Diferencias entre flujo y stock

diciembre 11, 2015

Una cosa es el flujo y otra el stock; uno se repone y el otro no

Por Juan Carlos de Pablo.

Juan Carlos de Pablo

Los economistas calificamos algunas variables como stock y otras como flujo. ¿Cómo saber a qué categoría pertenece cada una de ellas? ¿Por qué la distinción es importante? La cuestión volvió a ponerse sobre el tapete, a raíz del declinante nivel de las reservas de divisas en poder del Banco Central.

Al respecto conversé con el argentino Raúl Alberto Ríos (1925-1995), graduado en las universidades Nacional de Córdoba y de Pensilvania. Durante 45 años, de manera ininterrumpida, dictó clases en la Universidad de Córdoba, «enseñándoles los secretos de la ciencia económica a miles de alumnos que luego se diseminarían en una multiplicidad de tareas, tanto en el ámbito público como en el privado», al decir de Ramón Osvaldo Frediani. Entre 1962 y 1988 dirigió la Revista de economía. Setenta años no le resultaron suficientes para encontrar con quién casarse.

-¿Cómo saber si una variable es stock o flujo?

Por la forma en la cual los valores de la variable se relacionan con el tiempo. Si se relacionan con instantes, se trata de un stock, mientras que si se relacionan con períodos, se trata de un flujo. Las exportaciones son un flujo, porque tiene sentido hablar de su valor durante un trimestre o un año, pero no en un momento dado, mientras que la población es un stock, porque tiene sentido hablar de la cantidad que existía en determinada fecha, pero no a lo largo de un año.

stock y flujo

-Practiquemos.

-Clasifique las siguientes variables en stocks y flujos: capital, consumo, depósitos, inversión, deuda, beneficios. ¿Ya lo hizo? Solución del acertijo: las variables que en el listado anterior ocupan los lugares impares son stocks, las otras flujos.

-¿Por qué es importante la distinción?

-Porque en el caso de los stocks no renovables ningún déficit de flujo puede existir de manera permanente. Porque como se financia con la reducción del stock, si éste no se repone el «juego», no puede continuar una vez que el stock se agota. Trate de sacar gaseosas de la heladera de su casa sin molestarse en reponerlas, y verá lo que le digo. Ergo: o se repone el stock o en algún momento desaparecerá el déficit de flujo.

La caída de las reservas del Banco Central ahora ocupa un lugar importante en la sección económica de los diarios.

-Se entiende, porque se trata de la aplicación de lo que acabo de decir. Como hace un buen número de meses que el stock bruto de reservas viene cayendo, y no se vislumbra qué puede llegar a ocurrir para que el drenaje se frene sin que se adopten medidas de política económica, mucha gente se pregunta qué terminará haciendo el Poder Ejecutivo y cuándo; y lo pregunta para comprar entradas al Arca de Noé, antes de que llegue el Diluvio Universal.

-¿Qué hay que mirar, para orientar la decisión?

-En la Argentina no rige hoy un régimen de convertibilidad (el anverso de los billetes dice «BCRA», y con tinta invisible agrega: «No venga a este banco a reclamar nada»), de manera que las reservas del Banco Central pertenecen, de hecho, a la Tesorería. Por lo que se sabe, con el nivel de reservas brutas que hoy tiene el BCRA, puede pagar los servicios de la deuda pública hasta que finalice la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

-Pero entonces ¿no van a hacer nada?, ¿qué dice la historia al respecto?

-No puedo descartar que haya cambios, aunque cada vez que escucho propuestas en materia cambiaria me pregunto cuánto hay de pronóstico profesional y cuánto de expresión de deseos. La historia dice que, en general, los gobiernos no tienen apuro en actuar cuando tienen que adoptar medidas correctivas; pero también dice que no siempre esperan hasta el último momento.

-Deme ejemplos de esto último.

-José Luis Machinea, a comienzos de febrero de 1989, dejó de vender dólares cuando el Banco Central todavía tenía muchas reservas; y Domingo Felipe Cavallo, a comienzos de diciembre de 2001, creó el «corralito» cuando el sistema financiero tenía más de 80% del nivel máximo que habían alcanzado los depósitos. Las guerras no se paran cuando se agotan los soldados o se terminan las municiones.

-Don Raúl, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 17/11/13.

flujo de dinero

 

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Elusión y evasión impositiva: ¿son sinónimos?

octubre 23, 2015

Elusión fiscal, un acto legal que fomentan los gobiernos

Por Juan Carlos de Pablo.

tax planning¿Quién paga los impuestos o las cargas sociales? La ley que crea cada gravamen especifica al sujeto de la obligación. Ejemplo: un comerciante o un profesional, en el caso del IVA. Pero los economistas hemos desarrollado el análisis de incidencia, para averiguar en qué casos y en qué proporciones, el pago de los distintos gravámenes puede ser trasladado a otros.

Al respecto entrevisté al inglés Jack Wiseman (1919-1991), un subjetivista extremo. Su noción de costo de oportunidad subjetiva se convirtió en la principal explicación de aspectos del comportamiento humano, no cubiertos por las explicaciones tradicionales. Desilusionado con el enfoque neoclásico se volcó hacia la visión austríaca de la economía. Según Ernesto Rezk, junto con Alan Turner Peacock y Alan Harold Williams, fue uno de los «gigantes» de la Universidad de York.

-¿Cómo se plantea, gráficamente, el análisis de incidencia?

-Arnold Carl Harberger introduce una cuña entre las curvas de oferta y demanda, cuya altura es igual a la alícuota del impuesto. En ausencia de gravamen existe un solo precio, porque lo que paga el demandante es exactamente igual a lo que recibe el oferente. Cuando se crea un impuesto aparecen otros dos precios: el que incluye el impuesto, que es el que le interesa al demandante, y el neto del impuesto, que es el que mira el oferente. En el mercado de trabajo se denominan costo laboral y salario de bolsillo, respectivamente.

-Los impuestos no los pagan las empresas, sino que los trasladan a los consumidores, se escucha con mucha frecuencia.

-Que el traslado sea total, es decir, que el precio que paga el demandante aumente en la totalidad del impuesto, sólo se da en el caso de bienes ultranecesarios, que no tengan sustitutos; una situación infrecuente. Que el traslado sea nulo, es decir, que el precio que recibe el oferente disminuya en la totalidad del impuesto, sólo se da cuando el demandante puede comprar en algún lugar exento. Ejemplo: el aumento de la retención a la exportación de soja recae totalmente sobre el productor local, porque los chinos pueden comprar en Estados Unidos y Brasil, donde tal impuesto no existe.

-El análisis de incidencia se relaciona con la elusión y la evasión impositiva o previsional. Estos últimos; ¿son sinónimos?

-De ninguna manera. Ejemplo: prefiero tomar café en vez de té, y de repente se crea un impuesto al café. Eludo el impuesto si en vez de tomar café tomo té, lo evado si sigo tomando café, pero pago en efectivo y el dueño del bar no emite factura. La elusión es un acto legal, la evasión es un acto ilegal. Desde el punto de vista práctico, quienes diseñan e implementan regímenes impositivos tienen que enfrentar un conflicto.

-¿Cuál?

-Los economistas preferimos los impuestos «universales», como el impuesto a los ingresos, al valor agregado, a los bienes personales, y los preferimos porque son difíciles de eludir. Ejemplos: la única forma de eludir un impuesto a los medios de transporte consiste en caminar, sólo útil en trayectos cortos; la única de eludir un impuesto a los ingresos consiste en el ocio absoluto.

-¿Dónde está el conflicto?

-En el hecho de que los impuestos difícilmente eludibles son más fácilmente evadibles. ¿Cómo se hace para evadir el impuesto a los combustibles o a los débitos y créditos bancarios? Cualquier policía puede verificar el cumplimiento del pago de la patente del auto; en cambio se necesita un inspector entrenado para verificar la correcta liquidación del pago de los impuestos a los ingresos, IVA, etcétera.

-La elusión, ¿siempre es mala?

-A veces el Estado la estimula. Cuando, por ejemplo, dispone la promoción industrial de cierta provincia o sector, para lo cual exime del pago de los impuestos, o cuando emite bonos exentos del impuesto a los ingresos. Si el Estado quiere que la fábrica se localice en determinado lugar del país, o que los ahorros se canalicen a los títulos públicos, luego no se puede quejar porque algunas personas generan mucho ingreso, pero pagan poco impuesto.

-Don Jack, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 14/06/15.


Cómo pagar menos impuestos:

Planificación Fiscal o Tax Planning

tax planning

 

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Los líderes toman decisiones, no «hacen historia»

mayo 17, 2015

Los líderes toman decisiones, no «hacen historia»

Por Juan Carlos de Pablo.

Llama la atención la frecuencia con la cual periodistas y analistas califican ciertas decisiones de «históricas», «revolucionarias», «divisorias de aguas», etc. Los historiadores son más prudentes. Por una parte, se toman su tiempo para que la realidad decante. Por la otra, analizan los datos en busca de discontinuidades, que le den sentido a calificar como históricas algunas decisiones o eventos. ¿Quién tiene razón?

Al respecto consulté con el norteamericano Robert William Fogel (1926-2013), alumno y discípulo de Simon Smith Kuznets. Enseñó en John Hopkins, Rochester, Chicago y Harvard. «Cuando uno interactúa con estudiantes curiosos y brillantes, no está claro quién le enseña a quién», sostuvo. En 1993 compartió el premio Nobel en Economía con Douglass Cecil North. Ambos fueron pioneros en el desarrollo de la «nueva historia económica», también denominada Cliometría (Clio, la musa de la historia). En Economía de la esclavitud en Estados Unidos, escrito en colaboración con Stanley Lewis Engerman, mostró que la esclavitud era eficiente y generaba beneficios, particularmente en las grandes plantaciones donde se podían aprovechar las economías de escala. A quienes a raíz de esto lo acusaban de racista, en vez de contestarles les presentaba a su esposa Enid, que era afroamericana.

-¿Qué conciencia contemporánea existió de eventos que luego fueron considerados históricos?

-Según los historiadores, la Gran Crisis de la década de 1930 comenzó el 24 de octubre de 1929, cuando cayeron estrepitosamente los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York. Pero los diarios del día siguiente no titularon: «Comenzó la gran crisis de la década de 1930». Referido a su país, ¿qué conciencia contemporánea se tuvo el 17 de octubre de 1945 o el 29 de mayo de 1969 [Cordobazo], de que estaban ocurriendo eventos que dividirían las aguas? El paso del tiempo, que calma las pasiones y permite analizar detalladamente la información, es más indicado para calificar de históricos a ciertos hechos y decisiones.

-¿Esto ocurre, también, en el plano académico?

-Así es. En su momento Joseph Allois Schumpeter y Walt Whitman Rostow plantearon que el desarrollo económico derivaba de la introducción de cambios tecnológicos significativos, como por ejemplo, el ferrocarril o la energía eléctrica. Pero en Ferrocarriles y crecimiento en Estados Unidos, que publiqué en 1964, mostré que esto era cuanto menos una exageración. Métodos alternativos de transporte, en particular los canales, hubieran generado resultados muy parecidos. Un gráfico que muestra el producto bruto interno (PBI) de un país, a lo largo de siglos, exhibe una constancia de crecimiento difícilmente compatible con la aparición frecuente de hechos «históricos».

-¿Cómo actuaron aquellos que la historia considera personalidades sobresalientes?

-Quien ejerce una responsabilidad ejecutiva no tiene tiempo para pensar en «la historia». El inglés Winston Churchill estaba obsesionado por terminar con la locura desatada por el alemán Adolf Hitler, para lo cual -según lo expresó con sus propias palabras- si para lograrlo hubiera tenido que acordar con el Demonio, hubiera viajado hasta el mismísimo infierno. ¡Y que la historia dijera lo que dijera! Arturo Frondizi no libró la «batalla del petróleo» para pasar a la historia, sino para lograr el ansiado autoabastecimiento de ese producto.

-Lo cual no quiere decir que, para enfrentar un problema, cualquier solución dé lo mismo.

-Efectivamente. En materia económica, una buena solución tiene que basarse en el hecho de que el mundo no termina hoy por la noche, y que la reposición de lo que hoy se consume, para que mañana se pueda seguir consumiendo igual que hoy, es una tarea humana que tiene que tener sentido para quien la hace. Desde este punto de vista, no tiene sentido discutir el período 2003-2014 en términos de década ganada o perdida. No importa lo que se diga en la campaña electoral, cualquiera que sea el que gane las elecciones presidenciales de octubre próximo tiene que basar sus decisiones en que el período 2003-2014 es una década irrepetible.

-Don Roberto, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 17/05/15.
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Robert Fogel

Robert William FogelRobert William Fogel (Nueva York, Nueva York, 1 de julio de 1926 – Oak Lawn, Illinois, 11 de junio de 2013) fue un historiador y economista estadounidense profesor de la Universidad de Chicago. Fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1993 junto a Douglass North por sus innovaciones en la investigación de la historia económica a partir de la aplicación de técnicas cuantitativas que sirven para explicar los cambios económicos e institucionales. Es uno de los máximos representantes de la «nueva historia económica».

Fogel estudió en la Universidad Cornell, Universidad de Columbia y Johns Hopkins University. Trabajó en la Oficina Nacional de Investigación Económica y, posteriormente, fue profesor en la Universidad de Chicago (1964-1975), Harvard (1975-1981) y, nuevamente, Chicago (desde 1981).

Frente a la creencia de que ciertas innovaciones tecnológicas tienen un papel clave en el crecimiento económico, Fogel opinaba que tal hipótesis carecía de fundamento. Al aplicar técnicas econométricas nuevas, deshizo el mito de la importancia esencial del ferrocarril para el desarrollo económico en Estados Unidos. Su construcción, según Fogel, no tuvo un impacto tan decisivo como se suponía en el crecimiento de su país. La segunda aplicación de su método fue aún más polémica, pues intentó demostrar que la esclavitud era una institución vigorosa y eficiente, y que su eliminación se debió a la voluntad política, frente a la idea de que estaba en decadencia, de que era ineficiente y de que la Guerra Civil norteamericana sólo adelantó su final unos años. Entre sus principales obras destacan: Los ferrocarriles y el crecimiento económico norteamericano (1964), Tiempo en la cruz: La economía esclavista en los Estados Unidos (1974) y Lecturas sobre nueva historia económica (1977).

Falleció a los 86 años el 11 de junio de 2013 en Oak Lawn (Illinois, EE. UU.).

Obras

  • The Union Pacific Railroad: A Case in Premature Enterprise, 1960.
  • Railroads and American Economic Growth: Essays in Econometric History, 1964.
  • Time on the Cross: The Economics of American Negro Slavery, 2 volumes, 1974. (en colaboración con Stanley Engerman)
  • Without Consent or Contract: The Rise and Fall of American Slavery, 2 volumes, 1989.
  • Economic Growth, Population Theory and Physiology: The Bearings of Long-Term Processes on the Making of Economic Policy, 1994.
  • The Slavery Debates, 1952-1990: A Retrospective. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2003. 106 pp. ISBN 0-8071-2881-3.
  • (co-written with Geoffrey Elton) Which Road to the Past? Two Views of History New Haven, CT: Yale University Press, 1983

Fuente: Wikipedia, 2015.

 

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Lecciones de economistas nacidos hace un siglo

abril 5, 2015

Lecciones vigentes de economistas nacidos hace un siglo

Por Juan Carlos de Pablo.  

Hace exactamente 100 años nacieron economistas que dejaron huella en la profesión. Hugh Gardner Ackley, Walter Wolfgang Heller, Albert Otto Hirschman, William Arthur Lewis, Paul Anthony Samuelson y Anna Schwartz son algunos de ellos.

Para saber más sobre la vida y obra de Samuelson y Hirschman, entrevisté al norteamericano Robert Louis Heilbroner (1919-2005), quien en 1953 publicó Filósofos mundanos, según Mark Skousen la más popular historia del análisis económico escrita hasta ahora.

En 1992, Heilbroner confesó: «El éxito de la obra sorprendió a todos, al editor y particularmente a su autor». Fue traducida a 15 idiomas.

-¿Qué otras cosas tienen en común Samuelson y Hirschman?

-Los dos fueron grandes economistas, los dos eran judíos, los dos perdieron a su papá siendo jóvenes y de ambos hay mucho que aprender.

-Pero sus vidas también registran diferencias importantes.

-La de Samuelson fue lineal. Nació en Gary, Indiana, Estados Unidos, estudió en Chicago y en Harvard, y enseñó en el MIT, ¡porque el antisemitismo le impidió a Harvard retener a su graduado más brillante! Desde 1946 vivió en la misma casa.

-La de Hirschman, por el contrario, fue bien sinuosa.

-Así es. Nació en Berlín. En 1933 migró a Francia. Estudió un año en la Escuela de Economía de Londres y se doctoró en Trieste. Colaboró con Varian Fry, ayudando a quienes huían del nazismo a cruzar los Pirineos. Participó como soldado aliado en la Segunda Guerra Mundial y comenzó una vida «normal» recién a los 31 años. Trabajó en el FED y luego en Colombia. Empezó su vida académica en 1956 y enseñó en Yale, Columbia, Harvard, Stanford y Princeton.

-¿En qué medida sus vidas influyeron en sus obras?

-Difícil decir, pero ciertamente que sus aportes son bien diferentes y complementarios. Samuelson nos dejó su maravilloso libro de texto, su tesis doctoral [Fundamentos del análisis económico], siete gruesos tomos que recogen lo mejor de sus escritos técnicos. Escritos en un estilo juguetón, que recuerda la música de Wolfgang Amadeus Mozart. Hirschman nos dejó más de una docena de libros, entre los que más se destacaron se puede mencionar Estrategia del desarrollo económico, Inspección de proyectos de desarrollo y Salida, queja y lealtad.

-¿Qué tenemos para aprender de uno y del otro?

-Como dije, sus aportes son complementarios. De Hirschman, la importancia de entrar en contacto directo con la realidad, para después teorizar sobre bases relevantes. En Colombia, descubrió que, en algunos países en vías de desarrollo, el talento empresario podía ser más escaso que el capital; analizando proyectos de inversión financiados por el Banco Mundial, la importancia de que quien está a cargo pueda resolver de manera satisfactoria miles de imprevistos, y la necesidad de integrar el análisis de la protesta y la movilidad, a la luz de la frustración.

-¿Y de Samuelson?

-Que muchos análisis que lucen diferentes son casos particulares de un principio general, el de la maximización de una función sujeta a restricciones, y modelar las condiciones bajo las cuales ciertas afirmaciones son rigurosamente ciertas o falsas. Ejemplo: él no probó la igualdad internacional del precio de los factores, en un mundo donde sólo existe movilidad de bienes, sino las condiciones requeridas para que ello sea cierto. La lectura de esas condiciones ayuda a entender por qué los salarios son diferentes en los Estados Unidos, la Argentina y Sri Lanka, aun con perfecta movilidad internacional de bienes.

-¿Cuál de los dos fue mejor economista?

-Pregunta tonta. De ambos tenemos mucho que aprender, sus escritos tienen que formar parte de las lecturas indispensables de cualquier economista bien formado. Y luego de leerlos lo que hay que hacer es pensar, para adecuar lo aprendido a las circunstancias concretas en la cual toca operar. Esto último es crucial. El comunista Paul Marlor Sweezy decía de su profesor, el conservador Joseph Allois Schumpeter, que «a él no le importaba lo que pensáramos, mientras pensáramos».

-Don Robert, muchas gracias..

Fuente: La Nación, 05/04/15.
Juan Carlos de Pablo

Juan Carlos de Pablo

Ahorrar en dólares, esa tradición argentina

diciembre 22, 2014

Ahorrar en billetes verdes, esa tradición tan argentina

Por Juan Carlos de Pablo.  

La AFIP se enteró de la existencia de más de 4000 cuentas bancarias radicadas en Suiza, a nombre de personas e instituciones argentinas. ¿Por qué algunos de nuestros compatriotas tienen su dinero en Suiza y los americanos no? ¿Qué importancia tiene que se ahorre dentro o fuera del sistema económico de un país?

Al respecto conversé con el húngaro Thomas Balogh (1905-1985), quien migró a Inglaterra, como su compatriota Nicholas Kaldor. «En la Escuela de Economía de Londres, a Kaldor y a Balogh les decíamos Buda y Pest… Nadie tenía dudas de quién era quién. Kaldor era gordo y se parecía a Buda, y como a Balogh nadie lo quería era Pest», afirmó Frederick August von Hayek. Pero Paul Streeten lo rescató, afirmando que «escucharlo era como vagar por un supermercado bien provisto. En cualquier dirección que uno se movía, aparecía una increíble cantidad de sorpresas deliciosas».

dolar 01-¿A qué se debe la pasión argentina por sustituir moneda local por extranjera, para usarla como reserva de valor?

A que desde la Segunda Guerra Mundial, la tasa de interés que las instituciones financieras pagaron por los depósitos en pesos se ubicaron bien por debajo de la tasa de inflación. Arrancó con Perón, siguió con los «fogonazos inflacionarios» de Frondizi y Rodrigo, y la hiperinflación de Alfonsín. Más el plan Bonex de 1990 y el corralito de 2001. En Brasil, el dólar no es tan popular, porque sus gobiernos no hicieron nada parecido a esto.

-Además de lo cual hay razones impositivas.

-Claro. En cualquier lugar del mundo, los recaudadores tributarios detectan manifestaciones de ingreso y de riqueza, incompatibles con las declaraciones impositivas. Por eso, quien genera ingresos por los cuales evade impuestos, invierte en el exterior, principalmente en los denominados paraísos fiscales. La AFIP debería «conversar» con quienes tienen cuentas en el exterior no declaradas, dejando tranquilos a quienes las tienen declaradas. Lo demás es chicana política o debate ideologizado. La lucha contra la evasión fiscal no debe circunscribirse al plano persecutorio, sino complementarse con una revisión de las alícuotas impositivas y una reducción y mejora del gasto público, en términos de seguridad, salud, educación, etcétera.

-¿Cuál es el problema de que se tengan tantos recursos fuera del sistema económico nacional?

-Un dólar en manos de un argentino es un préstamo realizado a Estados Unidos, a cero tasa de interés. El denominado beneficio de acuñación, a escala internacional. Se calcula que más de 75% de los billetes de 100 dólares circulan hoy fuera del territorio de Estados Unidos. Macroeconómicamente, un desperdicio para los países cuyos habitantes ahorran en moneda extranjera, pero como digo claramente explicable desde el punto de vista individual.

-Algunos funcionarios plantearon, hace algunos años, una batalla «cultural», para que los argentinos nos olvidemos de los dólares y volvamos a los pesos. Lo cual no tiene nada que ver con la «pesificación asimétrica» dispuesta luego del abandono de la convertibilidad.

-¿Qué resultados tuvo esa campaña? Ninguno, tal como era de esperar. Se trata, básicamente, de una cuestión de confianza. La mayoría de los argentinos que ahorra en dólares no lee inglés y por consiguiente no sabe qué dicen los rectángulos de papel, de color verde, en los que confía sus ahorros. ¿Conoce alguna declaración del Poder Ejecutivo de Estados Unidos, que asuste a los tenedores de dólares?

-Ni siquiera funcionó en las transacciones internacionales.

-Hace algunos años, con bombos y platillos, se anunció que las transacciones comerciales entre la Argentina y Brasil no se harían más en dólares, sino en las monedas de los respectivos países. Tampoco funcionó. La historia de las monedas utilizadas internacionalmente es corta: libra esterlina, dólar de Estados Unidos, euro, y pare de contar. Con el tiempo, muy paulatinamente, se podrán agregar otras. Pero nunca de manera compulsiva y menos por autoridades que hacen todo lo posible para que se reduzca la demanda por pesos.

Don Thomas, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 21/12/14.

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La importancia de la Universidad

diciembre 14, 2014

Transmitir sabiduría, esa noble tarea de la universidad

Por Juan Carlos de Pablo.

El próximo miércoles 17 se cumplirán 50 años del día en que obtuve el título de licenciado en Economía, en la Universidad Católica Argentina. Como explico en Bodas de oro profesionales: pasión, oficio y dedicación, de economista me «recibí» mucho tiempo después. Estudié economía porque Guillermo Lladó, el contador con quien trabajaba, me lo sugirió; estudié en la UCA porque era católica, vespertina y muy barata.

A propósito de este aniversario, entrevisté al argentino Francisco Emilio Valsecchi (1907-1992), profesor de microeconomía, decano y vicerrector de esa universidad. También enseñó en la UBA. Muy didáctico, sostenía que «los profesores jóvenes enseñan más de lo que saben; los profesores adultos enseñan sólo lo que saben; en tanto que los profesores ancianos sólo enseñan lo que los alumnos necesitan aprender». Entre 1970 y 1972 se desempeñó como embajador argentino ante los Países Bajos. Fue biografiado por María Cecilia Díaz en Francisco Valsecchi: riqueza, hombre y sociedad, publicado en 2014. La economía como disciplina científica, en su honor, fue publicado por Raúl Macchi.

-¿Cómo llegó a la economía?

-Me doctoré en Ciencias Económicas en la Universidad Luigi Bocconi, de Milán. Regresé de Italia para incorporarme a la empresa familiar, pero era 1929 y quebró el negocio, dedicado a la importación. Entonces me volqué a la docencia, al tiempo que me hice cargo del secretariado económico-social de la Acción Católica, para sistematizar y divulgar estudios, normas y reflexiones sobre la cuestión social.

-La UCA no nació de la nada.

-Efectivamente. Muchos de los profesores que usted tuvo nos conocíamos de la Escuela de Economía de los Cursos de Cultura Católica, que dirigí. La UCA abrió sus puertas en 1958, cuando se eliminó el monopolio estatal en materia de educación superior. A propósito: cuando en 1989 me entrevistó en Momento económico, a su camada la felicité por su coraje, porque cuando ingresaron a la universidad todavía nadie se había graduado.

-La UCA arrancó bien artesanal.

-Ocurre con frecuencia. Hacíamos todo a pulmón, dictábamos clases en edificios prestados, etcétera. Quienes hoy concurren a las instalaciones de Puerto Madero no pueden imaginar aquellas carencias. Las cuales, naturalmente, eran suplidas con esfuerzo personal y entusiasmo. Me encanta esa expresión que dice «éramos pobres, pero no lo sabíamos». Los alumnos no se deben dejar impresionar por la «hotelería», la clave de una universidad radica en los profesores, los alumnos, la biblioteca, el laboratorio, etcétera, no en el gimnasio y la cafetería.

-Quienes estudiamos a comienzos de la década de 1960 sufrimos el choque entre los profesores que recién regresaban de estudiar en el exterior, deslumbrados con los gráficos y las ecuaciones, y quienes destacaban la importancia de la historia y las instituciones.

-¿Cómo que sufrieron? Se enriquecieron, querrá decir. En la UCA de entonces, como el resto de las universidades, convivían profesores que tenían diferente preparación, experiencia, etcétera. Esta heterogeneidad a ustedes los tiene que haber nutrido. Luego, en la vida profesional, cada uno reflexionó sobre lo que había visto y leído en la universidad, formando las polémicas parte de los gratos recuerdos, que nunca deberían afectar las relaciones personales.

-Si en 1929 el negocio familiar no hubiera quebrado, tanto la UCA como la UBA se hubieran perdido su valioso aporte docente…

-Los ejercicios de historia contrafáctica siempre hay que tomarlos con pinzas, pero ahora que usted lo plantea, sinceramente no me veo cómodamente instalado en una oficina, organizando la importación y venta de productos. Muy probablemente hubiera comenzado a enseñar, a tiempo parcial, hasta que en algún momento hubiera enfrentado al resto de mi familia, diciéndoles que ellos siguieran con el negocio, que yo me volcaría a la docencia. Y ya que estamos imaginando, cabe pensar que cuando escucharon esto, pensando en el negocio, mis parientes hubieran respirado aliviados.

-Don Francisco, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 14/12/14.

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Los inmigrantes y la economía

diciembre 7, 2014

Que el Mediterráneo no sea una tumba de inmigrantes

Por Juan Carlos de Pablo.

En un discurso pronunciado en el Parlamento Europeo, el papa Francisco fue categórico. «No se puede tolerar que el Mediterráneo se convierta en cementerio de inmigrantes», aludiendo a la cantidad de seres humanos que perecen ahogados al intentar huir del norte de África. El pronunciamiento está en línea con la visita que el año pasado realizó a la isla de Lampedusa. ¿Cómo se explica este dramático hecho y qué tendría que ocurrir para que desapareciera?

Al respecto hablé con Alfred James Lotka (1880-1949), quien nació en Lemberg, ciudad actualmente ubicada en Ucrania. Químico de profesión, fue pionero de la teoría matemática de la población. Creó una teoría demográfica de la población estable, como caso particular de una teoría general de la renovación. Desarrolló los conceptos de tasa neta de reproducción y tasa intrínseca de crecimiento natural y propuso una explicación fisicoquímica de la evolución. En la década de 1920 publicó Elementos de biología física, obra que, según Herbert Alexander Simon, anticipó buena parte de lo que Paul Anthony Samuelson desarrolló en su Fundamentos del análisis económico.

-La migración no es nueva.

-Así es. Entre 1830 y 1950 alrededor de 65 millones de personas abandonaron Europa. Cerca de 34% de ellas dejó Gran Bretaña; 19% Italia; 10% Austria-Hungría y otro tanto Alemania; 9% dejó España. El 61% del total migró a Estados Unidos; 12% a Canadá; 10% a Argentina, calcularon Oscar Cornblit, Ezequiel Gallo y Arturo O’Connell. La Argentina recibió a igual cantidad de italianos y españoles, pero esto equivalió a 13% de la migración italiana total, y a 70% de la española, agregó Vicente Vázquez Presedo.

El migrante, ¿huye de lo que sufre o se entusiasma con lo que espera encontrar?

-Lo primero es una realidad, lo segundo, una expectativa. En el caso de la migración de África a Europa, a la luz de los riesgos físicos que corre el migrante, la clave está en la desesperante realidad que experimenta. La mayoría de los migrantes que llegaron a la Argentina hace un siglo sufrieron las incomodidades propias de viajar en clase económica, en un barco de aquel entonces, pero nada que ver con los riesgos asociados con cruzar el mar Mediterráneo, o llegar a Estados Unidos procedente de Cuba.

-¿Responsabilidad de quién es lo que está sucediendo en el Mediterráneo?

-El Papa habló ante el Parlamento Europeo, pero el primer tirón de orejas lo tienen que recibir las autoridades de los países que expulsan a algunos de sus ciudadanos. África es un continente heterogéneo, dividido en más de 50 países. Algunas de sus fronteras, trazadas en Europa, separaron artificialmente a miembros de algunas tribus, y las rivalidades se dirimen a los tiros. Así como en el plano interno la cuestión de la migración tiene que incluir la mejora de la calidad de vida en las porciones de los países que expulsan gente, en el plano internacional no todo el peso tiene que recaer en las decisiones que se adoptan en los países receptores de migrantes.

John R. Harris y Michael Paul Todaro plantearon una nítida explicación de la migración.

-Lo que hicieron es aplicar principios básicos del análisis económico a un fenómeno específico. Sugieren analizar el proceso migratorio como un «tubo»: por una punta ingresan quienes comienzan a migrar y por la otra salen aquellos que no solamente ya lo hicieron, sino que a través de ayudas estatales, o de otro tipo, lograron «zafar».

-¿Cuál es la consecuencia desgarradora de este enfoque?

-Los citados economistas no son inhumanos, pero su conclusión es que cuando alguien que migró mejora su situación porque el Estado lo ayuda, llama por teléfono a sus familiares y amigos, y les explica cómo funciona el sistema. Según esta perspectiva, la ayuda es contraproducente porque no solamente no vacía el tubo sino que lo agranda. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acaba de regularizar, por decreto, la situación de más de cinco millones de indocumentados. Harris y Todaro sugieren que, de esta manera, está promoviendo más migraciones e incubando futuros blanqueos migratorios.

-Don Alfredo, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 07/12/14.

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En Economía, lo que vale es conocer la realidad

noviembre 30, 2014

A la hora de aplicar políticas, lo que vale es conocer la realidad

Por Juan Carlos de Pablo.

Paul Robin Krugman visitó nuestro país invitado por el gobierno nacional. ¿Cuál Krugman, el autor de valiosos trabajos técnicos, replanteando la teoría real del comercio internacional, por los cuales en 2008 merecidamente recibió el premio Nobel en economía; o el filoso -y exagerado- analista económico que publica columnas en The New York Times, referidas a Estados Unidos y a Europa? Sorprendió a las autoridades argentinas, y a quienes acompañan intelectualmente al «modelo», cuando habló de heterodoxia y ortodoxia.

Para saber más sobre esto entrevisté al indonesio Nitisastro Widjojo (1927-2012), quien entre 1973 y 1983 fue ministro de Economía de su país, y lideró la «mafia de Berkeley», como se denominaba al conjunto de graduados en dicha universidad, que habían ingresado en el gobierno. Según Peter Mc Cawley, «fue uno de los más conocidos y respetados hacedores de políticas públicas durante tres décadas, tanto en su país como cuando presidió delegaciones de Indonesia ante organismos internacionales».

-Dada su experiencia gubernamental; ¿qué importancia tienen la ortodoxia y la heterodoxiaen el diseño y la implementación de una política económica?

¡Dios salve a un país cuyo ministro de Economía es incondicionalmente heterodoxo, o incondicionalmente ortodoxo! Quien tiene a su cargo la política económica de un país tiene que conocer a fondo la micro y la macroeconomía, la teoría de las finanzas públicas, la teoría monetaria, la del comercio internacional, la del crecimiento, historia económica, etc. Además de lo cual tiene que saber escuchar, haber «caminado» por la calle, visitado fábricas, campos y oficinas públicas, saber tomar decisiones bajo enorme presión, etc.

-¿Cómo puede alguien ser heterodoxo en 2004 y ortodoxo en 2014?

-Precisamente, porque cambiaron las circunstancias. El equipo económico argentino lee mal lo que hizo Benjamin Shalom Bernanke, en Estados Unidos, durante el último trimestre de 2008. Hoy no lo repetiría, no porque tomó un curso de ortodoxia, sino porque cambió la realidad. En la Argentina de 2014, el presidente del Banco Central tiene que ser mucho más ortodoxo que quien ocupó el cargo en 2004, porque entonces estábamos recomponiendo la demanda de dinero y ahora estamos huyendo de la moneda local.

-Pero hay economistas fanáticos de Hayek o de Friedman, y otros entusiastas de Keynes o de Kalecki.

-Dejemos de lado las simpatías y antipatías personales. En el plano profesional lo que importa es saber qué dijo cada uno de ellos, y en qué circunstancias, para adaptarlo a la realidad actual. Es exactamente lo que acaba de hacer Krugman en Argentina. Todo ministro de Economía enfrenta problemas, y entre otras cosas se apoya en la teoría relevante.

-¿En qué medida los economistas son cómplices de las políticas económicas que se adoptan en base a sus recomendaciones?

-Pregunta difícil de contestar, porque con frecuencia quienes tienen a su cargo las políticas económicas, racionalizan las medidas adoptadas buscando respaldo en gente prestigiosa. Alfredo Gómez Morales lo dijo explícitamente: «El keynesianismo daba el apoyo teórico-económico, con su gran prestigio, para las realizaciones no sólo del peronismo; porque antes comenzaron las Juntas de Granos y Carnes, etc., es decir, los controles, protecciones, en fin, el incremento en la intervención del Estado que es propio del keynesianismo… El prestigio generalizado de que gozaba avaló, de algún modo, nuestra política».

-De manera que John Maynard Keynes no fue responsable de las políticas económicas ensayadas en su nombre.

-Ciertamente que no de las exageraciones. De cualquier manera, las propuestas de política económica, como los medicamentos, deberían venir acompañadas de un cartel en el cual, en letras mayúsculas y bajo el título «Advertencia», se aclare en qué circunstancias hay que aplicarlas, con qué dosis y cuáles son las principales contraindicaciones. Y en ningún caso aplaudir a rabiar, porque esto confunde, más que ayuda, al equipo económico de turno.

-Don Nitisastro, muchasgracias.

Fuente: La Nación, 30/11/14.

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Las fantasías de los consumidores

noviembre 2, 2014

Del tenedor libre y otras fantasías de los consumidores

Por Juan Carlos de Pablo.

¿Alguien puede creer que, cuando consiguió un pasaje de avión, porque acumuló millas, o cuando compró algún producto con cupones que recibió de un supermercado, esos bienes se los regalaron? Pero si esto es así, ¿por qué está tan generalizado el sistema? ¿Por qué no aparece una línea aérea o un supermercado que ofrezca precios más bajos, porque agota la relación entre comprador y vendedor en cada transacción? Para que me oriente, entrevisté al malayo Chin Lim (1947-2014), quien durante la primera mitad de la década de 1980 extendió la teoría de la empresa para incorporar la incertidumbre que enfrenta el empresario. Valioso aporte, porque la teoría que se enseña en la facultad supone que la empresa elabora un solo producto y es dirigida por una sola persona, la cual opera en condiciones de certeza y elabora los bienes sin contar con producción intermedia, es decir, utilizando de manera directa tierra, trabajo y capital. Versión aceptable para familiarizar al alumno con el instrumental básico, pero el economista que basa sus recomendaciones prácticas en ella comete errores serios que se pagan caro.

-¿Es racional o irracional pensar que, en las transacciones económicas, alguien va a regalar algo?

-No juguemos con las palabras. Muchas personas que obtienen buen puntaje, según los tests de inteligencia, adoran los programas turísticos que tienen «todo incluido», de la misma manera que se sienten encantadas de comer en restaurantes que publicitan el «tenedor libre». No sería tan severo calificando tal conducta de irracional, más bien me parece que todo ser humano desea vivir transitoriamente en un mundo en el cual la escasez no existe, sabiendo que por otra vía igual está pagando.

-Lo entiendo del lado del ser humano en cuanto consumidor. Ahora explíquemelo desde el punto de vista del oferente.

-Esto de «enganchar» al consumidor ofreciéndole descuentos en futuras compras no es nuevo. Durante la década de 1960, el Centro Cultural del Disco «regalaba» un disco a quien presentara facturas que demostraran que había comprado diez. Sólo que en los últimos tiempos se ha vuelto más frecuente.

-¿Cuál es la idea?

-Entablar una relación con el demandante, que va más allá de cada operación individual. Lo cual implica ahorrar esfuerzos para no tener que seducir al comprador, cada vez que está pensando en adquirir determinado producto. Pero no hay nada gratis: una línea aérea que posibilita viajar con millaje, le cobra un adicional a cada pasajero cada vez que éste compra con dinero. No soy un experto en la cuestión, pero que el sistema se generalice indica que, como compradores, cada vez estamos menos dispuestos a sacrificar otros aspectos de la compra [cercanía, horarios, etc.], en el nombre de una diferencia de precio.

-¿Los vendedores abusan de la fantasía de los compradores?

-Sería más exacto decir que se aprovechan. Los restaurantes que ofrecen la modalidad de «tenedor libre» se apoyan en la fantasía que tienen algunos seres humanos, de que concurrirán y comerán cinco bifes de chorizo por el precio de uno. Cuando todo el mundo sabe que el tamaño del estómago tiene límites precisos. ¿Resultado? En promedio, los clientes comen, digamos, 15% más de carne, y pagan por ello 50% más de precio. Todos ganan, el consumidor porque satisface su fantasía, el dueño del restaurante porque lucra con ella.

-¿Le encargaría usted a la Secretaría de Comercio que prohibiera todo tipo de venta con millaje, puntos, etcétera, para que los oferentes dejaran de abusar de los demandantes?

-De ninguna manera. Los seres humanos, en cuanto demandantes, somos suficientemente grandecitos como para, en este sentido, poder defendernos solos. A propósito: Jean Tirole, reciente ganador del Nobel en Economía, no es un regulomaníaco. Por el contrario, el mensaje que surge de sus escritos es que, antes de pensar en regular una actividad, el gobierno de turno tiene que comenzar por entender cómo funciona lo que quiere regular. Porque, de lo contrario, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

-Don Chin, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 02/11/14.

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¿Robar o Trabajar?

octubre 19, 2014

Por qué no es lo mismo robar que trabajar

Por Juan Carlos de Pablo.

¿Cómo puedo conseguir los 100 pesos que necesito? Puedo realizar alguna labor, o asaltar a alguien y juntarme con ellos. ¿Por qué algunas personas trabajan y otras asaltan? En el plano estrictamente económico, ¿qué diferencia existe entre que a las personas les convenga trabajar o asaltar, para conseguir lo que necesitan?

Para clarificar la cuestión, conversé con el norteamericano Gary Stanley Becker (1930-2014), quien llegó a la economía desde la sociología, y propuso aplicar el enfoque económico al análisis de toda la acción humana. Realizó aportes a la economía de la discriminación, la teoría del capital humano, la interconexión entre derecho y economía, y la economía de la familia y la asignación del tiempo. Cuando en 1992, le otorgaron el premio Nobel declaró que durante mucho tiempo sus trabajos habían sido ignorados y fuertemente criticados por parte de los principales economistas.

-Usted propone aplicar el análisis de costos y beneficios a toda acción humana. ¿No le parece exagerado?

-Lo que propongo es un método de análisis, no un supuesto motivacional. La idea es pensar que las personas actúan como si maximizaran su bienestar según lo perciben, de manera egoísta, altruista, leal, malévola o masoquista. El malvado no tiene por qué ser ineficiente. El modelo de decisión racional plantea la base más prometedora para generar un enfoque unificado, para analizar el mundo social por parte de académicos que cultivan diferentes ciencias sociales. Puedo exagerar, pero me parece más realista que partir de la base de que en algunas áreas los seres humanos se comportan de manera angelical.

-¿Así que para usted trabajar o robar son opciones que deben ser evaluadas con independencia de consideraciones éticas?

-De ninguna manera. No estoy diciendo que en la vida sólo interesa la riqueza material, estoy diciendo que los mecanismos que los seres humanos utilizan para conseguir lo que desean, se entienden razonablemente bien desde la perspectiva de los beneficios y los costos que las acciones tienen para quienes las realizan. En el plano personal, he trabajado intensamente a lo largo de toda mi vida y nunca asalté a nadie.

-Desde el punto de vista estrictamente económico, ¿por qué es mejor trabajar que asaltar?

-Porque así como, en el plano individual, parece dar lo mismo conseguir determinada cantidad de recursos, trabajando o asaltando, desde el punto de vista del conjunto es completamente diferente.

-Explíquese.

-En el menos dañino de los casos, el asalto transfiere ingresos del asaltado al delincuente. Digo en el menos dañino de los casos, porque también puede involucrar muertes, destrucción de propiedad, etcétera; además del impacto psicológico, no solamente de tener un arma cerca del asaltado o su familia, sino de la duda que nace, referida al sentido de seguir haciendo esfuerzos por trabajar.

-¿Y entonces?

-Desde el punto de vista general, una sociedad donde conviene «trabajar» de asaltante, más que de asalariado, profesional, etcétera, es una sociedad donde nadie produce. El PBI de un país lleno de asaltantes no está constituido por agricultura, industria, servicios de transporte, etcétera, sino por guardaespaldas, armas de fuego y puertas blindadas. Muy lejos, por cierto, de cualquier idea de bienestar humano.

-¿Cómo se puede utilizar su enfoque, para inducir a que a las personas les convenga trabajar más que asaltar?

-Dado que el ser humano se mueve sobre la base de los beneficios y los costos que para él [o ella] tienen sus acciones, las reglas de juego tienen que privilegiar el trabajo con respecto al asalto. Cuando el asaltante perciba que la probabilidad de ser detenido se vuelve significativa, y que si es detenido la probabilidad de ser enjuiciado y encarcelado también lo es, cabe esperar que algunos cambien de ocupación y busquen trabajo. Esta manera de combatir el delito luce más promisoria que la victimización del delincuente en términos del sistema económico imperante. Puedo entender que un hambriento robe mortadela, pero no un plasma.

-Don Gary, muchas gracias.

Fuente: La Nación, 19/10/14.

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