Inteligencia es anticipación

junio 15, 2022

Inteligencia: entender o anticipar

Por José-Miguel Palacios.

Quizá las dos principales ambiciones de la inteligencia sean comprender el presente –en sentido amplio, incluyendo el pasado próximo– (podría asimilarse al popular concepto de situation awareness) y anticipar el futuro (warning). Distintos servicios, distintas comunidades de inteligencia, distintos países pueden dar más importancia a una o a otra de estas dos grandes líneas de trabajo, aunque, en mayor o menor medida ambas están siempre presentes.

La inteligencia americana, por ejemplo, se ha mostrado particularmente preocupada por evitar la sorpresa estratégica, quizá a causa de experiencias traumáticas como Pearl Harbour o el 11S, que tanta influencia han tenido en el desarrollo de la comunidad y de sus servicios componentes.[1] Y siguiendo una orientación bastante distinta, los servicios británicos han estado en general más orientados hacia la comprensión de la situación y de sus factores (inteligencia explicativa).

Los británicos, en cualquier caso, parecen estar en minoría. Todos los servicios que se inspiran en los modelos americanos (la mayoría de los occidentales) muestran un interés particular por la inteligencia predictiva (prospectiva o estimativa), en general bajo forma de “alerta temprana”.

En el fondo, ambas orientaciones son menos distintas de lo que a primera vista parecen. Porque la buena comprensión de la situación es un requisito casi imprescindible para formular un buen pronóstico. Y aquellos que saben bien dónde están pueden prever, a menudo con un margen de error aceptable, dónde pueden encontrarse a corto o corto/medio plazo (los plazos largos son casi irrelevantes para la política real).                                                                                                           

Si sabemos que a las 16.30 dos individuos han cometido un atentado terrorista en la Plaza de la Concordia de París y que han huido a pie del lugar del atentado no es difícil tener una idea aproximada de dónde pueden encontrarse a las 17.00. Y, sobre todo, de dónde no pueden encontrarse. Por ejemplo, es prácticamente imposible que hayan abandonado el país. Este conocimiento prospectivo, derivado de una exacta comprensión de la situación actual, es el que se utiliza en la práctica para poner en marcha ‘operaciones jaula’ tras sucesos de este tipo.

Tradicionalmente, la inteligencia prospectiva ha estado muy basada en la intuición de los analistas. En la actualidad, sin embargo, modelos matemáticos que hacen uso de la capacidad de computación de los ordenadores, permiten formular predicciones mucho más exactas, menos dependientes del talento (y de los sesgos) de los equipos analíticos. Sin embargo, esta mayor calidad técnica de la predicción puede no traducirse en absoluto en una mejor alerta que permita a los decisores políticos adoptar las medidas adecuadas antes de que las amenazas se materialicen.[2]

El problema con las alertas es que su efectividad no depende únicamente del que las lanza, sino, sobre todo, del que las recibe. En 2007, la Comisión Europea organizó en Bruselas una conferencia bajo el lema “From early warning to early action – developing the EU’s response to crisis and longer-term threats”.[3] Y el propio planteamiento inicial ya indicaba la idea fuerza que la Comisión deseaba transmitir: lo importante de verdad es que las alertas den lugar a respuestas políticas eficientes, oportunas en tiempo y forma. De manera que la transmisión de la alerta y, sobre todo, su recepción pasan a tener una importancia capital. [4] Y aquí surgen los problemas:

  1. Los decisores políticos tienen una confianza limitada en la capacidad de la inteligencia (o de cualquier otro proveedor alternativo de conocimiento) para prever el futuro[5].
  2. Aunque bastantes decisores puedan sentirse fascinados por el progreso científico y las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen, es muy frecuente que confíen poco en instrumentos y metodologías cuyo funcionamiento no pueden entender. En 1975, poco después de la guerra del Yom Kippur (una sorpresa estratégica que Israel no había sido capaz de anticipar) el Ministro de Asuntos Exteriores israelí Ygael Alon encargó a un equipo formado por un conocido psicólogo (especializado en la psicología de la decisión)[6] y a un analista de inteligencia que le prepararan un informe sobre cuáles serían las consecuencias de los posibles resultados de las negociaciones, entonces en curso, entre Israel y Egipto (con mediación norteamericana). El equipo planteó el proyecto desde el punto de vista de la Teoría del Análisis de Decisiones y llegó a unos resultados que fueron recibidos con indiferencia en el Ministerio: “The minister remarked politely that the probabilities were ‘interesting’”.[7] Parece claro que los decisores no comprendían la base científica del informe que les presentaban y no creían, por ello, que los resultados que proporcionaba fueran correctos. O, si acaso, aceptaban que lo eran en la medida en que coincidían con su propio análisis, basado en la experiencia personal y/o grupal procesada con sentido común.[8]
  3. Finalmente, hay que tener en cuenta que cualquier medida política que se adopte tiene un precio, en términos de capital político. Cuando un gobierno toma una determinada medida en respuesta a una alerta, gasta capital político (porque la medida supondrá uso de recursos, que podrían emplearse con otros fines más populares, o puede entrañar la limitación de ciertos derechos o libertades), pero, como el público no conoce en detalle los motivos reales de alarma, puede entender que la respuesta es injustificada[9]. Recuérdese el debate en España sobre el famoso ‘comando Dixán’.[10]

Una conclusión que quizá no compartan todos los lectores. En inteligencia la explicación del presente (en sentido amplio) es el objetivo fundamental que debemos intentar alcanzar. Si los decisores comprenden bien la situación, estarán en magníficas condiciones para tomar unas decisiones que no solo se aplicarán en un espacio futuro, sino que, en gran medida, contribuirán a conformarlo. En el terreno militar se ha dicho que “suele ser comparada la previsión de los grandes capitanes a la mirada del águila que, remontándose en pleno día a inmensa altura, ve mil secretos escondidos a los vulgares ojos”.[11] Es un talento que a menudo se denomina ‘coup d’oeil’ y que Clausewitz definió como “el hallar una verdad que se oculta a la mirada habitual de la inteligencia, o que solo se hace visible tras larga y reflexiva consideración”.[12] El gran capitán lo es por tomar decisiones correctas en medio de la incertidumbre (una incertidumbre en gran parte debida al carácter futuro de muchas de las amenazas a las que se va a enfrentar), y quizá baste con que comprenda bien la situación actual para estar en mejores condiciones de decidir con eficacia. Quizá no sea necesario que le digamos con antelación qué es lo que va a ocurrir.

Entre los gurús de la inteligencia moderna, Greg Treverton es uno de los que ha defendido este enfoque: “In the world looking to 2010 and beyond, the business of intelligence will be information defined as a high-quality understanding of the world using all sources, where secrets matter much less and where selection is the critical challenge”[13]. Incluso para un autor como Tom Fingar (otro de nuestros gurús), apasionado defensor de la inteligencia estimativa, el fin último de la inteligencia es (ayudar a) dar forma al futuro, no predecir cómo será[14].


NOTAS:

[1] Bowman H. Miller, que durante más de un cuarto de siglo fue el Director de Análisis para Europa en el INR, ha escrito recientemente que “Intelligence is about reducing uncertainty for policy and decisionmakers, avoiding unwelcome (especially strategic) surprises, and anticipating—as best it can—possible future developments”. Todos estos fines son de naturaleza prospectiva o tienen una carga prospectiva muy alta. Ver MILLER, B.H. (2014). U.S. Strategic Intelligence Forecasting and the Perils of Prediction. International Journal of Intelligence and CounterIntelligence, 27: 687–701. DOI: 10.1080/08850607.2014.924810.

[2] Aunque en este post nos centramos en las amenazas, en inteligencia se busca también detectar oportunidades que puedan ser aprovechadas por los clientes para alcanzar sus objetivos.

[3] Ver https://ec.europa.eu/jrc/en/event/early-warning-early-action-developing-eu-s-response-crisis-and-longer-term-threats-7760.

[4] Para más detalles, ver PALACIOS, JM (2018). Transmisión y recepción de la alerta estratégica. GESI (Grupo de Estudios en Seguridad Internacional), Blog de José-Miguel Palacios, 22 Feb 2018. http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/print/1333.

[5] Algo completamente razonable, por otra parte. Como señala Javier Jordán, “conocer con certeza y anticipación lo que está por venir es sencillamente imposible, en especial en los ámbitos de estudio de la Ciencia Política y de las Relaciones Internacionales”. Ver JORDÁN, J. (2016). La técnica de construcción y análisis de escenarios en los estudios de Seguridad y Defensa. Análisis GESI, 24/2016. http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/print/881.

[6] Daniel Kahneman. Años después, en 2002, recibiría el Premio Nobel de Economía. Ver https://en.wikipedia.org/wiki/Daniel_Kahneman.

[7] LANIR, Z., & KAHNEMAN, D. (2006). An experiment in decision analysis in Israel in 1975. Studies in Intelligence, 50(4). https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/csi-studies/studies/vol50no4/an-experiment-in-decision-analysis-in-israel-in-1975.html.

[8] Esta aceptación de la inteligencia (o del asesoramiento experto) si coincide con el análisis propio de los decisores supone, de hecho, dar la razón a los proponentes de la “teoría argumentativa”. Ver MARTÍN ORTEGA, D. (2016). El análisis de Inteligencia: técnicas de análisis y fuentes de error. Una aproximación desde la teoría argumentativa. Revista de Estudios en Seguridad Internacional, 2 (1), 103-123. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.3.6

[9] Paul Pillar (https://en.wikipedia.org/wiki/Paul_R._Pillar) lo ha explicado con claridad insuperable: “Warning from an intelligence service (or from anyone else) is one thing; having sufficient domestic or foreign support or both to act on the warning is quite another. Policymakers have repeatedly been constrained by the insufficiency of such support, more so than any insufficiency of predictions. The difficulty is in persuading larger audiences. No matter how much an intelligence service’s analysis may convince policymakers of an impending event, the American public as well as foreign governments and their publics almost always require something more. (…) Actual, graphic events—a war, a surprise attack, or whatever else leads to later recriminations about its not being predicted—have far more power to move publics and governments and to generate support for a vigorous response than even the most pointed and prescient predictions. They have far more impact than even the most elegant and well-documented analysis any intelligence service can ever offer. (…) Strong measures follow rather than precede dramatic events such as military invasions or major terrorist attacks not because the event is a revelatory, scales-dropping-from-eyes lesson to policymakers who previously were unaware of a danger, but instead because the event—as a matter of public mood and emotion—generates the necessary political support for the measures”. Ver PILLAR, P.R. (2011). Intelligence and US foreign policy: Iraq, 9/11, and misguided reform. Columbia University Press. Pp. 187-188.

[10] Puede encontrarse un breve resumen de este caso en https://elpais.com/diario/2007/02/10/espana/1171062014_850215.html.

[11] Benito Pérez Galdós en su obra Juan Martín El Empecinado, uno de los Episodios Nacionales.

[12] CLAUSEWITZ, C. (1978). De la Guerra. Madrid: Ediciones Ejército. Pg. 63.

[13] TREVERTON, G.F. (2003). Reshaping national intelligence for an age of information. Cambridge University Press. Pg. 98.

[14] “The ultimate goal is to shape the future, not to predict what it will be”. FINGAR, T. (2011). Reducing uncertainty: Intelligence analysis and national security. Stanford University Press. Pg. 53.


—José Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas, España.

Fuente: global-strategy.org

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Los sesgos cognitivos y la Inteligencia de Negocios

enero 26, 2022

Sesgos Cognitivos en la fase de obtención de Inteligencia

Por Cristina López Tarrida.
Analista e Investigadora especializada en Influencia, Desinformación y Propaganda.

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Desde que la tecnología ha irrumpido con fuerza en el ámbito de la Inteligencia, cada vez es más frecuente observar cómo existe cierta tendencia en algunos círculos a considerar, equivocadamente, que las herramientas de software constituyen los cimientos sobre los que se sustenta el análisis, relegando a la mente del analista a un mero complemento de dichas herramientas.

Esta fe ciega en el software y en los programas automatizados de obtención y análisis, no deja de ser consecuencia de algunos de los sesgos cognitivos de nuestra mente, donde el inesperado beneficiario del error de juicio ha cambiado de protagonista, mutando del humano a la máquina. Sin ir más lejos, el sesgo por exceso de confianza ha experimentado una metamorfosis, de modo que ese exceso de confianza no es ya en la propia capacidad de evaluación, como en el heurístico tradicional, sino en la capacidad de las herramientas. Pero no es éste el único caso. Si pensamos, por ejemplo, en el sesgo del intruso, referido a la tendencia a valorar la consulta realizada a terceros como más objetiva y confiable por el hecho de suponerla más imparcial y libre de intereses, nos daremos cuenta de que la máquina es ahora el tercero en “concordia”, de modo que no es de extrañar que, sumado al deslumbramiento que ya de por sí provocan las capacidades demostradas por los algoritmos, este sesgo nos impida evaluar con mejor criterio la fiabilidad de los resultados proporcionados por los mismos. No podemos obviar que esos algoritmos no dejan de ser cajas negras de las que ignoramos, entre otras cosas, sus reglas de filtrado y priorizado de información. ¿Cómo selecciona los datos uno de estos algoritmos? ¿Qué criterio hay detrás de la categorización de esta información?

No podemos obviar que esos algoritmos no dejan de ser cajas negras de las que ignoramos, entre otras cosas, sus reglas de filtrado y priorizado de información.

Si nos centramos en los motores de búsqueda de información, la cuestión se vuelve ya de por sí mucho más compleja. Hay quienes creen que realizar las búsquedas desde el anonimato o la privacidad que permite el llamado “modo incógnito” nos libra de obtener una información sesgada por nuestro perfil de intereses, por nuestro filtro burbuja. Puede que logremos evadir el cerco de nuestras propias preferencias, pero, ¿acaso el orden de los resultados de las búsquedas no sigue obedeciendo a criterios de preferencias o intereses de la mayoría, aunque estos sean más genéricos? ¿Acaso no responden a los resultados de búsqueda consultados con mayor frecuencia por los usuarios?

Y donde el analista ha de tener mayor cuidado, si cabe, es en los criterios de búsqueda. Es ahí donde aparece un sesgo que considero que ha de ser especialmente vigilado por parte de cualquier profesional que se dedique a la investigación o al análisis. He dado en bautizarlo como sesgo de proyección en la búsqueda o sesgo de búsqueda condicionada, y consiste en la proyección de la propia opinión, prejuicio o tendencia ideológica en los términos que se emplean para realizar las consultas, de modo que los resultados proporcionados por los motores de búsqueda responderán de acuerdo a este filtro. Un simple ejemplo de cómo funciona la activación de este sesgo podemos deducirlo pensando en la sustancial diferencia de resultados que podríamos obtener a partir de los términos de búsqueda “proceso secesionista” y “proceso independentista”. El analista ha de cuidarse de que sus búsquedas no supongan ya de antemano un filtro ideológico para el análisis. ¿Somos lo suficientemente pulcros a la hora de seleccionar los conceptos con los que abordamos la obtención de información? ¿Reflejan de alguna manera nuestra forma de pensar o creer?

El analista ha de cuidarse de que sus búsquedas no supongan ya de antemano un filtro ideológico para el análisis.

Después de todo, quizás debamos admitir que la obtención de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), especialmente cuando ésta se circunscribe a Internet, medios web y sociales es, de todas, la más sesgada, ya que, a los sesgos habituales del analista, se suman nuevos sesgos donde lo tecnológico implica un nuevo reto cognitivo. En cualquier caso, no deja de ser todo esto únicamente una primera aproximación a la cuestión, una breve reflexión «en voz alta»; un intento de que abordemos el uso de las herramientas con la cautela debida, con el sentido crítico exigible en el ámbito de la Inteligencia. Este asunto, sin duda, requiere de un debate profundo del que esta deliberación sólo pretende ser un preámbulo. Sin embargo, sirva de alegato final la defensa fehaciente de que las herramientas son un complemento del trabajo del analista, no el analista un complemento del software. Cuando el analista se convierte en un mero recolector de información, deja de ser analista. Que las herramientas no nos cieguen.

Fuente: opinionmakers.es, 09/12/21.


Más información:

Cómo los sesgos cognitivos afectan nuestro juicio

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Desinformación versus Decepción

junio 28, 2021

Por J. M. Veiga. Curso Superior de Inteligencia de las FAS.

La desinformación es un término que está de moda, se utiliza en todos los ámbitos, en las conversaciones entre amigos, en las tertulias, en los medios de comunicación, en la vida política, en definitiva, se ha extendido al gran público. Esta extensión ha provocado que se pierda un poco la perspectiva de su verdadero alcance. A la distorsión del término también ha contribuido su asociación con la decepción, incluso se llegan a utilizar como sinónimos, poniendo a la decepción en el mismo plano que la desinformación.

Esta situación y confusión de términos merece una reflexión, identificando qué tienen en común y en qué difieren. Con esta reflexión se pretende hacer ver que desinformación y decepción son dos cosas diferentes, que si bien tienen aspectos en común, existe una clara diferencia a poco que se indague en ellas.

Un buen comienzo es empezar por la definición de la Real Academia Española (RAE). Desinformación es «acción y efecto de desinformar», o «dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines» en su primera acepción y «dar información insuficiente u omitirla» en su segunda acepción. Por otra parte, decepción se define en su segunda acepción como «engaño», y engañar como «hacer creer a alguien que algo falso es verdadero».

Con las definiciones de la RAE ya aparecen las primeras diferencias, mientras en desinformación es proporcionar información manipulada para alcanzar ciertos propósitos, la decepción busca que alguien se crea algo que no es verdad. Pero sigamos con el estudio de estos dos conceptos.

DESINFORMACIÓN

Julia Alicia Olmo y Romero, ex embajadora en Misión Especial para las Amenazas Híbridas y la Ciberseguridad, define desinformación en Desinformación: concepto y perspectivas (ARI 41/2019 – 9/4/2019) como «la difusión intencionada de información no rigurosa que busca minar la confianza pública, distorsionar los hechos, transmitir una determinada forma de percibir la realidad y explotar vulnerabilidades con el objetivo de desestabilizar».

Pero la desinformación no se debe entender como una actividad aislada, debemos enmarcarla en una finalidad superior. Para tal fin podemos fijarnos en cómo Rusia, unos maestros en este ámbito, emplea esta actividad.

Aunque hablemos de Rusia, esta actividad puede ser desarrollada por cualquier organización pública o privada que cuente con la capacidad e intención de llevarla a cabo. Por lo tanto, hay que hacer el ejercicio intelectual de que a medida que se leen los siguientes párrafos, ir sustituyendo Rusia por cualquier otro actor, ya sea del mundo corporativo, de la política nacional o internacional o de entidades nacionales o internacionales que puedan tener la intención y capacidad de desarrollarla, cada uno a su escala y con sus objetivos.

En la Estrategia de Seguridad Nacional rusa se plasman los objetivos estratégicos rusos: garantizar su supervivencia como nación y recuperar el protagonismo de primer orden en la esfera internacional. También identifica los adversarios que Rusia considera que pueden hacer peligrar la consecución de sus dos principales objetivos estratégicos. Para Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, son esas fuerzas que se pueden oponer a sus intereses.

Por otra parte, la Estrategia de Seguridad Nacional rusa nos da unos primeros esbozos de cómo pretende Rusia alcanzar sus objetivos estratégicos y cómo contrarrestar la amenaza que sus adversarios representan para alcanzar esos objetivos. Entre las medidas que contempla la Estrategia de Seguridad Nacional se encuentran las del ámbito de la información, que las sitúa en pie de igualdad con las medidas políticas, militares, técnico-militares, diplomáticas y económicas.

En la Doctrina Militar de las Fuerzas Armadas rusas se concretan esas medidas del entorno de la información, enuncia que se desarrollarán en el concepto denominado Guerra de la Información, en su doble vertiente, psicológico y tecnológica. En este caso nos centraremos en la psicológica.

Según la monografía publicada por el NATO Defense College Manual de la Guerra de Información rusa (GILES, 2016), dentro del concepto ruso de Guerra de la Información se integran las siguientes disciplinas: Operaciones sobre redes de ordenadores (Computer Network Operations, CNO), operaciones psicológicas, comunicación estratégica (STRATCOM), operaciones de influencia, inteligencia, contrainteligencia, decepción (maskirovka), desinformación, guerra electrónica, debilitación de las comunicaciones, degradación de ayudas a la navegación, presión psicológica y destrucción de las capacidades informáticas enemigas.

Finalmente, y dependiendo del adversario, se establecen tres niveles de campañas en la Guerra de la Información: control reflexivo, ambiente permisivo y subversión y desestabilización. Todo ello sin perder de vista sus objetivos estratégicos. Como vemos, la definición de Julia Alicia Olmo encaja con el tercer nivel de campaña de la guerra de información rusa. Por lo tanto, si cogemos el modelo de la figura 1 y sustituimos los objetivos estratégicos rusos por los de otra organización, podremos desarrollar un modelo de empleo de la desinformación, como herramienta para alcanzar un objetivo superior.

Desinformación y decepción conceptos

Figura 1. Esquema general de la Guerra de la Información rusa (elaboración propia).

En definitiva, la desinformación es una acción netamente ofensiva, que utiliza la manipulación de la información como un medio para alcanzar unos objetivos, buscará causar un efecto en el ámbito cognitivo de la audiencia objetivo. Posteriormente, ese efecto en el ámbito cognitivo, junto a los efectos de otras actividades como se muestran en la figura 1, tendrá un reflejo en el mundo físico, su verdadero objetivo final.

DECEPCIÓN

Retomando la definición de la RAE, definíamos decepción como «engaño» y a su vez engañar como «hacer creer a alguien que algo falso es verdadero». Pero ahondemos un poco más, para ello vamos a utilizar como guía de este concepto la obra Deception. Counterdeception and Counterintelligence de Robert M. Clark y William L. Mitchell.

La decepción se define como un proceso que intenta imponer de forma ventajosa una falsedad en la percepción de la realidad de un objetivo, tiene como finalidad que éste tome decisiones que nos favorezcan. Esas decisiones las deberá tomar en base a la percepción de la realidad que se ha moldeado por medio de un relato falso.

Pero hay que tener en cuenta un elemento esencial y que será clave para entender la decepción. La condición necesaria para que el adversario o competidor llegue a tener la percepción de la realidad que nosotros queramos que tenga, es que ese adversario o competidor realice acciones de inteligencia sobre nuestra organización. Esto es, monitorización, observación, vigilancia o cualquier otra actividad que pueda estar relacionada con la obtención de información.

Aprovecharemos la labor de obtención de información sobre nosotros para que éste obtenga la información que nosotros queramos que obtenga. Siguiendo la filosofía del Judo, «si te empujan tira, si te tiran empuja», si hacen inteligencia sobre nosotros, hagámoselo fácil, dejemos que obtengan información, pero la información que nosotros queremos que obtengan.

Entonces, cuando sepamos que un adversario o competidor realiza labores de obtención de información, por ejemplo en una licitación por un contrato, es el momento de desplegar la decepción. Empleamos la decepción como apoyo a nuestra propia operativa, en el caso del ejemplo, la decepción nos ayudará a alcanzar la sorpresa, que a su vez, permitirá hacernos con la licitación en la que competimos. En definitiva, la decepción está protegiendo a la organización, por ese motivo la contrainteligencia tendrá un papel destacado, ya que será la que mejor conozca el sistema de inteligencia del adversario, o dicho de otro modo, cómo el adversario obtiene y elabora la información que apoya sus decisiones.

En la decepción se va a jugar con cuatro elementos esenciales, la verdad, necesaria para ganar credibilidad ante los canales de obtención del adversario; la negación, para ocultar nuestras verdaderas capacidades e intenciones; el engaño, para fabricar una realidad que no es tal; y la distracción, desviar la atención de la verdad hacia una percepción falsa.

Con estos cuatro elementos, verdad, negación, engaño y distracción, hay que planificar la decepción. Primero, determinar qué situación nos queremos encontrar llegado el momento de la verdad, por ejemplo en la apertura de los sobres de la licitación. Después, identificar las acciones y las decisiones previas que alguien debe tomar para que se materialice la situación deseada. Seguidamente, habrá que desarrollar una historia que ese alguien debe conocer para que tome las decisiones buscadas. A continuación, se deben identificar los canales que utiliza para obtener la información y que le conduzca a creerse la historia. Y finalmente, conocer qué información debe estar disponible y cómo se debe presentar para que los canales del competidor la obtengan.

En definitiva, la decepción es una acción que busca la protección de la organización ante las acciones agresivas de un adversario. Un adversario que busque obtener una ventaja por medio de acciones de inteligencia contra la parte esencial de nuestro negocio. El objetivo de la decepción es hacer creer a alguien una historia para que tome una determinada decisión, esto es, por medio de la información, actuamos en su ámbito cognitivo para que tenga una repercusión en el entorno físico.

DESINFORMACIÓN VS DECEPCIÓN

Como hemos podido ver a través del artículo, hay una clara diferencia entre una actividad y la otra. La desinformación es una actividad reprobable porque ataca el plano cognitivo de un individuo o colectividad, sin que ésta haya entablado o pretenda entablar una relación con el primero. Mientras que en la decepción, nos estamos defendiendo de una manera activa contra la agresión de un actor externo, simplemente intentamos sacar provecho de su agresión, no somos en primer término hostiles contra ese agresor.

Por otra parte, las similitudes las encontramos en este símil castrense: ambas actividades utilizan la información como munición; los canales de difusión o canales de obtención de información son las armas; el ámbito cognitivo es empleado por ambos como campo de batalla, y modificar el entorno físico, es el efecto que tanto uno como otro busca. En todos los ámbitos, militar, político, corporativo, etc. se buscará que ese efecto, sumado a los efectos de otros entornos (ventas, logística, terrestre, etc), permita alcanzar los objetivos de cada organización.

En conclusión, con sus similitudes y diferencias, la desinformación es una actividad rechazable, que se debe combatir, ya que busca atacar el plano cognitivo de los individuos sin que estos hayan hecho nada contra el agresor. Mientras que la decepción es una herramienta licita, que dentro de los límites legales, está a disposición de las organizaciones para protegerse y contribuir a alcanzar sus objetivos.

Fuente: inteligenciayliderazgo.com

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¿Qué es el doxxing?

septiembre 24, 2020

El ‘doxxing’ o el nuevo peligro que amenaza a las democracias

¿Cuáles son los nuevos riesgos para los Estados y los sistemas electorales? ¿Quién está detrás de estos ataques? Intentamos poner algo de luz a estas y otras cuestiones

Por Gonzalo de Diego Ramos.

Foto: ¿Se puede controlar el mundo desde un ordenador? (iStock)
¿Se puede controlar el mundo desde un ordenador?

Las dudas sobre las pasadas elecciones americanas (2016), el espionaje entre países, los ataques a las instituciones públicas… Las primeras páginas de la prensa diaria anuncian abiertamente que la democracia está seriamente amenazada, pero aunque se habla mucho sobre filtraciones, noticias falsas, trampas electorales y ciberataques la confusión entre la población ante estos nuevos riesgos es continua.

Para entender un poco mejor todo lo que está en juego, hablamos con varios expertos en inteligencia militar y seguridad informática acerca de cómo se interfiere a través de las nuevas tecnologías en la vida política, los recuentos electorales y la defensa de los Estados.

Doxxing y filtraciones

El doxxing es la recopilación de datos confidenciales con el fin de realizar una divulgación maliciosa de información, de forma calculada, para hacer daño a un grupo político o desestabilizar un país. Los casos más recientes han afectado a personalidades como Hillary Clinton.

No es necesario ser un genio. Es complicado romper los sistemas de seguridad, pero para hacer daño cualquiera vale

La pregunta es inmediata: ¿la ignorancia de quienes nos gobiernan, respecto al uso de las nuevas tecnologías, puede poner en riesgo la seguridad del resto de ciudadanos?

Con motivo de una nueva edición del Postgrado en Inteligencia Económica y Seguridad de la Universidad Pontificia de Comillas ICADE, los organizadores presentan en dicha universidad la conferencia ‘Política y ciberseguridad: ¿están las democracias en peligro?’. Entre los ponentes se encuentra Antonio Ramos, Profesor de Seguridad Informática y presentador de programas de televisión sobre hacking. Según este experto: “Los políticos tienen los asesores necesarios para generar unos protocolos seguros de comunicación capaces de proteger información sensible. Existe, sin embargo, una falta de conciencia generalizada en este mundo digital que hemos puesto en pie en los últimos veinte años. Esto sucede también con los políticos y con los grandes empresarios”.

Otro de los invitados a este encuentro es el Teniente Coronel Ignacio del Corral, Profesor titular del Departamento de Inteligencia y Seguridad de la Escuela de Guerra de Ejército. El militar cuenta una anécdota referida al expresidente Barack Obama y a las medidas que se toman por parte de sus consejeros: “A la pregunta de un niño de por qué no llevaba un iPhone, contestó que su asesor le obligaba a llevar un artilugio un poco antediluviano ya que cuanto más sofisticados son los teléfonos más vulnerables resultan”.

Las frases que se tuitean llevan su ‘veneno implícito’, no son declaraciones espontáneas, hay departamentos que los piensan

Se ha defendido a capa y espada que algunas filtraciones, como las que se han dado desde páginas como Wikileaks son buenas para la democracia, ya que revelan aquello que permanece oculto para la ciudadanía. El ex Ministro de Defensa Eduardo Serra, quien participa también en la conferencia, matiza dicho lugar común: “Tradicionalmente era bueno que al ‘Poder’, con mayúscula y en singular, se le pusieran límites. Al fin y al cabo esa era una de las finalidades del Estado de Derecho. Conforme se va imponiendo la globalización, el signo se invierte: yo no querría que se descubrieran debilidades de nuestro Estado, sobre todo si ya no hablamos del ‘Poder’ en mayúscula y en singular, sino de los poderes. Si todos los poderes están en liza yo no quiero debilitar el mío. Hace 50 años no había problema: vigile usted al Estado. Pero ahora, hay que tener en cuenta que ese organismo le está protegiendo y una debilidad de su Estado es una debilidad suya”.

¿Por qué se producen estas filtraciones? ¿Qué objetivo persiguen? “Las filtraciones de información son interesadas. Los sistemas son seguros, mucho más de lo que la gente se imagina. Detrás hay Estados que se benefician directa o indirectamente de esa información”, aclara Ignacio del Corral, quien señala que para perpetrar estos ‘leaks, “no es necesario ser un genio. Los casos más sonados, como los de Edward Snowden o el soldado Bradley Manning, lo demuestran. Es complicado romper los sistemas de seguridad, pero para hacer daño vale cualquiera. No hace falta que haya una superestructura detrás”.

Propaganda y difusión de noticias falsas

Hoy en día es fácil fabricar páginas web aparentemente inocuas que albergan informaciones engañosas y con fines oscuros. Disfrazadas de noticias, esta propaganda consigue una difusión sorprendente a través de las redes sociales, además de otros canales.

¿Cómo se elaboran? “Se preparan como cualquier otra campaña con su programa, sus procedimientos y sus técnicas. Se da una planificación psicológica, de influencia… Tienen sus análisis de producto y de difusión. En ellas se elige a una audiencia y se delimitan incluso los objetivos que se quieren conseguir”, aclara Ignacio del Corral. Antonio Ramos profundiza en los detalles: “ Aquí hay expertos en varios campos como neurociencia o diseño. Las frases que se tuitean llevan su ‘veneno implícito’, no se trata de declaraciones espontáneas, hay departamentos que piensan estos mensajes, los estructuran y aplican todas estas técnicas agresivas”.

¿Pueden vigilar los auditores un sistema de votación digital que ni siquiera entienden?

Nuevamente, la duda que inquieta a muchos es quién maneja estas campañas: “Es difícil saber exactamente quiénes son. Hay que entenderlo como un conglomerado de intereses, con unos actores que lo ejecutan. Cuando mencionamos términos tan difusos como Estados, puede haber muchas cosas detrás, desde los intereses nacionales a las presiones de los ‘lobbies’ de grandes empresas. El ataque puede estar materializado después por determinadas instituciones, personas o incluso empresas. Una cosa es el ejecutor, otra quién lo dirige y otra quién lo planea. Hay mucha gente implicada y coordinada”, aclara Ignacio del Corral.

Sistemas electorales

Este va a ser un año capital en lo que respecta a posibles cambios de gobierno. La Unión Europea se juega mucho en las elecciones que se celebrarán en 2017 en países que han sido el corazón del continente, como Holanda, Francia y Alemania. Las principales preocupaciones se dirigen a algo tan simple como si las máquinas de votación electrónicas son realmente seguras.

Holanda ha dicho no a los sistemas digitales y contará los votos manualmente. Las opiniones de los expertos son contradictorias respecto a si es necesario modernizar el método de recuento. La duda que todos tenemos la expresa muy bien Eduardo Serra: «El sistema de votación electrónica es más rápido, más sencillo y más cómodo. Pero qué prefiere usted, ¿una elección sencilla, aunque pueda resultar falsa, o una más compleja que sea segura?».

Voy más allá: es bueno que nos ataquen. Los países que no son atacados no tienen nada interesante

“Las máquinas electorales son más seguras que las papeletas. Todo es vulnerable, la papeleta también, todo tiene su grado. Se puede poner un nivel de seguridad muy alto, si bien nunca será del 100%, pero cuantos más cortafuegos haya, más difícil va a ser interferir en las votaciones. Yo creo que es más seguro e infinitamente más rápido. Manipular el sistema de elecciones de un país europeo no está al alcance de cualquiera”, asevera Ignacio del Corral.

El especialista en hacking Antonio Ramos no comparte este punto de vista: “Por sentido común, yo utilizaría aquel sistema en el que más se puede confiar en el momento presente, y a día de hoy, el más seguro es la elección en el colegio electoral. ¿Pueden vigilar los auditores un sistema de votación digital que ni siquiera entienden? No hay que olvidar que el software puede ser manipulado tanto desde fuera como desde dentro, es decir, desde quien fabrica el sistema. ¿Quién me garantiza a mí que la empresa que produce esta tecnología dispone de las medidas reales para hacer su producto más fiable que el sistema electoral tradicional? Cualquier trabajador (igual que sucede en la banca con los fraudes internos) en un momento dado puede ser influenciado para tirar algunas líneas de código de más”.

(iStock)

Defensa y seguridad nacional

Ya en el año 2013 importantes expertos en ciberseguridad plantearon abiertamente que los ciberataques y el ciberespionaje habían suplantado al terrorismo como principal amenaza para las naciones. Declara Eduardo Serra: «El que no sea consciente de que hay centenares de miles de personas intentando penetrar en nuestros sistemas informáticos peca de ingenuo».

Las luchas de poder ya no se dan sólo en los territorios. Cuenta Ignacio del Corral: “El ciberespacio es eso mismo, un espacio más donde se interactúa, y ahí existen conflictos. Se trata de actos diplomáticamente hostiles. El problema es que es muy difícil después demostrar quién ha hecho qué, seguir los rastros, etc. Estamos en un mundo que no es físico donde no puedes decir ‘esto ha ocurrido en tal sitio y a tal hora’, esto es información, ceros y unos en cantidades ingentes”.

Contra un ciberataque planificado por comandos especializados, es decir, un acto de guerra, no estamos preparados

Como demostró una de las filtraciones publicadas por Wikileaks en la que se demostraba que los servicios secretos de Estados Unidos habían espiado a Angela Merkel, las naciones están utilizando continuamente el ciberespacio para atacarse mutuamente. Señala del Corral: “Tenemos que vivir con la conciencia de que los ataques van a estar ya siempre presentes. Voy más allá: es bueno que nos ataquen. Los países que no son atacados, que no son vigilados es porque no tienen nada interesante. Hay que tener esta mentalidad”.

De especial relevancia son también los nuevos actores que participan en esta guerra en el ciberespacio. Apunta Serra «Ahora en la doctrina militar lo que se está viendo es que hay actores no estatales, como las organizaciones de narcotraficantes o terroristas, que plantean, sin embargo, amenazas semejantes a las de un tercer estado».

Se ha escrito mucho de los actos de espionaje y contraespionaje entre naciones como Estados Unidos, China, Rusia y Alemania, ¿pero qué ocurre con España?: “Tecnológicamente España está preparada para todos estos riesgos, tenemos una entera estructura dentro de nuestra inteligencia dedicada a los ciberataques. Hay una Comisión Delegada del Gobierno para asuntos de inteligencia, mientras que el Centro Nacional de Inteligencia actúa como órgano ejecutor, con el Centro Criptológico Nacional como apoyo. Todos ellos son los encargados de defendernos ante cualquier ataque civil. A nivel militar tenemos el Mando Conjunto de Ciberdefensa. Estamos bastante bien protegidos”.

Si había problemas sin Internet de las cosas, imagínate lo que va a pasar en los próximos años. Lo que puede suceder es imprevisible

Contrasta la anterior opinión de Ignacio del Corral con la de un hacker como Antonio Ramos: “En la versión oficial nos dirán siempre que estamos preparados, pero desde mi punto de vista no es así. Contra un ciberataque planificado por comandos especializados, es decir, un acto de guerra, no estamos preparados. España se ha subido al carro a última hora. Lo importante, por lo menos, es que estamos intentando acortar esa brecha”.

Inquietantes declaraciones considerando que los avances digitales no se detienen, añade Ramos: “Hemos conectado servicios vitales a sistemas digitales que pueden ser atacados desde Internet. El coste de estos ataques es infinitamente más económico que movilizar material militar a una frontera. Cuantos más objetos tienes conectados, los riesgos se disparan. Vamos a pasar a tener decenas de millones de nuevos dispositivos en línea. Si había problemas en un mundo sin Internet de las cosas, imágínate lo que va a pasar en los próximos años. Si los Estados y las industrias no se ponen las pilas, lo que puede suceder es imprevisible”.

Eduardo Serra emplea una particular metáfora para ilustrar la situación: «La historia de la humanidad es la del escudo y de la espada. Se prepara la espada y después el escudo, cuando el escudo aguanta, se fabrica la maza… Ahora mismo estamos en una fase donde el arma electrónica existe y mientras tanto estamos desarrollando el escudo».

Bajando a un nivel más mundano, si la democracia es el poder del pueblo, los ciudadanos también tienen mucho que hacer en materia de ciberseguridad. El Teniente Coronel Ignacio del Corral aconseja: “Hemos pasado de un mundo conectado a un mundo hiperconectado. La gente habla de ciberataques o vigilancia tecnológica, pero no es necesario llegar a esos límites. Las personas tienen que cambiar el chip. Igual que cerramos la puerta con llave también hay que pensar en apagar el wifi cuando salimos de casa, algo que nadie hace”.

Fuente: elconfidencial.com, 2017

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Inteligencia y Contrainteligencia empresarial

julio 15, 2020

Inteligencia económica y contrainteligencia empresarial, herramientas necesarias para competir

Por Fernando Montoya. 27/11/2019

“Si usted no sabe hacia dónde va, probablemente acabará llegando a cualquier otro lugar.”
Lawrence J. Peter

Entre las democracias desarrolladas y asentadas, como ya apuntaba Barry Buzan, los conflictos militares, sobre todo tras la caída del muro de Berlín, han dejado paso a otro tipo de enfrentamientos más sutiles, más líquidos, más volátiles, más transversales y con toda seguridad, menos visibles para la opinión pública, pero existentes. Nos referimos a amenazas con origen en los mercados en general, ya sean de materias primas, deuda pública, o bursátiles. Clausewitz consideraría a éste nuevo escenario como “la continuidad de la guerra por otros medios”.

foto
Fernando Montoya, vicepresidente de la Asociación Internacional
de Miembros de Cuerpos de Seguridad y Emergencias, AIMCSE

Por otra parte, tengamos en cuenta que la globalización de los mercados, la aparición de las economías emergentes y las crisis económicas soportadas, cada vez con más frecuencia, en mayor o menor medida por las economías más desarrolladas, son algunos de los vectores que vienen impulsando a esta disciplina, la Inteligencia Económica, que, sin ser nueva, está poco aplicada, y que nace como un medio más, como una herramienta ágil para asegurar, nuestras inversiones. En tiempos de crisis, la célebre frase de Winston Churchill, “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”, cobra toda su vigencia.

La Inteligencia económica, junto con la prospectiva estratégica aplicada y la tecnología, nos ayudarán a transformar la incertidumbre en certeza, transitando del campo virtual al real.

Tengamos en cuenta también que el espectacular desarrollo de los medios de comunicación nos garantiza el conocimiento de una gran cantidad de datos acumulados en amplísimas bases, de enorme capacidad, pero no su interpretación. La noticia está disponible a los ojos del lector o del espectador, pero son pocos los que entienden lo que está pasando.

El analista de inteligencia económica proporcionará datos precisos, en el momento adecuado, con el fin de favorecer la toma de decisión más adaptada a la necesidad de cada momento. Estudiará la hipótesis más probable y la más peligrosa y propondrá acciones a tomar en cada caso.

Una inversión en el exterior de dimensiones financieras de especial relevancia, requiere un estudio detallado en primer lugar de nuestras propias capacidades como empresa / país y en segundo lugar de nuestros posibles adversarios. Las primeras las conocemos porque es nuestro trabajo diario pero los segundos se resisten a los ojos del observador no especializado.

Sin embargo, la realidad es muy otra: cuántas empresas españolas, sobre todo de tamaño medio, han intentado desarrollarse en otro país y han tenido que abandonar el proyecto tras acumular millones de pérdidas. Desembarcar fuera de las fronteras sin un mínimo de conocimientos de sus factores político, social y económico, suele ser una pérdida de tiempo y de dinero. Conocer cómo es la idiosincrasia del país, actuaciones de su administración y de sus empresarios y la existencia o no de la necesaria seguridad jurídica, garantiza, al menos inicialmente, un buen puesto en la rampa de salida. Se precisa una herramienta, que tras acciones coordinadas de investigación, tratamiento y distribución de la información nos ayude en la toma de decisiones en el ámbito económico. Su conocimiento y perfecta utilización puede garantizarnos la consecución de un contrato y asegurar la vida de una empresa pública o privada; hablamos de la Inteligencia Económica, una disciplina que otros países de nuestro entorno prodigan su empleo desde hace mucho tiempo y al que los empresarios deben de incorporarse de pleno derecho, pero no solos. La cooperación con la Administración debe de conformar un vínculo tan estrecho que les acompañe en su aventura pues estamos hablando de abrir nuevos mercados, mantenerse en ellos y crear riqueza. En definitiva se trata de defender nuestro tejido industrial aunque su centro de gravedad haya sufrido un desplazamiento; defensa de nuestros intereses en el exterior. Desde la perspectiva del Estado podría considerarse a la Inteligencia Económica como una parte muy importante de la Seguridad Nacional y desde el punto de vista empresarial, la inteligencia competitiva, su homónima, como un factor primordial para su desarrollo ordenado y estructurado.

Pero si la información, que abarca desde la mensajería al historial de clientes y proveedores pasando por el elenco de productos y servicios, constituye uno de los mayores activos intangibles de las empresas, su consecuencia inmediata es la necesidad de su protección a ultranza. Sus fugas, en cualquiera de sus dimensiones, pueden acarrear unos problemas a la empresa de tales dimensiones que pueden llegar a denegar su continuidad en el mundo empresarial, con lo que ello significa tanto para la empresa como para sus empleados e incluso para el propio empresariado nacional. Estamos en la fase de la contrainteligencia empresarial.

Definiciones de contrainteligencia hay muchas, pero por adoptar una, la definiremos como: «todas aquellas medidas de carácter pasivo o activo que realiza una empresa pública o privada para evitar las acciones de inteligencia empresarial o del adversario en contra de ellas».

Quizás, a esta definición, habría que añadirle que esas medidas deben de estar enmarcadas en la ley, una ley restrictiva tanto respecto a sus empleados como al exterior. Las primeras se enfrentan al derecho a la intimidad del personal trabajador de la empresa y la exterior debe de estar regida por la ley, universalmente aceptada, aunque no definida en todos sus matices, de buenas prácticas, de la ética corporativa. Por tanto, ni la inteligencia, en cualquiera de sus acepciones, ni la contrainteligencia, deben, ni pueden, confundirse con el espionaje y/o contraespionaje. Eso sería hablar de otras cosas y aquí, en el marco legal vigente, no tienen cabida.

Pero adentrémonos un poco en las entrañas de la contrainteligencia; partamos de, por ejemplo, algunas de sus actividades que nos parecen relevantes:

  • De seguridad, que una empresa tratará de conseguir a través de diferentes contramedidas que taponen sus vulnerabilidades y / o debilidades (que previamente habrá tenido que definir) sin obviar el tan abrumador campo de las comunicaciones cuya fuga de información puede poner en serios apuros a la empresa. Así pues, la contrainteligencia deberá de fijar su atención sobre puntos tan claves que, ni son exclusivos ni excluyentes, como: el personal de la empresa, la propia infraestructura de la empresa y sobre su red informática y sus procesos de información (fuga de información sensible).
  • De contraespionaje, estudiar a los competidores, sus técnicas y sus medios.
  • Decepción, diseminación de noticias falsas y medidas de carácter análogo que lleven a la interpretación errónea de los verdaderos intereses de la empresa.

Si la empresa se mantiene firme en estos rasgos, marcará la diferencia y obtendrá ventaja frente a sus competidores.

Pero, como no puede ser de otra manera, la empresa, como la inteligencia en general, también tiene a su disposición su correspondiente ciclo de inteligencia empresarial que le ayudará a detectar, prevenir y actuar contra cualquier injerencia que pueda perturbar su normal desarrollo competitivo. Un ciclo de inteligencia que, contendrá como mínimo los siguientes pasos y en este orden:

  1. Definición de los requisitos de protección de la empresa.
  2. Evaluación de las posibles amenazas de la competencia.
  3. Evaluación de las propias vulnerabilidades.
  4. Desarrollo de contramedidas.
  5. Desarrollo y uso de protecciones.
  6. Procesar y analizar los datos disponibles.
  7. Difusión de los resultados a la dirección empresarial.

Lo que no cabe la menor duda es que si bien es cierto que, hoy día, la empresa, se siente amenazada ante agresiones tanto de mercados como desde dentro de su propio tejido empresarial, no lo es menos que también tiene a su disposición herramientas que le ayudan a enfrentarse a ese mundo tan diverso, globalizado, competitivo y cambiante; estamos en presencia de la inteligencia económica y de la contrainteligencia empresarial.

Fuente: interempresas.net

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¿Cuál es el costo de las mentiras?

febrero 28, 2020

China y el sofisticado laboratorio de la mentira que impidió luchar contra el coronavirus desde el comienzo

El aparato propagandístico del Partido Comunista Chino imposibilitó que el mundo y su población supieran qué ocurría con el COVID-19, el virus que ya mató a más de 2.800 personas en todo el planeta

Por Laureano Pérez Izquierdo. Twitter: @TotiPI

Xi Jinping, presidente de China y blanco de las críticas de los habitantes de su país por la lenta e ineficiente respuesta al brote del coronavirus
Xi Jinping, presidente de China y blanco de las críticas de los habitantes de su país por la lenta e ineficiente respuesta al brote del coronavirus

¿Cuál es el costo de las mentiras?”. La frase, densa, es atribuida al científico ruso especializado en química inorgánica Valery Legasov. Legasov fue aquel que con valentía inusual desafió y denunció la inoperancia del aparato soviético pero sobre todo el ocultamiento sistemático que antecedió y precedió el desastre de Chernobyl. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas no podía exponerse ante el mundo como ineficiente y tras su sincero alegato ante una corte, la maquinaria del silencio intentó confinarlo al ostracismo, al desprecio y al olvido. Sin embargo, como un fantasma, su legado lo sobrevivió en forma de grabaciones que actuaron como una pesadilla para sus censores. En aquellas cintas reveló todo. Él ya estaba muerto -se suicidó dos años después del accidente nuclear- pero pudo demostrar que la verdad, finalmente, siempre predomina.

China tiene por estos días y en otra escala a su propio LegasovLi Wenliang fue el primer médico en alertar a otros siete colegas sobre el peligro que implicaba el coronavirus cuando el mal siquiera tenía todavía un nombre asignado (COVID-19). Compartió la información luego de que siete pacientes suyos fueran diagnosticados con una enfermedad similar al SARS en Wuhan, epicentro de la creciente epidemia. Relató los síntomas que observaba y los graves peligros que implicaba el nuevo microorganismo.

Era el 30 de diciembre pasado y Wenliang sabía que lo que acababa de confiar a su círculo de médicos más cercanos podría costarle caro. Así fue. Cuatro días pasaron y fue citado a una central de policía donde lo acusaron formalmente de “perturbar el orden público” con sus comentarios… “falsos”. Lo obligaron a retractarse y a comprometerse a no volver a hablar del tema. “Entendido”, firmó al pie. El aparato de medios estatal comenzó a llamarlos como «los ocho chismosos” para denigrarlo tanto a él como a sus amigos profesionales. Una semana después, mientras atendía a una mujer con un glaucoma, se contagió el virus del que no tenía permitido hablar. El jueves 6 de febrero murió.

Li Wenliang

Cuando la historia vio la luz, millones de chinos reivindicaron la memoria de Wenliang y su trabajo en las redes sociales hipercontroladas de China. Al mismo tiempo fustigaban al régimen por las mentiras, el ocultamiento y la censura.

Xu Zhangrun, profesor universitario, desapareció. Fue luego de que publicara un ensayo en el que cuestionaba el pobre e irresponsable manejo que Beijing hizo de la crisis por el coronavirus. “La epidemia ha revelado el núcleo podrido del gobierno chino. El nivel de furia popular es volcánico y un pueblo así enfurecido puede, al final, dejar de lado su miedo (…). Independientemente de lo buenos que son para controlar Internet, no pueden mantener cerrados los 1.400 millones de bocas en China. Ahora puedo predecir con demasiada facilidad que seré sometido a nuevos castigos; de hecho, esta puede ser la última pieza que escriba«, había escrito el académico en su trabajo titulado “Alarma viral: cuando la furia supera el miedo”. Como Legasov, también valoró la verdad por sobre la mentira: “No puedo permanecer en silencio”, había dicho.

Además de desaparecer, el régimen se encargó de que Zhangrun también se esfumara del plano digital. Barrieron sus perfiles en Weibo (el Twitter chino) y en WeChat (el WhatsApp chino) y su móvil está apagado e ilocalizable.

Pero los casos de feroz silenciamiento a Wenliang Zhangrun no fueron los únicos. Más de 3 mil sanitaristas contrajeron el COVID-19 en China mientras combatían con escasísimos recursos el coronavirus. Rogaban a diario por asistencia urgente pero las autoridades de la salud de la gran nación no hicieron nada para facilitarles el trabajo y evitar su propio contagio. Falta de mascarillas, de mamelucos quirúrgicos, de anteojos, eran recurrentes mientras Beijing insistía en que todo estaba bajo control, que los materiales no faltaban mientras dedicaba su esfuerzo en bloquear hashtags y usuarios incómodos en las redes sociales..

El aparato propagandístico del Partido Comunista Chino (PCC) y de la administración central es tan severo y brutal que entrelaza tanto la censura como la persecución policial y judicial. La información que llega a la población es controlada y sólo puede ser emitida una vez que pasa los sucesivos filtros que responden a los intereses de Beijing. Cuando nace una crisis -como la del coronavirus- esas capas aumentan. Los problemas parecerían no existir en China y el estado omnipresente y omnipotente no puede mostrarse débil ante el mundo.

Nada de eso ocurrió desde fines de diciembre. La imagen del presidente Xi Jinping quedó sensiblemente deteriorada por el pobre manejo de la creciente epidemia cuyos alcances creyó podría acallar como hace siempre sin brindarle a la población los datos precisos para defenderse de ella. La protección a la ciudadanía estuvo ausente. Una vez más. La tradicional cultura del PCC de esconder los problemas es la que el régimen pretende exportar al resto del planeta. Las consecuencias están a la vista.

“La gente en China ha vivido bajo censura por parte del gobierno desde hace muchos años, pero ahora muchas personas están cuestionando cómo la censura pudo haber retrasado acción efectiva al brote de virus y haber puesto muchas vidas en riesgo”, señaló una campaña reciente de Amnistía Internacional.

Esa fábrica de desinformación y censura funciona desde hace décadas. El régimen la aplica tanto en tierra propia como en el exterior. Esa maquinaria inmensa está compuesta por múltiples divisiones: el Departamento de Propaganda del PCC, la Oficina de Información del Consejo de Estado, agencia de noticias XinhuaChina Media GroupCadena Global de Televisión ChinaRadio Internacional ChinaChina DailyChina WatchGlobal TimesChina International Publishing GroupLeading Hong Kong MediaWeChatWeiboBaidu y los Institutos Confucio dependiente del PCC y los ministerios de Cultura y Educación y que están presente en 154 países donde se dedica a transmitir las verdades del partido, entre otras funciones.

Sus embajadores también contribuyen a esa misión clara. Tienen la orden de responder a cada periodista que intente esgrimir una crítica al partido o al gobierno. Pero también transmitir las bondades del sistema del que son beneficiarios privilegiados. En las últimas horas varias sedes diplomáticas en todo el mundo enviaron un comunicado en el cual ponderaban el manejo que Beijing hizo de la crisis.

En la carta a la que tuvo acceso Infobae, los delegados cumplen su papel de actuar como cajas de resonancias del régimen con frases grandilocuentes y pasajes de ¿ficción?. “La velocidad, el espíritu y la fuerza reflejados en los esfuerzos de China impresionaron profundamente al mundo”; “bajo la conducción del Comité Central del PCC y del presidente Xi Jinping, todo el partido, el ejército, el país y el pueblo chino de diversas etnias han logrado progresos relevantes en la prevención y control de este brote, lo cual pone de manifiesto la eficacia del sistema de gobierno chino en situaciones de crisis, el ingente poderío nacional y la valiosa fuerza cohesiva y centrípeta de la nación china, dando a conocer la imagen de un país responsable«; “China conseguirá el triunfo definitivo en esta lucha, haciendo realidad su objetivo de contribuir al crecimiento económico mundial y a la causa de la paz y el progreso de la humanidad”.

Las historias de Wenliang Zhangrun, las experiencias vividas en los últimos dos meses en todo China como también las manifestaciones censuradas de millones de chinos no reflejan ese mismo espíritu de eficiencia descomunal que describe la nota diplomática. Por el contrario. En ellos resurge el espíritu de Legasov ante los mismos desafíos y la frase que se torna más poderosa a medida que se descubren más fraudes del régimen en la conducción de la crisis: ¿Cuál es el costo de las mentiras?

Fuente: infobae, 28/02/20.


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