema impositivo había otorgado anteriormente créditos impositivos personales, como el Crédito Sobre el Ingreso Ganado, el Crédito Impositivo por Niño comenzó una tendencia en la política de impuesto federal. Los alivios impositivos anteriores fueron generalmente otorgados en la forma de tasas de impuesto menores o aumentos en deducciones o exenciones. La Ley de 1997 lanzó una moderna proliferación de créditos impositivos individuales y especialmente créditos reintegrables que son, en esencia, programas de gastos funcionando a través del sistema impositivo.

Los años inmediatamente posteriores al aumento de impuestos de 1993 vieron también continuar otra tendencia que fue, una vez más, cambiar de nuevo el balance del híbrido impuesto ingreso-consumo hacia el impuesto sobre consumo. En este caso el movimiento fue enteramente en la parte individual, en la forma de una proliferación de vehículos impositivos para promover ahorros de propósito específico. Por ejemplo, Las Cuentas de Ahorros Médicos fueron promulgadas para facilitar el ahorro en gastos médicos. Se promulgó una cuenta de retiro individual (IRA .Individual Retirement Account) para la educación, en la Sección 529 del Programa de Tutoría Calificada, con el objeto de ayudar a los contribuyentes a pagar futuros gastos de educación. Adicionalmente, se promulgó una nueva forma de vehículo de ahorro, llamada ROTH IRA, que se diferenciaba de otros vehículos de ahorro como el IRA tradicional, y planes 401(k) basados en el empleador, en que las contribuciones eran hechas en dólares posteriores al pago de impuestos y en que las distribuciones estaban libres de impuestos.

A pesar de las más altas tasas de impuestos, otros aspectos fundamentales de la economía tales como la baja inflación y las bajas tasas de interés, un mejor cuadro internacional con el colapso de la Unión Soviética, y la llegada de informaciones tecnológicas cuantitativamente nuevas, condujeron a fuertes resultados económicos a través de los 1990s. Esto, a su vez, llevó a un aumento extraordinario de la carga impositiva agregada, con los impuestos federales, en razón del PDB, llegando a una cima de postguerra de 20.08 en 2000.

La rebaja de impuestos de Bush

Hacia 2001, los ingresos totales de los impuestos habían producido un supuesto superávit unificado de presupuesto federal de $281,000 millones, con un acumulado superávit proyectado de $5.6 billones. Mucho de este superávit reflejaba una creciente carga impositiva como parte del PDB, debido a la interacción de resonancias crecientes de los ingresos y una estructura de progresivas tasas de impuestos. En consecuencia, bajo la dirección del Presidente Bush, el Congreso detuvo los proyectados aumentos futuros de la carga de impuestos, aprobando la “Ley de Alivio de Impuestos y Reconciliación” de 2001. La pieza central de la rebaja de impuestos de 2001 fue la recuperación de algo del terreno perdido en los 1990s en cuanto a menores tasas de interés de impuestos. Aunque la tasa de reducciones tendría efecto en un período de varios años, la máxima tasa de interés caerá de un 39.6 a un 33 por ciento.

La rebaja de impuestos de 2001 representó una vuelta a un número de tendencias distintas en la política de impuestos. Por ejemplo, amplió la Ley de Crédito de Impuestos de Apoyo Infantil, de $500.00 a $1,000.00 por niño. También aumentó el Crédito de Impuestos a los Niños Dependientes. La rebaja de impuestos de 2001 también continuó a moverse hacia un impuesto de consumo, expandiendo una serie de incentivos de ahorros. Otro rasgo de la rebaja de impuestos de 2001, particularmente digno de mención, es que pone los impuestos de haciendas, regalos y saltos generacionales en un curso de eventual abolición, que es también otro paso hacia un impuesto al consumo. Un rasgo nuevo en la rebaja de impuestos de 2001, comparada con la mayoría de las grandes leyes de impuestos, es que está casi desprovista de clásulas de impuesto a negocios.

La rebaja de impuestos de 2001 dará fuerza adicional a la economía en los próximos años, a medida que sus disposiciones se vayan haciendo efectivas y, en verdad, un argumento para su aprobación ha sido siempre el que es una forma de seguro contra un revés económico. Sin embargo, ignorada por la Administración Bush y por el Congreso, la economía ya estaba en descenso mientras la Ley estaba siendo debatida. Afortunadamente, el descenso fue breve y poco profundo, pero ya está claro que las rebajas de impuestos que fueron aprobadas y entraron en efecto en 2001, jugaron un papel significativo en apoyar la economía, abreviar la duración del descenso, y prepararla para una recuperación robusta.

Una lección del descenso económico fue el peligro de considerar una economía fuerte como cosa dada. El fuerte crecimiento de los 1990s condujo a hablar de una “nueva economía” que muchos estimaban estaba virtualmente a prueba de recesión. La popularidad de este supuesto era fácil de entender cuando se considera que sólo ha habido una muy leve recesión en los 18 años previos. Tomando a pecho esta lección, y a pesar de los crecientes beneficios de la rebaja de impuestos de 2001, y las tempranas señales de recuperación, el Presidente Bush hizo un llamado, y el Congreso aprobó, una ley de estímulo económico. La ley incluía una extensión de los beneficios de desempleo para ayudar a aquellos trabajadores y familias que estaban tensos debido a la depresión. La ley también incluía una disposición para proveer una temporal pero significativa aceleración de las concesiones por depreciación en las inversiones comerciales, asegurando así que la recuperación y expansión serán fuertes y equilibradas. Es interesante que la disposición sobre depreciación significa también que el impuesto federal sobre los negocios ha vuelto a su tendencia hacia un impuesto sobre consumo, haciéndose paralelo una vez más a la tendencia del impuesto individual.-

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Fuente: Ediciones EP.


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Cómo pagar menos impuestos, según Donald Trump

octubre 5, 2016

La pérdida de US$915 millones de Trump en 1995 podría haberle ahorrado impuestos por años

tax cutsGracias a una estipulación del código tributario de Estados Unidos llamada pérdida operativa neta, es posible que Donald Trump haya eludido impuestos por hasta 18 años tras declarar una pérdida de casi US$1.000 millones en 1995. Un vistazo a qué es y cómo funciona esta estipulación.

Fuente: The Wall Street Journal, 04/10/16.

Cómo lograr su Libertad Financiera

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Apple, Irlanda y la Unión Europea: La lucha por los impuestos

septiembre 8, 2016

La elusión de impuestos de Apple ilustra la brecha entre la ley y la lógica económica

La CE no acusa a Apple de quebrantar las leyes tributarias de Irlanda. Ese el meollo del asunto.

Por Greg Ip.
Apple Operations International, la subsidiaria de Apple en Irlanda.
Apple Operations International, la subsidiaria de Apple en Irlanda. 

Empresas estadounidenses como Apple Inc. no son solamente innovadoras de primera categoría en tecnología y marketing. Son, además, innovadoras de primera clase en la elusión de impuestos.

tax cutsEsta es una de las lecciones evidentes del anuncio que realizó la Comisión Europea la semana pasada de que Apple le debe a Irlanda hasta US$14.500 millones en impuestos impagos. Hablando estrictamente en términos económicos, la CE tiene razón. Apple, con la ayuda de Irlanda, separó las ganancias que reporta y los impuestos que paga de la actividad comercial que genera esas utilidades. Ese comportamiento, repetido por numerosas multinacionales en otras jurisdicciones, ha creado brechas gigantescas en el sistema mundial de impuestos corporativos.

Sin embargo, determinar si la CE tiene razón o no en el aspecto legal es otra cuestión. El organismo afirma que Irlanda le dio a Apple un trato especial que constituye una ayuda estatal ilícita a una empresa privada. El gobierno irlandés lo niega y planea apelar la decisión ante los tribunales de la Unión Europea.

La CE no acusa a Apple de quebrantar las leyes tributarias de Irlanda. Ese el meollo del asunto. La elusión multinacional de impuestos está creciendo precisamente porque las compañías perseverantes pueden hallar muchas maneras, y muchos gobiernos socios, para evitar pagar tributos. Las normas impositivas son tan subjetivas que una compañía puede afirmar que cumple las normas y sin embargo paga una tasa que “todos los demás ven y dicen que es de locos”, asevera Martin Sullivan, economista jefe de Tax Analysts, una consultora sin fines de lucro.

Ver: Como eluden impuestos las firmas de Private Equity 

El hecho de que la elusión de impuestos corporativos haya crecido es evidente al ver las ganancias que las empresas estadounidenses reportan en paraísos fiscales. Las ganancias de las empresas de control estadounidense equivalieron en 2004 a 7,6% del Producto Interno Bruto de Irlanda. Para 2010, esa cifra se había más que quintuplicado, a 42%, según Jane Gravelle, analista del Servicio de Investigación del Congreso, que no tiene afiliación política. En Luxemburgo, la relación se ha disparado de 18,2% a 127%. En paraísos fiscales tradicionales como las Islas Vírgenes Británicas y las Islas Caimán, las ganancias de las subsidiarias estadounidenses equivalieron a 20 veces el PIB local en 2010.

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Existen varias razones detrás de este aumento. Una es el crecimiento de la propiedad intelectual, como las patentes, las marcas y el software como fuente de ganancias, que se pueden trasladar fácilmente entre jurisdicciones en el extranjero. Otra es la sofisticación y la audacia con las que las multinacionales explotan los resquicios entre, y los tecnicismos en, los sistemas tributarios de diferentes países. Debido a que Estados Unidos es líder en sectores intensivos en propiedad intelectual, sus empresas son naturalmente los usuarios más ávidos de tales técnicas.

Ver: ¿Son legales los Paraísos fiscales?

Según la CE, Irlanda tomó determinaciones impositivas en 1991 y 2007 que permitieron a Apple asignar ganancias sobre las ventas en la Unión Europa a una “sede” interna que existía sólo en papel y no era gravable bajo una provisión de las leyes tributarias irlandesas que ya no está en vigencia. Por consecuencia, sostiene, la tasa tributaria efectiva de Irlanda sobre las ganancias europeas de Apple fue de 0,005%, muy por debajo del impuesto corporativo oficial de 12,5%.

La respuesta de Apple, como es costumbre, distó de ser un pedido de disculpas. “Pagamos todos los impuestos que debemos”, declaró su presidente ejecutivo, Tim Cook, en una carta a los clientes.

Cook calificó la tasa tributaria estimada de la CE como “estupideces políticas”. Un vocero del gobierno irlandés dijo: Lo que sabemos que es irlandés está siendo tributado. Lo que sabemos que no es irlandés no estamos tocando”. El secretario del Tesoro de EE.UU., Jack Lew, quien suele vituperar contra malhechores corporativos, se puso del lado de Apple, argumentando que la CE ha sembrado incertidumbre y socavó la cooperación internacional, liderada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, para tomar medidas drásticas contra la elusión impositiva.

Lew también una motivación monetaria. La CE afirma que Apple debe impuestos que ocultó indebidamente de los gobiernos europeos. No obstante, EE.UU. también reclama el dinero. Pese a que Apple envió las ganancias a una unidad que no es reconocida por la ley tributaria de EE.UU., la compañía dice que las utilidades están sujetas a impuestos estadounidenses. Sin embargo, no tiene que pagar el impuesto mientras el dinero permanece fuera del país, y Cook asegura que no será repatriado hasta que la tasa de impuestos corporativos de EE.UU., actualmente de 35%, sea más de su gusto. Apple reporta una tasa impositiva de 26%, pero eso incluye impuestos sobre ingresos extranjeros que en realidad no ha pagado. Sin contar eso, su tasa tributaria en efectivo es de 19%.

Esto, sin dudas, es lo que los accionistas de Apple quieren escuchar, pero solamente profundiza el cinismo del público hacia el sistema tributario y la globalización en general.

Las empresas estadounidenses argumentan que tendrían menos incentivos para trasladar las ganancias si EE.UU. bajara su tasa impositiva para las empresas y dejara de gravar las ganancias obtenidas fuera del país. De todos modos, cuesta creer que las empresas repatriarían sus ganancias con una tasa de 25% en EE.UU. si en los paraísos fiscales pagan una tasa efectiva de cero. Poner fin al derecho a postergar las ganancias obtenidas en el extranjero podría resultar efectivo, pero eso también podría llevar a las empresas estadounidenses a abandonar EE.UU. del todo. Y, por supuesto, ambas medidas requerirían un cambio de legislación.

La iniciativa de la OCDE apunta a cerrar algunos de los resquicios que facilitan la elusión fiscal, pero quedar por verse cuán profundo puede ser su impacto. Un estudio de septiembre de 2015 para el Parlamento Europeo sugirió que una solución integral podría recaudar US$13.000 millones al año, una fracción de los US$56.000 millones a US$212.000 millones que pierde debido a “planificación impositivas enérgicas”.

De hecho, los recaudadores fiscales tal vez nunca logren seguir el ritmo de sofisticación de las empresas que eluden impuestos. Por lo tanto, no debería ser una sorpresa que la tarea haya recaído en un regulador antimonopolio.

Fuente: The Wall Street Journal, 07/09/16.

Cómo lograr su Libertad Financiera

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Argentina: Más de la mitad del precio de un auto son impuestos

agosto 20, 2016

El 54,8% del precio final de un auto 0Km son impuestos

La presión impositiva es más elevada que en Brasil, México y EE.UU.; quejas de la empresas por la competitividad.

Por Francisco Jueguen.

impuestos autosCada $ 10.000 gastados en la compra de un auto 0 km, alrededor de $ 5500 son impuestos. Esto significa que más de la mitad del precio final de un vehículo nuevo va directamente a engrosar las arcas del Estado.

Los gravámenes sobre los automóviles se traducen en un peso para la billetera de los consumidores: la presión impositiva total -acumulada a lo largo de la cadena de autopartistas, terminales y concesionarias- alcanza en la actualidad un 54,8%, según cálculos del sector privado. Pero además, los largos tentáculos del Estado se convierten en un inconveniente para las empresas cuando el Gobierno reclama una mejora de la competitividad sistémica, más integración al mundo y precios más económicos bajo el tamiz del flamante Plan Productivo Nacional.

Sin ir más lejos, el Ministerio de Producción mejoró a comienzos de año las escalas y alícuotas del impuesto interno a los autos pero no lo actualizó a fines de junio, pese a la inflación.

impuestosNadie duda que los autos son caros en la Argentina. Más allá de la guerra de promociones y descuentos agresivos en los que actualmente batallan las automotrices -incluso con ventas en concesionarios a precios de fábrica-, sólo hay entre nueve y diez modelos en todo el país que cuestan menos de 200.000 pesos. El auto más económico en la Argentina ronda los 12.100 dólares. Se trata de un valor más alto, por ejemplo, que en Brasil, Chile y México. De acuerdo a un relevamiento de la revista Autofoco de octubre pasado, el país tiene los precios de los autos más altos de la región (también por encima de Chile, Perú, Colombia y Ecuador).

En toda la cadena de producción y comercialización de un auto se paga 21% de IVA, 9,13% de Ingresos Brutos, 7,69% de contribuciones patronales y ART, 4,5% de Ganancias, 4,15% de aranceles, 2,76% de tasa municipal, 2,76% de impuesto al cheque, 2,48% por impuesto a los sellos, inmobiliario y otros, y 0,34% de impuestos a las participaciones societarias.

«Entre estos impuestos se encuentran algunos muy distorsivos, como los ingresos brutos provinciales, las contribuciones sobre el trabajo, la tasa de seguridad e higiene y sellos, los cuales se acumulan en cascada sin poder eliminarse o compensarse», indicó un cálculo conjunto de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) y la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), publicado por Ámbito Financiero.

En Brasil, la carga es levemente menor. Sumados el impuesto al Producto Industrializado (IPI), a la Circulación de las Mercaderías y Servicios (ICMS) y el Programa de Integración Social (PIS/Cofins), el peso de los impuestos llega al 42%. A eso se le agrega un 7,70% de impuestos no recuperables, lo que da una carga total de 49,7 por ciento.

Las cosas varían mucho en México y Estados Unidos. En el primer caso, no hay impuestos a la producción de vehículos, sí aranceles a la importación (la tasa más aplicada es de 20%), a lo que se suma la carga impositiva sobre el precio final al consumidor (gravámen sobre autos nuevos, sobre tenencia o uso de vehículo y al valor agregado. El peso total de los impuestos sobre el precio del auto es variable y va desde el 18 al 33%.

En cambio, en la potencia del norte no hay gravámenes a la comercialización de autos, pero sí a la importación de 0 km (hasta 2,5% para miembros de la OMC, pero llega al 10% para los no miembros). Sobre el precio final, hay IVA, impuesto a las ventas y otros que varían según el estado o condado. La carga impositiva total en Estados Unidos es entre 0 y 15 por ciento.

estado ladron«Cuando uno entra a una concesionaria para comprar un 0 km, entra a comprar impuestos. Y cuando sale del comercio y va a la estación de servicio, también pide que le llenen el tanque con impuestos», ironizó Diego Giacomini, director de la consultora Economía & Regiones, que agregó que la industria automotriz no es la excepción a la regla en el sector fabril. «El peor enemigo de la competitividad para el sector privado es el Estado. La relación gasto/ PBI, la presión tributaria, el costo del capital, la inflación y el costo salarial después de impuestos y en relación con la productividad son claves de la competitividad. En todos esos componentes aparece el Estado y en todos estamos peor que en la región», afirmó el economista.

El Gobierno entendió este problema y a comienzos de junio creó la Comisión de Análisis para la Reforma Tributaria, en el Ministerio de Hacienda. «Está claro. En la Argentina hay muchos sectores donde la presión tributaria afecta los precios finales y por eso vamos a revisar la estructura tributaria completa no sólo para promover el consumo, sino también la inversión», dijo a LA NACION una fuente oficial.

«El peso de los impuestos en la industria automotriz, que no es muy diferente del de la industria en general, abre el debate sobre la competitividad sistémica», señaló Dante Sica, director de la consultora Abeceb. «Es muy difícil competir con los autos coreanos o japoneses en Colombia, Chile o Perú con esta estructura», agregó el experto, que ve un leve repunte de la venta este año y «brotes verdes» en 2017 con un leve despegue brasileño.

Las claves de los precios altos

—La estructura impositiva en la Argentina tiene un fuerte peso, con impuestos altamente distorsivos.

—En la industria piden trabajar además con los costos logísticos y los costos laborales.

—En la Argentina aún falta escala para competir, pero además hay quejas con los precios los insumos básicos.

Fuente: La Nación, 20/08/16.

Más información:

¿A dónde van los impuestos que nos roba el Estado?

El robo institucionalizado: Los impuestos

Estrategias para evadir impuestos

los impuestos empobrecen

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